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sábado, 27 de abril de 2024

Chile: Asesinato de 3 carabineros por parte de terroristas araucanos

Tres pedidos de auxilio y una ráfaga de disparos: qué se sabe de la salvaje emboscada a los tres carabineros en La Araucanía

El episodio recibió una fuerte condena del gobierno chileno, que prometió trabajar hasta dar con los responsables y conseguir justicia



Qué se sabe hasta el momento del triple crimen de los Carabineros en La Araucanía (REUTERS)

Este sábado por la madrugada un ataque de un grupo armado en la localidad de Cañete, en La Araucanía chilena, acabó con la vida de tres carabineros que se encontraban prestando sus servicios. El incidente no tardó en conseguir el repudio del gobierno de Gabriel Boric, quien prometió investigar el caso hasta dar con los responsables y hacer justicia.
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Si bien aún no han trascendido muchos datos de la investigación a cargo del fiscal Danilo Ramos, sí se ha conocido información que permite esclarecer más las circunstancias del episodio. Según reportes de la prensa chilena, poco antes de la 01 am del sábado, un cuerpo de oficiales recibió tres llamados al 133 (el código telefónico de emergencia de Carabineros) por parte de desconocidos que pedían auxilio tras haber sido víctimas de un presunto asalto. De inmediato, los tres carabineros se pusieron en marcha hacia la zona en cuestión.

Los oficiales se movilizaban en una patrulla blindada dado que todos los vehículos de las fuerzas de seguridad desplegadas en la región deben estar preparados para enfrentar eventuales ataques. La emboscada ocurrió en la ruta P-72, uno de los espacios que más ha sido víctima de atentados. Inclusive, los 90 kilómetros que abarca esta vía han sido descritos como los “más peligrosos de Arauco”.
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Así quedó la camioneta de los Carabineros

Al llegar al sitio de la presunta urgencia, los carabineros fueron sorprendidos por una ráfaga de disparos con escopetas y, posiblemente, con fusiles, en base a municiones de calibre 45 que fueron halladas en el lugar. Inclusive, la investigación señala que uno de los disparos logró atravesó el motor de la camioneta blindada.

Los investigadores estiman que, ante la balacera, los uniformados salieron del vehículo para intentar repeler la emboscada pero no sobrevivieron a los disparos y sus cuerpos cayeron en el camino sin vida.

A continuación, los atacantes habrían cargado los cadáveres para ubicarlos en la caja de la camioneta y luego prendieron fuego el vehículo con un líquido inflamable. Según el reporte policial, se cree que en esa instancia se robaron “la totalidad del armamento y munición del personal” ya que en el interior de la patrulla se encontraron “solamente los cascos balísticos y los chalecos antibala”.

Sobre las videocámaras corporales que portan los oficiales, “se desconoce si fueron consumidas por la acción del fuego o sustraída previamente”.

Los bomberos locales encontraron la patrulla policial en llamas, con los cuerpos calcinados, y dieron aviso a las autoridades.

Hasta el momento nadie se ha adjudicado el ataque pero, por tratarse de una zona bajo estado de excepción y epicentro de violencia rural desde hace años, en medio del conflicto con pueblos originarios, no se descartan posibles reivindicaciones de grupos radicales como la Resistencia Mapuche Lavkenche (RML) o la Coordinadora Arauco Malleco (CAM).

El presidente Gabriel Boric fue tajante en su repudio a este episodio de violencia y aseguró que se emplearán todos los recursos a disposición en este caso.

“Atentar contra Carabineros es atentar contra la patria entera. Les aseguro a los chilenos y las chilenas que no habrá impunidad y que daremos con el paradero de los autores de este terrible crimen”, dijo el mandatario, y calificó a los autores de este triple asesinato como “terroristas”.

En tanto, el gobernador de la región de BíoBio pidió al Ejecutivo que impulse una ley que avale la pena de muerte en casos de esta naturaleza.

“Yo espero que el Gobierno envíe un proyecto de ley al Parlamento y que sea acogido por los parlamentarios, por ejemplo, para reponer la pena de muerte a quienes asesinen a policías, a carabineros o a cualquier otro policía”, dijo Rodrigo Díaz y planteó también que “la Defensoría Penal Pública jamás defienda a personas que asesinan policías”.



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“Pasó a la casa y se despidió de mí”, contó el padre del cabo 1º Misael Vidal Cid. El presidente Gabriel Boric se trasladó a la zona del crimen junto a una gran comitiva de autoridades






Fidel Vidal habló con la prensa tras el asesinato de su hijo en La Araucanía

El asesinato de tres carabineros chilenos en la comuna de Cañete, región de La Araucanía, ha provocado fuertes reacciones en Chile, entre las cuales se encuentra la de Fidel Vidal, padre del cabo 1º Misael Vidal Cid, una de las víctimas.

Vidal expresó su descontento con la gestión de seguridad actual y criticó duramente al presidente Gabriel Boric y a Karol Cariola, actual líder de la Cámara de Diputados. Según declaraciones de Fidel Vidal a la prensa local, la última vez que vio a su hijo fue la noche anterior a su muerte. “Pasó a la casa y se despidió de mí (...) No conversamos, pasó a buscar una motosierra, o sea, una engrapadora, porque iba a hacer un trabajo donde el suegro. Me llamó que venía del trabajo”, recordó.

El hombre resaltó el compromiso de su hijo con su labor, aunque subrayó la falta de medidas de seguridad adecuadas, como la insuficiente protección de los vehículos policiales y la falta de munición.
Tras el triple homicidio en La Araucanía, un gobernador chileno pidió la pena de muerte para los asesinos de policías

En sus declaraciones, Vidal expresó su frustración con el presidente Boric, cuestionando la eficacia de su respuesta frente a las muertes de funcionarios policiales bajo su administración. Asimismo, dirigió críticas hacia Karol Cariola, cuestionando su rol y el desempeño del Congreso en la protección de los carabineros.

“Esto que ocurrió ahora no tiene nombre”, consideró Vidal, y expresó que “aunque tomaran presos a esos terroristas que mataron a los carabineros, la muerte no se recupera”.
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La zona de La Araucanía se encuentra bajo resguardo militar desde mayo de 2022 debido a los ataques incendiarios que se registran allí, atribuidos en su mayoría a agrupaciones radicales mapuches, la mayor etnia chilena, que reivindica la restitución de tierras ancestrales.

Y este atentado ocurrió el día en que Carabineros, la policía militarizada chilena, celebra su aniversario 97.


Captura de pantalla de un video cedido por Carabineros de Chile que muestra los peritajes a vehículo policial que resultó quemado, donde fueron emboscados y asesinados tres carabineros este sábado en Cañete (EFE/ Carabineros De Chile)

Los tres carabineros fueron asesinados la madrugada del sábado en una zona mapuche del sur de Chile, víctimas de una emboscada el día en que se conmemora el aniversario de la institución policial, en el peor ataque sufrido en la historia reciente por las fuerzas de orden en la zona.

“Esta madrugada recibimos la grave y dolorosa noticia de un atentado en la provincia de Arauco en el que fueron asesinados tres carabineros”, informó en su cuenta de X el presidente Gabriel Boric, que se trasladó a la zona junto a una gran comitiva de autoridades.

Los policías fueron encontrados calcinados dentro de una patrulla policial en una ruta de la localidad de Cañete, en las cercanías de la ciudad de Concepción, unos 500 km al sur de Santiago. “No tengo registro en mi historia de 38 años de servicio, de la muerte de un carabinero, y no sólo de uno, sino tres asesinados de forma cruel, el día de nuestro aniversario. Esto no fue casual, no fue al azar”, dijo el director general de Carabineros, Ricardo Yañez.

Las actividades conmemorativas en todo Chile se cancelaron tras los asesinatos y el presidente Boric declaró tres días de duelo oficial.

El atentado tiene lugar la misma semana en que la justicia declaró culpable de “usurpación violenta de predio”, hurto y “atentado contra la autoridad” a Héctor Llaitul, líder de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), una de las agrupaciones que ha reivindicado ataques incendiarios en la zona.

Llaitul arriesga hasta 25 años de cárcel por esos delitos, en una sentencia que la justicia dará a conocer el próximo 7 de mayo.


Los tres carabineros asesinados. De izquierda a derecha: cabo primero Sergio Antonio Arévalo Lobo; cabo primero Misael Magdiel Vidal Cid; y sargento primero Carlos José Cisterna Navarro

“Terrible crimen”

Según relató a la prensa la ministra del Interior y Seguridad, Carolina Tohá, “se recibió por parte de Bomberos el aviso de un vehículo incendiándose y, cuando llegaron al lugar, descubrieron que se trataba de una patrulla de Carabineros”.

“Al interior del vehículo, descubrieron a los tres funcionarios fallecidos, en esta condición de calcinados”, agregó Tohá, que también viajó a la zona.

La camioneta en que se trasladaban los policías era blindada. Los cuerpos fueron hallados en la parte posterior del vehículo y habrían sido dejados allí tras recibir ráfagas de disparos en la ruta, donde cayeron abatidos, de acuerdo a la investigación preliminar.

“Les aseguro a los chilenos y chilenas que no habrá impunidad y que daremos con el paradero de los autores de este terrible crimen”, aseguró Boric, quien calificó a los autores del este triple asesinato como “terroristas”.


El presidente de Chile, Gabriel Boric (AP)

En Santiago, en tanto, centenares de personas se reunieron en las cercanías del palacio presidencial de La Moneda, para protestar por el asesinato de los tres policías.

Boric decretó hace casi dos años la militarización de la provincia de Arauco, junto a otras localidades de la

vecina región de la Araucanía, en un intento de contener los frecuentes ataques incendiarios registrados allí, sobre todo en contra de las actividades de la industria forestal.

Esta semana el gobierno había celebrado la reducción a la mitad de las acciones violentas respecto al inicio de la gestión de Boric, en marzo de 2022.

Algunas comunidades radicales mapuches reivindican la restitución de tierras que consideran suyas por derechos ancestrales. En la zona también se han desbaratado a bandas dedicadas al robo de madera.

(Con información de AFP y EFE)





sábado, 25 de junio de 2022

USA: La esclavitud y la creación de la policía

La invención de la policía

¿Por qué la policía estadounidense creció tanto, tan rápido? La respuesta, principalmente, es la esclavitud.
Por Jill Lepore || The New Yorker



The Chinatown Squad, una unidad policial notoriamente dura en San Francisco, en 1905. Fotografía cortesía de la Biblioteca Bancroft, Universidad de California, Berkeley


Vigilar es mantener la ley y el orden, pero la palabra deriva de polis —el griego para "ciudad" o "gobierno"— a modo de politia , el latín para "ciudadanía", y entró en inglés del francés medio police , lo que significaba no policías sino gobierno. “La policía”, como fuerza civil encargada de disuadir el crimen, llegó a los Estados Unidos desde Inglaterra y generalmente se la asocia con la monarquía—“mantener la paz del rey”—lo que sorprende que, en los Estados Unidos antimonárquicos, se haya vuelto tan grande, tan rápido. La razón es, principalmente, la esclavitud.

“Abolir la policía”, como grito de guerra, data de 1988 (el año en que NWA grabó “Fuck tha Police”), pero, mucho antes de que alguien pidiera su abolición, alguien tuvo que inventar la policía: la antigua polis griega tuvo que convertirse en la policía moderna. “Ser político, vivir en una polis , significaba que todo se decidía a través de palabras y persuasión y no a través de la fuerza y la violencia”, escribió Hannah Arendt en “ La condición humana ”..” En la polis, los hombres discutían y debatían, como iguales, bajo el imperio de la ley. Fuera de la polis, en los hogares, los hombres dominaban a las mujeres, los niños, los sirvientes y los esclavos, bajo un régimen de fuerza. Esta división del gobierno navegó por el río del tiempo como una balsa, maltratada, pero también más grande, recogiendo palos y barro. Los reyes impusieron un gobierno de fuerza sobre sus súbditos sobre la idea de que su reino era su hogar. En 1769, William Blackstone, en sus “ Comentarios sobre las leyes de Inglaterra, argumentó que el rey, como "pater-familias de la nación", dirige "la policía pública", ejerciendo los medios por los cuales "los individuos del Estado, como miembros de una familia bien gobernada, están obligados a conformar sus comportamiento general a las reglas de decoro, buena vecindad y buenos modales; y ser decentes, laboriosos e inofensivos en sus respectivas posiciones”. La policía son los hombres del rey.

La historia comienza con la etimología, pero no termina ahí. La polis no es la policía. La Revolución Americana derrocó el poder del rey sobre su pueblo—en Estados Unidos, “la ley es el rey”, escribió Thomas Paine—pero no el poder de un hombre sobre su familia. El poder de la policía tiene su origen en ese tipo de poder. Bajo el estado de derecho, las personas son iguales; bajo el gobierno de la policía, como ha escrito el teórico del derecho Markus Dubber, no lo somos. Somos más como las mujeres, los niños, los sirvientes y los esclavos de una casa en la antigua Grecia, las personas a las que no se les permitía ser parte de la polis. Pero durante siglos, a través de luchas por la independencia, la emancipación, el derecho al voto y la igualdad de derechos, hemos estado luchando para entrar en la polis. Una forma de pensar en “Abolir la policía”, entonces, es como un argumento que,

¿Pero lo son? La crisis de la policía es la culminación de otros mil fracasos: fracasos en la educación, los servicios sociales, la salud pública, la regulación de armas, la justicia penal y el desarrollo económico. La policía tiene mucho en común con los bomberos, técnicos de emergencias médicas y paramédicos: están ahí para ayudar, a menudo con un gran sacrificio y poniéndose en peligro. Decir que esto no siempre funciona, sin embargo, no cubre el tamaño del problema. El asesinato de George Floyd, en Minneapolis, no puede desaparecer como un caso atípico. En cada uno de los últimos cinco años, la policía de los Estados Unidos ha matado a unas mil personas. (Durante cada uno de esos mismos años, cerca de cien policías fueron asesinados en el cumplimiento de su deber.) Un estudio sugiere que, entre los hombres estadounidenses entre las edades de quince y treinta y cuatro años, el número que fue tratado en las salas de emergencia como un resultado de las lesiones infligidas por la policía y los guardias de seguridad fue casi tan grande como el número de peatones que resultaron heridos por vehículos motorizados. Las fuerzas policiales urbanas son casi siempre más blancas que las comunidades que patrullan. Las víctimas de la brutalidad policial son desproporcionadamente chicos adolescentes negros: niños. Decir que muchas personas buenas y admirables son policías, servidores públicos dedicados y valientes, lo cual es, por supuesto, cierto, es no abordar tanto la naturaleza como la escala de la crisis y el legado de siglos de injusticia racial. Las mejores personas, con las mejores intenciones, haciendo todo lo posible, no pueden arreglar este sistema desde adentro.

En Estados Unidos hay cerca de setecientos mil policías, unos dos por cada mil habitantes, una tasa inferior a la media europea. La diferencia son las armas. La policía de Finlandia disparó seis balas en todo 2013; en un encuentro en un solo día del año 2015, en Pasco, Washington, tres policías dispararon diecisiete balas cuando le dispararon y mataron a un trabajador de una huerta mexicano de treinta y cinco años que estaba desarmado. Hace cinco años, cuando The Guardian contaba los asesinatos policiales, informabaque, “en los primeros 24 días de 2015, la policía en los EE. UU. disparó fatalmente a más personas que la policía en Inglaterra y Gales, combinados, en los últimos 24 años”. La policía estadounidense está armada hasta los dientes, con más de siete mil millones de dólares en equipos militares excedentes descargados por el Pentágono a ocho mil agencias policiales desde 1997. Al mismo tiempo, se enfrentan a la población civil más armada del mundo. el mundo: uno de cada tres estadounidenses posee un arma, por lo general más de uno. La violencia armada socava la vida civil y degrada a todos. Un estudio encontró que, dados los estragos del estrés, los policías blancos de Buffalo tienen una expectativa de vida veintidós años más corta que la del estadounidense promedio. El debate sobre el mantenimiento del orden también tiene que ver con todo el dinero que se gasta en pagar a agentes del Estado fuertemente armados para que hagan cosas para las que no están capacitados y que otras instituciones harían mejor. La historia acecha este debate como un fantasma acribillado a balazos.

Esa historia comienza en Inglaterra, en el siglo XIII, cuando mantener la paz del rey se convirtió en el deber de un oficial de la corte llamado alguacil, ayudado por sus vigilantes: todo varón adulto podía ser llamado a tomar un turno para caminar por una sala de noche. y, si surgían problemas, levantar un grito de júbilo. Esta práctica se prolongó durante siglos. (Perdura una versión: George Zimmerman, cuando disparó y mató a Trayvon Martin, en 2012, estaba sirviendo en la vigilancia de su vecindario). La vigilancia no funcionó especialmente bien en Inglaterra: "El policía promedio es un ignorante que sabe poco o nada de la ley", escribió Blackstone, y no funcionó especialmente bien. bien en las colonias de Inglaterra. Los hombres ricos pagaban a los pobres para que se turnaran en la guardia, lo que significaba que la mayoría de los guardias eran muy ancianos o muy pobres y estaban muy cansados ​​de trabajar todo el día. Boston estableció una guardia en 1631. Nueva York intentó pagar a los vigilantes en 1658. En Filadelfia, en 1705, el gobernador expresó la opinión de que la milicia podría hacer que la ciudad fuera más segura que la guardia, pero se suponía que las milicias no debían vigilar a los súbditos del rey; se suponía que debían servir a la defensa común: librar guerras contra los franceses, luchar contra los pueblos nativos que intentaban aferrarse a sus tierras o reprimir las rebeliones de esclavos.

El gobierno de la esclavitud no era un estado de derecho. Era una regla de policía. En 1661, la colonia inglesa de Barbados aprobó su primera ley de esclavos; revisada en 1688, decretó que “los negros y otros esclavos” estaban “totalmente inhabilitados para ser gobernados por las leyes. . . de nuestras Naciones”, y ideó, en cambio, un conjunto especial de reglas “para el buen Reglamentarlas y Ordenarlas”. Virginia adoptó medidas similares, conocidas como códigos de esclavos, en 1680:

No será lícito que ningún negro u otro esclavo porte o se arme con garrotes, bastones, escopetas, espadas o cualquier otra arma de defensa o de ataque, ni que vaya o salga del terreno de su amo sin un certificado de su amo. , mistris o capataz, y tal permiso no debe otorgarse sino en ocasiones más perspicaces y necesarias; y todo negro o esclavo que cometa alguna ofensa y no tenga un certificado como el mencionado anteriormente será enviado al siguiente alguacil, quien por la presente disfruta y requiere que le dé a dicho negro veinte latigazos en su espalda desnuda bien aplicada, y así enviado a casa con dicho amo, mistris o capataz. . . que si algún negro u otro esclavo se ausenta del servicio de su amo y permanece escondido y al acecho en lugares oscuros, cometiendo daños a los habitantes,

En el Nueva York del siglo XVIII, una persona mantenida como esclava no podía reunirse en un grupo de más de tres; no podía montar a caballo; no podía celebrar un funeral por la noche; no podía estar fuera una hora después de la puesta del sol sin una linterna; y no podía vender “maíz, durazno, ni ninguna otra fruta” en ninguna calle o mercado de la ciudad. Deténgase y registre, deténgase y azote, dispare a matar.

Luego estaban las patrullas de esclavos. Bandas españolas armadas llamadas hermandadeshabía cazado fugitivos en Cuba a partir de la década de 1530, práctica que fue adoptada por los ingleses en Barbados un siglo después. Tenía mucho en común con la posse comitatus de Inglaterra, una banda de hombres corpulentos que un sheriff del condado podía convocar para perseguir a un criminal fugado. Carolina del Sur, fundada por propietarios de esclavos de Barbados, autorizó su primera patrulla de esclavos en 1702; Virginia siguió en 1726, Carolina del Norte en 1753. Las patrullas de esclavos casaron a la guardia con la milicia: se requería que todos los hombres sanos sirvieran en la patrulla (a menudo, la patrulla se reclutaba de la milicia), y los patrulleros usaban el grito y el grito para Llame a cualquier persona que se encuentre a una distancia que le oiga para que se una a la persecución. Ni la guardia ni la milicia ni las patrullas eran “policías”, que eran francesas y consideradas déspotas. En Norte América,la police: Guardias de la ciudad armados, que vestían uniformes de estilo militar y recibían salarios, una patrulla de esclavos urbanos.

En 1779, Thomas Jefferson creó una cátedra de "derecho y policía" en el College of William & Mary. El significado de la palabra comenzó a cambiar. En 1789, Jeremy Bentham, notando que “policía” había ingresado recientemente al idioma inglés, en un sentido similar al moderno, hizo esta distinción: la policía mantiene la paz; la justicia castiga el desorden. (“¡Sin justicia, no hay paz!”, gritan los manifestantes de Black Lives Matter en las calles). Luego, en 1797, un magistrado de Londres llamado Patrick Colquhoun publicó “Un tratado sobre la policía de la metrópolis”. Él, también, distinguió la paz mantenida en las calles de la justicia administrada por los tribunales: la policía era responsable de la regulación y corrección del comportamiento y “la PREVENCIÓN y DETECCIÓN DE DELITOS ”.

A menudo se dice que Gran Bretaña creó la policía y Estados Unidos la copió. Se podría argumentar que lo contrario es cierto. Colquhoun pasó su adolescencia y principios de los veinte en la Virginia colonial, se desempeñó como agente de los fabricantes de algodón británicos y poseía acciones en las plantaciones de azúcar en Jamaica. Lo sabía todo sobre códigos de esclavos y patrullas de esclavos. Pero nada surgió de las ideas de Colquhoun sobre la vigilancia hasta 1829, cuando el ministro del Interior, Robert Peel, a raíz de una gran cantidad de disturbios laborales y después de años de reprimir las rebeliones católicas en Irlanda, en su calidad de secretario irlandés, convenció al Parlamento de establecer el Policía Metropolitana, una fuerza de unos tres mil hombres, encabezada por dos jueces civiles (más tarde llamados "comisionados"), y organizada como un ejército, con cada superintendente supervisando cuatro inspectores, dieciséis sargentos, y ciento sesenta y cinco alguaciles, que vestían casaca y pantalón azul con sombreros de copa negros, a cada uno se le asignaba una placa numerada y un bastón. Los londinenses llegaron a llamar a estos hombres "bobbies", por Bobby Peel.

También se suele decir que la vigilancia urbana estadounidense moderna comenzó en 1838, cuando la legislatura de Massachusetts autorizó la contratación de agentes de policía en Boston. Esto también ignora el papel de la esclavitud en la historia de la policía. En 1829, un abolicionista negro de Boston llamado David Walker publicó “ Un llamamiento a los ciudadanos de color del mundo ”, llamando a una rebelión violenta: “Un buen hombre negro puede matar a seis hombres blancos”. Walker fue encontrado muerto dentro de un año y, a partir de entonces, Boston tuvo una serie de ataques de la mafia contra los abolicionistas, incluido un intento de linchar a William Lloyd Garrison, el editor de The Liberator.en 1835. Las palabras de Walker aterrorizaron a los dueños de esclavos del Sur. El gobernador de Carolina del Norte escribió a los senadores de su estado: “Les ruego que expongan este asunto a la policía de su ciudad e inviten a su pronta atención a la necesidad de detener la circulación del libro”. Por "policía" se refería a patrullas de esclavos: en respuesta a la "Apelación" de Walker, Carolina del Norte formó un "comité de patrulla" estatal.

Nueva York estableció un departamento de policía en 1844; Nueva Orleans y Cincinnati siguieron en 1852, luego, más tarde en los años cincuenta, Filadelfia, Chicago y Baltimore. El crecimiento de la población, la creciente desigualdad provocada por la Revolución Industrial y el aumento de delitos como la prostitución y el robo contribuyeron al surgimiento de la vigilancia urbana. También lo hizo la inmigración, especialmente de Irlanda y Alemania, y la hostilidad hacia la inmigración: un nuevo partido, Know-Nothings, buscaba evitar que los inmigrantes votaran, ocuparan cargos públicos y se convirtieran en ciudadanos. En 1854, Boston disolvió su antigua guardia y estableció formalmente un departamento de policía; ese año, Know-Nothings arrasó en las elecciones de la ciudad.

La policía estadounidense difería de sus contrapartes inglesas: en los EE. UU., los comisionados de policía, como designados políticos, estaban bajo control local, con supervisión limitada; y la aplicación de la ley se descentralizó, lo que resultó en una maraña jurisdiccional. En 1857, en el Gran Disturbio Policial, la Policía Municipal de Nueva York, dirigida por la alcaldía, luchó en las escalinatas del ayuntamiento con la Policía Metropolitana de Nueva York, dirigida por el estado. Los Metropolitanos eran conocidos como los Mets de Nueva York. Ese año se fundó un equipo de béisbol amateur del mismo nombre.

Además, a diferencia de sus homólogos británicos, la policía estadounidense llevaba armas, inicialmente las suyas. En la década de 1860, Colt Firearms Company comenzó a fabricar un revólver compacto llamado Pocket Police Model, mucho antes de que la Policía Metropolitana de Nueva York comenzara a emitir armas de servicio. La policía estadounidense portaba armas porque los estadounidenses portaban armas, incluidos los estadounidenses que vivían en partes del país donde cazaban para comer y defendían su ganado de los animales salvajes, los estadounidenses que vivían en partes del país que no tenían policía y los estadounidenses que vivían en partes de América del Norte que no estaban en los Estados Unidos. Fuera de las grandes ciudades, los agentes de la ley eran escasos. En territorios que aún no eran estados, había alguaciles estadounidenses y sus adjuntos, oficiales de los tribunales federales que podían actuar como policías de facto, pero sólo para hacer cumplir las leyes federales. Si un territorio se convirtiera en estado, sus condados elegirían alguaciles. Mientras tanto, los estadounidenses se convirtieron en justicieros, especialmente propensos a matar a los pueblos indígenas y linchar a la gente de color. Entre 1840 y los años veinte, turbas, vigilantes y oficiales de la ley, incluidos los Texas Rangers, lincharon a unos quinientos mexicanos y mexicoamericanos y mataron a miles más, no solo en Texas sino también en los territorios que se convirtieron en los estados de California. Arizona, Nevada, Utah, Colorado y Nuevo México. Un comité de vigilancia de San Francisco establecido en 1851 arrestó, juzgó y ahorcó a personas; contaba con una membresía de miles. Un comité de vigilancia de Los Ángeles atacó y linchó a inmigrantes chinos. especialmente propensos a matar a los pueblos indígenas y linchar a la gente de color.

El ejército de los EE. UU. también operaba como una fuerza policial. Después de la Guerra Civil, la milicia se organizó en siete nuevos departamentos de ejércitos permanentes permanentes: el Departamento de Dakota, el Departamento de Platte, el Departamento de Missouri, el Departamento de Texas, el Departamento de Arizona, el Departamento de California, y el Departamento de la Colombina. En las décadas de 1870 y 1980, el Ejército de los Estados Unidos participó en más de mil operaciones de combate contra los pueblos indígenas. En 1890, en Wounded Knee, Dakota del Sur, tras un intento de desarmar un asentamiento lakota, un regimiento de soldados de caballería masacró a cientos de hombres, mujeres y niños lakota. Casi un siglo después, en 1973, agentes del FBI, SWATequipos, y tropas federales y alguaciles estatales sitiaron Wounded Knee durante una protesta por la brutalidad policial y la falta de castigo adecuado por la tortura y el asesinato de un hombre oglala sioux llamado Raymond Yellow Thunder. Dispararon más de medio millón de cartuchos y arrestaron a más de mil personas. En la actualidad, según los CDC, es más probable que la policía mate a los nativos americanos que a cualquier otro grupo racial o étnico.

La vigilancia policial estadounidense moderna comenzó en 1909, cuando August Vollmer se convirtió en el jefe del departamento de policía en Berkeley, California. Vollmer transformó a la policía estadounidense en un ejército estadounidense. Había servido con el Octavo Cuerpo del Ejército en Filipinas en 1898. “Durante años, desde los días de la Guerra Hispanoamericana, he estudiado tácticas militares y las he usado con buenos resultados para atrapar ladrones”, explicó más tarde. “Después de todo, estamos haciendo una guerra, una guerra contra los enemigos de la sociedad”. ¿Quiénes eran esos enemigos? Mafiosos, contrabandistas, agitadores socialistas, huelguistas, organizadores sindicales, inmigrantes y negros.

Vollmer y sus colegas adaptaron a la policía doméstica los tipos de tácticas y armas que se habían desplegado contra los nativos americanos en el oeste y contra los pueblos colonizados en otras partes del mundo, incluidos Cuba, Puerto Rico y Filipinas, como el sociólogo Julian Vaya lo ha demostrado. Vollmer instituyó un modelo de capacitación imitado en todo el país, por departamentos de policía que a menudo estaban dirigidos y atendidos por otros veteranos de las guerras de conquista y ocupación de los Estados Unidos. Un “capitán o teniente de policía debe ocupar exactamente la misma posición en la mente del público que un capitán o teniente en el ejército de los Estados Unidos”, dijo el comisionado de policía de Detroit. (Los oficiales de policía de hoy en día son desproporcionadamente veteranos de las guerras estadounidenses en Irak y Afganistán, y muchos sufren estrés postraumático. The Marshall Project, Al analizar los datos de la policía de Albuquerque, se encontró que los oficiales que son veteranos tienen más probabilidades que sus contrapartes no veteranos de estar involucrados en tiroteos fatales. En general, es más probable que usen la fuerza y ​​que disparen sus armas).

La policía de la era Vollmer hizo cumplir un nuevo tipo de código de esclavos: las leyes de Jim Crow, que se aprobaron en el sur a finales de los años setenta y fueron confirmadas por la Corte Suprema en 1896. William G. Austin se convirtió en el jefe de policía de Savannah en 1907. Anteriormente, había ganado una Medalla de Honor por su servicio en la Caballería de EE. UU. en Wounded Knee; también había luchado en la Guerra Hispanoamericana. Para 1916, las iglesias afroamericanas de la ciudad se quejaban ante los periódicos de Savannah sobre los “arrestos a gran escala de negros porque son negros, arrestos que no se harían si fueran blancos en circunstancias similares”. Los afroamericanos también se enfrentaron a la vigilancia de Jim Crow en las ciudades del norte a las que huían cada vez más. James Robinson, jefe de policía de Filadelfia desde 1912, había servido en la Infantería durante la Guerra Hispano-Americana y la Guerra Filipino-Americana. Basó el entrenamiento de su fuerza en los manuales utilizados por el Ejército de EE. UU. en Leavenworth. Go informa que, en 1911, alrededor del once por ciento de las personas arrestadas eran afroamericanas; bajo Robinson, ese número aumentó al 14,6 por ciento en 1917. En la década de 1920, una cuarta parte de los arrestados eran afroamericanos, quienes, en ese momento, representaban solo el 7,4 por ciento de la población.

Era progresiva, la vigilancia policial al estilo Vollmer criminalizaba la negritud, como argumentó el historiador Khalil Gibran Muhammad en su libro de 2010, " La condena de la negritud: raza, crimen y la creación de la América urbana moderna ". La policía patrulló los vecindarios negros y arrestó a personas negras de manera desproporcionada; los fiscales acusaron a los negros de manera desproporcionada; los jurados encontraron a los negros culpables de manera desproporcionada; los jueces dieron a los negros sentencias desproporcionadamente largas; y, luego, después de todo esto, los científicos sociales, al observar el número de personas negras en la cárcel, decidieron que, como cuestión de biología, las personas negras tenían una inclinación desproporcionada a la delincuencia.

Más recientemente, entre el Nuevo Jim Crow y la criminalización de la inmigración y el encarcelamiento de inmigrantes en centros de detención, esta realidad solo ha empeorado. “Por población, por tasas de encarcelamiento per cápita y por gastos, Estados Unidos supera a todas las demás naciones en cuántos de sus ciudadanos, solicitantes de asilo e inmigrantes indocumentados están bajo alguna forma de supervisión de la justicia penal”, escribe Muhammad en un nuevo prefacio. a su libro. “La cantidad de personas afroamericanas y latinx en las cárceles y prisiones estadounidenses hoy supera la población total de algunos países de África, Europa del Este y el Caribe”.

La vigilancia se volvió más dura en la Era Progresista y, con el surgimiento de las fuerzas policiales estatales, el número de policías también creció. Con el auge del automóvil, algunos, como el de California, comenzaron como “patrullas de carreteras”. Otros, incluida la policía estatal de Nevada, Colorado y Oregón, comenzaron como paramilitares privados de industriales que empleaban a los inmigrantes estadounidenses más recientes: húngaros, italianos y judíos. Los industriales de Pensilvania establecieron la Policía del Hierro y el Carbón para poner fin a las huelgas y acabar con los sindicatos, incluido el United Mine Workers; En 1905, tres años después de una huelga de antracita y carbón, la Policía del Estado de Pensilvania comenzó a operar. “Un policía estatal debería poder manejar a cien extranjeros”, dijo su nuevo jefe.

La Patrulla Fronteriza de EE. UU. comenzó en 1924, año en que el Congreso restringió la inmigración del sur de Europa. Ante la insistencia de los agricultores sureños y occidentales, el Congreso eximió a los mexicanos de sus nuevas cuotas de inmigración para permitir que los trabajadores migrantes ingresen a los Estados Unidos. La Patrulla Fronteriza comenzó como un equipo relativamente pequeño responsable de hacer cumplir la ley federal de inmigración y detener a los contrabandistas en todas las fronteras del país. A mediados del siglo XX, creció hasta convertirse en un cuasi-militar nacional centrado en vigilar la frontera sur en campañas de arresto masivo y deportación forzada de inmigrantes mexicanos, con la ayuda de policías locales como el notoriamente brutal LAPD, como la historiadora Kelly Lytle Hernández ha relatado. Lo que se convirtió en el movimiento chicano comenzó en el sur de California, con las protestas de los inmigrantes mexicanos contra el Departamento de Policía de Los Ángeles durante la primera mitad del siglo XX, incluso cuando una industria cinematográfica en crecimiento producía reportajes sobre miembros del Klan que cazaban negros, vaqueros que mataban indios y policías que perseguían a mexicanos. Más recientemente, puedes encontrar una versión actualizada de esta historia en LA Noire, un videojuego ambientado en 1947 y jugado desde la perspectiva de un oficial de policía de Los Ángeles bien armado que, conduciendo por Sunset Boulevard, se cruza con los decorados abandonados y en ruinas de D. W. La película de Griffith de 1916, "Intolerancia", imaginaba reliquias de una era implacable.

Dos tipos de policía aparecieron en la televisión estadounidense de mediados de siglo. Los buenos resolvieron crímenes en procedimientos policiales en horario de máxima audiencia como "Dragnet", que comenzó en 1951, y "Adam-12", que comenzó en 1968 (ambos presentaban al Departamento de Policía de Los Ángeles). Los malos conmocionaron la conciencia de Estados Unidos en las noticias de la noche: la policía estatal de Arkansas impidió que los estudiantes negros ingresaran a la escuela secundaria Little Rock Central, en 1957; la policía de Birmingham golpeando y arrestando a unos setecientos niños negros que protestaban contra la segregación, en 1963; y policías estatales de Alabama golpeando a manifestantes por el derecho al voto en Selma, en 1965. Estas dos caras de la policía ayudan a explicar cómo, en la década de 1960, cuanto más protestaba la gente contra la brutalidad policial, más dinero daban los gobiernos a los departamentos de policía.

En 1965, el presidente Lyndon Johnson declaró una "guerra contra el crimen" y pidió al Congreso que aprobara la Ley de Asistencia para el Cumplimiento de la Ley, en virtud de la cual el gobierno federal proporcionaría a la policía local armas de grado militar, armas que se estaban utilizando en la guerra de Vietnam. . Durante los disturbios en Watts ese verano, las fuerzas del orden mataron a treinta y una personas y arrestaron a más de cuatro mil; luchar contra los manifestantes, dijo el jefe de LAPD, era “muy parecido a luchar contra el Viet Cong”. Preparándose para una votación en el Senado pocos días después de que terminara el levantamiento, el presidente del Comité Judicial del Senado dijo: “Durante algún tiempo, he tenido la sensación de que la tarea de las fuerzas del orden no es muy diferente de las fuerzas militares; es decir, disuadir el crimen antes de que ocurra, así como nuestro objetivo militar es disuadir la agresión”.

Como informó Elizabeth Hinton en “ De la guerra contra la pobreza a la guerra contra el crimen: cómo se hizo el encarcelamiento masivo en Estados Unidos ”.”, los “soldados de primera línea” en la guerra contra el crimen de Johnson (la policía de la era Vollmer nuevamente) pasaron una cantidad desproporcionada de tiempo patrullando los vecindarios negros y arrestando a los negros. Los formuladores de políticas concluyeron a partir de esas tasas de arrestos diferenciales que las personas negras eran propensas a la delincuencia, con el resultado de que la policía pasaba aún más tiempo patrullando los vecindarios negros, lo que llevó a una tasa de arrestos aún más alta. “Si deseamos librar a este país del crimen, si deseamos dejar de piratear solo sus ramas, debemos cortar sus raíces y drenar su caldo de cultivo pantanoso, los barrios marginales”, dijo Johnson a una audiencia de legisladores policiales en 1966. El siguiente año, estallaron disturbios en Newark y Detroit. “No nos vamos a rebelar contra todos ustedes, los blancos”, le dijo un hombre de Newark a un reportero poco antes de que la policía lo matara a tiros. “Nos estamos rebelando contra la brutalidad policial.

La Gran Sociedad de Johnson esencialmente terminó cuando le pidió al Congreso que aprobara la Ley Ómnibus de Control del Crimen y Calles Seguras, que tuvo el efecto de desviar dinero de los programas sociales a la policía. Esta revista lo llamó “una pieza de demagogia ideada a partir de la malevolencia y representada en la histeria”. James Baldwin atribuyó su "ferocidad irresponsable" a "una pesadilla pálida y convincente, una colección abrumadora de pesadillas privadas". La verdad era más oscura, como relató el sociólogo Stuart Schrader en su libro de 2019, " Distintivos sin fronteras: cómo la contrainsurgencia global transformó la policía estadounidense "..” Durante la Guerra Fría, la Oficina de Seguridad Pública de la USAID brindó asistencia a la policía en al menos cincuenta y dos países y capacitó a oficiales de casi ochenta, con el propósito de contrainsurgencia: la supresión de una revolución anticipada, que colección de pesadillas privadas; como informó la OPS, aportó “la dimensión internacional a la Guerra contra el Crimen de la Administración”. La contrainsurgencia tuvo un boomerang y volvió a los Estados Unidos como policía.


En 1968, el nuevo proyecto de ley contra el crimen de Johnson estableció la Administración de Asistencia para el Cumplimiento de la Ley, dentro del Departamento de Justicia, que, en la siguiente década y media, desembolsó fondos federales para más de ochenta mil proyectos de control del crimen. Incluso los fondos destinados a proyectos sociales —empleo juvenil, por ejemplo, junto con otros programas de salud, educación, vivienda y asistencia social— se distribuyeron a operaciones policiales. Con Richard Nixon, todos los elementos de la Gran Sociedad que habían sobrevivido al desastroso final de la presidencia de Johnson se redujeron drásticamente, con un mayor énfasis en la vigilancia y la construcción de prisiones. Más estadounidenses fueron a prisión entre 1965 y 1982 que entre 1865 y 1964, informa Hinton. Bajo Ronald Reagan, se cerraron aún más servicios sociales, o se les privó de fondos hasta que murieron: hospitales psiquiátricos, centros de salud, programas de empleo, educación de la primera infancia. Para 2016, dieciocho estados gastaban más en prisiones que en colegios y universidades. Los activistas que hoy piden desfinanciar a la policía argumentan que, durante décadas, los estadounidenses han estado desfinanciando no solo los servicios sociales sino, en muchos estados, la educación pública misma. Cuanto más deshilachado está el tejido social, más policía se ha desplegado para recortar los hilos colgantes.

El modelo para la aplicación de la ley de Nixon a Reagan provino del politólogo de Harvard James Q. Wilson entre 1968, en su libro " Variedades de comportamiento policial ", y 1982, en un ensayo en The Atlantic .titulado “Ventanas rotas”. Por un lado, Wilson creía que la policía debería pasar de hacer cumplir la ley a mantener el orden, patrullando a pie y haciendo lo que se denominó “vigilancia comunitaria”. (Algunas de sus recomendaciones fueron ignoradas: Wilson pidió que otros profesionales manejaran lo que él denominó las "funciones de servicio" de la policía: "primeros auxilios, rescatar gatos, ayudar a las damas y cosas por el estilo", que es una reforma que la gente está pidiendo hoy.) Por otro lado, Wilson pidió a la policía que arrestara a las personas por delitos menores, con la teoría de que contribuyeron a delitos más graves. El trabajo de Wilson informó programas como STRESS de Detroit(Stop the Robberies, Enjoy Safe Streets), iniciado en 1971, en el que la policía de Detroit patrullaba la ciudad encubierta, con disfraces que incluían de todo, desde un taxista hasta un "profesor universitario radical", y mató a tantos jóvenes negros que un organización de policías negros exigió que se disolviera la unidad. Podría decirse que la campaña para acabar con el ESTRÉS marcó los comienzos del abolicionismo policial. STRESS defendió sus métodos. “Simplemente no nos acercamos y le disparamos a alguien”, dijo un comandante. “Le pedimos que se detenga. Si no lo hace, disparamos”.

Durante décadas, la guerra contra el crimen fue bipartidista y contó con un apoyo sustancial del Caucus Negro del Congreso. “El crimen es un problema de defensa nacional”, Joe Bidendijo en el Senado, en 1982. “Estás en tanto peligro en las calles como lo estás con un misil soviético”. Biden y otros demócratas en el Senado introdujeron una legislación que resultó en la Ley de Control Integral del Crimen de 1984. Una década más tarde, como presidente del Comité Judicial del Senado, Biden ayudó a redactar la Ley de Control de Delitos Violentos y Cumplimiento de la Ley, cuyas disposiciones incluían sentencias obligatorias. En mayo de 1991, dos meses después de la golpiza a Rodney King, Biden presentó la Declaración de Derechos de los Oficiales de Policía, que brindaba protección a los policías bajo investigación. La NRA respaldó por primera vez a un candidato presidencial, Reagan, en 1980; la Orden Fraternal de la Policía, el sindicato policial más grande del país, respaldó por primera vez a un candidato presidencial, George H. W. Bush, en 1988. En 1996, respaldó a Bill Clinton.

En parte debido al historial de Biden de defender la aplicación de la ley, la Asociación Nacional de Organizaciones Policiales respaldó la boleta Obama-Biden en 2008 y 2012. En 2014, después de que la policía en Ferguson, Missouri, le disparara a Michael Brown, la administración de Obama estableció un grupo de trabajo sobre vigilancia en el siglo XXI. Su informe argumentaba que los policías se habían convertido en guerreros cuando en realidad deberían ser guardianes. La mayoría de sus recomendaciones nunca fueron implementadas.

En 2016, la Orden Fraternal de la Policía respaldó a Donald Trump y dijo que “nuestros miembros creen que hará que Estados Unidos vuelva a ser seguro”. Los sindicatos policiales se están alineando detrás de Trump nuevamente este año. “Nunca aboliremos nuestra policía o nuestra gran Segunda Enmienda”, dijo Trump en Mt. Rushmore , con motivo del 4 de julio. “No nos dejaremos intimidar por personas malas y malvadas”.

Trump no es el rey; la ley es el rey. La policía no son los hombres del rey; son servidores públicos. Y, no importa cuán desesperadamente le gustaría a Trump hacerlo así, la vigilancia policial realmente no es un tema partidista. Fuera de la quietud del cierre, las voces de protesta han rugido como un trueno de verano. Una abrumadora mayoría de estadounidenses, de ambos partidos, apoya reformas importantes en la policía estadounidense. Y muchos policías, desafiando a sus sindicatos, también apoyan esas reformas.

Esos cambios no abordarán muchas crisis más grandes, sobre todo porque el problema de la vigilancia no se puede resolver sin abordar el problema de las armas. Pero esto está claro: la polis ha cambiado y la policía también tendrá que cambiar. ♦

Una versión anterior de este artículo tergiversó el número de estadounidenses entre las edades de quince y treinta y cuatro que fueron tratados como resultado de lesiones infligidas por la policía en las salas de emergencia.

sábado, 14 de agosto de 2021

Brasil: La gobernanza criminal de las facciones criminales

¿Socios en el crimen? Facções criminosas de Brasil: buen gobierno y mal gobierno


Natalie D. Baker y Gabriel Leão || Small Wars Journal

Un estado no es el único poder que gobierna ...

Si bien el gobierno son sistemas que gobiernan un estado, [1] la gobernanza es “una mezcla de todo tipo de esfuerzos de gobierno por parte de todo tipo de actores sociopolíticos, tanto públicos como privados; que ocurren entre ellos en diferentes niveles, en diferentes modos y órdenes de gobernanza ”. [2] Por lo tanto, la gobernanza es más compleja que el gobierno. Si bien puede parecer que un gobierno y sus instituciones tienen el poder exclusivo, esto es un espejismo. En realidad, es una multitud de actores sociopolíticos los que lo hacen, y no siempre tienen buenas intenciones.

Examinamos las complejidades de la gobernanza en acción a través de Brasil, que encarna una simbiosis fascinante y algo descarada de gobernanza legítima y criminal. Por un lado, una variedad de facciones criminales, o facções criminosas (FC o facciones criminales) constituyen una parte considerable de la gobernanza a nivel micro / meso, [3] y por otro lado, el gobierno nacional representado por la administración de Bolsonaro es en algunos aspectos, no es mejor que las pandillas que recorren las calles. La diferencia es que la administración de Bolsonaro opera como un gobierno legítimo y los FC son criminales. Sin embargo, no se puede decir que ninguno de los dos ejerza una buena gobernanza.



La policía ocupa el Complexo de Alemão

Agência Brasil, Creative Commons, CC BY 3.0 BR, a través de Wikimedia Commons.

Las Naciones Unidas definen la buena gobernanza como la que comprende las ocho características siguientes:

“Es participativo, orientado al consenso, responsable, transparente, receptivo, eficaz y eficiente, equitativo e inclusivo y sigue el estado de derecho. Asegura que se minimice la corrupción, que se tengan en cuenta las opiniones de las minorías y que se escuchen las voces de los más vulnerables de la sociedad en la toma de decisiones. También responde a las necesidades presentes y futuras de la sociedad ”. [4]

Si se toma una postura, el mundo social opera en dicotomías, lo opuesto al buen gobierno es el mal gobierno. Un ejemplo de lo primero es la gobernanza criminal. Esta es una forma de estructura de gobierno impuesta al comportamiento público por colectivos involucrados en actividades delictivas. [5] La gobernanza criminal es practicada por una amplia variedad de grupos en múltiples contextos sociales que van desde pandillas callejeras locales hasta organizaciones penitenciarias difusas. Muchas facciones criminales adoptan su condición de gobernantes y justifican prácticas en la línea de "quitarles a los que tienen medios para dárselos a los que no los tienen" o lo que se conoce como bandidaje social. [6] [7] La provisión de servicios sociales y de bien público por parte de facciones criminales típicamente adscritas al gobierno formal, como los servicios de seguridad y salud en los vecindarios, constituye de hecho un tipo de gobernanza. Sin embargo, las organizaciones criminales son violentas. Aquellos que extorsionan a los residentes por seguridad, no proporcionan un buen gobierno por definición. Sin embargo, esto también puede aplicarse a algunos casos de estructuras formales de gobernanza. Brasil es un excelente ejemplo.

Primero, exploramos el papel de las milicias, la policía y la corrupción como formas de gobierno criminal, enmascaradas dentro de estructuras gubernamentales legitimadas. Lo hacemos para comprender mejor la naturaleza confusa del buen y mal gobierno. Sin embargo, no nos adscribimos a dicotomías sociales y creemos que el caso de Brasil demuestra que la calidad de la gobernanza existe en un continuo. Usamos facciones criminales para mostrar cómo compiten en formas de gobierno dentro de Brasil. Este caso apunta hacia líneas difusas dentro del buen y mal gobierno, tanto del gobierno legitimado como del realizado por facciones criminales.

Milícias y corrupción gubernamental

Las milicias (milicias) son descendientes directos de los escuadrones de la muerte que comenzaron en la década de 1960 en Río y fueron adoptados por la dictadura militar que gobernó Brasil en las décadas de 1960 y 1980 [8]. La primera milicia conocida —aunque sin nombre— se formó en Tijuca, Rio das Pedras, Rio de Janeiro en la década de 1980. Las milicias estaban compuestas por militares y policías, ciudadanos y criminales antiguos y actuales. Tenían conexiones con Jogo do Bicho, la mafia organizada de Brasil, [10] [11] que también tenía vínculos con grupos extranjeros como Cosa Nostra, Bratva y Abergil Family. [12] En la década de 2000, las milicias se habían extendido por todo Río. [13] Actualmente 2,1 millones (33% de la población) de los residentes de la ciudad de Río de Janeiro viven bajo el férreo control de las milicias. [14] [15] Las milicias brindan protección, asistencia social y otros servicios que deben brindar las instituciones estatales.

Las milicias brasileñas ganan legitimidad gracias al apoyo de Jair Bolsonaro y su familia. Bolsonaro ha defendido las tácticas de las milicias, incluidas las ejecuciones extrajudiciales [16]. Durante su campaña de 2018, Bolsonaro dio marcha atrás para condenar las tácticas más insidiosas de la milicia en una actuación política, pero aún apoya a las milicias en palabras y acciones [17]. Él y su familia tienen vínculos con miembros conocidos, lo que aumenta las sospechas sobre la corrupción del gobierno. Los ejemplos más famosos son Sargento Fábricio Queiroz de la Policía Militar y el Capitán Adriano Magalhães da Nóbrega [18]. Los dos hombres se conocían desde 2003, a través de su servicio mutuo en la policía militar y ambos habían sido empleados de Flávio Bolsonaro. Nóbrega se desempeñó como comandante de dos milicias de Rio das Pedras y Muzema, y ​​se desempeñó como asesino principal del Escritório do Crime (oficina del crimen), un grupo criminal compuesto por miembros activos y anteriores de las fuerzas del orden. Queiroz actuó como mediador entre Flávio Bolsonaro y las fuerzas paramilitares de Río.

En 2005, Flávio Bolsonaro, entonces legislador estatal, entregó la Medalla Tiradentes a Nóbrega mientras cumplía condena en prisión militar luego de ser acusado de asesinato [19]. Esto representó un respaldo de Bolsonaro a las acciones de Nóbrega. En 2007, Nóbrega fue absuelto, pero para 2013, fue expulsado de su puesto de policía debido a vínculos abiertos y conexiones históricas con el hampa de Río. Nóbrega fue asesinado en febrero de 2020, tras un tiroteo con la policía del estado de Bahía [20]. Había estado prófugo como uno de los principales sospechosos del asesinato de la concejal de Río de Janeiro Marielle Franco y su chofer Anderson Gomes [21].

Tras el anuncio de su muerte, Flávio Bolsonaro sugirió en Twitter que había sido torturado en el estado bahiano controlado por la izquierda. Ambos Bolsonaros interrogaron a las autoridades bahianas y solicitaron un equipo forense “independiente” para determinar si fue torturado [22]. Mientras Nóbrega huía, Fabrício Queiroz ofreció apoyo a su madre. También fue buscado por intermediar problemas rutinarios entre milicianos y un empresario en Itanhangá, Río de Janeiro, según un audio interceptado por la justicia [23]. Queiroz fue arrestado por sus conexiones con un presunto esquema de corrupción en junio de 2020. En el momento de su arresto, se encontraba encerrado en el campo de São Paulo en una finca que pertenecía a un abogado personal del clan Bolsonaro. Además de la intriga, en 2021, el Ministerio Público de Bahía decidió exhumar el cuerpo de Nóbrega para reevaluar la causa de la muerte, pero encontró sus restos ubicados en un cementerio diferente al inicialmente esperado [24].

Además de estar incrustadas en la corrupción política, las milicias de Río juegan un papel importante en la violencia social. Participan activamente en la distribución de fusiles de asalto e incluso artillería pesada en comunidades civiles [25]. Estas armas funcionan para mostrar el poder a los sujetos y enemigos de las pandillas. Las milicias no son el único problema. Amnistía Internacional planteó la cuestión de los homicidios de ciudadanos por parte de la policía:

En 2015, en la ciudad de Río de Janeiro, la policía fue responsable de uno de cada cinco asesinatos, y en São Paulo, uno de cada cuatro. Entre 2006 y 2015, se registraron más de 8.000 casos de homicidios cometidos por agentes de policía en servicio en el estado de Río de Janeiro. La mayoría de las víctimas durante los operativos policiales en Río de Janeiro son jóvenes negros [26].

Esto continuó hasta bien entrada la administración de Bolsonaro. Paes Manso [27] muestra que en 2019, seis niños murieron por balas perdidas de operativos policiales en las favelas de Río. Todos los niños eran negros y pobres. Greenwald y Pougy amplían este tema:

... cuando Bolsonaro y su familia hablan de delincuencia, casi siempre tratan de centrar la atención en los narcotraficantes principalmente negros que viven en las favelas pobres de la ciudad, en lugar de la fuente de criminalidad mucho más amenazante, grave y aterradora llevada a cabo por los compañeros ideológicos de los Bolsonaros y los héroes de las sofisticadas y hábiles milicias del país. [28]

Con hechos recientes como el asesinato de más de 24 ciudadanos por la policía en Jacarezinho de Río, [29] las líneas entre "bueno" y "malo" son borrosas. La corrupción y la complacencia del gobierno ayudan a fomentar la delincuencia en las favelas.

Facções Criminosas

Las facções criminosas (facciones criminales) son una forma considerable de gobierno en Brasil. Habitualmente luchan con la policía, el ejército y las milicias por el dominio no solo de las favelas, sino de otras áreas pobres, el sistema penitenciario y, hasta cierto punto, los pasillos del poder. Sus orígenes llegaron décadas después del inicio de Jogo do Bicho y sus bicheiros en 1892. El juego nació en las calles de Río de Janeiro, donde los procesos formales de organización solidificaron una empresa masiva de juego clandestino durante los años 70 y 80 cuando Brasil dejó atrás su dictadura. . [30] La creación de estructuras organizativas jerárquicas y tácticas disciplinarias se logró mediante la selección de ex reclutas militares que aportaban habilidades en logística, gestión financiera y tácticas de espionaje. Los ejecutores letales utilizados para ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y torturas en el apogeo de la dictadura fueron abandonados y sin trabajo. También fueron absorbidos por los bicheiros. [31] Las facciones criminales y las milicias se inspiraron en los bicheiros, ya que crearon fuentes alternativas y resistivas de "asistencialismo" (donde la asistencia crea dependencia) e ingresos mientras vivía en favelas. [32]

Las organizaciones criminales son tan complicadas como los sistemas de gobierno legítimos contra los que luchan y, de muchas maneras, reemplazan. Si bien México es un ejemplo con su fascinante tipo de democracia corrupta, Jones sostiene que los narcos operan de maneras comparables a la conjugación bacteriana. [33] Los miembros cambian de afiliación y traen diferentes enfoques, como tácticas de infantería de un grupo a otro. Una comparación más fructífera para las CF de Brasil es la simbiosis, ya que proporcionan a la ciudadanía, en ausencia de una buena gobernanza. [34] Hubo protección e impunidad para los bicheiros cuando sus actividades sirvieron a los intereses del Estado [35]. Las facções criminales comenzaron a emular el enfoque bicheiro e incorporaron tácticas, similares a las conjugaciones promulgadas por los narcos. Sin embargo, una vez más facciones organizadas como la Família do Norte (Familia del Norte), el Primeiro Comando da Capital (PCC o Primer Comando Capital, conocido como el 'Partido del Crimen'), y especialmente el Comando Vermelho (CV o Comando Rojo), ganaron poder, la influencia de los bicheiros disminuyó. [36]

¿Gobernanza criminal?

El grado en que operan los grupos criminales dentro de un estado y sus esferas de influencia con el gobierno y la ciudadanía depende de cómo el estado ejerza su poder. Lessing argumenta: “Mientras la gobernanza criminal no constituya una amenaza existencial directa para la autoridad estatal, los estados pueden tolerarla y beneficiarse de ella”. [37] Este es el caso en Brasil, donde las facciones criminales y otros grupos como las milicias son fuerzas importantes. de gobernanza y operan dentro de una delicada simbiosis.

Covid demuestra que la pandemia resultó en un papel destacado para los grupos criminales. La policía no se mostró complaciente. Al comienzo del brote, hubo operaciones policiales dentro de las favelas y los resultados fueron a menudo letales. [38] El Instituto de Seguridad Pública señala 944 muertes luego de un fallo de la Corte Suprema que prohibió las redadas policiales en las favelas durante la pandemia [39]. Dentro de las favelas, los líderes de las pandillas actuaron en ausencia de un gobierno formal: implementaron cierres, toques de queda y crearon un sistema de salud pública ad hoc, aunque no de manera agradable. Según Peachy:

En su propio patio trasero, el Comando Rojo de Brasil, una pandilla comparativamente disciplinada pero conflictiva que se montó en la creciente ola de consumo de cocaína de la década de 1990, utilizó las redes sociales y la radio comunitaria en las favelas para difundir su mensaje de control social. Dado que los pandilleros vivían en las comunidades que controlaban, estaban en una mejor posición que el gobierno, en gran parte distante, para saber qué preocupaba a los residentes. El mensaje de los criminales fue claro: si el gobierno no va a hacer nada, actuaremos en cambio como guardianes de la salud pública… “En lugar de actuar como señores represivos, tienen una conexión con la población y respondieron a las demandas de la comunidad. [40]

Sin embargo, estas acciones no fueron sorprendentes:

Las pandillas de Río se dedican a algo más que cocaína y sexo; proporcionan electricidad subvencionada, reparan carreteras, organizan fiestas en el barrio y alimentan a familias hambrientas en los barrios marginales que controlan, generalmente sin enviar una factura. Los servicios gubernamentales de Brasil no son ni de lejos tan completos ni tan generosos. [41]

Una vez más, no está claro en el caso de Brasil, quién constituye exactamente las verdaderas facções criminosas.

La gobernanza criminal como insurgencia

Las Unidades de polícia pacificadora (Unidades de Policía Pacificadora o UPP) fueron creadas para controlar el crimen en las favelas de Río. La UPP se promulgó antes de la visita papal y la Copa del Mundo de 2014 y fue un enfoque con más inversión social que los esfuerzos anteriores [42]. Aunque inicialmente tuvo éxito, el crimen finalmente aumentó. Los gobiernos no comprenden bien estos "espacios no gobernados" percibidos que intentan gobernar, en particular con respecto a las estructuras informales que evolucionan con negligencia [43]. Dichos espacios son consecuencia de "la disminución de la eficacia de los Estados como construcciones políticas y sociales". [44] Por lo tanto, no están 'sin gobierno' en la medida en que están 'gobernados alternativamente'. A menudo por grupos que se consideran criminales, insurgentes , o ambos.

En relación con esto, algunos académicos sostienen que las CF en general son insurgencias "criminales". [45] [46] Estos se definen como "una forma contemporánea de conflicto donde el crimen y la política se fusionan". [47] Como insurgencias, crean "nuevos mundos" en los vacíos de buen gobierno donde los criminales proporcionan una apariencia de orden tanto como lo perturban a través de la violencia abierta. Ramos da Cruz y Ucko sugieren:

Con el control establecido, la CV asegura la cooperación local al combinar el terrorismo con la prestación de funciones estatales, incluida la gobernanza, la fiscalidad, el arbitraje y la prestación de servicios básicos. A medida que el Estado se disocia de su pueblo, pierde legitimidad y soberanía y, con el tiempo, estas "comunidades fallidas" ven a los criminales insurgentes; como sus protectores y representantes [48].

Si bien Brasil es ostensiblemente democrático, sufre promesas incumplidas como "el país del futuro", un mantra profesado por las instituciones de gobierno. Decepción palpable fue un factor instigador en el ascenso de Bolsonaro:

Ante una crisis económica y la incredulidad en la política, el electorado eligió a un castigador (justiceiro) para gobernarlos. Como si el país decidiera abandonar sus instituciones democráticas para convertirse en un gigantesco Rio das Pedras manejado por principios milicianos [49].

El gobierno de Brasil opera habitualmente al margen de la ley. Facciones criminales, ya que las insurgencias se benefician y prosperan con la corrupción gubernamental [50]. La mayoría de las transgresiones ocurren directamente frente a la pobreza extrema y la degradación social. Los problemas en el corazón de la insurgencia criminal brasileña descansan en los intereses en competencia de varios actores criminales como facções, con milicias, pandillas (pandillas), mafias y el estado, y todas sus interacciones patológicas entre sí. [51] [52] Esto pervierte la promulgación de la gobernanza y tiene importantes consecuencias negativas, principalmente para el público de Brasil.

¿Qué se puede hacer?

¿Qué enfoques negociarían de manera significativa esos problemas sociales profundamente arraigados que abren espacios para la gobernanza criminal, ya sea por parte de los delincuentes, el gobierno o ambos?

Grupos como el Comando Rojo podrían ser derrotados cuando el gobierno aproveche y capitalice los puntos fuertes de su mayor ventaja; sus ciudadanos de una manera similar a la estrategia de contrainsurgencia [53] [54] Intenta incorporar elementos de "buen gobierno", aunque no se espera que eso suceda perfectamente. Dado que la insurgencia es un tema inherentemente político, una forma de derrotar a la insurgencia es a través de una gobernanza buena, integral y significativa. No estamos en desacuerdo, pero agregamos una lección sobre el meollo de los fracasos gubernamentales y los éxitos de las facciones criminales en la prestación de servicios a los públicos, pero también a un gobierno corrupto. A menudo, estos actores son indistinguibles.

La gobernanza criminal es un componente fundamental de la gobernanza general en Brasil por razones complicadas, la principal de las cuales se deriva de la débil capacidad política del estado combinada con el autoritarismo y la corrupción endémica de la administración Bolsonaro. Las facções criminosas llenan los vacíos cuando falla el gobierno. Claramente, no siempre brindan "buena gobernanza" en el sentido de que aterrorizan a los ciudadanos mediante delitos violentos y se involucran en prácticas altamente cuestionables para lograr sus fines. Sin embargo, el gobierno tampoco es inocente, ya que tiene la tarea del cuidado general y el bienestar de sus ciudadanos. Un gobierno de tendencia autoritaria que aparta la cabeza y, a veces, participa en prácticas que desafían su propia moral, normas y leyes, es cuestionablemente criminal en sí mismo.

Notas al final


[1] See Adam Jarosz, Ed., Good Governance and Civil Society: Selected Issues on the Relations between State, Economy and Society. Vol. 3, Newcastle-upon-Tyne: Cambridge Scholars Publishing. 2014: p. 3, https://www.cambridgescholars.com/resources/pdfs/978-1-4438-7050-4-sample.pdf

[2] Jan Kooiman, Governing as Governance. Thousand Oaks: Sage Publications, 2003.

[3] Marcos Alan S.V. Ferreira, “Governance by Violent Non-state Actors as a Challenge to Sustainable Peace in Brazil.” Chapter 17 in Úrsula Oswald Spring and Hans Günter Brauch, Eds. Decolonising Conflicts, Security, Peace, Gender, Environment and Development in the Anthropocene. Cham, Switzerland: Springer Nature: 2021, https://doi.org/10.1007/978-3-030-62316-6_17

[4] United Nations Economic and Social Commission for Asia and the Pacific (UNESCAP). “What is Good Governance?” ENESCAP. N.D., https://www.unescap.org/sites/default/files/good-governance.pdf[5] Benjamin Lessing, “Conceptualizing Criminal Governance.” Perspectives on Politics. Vol. 20. July 2020: pp. 1–20, https://doi.org/10.1017/S1537592720001243. See especially p. 17.

[6] John P. Sullivan, “Criminal Insurgency: Narcocultura, Social Banditry, and Information Operations.” Small Wars Journal, 12 December 2012, http://smallwarsjournal.com/jrnl/art/criminal-insurgency-narcocultura-social-banditry-and-information-operations.

[7] Peter Singelmann, “Political Structure and Social Banditry in Northeast Brazil.” Journal of Latin American Studies. Vol. 7, no. 1, pp. 59-83, 1975, https://www.cambridge.org/core/journals/journal-of-latin-american-studies/article/abs/political-structure-and-social-banditry-in-northeast-brazil/5147E719078D0B3DCD4949C2719B9373

[8] Aloy Jupiara and Chico Otavio, Os Porões da Contravenção: Jogo do Bicho e Ditadura Militar: A História da Aliança que Profissionalizou o Crime Organizado. Rio de Janeiro: Record, 2015.

[9] For an example of an unnamed militia as allied with the ‘Crime Office,’ see Leslie Leitão and Marco Antônio Martins, “Escritório do Crime: Rio das Pedras é o local que une a milícia e o grupo de pistoleiros de aluguel,” G1 (Globo), 7 June 2020, https://g1.globo.com/rj/rio-de-janeiro/noticia/2020/07/06/escritorio-do-crime-rio-das-pedras-e-o-local-que-une-a-milicia-e-o-grupo-de-pistoleiros-de-aluguel.ghtml. See also, Jonathan Wheatley, “Rio de Janeiro’s militias: a parallel power in Bolsonaro’s Brazil.” Financial Times. 24 March 2019, https://www.ft.com/content/bdd61718-4b10-11e9-bbc9-6917dce3dc62

[10] Bruno Paes Manso, A República das Milícias: Dos Esquadrões da Morte à Era Bolsonaro. São Paulo: Todavia, 2020. According to multiple resources, the Jogo do Bicho is a game, but also synonymous with the mafia. Paes Manso argues for example, “Since the 1960s, the infiltration from Jogo do Bicho into institutions was deepened, reproducing strategies from international mafias.”

[11] Op. cit. Aloy and Chico, Os Porões da Contravenção.

[12] Op. cit. Paes Manso, A República das Milícias.

[13] Ibid.

[14] “Rio das Pedras, Onde Prédio Desabou no Rio, É o Berço das Milícias No Brasil; Entenda Como os Grupos Surgiram e Se Expandiram.” G1 (Globo). 6 March 2021, https://g1.globo.com/rj/rio-de-janeiro/noticia/2021/06/03/entenda-como-ocorreu-a-formacao-das-milicias-no-rio.ghtml?fbclid=IwAR1w6aDF_esvF7OPxm3lc0gUo1jxLiTgqcudtmoStah0IEqwYqVba4HUCUA

[15] Currently, milícias (militias) are the dominant form of criminal faction in Rio de Janeiro, outnumbering gangues (gangs). See John P. Sullivan, José de Arimatéia da Cruz, and Robert J. Bunker, “Third Generation Gangs Strategic Note No. 32: Militias (Milícias) Surpass Gangs (Gangues) in Territorial Control in Rio de Janeiro.” Small Wars Journal. 26 October 2020,

https://smallwarsjournal.com/jrnl/art/third-generation-gangs-strategic-note-no-32-militias-milicias-surpass-gangs-gangues.

[16] Op. cit. Paes Manso, A República das Milícias.

[17] Ibid.

[18] Ibid.

[19] Fernando Molica, “Former PM linked to Flavio Bolsonaro received a medal in the chain.” Veja. 25 January 2019, https://veja.abril.com.br/politica/ex-pm-ligado-a-flavio-bolsonaro-recebeu-medalha-na-cadeia/[20] “Miliciano Adriano Nóbrega morre em confronto com policiais na bahia.” G1 (Globo). 9 February 2020, https://g1.globo.com/ba/bahia/noticia/2020/02/09/miliciano-adriano-nobrega-morre-em-confronto-com-policiais-na-bahia.ghtml

[21] Viúva do Capitão Adriano diz que chefe de milícia mandou matar Marielle." Poder 360. 16 July 2021, https://www.poder360.com.br/justica/viuva-do-capitao-adriano-diz-que-chefe-de-milicia-mandou-matar-marielle/[22] “Bolsonaro and son blast probe of Brazil hit man killed by police." Reuters. 18 February 2020,https://www.reuters.com/article/uk-brazil-politics-idUKKBN20C2PJ[23] "Brazil corruption: Police arrest ex-aide to Jair Bolsonaro's son Flávio." BBC, 18 June 2020, https://www.bbc.com/news/world-latin-america-53099553[24] Bette Lucchese and Mahomed Saigg, "Polícia diz que corpo do miliciano adriano não estava no cemitério indicado pela família na hora da exumacao.” G1 (Globo). 14 July 2021, “https://g1.globo.com/rj/rio-de-janeiro/noticia/2021/07/14/policia-diz-que-corpo-do-miliciano-adriano-nao-estava-no-cemiterio-indicado-pela-familia-na-hora-da-exumacao.ghtml

[25] Op. cit. Paes Manso, A República das Milícias.

[26] “Brazil: Police Killings, Impunity and Attacks on Defenders, Amnesty International Submission for the UN Universal Periodic Review – 27th Session of the UPR Working Group, May 2017.” London: Amnesty International. September 2016: at p. 7, https://www.amnesty.org/download/Documents/AMR1954672016ENGLISH.pdf

[27] Op. cit. Paes Manso, A República das Milícias.

[28] Glenn Greenwald and Victor Pougy, “As Brazil’s Jair Bolsanaro Prepares to Meet Donald Trump, His Family’s Close Ties to Notorious Paramilitary Gangs Draw Scrutiny and Outrage,” The Intercept. 18 March 2019, https://theintercept.com/2019/03/18/jair-bolsonaro-family-militias-gangs-brazil/

[29] See Robert Muggah, “Rio’s bloody police campaign. Small Wars Journal. 7 May 2021, https://smallwarsjournal.com/jrnl/art/rios-bloody-police-campaign.

[30] Op. cit. Aloy and Chico, Os Porões da Contravenção.

[31] Op. cit. Paes Manso, A República das Milícias.

[32] See Paulo Freire, Education for the Critical Consciousness. London and New York: Bloomsbury, 1974; as well as a discussion of its problems via Ismar Borges de Lima and Victor T. King, “Tourism and ethnodevelopment: and Introduction,: Chapter 1 in Ismar Borges de Lima, Victor T. King, Eds. Tourism and Ethnodevelopment: Inclusion, Empowerment and Self-determination. London and New York: Routledge: 2018, https://doi.org/10.4324/9781315225289

. ‘Assistentialism’ is generally conducted within ‘deprived’ communities amongst those of means. It is commonplace amongst missionary groups seeking to provide assistance to those of lesser means to also achieve another goal (e.g., conversion to Christianity). There are criticism of these practices in that, according to de Lima and King (2017) ‘assistentialism,’ “deprives agency from the community that outside organizations are trying to aid by treating the recipients of that aid as passive objects, incapable of participating in the process of their own development.”

[33] Nathan P. Jones, “Bacterial Conjugation as a Framework for the Homogenization of Tactics in Mexican Organized Crime,” Studies in Conflict & Terrorism, 29 March 2019: pp.1–30, https://doi.org/10.1080/1057610X.2019.1586356

[34] Op. cit. Lessing, “Conceptualizing Criminal Governance.”

[35] Op. cit. Paes Manso, A República das Milícias.

[36] “Brazil: Red Command,” Insight Crime. 2 April 2013, https://insightcrime.org/brazil-organized-crime-news/red-command-profile/

[37] Op. cit. Lessing, “Conceptualizing Criminal Governance,” at p. 16.

[38] Terrence McCoy, “Rio police were ordered to limit favela raids during the pandemic. They're still killing hundreds of people.” Washington Post. 20 May 2021, https://www.washingtonpost.com/world/2021/05/20/brazil-police-rio-jacarezinho-favela-raid/

[39] Gabriel Barreira and Bárbara Carvalho, “RJ Teve Ao Menos 944 mortos em Ações Policiais Desde que STF Restringiu Operações em Favelas.” G1 (Globo). 7 May 2021, https://g1.globo.com/rj/rio-de-janeiro/noticia/2021/05/07/rj-teve-ao-menos-944-mortos-em-acao-policial-desde-que-stf-restringiu-operacoes-em-favelas.ghtml

[40] Paul Peachy, “Power in the time of Covid: How criminal gangs have strengthened their hand during pandemic,” The National News, 26 June 2021, https://www.thenationalnews.com/world/power-in-the-time-of-covid-how-criminal-gangs-have-strengthened-their-hand-during-pandemic-1.1248816; Op. cit. Paes Manso, A República das Milícias. See also, John P. Sullivan and Robert J. Bunker, Eds. Covid-19, Gangs, and Conflict

. (A Small Wars Journal-El Centro Reader.) Bloomington: Xlibris, 2020. Especially see John P. Sullivan, José de Arimatéia de Cruz and Robert J. Bunker, Chapter 1: “Third Generation Gangs Strategic Note No. 23: Rio’s Gangs Impose Curfews in Response to Coronavirus” at pp. 1-10.

[41] Carlo Massimo, “What Government? In Rio's Slums, Drug Gangs are the Government.” The Wilson Quarterly. 11 August 2015, https://www.wilsonquarterly.com/stories/what-government-in-rios-slums-drug-gangs-are-the-government/

[42] Claudio Ramos da Cruz and David H. Ucko, “Beyond the Unidades de Polícia Pacificadora: Countering Comando Vermelho’s Criminal Insurgency.” Small Wars & Insurgencies. Vol, 29, no. 1, 2018: pp. 38-67, https://doi.org/10.1080/09592318.2018.1404772

[43] John P. Sullivan, “The Challenges of Territorial Gangs: Civil Strife, Criminal Insurgencies and Crime Wars.” Revista do Ministério Público Militar (Brazil). Edição no. 31, November 2019, https://www.academia.edu/40917684/The_Challenges_of_Territorial_Gangs_Civil_Strife_Criminal_Insurgencies_and_Crime_Wars

[44] Anne L. Clunan and Harold A. Trinkunas, “Ungoverned Spaces? Alternatives to State Authority in an Era of Softened Sovereignty.” Calhoun:The NPS Institutional Archive, Paper prepared for delivery at the International Studies Association 48th Annual Meeting, San Francisco, CA, 26-30 March 2008, https://calhoun.nps.edu/handle/10945/58530

[45] John P. Sullivan and Robert J. Bunker, Criminal Insurgencies: A Small Wars Journal-El Centro Anthology

. Bloomington: iUniverse, 2012.

[46] Op. cit. Sullivan, “Criminal Insurgency; Narcocultura, Social Banditry, and Information Operations.”

[47] Op. cit. da Cruz and Ucko, “Beyond the Unidades de Polícia Pacificadora.”

[48] Ibid.

[48] Op. cit. da Cruz and Ucko, “Beyond the Unidades de Polícia Pacificadora.”

[49] Op. cit. Manso, A República das Milícias.

[50] Op. cit. da Cruz and Ucko, “Beyond the Unidades de Polícia Pacificadora.”

[51] John P. Sullivan, “From Drug Wars to Criminal Insurgency: Mexican Cartels, Criminal Enclaves and Criminal Insurgency in Mexico and Central America. Implications for Global Security,” Working Paper N°9, Paris: Fondation Maison des sciences de l’homme, FMSH-WP-2012-09, 2012, https://halshs.archives-ouvertes.fr/FMSH-WP/halshs-00694083

[52] Nathan P. Jones, “The Past, Present and Potential Future of Third Generation Gang Studies,” Conclusion (pp. 495-517) to John P. Sullivan and Robert J. Bunker, Eds. Strategic Notes on Third Generation Gangs. (A Small Wars Journal-El Centro Anthology.) Bloomington: Xlibris, 2019.

[53] Op. cit. da Cruz and Ucko, “Beyond the Unidades de Polícia Pacificadora.”

[54] David H. Ucko, “Beyond Clear-Hold-Build: Rethinking Local-Level Counterinsurgency after Afghanistan,” Contemporary Security Policy. Vol 34, no.3. 2013: pp. 526-551, https://doi.org/10.1080/13523260.2013.839258.

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