
La emigración educativa universitaria hacia la Argentina
Por EMcL
La Argentina funciona como uno de los principales polos universitarios de América Latina. No recibe únicamente estudiantes de intercambio durante uno o dos semestres: atrae jóvenes que trasladan su residencia durante cinco, seis o más años para cursar carreras completas, especialmente Medicina, Odontología, Psicología, Ingeniería y otras profesiones liberales.
El fenómeno debe analizarse con cierta precisión. Las estadísticas universitarias suelen clasificar como “extranjero” a quien posee otra nacionalidad o nació fuera del país, pero eso no permite saber automáticamente si llegó exclusivamente para estudiar. Dentro de la misma categoría pueden aparecer un brasileño recién llegado para cursar Medicina, una paraguaya criada desde niña en la Argentina y un boliviano cuya familia reside y tributa aquí desde hace veinte años. Un informe de la Universidad Nacional de Lanús observó incluso que, en 2023, los extranjeros representaban el 4,2% de la matrícula universitaria de grado y pregrado, exactamente la misma proporción que las personas nacidas en el exterior dentro de la población argentina. Esa coincidencia no demuestra que no exista migración educativa, pero sí advierte contra la identificación automática entre “estudiante extranjero” y “visitante que nunca contribuyó al país”.
La dimensión del fenómeno
En 2023 había 108.889 estudiantes extranjeros de grado y pregrado en universidades argentinas. De ellos, 82.797 estudiaban en instituciones estatales y 26.092 en privadas. Representaban el 4,2% de la matrícula total de ese nivel: 4,1% en el sector público y 4,7% en el privado. No son, por lo tanto, una mayoría capaz de desplazar masivamente al alumnado argentino, pero tampoco constituyen un fenómeno insignificante: entre 2015 y 2023 su número se duplicó.
La concentración por disciplina es mucho mayor que el promedio general. En 2023, el 51,3% de los estudiantes extranjeros cursaba carreras pertenecientes a Ciencias de la Salud; otro 19% estudiaba Ciencias Aplicadas. En las universidades estatales, 42.539 extranjeros estaban inscriptos en carreras sanitarias. El problema fiscal y de capacidad, por consiguiente, no se distribuye homogéneamente: se concentra en facultades que necesitan laboratorios, instrumental, cadáveres para anatomía, simuladores, hospitales universitarios, prácticas clínicas y docentes especializados.
La UBA ocupa una posición extraordinaria. En 2023 tenía 38.185 estudiantes extranjeros de grado y pregrado sobre 326.421 alumnos. Esto significa, por simple comparación con los 82.797 extranjeros de todo el sector estatal, que alrededor del 46% de la matrícula extranjera de las universidades públicas se concentraba en una sola institución. En 2024, los extranjeros representaban el 28% de los estudiantes de Medicina de la UBA, el 18,1% de Odontología y el 9,4% de Ingeniería. En la UNLP, el promedio extranjero era de aproximadamente 7%, pero ascendía al 23% en Ciencias Médicas. (Argentina)
El sistema, por lo tanto, no está igualmente expuesto. El fenómeno es mucho más visible en Buenos Aires y La Plata, y luego en polos universitarios como Córdoba, Rosario y Mendoza. En las provincias limítrofes existe además una migración de proximidad: paraguayos hacia Misiones, Corrientes, Formosa y el área metropolitana. Bolivianos hacia Jujuy, Salta, Tucumán, Córdoba y Buenos Aires. Chilenos hacia Mendoza, San Juan, Neuquén y las grandes universidades centrales. Brasileños, en cambio, suelen desplazarse grandes distancias y muestran una fuerte concentración en Medicina.

De dónde vienen
La movilidad es fundamentalmente sudamericana. En los datos detallados de 2021, el 95,9% de los estudiantes internacionales procedía de países americanos. Dentro de las universidades estatales, los principales orígenes eran Perú, con 19%; Brasil, 18%; Paraguay, 13%; Bolivia, 12%; Venezuela y Colombia, 10% cada uno; Chile, 7%; y Ecuador, 5%. En las universidades privadas, Brasil alcanzaba el 35%, debido en gran medida a los estudiantes de Medicina. (LA NACION)
Cada corriente tiene una lógica diferente. Los brasileños responden especialmente a la combinación entre el elevado costo de Medicina privada en Brasil, la fuerte selección para ingresar en las universidades públicas y la existencia de una industria de agencias que organiza residencia, documentación y preparación lingüística en la Argentina. Los peruanos y ecuatorianos enfrentan sistemas públicos con exámenes de admisión, cupos y una oferta privada que puede representar un esfuerzo financiero considerable. Los paraguayos y bolivianos agregan cercanía geográfica, redes familiares preexistentes y afinidad cultural. Los colombianos tienen especial peso en posgrados. Los chilenos son menos numerosos, pero históricamente fueron atraídos por la diferencia entre el arancelamiento chileno y la gratuidad argentina.
Por qué vienen a estudiar aquí
La atracción argentina no se explica únicamente porque “la universidad es gratis”. Es el resultado conjunto de precio, acceso, reputación, idioma, amplitud de la oferta y facilidad migratoria.
La diferencia de acceso
En muchas universidades nacionales argentinas no existe un examen nacional competitivo ni un número predeterminado de vacantes. Puede haber ciclos de ingreso, cursos nivelatorios, CBC, exámenes de conocimientos o requisitos internos, pero no opera un sistema nacional que ordene a todos los aspirantes y entregue una cantidad limitada de plazas.
Brasil ofrece una comparación útil. Sus universidades públicas también son gratuitas, de modo que sería falso afirmar que toda la región cobra y solamente la Argentina no. Sin embargo, el acceso brasileño se articula principalmente mediante el ENEM y el Sistema de Selección Unificada, que distribuye vacantes limitadas según los puntajes obtenidos. Quien no logra ingresar debe volver a competir o recurrir al amplio sector privado. (Serviços e Informações do Brasil)
En Paraguay existe desde 2020 un régimen de “arancel cero” en las universidades públicas, pero el beneficio está sujeto a condiciones, solicitudes y categorías de estudiantes; además, muchas facultades mantienen procesos de admisión competitivos. En Uruguay, la Universidad de la República ofrece más de 140 carreras abiertas y gratuitas. Por eso Uruguay genera menos presión migratoria hacia la Argentina por razones estrictamente arancelarias: un uruguayo puede acceder a un sistema público bastante semejante en su propio país. (UNA Ingeniería)
La verdadera excepcionalidad argentina no es solamente la gratuidad, sino la combinación de gratuidad amplia, gran cantidad de universidades, diversidad disciplinaria y acceso relativamente abierto.
La diferencia de costos familiares
Chile y Colombia representan modelos con fuerte participación de los hogares en el financiamiento universitario. Según el BID, las familias financiaban aproximadamente el 57% del gasto en educación superior chilena y el 68% del colombiano. Ambos países poseen becas, créditos y programas de gratuidad, pero éstos no eliminan el costo para todas las familias ni garantizan automáticamente el acceso de cualquier estudiante a cualquier institución.
Un estudio comparativo del BID sobre Chile, Perú, Colombia y Costa Rica concluyó que los aranceles, la vivienda, el transporte, los materiales y la manutención pueden absorber una proporción muy elevada del ingreso familiar. En Chile, incluso después de considerar becas y gratuidad, los mecanismos de apoyo cubrían aproximadamente entre 50% y 57% del gasto total de un estudiante universitario promedio, porque vivir, transportarse y mantenerse también cuesta.
La Argentina elimina o reduce drásticamente uno de esos componentes: el arancel de grado. Esto puede volver atractivo al país incluso cuando Buenos Aires ya no sea particularmente barata en dólares. El costo de vida argentino es cíclico: durante una devaluación resulta muy conveniente para quien recibe remesas; después de una apreciación cambiaria puede encarecerse. La ventaja estructural más estable no es el alquiler ni la comida, sino el acceso a una carrera prestigiosa sin pagar la matrícula completa que exigiría una universidad privada en el país de origen.
El prestigio y la amplitud académica
La Argentina posee universidades grandes, históricas y reconocidas regionalmente. En Medicina, Psicología, Derecho, Ciencias Sociales, Arquitectura, Artes y varias ramas científicas existe una oferta mucho más amplia que la disponible en países pequeños. Para una familia paraguaya, boliviana o ecuatoriana, estudiar en Buenos Aires, Córdoba o La Plata puede representar una credencial regionalmente prestigiosa sin tener que afrontar el costo y la distancia de Europa o Estados Unidos.
También pesan el idioma, la proximidad aérea y terrestre, calendarios académicos semejantes y una cultura relativamente receptiva a la inmigración latinoamericana. Para un peruano o paraguayo, la adaptación lingüística y social es mucho menor que en un destino anglosajón. Para un brasileño, el idioma constituye una barrera inicial, pero no tan grande como para neutralizar el ahorro potencial en una carrera como Medicina. (LA NACION)
Qué gana la sociedad argentina
La respuesta correcta es: puede ganar bastante, pero las ganancias no son automáticas y no siempre recaen sobre quien paga el costo.
Consumo y actividad económica
Un estudiante extranjero alquila una vivienda, compra alimentos, utiliza transporte, contrata telefonía, adquiere libros y equipamiento, sale a comer y recibe visitas familiares. Parte de esos recursos proviene de remesas del exterior y entra en la economía argentina. Además, paga IVA y otros impuestos incorporados en cada consumo, aunque no haya tributado previamente impuesto a las ganancias o aportes laborales.
El beneficio se concentra especialmente en ciudades universitarias. Propietarios, residencias, supermercados, bares, librerías, academias de español, gestores migratorios y empresas de transporte capturan una demanda adicional. En las universidades privadas, el efecto fiscal es generalmente más favorable porque el estudiante paga un arancel y, además, consume localmente.
Aprovechamiento de capacidad existente
Una universidad tiene elevados costos fijos: edificios, bibliotecas, profesores, rectorados, sistemas administrativos y servicios informáticos. Incorporar un alumno más a una clase teórica de 150 personas puede costar muy poco mientras haya lugar disponible. El error más habitual del debate consiste en tomar el presupuesto total de una universidad, dividirlo por el número de alumnos y afirmar que cada extranjero genera exactamente ese “costo promedio”. Eso confunde costo medio con costo marginal.
Pero el razonamiento contrario también sería equivocado. Cuando el aula está saturada, hacen falta nuevas comisiones. Cuando se trata de Medicina, Odontología, Bioquímica o Ingeniería, el estudiante adicional consume insumos, prácticas, espacio de laboratorio y horas docentes. El costo marginal puede ser bajo en una materia teórica y elevado en una rotación hospitalaria. Por eso no tiene sentido asignar el mismo valor fiscal a un estudiante de Historia y a uno de Odontología.
Incorporación de capital humano
La ganancia más importante aparece cuando el graduado permanece en el país. La Argentina recibe a una persona que completó su educación primaria y secundaria a costa de otra sociedad, financia solamente su etapa universitaria y obtiene después un médico, ingeniero, investigador o empresario que trabaja, paga impuestos y forma una familia aquí.
Desde una perspectiva de capital humano, ésta puede ser una operación muy favorable. El país de origen pagó los primeros doce años de formación; la Argentina aporta la etapa superior y se queda con la vida laboral del profesional. El problema es que no existe una política sistemática para retener a los mejores graduados internacionales ni información pública suficientemente detallada sobre cuántos permanecen, cuánto trabajan formalmente y cuánto terminan tributando.
Internacionalización y poder blando
Los graduados que regresan tampoco dejan necesariamente un beneficio igual a cero. Un médico brasileño formado en Córdoba, un diplomático paraguayo graduado en Buenos Aires o un empresario peruano egresado de La Plata conservan vínculos profesionales, afectivos y comerciales con la Argentina. Esas redes pueden favorecer negocios, cooperación científica, circulación cultural y afinidad política.
Este efecto es real, pero difícil de monetizar. Constituye una forma de poder blando: la Argentina proyecta su idioma, su tradición universitaria, sus ideas jurídicas, médicas y sociales y sus redes profesionales sobre las elites técnicas de países vecinos. El problema económico es determinar cuánto vale ese beneficio y si justifica subsidiar por completo cualquier carrera, para cualquier estudiante y sin condiciones.
La asimetría de costos y beneficios
Aquí está el núcleo del problema.
La primera asimetría es fiscal. El costo universitario es financiado por el presupuesto nacional y, por lo tanto, por contribuyentes distribuidos en todo el país. Sin embargo, buena parte del beneficio comercial inmediato queda en Buenos Aires, La Plata, Córdoba o Rosario, especialmente en propietarios e intermediarios privados.
La segunda es temporal. La sociedad argentina paga durante los años de estudio. El beneficio fiscal aparece más tarde y solamente si el graduado permanece, consigue empleo formal y tributa. Si vuelve inmediatamente a su país, Argentina soporta el costo presente y el país de origen recibe el capital humano terminado.
La tercera es sectorial. El Ministerio de Educación y las universidades afrontan la formación, mientras que comercios, inmobiliarias y servicios capturan gran parte del gasto estudiantil. Quien paga no coincide necesariamente con quien cobra.
La cuarta es disciplinaria. En una carrera masiva y teórica, el costo incremental puede ser reducido. En Medicina, Odontología o carreras experimentales, la formación adicional puede exigir infraestructura escasa y desplazar horas de prácticas que también necesitan los alumnos argentinos.
La quinta es migratoria. No es lo mismo un residente paraguayo que vive desde hace quince años en Formosa, trabaja, tiene hijos argentinos y decide estudiar Enfermería, que una persona llegada con residencia temporaria exclusivamente para cursar seis años y regresar. Tratar ambos casos como idénticos es económicamente incorrecto y políticamente injusto.
Cuándo el saldo es positivo y cuándo puede ser negativo
Para un estudiante de una universidad privada, el resultado suele ser fiscalmente neutro o positivo: paga su formación, consume en el país y genera actividad económica.
Para un extranjero radicado de manera permanente, la discusión no difiere demasiado de la correspondiente a un argentino. Vive aquí, paga impuestos directos e indirectos y probablemente desarrollará su carrera en el país.
Para un estudiante temporario de una universidad pública, el resultado depende de cuatro variables: el costo marginal de su carrera. El volumen de gasto que trae del exterior. La probabilidad de que permanezca después de graduarse. El valor que se asigne a las redes y a la influencia internacional generadas.
El caso más desfavorable para la Argentina es claro: un estudiante temporal cursa gratuitamente una carrera de alto costo, utiliza infraestructura clínica escasa, recibe el título y regresa inmediatamente a un país que no aportó al financiamiento. Allí se produce una transferencia neta desde el contribuyente argentino hacia la sociedad de origen.
El caso más favorable también es claro: el estudiante ocupa capacidad ociosa, trae recursos familiares del exterior, se gradúa, permanece en la Argentina, cubre una profesión escasa, crea una empresa y paga impuestos durante treinta años. En ese escenario, el subsidio universitario inicial puede generar un rendimiento social muy elevado.
El cambio legal de 2025
Desde mayo de 2025, el Decreto 366 modificó la Ley de Educación Superior. La gratuidad quedó garantizada para los ciudadanos argentinos y para los extranjeros con residencia permanente. Las universidades estatales quedaron habilitadas —no obligadas— a cobrar por los servicios educativos a quienes no estén comprendidos en esas categorías. También pueden conceder becas o establecer excepciones mediante sus estatutos y convenios internacionales. (Argentina)
Esto significa que no existe un arancel nacional uniforme para extranjeros. Cada universidad puede decidir si cobra, a quién, cuánto y bajo qué condiciones, en ejercicio de su autonomía. El Gobierno explicitó que la medida no impone el cobro, sino que deja la decisión en manos de las instituciones. (Argentina)
El nuevo régimen intenta corregir la asimetría fiscal, pero tiene problemas. Puede generar universidades gratuitas y aranceladas coexistiendo dentro del mismo sistema. Puede incentivar que los estudiantes elijan instituciones que no cobren. Puede empujar a algunos a tramitar una residencia permanente antes de comenzar. Y puede resultar difícil calcular un arancel técnicamente razonable si no se conoce el costo marginal por carrera.
Una política racional
La alternativa más eficiente no parece ser ni la gratuidad indiscriminada ni el cobro pleno y uniforme.
Un diseño razonable debería distinguir al inmigrante radicado del estudiante temporal. Debería calcular aranceles según el costo marginal de cada disciplina, no dividir mecánicamente todo el presupuesto universitario por la matrícula. Debería mantener becas para estudiantes sobresalientes y para áreas estratégicas. Podría establecer convenios de cofinanciamiento con los países de origen. Podría ofrecer reducción o condonación del arancel a quienes trabajen algunos años en la Argentina después de graduarse. Y, sobre todo, debería producir estadísticas sobre residencia, graduación, permanencia laboral y contribución tributaria.
Balance
La emigración educativa hacia la Argentina no es simplemente un saqueo de recursos públicos, porque los estudiantes consumen, pagan impuestos indirectos, enriquecen las universidades y algunos permanecen como profesionales. Pero tampoco es correcto afirmar que siempre constituye un negocio beneficioso: cuando la formación pública es costosa y el graduado regresa inmediatamente, la sociedad argentina subsidia la acumulación de capital humano de otro país.
La cuestión central no es la nacionalidad, sino el contrato implícito. ¿Argentina está formando futuros habitantes y contribuyentes, exportando influencia regional o regalando una credencial costosa sin recibir una contraprestación proporcional? La respuesta varía según el estudiante, la carrera y su trayectoria posterior. El gran déficit argentino es que, hasta ahora, el sistema ha discutido el tema ideológicamente sin medir de manera suficiente esas tres posibilidades.
Comentarios
Publicar un comentario