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sábado, 5 de marzo de 2022
Análisis: A Putin se lo enfrenta desde la fuerza, nunca desde la debilidad
No se puede esperar: a Putin no se lo detiene con debilidad
El autor plantea el rol de la OTAN y la necesidad de una intervención mayor y definitiva contra el jefe del régimen de MoscúPor Garry Kasparov || Infobae
Ex Campeón Mundial de Ajedrez - Director Human Rights Foundation
Serhii, padre del adolescente Iliya, llora sobre el cuerpo sin vida de su hijo que yace en una camilla en un hospital de maternidad convertido en sala médica en Mariupol, Ucrania (AP Photo/Evgeniy Maloletka)
Estamos presenciando, literalmente viendo en directo, cómo Vladimir Putin comete un genocidio a escala industrial en Ucrania mientras la alianza militar más poderosa de la historia se mantiene al margen. Es imposible no mostrar las emociones, pero seamos también racionales y centremos nuestra rabia en los hechos.
Putin ha vuelto a mandar al infierno a Emmanuel Macron, no es ninguna sorpresa. La OTAN/Unión Europea ya le han dicho a Putin que no tocarán sus fuerzas, ¿por qué debería escuchar? Rusia está aumentando los objetivos y el número de muertos aumenta cada hora y la falta de agua y electricidad es crítica.
Ningún tratado prohíbe a las naciones de la OTAN luchar para defenderse en Ucrania. Es una elección basada en el riesgo de que Putin se vuelva nuclear, dicen muchos. Que armar a los ucranianos es un riesgo aceptable de Tercera Guerra Mundial y que la ciudadanía del piloto o soldado cambia el cálculo nuclear de Putin, o de la OTAN.
Si se preocupan tanto por la letra pequeña y creen que Putin también lo hace, pídanle a Volodimir Zelensky que expida pasaportes ucranianos a cualquier voluntario para volar en combate. Vendan aviones a Ucrania por 1 euro cada uno y pinten banderas de Ucrania en ellos. ¿Crees que a Putin le importará? ¿Vale la pena perder vidas?
Esto ya es la Tercera Guerra Mundial. Putin la empezó hace mucho tiempo y Ucrania es sólo el frente actual. Se intensificará de todos modos, y es aún más probable si tiene éxito en la destrucción de Ucrania porque usted ha vuelto a convencerlo de que no lo detendrá a pesar de que podría hacerlo.
Biden y otros insisten en que la OTAN tomaría represalias si Putin ataca a los miembros del Báltico. Viendo Ucrania, no estoy nada seguro de eso, y Putin tampoco lo estará. Si el cálculo es sobre el riesgo nuclear, no es diferente sobre Estonia que sobre Ucrania. No digas que “Putin nunca lo haría”.
Si esto te suena, es el mismo argumento de 2014, cuando Putin invadió Ucrania y se anexionó Crimea. Era demasiado arriesgado detenerlo, me dijeron, mientras yo abogaba por la intervención y advertía que nunca se detendría allí. Aquí estamos, con las bombas lloviendo.
El riesgo y los costes son mayores ahora porque la gente “razonable” de Occidente siempre elige un riesgo menor hoy para garantizar un riesgo mayor mañana. Despejar los cielos de la República de Ucrania tras un periodo de advertencia es arriesgado. Dejar que Putin destruya Ucrania es más arriesgado, y un desastre humano y moral.
No se puede esperar. Esto no es ajedrez; no hay tablas ni estancamiento. O Putin destruye Ucrania y finalmente golpea a la OTAN con una catástrofe aún mayor, o Putin cae en Rusia. No se le puede detener con debilidad.
Los corredores para introducir armas, alimentos y medicinas y sacar a los refugiados se están estrechando y pueden cerrarse. Putin puede bombardear los trenes, cerrar las fronteras con las naciones de la OTAN. Las probabilidades de que las fuerzas rusas golpeen un activo de la OTAN están aumentando, ¿y luego qué? ¿Seguimos observando?
Si su respuesta es no, que si un ala de un jet ruso cruza el espacio aéreo polaco por supuesto la OTAN se compromete inmediatamente, pregunte por qué miles de civiles ucranianos que mueren primero importan menos que un tratado, y qué dice eso a Putin. ¿Eso es que se es honorable o un tonto? Ya lo sabemos.
Como dije en 2014 y hace una semana fatídica, el precio de detener a un dictador siempre sube. Lo que hubiera sido suficiente para detener a Putin hace 8 años o 6 meses o 2 semanas no es suficiente hoy, y el precio volverá a subir mañana. Luchar. Encontrar una manera.
Putin promete exterminar a los ucranianos mientras nosotros miramos. Ucrania no hizo nada malo, sino que trató de unirse al mundo democrático que ahora es testigo de los crímenes contra la humanidad en tiempo real. No es incapaz. Sin voluntad. Cierren los cielos.
lunes, 20 de diciembre de 2021
Internet vs los estados nacionales
Internet contra los Estados nacionales
Es una pelea desigual. Por eso la lógica de nuestro "Estado presente", siempre más una excusa que un modelo de desarrollo, va quedando cada vez más obsoleta.Por Pablo Siciliano || Revista Seúl
5 de diciembre de 2021
Los Estados Nacionales son un maravilloso dispositivo político creado para unir a los habitantes de un territorio alrededor de una serie de símbolos, más o menos arbitrarios, que aceptamos en nombre de la convivencia general. El término “Estado Nación” es relativamente novedoso: surge en 1648 tras la Paz de Westfalia, al final de la Guerra de los Treinta Años. El orden feudal comienza allí un largo crepúsculo por la irrupción de ideas que más tarde entonarán los marselleses con reconocido éxito. No quiero aburrirlos con un recorrido histórico: sólo diré que los Estados tales como los conocemos se terminaron de afianzar durante la segunda mitad del siglo XX y que, desde entonces, comenzó el período de paz más extenso de la historia humana.
El surgimiento del Estado nacional está vinculado al lento abandono de la economía agraria en nombre del libre comercio y la industria, actividades que trasladaron la vida humana del las aldeas rurales a los burgos, es decir, las ciudades. Sin voluntad de ponerme foucaultiano, los edificios de las nuevas y desproporcionadas urbanizaciones funcionaron como instituciones donde los ciudadanos, dispersos y sin rituales comunes, podían adquirir el paquete simbólico necesario para una convivencia pacífica. La fábrica, la plaza, el hospital, son espacios donde aún hoy el Estado multiplica banderas, escudos e himnos para garantizar la aceptación de una identidad llena de falsedades y exageraciones que sólo un pobre nacionalista puede tomar en serio. Las personas que se transformaron súbitamente en japonesas o colombianas aceptaron con cinismo la categoría y su consecuente carga impositiva en nombre de un largo conjunto de beneficios: libertad, igualdad y democracia, entre otros.
Es la tecnología, gil
Escribo sobre el concepto de Estado nacional sólo para decir que hoy parece obsoleto. La tecnología de las comunicaciones cumple de manera mucho más efectiva y simple el rol de conectarnos e, incluso, lo hace sin la pesada carga de los símbolos. La sociedad industrial nos obligó a relacionarnos en lugares físicos predeterminados; hoy habitamos la gran nube de información y allí podemos enamorarnos o trabajar en un espacio virtual customizado de acuerdo a nuestras preferencias. Muchas de las compañías más valiosas del mundo se dedican, simplemente, a conectar personas. No importa cuánto hayan protestado los sindicatos de taxistas, Uber es usado diariamente por millones de usuarios. No importan las notas de Le Monde Diplomatique, los riders de Rappi circulan al ritmo de miles de pedidos. Ni los controles de cambios del Banco Central, los pibes de 18 años de Villa Lugano ven tutoriales en YouTube para comprarle Ethereum a un desconocido. Los Estados ingresan a plataformas como AirBnb o Amazon solo como un ente burocrático que recauda impuestos; si su intervención es demasiado grande o molesta, de inmediato se crea un nuevo espacio, en una carrera en la que el aparato estatal siempre corre en desventaja. A pesar de todo esto seguimos en los umbrales de la era de Internet, por lo que la capacidad para conectarnos sólo será cada vez más asombrosa, quebrando para siempre dos ideas rectoras de la filosofía como el tiempo y el espacio.
Los Estados ingresan a plataformas como AirBnb o Amazon solo como un ente burocrático que recauda impuestos.
Este escenario representa un dilema sin precedente para los Estados nacionales. Mientras escribo me encuentro con una entrevista a Hillary Clinton en la que afirma que las criptomonedas tienen el potencial para desestabilizar a todos los gobiernos contemporáneos. La razón es menos ideológica que práctica: para un arquitecto que vive en Buenos Aires y exporta servicios a España, los bancos centrales de ambos países son un fastidio que puede evitar cobrando en bitcoins o usando una cuenta de PayPal alocada en la gran red. La cualidad combustible de las democracias y la inevitable impopularidad de sus líderes son la consecuencia lógica de una revolución tecnológica que, por su agilidad y eficiencia, transforma a la burocracia estatal en una molestia.
En este marco de debilidad creciente, los gobiernos son sometidos a un escrutinio fenomenal y cualquier declaración desafortunada de un funcionario de tercer orden puede generar una crisis política. La tecnología ha resuelto tantos de nuestros problemas cotidianos que a la dirigencia se la evalúa menos por su gestión (he comprobado que nadie sabe bien lo que hace) que por su representación simbólica. El problema es que esos símbolos ya no son nacionales sino que están constituidos por ideas morales de las nuevas tribus digitales, un fenómeno que hace cada vez más compleja la convivencia y genera polarizaciones irreconciliables. El fervor por derribar estatuas o retirar el busto de Thomas Jefferson del City Hall neoyorquino es también consecuencia de la erosión de la tecnología sobre el concepto del Estado. Lo paradójico es que todo esto se da en el marco de uno de los períodos de prosperidad más asombrosos de la historia humana.
Lo paradójico es que todo esto se da en el marco de uno de los períodos de prosperidad más asombrosos de la historia humana.
Podemos tipificar, de manera simplista, la manera en que las naciones tratan de resolver este dilema si analizamos a las dos grandes potencias económicas. El Partido Comunista Chino formó parte central del desarrollo de su tecnología nacional y la usa sin pudor para vigilar y evaluar a sus ciudadanos mediante un perverso sistema de scoring. Ejerce una suerte de totalitarismo digital con alto grado de censura que podría moldear la estrategia de los Estados nacionales para sobrevivir a los cambios. En este modelo, el gobierno se transforma en un agente sin fronteras o territorio definido, no sólo en relación a la geografía sino incluso pensando en nuestros cuerpos y las decisiones íntimas que la tecnología permite monitorear en unos pocos segundos.
Estados Unidos, por su parte, encuentra en Joe Biden una metáfora visual perfecta para la debilidad de origen que hoy tienen los presidentes occidentales y cuyo destino parece más bien la extinción. Las empresas tecnológicas son agentes ajenos al Estado, muchas veces críticos aunque también socios en licitaciones y compras sin la alianza de facto aplicada en China. Si yo fuera Jeff Bezos apostaría por darle fuerza a la Casa Blanca solo porque cualquier nueva combustión social podría encontrar a un grupo de ciudadanos apedreando un centro logístico de su propia empresa. En este sentido, los gobiernos son muy útiles para tercerizar la ira colectiva.
El futuro de los Estados nacionales es incierto, sobre todo si estiramos nuestro horizonte de análisis hacia las próximas dos décadas. El gran Antonio Escohotado lo expresó con su habitual capacidad sintética: “La democracia de Internet terminará con los partidos políticos”.
El “Estado presente” argentino
Llegar en este punto a nuestro querido país es hacer un modesto viaje en el tiempo con todo el pasado por delante. Si las naciones con economías abiertas tienen problemas, el dogma del “Estado presente” que domina la conversación pública nacional presenta un desafío duplicado, porque siempre fue menos una convicción que una estrategia para conservar el poder. El estatismo argentino es un negocio para políticos, empresarios y sindicalistas que actúan de manera reaccionara frente a cualquier amenaza que ponga en riesgo su interés. Pongo un ejemplo: con una política de cielos abiertos y empresas en competencia por brindar más y mejores conexiones, los subsidios a Aerolíneas Argentinas se volverían fútiles y con ellos los negocios montados alrededor de su imaginaria soberanía. En la lucha por la supervivencia, el único camino es destruir esa competencia o volverla parte del statu quo.
Con una política de cielos abiertos y empresas en competencia por brindar más y mejores conexiones, los subsidios a Aerolíneas Argentinas se volverían fútiles.
El déficit fiscal es una enfermedad crónica nacional, consecuencia inevitable del estatismo. Se paga con deuda, inflación y altos impuestos, combinación letal que multiplica la pobreza. Suena como una broma cruel: el “partido de los trabajadores” es una fábrica de informalidad laboral porque su dogmatismo le quita al sector productivo la posibilidad de modificarse al ritmo de las innovaciones tecnológicas. La dependencia creciente de subsidios proporcionados por el Estado para una parte del sector industrial, que importa insumos a dólares bonificados, para luego ensamblarlos y venderlos al tipo de cambio libre, se transformó en una “vaca sagrada” que mezcla impunemente la soberanía con el negocio. Por otro lado, el rechazo al intercambio comercial en nombre de un conveniente nacionalismo aumenta la falta de competitividad aun cuando el país tiene recursos humanos de altísima calidad para competir en un mundo que solo habita el futuro. Al final del camino, la apuesta por la sustitución de importaciones no funcionó y el sector agropecuario siguió siendo el único motor de la economía, tal como sucedía en la época colonial.
La razón central por la que aún habitamos el dogma estatista es que, durante muchos años, fue satisfactorio para una porción mayoritaria de la población. Hoy se encuentra frente a un límite infranqueable: su lógica productiva está totalmente desfasada de la coyuntura global y, por ende, su economía es cada vez más pequeña e insignificante. La encrucijada en la que se encuentra el país es muy compleja: adaptarse a los tiempos que corren implica que los intereses corporativos creados al calor del “Estado presente” desaparezcan, algo que parece improbable sin resistencia; por el contrario, si este mismo grupo de poder se aferra a su dogma, tiene como destino la profundización del autoritarismo.
Todo indica que la dependencia tecnológica será aún más profunda que la alimenticia o energética, por lo que cada país deberá aliarse a las potencias globales que les proporcionen la infraestructura para habitar ese lugar indefinido al que estamos yendo a toda velocidad. Esa es la voluntad de China en relación a países del tercer mundo como el nuestro y, de ser así, deberíamos olvidar a los Estados nacionales para pensar en organizaciones globales que luchan por controlar la perpetua y feliz anarquía de Internet.
viernes, 4 de junio de 2021
Yendo a un mundo unipolar: Razones de la preeminencia americana

Por qué Estados Unidos es la única y futura superpotencia unipolar
Con estos problemas a los que se enfrentan los dos competidores estadounidenses más cercanos, y la ausencia de cualquier otra potencia mundial que asuma la unipolaridad, es probable que Estados Unidos eventualmente reanude su condición de potencia unipolar, salvo algún tipo de colapso interno de Estados Unidos.
por Richard Caroll || The National Interest
El famoso Canciller de Hierro de Alemania, Otto Von Bismarck, dijo una vez de los Estados Unidos: "Dios protege a los tontos, a los borrachos ya los Estados Unidos de América". Aunque dicho tal vez en broma o frustración, sus comentarios han resultado proféticos a lo largo de los años.
Estados Unidos, desde la caída del Muro de Berlín en 1989 hasta el inicio de la Guerra de Irak, disfrutó de un momento de unipolaridad en los asuntos internacionales. Por primera vez en la historia de la humanidad registrada, un país ocupó por sí solo la parte superior de los asuntos internacionales.
Cuando Estados Unidos se involucró en la guerra de Irak, que pronto se convirtió en un atolladero, sus dos competidores más cercanos en el escenario mundial, China y Rusia, comenzaron a extender su influencia en los asuntos mundiales a expensas de Estados Unidos. Sin embargo, cuando se mira la situación mundial en su totalidad, a menos que haya un cambio dramático en los asuntos internos de Estados Unidos, Estados Unidos tiene buenas posibilidades de recuperar su unipolaridad en los asuntos mundiales.
Los fundamentos del poder estadounidense
Parte de la razón de la aparente durabilidad de la capacidad de Estados Unidos para mantener su estatus de gran potencia es su ubicación geográfica. Con un océano en ambas costas, naciones amigas al norte y al sur, y un clima que proporciona algunas de las mejores tierras de cultivo del mundo, junto con ríos navegables que facilitan el transporte de bienes y servicios desde su corazón, Estados Unidos es bendecido con ventajas naturales. Además, Estados Unidos es energéticamente independiente gracias al desarrollo del fracking de petróleo.
Una razón adicional para la permanencia del poder de Estados Unidos es el legado perdurable de la Constitución de los Estados Unidos, que hasta ahora ha proporcionado una transferencia estable de poder político entre varios antagonistas políticos, a pesar de los disturbios y el posible intento de insurrección el 6 de enero de 2021. Con su historia de tribunales estables y un entorno empresarial amigable, Estados Unidos ha sido un oasis de estabilidad en el mundo hasta ahora.
Combinado con las ventajas físicas y no físicas mencionadas anteriormente, los datos demográficos de los EE. UU. brindan una ventaja en el mercado interno de fabricación y consumo que ninguna otra nación tiene. Si bien es cierto que la tasa de crecimiento anual de la población estadounidense se acerca a niveles de estancamiento, se puede argumentar que la anterior administración Trump deprimió el crecimiento demográfico al limitar severamente la inmigración. Junto con la pandemia de Covid-19, la tasa de crecimiento de la población estadounidense es anémica. Las estimaciones actuales de crecimiento demográfico oscilan entre 376 millones y 404 millones de personas para 2060. Esto aún convertiría a los Estados Unidos en un mercado de fabricación y consumo.
Y si bien Estados Unidos logró un momento de unipolaridad desde el final de la Guerra Fría hasta la invasión de Irak en 2003, todavía tiene el potencial de volver a la unipolaridad basada no solo en sus ventajas, sino también con la mala gobernanza y la negativa. crecimiento demográfico de sus competidores más cercanos: Rusia y China.
La República Popular de China
Es una sabiduría popular que China es la superpotencia emergente y que Estados Unidos es una nación en declive. Si bien es un dicho popular, un examen frío y sobrio de los hechos sobre China, los desafíos económicos que enfrenta China, la falta de recursos naturales de China, así como el envejecimiento demográfico de China, proyecta una imagen aleccionadora para el futuro de la gente. República de China.
Si bien mucha gente se entusiasma con el crecimiento económico de China, y las empresas se prostituyen para intentar aprovechar el crecimiento económico del mercado interno de China, muy pocos prestan atención a la enorme cantidad de deuda que es un desastre inminente para la economía china, y al peligro que podría causar tal colapso.
Las estimaciones de la deuda china son del orden de 28 billones de dólares. La relación deuda / PIB de China es del 282 por ciento del PIB. Se cree que debido a los préstamos en la sombra, el porcentaje de deuda puede ser aún mayor.
El geopolítico Peter Zeihan compara y contrasta la idea de dinero entre Estados Unidos y China. En Estados Unidos, el dinero se considera un bien económico. En China, el dinero se considera un bien político. En los Estados Unidos, el dinero tiene valor en sí mismo. En China, el dinero es un bien político y solo tiene valor si se puede utilizar para lograr un objetivo político. Los conceptos de tasa de rendimiento o márgenes de beneficio no existen en China, y ahí radica el peligro; eventualmente la ley de la oferta y la demanda triunfará, y la economía china tendrá que enfrentar una corrección, y cuanto más se tarde en enfrentar esta corrección económica, mayor daño causará la corrección inevitable a la economía china.
La incapacidad de China para alimentarse a sí misma es un problema aún más grave. En parte para abordar este problema, el primer ministro chino, Xi Jinping, lanzó una campaña de plato limpio en China. En 2019, la Oficina Nacional de Estadísticas informó que los precios de los alimentos aumentaron un 11,2 por ciento. Los precios del cerdo, un alimento básico en la dieta china, subieron un 85 por ciento. La Academia China de Ciencias Sociales estima que los suministros internos de arroz, trigo y maíz no cubrirán la demanda en 25 millones de toneladas en 2025. En parte como respuesta a su crisis alimentaria, China ha enviado flotas pesqueras por todo el mundo. China se ha convertido en una superpotencia pesquera. Desde Ecuador y Ghana hasta las aguas de Corea del Norte, los barcos pesqueros chinos merodean los océanos del mundo capturando peces en cantidades tan enormes que amenazan la sostenibilidad de ciertas especies de peces.
Otro problema grave al que se enfrenta China es el declive de su población. Actualmente, hay 1.400 millones de personas en China. La población en China disminuyó por primera vez en 2020. Según The Lancet, la población china se reducirá a 732 millones de personas para 2100. Esto se suma al hecho de que la mayoría de la población china será de mediana edad o mayor.
China también es el mayor importador neto de petróleo del mundo. En 2020, China importó 542,37 millones de toneladas de petróleo. La gran mayoría de este petróleo se transporta a través del océano, y los barcos que transportan el petróleo deben atravesar no solo el Océano Índico sino también la primera cadena de islas para llegar a China. En caso de conflicto, China podría verse estrangulada económicamente al negar el uso de la ruta marítima a China por parte de cualquier potencia extranjera.
Cuando se consideran estos factores, el reclamo de China del estatus de gran potencia debe cuestionarse, si no negarse.
Rusia
Si China es un dragón de papel, Rusia es un oso de papel. Si el reclamo de China al estatus de gran potencia es débil en el mejor de los casos, el reclamo de Rusia se basa únicamente en su vasto, pero envejecido, arsenal nuclear. Desde la caída del Muro de Berlín, Rusia ha declinado en casi todos los aspectos del estatus de gran potencia, aunque mantiene el control de ser una potencia regional.
El PIB de Rusia para 2020 fue de 1,47 billones de dólares. La economía de Rusia se encuentra actualmente en el undécimo lugar entre las principales economías del mundo. Si bien es una cifra impresionante para una nación con poco menos de 146 millones de habitantes, en comparación con el PIB de los EE. UU. Para 2020 de $ 20,93 billones, carece del estatus de gran potencia.
Las tendencias demográficas rusas, como las de China, tienen una tendencia a la baja. Una tasa de fertilidad total (TFR) de 2,1 representa el nivel de fertilidad de reemplazo, o el número promedio de hijos por mujer necesarios para que cada generación se reemplace a sí misma. La TGF para Rusia es 1.8. Según un informe de las Naciones Unidas, se proyecta que la población rusa caerá a 83,7 millones para 2100.
El alcoholismo y el abuso de drogas son rampantes en Rusia, y este último se ha vuelto mucho más común recientemente. Se estima que hay más de 2,2 millones de alcohólicos practicantes y de 4 a 6 millones de drogadictos habituales en Rusia. Este es un problema profundamente arraigado entre el pueblo ruso, que sugiere desesperación y falta de esperanza entre los rusos.
Si bien Rusia está bendecida con grandes cantidades de recursos minerales y naturales, que incluyen mineral de hierro, manganeso, cromo, níquel, platino, cobre, estaño, plomo, tungsteno, diamantes, fosfatos y oro, solo los combustibles fósiles, petróleo, el gas natural y el carbón son los que generan divisas fuertes. La incapacidad de Rusia para prosperar a pesar de tener grandes cantidades de riqueza es un problema que ha acosado a Rusia desde la invasión mongola en 1240 d.C.
Con estos problemas a los que se enfrentan los dos competidores estadounidenses más cercanos, y la ausencia de cualquier otra potencia mundial que asuma la unipolaridad, es probable que Estados Unidos eventualmente reanude su condición de potencia unipolar, salvo algún tipo de colapso interno de Estados Unidos.
domingo, 14 de febrero de 2021
USA y Japón debieran ya prepararse para la guerra contra China
Estados Unidos y Japón deberían prepararse para la guerra con China
Jeffrey W. Hornung || War on the Rocks
La semana pasada, China endureció su lenguaje contra Taiwán, advirtiendo que "la independencia significa guerra". Unos días antes, el Ministerio de Defensa de Taiwán reportó 15 aviones de la fuerza aérea china dentro de su zona de identificación de defensa aérea. Este aumento en el ruido de sables sugiere que el desafío militar planteado por China probablemente continuará, convirtiéndolo en una de las principales prioridades de la administración Biden. A diferencia de la administración Trump, con su enfoque transaccional de las alianzas, la administración Biden puede encontrar que los intereses de Estados Unidos se pueden servir mejor a través del compromiso estratégico con sus aliados, en este tema como en otros lugares. En particular, parte del desafío militar planteado por China podría responderse recurriendo a su antiguo aliado, Japón, y reafirmando uno de los aspectos más intrínsecos de la alianza entre Estados Unidos y Japón: la guerra.
La relación entre Estados Unidos y Japón tiene raíces profundas. Quizás debido a la fuerza cultural del pacifismo en Japón o los límites legales sobre lo que pueden hacer las Fuerzas de Autodefensa de Japón, sin embargo, el aspecto militar de la alianza a menudo se ha subestimado en favor de discusiones estratégicas más amplias sobre el aspecto estabilizador de la alianza o cooperación económica y diplomática. Más allá de los llamamientos para una mayor interoperabilidad, los detalles de la dimensión militar de la alianza rara vez se destacan a pesar de que la relación institucional entre sus fuerzas armadas y los establecimientos de defensa es extremadamente compleja, con varias áreas de posible mejora.
En esencia, el propósito de la alianza es la disuasión de la agresión, que, a su vez, se basa en las capacidades para una guerra eficaz. La alianza es, como se dice a menudo, la piedra angular de la paz, la seguridad y la estabilidad en la región. Esos beneficios se obtienen mediante un compromiso compartido de brindar respuestas sólidas desde tiempos de paz hasta contingencias. Pero, ¿está la alianza equipada, posicionada y autorizada para hacer lo que será necesario hacer en un conflicto?
Dado el comportamiento de China, particularmente durante el año pasado, los aliados podrían estar preparándose para la posibilidad de una acción militar china contra Taiwán. Aunque algunos argumentan que eso es poco probable en el corto plazo, ¿qué tal dentro de una década? Estados Unidos debe prepararse para esa posibilidad, por improbable que sea en un momento dado. Si China ataca a Taiwán, es probable que se le pida a Japón que apoye una operación estadounidense de alguna manera. China también puede apuntar a las fuerzas estadounidenses en Japón, y posiblemente incluso al propio Japón. ¿Está la alianza lista para procesar una operación en tiempo de guerra, incluida la defensa de Japón? Para responder a esto, la administración Biden podría trabajar con Japón para abordar varios problemas que serán cruciales en un escenario de guerra.
El primero es garantizar la autoridad legal adecuada. Incluso si Japón limita su participación a su propia defensa, para pasar rápidamente de tiempos de paz a conflictos, los aliados deben asegurarse de que los plazos políticos de Japón estén sincronizados con los plazos operativos de Estados Unidos. Por ejemplo, autorizar a las Fuerzas de Autodefensa a ejercer el uso de la fuerza requerirá que un primer ministro japonés defina una situación como una que amenaza la supervivencia de Japón. A partir de ahí, pueden ocurrir discusiones sobre posibles roles de apoyo a las operaciones estadounidenses que involucran el uso de la fuerza. Si Estados Unidos tiene claro qué tipo de apoyo operativo probablemente solicitaría a Japón, Tokio puede preparar los marcos legales y políticos necesarios en tiempo de paz para asegurar su rápida aprobación en el inicio de las hostilidades. En caso de que se unan otros aliados de Estados Unidos, también podrían ser necesarias cosas como el sobrevuelo y el acceso en Japón. Si bien Japón ha estado fortaleciendo sus lazos de seguridad con socios europeos clave y estados regionales como Australia, trabajar con Japón ahora podría ser fundamental para ayudar a garantizar que tenga los acuerdos necesarios para ayudar al libre flujo de estas fuerzas en aumento en tiempo de guerra.
Para cualquier operación, los aliados deben estar en la misma página, incluso si el papel de Japón se limita al apoyo de retaguardia. Con este fin, si no tienen un plan operativo conjunto para una contingencia que involucre a Taiwán, ¿al menos han desarrollado y compartido su propio plan entre ellos? Además, Estados Unidos y Japón podrían preguntarse si confían en que los mecanismos de coordinación existentes para sus estructuras paralelas de mando y control servirán mejor a sus fuerzas en lo que probablemente será un espacio de batalla que cambia rápidamente con información degradada. Por último, dado que las operaciones se ejecutarían desde territorio japonés, ¿son las existencias actuales de municiones y combustible de los aliados suficientes para sostener una campaña? Si la administración de Biden inicia una revisión de todas estas preguntas, los aliados podrían trabajar juntos para abordar las posibles discrepancias y deficiencias.
Debido a que las hostilidades con China probablemente significarían ataques contra Japón, es posible que los aliados deban asegurarse de que sus defensas y capacidades de ataque son sólidas. Además de revisar cómo pueden fortalecer aún más sus defensas aéreas y de misiles, particularmente después de que Japón canceló su compra planeada del sistema de defensa de misiles balísticos Aegis Ashore, los aliados podrían necesitar examinar qué tan efectivas son sus defensas pasivas (es decir, líneas o depósitos de combustible endurecidos). ; refugios de aviones reforzados; señuelos) que les permiten permanecer en la lucha durante un período prolongado. Si el sistema defensivo Aegis Ashore resultó demasiado difícil de desplegar para Japón, es seguro asumir que será aún más difícil para él desplegar sus propios misiles ofensivos de alcance intermedio basados en tierra en el corto plazo. Como tal, los aliados podrían discutir la voluntad de Japón de albergar sistemas estadounidenses en las bases existentes. O, asumiendo que incluso eso puede ser difícil, al menos podrían prepararse y ejercitarse para que Estados Unidos despliegue rápidamente tales sistemas en Japón durante un conflicto. Incluso en ausencia de estos sistemas, debido a que los aliados tienen misiles avanzados basados en el mar y el aire, podrían revisar sus capacidades de intercambio de datos y reexaminar sus ciclos de selección conjunta a la luz de la rápida modernización y reorganización militar de China en los últimos años. En cualquier guerra que probablemente involucre dominios cibernéticos, espaciales y electromagnéticos, es posible que los aliados también necesiten asegurarse de que sus redes, sensores y plataformas estén reforzados para frustrar los ataques chinos dirigidos a su comando, control, comunicaciones, computadoras, inteligencia, vigilancia, y nodos de reconocimiento. Todos estos esfuerzos llevarán tiempo.
Dada la probable participación de civiles japoneses si las islas japonesas son atacadas, es posible que Japón también deba prepararse para una respuesta de todo el gobierno. Se producirían bajas, potencialmente incluso masivas en los centros de población japoneses. ¿Están los aliados preparados para realizar lo que se convertiría en la mayor operación de evacuación de no combatientes de la historia? No se trata de tener suficientes barcos y aviones. Más bien, se trata de si los aliados tienen las autoridades legales y las capacidades adecuadas para proteger los puertos de embarque y desembarque y para distribuir alimentos y suministros a potencialmente decenas de miles de civiles. Y si los aliados comienzan a perder activos y personal, se les podría pedir que realicen operaciones de búsqueda y rescate en el mar de China Oriental y que ayuden al personal médico civil en Japón. Algunos de estos problemas involucran el posicionamiento previo, mientras que otros involucran cuestiones legales como si el personal militar de los EE. UU. Puede ayudar rápidamente al personal médico civil en los hospitales municipales simplemente por una solicitud del gobierno japonés. Todos involucran partes dispares de los dos gobiernos. La coordinación de las respuestas esperadas en tiempos de paz podría ayudar a prepararse para lo que probablemente será una situación caótica.
Finalmente, los aliados deben discutir qué postura de fuerza les sirve mejor. Por ejemplo, en un informe reciente de la Corporación RAND en el que examiné las contribuciones potenciales de Japón en una contingencia del Mar de China Oriental, encontré que cuanto más al oeste de Okinawa ocurre un conflicto, mayores serán los desafíos que enfrentará Japón en áreas como el transporte aéreo, marítimo y marítimo. soporte logístico. Al comprender estos desafíos, los aliados podrían beneficiarse de examinar si su disposición actual de fuerzas es adecuada. Si Japón enfrenta desafíos en algunas áreas, los aliados podrían discutir los ajustes necesarios sobre cómo se posicionan las capacidades de EE. UU. En sus ubicaciones actuales. En los últimos años, las Fuerzas de Autodefensa han abierto varias bases en la cadena de islas del suroeste de Japón. ¿Es útil, por ejemplo, que las fuerzas estadounidenses y japonesas se ubiquen en estas bases? Y con el aumento de la flota F-35 de Japón, los esfuerzos continuos para desarrollar capacidades anfibias y los planes para desplegar un futuro caza y plataformas no tripuladas, ¿qué cambios adicionales se pueden realizar en las fuerzas estadounidenses para aumentar las capacidades combinadas?
Nadie espera que la administración de Biden aborde todos estos problemas rápidamente. Aunque los aliados están actualmente enfocados en negociar el apoyo de la nación anfitriona de Japón, un tema más crítico es si los aliados tienen la capacidad para luchar en una contingencia regional, incluso cerca de las islas japonesas periféricas. De cara al futuro, en lugar de centrarse únicamente en iniciativas estratégicas amplias, como tienden a hacer los aliados, se podrían hacer esfuerzos para reforzar el aspecto guerrero de la alianza para prepararla para luchar y ganar si estallan las hostilidades. Cuanto más se posterguen estos esfuerzos, mayores serán los desafíos para las administraciones futuras.
lunes, 17 de febrero de 2020
¿Rusia vuelve por su imperio?
¿Ha vuelto el Imperio Ruso?
Los analistas observan que la cultura rusa combina elementos de la época de los zares con otros de la era soviética, mientras crece la admiración de los jóvenes por la URSS
El presidente ruso,Vladimir Putin, en el desfile del Día de la Victoria, en Crimea. (Ivan Sekretarev / AP)
Ernesto Vale Carballés, Moscú || La Vanguardia
El político ruso Semyon Baghdasarov, miembro de la Duma Estatal, sostiene que Rusia siempre fue una nación imperial, ya fuera durante la época del Imperio Ruso o en los tiempos de la URSS, y que, por lo tanto, debería volver a los “valores” imperiales.
En todo caso, hablar de Rusia es siempre muy complicado. Su política se parece un poco a la matrioshka, su famosa muñeca, que al desarmarla van apareciendo otras. Y eso desconcierta al más pintado.
Por otro lado, hay mucha desinformación, tanto por parte rusa como del lado occidental, lo cual hace más difícil pronosticar hacia dónde se dirige ese país eslavo.
Algunos analistas afirman que transita hacia nuevas formas imperiales, alegando que la actual cultura rusa está combinando elementos del imperio de los zares con otros de la era soviética.
El presidente ruso Vladimir Putin lleva la batuta del país desde hace años desde el Kremlin de Moscú. (POOL / EFE) Teniendo en consideración que la mayoría de rusos no reniega del pasado, cualquiera que siga el acontecer interno del mundo ruso se dará cuenta enseguida de que están poniendo en valor lo que ellos consideran positivo de ambas épocas”
Sin contar con el rol central que está jugando la Iglesia Ortodoxa en todo ello. Aunque eso sería para tratar aparte en otro tema.
Hay politólogos y estrategas geopolíticos que afirman que la gran equivocación cometida por Occidente fue haber expandido la OTAN hacia el Este, rompiendo así la palabra que los líderes occidentales le habían dado al exjefe de Estado soviético Mijaíl Gorbachov, padre de la Perestroika, en 1990.
Eso hizo que las élites nacionalistas rusas repensaran su política europea, reorientándola hacia China.
La realidad es que Rusia es un país demasiado complejo para saber con certeza lo que está sucediendo o lo que va a suceder.
Hay cosas que resultan cuando menos curiosas, como, por ejemplo, ver a Vladimir Zhirinovski, líder del Partido Liberal Democrático, un partido que algunos tachan de extrema derecha, sentado al lado del líder de los comunistas rusos, Gennadi Ziugánov. Casualidad o no, casi siempre aparecen juntos cuando el presidente ruso reúne en el salón de actos del Kremlin a todos los diputados de la Duma.
El exjefe de Estado soviético Mijaíl Gorbachov, padre de la Perestroika. (Inma Sainz de Baranda) Otra cosa que sorprende mucho es que sigue aumentando el número de jóvenes entre 18 y 24 años que sienten una fuerte admiración por la URSS. Es curioso, están idealizando una época sin haber vivido en ella, como apuntan los sociólogos”
Un dato que por cierto está preocupando a mucha gente.
Pero más allá de estas curiosidades, no deja de ser apresurado aventurar un salto imperial de Rusia. Lo que sí es cierto, es que su influencia en el mundo, bien sea por su pacto estratégico con China o bien por su propia dinámica interna de desarrollo, quizá sea ambas cosas, sigue creciendo y fortaleciéndose.
Un misil balístico intercontinental RS-24 durante el desfile militar en Moscú por el Día de la Victoria. (Getty / Getty) Se dice que las sanciones económicas impuestas por Barack Obama, por la anexión de Crimea, les favoreció, puesto que fue a partir de ellas cuando optaron por recuperar muchas de las industrias desmanteladas en la década de 1990, modernizándolas y creando otras nuevas.
Además de haber puesto a toda máquina el complejo militar-industrial con el cual están consiguiendo resultados espectaculares, especialmente en el campo de las armas hipersónicas y de la guerra electrónica.
Expertos geopolíticos aseguran que otro de los grandes errores occidentales fue creer, después la caída de la URSS, que en Rusia solo quedaban materias primas y armas nucleares, con lo cual “sentenciaron” que era imposible su recuperación”
El presidente ruso Vladimir Putin utiliza incluso deportes como el jockey sobre hielo para desplegar su diplomacia e influencia. (ALEXANDER ZEMLIANICHENKO / AFP) En todo caso, su pronta recuperación económica, sus avances en nanotecnología, comunicaciones, en el desarrollo de nuevos materiales, en la industria nuclear civil, la inteligencia artificial, por citar unos pocos ejemplos, han cogido con el paso cambiado a Occidente.
Lo cierto es que la “vuelta rusa” parece que vino para quedarse, como dijo una vez el ex ministro, Josep Borrell. Y, junto con el ascenso meteórico chino, está alterando el tablero de juego mundial, complicándole las cosas a Occidente. Los más pesimistas hablan incluso de la caída de este último.
Aunque también los hay que aseguran que Rusia, en su apuesta mundial, fue más allá de sus posibilidades. Afirmación que bien mirada se parece más a un deseo que a una realidad, porque no concuerda con lo que realmente está ocurriendo.
En todo caso, no será cuestión de mucho tiempo para certificar una cosa o la otra.
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