sábado, 6 de junio de 2026
lunes, 8 de septiembre de 2025
miércoles, 12 de febrero de 2025
Argentina: La minería del litio con 24 mil toneladas para explotar

Hay 24 000 toneladas durante 40 años: Argentina descubre una histórica mina
Por Romina E. || Diario 24
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El proyecto Centenario Ratones, ubicado en Salta, Argentina, inaugurado a mediados del año 2024 ya genera grandes expectativas. Se espera una producción de 24,000 toneladas de carbonato de litio anualmente, siendo así, pieza clave para la industria del litio a nivel mundial.
Centenario Ratones: epicentro de la producción del «oro blanco»
La prometedora planta de Centenario, cuyas construcciones iniciaron en 2021, fue inaugurada a mediados del 2024, siendo la primera mina de litio en Salta en iniciar su fase productiva, y la cuarta en nuestro país. En su inauguración, marcaron presencia Gustavo Sáenz, gobernador de Salta, la canciller, Diana Mondino, y las autoridades de Eramine, Tsingshan y la compañía francesa Eramet.
Sáenz resaltó el logro indicando que es muy importante para todos los salteños «porque consolida a la provincia como un destino preferente para las inversiones, y diversifica la matriz productiva como una fuente de progreso y crecimiento». El gobernador aprovechó para dar las gracias al trabajo en conjunto, y por el respeto y compromiso de los trabajadores y comunidades de la empresa a la tierra salteña en algo que calificó como «un hito histórico».
Cabe recordar que para la fase de finalización del mencionado proyecto de construcción, más de 1.500 personas estuvieron involucradas, entre puestos de trabajos directos e indirectos, de los cuales el 80% fue mano de obra 100% salteña. Lo que indica un fuerte crecimiento laboral y un destacado desarrollo económico en el proceso.
Litio en Argentina: proyección de crecimiento del 20% anual hasta el 2030
Como hemos indicado el Centenario-Ratones se ubica como la cuarta operación de litio a nivel argentino. El proyecto busca aprovechar la alta demanda del denominado «oro blanco» en la industria de fabricación de baterías para los coches eléctricos, por lo que Eramet, estima un crecimiento anual superior al 20% de cara al 2030.
Según el informe anual de la compañía francesa, para que los planes puedan resultar según sus proyecciones la segunda etapa del proyecto incluye dos tramos para aumentar la productividad de la planta de litio a 75.000 toneladas anuales.
Aunque los precios del litio se hayan desplomado en los últimos años, con respecto a sus marcas históricas de 2022. La compañía confía en que la rentabilidad del negocio irá creciendo de manera exponencial durante los siguientes 20 años, teniendo en cuenta el auge de los vehículos eléctricos y la demanda de estos componentes para las respectivas baterías, consolidando así al Centenario-Ratones como un actor clave en el mercado global.
Eramet invierte $699 millones en la planta de litio Centenario
La empresa francesa dió el siguiente paso adquiriendo la participación del 49,9% perteneciente al grupo chino Tsingshan de la respectiva planta del litio Centenario. Recordemos que la inversión inicial de este proyecto fue de 800 millones de dólares, estimándose un crecimiento de 899 millones de dólares para la siguiente fase.
Este avance por parte de la compañía responde al creciente mercado de litio, por lo que la inversión supone un paso importante no sólo para el Eramet sino también para la producción general de litio en nuestro país. En consonancia con lo dicho, es importante tener conocimiento de la importancia del litio, ya que el mismo es clave para las baterías de los demandados vehículos eléctricos.
El metal blanco es esencial para el almacenamiento energético de alta capacidad de carga y descarga, por lo que su alta eficiencia es crucial no sólo para la industria de coches eléctricos sino también para otras tecnologías que precisan almacenamiento de energía para su funcionamiento. Nuestro país posee importantes reservas de litio en ese sentido, situadas en el Salar del Hombre Muerto y otras regiones de la Puna.
sábado, 12 de octubre de 2024
Geopolítica de la disputa marítima peruano-chilena
La Geopolítica del Mar en la Zona Limítrofe de Perú y Chile
La disputa marítima entre Perú y Chile es uno de los conflictos fronterizos más emblemáticos y tensos de América Latina, marcada por décadas de tensiones políticas y diplomáticas. Aunque en la superficie pareciera ser un desacuerdo por unos kilómetros de agua, el conflicto abarca un tema mucho más profundo: la soberanía, el acceso a recursos naturales y la identidad nacional de ambos países. La geopolítica del mar en esta región refleja una lucha de poder sobre quién controla los recursos pesqueros y cómo se define la frontera marítima en el Pacífico Sur.
La raíz del conflicto
El origen de la disputa se remonta a la Guerra del Pacífico (1879-1884), donde Chile, tras vencer a la alianza formada por Perú y Bolivia, anexó territorios costeros importantes. El Tratado de Ancón de 1883 y otros acuerdos posteriores establecieron las fronteras terrestres entre Chile y Perú, pero las delimitaciones marítimas quedaron ambiguas. Durante décadas, ambos países operaron en el Pacífico sin mayores fricciones, pero con el paso del tiempo, los recursos naturales, particularmente las ricas zonas pesqueras de la región, comenzaron a generar conflictos.
Perú reclamaba que la frontera marítima debía trazarse siguiendo la proyección de su frontera terrestre, lo que resultaría en una línea diagonal que extendiera su territorio marítimo hacia el suroeste. Por otro lado, Chile sostenía que la frontera marítima debía seguir una línea paralela al ecuador, que ya había sido "acordada" en los convenios de 1952 y 1954, donde ambos países, junto con Ecuador, firmaron acuerdos sobre la jurisdicción marítima para proteger sus recursos pesqueros. Sin embargo, Perú sostenía que estos acuerdos solo abordaban aspectos de pesca y no una delimitación territorial definitiva.
La importancia estratégica
Más allá de los límites físicos del territorio, el Mar de Grau (como lo llama Perú) y el Mar Chileno (como es conocido en Chile) son regiones con vastas reservas de recursos pesqueros, particularmente de especies como la anchoveta y otros productos del mar que representan ingresos multimillonarios tanto para Chile como para Perú. En una región donde la pesca representa una parte crucial de la economía, la soberanía sobre estas aguas es fundamental para la seguridad económica y alimentaria de ambos países.
El área en disputa cubría alrededor de 37,900 kilómetros cuadrados, una región con un valor económico significativo, tanto por su biodiversidad marina como por su potencial para la explotación de recursos energéticos futuros, como el petróleo y el gas natural en alta mar. Para ambos países, más allá de la pesca, la cuestión del control del mar también tocaba temas de seguridad nacional, control de rutas comerciales y la proyección de poder en la región.
El litigio en La Haya
El conflicto escaló diplomáticamente en 2008, cuando Perú presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya, solicitando que se trazara una frontera marítima nueva y justa. Perú argumentaba que no existía un tratado formal que definiera los límites marítimos y que, por lo tanto, el área debía redistribuirse. En respuesta, Chile defendía que los acuerdos de 1952 y 1954 constituían una delimitación clara y que Perú había respetado estos límites durante décadas.
La disputa se mantuvo durante varios años hasta que, en enero de 2014, la CIJ emitió su fallo. La Corte dictaminó que parte de la frontera seguiría la línea paralela propuesta por Chile, pero también concedió a Perú una porción de aguas más allá de las 80 millas náuticas, siguiendo una línea equidistante al suroeste. El veredicto fue interpretado como un compromiso, otorgando victorias parciales a ambas naciones.
Consecuencias y el futuro
El fallo de La Haya fue visto como una oportunidad para aliviar las tensiones, aunque dejó una sensación agridulce en ambos países. Chile mantuvo su control sobre una gran parte de las aguas que consideraba suyas, mientras que Perú ganó acceso a una porción significativa del mar en disputa. Sin embargo, el proceso dejó en evidencia la fragilidad de las relaciones diplomáticas entre los dos vecinos y la importancia de la diplomacia marítima en América Latina.
A pesar del fallo, tanto Chile como Perú han seguido manteniendo diferencias sobre aspectos menores de la implementación del veredicto, pero el conflicto no ha vuelto a escalar a niveles peligrosos. Hoy en día, ambos países continúan cooperando en áreas como el comercio y la pesca, pero la geopolítica del mar sigue siendo un tema sensible que resuena en la política interna de ambas naciones. Las lecciones aprendidas de esta disputa sirven como un recordatorio de que, en una era de interdependencia, la resolución pacífica de los conflictos fronterizos es crucial para mantener la estabilidad en la región.
miércoles, 9 de octubre de 2024
lunes, 5 de septiembre de 2022
Un pelotudo peronista hablando de gestión de litio como si fuese soja
“No podemos seguir exportando litio como exportamos soja”
El científico, integrante de Y-Tec, la sociedad de YPF con el Conicet, reveló que en diciembre estarán las primeras celdas para baterías de litio. Apoyo tecnológico a Vaca Muerta y a la transformación de la PIAP. Advertencia sobre el hidrógeno verde en Río Negro.
Laura D' Amico
El doctor en Ingeniería mecánica e integrante del directorio de Y-Tec (sociedad anónima formada en la asociación de YPF con el Conicet), Eduardo Dvorkin, hizo un análisis de la transición energética y afirmó que "nosotros pensamos que en 25 o 30 años estaremos produciendo más energía renovable que energía producida quemando fósiles" al tiempo que remarcó que "en esta transición larga que vamos a vivir tenemos la oportunidad de desarrollar energía propia".
El científico consideró que tenemos que dejar atrás el viejo modelo agroexportador y promover un desarrollo industrial que devenga en la generación de empleo calificado, que contribuya a disminuir la pobreza y la desigualdad, cuidando el ambiente, porque "ser ambientalista no significa anti industrialista".
Dvorkin estuvo esta semana en Neuquén para firmar un acuerdo que permita reconvertir la planta de agua pesada de Arroyito en una productora de amoníaco azul, elemento necesario para la producción de urea, un fertilizante escaso a nivel mundial. En diálogo con
,
aseguró que van a reforzar la presencia de Y-Tec en Neuquén a través de
la promoción de recurso humano calificado, trabajando con gente del
lugar, y adelantó que enviarán a Vaca Muerta dos equipos que se utilizan
en la producción no convencional, que tienen un valor de entre 2,5 y 3
millones de dólares.
Respecto de las energías renovables, aseveró que "queremos es comenzar el proceso de industrialización nacional del litio" y anunció que en diciembre comenzarán a producir las primeras celdas para baterías de litio en el país, fruto de un acuerdo entre Y-Tec, el Conicet y la Universidad Nacional de La Plata.
Por último, marcó un contrapunto al referirse al proyecto para producir hidrógeno verde en la provincia de Río Negro, al afirmar que "si nosotros importamos los generadores eólicos e importamos los electrolizadores para exportar hidrógeno verde, estamos exportando el viento de la Patagonia. Es decir, no estamos exportando conocimiento argentino ni estamos exportando lo que tiene más valor".
-¿Cómo fue la visita a Neuquén?
-Fuimos primero a la presentación de la agencia Anide pero después fuimos a Plaza Huincul y a Cutral Co y firmamos un convenio con la Conea (Comisión Nacional de Energía Atómica) y con Ensi (Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería)para empezar los estudios para reconvertir la planta de agua pesada en Arroyito. La idea es que esa planta -que está parada, en excelentes condiciones-, aparte de producir agua pesada, pueda producir también algún otro bien valioso, ya sea para el mercado interno o para exportar. Esa planta en dos o tres años produciría todo el agua que nosotros estamos necesitando para nuestras centrales. Las centrales de agua pesada tienen adentro generadores de amoníaco. La idea es poder generar más amoníaco del que necesita la planta para poder exportar ese amoníaco o usarlo en la fabricación de urea, que es un fertilizante que está en falta en el mundo. La propuesta que tenemos es fabricar amoníaco azul, que es absorbiendo y secuestrando el dióxido de carbono que se produce, cosa de que pueda ser certificado como amoníaco que se produjo sin carbonización, lo que aumenta su precio.
-¿Cuál es el trabajo de Y-Tec en Neuquén?
-Nosotros vamos a reforzar nuestra presencia en Neuquén. Hasta ahora teníamos una sola persona. Neuquén es clave, claramente, por Vaca Muerta. Nosotros tenemos mucha participación en los temas tecnológicos de Vaca Muerta pero queremos y es necesario que esa participación sea con gente en el lugar. Entonces vamos a hacer dos cosas: nos reunimos con la Universidad Nacional del Comahue y con la UTN regional Neuquén para incorporar jóvenes becarios que todavía no se hayan graduado, para incorporar graduados recientes, etc. Queremos establecer un programa de pasantías en Y-Tec Neuquén para jóvenes ingenieros, matemáticos, físicos, es decir, carreras técnicas, e iremos incorporando en forma definitiva a aquellos que, tanto el joven como nosotros, sintamos que hacemos una buena pareja. Por otro lado, vamos a mandar equipos muy pesados a Neuquén. Uno es un circuito de cañerías que se llama loop, que está en este momento en nuestra sede en Berisso, y lo vamos a traer a Neuquén para estudiar el efecto de la deposición de parafinas en los oleoductos, un tema fundamental en el shale. El otro equipo es lo que se llama una máquina de regresión, básicamente, para testear los tubos no metálicos que se usan en los yacimientos. El valor total que vamos a transportar a Neuquén es de 2,5 o 3 millones de dólares. Nosotros no queremos que esos equipos trabajen solamente para nosotros. La institución que los reciba los va a poder usar para prestarle servicios a otras empresas y los va a poder usar para investigación. El mejor lugar para que estén esos equipos es el polo tecnológico donde está la UTN, en Cutral Co. Nosotros pensamos que ese lugar es excepcionalmente bueno así que los vamos a transportar ahí para que los opera la UTN regional.
-Decía que hasta ahora hay una sola persona de Y-Tec en Neuquén, ¿piensan conformar un equipo que esté de manera permanente?
-Sí, pensamos hacer un grupo de investigación, obviamente trabajando en conjunto con el resto de Y-Tec, pero que esté asentado en la UTN. Que sea gente que viva en Neuquén, no gente que llevamos desde Buenos Aires por un periodo corto y después la llevamos de vuelta.
-Un obstáculo que vienen manifestando desde la industria de Vaca Muerta, teniendo en cuenta las proyecciones de crecimiento, es la falta de mano de obra calificada. ¿Qué aporte pueden hacer en ese sentido?
-En este momento el gerente de tecnología de YPF en Vaca Muerta es un doctor del Instituto Balseiro. Nosotros vemos que la industria petrolera no solamente requiere más mano de obra sino mano de obra de altísima calificación. Va a pasar lo de siempre: nosotros establecemos un grupo en Neuquén con profesionales jóvenes que se van formando, que van adquiriendo conocimiento de los problemas complejos de la industria petrolera y eventualmente algunos de ellos van a ir pasando a tareas más de producción. Nosotros no vamos a solucionar totalmente el problema de falta de mano de obra calificada pero es un aporte.
-Usted ha hablado en otras entrevistas de la necesidad de industrializar el litio. ¿En qué etapa están de ese proceso?
-En lo que son energías renovables, en Y-Tec estamos trabajando litio e hidrógeno. Lo que se plantea es el viejo esquema agroexportador. El país hace minería de litio, refina hasta tener carbonato de litio y lo exporta. Si mirás una batería de ion litio, según los cálculos que tenemos, aproximadamente el siete u ocho por ciento del valor de esa batería es litio. El resto es tecnología. Es decir que nos estamos perdiendo la parte fundamental del tema litio. Nosotros no podemos seguir exportando simplemente materia prima como exportamos soja. Lo que nosotros queremos es comenzar el proceso de industrialización nacional del litio. Y-Tec es 51% propiedad de YPF y 49% del Conicet. En La Plata hay un instituto de doble dependencia -Conicet y UNLP- que se llama Inifta (Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas), que vino trabajando por años en desarrollar conocimiento científico sobre las celdas que se usan para armar las baterías de litio. En Y-Tec tenemos una planta de laboratorio con la que podemos producir celdas para baterías de litio a muy baja producción, entonces decidimos pasar al terreno industrial. Nos asociamos con la Universidad de La Plata y el Conicet, y en un predio de la UNLP nosotros ya estamos construyendo -la obra civil está terminada- una planta donde se van a producir celdas para baterías de litio con una producción industrial. Esa planta es de baja producción, está en el orden de los megawats, pero nos va a servir para comenzar a introducir al país en el tema de la industrialización del litio y en el dominio de esa tecnología. Nosotros para esta planta importamos de China las máquinas que van a conformar las celdas. Ahora, en las próximas plantas que se construyan en el país -hay un par de ellas por lo menos en el menú- vamos a fabricar las máquinas con pymes locales.
No solamente estamos haciendo eso sino que para hacer la celda el carbonato de litio tiene que transformarse en lo que se llama material activo para el cátodo, que es una combinación de litio hierro fosfato (LFP). Hasta ahora se exporta el carbonato de litio a China y de China importamos el LFP. Es decir, las moléculas de litio viajan a China y después de nuevo a Argentina. Entonces dijimos lo lógico es producir el LFP en Argentina. Nuestros científicos desarrollaron la tecnología para hacer el LFP y estamos estableciendo dentro de Y-Tec, en Berisso, una planta de LFP. Lo mismo pasa con el coque. Entonces lo que vamos a hacer es establecer dentro de Y-Tec una planta para la producción de grafito, no para abastecer a todo el país sino para la producción de grafito que necesitamos en nuestra planta de La Plata para celdas de litio donde produzcamos grafito.
El último elemento de toda esta cadena es el electrolito, que es complejo de fabricar, tanto que hay solamente tres plantas en el mundo que trabajan produciendo menos de lo que pide la demanda. Es decir, hay escasez de este electrolito en el mundo. Tenemos una asociación con un instituto de Conicet y con la Comisión de Energía Atómica que en Pilcaniyeu puede manejar su lugar. Entonces vamos a hacer el desarrollo del electrolito mediante un subsidio que nos da el Ministerio de Ciencia y Tecnología y después vamos a comenzar a fabricar en escala masiva este electrolito en una planta de fabricaciones militares.
Por último hay un tema complicado en la extracción del litio que son los métodos que se llaman evaporíficos, que consisten en sacar salmuera de los salares y evaporar el agua en grandes piletones. El problema de ese método es que los salares chicos no son explotables, porque necesitas hacer piletones de cien o ciento cincuenta metros de largo, y por otro lado tenés el problema que al sacar el litio y evaporar el agua producís una depresión en el salar y si hay algún acuífero de agua dulce cercana es atraído por esa depresión y convertís agua dulce en agua salada, lo que obviamente está mal. Entonces hoy en el mundo se están desarrollando métodos de extracción directa. Nosotros estamos trabajando con un instituto del Conicet ubicado en Jujuy, el Cidmeju (Centro de Investigación y Desarrollo en Materiales Avanzados y Almacenamiento de Energía de Jujuy), y estamos apoyando estos métodos de extracción directa. Todavía no hay un método en el mundo que probadamente se pueda usar a escala masiva, pero estamos en ese desarrollo.
Una cosa más: Esa planta que se va a estar inaugurando y que en diciembre vamos a sacar las primeras celdas, la vamos a llamar Manuel Belgrano porque en 1802, antes de la Revolución de Mayo, Belgrano ya polemizaba con los que querían exportar cueros e importar zapatos. La eterna historia argentina. Decía que un Estado que quiera crecer tiene que fabricar los zapatos en el país. Bueno, ese es el proceso que nosotros creemos que hay que resolver en Argentina.
-Esas celdas, ¿serán para consumo interno o hay proyección de poderlas exportar?
-Lo que vamos a producir es para consumo interno, no por su calidad, sino por la cantidad. Las primeras baterías que armemos las vamos a dedicar a acoplarlas a generación de energías no renovables. Es decir, si generás energía eólica o fotovoltaica, es intermitente. Lo que se hace en estas instalaciones es equiparlas con baterías de litio para que en el momento que se genera se almacene esa energía y después los usuarios puedan usar esa energía almacenada cuando no hay generación. El primer piloto lo vamos a hacer en la Isla Paulino. Es casi una isla idílica en que los habitantes viven del cultivo de frutas y de producir vino de la costa y no están interconectados al sistema eléctrico. Digo idílico por lo que se imaginan los porteños en el barrio de Palermo pero para la gente que vive ahí no es nada idílico vivir sin electricidad, es una complicación y una calidad de vida baja. En pleno siglo XXI hay un grupo de 80 o 90 familias sin electricidad, que cuando tienen que usar el lavarropas o la heladera tienen que prender los generadores que son altamente contaminantes. Con YPF Luz vamos a instalar una granja de pantallas fotovoltaicas para generar energía eléctrica con la luz del sol y nosotros vamos a instalar la primer batería de litio que vamos a producir. Esperamos que a principio de año que viene la Isla Paulino tenga un suministro constante de electricidad.
-¿Cómo se da la competencia entre el desarrollo cada vez mayor de Vaca Muerta, que es un modelo extractivista, finito y que genera un pasivo ambiental, y el desarrollo de las energías renovables?
-Es un tema de todas las petroleras del mundo que se han transformado en empresas de energía. Es decir, extraen petróleo y desarrollan energías renovables. Eso hay que mirarlo con una visión temporal. Nosotros pensamos que en 25 o 30 años estaremos produciendo más energía renovable que energía producida quemando fósiles pero hoy no podrías -en Argentina ni en el mundo- decir "me dedico solamente a alimentar las necesidades energéticas con energías renovables". Tenemos que ir transicionando y tenemos en Argentina la gran oportunidad. ¿Cuál sería la solución neoliberal? Decir empecemos a importar equipos de generación eólica, equipos de baterías de litio, de generación de hidrógeno, y en la medida que podamos comprarlos vamos produciendo la transición. Nosotros decimos que en esta transición larga que vamos a vivir tenemos la oportunidad de desarrollar energía propia. La ventaja del desarrollo de tecnología propia no es que se saquen el gusto los tecnólogos y científicos. Si desarrollás tecnología propia establecés en el país los productores de partes, de subpartes, etc. Es decir, hacés la cadena productiva, que es lo que no pasa con otras tecnologías. Mirá lo que pasa con los automóviles: en el mejor de los casos, el 30 por ciento se construye en el país y el resto se importa porque las empresas del sector automotriz vienen con su tecnología desarrollada en otro lugar y cuando traés la tecnología acarreás la cadena de suministros. Eso produce una dependencia brutal respecto del valor del dólar. El dólar se mueve y se mueve hasta el papel higiénico entonces eso es lo que creemos que tenemos que trabajar.
-¿Qué expectativas le genera el proyecto de producción de hidrógeno verde que hay en la provincia de Río Negro?
-Dejame que establezca una diferencia de colores. El hidrógeno es verde cuando lo producís sin usar fuentes de energía fósil, es decir usas energía hidráulica, eólica o fotovoltaica para producir electricidad, y en los electrolizadores producís el hidrógeno. Nosotros estamos trabajando en Y-Tec, a pedido de una empresa siderúrgica, para desarrollar un electrolizador de tamaño mediano, de un megawat. Estamos metidos en ese tema, tenemos un proceso de desarrollo que también cuenta con el apoyo económico del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Pero está también el hidrógeno azul que es cuando producís hidrógeno mediante lo que los químicos llaman un proceso de reformado, que produce hidrógeno y dióxido de carbono. Pero si vos capturás ese dióxido de carbono y lo secuestrás en una formación geológica, también producís hidrógeno sin descarbonizar y creo que sería muy valioso -lo comenté al principio de la charla- para ser implementado en la planta industrial de agua pesada. Después está el hidrógeno rosa, que se produce utilizando como fuente de energía la energía nuclear, que ha sido, notablemente en esta crisis energética de la Comunidad Europea, puesto dentro de las energías verdes. Viendo todo esto, yo digo que Argentina tiene que desarrollarse con hidrógeno verde, con hidrógeno azul y con hidrógeno rosa. Y vuelvo al modelo agroexportador. Si nosotros importamos los generadores eólicos e importamos los electrolizadores para exportar hidrógeno verde, estamos exportando el viento de la Patagonia. Es decir, no estamos exportando conocimiento argentino ni estamos exportando lo que tiene más valor. De nuevo estamos en el esquema muy parecido al de exportar soja. Son esos esquemas los que yo creo que tenemos que superar.
-Es crítico entonces de este proyecto en Río Negro.
-Yo prefiero algo que traccione el desarrollo industrial y tecnológico argentino más que importar eso. Por otro lado, varias veces apareció en esta charla el tema del ambientalismo. Yo personalmente me considero, y creo que Y-Tec trabaja en ese sentido, que somos ambientalistas. Pero ambientalista no significa anti industrialista. Nosotros tenemos que asegurar que los pibes que hoy están en villas miseria, comiendo en basurales, tengan lo suficiente. Tenemos que crear laburo que produzca mucho valor agregado, no laburos simples que reproduzcan la pobreza. ¿Tenemos que cuidar el ambiente? Sí. ¿Tenemos que industrializarnos? Sí. Tenemos que ser capaces de industrializarnos y cuidar el ambiente. Cuidar el ambiente sin industrializarnos nos va a llevar a reproducir nuestra pobreza. Industrializarnos sin cuidar el ambiente, es un desastre. Entonces tenemos que ser capaces de hacer las dos cosas simultáneamente. Ese ambientalismo tipo Greenpeace que se opone a todos los proyectos industriales argentinos, yo lo veo guiado por intereses que están en contra de la industrialización argentina.
-Sumaría la pata de pensar en la distribución de lo que genera ese proceso de industrialización.
-La distribución no es una pata más, es la pata fundamental. La distribución, en definitiva, es un problema político, no tecnológico y yo apoyo firmemente desde lo político tener una distribución que vuelva a lo que alguna vez fue, como decía Cristina (Fernández), el "fifty- fifty". Pero, dejame aclarar también, que industrializar es crear trabajos de calidad y si tenés trabajos muy simples, por ejemplo, levantar la cosecha de soja y exportarla, eso te lleva irremediablemente a la concentración de la riqueza. Argentina es un país donde el ingreso y la riqueza están muy concentrados en poca gente. Hay que trabajar sobre eso y no es una parte trivial para trabajar sobre eso crear trabajo que tenga más valor agregado, que tenga conocimiento incorporado.
domingo, 4 de septiembre de 2022
miércoles, 30 de marzo de 2022
Invasión a Ucrania: ¿Y si todo estaba fríamente calculado?
¿Y si Putin no calculó mal?
Las interpretaciones hechas sobre lo que está ocurriendo tras la invasión a Ucrania coinciden en su mayoría. Sin embargo, la respuesta podría estar en la experiencia chechena de los 90
Por Bret Stephens || (C) The New York Times.-

La opinión generalizada es que Vladimir Putin cometió un error de cálculo catastrófico.
Pensó que los ucranianos de habla rusa darían la bienvenida a sus tropas. No lo hicieron. Pensó que depondría rápidamente el gobierno de Volodymyr Zelensky. No lo ha hecho. Pensó que dividiría la OTAN. La ha unido. Pensó que había blindado su economía contra las sanciones. La ha destrozado. Pensó que los chinos le ayudarían. Están haciendo sus propias sus apuestas. Pensó que su ejército modernizado haría picadillo a las fuerzas ucranianas. Los ucranianos le están haciendo picadillo, al menos en algunos frentes.
Los errores de cálculo de Putin plantean dudas sobre su juicio estratégico y su estado mental. ¿Quién, si es que hay alguien, le está asesorando? ¿Ha perdido el contacto con la realidad? ¿Está físicamente enfermo? ¿Mentalmente? Condoleezza Rice advierte: “No controla sus emociones. Algo va mal”. Los asedios rusos a Mariupol y Kharkiv -dos ciudades de gran densidad de población rusa que Putin dice estar “liberando” de la opresión ucraniana- se parecen a lo que los nazis hicieron a Varsovia, y a lo que el propio Putin hizo a Grozny.
Varios analistas han comparado a Putin con una rata acorralada, más peligrosa ahora que ya no controla los acontecimientos. Quieren darle una salida segura al aprieto que supuestamente ha creado para sí mismo. De ahí el desprecio casi universal vertido sobre Joe Biden por decir en Polonia: “Por Dios, este hombre no puede seguir en el poder”.
La sabiduría convencional es totalmente plausible. Tiene la ventaja de reivindicar la estrategia de Occidente de apoyar a Ucrania a la defensiva. Y tiende a la conclusión de que el mejor resultado es aquel en el que Putin encuentra alguna salida que le salve la cara: territorio ucraniano adicional, una promesa ucraniana de neutralidad, un levantamiento de algunas de las sanciones.
Pero, ¿y si la sabiduría convencional está equivocada? ¿Y si Occidente sólo está haciendo el juego a Putin una vez más?
La posibilidad se sugiere en una poderosa reminiscencia de Carlotta Gall, de The Times, de su experiencia cubriendo el asedio de Rusia a Grozny, durante la primera guerra chechena a mediados de la década de 1990. En las primeras fases de la guerra, combatientes chechenos motivados aniquilaron una brigada blindada rusa, dejando atónito a Moscú. Los rusos se reagruparon y arrasaron Grozny desde lejos, utilizando la artillería y la aviación.
Rusia está operando con el mismo libro de jugadas hoy en día. Cuando los analistas militares occidentales argumentan que Putin no puede ganar militarmente en Ucrania, lo que realmente quieren decir es que no puede ganar limpiamente. ¿Desde cuándo Putin juega limpio?
“Hay toda una etapa siguiente en el libro de jugadas de Putin, que es bien conocida por los chechenos”, escribe Gall. “A medida que las tropas rusas ganaban el control sobre el terreno en Chechenia, aplastaban cualquier otra disidencia con detenciones y campos de filtración y convirtiendo y potenciando a los protegidos y colaboradores locales”.
Supongamos por un momento que Putin nunca tuvo la intención de conquistar toda Ucrania: que, desde el principio, sus verdaderos objetivos eran las riquezas energéticas del este de Ucrania, que contienen las segundas mayores reservas conocidas de gas natural de Europa (después de las de Noruega).
Si combinamos esto con las anteriores tomas territoriales de Rusia en Crimea (que cuenta con enormes yacimientos energéticos en alta mar) y las provincias orientales de Luhansk y Donetsk (que contienen parte de un enorme yacimiento de gas de esquisto), así como la apuesta de Putin por controlar la mayor parte o la totalidad de la costa de Ucrania, queda clara la forma de las ambiciones de Putin. Está menos interesado en reunificar el mundo de habla rusa que en asegurar el dominio energético de Rusia.
“Bajo la apariencia de una invasión, Putin está ejecutando un enorme atraco”, dijo el experto canadiense en energía David Knight Legg. En cuanto a lo que queda de una Ucrania sin salida al mar, es probable que se convierta en un caso de bienestar para Occidente, que ayudará a pagar la cuenta para reasentar a los refugiados de Ucrania en nuevos hogares fuera del control ruso. Con el tiempo, una figura similar a la de Viktor Orban podría llegar a la presidencia de Ucrania, imitando el estilo político de hombre fuerte que Putin prefiere en sus vecinos.
Si este análisis es correcto, Putin no parece el perdedor mal calculado que sus críticos hacen aparecer.
También da sentido a su estrategia de atacar a los civiles. Más que una forma de compensar la incompetencia de las tropas rusas, la matanza masiva de civiles ejerce una inmensa presión sobre Zelensky para que acepte las mismas cosas que Putin ha exigido todo el tiempo: concesiones territoriales y neutralidad ucraniana. Occidente también buscará cualquier oportunidad para desescalar, especialmente mientras nos convencemos de que un Putin mentalmente inestable está preparado para usar armas nucleares.
Dentro de Rusia, la guerra ya ha servido a los propósitos políticos de Putin. Muchos miembros de la clase media profesional -la gente que más simpatiza con disidentes como Aleksei Navalny- se han autoexiliado. Los restos de la prensa libre han sido clausurados, probablemente para siempre. En la medida en que los militares rusos se han puesto en evidencia, es más probable que se produzca una purga bien dirigida desde arriba que una amplia revolución desde abajo. Las nuevas riquezas energéticas de Rusia podrían ayudarla a liberarse de las sanciones.
Este análisis alternativo de la actuación de Putin podría ser erróneo. Por otra parte, en la guerra, la política y la vida, siempre es más prudente tratar a tu adversario como un zorro astuto, no como un loco.
sábado, 3 de julio de 2021
martes, 1 de junio de 2021
sábado, 10 de abril de 2021
lunes, 22 de febrero de 2021
jueves, 8 de octubre de 2020
La exagerada amenaza de las guerras del petróleo
La amenaza exagerada de las guerras petroleras
Por Emily Meierding || Lawfare

El USS Montgomery navega cerca de un buque de perforación de bandera panameña en el Mar de China Meridional el 7 de mayo de 2020. Crédito de la foto: Foto de la Marina de los EE. UU. Tomada por el helicóptero de tripulación naval Christopher Fred.
Nota del editor: Que los estados vayan a la guerra para apoderarse de los recursos naturales, especialmente el petróleo, parece una obviedad. Sin embargo, Emily Meierding de la Escuela de Postgrado Naval sostiene que tales guerras por el petróleo son en realidad excepcionalmente raras. En esta publicación, basada en su nuevo libro, explica que los costos y riesgos de tales conflictos son casi siempre demasiado altos para que los posibles agresores los paguen.
Daniel Byman
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Durante el año pasado, los buques chinos de prospección sísmica y sus escoltas paramilitares han interferido repetidamente en la exploración de petróleo y gas natural vietnamita y malaya en el Mar del Sur de China, hostigando las plataformas de perforación y los buques de apoyo. Estos enfrentamientos han generado preocupaciones de que podrían provocar un conflicto militar mayor, especialmente cuando China explota la inestabilidad creada por el coronavirus para volverse más agresiva en sus diversas disputas territoriales internacionales.
Felizmente, el registro histórico indica que es poco probable que China y sus vecinos aumenten su combate energético. Contrariamente a la retórica recalentada, los países en realidad no "toman el petróleo", para usar la polémica e inexacta frase del presidente Trump. En cambio, mi investigación reciente demuestra que los países evitan luchar por los recursos petroleros.
Sin sangre por petróleo
Entre 1912 y 2010, los países pelearon 180 veces por territorios que contenían, o se creía que contenían, recursos de petróleo o gas natural. Estos conflictos variaron desde breves violaciones fronterizas no fatales, como aviones turcos que ingresaron al espacio aéreo griego, hasta las dos guerras mundiales. Muchos de estos enfrentamientos, incluida la Segunda Guerra Mundial, la invasión de Kuwait por Irak (1990), la invasión de Irak por parte de Estados Unidos (2003), la Guerra Irán-Irak (1980-1988), la Guerra de las Malvinas (1982) y la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay (1932-1935) —se han descrito como guerras petroleras clásicas: es decir, severos conflictos internacionales en los que los países luchan por obtener recursos petroleros.
Sin embargo, una mirada más cercana a estos conflictos revela que ninguno merece la etiqueta clásica de “guerra del petróleo”. Aunque los países lucharon por los territorios petroleros, por lo general lucharon por otras razones, incluidas las aspiraciones a la hegemonía regional, la política nacional, el orgullo nacional u otros activos estratégicos, económicos o simbólicos de los territorios en disputa. El petróleo fue un desencadenante poco común de enfrentamientos internacionales y nunca provocó grandes conflictos.
Aproximadamente en 20 ocasiones, durante casi un siglo, los países se involucraron en conflictos menores para obtener recursos petroleros. Sin embargo, estas "disputas petroleras" fueron breves, leves, en su mayoría no mortales, y generalmente involucraron a países cuya hostilidad precedió a su competencia por recursos. Grecia y Turquía han procesado disputas petroleras. También lo han hecho China y Vietnam, Guyana y Venezuela, y una docena de otros pares de países. Estos enfrentamientos inspiraron una retórica agresiva mientras se desarrollaban, pero ninguno de ellos llegó a convertirse en un conflicto armado mayor.
El petróleo ha influido periódicamente en las trayectorias de grandes conflictos que se lanzaron por otros motivos. Al final de la Primera Guerra Mundial, las tropas británicas se apoderaron de la provincia de Mosul para asegurar sus recursos petroleros. Las aspiraciones petroleras también motivaron la invasión alemana del Cáucaso ruso (1941-1942) y la invasión japonesa de las Indias Orientales Holandesas (1941-1942). Si bien el último ataque precipitó la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, también fue una continuación de la Segunda Guerra Sino-Japonesa (1937-1945). Todas estas "campañas petroleras" se inspiraron en las necesidades de recursos de los agresores durante la guerra. Sin los conflictos en curso, estos países no habrían luchado por el petróleo.
El registro histórico también revela una "táctica petrolera": la invasión de Kuwait por el Iraq en 1990. Las explicaciones convencionales del ataque afirman que Saddam Hussein estaba intentando con avidez apoderarse de los recursos petrolíferos de su vecino o intentando limitar la producción de petróleo de Kuwait para obtener petróleo. precios y escapar de una crisis económica cada vez más profunda causada por la caída de los precios del petróleo y las grandes deudas de Irak, contraídas durante la Guerra Irán-Irak. La primera explicación es incorrecta. La segunda es correcta, pero incompleta, porque omite el motivo principal de agresión de Saddam: su miedo a Estados Unidos. Los registros del régimen, incautados durante la invasión estadounidense de 2003, revelan la creencia de Saddam, alimentada desde la década de 1970, de que Estados Unidos estaba decidido a contener a Irak y sacarlo del poder. En 1990, esta falsa convicción llevó a Saddam a asumir que Estados Unidos estaba diseñando la crisis económica de Irak al alentar a Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos a exceder sus cuotas de producción de petróleo de la OPEP y rechazar las repetidas súplicas de Irak de cancelar sus deudas de guerra. Después de que su infame reunión con la embajadora de Estados Unidos, April Glaspie, no logró persuadir a Saddam de las benignas intenciones de Estados Unidos, concluyó que conquistar Kuwait era el único medio de supervivencia que le quedaba. El miedo a la hostilidad de Estados Unidos, no a las aspiraciones petroleras, llevó a Irak a invadir Kuwait.
Una cuestión de valor
La ausencia de guerras petroleras es sorprendente y contradictoria. El petróleo es un recurso excepcionalmente valioso. Alimenta las economías y los ejércitos de todos los países. Las ventas de petróleo también son una fuente de ingresos crucial para los estados productores. Seguramente, los países están dispuestos a luchar por obtener recursos petroleros.
De hecho, las guerras petroleras clásicas son extraordinariamente costosas. Un país que pretende apoderarse de petróleo extranjero enfrenta, en primer lugar, los costos de invadir otro país. La agresión internacional es destructiva y costosa en las mejores circunstancias. También puede dañar la infraestructura petrolera que un conquistador espera adquirir. Luego, si un conquistador planea explotar los recursos petroleros a largo plazo, enfrenta los costos de ocupar el territorio incautado. Como Estados Unidos ha aprendido de sus "guerras interminables", la ocupación extranjera es extremadamente desafiante, incluso para el país más poderoso del mundo.
Debido a los altos costos de la invasión, la ocupación y el oprobio internacional, las guerras petroleras clásicas simplemente no valen la pena, independientemente del valor del petróleo. En ocasiones, los países pueden decidir que vale la pena iniciar una disputa petrolera para obtener los recursos deseados, especialmente cuando se disputan territorios seleccionados y hay otros problemas en juego. Sin embargo, luchar contra grandes conflictos por el petróleo no vale la pena.
Mantenga sus ojos fuera del premio
Todo esto es una buena noticia para la estabilidad en el Mar de China Meridional y otras regiones ricas en petróleo. No hay razón para esperar que el reciente enfrentamiento energético de China con Vietnam y Malasia se convierta en un conflicto internacional mayor, al menos con respecto al petróleo en juego. Las discusiones de petróleo nunca lo hacen, no importa cuán amargas parezcan mientras están en marcha.Dicho esto, China y sus vecinos aún podrían luchar por otras razones. Las pesquerías abundantes pero afectadas del Mar de China Meridional son una fuente fundamental de alimentos y medios de vida para las poblaciones de los estados litorales. Las líneas de comunicación marítimas críticas atraviesan la región. Y China ha intentado extender su influencia hegemónica en el Mar de China Meridional negándose a abandonar su reclamo marítimo legalmente insostenible de “línea de nueve líneas” y construyendo islas artificiales en numerosos accidentes marítimos. Cualquiera de estos factores podría desencadenar un conflicto internacional mayor.
Esto también significa que los bajos precios del petróleo que se espera acompañen al pico de la demanda de petróleo no producirán un dividendo de paz. Los países no se involucrarán en menos conflictos a medida que disminuya el valor del petróleo, porque no estaban peleando por el petróleo en primer lugar.
Es tentador utilizar petróleo para explicar el conflicto armado. El petróleo es valioso y tangible, por lo que parece ser un objetivo obvio para la agresión internacional. En cambio, factores como las aspiraciones hegemónicas y el orgullo nacional son amorfos y su valor es difícil de cuantificar. Sin embargo, históricamente, estos otros factores han causado un número significativo de conflictos internacionales severos, mientras que el petróleo no. Para desalentar eficazmente la escalada del conflicto en el Mar de China Meridional y en otros lugares, los responsables de la formulación de políticas deben centrarse en estos factores y resistirse a que el petróleo los distraiga.
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