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jueves, 9 de julio de 2026

El genocidio israelí en Gaza

 

Tortura, hambruna y abuso sexual: la ONU dice que Israel está cometiendo un genocidio en Gaza

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Al menos 5 mil niños permanecen enterrados bajo los escombros en Gaza, según la estimación que recoge el nuevo informe de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU, correspondiente al período entre el 7 de octubre de 2023 y el 31 de marzo de 2026. El documento, de casi cien páginas, reúne las violaciones y crímenes cometidos contra la niñez palestina en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, y es —según la propia Comisión— el primer informe de un órgano investigador de la ONU dedicado exclusivamente a los crímenes contra la infancia palestina.
Según el documento presentado esta semana, más de 20.000 menores murieron y otros 44.000 resultaron heridos a causa de los ataques israelíes, una violencia que no se detuvo ni siquiera después del alto el fuego acordado en octubre de 2025. Los niños representan alrededor del 30% del total de personas fallecidas en el territorio palestino. Esa cifra de menores asesinados equivale, además, a cerca del 2% de toda la población infantil de Gaza, estimada en 1.2 millones.

Detenciones sin causa, abuso sexual, pornografía infantil y tortura

Entre los hechos comprobados, el informe documenta tortura, tratos inhumanos y degradantes, y violencia sexual, además de ataques contra instalaciones sanitarias y educativas. Uno de los testimonios recogidos corresponde a un adolescente de 15 años que relató haber sido abusado sexualmente en más de una ocasión por distintos guardias. Asimismo, "La práctica de fotografiar y filmar a niños palestinos desnudos está destinada a humillar y subyugar a la víctima". El informe también asegura que "La violencia sexual contra los niños palestinos no es excepcional, sino un asalto sistemático habilitado por el Estado".
A la violencia sexual se suman las detenciones y los malos tratos. El 51% de los niños palestinos detenidos se encuentra bajo la figura de "detención administrativa", un mecanismo que las autoridades israelíes utilizan para encarcelar a una persona sin acusación formal ni juicio, invocando información secreta que supuestamente demuestra que representa una amenaza. En la práctica, esto implica un encarcelamiento indefinido sin cargos.
En ese marco, un adolescente de 17 años detenido en la cárcel de Megiddo murió como consecuencia de la privación deliberada de alimentos, atención médica y otras necesidades básicas. El informe describe que "Los niños detenidos son sometidos a torturas, incluyendo electrocuciones y ser obligados a permanecer en posiciones dolorosas por hasta 12 horas". La Comisión documentó además que las fuerzas israelíes seleccionaron de forma sistemática e intencional a niños y adolescentes de 12 a 18 años, durante los arrestos masivos.

Hambrunas desde el vientre materno

Durante este período, las tasas de aborto espontáneo en Gaza aumentaron hasta un 300%, y uno de cada tres embarazos se considera actualmente de alto riesgo, como consecuencia de las duras condiciones impuestas en el territorio. El informe también señala que, para marzo de 2026, el 70% de los recién nacidos fueron clasificados como prematuros o con bajo peso, y que al menos 15 bebés murieron por hipotermia, una causa de muerte evitable.
A esto se suma que Israel provocó intencionalmente la inanición de la población civil palestina como método de guerra, lo cual constituye un crimen de guerra según la Comisión. Esa privación de alimentos ya generaba consecuencias desde la gestación: la falta de nutrición adecuada en las madres derivó en un aumento de nacimientos con malformaciones congénitas.
Asimismo, uno de cada tres niños menores de dos años en el norte de Gaza presentaba desnutrición aguda, una condición de extrema delgadez causada por la pérdida severa de grasa corporal y masa muscular, generalmente producto de inanición o enfermedades crónicas prolongadas.
Como resultado de las acciones de Israel, “Se confirmó la hambruna por primera vez en la historia de la región en la gobernación de Gaza en agosto de 2025". A eso debe sumarse que el 96% del agua de la región no es apta para el consumo de las personas.

¿Cuáles son las fuentes fuentes utilizadas?

El informe se basa en historias clínicas, radiografías, tomografías computarizadas, así como fotografías, videos y declaraciones en audio de pacientes que dieron su consentimiento. A esto se suma información aportada por trabajadores de la salud, académicos, periodistas y abogados que estuvieron en contacto directo con las víctimas. La Comisión también consultó a dos patólogos forenses independientes para analizar la evidencia médica de niños que recibieron disparos, y realizó entrevistas individuales y discusiones grupales —tanto remotas como presenciales— con víctimas y testigos.
Para documentar el accionar de las fuerzas de seguridad israelíes, se analizaron declaraciones oficiales, publicaciones en redes sociales de soldados y oficiales, además de material de medios israelíes —como Haaretz, Channel 14 y Sicha Mekomit— que incluía testimonios de soldados.

Ya no son militantes, ahora es la ONU la que habla de “genocidio”

Según el informe, el daño sufrido en Gaza no responde a hechos incidentales, sino que está “destinado a destruir la existencia de los palestinos como grupo”. Legalmente, la Comisión describe estos actos como crímenes de lesa humanidad de exterminio y crímenes de guerra de homicidio intencional.
En ese contexto, la comisión investigadora de la ONU ha concluído que "La conducta de Israel constituye el acto genocida de infligir deliberadamente condiciones de vida calculadas para provocar la destrucción física" y que "El ataque contra los niños fue parte de una estrategia para destruir la continuidad biológica y el futuro de la sociedad palestina".

domingo, 1 de junio de 2025

Especial China: El COVID-19, el genocidio más grande de la Historia aquí y ahora

Las mentiras respecto a la población de China


Esta serie de notas y documentales apuntan a desmitificar diversos aspectos de la información demográfica china. Si bien están mayormente en inglés, varios tienen subtítulos al castellano. Que información presentan:

1. China NO tiene 1.400 millones de habitantes, ni cercanamente a esa cifra. Nunca tuvo esa población.

2. El número más realista ANTES de la pandemia del Covid 19 era de entre 800 y 900 millones de habitantes. Ello debido a diversos estudios de científicos rusos, japoneses y norteamericanos.

3. Sin embargo, la crisis del Covid disparó muchísimos indicadores de una enorme caída en la población por muertes no naturales. Empezando por fotos satelitales y datos indirectos mostrando un auge desmedido en el sector de la industria fúnebre (entierros y crematorios) tanto en el uso de la capacidad instalada a nivel de saturación cómo en el aumento de la demanda de mano de obra. Luego siguieron con el análisis indirecto del consumo de sal: pautas culturales hacen que cada dieta requiera de una parte de sal como complemento de los alimentos. Si un país baja el consumo de sal, sin haber habido una política de salubridad tendiente a combatir su consumo, se supone que hay menos población "comiendo". Ese indicador bajó a la mitad luego de la pandemia. Diversos otros indicadores terminan delineando un catastrófico número estimado de 400 millones de muertos debido al Covid en China, con muertes todavía produciendo hoy con las mutaciones del virus que no pudieron ser erradicadas.

4. Ello hace que se estime la población ACTUAL de China entre 400 y 500 millones de habitantes, un colapso histórico respecto a los 1.400 millones que todavía sigue publicitando el PCC. Se pueden apreciar en todos los videos el vaciamiento de las ciudades y áreas rurales chinas debido a este proceso de despoblación. El panorama es desolador y las consecuencias geopolíticas de ello son innumerables.







miércoles, 20 de enero de 2021

La lógica perversa del genocidio

La lógica política perversa del genocidio

Avi Dravid ||  Small Wars Journal




A primera vista, el genocidio parece ser un acto fundamentalmente irracional, que desgarra el tejido mismo de la sociedad para obtener pocas ganancias demostrables. De hecho, el término evoca imágenes de asesinatos sin sentido y sed de sangre patológica. Hannah Arendt afirmó que el campo de exterminio nazi no podía entenderse en términos utilitarios, ya que reflejaba una cosmovisión irracional y paranoica que estaba divorciada de cualquier cálculo estratégico más amplio. [1] Si bien es cierto que hay elementos de irracionalidad en el genocidio, este artículo sostiene que quienes lo perpetran a menudo consideran que el genocidio es racional, aunque estos fundamentos parecen perversos e inescrutables desde fuera. Desde arriba, las élites políticas inflaman los sentimientos étnicos y fomentan la violencia genocida como un medio para prevenir desafíos a su posición privilegiada, rechazando las amenazas planteadas por la democratización y la movilización popular. El genocidio tiene una doble función, elimina la oposición política y al mismo tiempo apacigua a las masas. A nivel de base, los autores civiles a menudo están motivados por consideraciones económicas, además de temores de castigo y represalias.

Genocidio y etnicidad

El genocidio se describe a menudo como el producto de una ruptura en el orden social, liberando violentas fuerzas primarias. [2] Esta corriente de pensamiento es especialmente prominente en las visiones primordialistas de la etnicidad, como las defendidas por Robert Kaplan [3] y Samuel Huntington. [4] En esta formulación, la etnia y la cultura son las fuentes de divisiones inmutables que causan conflictos; como corolario, el genocidio es visto como una consecuencia irracional pero inevitable de los "odios ancestrales". Sin embargo, esta teoría ignora el hecho de que muchos grupos étnicos en conflicto han coexistido pacíficamente a lo largo de la historia. Comprender las condiciones que permiten que la violencia étnica se intensifique requiere un examen más detenido de la instrumentalización de la etnicidad. La distribución diferencial del poder y los recursos a lo largo de líneas étnicas atribuye un nuevo protagonismo a categorías de identidad que antes carecían de importancia, al mismo tiempo que confiere legitimidad a los miembros de la élite política que afirman defender los intereses de su grupo. [5] En particular, la construcción y consolidación de la etnicidad a veces implica el uso de la violencia contra un "otro" cultural, tratando a este grupo como un chivo expiatorio útil [6]. Esta lógica cínica también explica por qué algunos gobiernos recurren al genocidio para fortalecer su autoridad, como se discutirá más adelante.

El genocidio no es una ruptura repentina, requiere una planificación y preparación extensas. Este hecho contradice su naturaleza supuestamente irracional, ya que quienes planean meticulosamente la carnicería tienen metas y objetivos específicos [7]. Mucho antes del inicio del genocidio de Ruanda, los Interahamwe estaban recibiendo apoyo, armas pequeñas y capacitación sobre cómo identificar y eliminar objetivos tutsi. [8] Los perpetradores de genocidio a menudo se involucran en una forma retorcida de análisis de costo-beneficio para determinar el momento "óptimo" para comenzar a matar. Helen Fein observa que es más probable que ocurran genocidios durante un período de crisis, ya que estas condiciones mejoran la probabilidad de "éxito". [9] Esto sugiere que quienes cometen genocidio son conscientes de los riesgos y beneficios esperados.

Motivaciones de arriba hacia abajo

Al recurrir a lecturas selectivas de la historia, la élite intenta manipular los sentimientos étnicos a su favor. El enemigo interno identificado por políticos prominentes no necesita representar una amenaza material para la nación en cuestión. Si el grupo étnico mayoritario acepta esta definición construida del enemigo, las apelaciones a la etnicidad tendrán una resonancia significativa, confiriendo un tipo de legitimidad política afectiva que se deriva de la afinidad visceral hacia el grupo étnico de uno. [10] El genocidio es simplemente la instancia más extrema de esta política étnica, canalizando las lealtades étnicas en violencia política masiva al servicio de los intereses de la élite.

El uso deliberado y generalizado de la violencia contra un grupo étnico específico es a menudo un intento de consolidar el poder del régimen en el poder y prevenir desafíos a su legitimidad. Los miembros de la élite política utilizan con frecuencia esta estrategia de supervivencia en países en proceso de democratización [11]. En este contexto, la élite gobernante teme perder sus privilegios, incentivando el uso de llamamientos etnonacionalistas para mantener su posición de poder y descarrilar la transición democrática [12]. El deseo de mantener el control adquiere una nueva urgencia en los estados que carecen del estado de derecho, ya que la élite teme represalias por parte de grupos previamente marginados.

Mahmood Mamdani sostiene que el genocidio de Ruanda es producto de estrategias políticas intencionales adoptadas por la élite gobernante [13]. A principios de la década de 1990, el gobierno de Ruanda enfrentó una multitud de desafíos a su legitimidad. El Frente Patriótico Ruandés (FPR) dirigido por tutsi había realizado importantes incursiones en el gobierno territorio controlado por el gobierno, amenazando la supervivencia del orden político dominado por los hutus. [14] Los Acuerdos de Arusha de 1993 intentaron mediar entre los rebeldes y el gobierno, estableciendo un alto el fuego e instituyendo un acuerdo de reparto del poder [15]. Al mismo tiempo, una grave crisis agrícola y un rápido ajuste estructural habían sumido a Rwanda en un malestar económico [16]. Para mantener su poder en medio de estos vientos en contra, los hutus de línea dura orquestaron un genocidio contra la minoría tutsi y los hutus moderados que simpatizaban con los Acuerdos de Arusha. El genocidio sirvió para un propósito instrumental, eliminando las fuentes internas de oposición y al mismo tiempo desviando la atención de los sucesivos fracasos de la élite hutu.

En Sudán se pueden observar estrategias similares basadas en la militarización de grupos étnicos y el uso instrumental del genocidio [17]. La reubicación forzosa y el exterminio de comunidades recalcitrantes se ha convertido en una característica central de los esfuerzos de contrainsurgencia del gobierno sudanés en Darfur. Este caso se señala como una prueba más de que el genocidio es una opción estratégica intencional, utilizada en la búsqueda de objetivos políticos racionales.

Motivaciones de abajo hacia arriba

Aunque la élite ciertamente juega un papel en la instigación del genocidio, las agendas políticas de arriba hacia abajo por sí solas no pueden explicar por qué los civiles se vuelven fácilmente contra sus vecinos. El genocidio se caracteriza a menudo por la extrema descentralización de la violencia, subcontratando el acto de matar a milicias informales y grupos privados. Dado el problema de la acción colectiva inherente a la movilización de la población para el genocidio, es importante comprender cómo las racionalidades y motivaciones individuales alimentan la violencia política masiva. Sin ningún beneficio personal, pocos se sentirían motivados a participar activamente.

El impulso a la seguridad física empuja a algunos civiles a tomar las armas contra el "otro" étnico, por temor a que la inacción dé ventaja a un enemigo interno que intenta causar daño. El espectro de la toma de Kigali por el Frente Patriótico Ruandés reforzó la solidaridad hutu frente a la amenaza tremendamente exagerada de un enemigo tutsi interno [18]. A los ojos de los génocidas, dejar a los supervivientes suponía un nivel de riesgo inaceptable, dada la posibilidad de represalias. Al unirse a su propio grupo étnico contra los tutsis "extranjeros", los extremistas hutu cometieron genocidio con la creencia de que estaban mejorando su seguridad relativa, motivados por el temor a la dominación política tutsi [19].

Los factores económicos también juegan un papel en las razones individuales para participar en el genocidio. Por ejemplo, en Ruanda, muchos Interahamwe eran hombres desempleados con pocas perspectivas económicas [20]. Peter Uvin describe a Ruanda como una sociedad “estructuralmente violenta” en la que la ayuda para el desarrollo y el empleo significativo solo estaban disponibles para quienes tenían buenas conexiones [21]. El genocidio representó un escape de estas privaciones diarias, brindando la oportunidad de acumular tierras y recursos [22].

No todos los perpetradores están motivados por el mismo conjunto de consideraciones económicas. En el contexto de las colonias de América del Norte y del Sur, Henry Theriault observa la complejidad de los objetivos en el desplazamiento y la matanza de las tribus indígenas [23]. Mientras que algunos asesinatos se cometieron en nombre de la pacificación, otros se llevaron a cabo para asegurar la tierra para la ganadería [24]. En particular, muchos de estos actos destructivos fueron llevados a cabo por grupos privados, como familias y empresas, que a menudo actuaban independientemente de las autoridades centrales. Dentro de un genocidio, hay un amplio espacio para que las personas actúen brutalmente sobre sus propios intereses económicos, contribuyendo a los niveles generales de violencia.

Algunos civiles participan en el genocidio porque temen el castigo de los propios perpetradores principales. Durante el genocidio del gobierno militar guatemalteco contra la población indígena, muchos montañeses mayas participaron en las Patrullas Civiles responsables de atroces actos de violencia [25]. Quienes se unieron lo hicieron porque temían un castigo colectivo por negarse a cooperar [26]. La violencia genocida puede ser autosuficiente, ya que aquellos que ya han matado a civiles pueden seguir haciéndolo con la esperanza de que no quede nadie para señalar con el dedo durante futuros procesamientos.

Pensamientos concluyentes

Las afirmaciones de irracionalidad frente al genocidio justifican la no intervención, ya que los responsables políticos se resignan a la idea de que no hay nada que se pueda hacer. Al pintar la violencia étnica como un producto de antiguas enemistades, las naciones occidentales también pueden ocultar su papel en la creación de las condiciones políticas que a menudo han permitido el genocidio en primer lugar. El legado colonial belga de racismo científico y clasificación es directamente responsable de las tensiones contemporáneas hutu-tutsi, introduciendo un sistema de tarjetas de identidad étnicas que hizo posible que los hutu génocidaires identificaran a sus objetivos. [27] El tribalismo militarizado de Sudán es una extensión de la estrategia británica de dividir -y gobierno, que confiere privilegios materiales a ciertos grupos y politiza las identidades étnicas [28]. En Guatemala, el anticomunismo dogmático de Estados Unidos le dio a la junta militar la pretensión de asesinar a miles de personas de etnia maya en su campaña contra los grupos subversivos [29].

Reconocer que hay elementos de racionalidad en el genocidio no excusa el comportamiento violento. Por el contrario, reconocer este hecho permite abordar las motivaciones subyacentes que impulsan la violencia masiva. El genocidio es una elección activa que refleja una amplia gama de objetivos estratégicos y motivaciones personales, que responde a un conjunto particular de condiciones políticas. Reducirlo a un acto exclusivamente irracional malinterpreta fundamentalmente las razones por las que ocurre.

[1] Arendt, Hannah. The Origins of Totalitarianism. New York: Harcourt, Brace and Co., 1951.

[2] Keen, David. Complex emergencies. Cambridge: Polity, 2008.  

[3] Kaplan, Robert D. “The Coming Anarchy.” The Atlantic, February 1994. https://www.theatlantic.com/magazine/archive/1994/02/the-coming-anarchy/304670/.

[4] Huntington, Samuel P. "The Clash of Civilizations?" Foreign Affairs 72, no. 3 (1993): 22-49. Accessed December 16, 2020. doi:10.2307/20045621.

[5] Turton, David. “War and Ethnicity: Global Connections and Local Violence in North East Africa and Former Yugoslavia.” Oxford Development Studies 25, no. 1 (February 1997): 77–94. https://doi.org/10.1080/13600819708424123.

[6] Ibid.

[7] Lemarchand, Rene. “Rwanda: The Rationality of Genocide.” Issue: A Journal of Opinion 23, no. 2 (1995): 8. https://doi.org/10.2307/1166499.

[8] African Rights. Rwanda: Death, Despair and Defiance. London: African Rights, 1994.

[9] Fein, Helen. "Accounting for Genocide after 1945: Theories and Some Findings." International Journal on Group Rights 1, no. 2 (1993): 79-106. Accessed December 16, 2020. http://www.jstor.org/stable/24674446.

[10] Turton, “War and Ethnicity,” 1997.

[11] Mansfield, Edward D., and Jack Snyder. "Democratization and the Danger of War." International Security 20, no. 1 (1995): 5-38. Accessed December 16, 2020. doi:10.2307/2539213.

[12] Ibid.

[13] Mamdani, Mahmood. When Victims Become Killers: Colonialism, Nativism, and the Genocide in Rwanda. PRINCETON; OXFORD: Princeton University Press, 2001. Accessed December 16, 2020. doi: 10.2307/j.ctt6wq0vm.

[14] Ibid.

[15] Ibid.

[16] Uvin, Peter. “Rwanda: The Social Roots of Genocide.” In War, Hunger, and Displacement: Volume 2, 159–86. Oxford University Press, 2000. https://doi.org/10.1093/acprof:oso/9780198297406.003.0006.

[17] De Waal, Alexander. War in Darfur and the Search for Peace. Harvard: Global Equity Initiative, 2007.

[18] Lemarchand, “Rwanda: The Rationality of Genocide,” 1995.

[19] Mamdani, When Victims Become Killers, 2001.

[20] African Rights, Rwanda: Death, Despair and Defiance, 1994.

[21] Uvin, “Rwanda: The Social Roots of Genocide,” 2000.

[22] Prunier, Gérard. Rwanda Crisis: History of a Genocide. New York: Columbia University Press, 1997.

[23] Theriault, Henry C. "Genocidal Mutation and the Challenge of Definition.” Metaphilosophy 41, no. 4 (2010): 481-524. Accessed December 16, 2020. http://www.jstor.org/stable/24439632.

[24] Ibid.

[25] Zur, Judith. Violent Memories: Mayan War Widows in Guatemala. New York: Avalon Publishing, 1998.

[26] Ibid.

[27] Uvin, “Rwanda: The Social Roots of Genocide,” 2000.

[28] De Waal, War in Darfur and the Search for Peace, 2007.

[29] Zur, Violent Memories, 1998.