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miércoles, 24 de julio de 2024
Desastre de la izquierda: Foucault y la subversión de la vida decente
Las culpas de Foucault, “el teórico de la destrucción de la escuela y de la autoridad”
A 40 años de la muerte del filósofo, su huella se ve en la idealización del delincuente, el abolicionismo penal y psiquiátrico, la decadencia de la escuela y, más en general, la detestación de la propia cultura. Las cualidades que la CIA vio en él reveladas por la desclasificación de un archivo
Por Claudia Peiró || Infobae
El 25 de junio se cumplieron 40 años de la muerte del filósofo francés Michel Foucault. Un par de artículos de los deconstructores locales aludieron a la “vigencia” de su pensamiento. Vaya si tienen razón, pero no es para celebrarlo. No hubo ninguna referencia al daño que Foucault y sus seguidores le han hecho a la sociedad: inseguridad, abolicionismo penal, crisis de la salud mental, decadencia escolar; todo eso lleva su impronta.
El pasado martes 2 de julio, un joven funcionario de la Municipalidad de Almirante Brown, en el conurbano bonaerense, fue asesinado de una puñalada por un paciente esquizofrénico. Es una noticia recurrente, la de enfermos mentales y adictos que cometen o son víctimas de actos violentos por no estar bajo adecuado tratamiento. Precisamente un aspecto de la herencia foucaultiana es la abolición de la psiquiatría, que para el filósofo francés no era más que una herramienta de control social.
La Argentina ha sido el laboratorio por excelencia de toda la legislación deconstructivista inspirada en pensamientos como el de Foucault. Uno de sus experimentos es la Ley de Salud Mental promulgada en 2010, una norma que equipara en varios aspectos al psiquiatra con el psicólogo, el terapista ocupacional o la asistente social, que dispone el cierre de las clínicas especializadas, que rodea a la práctica psiquiátrica de las peores sospechas -equiparando los tratamientos a la tortura- y cuyo órgano revisor está formado por ONG de Derechos Humanos… Esta ley, de clara inspiración foucaultiana, dificulta casi al punto de la imposibilidad la internación de pacientes psiquiátricos con los resultados a la vista.
No acaba ahí el legado de Foucault, reconocible en muchos otros disfuncionamientos institucionales que nos aquejan como sociedad. Al abolicionismo psiquiátrico se suma el penal. Y en la revista Causeur, la académica Georgia Ray lo describe como “el teórico de la destrucción de la escuela, del saber, de la autoridad, y de la detestación de la cultura occidental”.
Michel Foucault (1926-1980) surge como intelectual influyente a mediados de los 60. Fue el autor de una historia de la locura, otra de la sexualidad y de textos icónicos como Las palabras y las cosas, y especialmente la biblia progresista: Vigilar y castigar.
Un pensador de los márgenes, de la norma y de la anormalidad, que tenía “atracción fatal” por los locos, los enfermos, los parricidas, los presos, los delincuentes, los inmigrantes, las minorías sexuales, etcétera.
Cuando escuchen a alguien hablar de “condiciones de producción” de un discurso, sepan que están ante un influido por el pensamiento de este filósofo.
Foucault saltó al estrellato intelectual durante la rebelión estudiantil de mayo del 68, fue furor en la Argentina de los 80 y 90, y volvió a estar en el candelero desde los 2000 gracias a la “French Theory”, es decir, al momento en que las universidades estadounidenses descubren y radicalizan el pensamiento de una serie de intelectuales europeos promotores de todo tipo de demoliciones.
Es uno de los pensadores favoritos de la izquierda woke. Lo quieren porque “pensó contra su herencia social” -explica Georgia Ray- y “contra su herencia cultural (‘Occidente, palabra desagradable de utilizar’, decía)”. La extrema izquierda lo quiere particularmente porque “era un intelectual hostil a los programas colectivos, para él la verdadera liberación pasaba por el conocimiento de sí mismo”, es decir, un individualista en toda la regla.
Aunque nunca habló específicamente del tema, “es una figura tutelar del neofeminismo rabioso y otros grupúsculos liberadores del género”. Es el caso de Judith Butler y su doctrina queer.
Esencialmente se le debe a Foucault “una determinada concepción del poder” y una “búsqueda obsesiva de todas las formas de dominación y obligación o coerción”. “La idea de que el poder no es una superestructura, sino una maraña de micro-poderes organizados en una fina red”, dice Ray.
Pero no hay que pensar que sólo las corrientes de izquierda repararon en Foucault y su discurso reivindicativo de minorías marginadas -locos y delincuentes- que implicaba un abandono de la clase trabajadora como protagonista y destinataria del cambio social.
Ese discurso también resultó atractivo para la CIA que, como dice la filósofa francesa Stéphanie Roza en el libro “¿La izquierda contra la Ilustración?” (2020), que advirtió “que Foucault le propina golpes fatales a la vieja izquierda, es decir, a los proyectos tradicionales, colectivos, de transformación del orden social en favor de los dominados, de todos los dominados”.
En un archivo desclasificado en 2010 pero elaborado en 1985, sobre Michel Foucault y otros, los analistas de la central de inteligencia estadounidense se congratulaban por el hecho de que los intelectuales franceses se estaban des-marxificando y veían en ello un hecho auspicioso en el marco de la Guerra Fría que los enfrentaba al Este hegemonizado por la Unión Soviética en todos los ámbitos, no sólo en lo material sino también en lo cultural, en el plano de las ideas.
El informe, titulado “Francia: la defección de los intelectuales de izquierda”, describía el giro que a fines de los años 70 y comienzos de los 80 protagonizaron varios destacados pensadores franceses: “Existe un nuevo clima intelectual en Francia, una especie de antimarxismo y antisovietismo que hará difícil para cualquiera movilizar una opinión intelectual significativa contra las políticas de los Estados Unidos”.
Claro que el giro a la derecha de los dos principales exponentes de esta corriente, llamados “nuevos filósofos”, Bernard Henry-Lévy y André Glucksman, fue algo evidente para todos desde el inicio. En cambio Michel Foucault es visto hasta hoy como un intelectual anti-sistema; en palabras de Stephanie Roza, “lo más top de la subversión, el nec plus ultra de la radicalización, (el filósofo) que deconstruye todas las normas, que va al fondo”.
Sin embargo, la CIA consideraba, al contrario de lo que cree el progresismo, que el pensamiento de Michel Foucault reforzaba el orden social.
Es el eterno karma de la izquierda: termina siendo funcional al sistema, como sucede hoy con todo el espectro local, desde el trotskismo tradicional hasta el que opera bajo banderas peronistas: la agenda que promueve -feminismo, transgenerismo, ambientalismo, antinatalismo, animalismo, etc, etc- no contradice al sistema; en realidad, lo refuerza.
Foucault, filósofo, sociólogo, historiador y psicólogo, influyó fuertemente en las ciencias sociales y lo sigue haciendo con sus estudios sobre el poder y las instituciones sociales que lo garantizan, como la psiquiatría, la medicina, el sistema carcelario, etcétera.
Uno de sus libros más conocidos, Vigilar y castigar (1985), afirma que el establecimiento de instituciones tales como cárceles, asilos, hospitales y escuelas implicó la transición de un concepto meramente punitivo del poder a otro disciplinario orientado a reprimir o impedir determinados comportamientos considerados asociales. Se eliminaban así las posibilidades de transgresión y se creaba un entorno que permitía corregir y regular -vigilar y castigar- la conducta de cada individuo.
Las consecuencias de este pensamiento las conocemos. Más aún, las padecemos. Sus seguidores se lanzaron a la demolición de todas esas instituciones. En el libro Seguridad: la izquierda contra el pueblo (2002), el periodista y ensayista francés Hervé Algalarrondo señalaba a Michel Foucault como uno de los inspiradores del ultra garantismo o abolicionismo penal. Denunciaba que la izquierda no combate la inseguridad pese a que ésta afecta antes que nada a los pobres, a los trabajadores, porque, inspirada en Foucault, ha idealizado al delincuente, al que se pone al margen de la sociedad: “Para la intelligentsia, el nuevo proletariado son los delincuentes”. Según esta visión, todos los que cometen delitos están en rebeldía contra una ley y un orden “injustos”. Si el objetivo del poder es, como dice Foucault, vigilar a locos y delincuentes, entonces, éstos son los sujetos del cambio, los que desafían el poder.

El libro de Hervé Algalarrondo que acusa a la izquierda de idealizar al delincuente y no sentir compasión por las víctimas
Algalarrondo denuncia que el progresismo “reserva su compasión para los delincuentes y no tiene ni una palabra de consuelo o aliento para los que trabajan, los que estudian o los que padecen por la delincuencia”. Ni hablar de los policías caídos en cumplimiento del deber
Vean lo que decía Michel Foucault en Vigilar y castigar: “A los que roban, se los encarcela; a los que violan, se los encarcela; a los que matan, también. ¿De dónde viene esta extraña práctica (sic) y el curioso proyecto de encerrar para enderezar?”
Para medir hasta qué punto estas ideas no son lejanas ni ajenas a nuestro medio, recordemos el entusiasmo con el que algunos se lanzaron a la epopeya de vaciar las cárceles con la excusa de la pandemia, una iniciativa reveladora de que también el progresismo local ha encontrado en los delincuentes un nuevo proletariado. Éstos son víctimas de la sociedad y la seguridad es un reclamo reaccionario.
En los años 70, los presos políticos batallaban por no ser encarcelados junto a delincuentes comunes. En los 2000, los que se dicen herederos de aquellas corrientes militan en las cárceles…
Esta obsesión por los márgenes conlleva el riesgo de la pérdida del ideal de igualdad y universalidad -los mismos derechos para toda la humanidad- en nombre de la reivindicación de minorías que fragmentan la lucha en una infinidad de causas: ecologistas, tecnófobos, veganos, etnicistas, etc.

El degenerado Michel Foucault en una manifestación callejera. A su lado, con abrigo claro, Jean-Paul Sartre
Si se indaga en el origen de estas fracturas, aunque no sea el único responsable, Foucault, por su encendida defensa de los prisioneros, los locos, los homosexuales y los inmigrantes, ocupa el podio de íconos de las minorías, hoy convertidas en lobbies. Estas tendencias con frecuencia acaban cuestionando los derechos humanos -por occidentales y colonialistas-, criticando hasta al feminismo (tradicional) -también occidental- y el universalismo, como signos de dominación imperialista. La raza, el género u orientación sexual, o la condición colonial son puestas por delante y por encima de la desigualdad socioeconómica. Y la lucha se fragmenta en infinidad de “colectivos” identitarios con objetivos limitados.
Pensemos que tuvimos un 15% del presupuesto dedicado a “políticas de género” en un país en el que las mujeres gozan de los mismos derechos que los hombres desde hace tiempo.
Para Roza, “el abandono de toda perspectiva de emancipación colectiva en provecho de la promoción del individuo, tiene algo de eminentemente liberal”. La filósofa también dice que el “ombliguismo” reivindicativo “interseccional” -término muy de moda que alude a quienes padecen varias formas simultáneas de dominación o discriminación- se combina muy bien con el neoliberalismo.
Pero tal vez la herencia más pesada de Foucault sea la destrucción de la escuela.
Dice Georgia Ray que Foucault “preparó la escuela de hoy, la del saber lúdico, del enseñante enseñado”.
Para él la escuela era un lugar de entrenamiento físico. No sin ironía, Ray dice que hoy los alumnos “ya no tienen que hacer fila y hasta pueden degollar a sus profesores”, en alusión al horrendo asesinato de Samuel Paty por un estudiante musulmán.
Marc Le Bris, maestro francés autor de un brillante ensayo sobre la decadencia de la escuela -”Y tus hijos no sabrán leer ni contar”, cuyo diagnóstico vale también para nosotros-, y culpaba esencialmente al Mayo francés por la crisis educativa.
Le Bris, que en su juventud participó entusiasta de ese movimiento, desarrolló luego, a la par del ejercicio de la profesión, una mirada muy crítica sobre las consecuencias de aquella revuelta a la que culpa por la destrucción de un sistema educativo que supo ser de excelencia.
Cuestiona a la “nueva pedagogía”, esencialmente constructivista, que Mayo del 68 contribuyó a instalar y al modo en que ese movimiento dio por tierra con elementos que eran “constructores de sociedad” y que la escuela transmitía, como la disciplina y las más elementales normas de cortesía.
Muchos de los protagonistas de la revuelta del 68 se siguen considerando hoy “anti-sistema”, aunque ya son parte de la elite. Entonces se dan raras inversiones, dice Le Bris, como que un fiscal se ponga de parte del delincuente. O que se hable del maestro “explotador” del niño, como el patrón explota al obrero.
Estas tendencias desconstructivas de la Escuela y del rol del maestro se han extendido a otras regiones del mundo, como bien lo sabemos en Argentina.
“Actualmente en Francia, ni el juez ni el procurador quieren que el delincuente vaya preso. Y hoy vale más ser delincuente que víctima porque la víctima del delincuente corre el riesgo de ser rápidamente menospreciada. Hemos invertido los valores y hoy vivimos en una sociedad en la cual la gente ‘instalada’ en el sistema se sueña revolucionaria, o en todo caso progresista, y entonces prefiere al delincuente antes que a la víctima y donde un maestro o cualquiera que deba ejercer una autoridad es fácilmente condenado”, decía Le Bris. Todo parecido con lo que vivimos en Argentina en los últimos años no es casual.
En materia educativa, estas corrientes pregonan la libertad y la autonomía del niño. “Se impuso una metodología obligatoria cuyo nombre es constructivismo y según la cual el niño construye por sí mismo sus saberes”. Es por entonces que “se empieza a hablar de ‘ritmos de progresión’, que no serían iguales para cada niño y por lo tanto el contenido debe organizarse por ‘ciclos’ y no por grados, se cuestionan las calificaciones, que no deben ser cuantitativas sino cualitativas”, decía Le Bris. ¿Te suena, no?
“Desde 1968, los maestros nos esforzamos por hacer lo que creíamos complacía a los niños: darles libertad, dejarlos entrar en ruidoso tropel a la clase, dejar que se interrumpan unos a otros e incluso que nos interrumpan a los docentes, dejarlos escribir sin respetar los renglones, etc. Porque se tomó a los niños por adultos, se consideró que no toleran la autoridad, cuando es todo lo contrario, la necesitan”, decía, aludiendo a otro resultado de la acusación contra la escuela como institución opresiva..
La otra herencia del 68 es la idea de que la escuela formateaba burguesitos; idem la universidad. Hoy llevado a su máxima expresión: la ciencia misma es burguesa, capitalista, eurocéntrica, machista, misógina, etc. Le Bris señala al sociólogo Pierre Bourdieu, como otro gran responsable de esta debacle por su teorización de la escuela como reproductora de “burgueses”.
Decía Le Bris: “Como si hubiese conocimientos que son burgueses y otros que no… Se decía: hay que evitar la transmisión idiotizante de los conocimientos, que los pequeños proletarios no se dejen engañar… Pero los ‘conocimientos’ son la cultura de la humanidad. Y la humanidad tiene una sola cultura, no una proletaria y otra burguesa. Salvo que se crea que el hijo del obrero tiene que limitarse a saber de mecánica y que el Cid o la Divina Comedia no son para él. ¿Realmente piensan que el obrero no quiere que sus hijos aprendan las ciencias ‘burguesas’? ¿Medicina, matemática, física burguesas? Por favor, quieren, como todo el mundo, la mejor ciencia, los mejores conocimientos, la mejor educación para sus hijos”.
“Hay que dejar de pensar que la selección escolar es un concepto fascista cuando es un elemento democrático: se hace sobre los conocimientos adquiridos”, afirmaba Le Bris. “Una igualdad mal entendida lleva a negar la selección por el mérito e impide a los niños correr hacia lo mejor, como los futbolistas hacia el arco”, decía también, acusando a otro eslogan del 68: “abajo la selección”. O la consigna que le daban durante su formación como docente: “Los alumnos tienen más para enseñarnos a nosotros que nosotros a ellos”.
“Bourdieu dice que la escuela reproduce la estructura social y que está para eso. Que está al servicio del capitalismo, de la clase dominante. Es mentira. Yo tuve compañeros que eran hijos de campesinos bretones y se convirtieron en grandes ingenieros, en gerentes de grandes empresas francesas”. La escuela tradicional permitió “la elevación de los mejores en base al mérito escolar”, sostiene.
Ahora en cambio, estamos des-ilustrando, mediocrizando incluso a los hijos de los burgueses, concluye.
Georgia Ray señala lo que quizás engloba toda la herencia de Foucault: “La destrucción de la cultura occidental, que seguimos llamando deconstrucción por ‘coquetería estructuralista’”.
“En lugar de transmitir los conocimientos adquiridos, nos interesamos en las condiciones de posibilidad de esas cosas que ahora diseccionamos con escalpelo. Lo interesante ya no es nuestra propia historia, nuestra literatura, nuestras ciencias y nuestras artes, sino la estructura de nuestros saberes, la forma en que son elaborados…”
Decía Foucault: “Hubiera querido que consideráramos nuestra propia cultura como algo tan extraño a nosotros como la cultura de los Arapesh o los Nambikwara”.
“El ruego de Foucault se cumplió -constata Ray- porque ya estamos en eso: nuestra cultura se nos ha vuelto, en apenas 50 años, totalmente extraña”.
“En tiempos de libre acceso al conocimiento, casi nadie sabe ya gran cosa; en nombre de la comprensión de las condiciones de producción, la cultura ha sido vaciada de sustancia”, es su triste conclusión.
sábado, 10 de febrero de 2024
miércoles, 9 de agosto de 2023
martes, 6 de junio de 2023
viernes, 26 de mayo de 2023
domingo, 21 de agosto de 2022
Rusia: Atentado a la hija del filósofo nazi favorito de Putin
Murió en una explosión la hija de Aleksandr Dugin, el cerebro de Vladimir Putin
El episodio ocurrió en la región de Moscú y distintos reportes aseguran que se trató de un atentado, posiblemente dirigido contra el intelectual con lazos con el Kremlin
Explosión fatal del vehículo de Darya Dugina en Rusia
Medios rusos reportaron este sábado la muerte de Darya Dugina, hija del filósofo Aleksandr Dugin, ligado al Kremlin, en una explosión en su auto en la región de Moscú.
Aunque los primeros reportes no dieron precisiones sobre el episodio, se sabe que se trató de una explosión que podría haber sido provocada en una carretera en Rublyovka. Algunos especulaban sobre si se trató de un ataque dirigido a su padre, vinculado al presidente Vladimir Putin.
Las redes sociales mostraron fotografías de Dugin en la escena de la explosión, llevándose las manos a la cabeza delante del automóvil en llamas.
Los testigos señalaron que una fuerte explosión sacudió el vehículo en medio de la carretera a las 21:45 (hora local), diseminando escombros por toda la zona. A continuación, el vehículo chocó contra una valla antes de quedar completamente tomado por las llamas, de acuerdo con los videos y fotos del lugar de los hechos.
La prensa local afirmó que los servicios de emergencias no lograron identificar el cuerpo de la persona que conducía por encontrarse calcinado.
Darya Dugina había sido incluida en la lista de los sancionados por el Reino Unido el pasado 4 de junio de 2022, en el marco de la respuesta de Occidente por la invasión rusa a Ucrania. Había sido apuntada por “brindar apoyo o promover políticas para desestabilizar Ucrania”.
Por el momento las autoridades no se han pronunciado al respecto, pero el jefe separatista de la República Popular de Donetsk en el este de Ucrania, Denís Pushilin, escribió en su cuenta de Telegram que detrás del ataque están “terroristas del régimen ucraniano” que intentaban matar a Duguin.
Quién es Aleksandr Dugin
Dugin, a menudo llamado “el Rasputín de Putin” o “el cerebro de Putin” por la prensa internacional, es el autor de facto de la estrategia ucraniana de Putin. Aunque no tiene ningún cargo oficial en el gobierno -es más bien un académico a tiempo y antiguo editor jefe de Tsargrad TV, una cadena conocida por su ferviente apoyo tanto a Putin como a la Iglesia Ortodoxa Rusa- y ha sido perpetuamente cauteloso sobre los detalles de su relación con Putin, su lenguaje y retórica han sido adoptados por el Kremlin desde hace tiempo.
Como un pequeño ejemplo, sus usos en 2013 y 2014 del término “Novorossiya” (Nueva Rusia) para los territorios del este de Ucrania que Rusia deseaba reclamar se reflejaron poco después en el lenguaje propagandístico de Putin apoyando la ocupación de Crimea.
Nacido en 1962 en el seno de una familia soviética de alto rango (el padre de Dugin era oficial de inteligencia militar), Dugin alcanzó la fama nacional en la década de 1990 como escritor del periódico de extrema derecha Den. Un manifiesto publicado en 1991 en Den, “La gran guerra de los continentes”, exponía su visión de Rusia como una “Roma eterna” enfrentada a un Occidente individualista y materialista: la “Cartago eterna”.
A principios de la década de 1990, Dugin cofundó el Partido Nacional Bolchevique con el controvertido novelista de pornografía punk Eduard Limonov, mezclando la retórica y la imaginería fascista y comunista-nostálgica; la transgresión vanguardista e irónica (y no tan irónica); y una auténtica política reaccionaria.
Quién es y cómo piensa Aleksandr Dugin, el filósofo favorito de Putin seducido por el peronismo
Cuatro claves para entender por qué el asesor del presidente ruso, conocido como “el Rasputín de Putin” y viejo socio político de Eduard Limónov, encontró en Juan Domingo Perón una plataforma para difundir la nueva política de expansión internacional de Rusia
Por
“Me gusta muchísimo su país, la cultura argentina, la filosofía argentina, Carlos Astrada, la cultura del gaucho, esta identidad, esta identidad profunda que se siente en Argentina a pesar de la modernización”, se presentó el singular moscovita Aleksandr Dugin. Fue en la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, en la ciudad de Buenos Aires, antes de una conferencia sobre geopolítica. Era noviembre de 2017, pero “el pensador de la nueva Rusia de Vladimir Putin”, como se lo conoce en los círculos intelectuales por su planificación de la política internacional de la Federación Rusa, había iniciado sus viajes a la Argentina en 2014.
De hecho, Dugin ha sido un visitante asiduo hasta abril del año pasado, cuando dictó en suelo argentino otra serie de conferencias sobre el 70° aniversario del Congreso Nacional de Filosofía de Mendoza, el evento en el que se presentaron en 1949 las bases de La comunidad organizada, el libro en el que estableció su filosofía de gobierno nada menos que Juan Domingo Perón. La celebración era oportuna, ya que para este intelectual ruso de 58 años, hábil para explotar la etiqueta de “el filósofo más peligroso del mundo”, como lo han caracterizado en los medios europeos, o “el Rasputín de Putin”, como señala Hinde Pomeraniec en Rusos de Putin, el legado peronista es hoy uno de los insospechados aliados estratégicos para la “causa rusa” que Dugin ayudó a diseñar como asesor del presidente de la Duma Estatal de la Federación Rusa entre 1998 y 2003, y como jefe del Departamento de Sociología de las Relaciones Internacionales en la Universidad Estatal de Moscú entre 2009 y 2014.
La más afín a las grandes aspiraciones de influencia mundial de Vladimir Putin es la idea que este filósofo y sociólogo llama Cuarta Teoría Política: una superación de las tres grandes teorías políticas del siglo XX (el liberalismo, el comunismo y el nacionalismo) que, por sus erradas interpretaciones del individuo, la clase y la nación, demostraron ser insuficientes para integrar política, cultural y espiritualmente una región continental tan vasta como la euroasiática, el área sobre la que Rusia intenta construir un bloque de oposición a la globalización liberal liderada por los Estados Unidos.
A primera vista, los puntos de contacto entre el putinismo ruso y el peronismo argentino pueden sonar insólitos, incluso descabellados. Pero es contra esta percepción que Dugin ha trabajado para explicar que el eurasismo, el modelo de expansión continental rusa basado en los vínculos de distintas sociedades tradicionales asentadas en Europa del Este y Asia pero con intereses estratégicos comunes, puede dialogar con una potencial alianza del continente latinoamericano como la que, en su momento, Perón proyectó entre Argentina, Brasil y Chile. “Por eso me pone muy contento estar con Argentina, porque estando junto a ustedes defiendo mi causa, la causa rusa, la causa de la comunidad organizada, de la justicia y de la identidad”, escribe Dugin en Logos argentino. Metafísica de la Cruz del Sur, su libro dedicado a entender la Argentina.
El filósofo argentino Esteban Montenegro es uno de los más agudos lectores de la obra de Dugin, editor de sus conferencias en Argentina y autor de Pampa y Estepa. Peronismo y Cuarta Teoría Política, un libro que vuelca las ideas del pensador ruso (identificado con la estepa) hacia un diálogo activo con la filosofía argentina (identificada con la pampa). “La Cuarta Teoría Política de Dugin tiene la virtud de no dar indicaciones sino de abrir preguntas e invitar a repensar más allá de la ‘grieta’ entre neoliberales y progresistas, en la que hay más continuidad que ruptura”, explica Montenegro. De ahí que, a partir de lo que Dugin proyecta para Rusia, la apuesta sea renovar las herramientas para repensar la Argentina. “Hay necesidad de una mirada patriótica y soberanista que, ligada al mundo del trabajo, y arraigada en la propia tradición, pueda desafiar a las izquierdas y a las derechas hegemónicas”, sostiene Montenegro.
En este escenario, el legado de Perón funciona como una figura atractiva y aglutinante, tan útil para discutir lo que los putinistas rusos consideran de valor estratégico al proyectar sus intereses en Iberoamérica como para que los peronistas argentinos discutan, también, la reconstrucción de un peronismo menos relativista y concesivo a la hora de ejercer el poder. La tarea no es simple y, como señalan unos y otros, requiere evitar los dogmatismos de sus respectivos pasados. Tanto es así que, durante una de sus conferencias en la Confederación General del Trabajo, Dugin sorprendió a los oyentes diciendo que “Perón sobrevive a su muerte porque ha creado al peronismo, mientras que el putinismo no existe”. Lo que existe para “el despertar de Rusia” es el eurasianismo y la Cuarta Teoría Política, y la Teoría del Mundo Multipolar y la geopolítica. Conceptos que, con ánimo provocador, el pensador cuya voz llega a los oídos de Putin usa para dividir el mundo en términos claros: “Si usted está en favor de la hegemonía liberal global, usted es el enemigo”.
1. Eurasianismo y peronismo: Rusia más allá de Rusia y Argentina más allá de Argentina
El núcleo de la expansión de la “nueva Rusia de Putin” está en la hipótesis de que Rusia es una civilización distinta de la occidental, una idea conocida para quienes hayan leído Limónov, la exitosa biografía que el francés Emmanuel Carrère publicó en 2011 sobre el escritor y político ruso Eduard Limónov (1943-2020). Fue junto a este exótico personaje que Aleksandr Dugin fundó, en 1992, el Partido Nacional Bolchevique, cuya conflictiva disolución llevaría al futuro asesor presidencial a crear en 2001 el Movimiento Euroasiático. Bajo una u otra forma, la premisa del eurasianismo es la misma: sobre las huellas del fracaso de la Unión Soviética y las ideas de filósofos como Martin Heidegger y Carl Schmitt, Rusia debe aspirar a conservar, proteger y liderar, con una perspectiva imperial, una identidad común entre la diversidad de países, etnias, comunidades, religiones e incluso Estados bajo su influencia en Europa del Este y Asia. En un mundo dividido en civilizaciones, por lo tanto, la “civilización de la tierra euroasiática” dirigida por Rusia resultaría la mejor opción para defenderse ante el imperialismo de la “civilización marítima atlántica”, dirigida por los Estados Unidos y sus aliados.
En este sentido, sostiene Dugin, el continentalismo de Juan Domingo Perón debe reivindicarse como “la forma iberoamericana” de llevar adelante esta civilización de la tierra, “porque donde están los ibéricos, portugueses, españoles e indígenas que han entrado en este contexto criollo, ahí está la civilización de la tierra, de la identidad”. Dispuesto a trazar alianzas mucho más allá de las fronteras geográficas, Dugin también sostiene que el futuro de América Latina y de Argentina está en esta “lucha”, en este “despertar de la identidad profunda latinoamericana”, capaz de despertar el “logos iberoamericano”, tal como el propio Perón planificó en su época. Mientras tanto, para comprender cómo la causa euroasiática funciona entre los conflictos internacionales reales, basta observar la presencia rusa en Siria, donde el liderazgo militar de Putin se desenvuelve por encima de las diferencias religiosas entre las facciones en lucha.
2. La Cuarta Teoría Política en Rusia y la Tercera Posición en Argentina: ni liberalismo, ni comunismo, ni nacionalismo
El paso siguiente a la reivindicación territorial del eurasismo es un nuevo modelo ideológico para organizar su sentido político. Y una vez más, la nueva Rusia de Putin y la vieja Argentina de Perón parecen compartir puntos en común. “El diálogo entre ambas tradiciones parte de una necesidad común de encontrar un modelo político alternativo tanto al comunismo como al liberalismo”, explica Montenegro. En su libro, el argentino define la Cuarta Teoría Política como una alternativa ante las tres teorías políticas clásicas (el liberalismo, el comunismo y el nacionalismo) bajo una nueva luz. De lo contrario, solo queda la sumisión ante la única teoría política triunfante: el liberalismo, que en defensa del “individuo” concibe al ser humano como algo liberado de cualquier identidad colectiva, “pues todas son coercitivas y violentas”, explicó Dugin en una charla en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en 2017. Para el ruso, “si liberamos al socialismo de sus rasgos materialistas, ateos y modernistas, y si rechazamos los aspectos racistas y xenófobos de las doctrinas nacionalistas, llegamos a un nuevo tipo de ideología política”. El objetivo, por supuesto, es imaginar una manera nueva de enfrentar al viejo enemigo triunfante.
¿Pero esta no es acaso la famosa Tercera Posición del peronismo, que se negaba en plena Guerra Fría a las etiquetas de capitalistas o marxistas? “Lejos de verlo como algo ajeno o que meramente repite ideas ya conocidas, nosotros consideramos que nos ayuda a sacar del olvido cosas que permanecen ocultas en nuestras mejores tradiciones”, escribe Montenegro en Pampa y Estepa. Peronismo y Cuarta Teoría Política. ¿Y si fuera posible entonces actualizar la doctrina peronista a la luz de una nueva época? ¿Es factible una Cuarta Teoría Política Iberoamericana que combine las miradas putinistas y peronistas en el siglo XXI? En este punto, el debate peronista aún parece obligado a resolver varias discusiones internas respecto al viejo modelo de “unidad nacional”, que con la pretensión de conciliar capital y trabajo, gira hasta hoy sobre posiciones tan antagónicas como la “derecha peronista” y el “progresismo”, con sus respectivas acusaciones cruzadas de “fascismo” y “comunismo”.
3. Teoría del Mundo Multipolar y geopolítica: lo que el putinismo puede y lo que el peronismo quiere
La hipótesis de Dugin es que los países con una política exterior firme son aquellos que reafirman el hecho de que sus verdaderas fronteras políticas, en realidad, llegan tan lejos como la unidad del pueblo en torno a su tradición y la conciencia estratégica de sus dirigentes. Eso es lo que el propio Putin intenta probar al intervenir a través de Siria, en Oriente Medio, y rediseñar la relaciones con países como Turquía e Irán. Y esta es también la base para la Teoría del Mundo Multipolar, dispuesta a enfrentar el mundo unipolar del liberalismo encabezado por los Estados Unidos. Toda la obra de Dugin confluye en este objetivo, con la salvedad de que, en el proceso, admite el espacio para que surjan distintas identidades locales con mayor autonomía que la que, en su época, permitió la Unión Soviética. Pero detrás de esta discusión hay además un proyecto existencial arraigado en las maneras en que cada país es capaz de entenderse a sí mismo y al mundo del que forma parte. En el caso de Argentina, donde la mayoría de los textos y manuales que conforman la tradición geopolítica son anglosajones, señala Dugin, la posibilidad de pensar una política exterior firme implica otros desafíos.
Durante una de sus visitas a la provincia de Córdoba, el asesor de Putin dio más detalles de esta cuestión: “Quienes se presentan como los verdaderos amos del mundo intentan imponer su agenda a todos los pueblos. Lo hacen reduciendo su soberanía a cero, a través de la economía y de la técnica, y a través de instituciones supranacionales internacionales que limitan abiertamente el margen de decisión de las civilizaciones”. Por lo tanto, de la misma manera que la Unión Europea funciona como una confederación dotada de sus órganos de gobierno y una visión geopolítica, “la Unión Euroasiática de Putin puede considerarse como la reintegración del espacio postsoviético para crear otro polo”. En el caso argentino, sin embargo, el recorrido por este tipo de experiencias es tan diverso como caótico: del proyecto de integrarse al BRICS (la alianza de las economías emergentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) al endeudamiento récord con el Fondo Monetario Internacional, es claro que la posición geopolítica está lejos de consolidar un eje coherente a lo largo del tiempo.
4. El orden mundial y Rusia después de la pandemia de COVID-19
Si la pandemia por el Covid-19 alterará las condiciones para un mundo multipolar es una pregunta por resolver. En tal caso, Aleksandr Dugin, al igual que muchos filósofos de primer orden, tampoco tardó en definir el evento como un punto de inflexión en la historia moderna. “No es el fin del mundo como tal, sino ciertamente el fin del sistema mundial capitalista global, unipolar, dirigido por Occidente”, dijo en una entrevista en mayo. “Lo que ni las ideologías, ni las guerras, ni las feroces batallas económicas, ni el terror, ni los movimientos religiosos han podido hacer, lo ha logrado un invisible pero mortal virus. Trajo consigo la muerte, el dolor, el horror, el pánico, las penas… pero también el futuro”, vaticinó también en marzo. Sin embargo, se permitió algunas críticas al presidente ruso. “Su vínculo con Putin pasa más por la incidencia de su obra en la conciencia estratégica rusa que por un vínculo político-ideológico directo. De hecho, es crítico de Putin en muchos aspectos”, advierte Montenegro.
Lo cierto es que Dugin no dudó en caracterizar las primeras medidas del gobierno ruso como “un poco confusas, quizás sospechando que los países occidentales tenían alguna agenda política o económica oculta detrás de ello”, a la vez que criticó una cuarentena que “destruyó casi por completo las pequeñas y medianas empresas”. Ahora, y hasta que el tráfico aéreo alrededor del mundo se normalice y pueda difundir otra vez en persona los planes para un mundo multipolar y eurasiático, lo que resta para Dugin es la batalla contra la censura en internet. En las últimas semanas, el “Rasputín de Putin” denunció en Facebook que sus cuentas en Twitter y YouTube, además de su presencia en Google, fueron atacadas por piratas informáticos que, “como parte de una conocida guerra a gran escala en el ciberespacio, esta vez parecen tener un objetivo puramente intelectual”.
viernes, 9 de abril de 2021
Orígenes del pensamiento estratégico chino
Los orígenes del pensamiento estratégico chino
W&W
Durante los últimos tres milenios, los chinos han mirado hacia adentro, presumido y apreciado su superioridad moral, y desdeñado pero temido a los merodeadores e invasores externos. Aquí, por supuesto, hay que distinguir a los emperadores étnicos Han de los gobernantes khitan, mongoles y manchúes que impusieron su dominio en el Reino Medio durante muchos siglos. Sin embargo, incluso los emperadores no han abrazaron las suposiciones de seguridad del Reino Medio y el temor al colapso provocado por "el desorden interno y la calamidad externa". No vieron la necesidad de conquistar territorios "bárbaros" más allá del imperio, sino solo de administrar a los vecinos cercanos como vasallos serviles contra enemigos más poderosos y distantes. Excepto cuando se veían amenazados directamente por "bárbaros" no han, los gobernantes chinos consideraban a estos vecinos como parte del cinturón de seguridad de la nación. A cambio de exigir lealtad y tributo a los estados vasallos, los emperadores se comprometieron a protegerlos. Durante muchos siglos, los emperadores chinos consideraron el uso de la fuerza como último recurso.
En el nivel estratégico, la filosofía china dominante creó una cultura caracterizada por un "secularismo fuerte, una religiosidad débil", una "inclusión fuerte, una exclusividad débil" y "un conservadurismo fuerte, una agresividad débil". Estas características aparecen y disminuyen en una China del siglo XX asolada por la guerra, la revolución y la globalización, pero los chinos ahora parecen creer que están en ascenso y en el pasado reciente han dado primacía a la diplomacia en la resolución de disputas. En la China de hoy, los líderes se basan en el código de conducta tradicional que "la paz reclama precedencia" (he wei gui). Desde Mao hasta Deng, Jiang Zemin y ahora Hu Jintao, se invoca a he wei gui para justificar las negociaciones diplomáticas y evitar la guerra. En la tradición, la paz y la estabilidad aseguraron el progreso y la bendición del cielo, mientras que la guerra podría desencadenar décadas de luchas y dar paso a siglos de dominio extranjero. Esa tradición encuentra eco en los consejos políticos y militares modernos de Beijing, y la volveremos a encontrar al final de nuestra investigación.
Los peligros de la guerra y las oportunidades generadas por la tranquilidad duradera requerían estadistas hábiles y políticas prudentes, y los chinos sostenían que los escritos de los sabios antiguos y venerados eran textos de lectura obligada para todos los aspirantes a líderes y cadetes jóvenes en formación. Aquellos inmersos en la sabiduría de los antepasados atesorados estarían mejor equipados para guiar al barco del estado lejos de desastres inminentes y hacia un ideal común. Ya sea que se hable del Mandato del Cielo o de la autoridad de los cuadros del Partido, el tema siempre comienza aprendiendo del pasado y prestando atención a sus supuestas lecciones.
Para aquellos encargados de proteger a la nación contra las incursiones extranjeras y los conflictos internos, el lugar para comenzar fue Sun Tzu, el renombrado estratega militar del Reino Medio. Su Arte de la guerra, escrito alrededor del 500 a.C., durante los años de primavera y otoño de la dinastía Zhou, resume la noción clásica de que los mejor preparados para la guerra o ganarán sin luchar o lucharán y ganarán. Hay que estudiar la guerra. Sus reglas y principios básicos son universales y, en conjunto, son un arte que puede y debe aprenderse. Sun Tzu insta a los líderes a pensar con valentía pero a actuar con extrema precaución porque la guerra es "una cuestión de vida o muerte, un camino hacia la seguridad o la ruina". Como Confucio declaró más tarde, "Los cautelosos rara vez se equivocan".
En esencia, el arte de la guerra es una batalla de ingenio, y aquellos que dominan el arte tienen la mayor esperanza de ganar sin luchar. Esa lucha mente contra mente se caracteriza por estratagemas brillantes, diplomacia activa y engaño, e intimidación juiciosa. Sin embargo, la lucha armada a veces no se puede prevenir, y la guía de Sun Tzu para generaciones de generales estipuló las prioridades para lograr la victoria o evitar la derrota cuando ocurre la guerra: “Lo que es de suprema importancia en la guerra es atacar la estrategia del enemigo. La siguiente mejor opción es romper sus alianzas mediante la diplomacia. La siguiente mejor opción es atacar a su ejército. Y la peor política es atacar ciudades. . . . Los expertos en la guerra someten al ejército enemigo sin batalla. . . . Por eso digo: Conoce al enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas, nunca serás derrotado ".
El arte de la guerra combina las habilidades del arte de gobernar y el de general, aunque Sun Tzu advirtió: "Aquel cuyos generales sean capaces y el soberano no interfiera con ellos, saldrá victorioso". Los historiadores también registran historias del lado despiadado de Sun Tzu que trascienden esta advertencia. Una historia ilustra su feroz insistencia en someterse al mando. Cuando el rey del estado de Wu lo desafió a demostrar sus habilidades perforando a las concubinas del palacio, Sun Tzu dividió a las mujeres en dos grupos y explicó su demanda de obediencia absoluta y las sanciones por fallar. Cuando sus nuevos reclutas simplemente se rieron y lo ignoraron, Sun Tzu seleccionó a los dos favoritos del rey y los hizo decapitar. La risa terminó. “En medio del tumulto y el alboroto, la batalla parece caótica, pero no debe haber desorden en las propias tropas ", escribió Sun Tzu. Desde el imperio hasta la revolución y la Guerra de Corea, los soldados chinos han luchado con la certeza de que la obediencia férrea es su única opción.
Los dictámenes de Sun Tzu se repiten en los textos de Confucio. Los líderes sabios, sostenía Confucio, deben reflexionar constantemente sobre la guerra y prepararse para ella. La decisión de seguridad nacional más importante se produce al seleccionar un comandante militar. El líder de una nación debe elegir como generales o miembros de su equipo de seguridad nacional, como diría Washington, a aquellos que comprenden la combinación adecuada de preparativos políticos y militares para la guerra, afrontan las próximas batallas con prudencia y actúan con cautela. Los generales demasiado confiados o los asesores de seguridad ineficaces pueden arruinar al estado más fuerte. Para Confucio, un comandante calificado “debe tener miedo de la misión que va a emprender” y debe ser capaz de ganar mediante estrategias planificadas con prudencia que superen y superen a un adversario.
Los chinos tradicionalmente consideraban desfavorables los símbolos de la fuerza (espadas, pistolas, trofeos y medallas de guerra). Una máxima china dice: "Los buenos en la guerra no hablan de la guerra" (shan zhan zhe bu yan zhan). Durante generaciones, los mejores generales evitaron jactarse de sus habilidades militares e hicieron todo lo posible para evitar una lucha armada. Si estallaba la guerra, perseguirían y traerían la victoria porque se habían preparado con tanta diligencia política, psicológica y militarmente. En los tiempos modernos, típicamente denigraban el "énfasis en la fuerza militar" de Occidente (shangwu) y adoptaron una "evasión de la fuerza" (rouwu o "militares suaves") o una postura de postura baja. Las amenazas veladas y las “lecciones” militares de ataques breves reflejan este legado clásico en la China moderna. La cultura menospreció la carrera hacia la guerra y elogió su evitación como señales de sabiduría y fuerza moral.
El contraste de las filosofías militares estadounidenses y chinas
Los estrategas chinos se basan en estas perspectivas clásicas para estudiar y evaluar a los adversarios potenciales, extrapolando las filosofías militares de su conducta en el campo de batalla. El proceso didáctico de comparación y evaluación de las diferencias percibidas ha ayudado a trazar la ecuación de pasivos y activos subyacentes a las doctrinas de cada lado y ha sentado las bases para enfrentar la estrategia contra la estrategia. Esto constituye un ejercicio de la gran tradición de Sun Tzu y un preludio para dirigir el complejo proceso desde la decisión del mando nacional hasta las tácticas del campo de batalla.
Estos estudios comparativos, alojados en academias militares y colegios de mando y estado mayor, comienzan con lo básico, a veces muestran una visión considerable y, a menudo, destilaciones simplistas y sesgadas. Comienzan con afirmaciones sobre conceptos básicos de la naturaleza humana, y aunque hablan un tanto grandilocuentemente de "Occidente", con mayor frecuencia se refieren a los Estados Unidos o la caracterización de sus creencias y prejuicios. Para Occidente, dicen estos académicos uniformados, se considera que la naturaleza humana es mala, lo que hace que sus ciudadanos exageren la importancia de la ley y dependan de los tribunales para castigar y reparar los agravios cometidos contra las personas. Los chinos en la corriente principal de la tradición confuciana, por el contrario, sostienen que la naturaleza humana es buena o tal vez simplemente neutral y puede beneficiarse de la educación y la sabiduría colectiva del pasado. Para los chinos, la aplicación impuesta por los tribunales, excepto para proteger al estado, es un último recurso o un artefacto extranjero que debe despreciarse. Traducido al nivel de cultura estratégica, los estrategas occidentales confían en la política de poder, enfatizan la mala conducta individual en contraposición a la social y amenazan con represalias enérgicas para respaldar las demandas de negociación. Los chinos, en términos generales, prefieren rondas recurrentes de diplomacia, insisten en la construcción de consenso, especialmente en asuntos de principios generales, y consideran que la armonía alcanzada a través de negociaciones y compromisos es el epítome de la habilidad diplomática.
Este presunto o presunto contraste en las visiones del mundo se aplica al ejercicio del poder militar como un medio para lograr objetivos políticos y económicos. En comparación con los líderes de Occidente, los chinos profesan otorgar un valor estratégico, incluso moral superior, a la tranquilidad y la paz, una condición ausente durante mucho tiempo en su propia historia moderna. Sin embargo, esta diferencia podría ayudar a explicar por qué los chinos a menudo ceden a las presiones del mundo exterior, especialmente en las primeras etapas de una crisis, y solo de forma repentina e inesperada recurren a la fuerza cuando se desarrolla una crisis y parece inevitable un conflicto frontal. Según los eruditos militares chinos, los occidentales a menudo terminan prematuramente las conversaciones a favor de la acción militar y, comparativamente hablando, más a menudo se niegan a explorar con paciencia áreas prometedoras de posible acuerdo.
Sosteniendo la opinión de que "la ofensiva es la mejor defensa", los occidentales, según el argumento chino, han adoptado con demasiada facilidad una postura agresiva para tomar la iniciativa, mientras que los chinos tradicionalmente "abandonan las acciones ofensivas en favor de posturas defensivas" ), un enfoque que subyace a una de sus doctrinas estratégicas básicas, la "defensa activa" (jiji fangyu). Un carácter chino de uso frecuente para "fuerza" (wu) refleja la ambivalencia de la cultura hacia su uso: el componente definitorio o parte "radical" del carácter es zhi, que significa "detener", mientras que el segundo componente, ge, es el nombre para una daga-hacha antigua. Tales contradicciones florecen en el idioma chino y hablan de manera sutil a lo que a veces se interpreta como un comportamiento chino "inescrutable". Sin embargo, a medida que avanza este estudio, encontraremos indicios de que ese comportamiento está cambiando bajo las demandas de la modernización militar y las complejidades de los desafíos de Taiwán y Estados Unidos.
En el lenguaje de la sala de guerra, los chinos enfatizan las intenciones, mientras que los occidentales se enfocan en las capacidades. A veces, este énfasis chino se expresa como una estrategia para buscar las debilidades de un adversario en contraposición a la fijación de Occidente en las fortalezas de un adversario.
En las últimas décadas, los occidentales pregonan su destreza en la ciencia y la tecnología, su hardware, aunque cualquier disparidad a este respecto parecería estar erosionándose rápidamente a medida que los chinos luchan por alcanzar la excelencia científica y tecnológica y parecen depender menos de la sabiduría de los tiempos. Sin embargo, la distinción entre una orientación "hardware" y una que proclama las virtudes del intelecto o "software" refleja variaciones en la cultura nacional, no solo en la etapa de desarrollo. La tradición de los intelectuales chinos de "dar importancia al autocultivo pero descuidar la tecnología" (zhong dao qing qi) puede estar menguando, pero los signos de su influencia están lejos de desaparecer.
De hecho, zhong dao qing qi figura en muchas críticas internas actuales del pensamiento militar chino. Los líderes y planificadores militares tienden a criticar la influencia del concepto por sus fracasos en convertir al Ejército Popular de Liberación en una fuerza de combate más capaz y por la persistencia de un sesgo que inhibe una concentración ininterrumpida en los avances tecnológicos. Aunque la inferioridad tecnológica supuestamente hace que los planificadores de PLA adopten estrategias más creativas que sus adversarios, esa inferioridad también reduce las opciones estratégicas y magnifica la importancia de los fracasos estratégicos.
Finalmente, las dos culturas se enfrentan en direcciones opuestas. China mira hacia adentro, exhibiendo cierta presunción, mientras que Occidente mira hacia afuera y parece inquieto por expandirse y controlar. Sería difícil encontrar un estadounidense a quien los chinos no hayan llamado impaciente o algo peor. En términos estratégicos, esto también refleja una dicotomía tierra-mar, al menos en los tiempos modernos. Durante generaciones, los estrategas occidentales pidieron el dominio de los mares y, más recientemente, del aire y el espacio exterior. Los estrategas chinos, desde Sun Tzu hasta los generales de Beijing, por el contrario, han sido guardianes de la tierra. Han prestado más atención a los desafíos políticos internos que a las crisis internacionales. Los conflictos y las crisis extranjeras rara vez tienen prioridad sobre la estabilidad interna y el poder político de los gobernantes establecidos.
Las unidades de misiles estratégicos, aéreos y marítimos de China pertenecen al Ejército Popular de Liberación y nunca han logrado una igualdad genuina con sus hermanos y hermanas en las fuerzas terrestres. Incluso en la era de los aviones y misiles de largo alcance, se cree que la gran masa continental de China proporciona una ventaja estratégica a pesar de que el EPL abandonó la doctrina de "atraer a un enemigo a las profundidades" en la década de 1980. China es esencialmente una economía continental, sus soldados en su mayoría provienen de pueblos sin salida al mar, y regímenes alienígenas uno tras otro han sido absorbidos por el vasto territorio de China. Estos se convierten en puntos de datos importantes al explicar las estrategias del ejército chino desde la Guerra Popular hasta la "defensa activa en las condiciones modernas".
Viejas ideas frente a nuevos conceptos
Los estrategas chinos de hoy reconocen y buscan modificar una serie de comportamientos que acompañan a la perspectiva tradicional. Se destacan tres de estos comportamientos no deseados. Primero, estos estrategas han comenzado a reconsiderar el antiguo artículo de fe de que China siempre ha sido la víctima inocente, el objetivo pasivo de la agresión extranjera. De hecho, Mao Zedong interpretó toda la historia china moderna bajo esta luz y pidió a la gente que "se ponga de pie". Además, perpetuó tanto la propensión de los líderes a prepararse para lo peor al formular políticas en crisis como su alergia a tomar la iniciativa. En 1955, amonestó a sus asociados: “[Nosotros] no sufriremos pérdidas si siempre tomamos en cuenta el peor escenario”, y a las generaciones posteriores se les enseñó a tomar en serio su advertencia. Impulsada por los repetidos reveses de los años revolucionarios, la planificación del peor de los casos trasladada a la República Popular y solo en la era de Jiang Zemin en la década de 1990 y más allá parecía estar desapareciendo.
Desde sus posiciones más fuertes y más seguras de sí mismos, al menos por el momento, se dice que los líderes occidentales están más inclinados a considerar una gama más amplia de opciones y consideran el peor de los casos como solo una de varias posibilidades. Donde una vez el EPL menospreció a Occidente en este sentido, ahora admira en privado y se esfuerza cada vez más por emularlo.
Un segundo comportamiento está implícito en el primero: extrema "cautela hacia la primera batalla" (shenzhong chuzhan). La tradición enseña a los chinos a temer que la primera ronda de la lucha pueda influir decisivamente en el resultado final de la guerra. Desde su perspectiva, los estrategas occidentales, por el contrario, se inclinan a creer que la superioridad militar de una nación puede compensar cualquier error estratégico inicial y que al tomar la iniciativa pueden definir el campo de batalla y determinar la naturaleza de las batallas por venir. Esto implica que los chinos, comparativamente hablando, pueden estar menos inclinados a correr riesgos antes de emprender grandes empresas o un conflicto armado y podrían ser menos flexibles después del estallido de una guerra. A lo largo del programa de pruebas nucleares de China, por ejemplo, hacerlo bien la primera vez se tradujo en muchas menos pruebas. Algunos explican esto señalando la pobreza de China, pero la actitud, como veremos en nuestro análisis posterior de la guerra fronteriza de Vietnam de 1979, refleja tanto la cultura como el dinero. A medida que los chinos se enfrenten cara a cara con la guerra moderna, la asunción de riesgos y la toma de la iniciativa, sugeriremos también, puede volverse obligatoria, y la creciente prosperidad interna bien podría facilitar el cambio a un "estilo occidental" de conducta militar.
El comportamiento final no deseado que debemos tener en cuenta es uno de metodología más que de estilo. Los estrategas del EPL conceden importancia al macroanálisis y creen que sus homólogos en Occidente prestan más atención al microanálisis. Las variaciones en el enfoque de la ciencia y la tecnología se consideran parte de esta disparidad de comportamiento, al igual que las perspectivas hacia la naturaleza humana, las cuestiones de principios y las técnicas de negociación. Sin embargo, los chinos sostienen que este sesgo metodológico se basa tanto en la necesidad como en la elección. Reconocen que ni los métodos cuantitativos ni cualitativos por sí solos pueden producir una imagen estratégica completa y adecuada, y lograr un equilibrio entre las dos metodologías en el mundo actual no es fácil.
Por el momento, el ejército chino carece de suficientes medios técnicos sofisticados para la vigilancia y el reconocimiento en tiempo real necesarios para realizar juicios cuantitativos precisos o la inteligencia humana matizada para realizar evaluaciones cualitativas completas. La inferioridad tecnológica de China, concluyeron los líderes militares, ha paralizado o retrasado sus planes para la seguridad de la nación. El EPL busca con urgencia adquirir esos medios.
En las culturas militares tradicionales y de la era revolucionaria, los chinos primero formularon doctrinas estratégicas y luego determinaron el tipo, alcance y ritmo de los programas de armas. Su falta de recursos redujo entonces la gama de opciones y los márgenes de error. Hasta el día de hoy, las directrices estratégicas precedentes, siempre controvertidas y dolorosas de formular, tienden a dictar la dirección y el alcance de la mayoría de los programas de armas y otorgan un premio a las armas adquiridas para que coincidan con prioridades específicas. Este enfoque limita la obtención de armas optimizadas no solo para las necesidades inmediatas, sino también capaces de modificaciones flexibles para hacer frente a contingencias inesperadas durante toda la vida útil del arma. Hace que sea más difícil considerar sistemas de armas interrelacionados y hace que la I + D sobre ellos dependa principalmente de análisis de conflictos pasados chinos y extranjeros, y mucho menos de incógnitas futuras.
Si bien "luchar en la última guerra" y adoptar tecnologías desarrolladas en otros lugares no son exclusivas de China, el Ejército Popular de Liberación ha comenzado a reconocer recientemente que el profundo cambio posterior a Vietnam en las fuerzas armadas de EE. UU., Que busca superar las armas de próxima generación y tácticas, es posible gracias a una sinergia activa entre las teorías imaginativas del campo de batalla y las tecnologías innovadoras. Ni las doctrinas ni los programas de armas son necesariamente lo primero. Cada uno puede impulsar al otro, una realidad que solo recientemente se ha comprendido y aceptado en la República Popular.
Lo que estamos viendo es que las diferencias culturales, tan importantes en años anteriores, han comenzado a reducirse y su influencia continua a menudo disgusta a los oficiales del EPL más jóvenes y mejor capacitados. Las razones de esta continuidad, sin duda, pueden deberse en cierto grado a la escasez de recursos tanto como de visión, aunque ejemplos como el rechazo de la fuerza aérea de sistemas de control de tráfico aéreo basados en satélites más baratos y avanzados en favor de radares obsoletos en Los años noventa sugieren que el problema es tanto de mentalidad como de dinero.
La evolución que está ocurriendo en el hardware y las doctrinas militares de China ha resultado en gran parte de la aplicación directa de la experiencia militar de Corea a Vietnam, de la planificación de un conflicto en el Estrecho de Taiwán y de las dramáticas lecciones que nos brindaron las guerras libradas por los Estados Unidos. desde la debacle de Vietnam. Persisten la planificación en el peor de los casos, la aversión al riesgo y la preferencia por el análisis cualitativo o el macroanálisis, al igual que las fronteras artificiales entre la doctrina militar y la adquisición de armas, los chinos están rectificando los problemas nacidos de pensamiento rígido y están modificando constantemente su enfoque de la guerra, haciéndolo más refinado y flexible.
En el curso de estos cambios, la crítica de conceptos pasados de moda se ha vuelto más directa y abierta. En 2001, un general de alto rango del EPL se hizo eco de la declaración de Sun Tzu de que la estrategia nacional es una cuestión de "vida o muerte" y un camino hacia la "seguridad o la ruina". Reprendió a los think tanks de la nación por no haber ideado esa estrategia para el nuevo siglo.
En respuesta, los principales estrategas militares comenzaron una revisión sistemática de los "seis dominios" de la estrategia: política, asuntos militares, economía, ciencia y tecnología, cultura y sociedad. Argumentaron que China enfrenta severos desafíos en las seis áreas y esbozaron cinco objetivos estratégicos en las próximas décadas: salvaguardar la soberanía y los “derechos” territoriales; mantener la estabilidad nacional y un entorno estable en la región de Asia y el Pacífico; promover el crecimiento económico; oponerse a la hegemonía y la política de poder; y construir un nuevo orden político y económico internacional.
martes, 19 de enero de 2021
Pensamiento griego contra la geoestrategia china actual
¿Atrapado por Tucídides? Actualización del canon estratégico para una era sinocéntrica
John Sullivan || War on the Rocks
Las raíces griegas antiguas son profundas en América. "Lo que Atenas era en miniatura", predijo Thomas Paine, "Estados Unidos será en magnitud". Desde el comienzo del experimento estadounidense, la historia de Tucídides de la guerra entre Atenas y Esparta brindó lecciones útiles para los padres fundadores de la nación. John Adams escribió a su hijo de diez años, John Quincy, que su futuro país "puede requerir otras guerras, así como consejos y negociaciones", y agregó: "[t] aquí no hay Historia, tal vez, mejor adaptada a este útil Propósito que el de Thucidides. " Casi dos siglos después, cuando una Guerra Fría emergente amenazaba el sentido de seguridad de Estados Unidos, el secretario de Estado George Marshall declaró: “Dudo seriamente que un hombre pueda pensar con total sabiduría y con profundas convicciones sobre algunos de los problemas internacionales básicos de hoy que no ha menos revisó en su mente el período de la Guerra del Peloponeso y la Caída de Atenas ".
El final de la Guerra Fría no resultó en la jubilación de Tucídides. “Siempre que tenemos una nueva guerra, tenemos un nuevo Tucídides”, señaló astutamente Joseph Lane. Más recientemente, el texto fue reutilizado en el siglo XXI por el profesor de Harvard Graham Allison para describir los riesgos de la guerra con una China en ascenso en términos de una supuesta "trampa de Tucídides". En su última repetición, la analogía resulta más tensa que esclarecedora. Ni Estados Unidos ni China encajan perfectamente en los viejos roles antagonistas Atenas-Esparta, ni el sistema internacional actual se parece al sistema de la antigua Grecia: dos estructuras de alianzas aproximadamente iguales que compiten por el dominio dentro de los límites de una competencia de suma cero. Tucídides examina un posible resultado de una disputa prolongada entre dos grandes potencias que no poseen incentivos poderosos para preferir la coexistencia al dominio unilateral. El uso persistente (y mal uso) de Tucídides ha llevado a un pensamiento problemático sobre la competencia de las grandes potencias con China. Es hora de expandir nuestro pensamiento más allá de las perspectivas occidentales al considerar trabajos históricos sobre estrategia y rivalidad además de Tucídides.
Afortunadamente, ya existe un candidato viable dentro del canon chino, un trabajo más o menos contemporáneo de Tucídides. Este texto, conocido como Zuozhuan, es la narrativa histórica más antigua de China y narra el declive de la dinastía Zhou desde el 722 al 468 a. C. Al describir las maquinaciones de varios gobernantes, ministros y comandantes militares durante un lapso de 255 años, esta compleja obra maestra traza las difíciles decisiones estratégicas que enfrentaron las potencias regionales durante este período caótico mientras luchaban por adaptarse a una estructura de seguridad incierta. En particular, su descripción de la competencia entre las dos mayores potencias de su tiempo, los estados de Jin y Chu desde aproximadamente mediados del siglo VII hasta mediados del siglo VI, proporciona interesantes paralelos con el estado actual de las relaciones entre China y Estados Unidos. La rivalidad entre Jin-Chu reflejaba el desafío multifacético de dos potencias en competencia que navegaban en un sistema multiestatal que ninguno de los dos buscaba destruir o derrocar, sino que esperaba cooptar y liderar en sus propios términos. Además, la longitud del arco histórico medido en siglos en lugar de décadas facilita mejor el análisis del impacto estratégico a largo plazo de la competencia entre grandes potencias.
Los estudiosos de las relaciones internacionales pueden encontrar mucho que pensar mediante el estudio de este texto clásico. A medida que la autoridad central se retiraba, el antiguo sistema de Zhou reflejaba muchos rasgos similares a la anarquía, con docenas de estados regionales recurriendo a la hegemonía, al equilibrio o al carro para mitigar las amenazas a la supervivencia. Resulta que los líderes de las llanuras centrales de la antigua China practicaban la política de equilibrio de poder con tanta energía como sus homólogos europeos. También existían poderosos incentivos compensatorios dentro del sistema, en particular el deseo de volver a las reglas y normas que moderaban el comportamiento interestatal bajo la antigua rúbrica de gobierno Zhou. Estos incentivos tendieron a limitar el alcance y la escala de la guerra y abrieron posibles vías para la cooperación y la coexistencia. Esta combinación de realpolitik junto con el deseo de normas predecibles refleja de alguna manera el entorno de seguridad contemporáneo. Si bien deberíamos seguir estudiando a Tucídides intensamente, nos beneficiaríamos al emparejar su texto con este clásico casi contemporáneo de China.
¿Una posesión (china) de todos los tiempos?
El Zuozhuan es técnicamente un comentario de otro trabajo, The Spring and Autumn Annals. Algunos creen que fue escrito o editado por el propio Confucio, los Anales se desarrollaron en el estado regional de Lu como un registro de importantes acontecimientos políticos, militares, diplomáticos y de otro tipo. Si bien las entradas en los Anales son lacónicas y escasas, el Zuozhuan las complementa proporcionando un amplio trasfondo a través de construcciones narrativas y de diálogo. Proporciona la carne y los tendones conectivos a la estructura esquelética de Annal. Por ejemplo, en 632 a. C., los Anales simplemente registran que el Príncipe de Jin y sus aliados "pelearon con un líder Chu en Chengpu". Es solo a través de la narrativa de Zuozhuan que reconocemos esta como una de las batallas más famosas de la historia china. Como se describe en el texto, Jin engaña al ejército de Chu atando troncos de madera a la parte trasera de sus carros y levantando polvo para fingir una retirada. Cuando la fuerza de Chu se enamora de esta artimaña y se apresura a perseguirlos, el ejército de Jin los derrota decisivamente en lo que el texto etiqueta como un "ataque de pinza" (夹攻): un doble envolvimiento ejecutado con éxito cuatro siglos antes que Cannas.El Zuozhuan sigue siendo una piedra de toque cultural importante en China. Las viñetas históricas del texto se mencionan ampliamente en las obras de filósofos chinos icónicos del período de los Reinos Combatientes, como Mencius, Mozi, Xunzi, Zhuangzi y Han Feizi. Sima Qian, el famoso erudito que escribió durante la dinastía Han, también se basó en gran medida en el trabajo para construir su propia historia del período. Historias destacadas del texto viven como modismos coloridos (chengyu) en chino moderno, y Xi Jinping hace referencia a pasajes de Zuozhuan en sus discursos. Al discutir su mérito estratégico, Yao Nai, un erudito que escribió durante la dinastía Qing, señaló que el texto "sobresale en los discursos sobre el arte y las estrategias de la guerra".
Aunque ciertamente no ha sido examinado en Occidente (ha habido varios libros excelentes que discuten el valor literario, historiográfico y filosófico de Zuozhuan), rara vez ha sido aceptado por quienes estudian la guerra, la diplomacia y la estrategia. Una de las principales razones ha sido su inaccesibilidad. La primera traducción completa al inglés, completada por James Legge en 1872, se vio empañada por frases victorianas arcaicas, un sistema de transliteración confuso y la falta del contexto necesario, lo que hizo que el texto fuera casi imposible de seguir. Recientemente, sin embargo, un equipo de renombrados académicos contemporáneos de la antigua China publicó una traducción al inglés lúcida y completa, con excelentes comentarios e índices útiles. Ya no hay ninguna buena excusa, además de su precio astronómico, para que los politólogos y estrategas militares occidentales eviten este texto clásico complicado pero altamente gratificante.
Adaptarse al declive de Zhou
El Zuozhuan se abre en una era de trascendental importancia histórica. Confucio consideró que las primeras décadas de la antigua dinastía Zhou (1045-256 a. C.) fueron la edad de oro del desarrollo cultural chino, pero a principios del siglo VIII, los irresponsables gobernantes Zhou, junto con amenazas internas y externas, llevaron rápidamente al desastre. En 771 a. C., la capital de Zhou fue saqueada por tribus nómadas y la élite gobernante de Zhou reubicó sus palacios hacia el este con la ayuda de los líderes regionales de Zhou locales. Aunque instalado de forma segura en su nueva capital, la reversión de la fortuna de los Zhou dio como resultado que los dominios subordinados pagaran menos deferencia al debilitado tribunal central y se centraran más en agrandar sus propias fuentes internas de poder. Al principio de la narrativa de Zuozhuan, el gobernante del estado central de Zheng derrota al ejército de Zhou en la batalla y hiere al rey con una flecha. La regla de Zhou continúa nominalmente durante todo el período cubierto en el texto, pero la relación entre el centro y la periferia se altera irreparablemente, lo que resulta en una tensión y una lucha casi constantes.Los dominios que quedaron tras la retirada política de Zhou muestran varias características de los estados soberanos modernos. Cada uno posee su propio territorio y gobernante, establece sus propias burocracias y leyes de gobierno, mantiene sus propios ejércitos y conduce una diplomacia independiente. La guerra siguió siendo una característica central de la vida política durante todo el período cubierto en Zuozhuan. El texto cataloga 584 ejemplos de conflictos militares interestatales, así como decenas de devastadoras rebeliones internas.
A pesar de la prevalencia de la violencia, derrocar el antiguo sistema de Zhou no era el objetivo principal de estos estados competidores. En una de las historias más famosas del texto, el gobernante de Chu llevó a cabo una exitosa campaña militar contra las tribus Rong que a menudo amenazaban la capital de Zhou. Cuando un funcionario de la corte Zhou salió a reunirse con él al final de la campaña, el líder Chu insinuó la ambición de usurpar la autoridad de Zhou al preguntar sobre el peso de los calderos del rey Zhou, los símbolos ceremoniales del gobierno de Zhou. El representante de Zhou explicó por qué esta pregunta era prematura:
El tamaño y el peso dependen de la virtud, no de los calderos. . . Cuando la virtud es brillante y resplandeciente, los calderos, aunque pequeños, son pesados. Cuando la virtud se distorsiona, atenúa y confunde, los calderos, aunque grandes, son livianos. . . Aunque la virtud de Zhou está en declive, el mandato celestial aún no ha cambiado. Es posible que todavía no se plantee la cuestión de si los calderos son ligeros o pesados.
En otras palabras, el poder del rey Zhou no descansaba en su tierra, ejército o poder económico, sino en la legitimidad que confería su posición en la cúspide de la jerarquía. Como uno de los traductores del texto explican que “el rey no se define como un individuo con poder, sino como el ocupante de una posición especial dentro de una jerarquía heredada ... [este] poder, aunque no se basa en la fuerza militar ni está enteramente bajo el control [del rey], no obstante, es bastante real ". A lo largo del texto, ningún estado usurparía por completo la legitimidad de Zhou, pero la realidad política del período requería un nuevo actor en la jerarquía, uno que poseyera el poder material del que carecía el rey, el del “hegemón” o el “señor supremo” (霸).
Ungido por el rey, la posición de hegemonía confería beneficios tangibles: la hegemonía podía establecer la agenda para las reuniones interestatales, pedir ayuda a los estados subordinados o castigar a otros estados por transgresiones. Sin embargo, el estatus de hegemonía no era permanente, y la deferencia a la posición no solo la otorgaba la autoridad del rey, sino también la aquiescencia de los otros dominios menores. De maneras interesantes, esto se asemeja al sistema internacional actual: ni Estados Unidos ni China buscan gobernar el mundo directamente, sino que esperan ser vistos como el líder legítimo del sistema internacional, uno cuyas reglas y normas otros estados miembros todavía ven como beneficioso y legítimo. Poseer el poder y la autoridad para liderar esta organización flexible, en particular la capacidad de establecer agendas, modificar las reglas a favor de uno y resolver disputas, confiere beneficios materiales tangibles a la "hegemonía" moderna. Sin embargo, la efímera posición de la hegemonía y la necesidad de que otros estados apoyen su condición de líder también empuja a los miembros más poderosos a buscar formas de llegar a un consenso y limitar la escala y el alcance del conflicto armado.
Un concurso por la lealtad, no por la supervivencia
Aunque el texto describe muchos ejemplos del ascenso y caída de varios estados, una de las narrativas más interesantes se refiere a la extensa competencia por el estatus hegemónico librada entre los estados de Jin y Chu desde aproximadamente el 632 al 546 a. C. El estado de Jin, situado al norte del río Amarillo, era un dominio poderoso e influyente dentro del sistema Zhou desde su fundación. El estado de Chu, centrado en el sur del río Yangtze, comienza como un extraño al sistema establecido, a menudo reprendido por no ser "parientes y parientes" de los otros dominios Zhou. Sin embargo, a medida que Chu gana poder, no solo busca ejercer influencia en los otros dominios, sino que encarna voluntariamente muchas de las normas de gobierno de Zhou hasta el punto en que otros estados comienzan a verlo como el legítimo defensor de la legitimidad de Zhou.La rivalidad Jin-Chu refleja la dinámica de la rivalidad entre China y Estados Unidos mejor que la construcción Atenas-Esparta. Al igual que Jin, Estados Unidos jugó un papel decisivo en la configuración y el liderazgo del sistema internacional actual y tiene más que perder al ser desplazado de su posición en la cima de la jerarquía. Al igual que Chu, China inicialmente existía fuera de este sistema, pero a medida que su poder se expande, el beneficio de cooptar, modificar y potencialmente liderar el sistema existente en sus propios términos impulsa su búsqueda de estatus internacional.
Sin embargo, ni Jin ni Chu estaban en condiciones de destruir efectivamente a su mayor rival. Su temor no era que su oponente pudiera obtener una superioridad militar suficiente para amenazar su supervivencia, sino más bien que su adversario pudiera ser percibido como el líder legítimo entre los demás estados. Por lo tanto, la guerra fue generalmente limitada y se centró en los esfuerzos para proteger o robar la lealtad de los dominios más débiles. Jin y Chu fueron beligerantes directos en tres batallas importantes durante este período: Chengpu (632 a. C.), Bi (597) y Yanling (575). Cada una de estas batallas se libró por la lealtad de los estados más pequeños. En ningún momento, ni Jin ni Chu se aventuraron a realizar un asalto a gran escala en el territorio de origen de su oponente principal. Incluso durante los períodos de intensos combates, mantuvieron relaciones diplomáticas y buscaron formas de mitigar los conflictos.
Si bien los territorios de Jin y Chu estaban en gran parte aislados de la devastación de la guerra constante, los desventurados estados encajados entre estas dos grandes potencias no fueron tan afortunados. En la década anterior a la Batalla de Bi, por ejemplo, el gobierno en el estado de Zheng cambió su lealtad no menos de siete veces, lo que resultó en once invasiones combinadas de una u otra gran potencia como castigo. En 594 a. C., Chu, con la esperanza de expandir aún más su poder, asedió la capital del estado de Song. Aguantando durante más de un año, los desesperados residentes de la ciudad sitiada intercambiaron a sus hijos con vecinos en actos mutuos de canibalismo y recurrieron al uso de huesos humanos para encender fuego. Los exhaustos estados centrales insistieron en que todos los poderes existentes se reunieran en 546 a. C. para codificar la Paz de la Canción. El pacto estableció a Jin, Chu, Qi y Qin como los cuatro estados más poderosos del sistema, y los estados más pequeños debían someterse tanto a Jin como a Chu en igual medida. Jin y Chu también se comprometieron a conjuntamente y desarrollar "planes para beneficiar a los dominios pequeños". Habiendo aliviado temporalmente la tensión causada por la competencia extendida entre las grandes potencias, la pregunta que quedaba sin respuesta era cuánto duraría la tregua.
Competencia entre grandes potencias medida en generaciones
Como señaló Tucídides, el rey espartano Archidamus predijo proféticamente al comienzo de la guerra que su conclusión quedaría como un "legado para nuestros hijos". Pero ni Tucídides ni Archidamo pudieron anticipar qué legado quedaría para sus nietos. Cuando Archidamus III asumió la realeza de Esparta en 360 a. C., la gran victoria sobre Atenas en 404 ya era un espejismo lejano. En 371, la supremacía espartana en Grecia fue aplastada decisivamente a manos de Tebas, su antiguo aliado durante la Guerra del Peloponeso. Archidamus III tomó las riendas de Esparta solo dos años después de la segunda Batalla de Mantinea, cuyo resultado dejó al mundo griego con "más incertidumbre y disturbios después de la batalla que antes". La competencia entre grandes potencias a menudo deja un legado que se mide mejor en generaciones, y el vencedor final no siempre es uno de los dos antagonistas originales. El alcance temporal ampliado de Zuozhuan destaca el impacto estratégico a largo plazo de la competencia de grandes potencias.De muchas maneras, la Paz del Canto logró su objetivo. Redujo la amenaza de conflicto directo entre Jin y Chu librado a espaldas de los estados centrales más pequeños. Las dos grandes potencias se abstuvieron de involucrarse directamente en la batalla durante los siguientes 67 años, hasta que una nueva disputa sobre la lealtad de Zheng resultó en una escaramuza menor. La competencia entre Jin y Chu, sin embargo, no se extinguió. Simplemente evolucionó de formas nuevas e inesperadas. Para Chu, se abrió un nuevo y peligroso frente en su frontera oriental. Poco después de su derrota a manos de Chu en la Batalla de Bi en 597 a. C., Jin envió emisarios al estado de Wu, un dominio no Zhou centrado en la desembocadura del río Yangtze. Jin brindó asistencia militar al incipiente estado de Wu y los alentó a comenzar a atacar a Chu. Lo que comenzó como incursiones menores evolucionó en las décadas posteriores a la Paz de Song hasta convertirse en invasiones casi anuales a gran escala. Esto culminó en la desastrosa campaña de Boju del 506 a. C., en la que la fuerza de Wu, significativamente más pequeña, derrotó decisivamente al ejército de Chu y ocupó temporalmente su capital. Aunque Chu recuperaría su territorio y mantendría su estatus como una potencia importante, estas guerras por poderes y conflictos en múltiples frentes lo dejaron en un estado debilitado.
Jin, sin embargo, no se encontraría en condiciones de capitalizar las desgracias militares de su mayor rival. En las primeras décadas de Zuozhuan, Jin se vio atormentado por luchas internas cuando el clan gobernante tradicional fue diezmado por un linaje secundario, que logró tomar el control del estado en 678 a. C. Es bajo el liderazgo de este clan usurpador que Jin rápidamente llegó al poder dentro del sistema Zhou. Si bien el conflicto Jin-Chu a menudo sirvió para reprimir este malestar interno, el conflicto entre los diversos clanes Jin pasó a primer plano en las décadas posteriores a la Paz de Song. Seis poderosos linajes dentro de Jin compitieron por el control del dominio, y Zuozhuan presagia la brecha que resultaría en tres linajes completamente diezmados, y los tres restantes se separaron para formar sus propios estados separados: Zhao, Wei y Han. Esta partición de Jin en el 453 a. C. anunció una nueva fase en la historia china conocida como el período de los Estados Combatientes, en el que siete estados aproximadamente iguales competían por el control total del sistema Zhou. El objetivo de restablecer las normas del antiguo sistema Zhou se desvaneció en un segundo plano, ya que una competencia de suma cero se prolongó durante los dos siglos siguientes. Este período sangriento terminó en 221 a. C. cuando el estado de Qin finalmente exterminó al estado de Zhou, conquistó los poderes restantes y estableció una brutal dictadura de uno solo.
Las lecciones de Zuozhuan implican que la permanencia de las grandes potencias se basa en dos pilares: la estabilidad doméstica interna y las alianzas hábilmente gestionadas. A pesar del impresionante crecimiento económico y militar de China, su apoyo interno sigue siendo frágil y lucha por formar asociaciones duraderas y mutuamente beneficiosas. Aunque Estados Unidos ha sido tradicionalmente relativamente fuerte en estas dos áreas, al menos desde el cambio de siglo, las bases de estos pilares se han erosionado rápidamente. Si Estados Unidos espera evitar un conflicto de suma cero con China sobre el destino del sistema internacional, sería prudente comenzar a reparar y fortalecer estos apoyos.
Conclusión
Esta breve encuesta solo rasca la superficie de áreas potenciales de investigación iluminadas a través del estudio de Zuozhuan. Otro tema maduro para investigaciones adicionales es la teoría militar. En Occidente, el estudio del pensamiento militar chino antiguo rara vez se aventura más allá de El arte de la guerra de Sun Tzu. Esto es lamentable, porque el contexto proporcionado por el Zuozhuan puede ayudar a los occidentales a comprender mejor muchos de los pronunciamientos más vagos de Sun Tzu. Los pocosLas referencias históricas que se encuentran en El arte de la guerra, como la rivalidad entre los estados de Wu y Yue o el coraje de figuras como Cao Gui y Zhuan Zhu, se explican dentro de las narrativas de Zuozhuan. Además, el texto nos permite ampliar nuestro alcance de análisis más allá de un punto de vista individual. El Zuozhuan hace referencia a otros textos militares existentes en ese momento, como el Libro de Máximas Militares (軍 志), que nos recuerda que existía un rico cuerpo de pensamiento estratégico en China fuera de los confines del trabajo del Maestro Sun.
Por desgracia, el Zuozhuan exige mucho de cualquier lector potencial, en particular uno que no esté bien versado en su medio específico. Resistirá la fácil inclusión en cualquier programa de estudios universitario o universitario de guerra. Al igual que en la obra de Tucídides, existen feroces debates milenarios sobre su autoría, fecha de composición, precisión histórica, así como todos los aspectos de su supuesto significado. También puede ser un libro frustrante. Aquellos que intentan dar sentido a sus narrativas temporalmente fracturadas o al elenco de varios miles de individuos y lugares (algunos con al menos media docena de variaciones en su nombre) anhelarán la simplicidad de tratar de descubrir si Tucídides hace referencia a Naxos en Sicilia o la uno en el Egeo. Pero quienes persisten serán recompensados con una narrativa histórica compleja y rica, de una profundidad y amplitud no menos impresionantes que las obras más veneradas de sus primos helénicos.
El trabajo de Tucídides se ha ganado un estatus exaltado en el estudio del pensamiento estratégico. Sin embargo, el análisis de las luchas de otras culturas por lograr la paz y la seguridad en épocas aproximadamente comparables de competencia entre las grandes potencias podría estimular nuevas ideas sobre viejos problemas. Como dijo una vez Confucio, "si puedes revivir lo antiguo y usarlo para comprender lo moderno, entonces eres digno de ser maestro". En ese esfuerzo, debemos resistirnos a limitar el alcance de nuestras investigaciones a solo ejemplos históricos occidentales. Mediante el estudio y la síntesis de las fallas y deficiencias de todos nuestros antepasados lejanos, podríamos adquirir sabiduría para forjar un nuevo y mejor camino a seguir.
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