Mostrando entradas con la etiqueta Segunda Guerra Mundial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Segunda Guerra Mundial. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de agosto de 2024

Geopolítica: La geopolítica de los cohetes

Geopolítica de los misiles de crucero

Esteban McLaren



 

La geopolítica de los misiles de crucero es un tema complejo y multifacético que toca aspectos estratégicos, tecnológicos y regionales en el ámbito de las relaciones internacionales. Para entender cómo cambia la relación entre naciones cuando un Estado adquiere la capacidad de desplegar misiles de crucero, es necesario examinar la historia, la evolución de la tecnología y su impacto en las dinámicas de poder a nivel global y regional. Este ensayo explorará estos temas en profundidad, dividiendo el análisis en varias secciones clave.

Introducción: La importancia de los misiles de crucero en la geopolítica

Los misiles de crucero son armas de alta precisión diseñadas para volar a bajas altitudes y evitar la detección de radares enemigos, con capacidad para ser lanzados desde diversas plataformas, como aviones, buques, submarinos y vehículos terrestres. Su versatilidad, precisión y capacidad de carga nuclear o convencional los han convertido en herramientas esenciales en la doctrina militar de muchas potencias mundiales.

Históricamente, la posesión de misiles de crucero ha alterado las relaciones de poder, ya que proporciona a los Estados una capacidad de proyección de fuerza y disuasión que puede cambiar el equilibrio de poder regional y global. La adquisición de esta tecnología por parte de un Estado puede desencadenar reacciones en cadena, provocando carreras armamentistas y cambios en las alianzas estratégicas.

Evolución histórica de los misiles de crucero

Primeras etapas: Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría

Los misiles de crucero tienen sus orígenes en la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo de la V-1 por parte de la Alemania nazi. La V-1 fue uno de los primeros misiles de crucero y representaba un avance significativo en la guerra de largo alcance. Sin embargo, su imprecisión y vulnerabilidad a la intercepción limitaban su efectividad. Después de la guerra, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética se centraron en mejorar esta tecnología, desarrollando misiles de crucero más precisos y con mayor alcance durante la Guerra Fría.

Durante este periodo, los misiles de crucero se convirtieron en un componente clave de las doctrinas de disuasión nuclear de las superpotencias. El desarrollo de misiles como el Tomahawk por Estados Unidos y el Kh-55 por la Unión Soviética simbolizaba la capacidad de ambos países para llevar a cabo ataques precisos y devastadores a larga distancia, incluso contra blancos profundamente resguardados.

Posguerra Fría: Expansión y diversificación

Con el fin de la Guerra Fría, la proliferación de misiles de crucero comenzó a acelerarse, con otras potencias regionales como China, India, Israel y Pakistán invirtiendo en esta tecnología. La Guerra del Golfo en 1991 marcó un punto de inflexión en la demostración del poder de los misiles de crucero, con el uso extensivo de los Tomahawk por parte de Estados Unidos para neutralizar las defensas aéreas iraquíes y otros objetivos estratégicos.

En las décadas siguientes, la tecnología de misiles de crucero continuó evolucionando, con mejoras en la precisión, el alcance y la capacidad para evadir sistemas de defensa antimisiles. Esta evolución ha llevado a una mayor sofisticación en las estrategias de despliegue y en las doctrinas de uso de estas armas, tanto a nivel táctico como estratégico.

Impacto en las relaciones internacionales y regionales

Disuasión y poder de proyección

La posesión de misiles de crucero cambia dramáticamente la capacidad de un Estado para proyectar poder más allá de sus fronteras. Estos misiles pueden ser utilizados para llevar a cabo ataques preventivos, disuadir agresiones o cambiar el cálculo estratégico de adversarios potenciales. Por ejemplo, la capacidad de Estados Unidos para desplegar misiles de crucero en conflictos como la Guerra de Kosovo en 1999 o en la intervención en Libia en 2011 subrayó su capacidad para influir en conflictos regionales sin la necesidad de desplegar grandes fuerzas terrestres.

Para potencias regionales como India y Pakistán, la adquisición de misiles de crucero ha sido un factor de equilibrio en su dinámica de disuasión mutua, especialmente en el contexto de sus disputas territoriales y rivalidades estratégicas. De manera similar, Israel ha utilizado su capacidad de misiles de crucero para mantener una postura de disuasión robusta contra posibles amenazas en su vecindario.

Carreras armamentistas y proliferación

La introducción de misiles de crucero en una región a menudo lleva a carreras armamentistas, ya que los Estados vecinos se ven obligados a desarrollar o adquirir capacidades similares para evitar quedar en desventaja. En Asia, la proliferación de misiles de crucero ha sido particularmente notoria, con China, India, y Pakistán invirtiendo en desarrollar versiones más avanzadas y con mayor alcance.

Este fenómeno también se ha observado en Oriente Medio, donde Estados como Irán han desarrollado misiles de crucero como parte de su estrategia de defensa asimétrica contra Estados Unidos e Israel. La proliferación de estos misiles en la región ha complicado las dinámicas de seguridad y ha aumentado el riesgo de conflictos que puedan involucrar ataques con misiles de precisión.

Noopolitik y el papel de la percepción

Además de su impacto en el poder duro (hard power), los misiles de crucero también tienen una dimensión significativa en la noopolitik, que se refiere al uso de la información y las ideas para influir en la percepción y la narrativa global. La capacidad de un Estado para lanzar ataques precisos con misiles de crucero puede ser utilizada para enviar mensajes políticos tanto a nivel doméstico como internacional.

Por ejemplo, el uso de misiles de crucero por parte de Estados Unidos en Siria en 2017 fue interpretado no solo como una respuesta militar a un ataque químico, sino también como una demostración de poder y determinación en el escenario global. La cobertura mediática y las reacciones internacionales a este tipo de ataques suelen moldear la percepción de la comunidad internacional sobre la capacidad y la voluntad de un Estado para usar la fuerza, lo que a su vez puede influir en las alianzas y las rivalidades.

Evolución geográfica de la tecnología de misiles de crucero

Estados Unidos y Europa Occidental

Estados Unidos ha sido históricamente el líder en el desarrollo de misiles de crucero, con Europa Occidental, particularmente el Reino Unido y Francia, siguiendo de cerca. Estos países han invertido en misiles de crucero tanto para propósitos de disuasión nuclear como para operaciones convencionales. El despliegue de misiles de crucero en Europa durante la Guerra Fría fue un punto álgido de tensión entre la OTAN y el Pacto de Varsovia.

Asia

En Asia, la evolución de los misiles de crucero ha sido marcada por la competencia entre China, India y Pakistán. China ha avanzado significativamente en esta área, desarrollando misiles de crucero con capacidades avanzadas que complementan su estrategia militar centrada en la negación de acceso/área (A2/AD). India, por su parte, ha desarrollado el misil BrahMos, en colaboración con Rusia, como un elemento clave de su doctrina militar.

Pakistán ha respondido a estos desarrollos con su propio programa de misiles de crucero, buscando mantener un equilibrio estratégico con India. Japón y Corea del Sur también han invertido en esta tecnología, aunque con un enfoque más defensivo, en respuesta a las amenazas percibidas de Corea del Norte y China.

Oriente Medio

Oriente Medio ha visto un aumento en la proliferación de misiles de crucero, particularmente por parte de Irán, que ha desarrollado esta capacidad como parte de su estrategia de defensa. Israel, con su avanzado programa de misiles de crucero, mantiene una postura de disuasión frente a sus adversarios regionales. La presencia de misiles de crucero en esta región aumenta la volatilidad, dada la alta densidad de conflictos y rivalidades geopolíticas.

Conclusiones

La geopolítica de los misiles de crucero es un reflejo de cómo la tecnología militar puede alterar significativamente las relaciones de poder entre las naciones. La evolución y proliferación de esta tecnología han llevado a una mayor complejidad en las dinámicas de seguridad regionales y globales. La posesión de misiles de crucero no solo proporciona a los Estados una herramienta poderosa de disuasión y proyección de fuerza, sino que también influye en la percepción y la narrativa global, afectando la noopolitik de las relaciones internacionales.

Históricamente, la introducción de misiles de crucero en una región ha sido un catalizador para carreras armamentistas y ha aumentado las tensiones entre Estados rivales. En el contexto contemporáneo, la evolución de esta tecnología continúa moldeando las estrategias militares y las alianzas, con implicaciones de largo alcance para la seguridad global.

El análisis de la geopolítica de los misiles de crucero revela que, si bien estas armas pueden ofrecer ventajas estratégicas significativas, también presentan desafíos en términos de estabilidad y control de armamentos. A medida que más Estados adquieren esta capacidad, la comunidad internacional enfrenta el reto de gestionar las consecuencias de esta proliferación, para evitar que el poder destructivo de los misiles de crucero desestabilice aún más las ya frágiles relaciones internacionales.

martes, 1 de noviembre de 2022

SGM: La vida diplomática de Erwin Wickert


Crédito de la foto: Erwin Wickert (centro), con, desde la izquierda, Shinzaku Hogen, futuro embajador japonés en Viena, según Wickert, y Adam Vollhard, quien escribió para la Agencia de Noticias Alemana en Tokio.

Décadas de diplomacia

El diplomático alemán Erwin Wickert sirvió en Japón durante la guerra y conoció al renombrado espía soviético Richard Sorge.

Por Sherri Kimmel || Warfare History Netwoek

Estoy montando una bicicleta prestada a lo largo del Rin, pasando el Schaum-Hof, donde anoche cené en una terraza con vista al río con una majestuosa dama holandesa amiga de un amigo. Ella me prestó esta bicicleta y me dirigió a este camino.

Acercándose rápidamente a mi derecha está la Casa Eva Braun, una casa de tres pisos con torres de ladrillo marrón que se eleva benignamente entre árboles grandes y frondosos. Fue aquí, detrás de un recinto de paredes de ladrillo, adornado ahora con las flores rojas, blancas y rosadas del comienzo del verano, donde Hitler pasó muchos dulces fines de semana. Paso el Hotel Dreesen, su extensión blanca de fachada plana se cuelga como un barco del río Mississippi atracado contra el carril bici. Con los balcones de los dormitorios que sobresalen del camino, el Dreesen se asoma sobre el Rin, como lo hizo cuando Adolf Hitler y Eva, su amante, se detuvieron aquí para cenar.

Hacia donde me dirijo está a 40 minutos en bicicleta, a lo largo de esta cinta que sigue el Rin, luego cruzo una carretera muy transitada. Me detengo para llenar una bolsa de papel, un regalo para el hombre que espera, el hombre que una vez estuvo relacionado con Hitler, no por lealtad sino por su estatus en el servicio exterior del Reich del dictador.

Conocí a Erwin Wickert por primera vez en junio de 2001. Tomé el corto viaje en tren de Colonia a Oberwinter para escribir un bosquejo biográfico para la revista de alumnos de Dickinson College en Carlisle, Pensilvania. Wickert asistió a la universidad a mediados de la década de 1930. Encontré su rostro atractivo con pómulos aristocráticos y ojos azul prusiano. Su cabello blanco peinado suavemente hacia atrás sugería una juventud gallarda y una vejez fastidiosa. Aunque su rostro conservaba su belleza y dignidad, su cuerpo frágil y encorvado me recordaba cuánto tiempo había estado en esta Tierra.

El tiempo suficiente para presenciar las privaciones anteriores a Hitler en su Prusia natal, el tiempo suficiente para unirse al partido nazi aunque no podía tolerar a los nacionalsocialistas, el tiempo suficiente para formar parte del personal, en una capacidad menor, en una de las embajadas del Eje más importantes de la Guerra Mundial. II. Había sido testigo de la destrucción y el renacimiento de Alemania y participó en ese renacimiento como funcionario del arquitecto de la nueva Alemania, el canciller Konrad Adenauer.

Nombrado hombre del año por la revista Time en 1953, y en 2003 votado por los alemanes en una encuesta televisiva como el alemán más destacado de la historia (Martin Luther era el cuarto y Hitler no se encontraba por ninguna parte), Adenauer era amigo de la familia de Wickert y mentor político. Wickert, una vez descrito por un periodista como “una persona excepcional en el servicio exterior”, pasó la mayor parte de su vida cerca del escenario principal, pero nunca fue un jugador importante en él.

El día que nos conocimos, bebimos té de una tetera de plata en una mesa cubierta de encaje en un jardín trasero que estaba perfumado por 100 rosales. Habló de trabajar para un enemigo de Estados Unidos mientras vivía en la tierra del otro gran enemigo de Estados Unidos, Japón. Sus encuentros con el mal en Tokio en la década de 1940 me fascinaron. Pero para un esbozo biográfico directo, necesitaba aprender sobre su carrera como escritor y comentarista radiofónico galardonado y su eventual regreso al servicio exterior como embajador alemán en Rumania.

Fue una carrera que comenzó como el funcionario más bajo en la embajada alemana en Shanghái y concluyó cuando regresó triunfalmente a China en 1976 como embajador alemán. Y luego estaba su otra vocación como autor de más de 20 libros de ficción y no ficción. A los 90 años, continuó publicando, escribiendo regularmente artículos de periódico de gran formato sobre política actual y eventos históricos que ha presenciado, así como reseñas de libros. En el otoño de 2001, publicó el segundo volumen de su autobiografía, y en la primavera de 2003 se publicó un libro de su periodismo recopilado.

Su libro más reciente, la correspondencia con amigos famosos, incluido el filósofo Karl Jaspers, el autor Günter Grass y el ex canciller Kurt Kiesinger, se publicó en enero de 2005. Después de todo el drama que ha vivido, vive tranquilamente solo (su esposa murió hace unos unos años antes) en una casa de barrido encaramada en una colina con vistas al Rin.

Mi enfoque durante esa primera visita fue su llegada a Dickinson College, una estratagema para escapar de la represión que había soportado mientras vivía en un país salvaje por el nacionalsocialismo. No había nadie más feliz con Hitler que su propio padre, también llamado Erwin, un funcionario menor del gobierno. Durante las seis horas que pasamos juntos ese día, Wickert y yo repasamos los aspectos más destacados de su vida como un niño pequeño en Brandenberg en esos días de interminables filas de pan y carretillas llenas de dinero inútil.

Supe cómo su padre había obligado a su librepensador hijo de 18 años a ofrecerse como candidato a oficial de las SS. Esto fue en 1934, un año después de que Hitler llegara al poder. Sin embargo, el hijo había saboteado su nombramiento cuando, durante una entrevista, su interrogador nazi le preguntó por qué estaba solicitando. “Es mi padre quien quiere que me convierta en oficial”, respondió.

El anciano Erwin escribió al comandante del regimiento exigiendo saber por qué su hijo había sido rechazado, pero no recibió respuesta. Y el hijo nunca reveló lo que le había dicho al hombre de las SS. Después de pasar un semestre requerido en una casa de camaradería de las SS bien equipada para estudiantes que asistían a la Universidad Karl-Wilhelm en Berlín, Wickert se dirigió a Estados Unidos para escapar de las demandas autoritarias de su país y su padre. Formalizó su rechazo a su padre y sus creencias al rechazar la oferta del anciano Wickert de ayudarlo a pagar sus gastos.

Cuando Wickert llegó a Dickinson, donde aprendió "ideas democráticas", como su padre se quejó más tarde a un vecino, ya se había hecho un nombre en Alemania como escritor. En Estados Unidos continuó su periodismo, editando una revista para estudiantes extranjeros de intercambio y obteniendo su título en economía en Dickinson.

Intrigado por el Lejano Oriente, se subió a trenes con vagabundos, hizo autostop a través del país hasta San Francisco y se enroló como marinero en un barco con destino a China. Wickert pasó varios meses en China viajando, puliendo su escritura y conociendo futuras figuras legendarias como John Rabe, conocido hoy como el "Oscar Schindler de China" por su papel en la salvación de 250.000 chinos.

Sin un centavo y enfermo en China, Wickert regresó a Alemania, donde obtuvo un doctorado. en historia del arte en la Universidad de Heidelberg. Allí convenció al filósofo Karl Jaspers para que lo admitiera en su selecto seminario. La floreciente carrera editorial de Wickert y su paso por Estados Unidos lo habían hecho atractivo para este pionero del existencialismo. Después de obtener un doctorado, Wickert esperaba escapar de Alemania nuevamente y regresar a Estados Unidos como agregado cultural. Mientras esperaba su asignación del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, se le ofreció una cátedra asistente en Heidelberg. No se quedó mucho tiempo porque todos los hombres del campus estaban siendo reclutados por el ejército.

Erwin Wickert fotografiado por el autor en 2001.

“No sobreviviría a la guerra como profesor asistente en Heidelberg”, me dijo. “Alguien me agarraba y me decía: 'Eres un hombre joven; ¿Qué haces ahí en la universidad enseñando historia del arte? Tienes cosas mucho mejores que hacer: vas al ejército, disparas a la gente o algo por el estilo. Cuando compartió sus preocupaciones con Jaspers, el filósofo le dijo: “La oficina de relaciones exteriores tiene muchas personas que han estado en el extranjero como tú y han estado en Estados Unidos. Encontrarás personas que entienden tus ideas mucho mejor que las personas que están en el ejército”.
 

Wickert volvió a llamar a la oficina de relaciones exteriores y finalmente lo enviaron a Shanghái. Rápidamente se casó con su novia de Heidelberg y, sin ninguna lealtad, cedió a la presión de la oficina de relaciones exteriores para unirse al partido nazi. Wickert sabía que si no aceptaba, se quedarían atrapados en Alemania. Erwin e Inge, apodados Franz, se subieron a bordo de un tren a Moscú y luego tomaron el expreso del Ferrocarril Transiberiano a través del continente hasta China, comiendo el caviar que se ofrecía gratuitamente en los vagones de pasajeros. Era agosto de 1940.

Asignado a la embajada alemana en el centro comercial más importante de China, Shanghái, como el empleado más joven y de menor rango y agregado de radio, no diplomático, Wickert pronto perdió el favor de los altos mandos nazis. Su trabajo consistía en programar una emisora ​​alemana, una de las 26 emisoras de radio de la ciudad. Ingenuamente la proclamó “la voz de Europa” y rechazó una orden de tocar solo música clásica alemana, superando a Wagner por los discos de jazz americano que había adquirido mientras estudiaba en Dickinson.

Cuando unos fascistas italianos se le acercaron para transmitir un programa en la estación, les mostró la puerta. La paciencia con su impertinencia terminó en el octavo aniversario del ascenso de Hitler al poder, el 30 de enero de 1941, cuando Wickert objetó un discurso radial que el jefe del partido nazi pronunció para conmemorar la ocasión.

“Eso fue subestimar el poder del partido nazi, porque al día siguiente, él [el líder del partido] envió un telegrama al embajador alemán y al Ministerio de Relaciones Exteriores para que me llamaran de inmediato”, me dijo Wickert. “Dijo que yo era muy falto de tacto, muy joven y poco confiable. Realmente había cometido un error garrafal al convertir a un jefe nazi en mi enemigo. Pero no me arrepiento”, dijo con una sonrisa de satisfacción. “Siento odio por él”.

Wickert reunió a partidarios de alto rango para adelantarse a su regreso a Alemania. Erich Kordt, el ministro alemán de segundo rango en Tokio, movió algunos hilos y lo transfirió a la embajada en Japón. Regresar a Alemania, dijo Wickert, habría significado su muerte.

En Tokio, Wickert era el segundo más bajo en rango y aún no tenía estatus diplomático. Sus errores tácticos en Shanghai lo hicieron imposible. Para el personal de la embajada, a Wickert se le confió la redacción de un boletín diario de noticias que seleccionaba de las estaciones estadounidenses y británicas a través de dos oyentes que le informaban. Junto con su resumen de noticias de cuatro páginas, la embajada publicó otro boletín de “noticias oficiales” o propaganda.

En su programación de radio, Wickert presentó informes aliados junto con los puntos de vista alemanes y japoneses. Mientras sus mañanas las ocupaba dictando su boletín a una secretaria, pasaba las tardes informando a Berlín las noticias japonesas “que nos llamaban la atención. Hablábamos de política todo el tiempo por la tarde. Estaba ocupado todo el tiempo. Los tiempos fueron tan fascinantes y llenos de sorpresas”.

Ahora, un año después de mi primera visita, estoy listo para las sorpresas. Veo su casa más adelante: estuco blanco con una sólida puerta de madera. Wickert está esperando junto a la puerta abierta, aún más pequeño y frágil de lo que recuerdo, pero igual de pulcramente vestido con una impecable camisa a rayas, corbata roja, suéter azul marino y pantalones grises. Me besa en ambas mejillas y luego bajamos a su estudio de escritura. Los estantes contienen varias ediciones de sus libros y carpetas amarillas que contienen recortes de todos los artículos que ha escrito desde principios de la década de 1930. Las carpetas, con etiquetas inscritas con su pulcra mano, están ordenadas cronológicamente y por temas.

Me hundo en una silla de cuero y sirvo una taza de té de la tetera que su doncella de delantal blanco ha llevado a la habitación. Él va directo al grano, de manera práctica y sucinta, establece los parámetros de nuestra charla. Puedo entrevistarlo de 9 am a 1 pm todos los días. Toma una siesta cada tarde para rejuvenecerse para su investigación y escritura. Tardes que reserva para la correspondencia. Está claro por su tono y comportamiento que los términos no son negociables.

Estoy ansioso por explorar los encuentros de Wickert con Richard Sorge, el espía nacido en Alemania para Stalin que ha sido romantizado o vilipendiado, según el punto de vista del autor o del director, en prosa y cine. Sorge ahora es proclamado héroe en Rusia, el país que desempeñó el papel de Judas después de su captura por parte de los japoneses. Stalin no trató de evitar su muerte colgándolo en 1944 en Tokio.

Sorge y Wickert se conocieron en 1936, cuando Wickert visitaba China por primera vez después de graduarse de Dickinson College. Wickert, que quería escribir artículos sobre las condiciones de vida de los trabajadores chinos y japoneses, había sido mencionado como “un hombre del Frankfurter Zeitung”. Sorge era considerado un experto en temas laborales, una preocupación adecuada para un comunista encubierto. Mientras trabajaba públicamente como periodista, Sorge se dedicaba al espionaje. En 1941, Wickert estaba de regreso en China, ahora con la embajada en Shanghái, y Sorge todavía estaba ejerciendo su carrera pública como escritor y su carrera secreta como espía.

“Los libros daban mucha importancia a lo guapo y apuesto que era. ¿Era eso cierto? Yo pregunté.

“No, no era guapo”, responde Wickert, y me siento un poco decepcionado. “Era alto, y tal vez para las chicas podría haber sido bien parecido, pero su forma de caminar… echó un poco la pierna hacia atrás. Creo que debe haber sido herido.

“Sí, en la Primera Guerra Mundial, con metralla”.

Wickert describió el rostro de Sorge. "Algo en eso no encajaba del todo, por lo que todos miraron dos veces cuando lo vieron, una cara interesante...".

Wickert soportó repetidos bombardeos incendiarios estadounidenses mientras estaba estacionado en Tokio durante la guerra.

Cuando Wickert se mudó a la embajada alemana de Tokio, Sorge también había trasladado su célula de espionaje desde China. Rápidamente se hizo amigo del jefe de Wickert, el embajador Eugen Ott, y su esposa, Helma, lo que le permitió infiltrarse en la embajada. Sorge comenzó a publicar un boletín de noticias para la comunidad alemana que compuso en una oficina de la embajada, y él y el embajador desayunaban juntos casi a diario. Wickert se ríe de las afirmaciones de Weymant de que Helma y Sorge, de cuarenta y tantos años, tuvieron una relación tórrida. Sorge, dice, optó por mujeres menos “masivas” y más jóvenes.

Una de las mujeres más jóvenes por las que Sorge se encariñó fue la joven novia rubia de Wickert, Franz. Wickert rompió su coqueteo en una fiesta.

La bebida legendaria, dice, no fue exagerada. Wickert recuerda cómo, una calurosa noche de verano, cuando Franz se hospedaba en el resort de montaña de Karuizawa, visitó el bar del Hotel Imperial de Tokio. Allí estaba Sorge, borracho y denunciando en voz alta a Hitler como un criminal por atacar a la Unión Soviética. Alemania había invadido Rusia ese mismo día.

Wickert recordó: “Dije, 'Sorge, mantente en silencio. Hay todo tipo de personas aquí, tal vez incluso el agente de la policía secreta alemana, Meisinger, o su gente. Él dijo: 'Meisinger es un...' Nunca lo había visto borracho así”.

Cuando Sorge intentó salir del hotel, Wickert lo detuvo y le dijo con firmeza: “No puedes salir así. Pediré una habitación para ti en el hotel y te quedarás allí.

Continuó: “Así que conseguí una habitación para Sorge, lo llevé a la habitación y luego lo acosté y salí. A la mañana siguiente, salió sin afeitar. Me encontró en la sala de desayunos y me preguntó: '¿Me prestas 100 yenes?' Dije: 'Está bien'. Pensé que nunca los volvería a ver, pero me los pagó”.

¿Sospechaba Wickert de Sorge?

“Era una de esas personas más aventureras que estaba disgustada con todo en el mundo y era sarcástica al respecto. Pero nunca pensamos que en el fondo tenía esta creencia muy extraña, extraña, para una persona inteligente, sobre el socialismo”.

En el segundo día de la entrevista, estoy ansioso por tener más encuentros con el mal, aunque en el caso de Sorge se podría argumentar que no era malvado, sino que estaba comprometido con una causa impopular. Pero no hay duda del Carnicero de Varsovia, Josef Meisinger.

Wickert me lleva a una segunda oficina en la planta baja, donde guarda sus archivos antiguos. Comienza a buscar en una caja de fotos, clasificadas meticulosamente por su difunta esposa. Saca fotos de una fiesta en la embajada, las mujeres con vestidos elegantes y el cabello enrollado de la década de 1940. Wickert, con esmoquin blanco y pajarita negra, se ríe con la imponente Helma Ott. Está el Embajador Ott con Erich Kordt, Helma Ott con el filósofo Conde Karlfried Graf Dürkheim, luego el hijo de Ott, Helmut, con un grupo de bellezas teutónicas. Me muestra una foto de otro día, con Shinzaku Hogen, su gran amigo, futuro embajador de Japón, a su izquierda. Y luego me muestra a Meisinger, fornido, brutal, tosco.

La llegada de Meisinger a Japón fue aterradora debido a su afición por el asesinato. Según Wickert, su matanza de intelectuales polacos y judíos fue considerada incluso demasiado para Heinrich Himmler, el jefe de las SS de Hitler. Cuando Meisinger asumió como jefe de las SS de la embajada, Wickert comenzó a tener sus propias fantasías asesinas.

Wickert tenía sus razones. “No era muy querido por él debido a mi pelea con el líder nazi en Shanghái. Siempre existía el peligro de que si realmente enemistabas a Meisinger, él diría: 'Bueno, este joven, Wickert, podría ser mejor para ir al frente en Alemania. Lo pondremos en uno de los corredores de bloqueo. Y los corredores de bloqueo fueron hundidos en su mayoría, interceptados por buques de guerra enemigos o por aviones”.

Wickert y su amigo, el joven diplomático Franzl Krapf, reflexionaban sobre varios planes de asesinato. “Siempre que estaba despierto durante la noche pensaba en las cosas o métodos más aventureros que parecían, durante el día, absolutamente imposibles”, dice Wickert con un tono de resignación. “La policía y los amigos de Meisinger en la Kempetai (policía secreta japonesa) me habrían descubierto y ese habría sido mi final”.

Meisinger finalmente fue devuelto a Varsovia para ser juzgado por los asesinatos. “Se lo merecía que lo colgaran”, dice Wickert, con un gesto de satisfacción. “Durante mucho tiempo después de su muerte me atormentó la idea de si había pasado por alto la posibilidad de matarlo”.

Wickert se encontró por primera vez con el emperador japonés Hirohito en la víspera de Año Nuevo en el palacio de Tokio. El personal de las embajadas rusa y alemana fue invitado a una recepción con Hirohito y la familia real. “Fuimos presentados uno por uno al emperador y la emperatriz, y en ambos lados estaban los príncipes y las princesas, todos con túnicas anteriores a la Primera Guerra Mundial. Entraste y te llamaron a la antesala. Dijeron: 'Sr. Wickert', y la puerta se abrió, y había que entrar, despacio, caminar hasta el centro de la balaustrada. Tenías que inclinarte ante el emperador. Luego había que dar dos o tres pasos a la derecha, a la emperatriz, y luego a los príncipes y princesas.

“En el camino de regreso, tenías que ir de espaldas a la puerta. Siempre debes mirar la balaustrada. Era difícil encontrar la puerta sin mirarla. En medio de la marcha atrás había que inclinarse de nuevo. Estaba tan nervioso. ¿Por qué? Porque frente a mí estaba una señora de la embajada, la esposa de un diplomático. Cuando la puerta se abrió, ella también tuvo que inclinarse. ¿Cómo lo llamas?

Erwin Wickert, con Helma Ott, esposa del embajador alemán y del periodista Adam Vollhard en una fiesta de 1942 para el hijo de Ott, que partía para servir en el ejército alemán.

"Reverencia", le insto.

“Una reverencia, sí, y luego todo su vestido se abrió, porque estaba muy apretado, así que pensé que esto era muy divertido. No se vino abajo por completo, pero estuvo cerca de hacerlo”.

El 30 de noviembre de 1942, Wickert estaba a bordo del crucero auxiliar alemán Thor, un asaltante comercial que estaba atracado en la bahía de Tokio. Mientras recorría la nave, una explosión repentina atravesó el barco de suministro vecino Uckermark. Thor fue hundido por la explosión y Wickert nadó para salvar su vida.

“Escuché una especie de silbido”, recordó. “De repente había una nube a mi lado derecho, de varios cientos de metros de altura y de la que salían llamas… Yo también me acerqué a la barandilla y salté. Bajé muy profundo primero. Estaba tratando de nadar para aterrizar en el puerto de Yokohama. Haciendo la espalda, miré hacia arriba y vi la nube, toda la nube y partes del barco. Volví a mirar hacia el barco y vi a las personas que aún estaban de pie allí... No sabían qué hacer. Pensé que moriría allí. Este alemán estaba en su balcón mirando lo que sucedió en el puerto: todo llamas, humo y nubes. Me vio venir y dijo que le pareció ver un fantasma. Mi cara estaba verde y tenía un corte porque los escombros volaban”.

Esa noche, Wickert se reunió con su esposa en Kawaguchi, el centro turístico a la sombra del monte Fuji donde vivían las familias de la embajada. Al día siguiente, nació su segundo hijo, Ulrich, ahora locutor en Alemania.

Durante los últimos nueve meses de la guerra, los estadounidenses comenzaron lo que Wickert llamó “bombardeos incendiarios”. Grandes áreas de Tokio se quemaron, iluminando el cielo nocturno, dejando nada más que cajas fuertes que contenían tesoros familiares asomando por encima del suelo. Experimentó su último gran ataque aéreo el 25 de mayo de 1945, después de que Alemania capitulara, pero Japón todavía estaba en guerra. Recordó que cuando caía un avión los japoneses “aplaudían pero no sabían si era un avión estadounidense o un avión japonés”. Ese día, mientras su esposa e hijos estaban en su casa de Kawaguchi, Wickert escapó de su otra casa envuelta en llamas en Tokio.

“Todo se quemó, se hundió. Y a pocos metros de nuestro supuesto refugio antiaéreo había un hombre muriendo. Fue golpeado por una bomba en la pierna, y la pierna estaba muy hinchada y los pantalones estaban muy apretados”, recordó Wickert. “Así que fui al refugio antiaéreo donde teníamos nuestro equipo de primeros auxilios. Había una tijera, y traté de cortar los pantalones, y luego lloró. Dijo que le dolía mucho. Tenía lo que ustedes llaman… Rosenkranz… Tenía un rosario budista”.

Wickert se acercó a un policía. “Dije, 'Tenemos a alguien que ha sido golpeado, y si no haces algo al respecto, morirá. ¿Podrías ayudarnos a llevarlo al hospital? El hospital también fue incendiado. Así que tuvimos que dejarlo morir. Por la mañana ya estaba muerto.

Cuando se lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, Wickert estaba a salvo con su familia en el centro turístico del Monte Fuji. Entiende las razones de las acciones de los estadounidenses.

“Pensé, sí, porque la guerra no podía continuar, y la otra posibilidad sería que los estadounidenses aterrizaran en Japón. Invasión. Y sabía cómo se sentían los japoneses al respecto. Se habrían sacrificado, como los kamikazes. Y eso habría prolongado la guerra sin ningún motivo. El final sería el mismo. Vendrían los estadounidenses, y pensé que tal vez tendrían docenas de bombas, bombas atómicas. Luego vino la bomba de Nagasaki, así que pensé que era muy bueno tenerla, para terminar la guerra ahora mismo lo antes posible. Así que creo que fue lo correcto.

“Por otro lado”, continúa, “no estoy seguro de si los japoneses realmente se habrían sacrificado para defender a su país si la operación de desembarco hubiera durado mucho tiempo. Estaba la discrepancia entre la corrupción del pueblo, desinteresado de la guerra y de todo lo de casa, y los gritos de los jóvenes oficiales para seguir luchando, para sacrificarse. Cuando fui a Tokio inmediatamente después de la capitulación, vi las pancartas en las calles y las escribí: 'Bienvenidas las victorias estadounidenses en todo el mundo'”.

Él niega con la cabeza. “Incluso ahora no puedo entenderlo. Todo estaba descompuesto; el mito se derrumbó. Japón no pudo ser la nación realmente buscada por los dioses, por el cielo, para pacificar y reinar”.

La noticia del suicidio de Hitler el 30 de abril de 1945 tardó un tiempo en llegar a los alemanes en Tokio, ya que Berlín no envió ningún anuncio a la embajada. Finalmente, alguien interceptó un noticiero alemán, proclamando que Hitler había muerto, de una estación de radio en Noruega. Heinrich Stahmer, que había reemplazado a Eugen Ott como embajador, pidió al personal de la embajada que asistiera a un servicio en memoria del Führer caído.

“Vino todo el personal de la embajada alemana”, recordó Wickert. “Había una orquesta sinfónica, que estaba dirigida por el alemán Helmut Fellmer. Tocaron La muerte de Siegfried o algo más de Richard Wagner. Y él [Stahmer] pronunció un discurso de que Hitler tuvo una muerte heroica. Y entonces hizo tirar los colores de la fiesta, y echaron el himno nacional, y también hubo un programa.

“Dije: 'Conservaré esta cosa mimeografiada'. Todavía lo tengo, y lo publiqué en este libro”.

Wickert tenía una copia de su autobiografía de 1991, Mut und Übermut (Coraje e insolencia). “Creo que fue el único servicio conmemorativo realizado en cualquier lugar para Hitler. En Alemania, ciertamente no”.

El El embajador Eugen Ott (izquierda) con su secretaria privada, Fraülein Bauart, y su segundo al mando, Erich Kordt, en una fiesta para el hijo de Ott en 1942. El ministro plenipotenciario Kordt había conspirado dos veces sin éxito para matar a Hitler, dice Wickert.

Wickert se sintió aliviado de que Hitler estuviera muerto. “[Estaba] repentinamente eufórico. Como si una presión se hubiera ido de mí. Como, por ejemplo, si tienes dolor de muelas o de espalda. Te acostumbras. Tal vez durante años usted tiene un dolor de espalda. Pero de repente estás libre de cualquier queja. Fue una euforia tranquila, una liberación”.

Poco después del servicio conmemorativo llegó la confirmación de las noticias que Wickert había informado en 1944 sobre la muerte de judíos en los campos de concentración nazis. La primera noticia de las atrocidades provino de las transmisiones británicas y estadounidenses. El embajador Stahmer ordenó a Wickert que se retractara de sus informes.

“Mi impresión fue que el ejército todavía estaba muy intacto, sin cometer atrocidades”, dijo Wickert. “Cuando salí de Alemania en 1940 todavía existía la moralidad de los viejos oficiales alemanes. Y luego sucedió esto. Era absolutamente imposible para mí entenderlo. Al principio no lo creía”.

Sin Hitler, el personal de la embajada se rebeló ante las órdenes de su hombre de confianza, el afligido Stahmer. “Le escribimos una carta y le dijimos: 'Ya no recibimos órdenes tuyas. Has fallado en todos los sentidos. Esta es la carta que le enviamos”, dijo, pasando a una página de su autobiografía.

Con la embajada en ruinas, Wickert se retiró al área alrededor del monte Fuji, donde pasó los siguientes dos años con su esposa y sus dos hijos leyendo filosofía y periódicos estadounidenses mientras escribía dos novelas y dos novelas cortas. Por fin volvía a escribir, un placer que se había negado a sí mismo durante la guerra porque pensaba que sería indecoroso escribir historias de amor mientras la gente moría a su alrededor. Mantuvo a su familia con los pagos a plazos de una póliza de seguro de guerra que había contratado en Tokio y vendiendo sus objetos de valor en el mercado negro.

“Fueron dos años de licencia en medio de la vida para estudiar, trabajar, hacer lo que quisieras. Fue maravilloso”, sonrió.

El ensueño de los Wickert terminó en octubre de 1947 cuando regresaron a Alemania en un transporte de tropas. Mientras su esposa e hijos se quedaron con sus padres, Erwin estuvo detenido en un campo en el sur de Alemania. Al engañar al oficial estadounidense a cargo del campamento, Wickert pudo obtener la liberación anticipada.

“Los engañé y los traicioné. Quiero decir, fui un mentiroso”, dijo en un tono de voz que transmite que no estaba orgulloso del hecho.

Uniéndose a su esposa e hijos en Heidelberg, Wickert comenzó a ganarse la vida escribiendo obras de radio. Pero su carrera se detuvo brevemente cuando se le pidió que demostrara que había sido desnazificado legítimamente.

“Les mostré la carta del líder del partido en Shanghái que pidió que me retiraran, diciendo que era un personaje terrible, sin tacto ni cooperación. Y yo tenía una carta donde me decían que mi libro estaba prohibido [en Alemania]. Y ellos dijeron: 'Serás desnazificado de acuerdo'. A partir de entonces, fui un escritor de radio establecido”.

Wickert construyó una carrera lucrativa como guionista y locutor galardonado antes de reincorporarse al servicio exterior en 1955, sirviendo en París, Bonn y Londres antes de ser nombrado embajador en Rumania en 1971. Volvió a su carrera como escritor después de jubilarse como embajador en China, donde observó la apertura del país posterior a Mao entre 1976 y 1980.

Un tema que Wickert se había mostrado reacio a discutir era su relación con su padre, que era un devoto nazi. Finalmente, se mostró dispuesto a comentar sobre el tema dos semanas después de la muerte de su hermana.

“Claro que hubiera sido… Hubiera preferido, digo, si tuviera un padre que de alguna manera respetara mis ideas”, respondió cuando le preguntaron si esperaba reconciliarse con su padre. “Pero… vi que era imposible.”

Wickert se aclaró la garganta y luego explicó con voz entrecortada y triste que, aunque su padre vivió hasta los 92 años, fue un impenitente seguidor de Hitler.

“Se aferró a sus creencias, muy terco. O sea, era un personaje desafortunado”, remarcó. “Yo no lo odiaba. Lo vi poco antes de que muriera, y hablé con él, pero sabía que ya no me entendería. No entendería nada en absoluto porque estaba más o menos en coma. Pero me compadecía de él por su forma de llevar la vida. Eso es todo."

Durante una vida de aventuras e intrigas, Erwin Wickert de alguna manera se las arregló para seguir siendo una persona intensamente reservada. Estaba dispuesto a compartir vislumbres del pasado; sin embargo, estableció límites sólidos y gran parte de lo que recuerda permanecerá solo con él. Falleció el 26 de marzo de 2008.

lunes, 13 de junio de 2022

El petróleo en la SGM

Petróleo en la Segunda Guerra Mundial

Weapons and Warfare

 



El petróleo se convirtió en un problema estratégico importante para Adolf Hitler y la Wehrmacht cuando Alemania perdió el acceso a las importaciones extranjeras a partir de 1939. El petróleo se tomó de las reservas en Polonia y de los pequeños campos polacos en Borislav-Drogobic; se tomaría de Noruega, Francia y las reservas de otros países ocupados en 1940. Mientras tanto, se importaba petróleo de la Unión Soviética en virtud de acuerdos de trueque relacionados con el Pacto nazi-soviético del 23 de agosto de 1939. Ese acuerdo condujo a la French para proponer bombardear los campos soviéticos en Bakú en el Mar Caspio durante la llamada Guerra Falsa (1939-1940), un proyecto debatido intensamente después de que Joseph Stalin lanzó la Guerra finlandesa-soviética en noviembre de 1939. Fue rechazado por los británicos como probable que conduzca a la guerra con la Unión Soviética sin cambiar el equilibrio de fuerzas frente a la Alemania nazi. Después de que BARBAROSSA cortara los envíos de trueque soviéticos a partir de mediados de 1941, la Wehrmacht se basó en las importaciones de Rumania y en la producción nacional y sintética alemana; esta última producía combustibles de menor grado a partir del carbón en plantas de hidrogenación. Durante la mayor parte de la guerra, Alemania dependió principalmente del petróleo extraído de los campos rumanos de Ploesti. Incluso a plena producción, los pozos rumanos suministraron menos de 6 millones de toneladas. Los británicos habían intentado sin éxito sabotear las obras y los oleoductos de Ploesti que conducían a Alemania durante el invierno de 1939-1940. La USAAF fracasó en su bombardeo inicial de Ploesti en 1942.

La producción total de petróleo alemán alcanzó los 5,7 millones de toneladas en 1941, de los cuales 4 millones de toneladas eran sintéticos. Los alemanes capturaron brevemente el pequeño campo petrolero soviético en Maikop, manteniéndolo desde agosto de 1942 hasta enero de 1943. Sin embargo, la mayoría de sus instalaciones y pozos fueron destruidos antes de que el Ejército Rojo se retirara. Los campos soviéticos más grandes en Grozny estaban 200 millas más allá de Maikop, mientras que los campos principales alrededor de Bakú estaban 300 millas más allá de Grozny. Sin embargo, el petróleo en esos lugares atrajo a Hitler cada vez más hacia el interior del Cáucaso. Los campos de Bakú nunca fueron capturados por la Wehrmacht, a pesar de que Hitler gastó muchas divisiones tratando de alcanzarlos. Una segunda reserva de petróleo soviética que se desarrolló en la década de 1930 existía mucho más allá del alcance alemán, al otro lado del río Volga, cerca de Ufa. La producción de petróleo soviética era de 33 millones de toneladas por año antes de la guerra. Eso cayó a 18 millones de toneladas en 1943, una cantidad todavía el doble del tonelaje disponible para Alemania. A medida que el Ejército Rojo avanzaba hacia el oeste en el verano y el otoño de 1944, invadió dos pequeñas fuentes de petróleo alemanas, una pequeña cantidad de pozos en el este de Polonia y la pizarra bituminosa de Estonia. La destrucción de los pozos y refinerías de Rumania en Ploesti por los bombardeos occidentales y luego la ocupación soviética el 30 de agosto de 1944 significó que el último suministro externo de Hitler fuera el campo de Nagykanizsa en Hungría. Por lo tanto, reforzó fuertemente en Hungría incluso cuando la Wehrmacht y las Waffen-SS estaban librando batallas desesperadas en Prusia Oriental y Pomerania. La lucha condenada al fracaso para mantener Hungría duró desde octubre de 1944 hasta marzo de 1945. un pequeño número de pozos en el este de Polonia y el esquisto bituminoso de Estonia. La destrucción de los pozos y refinerías de Rumania en Ploesti por los bombardeos occidentales y luego la ocupación soviética el 30 de agosto de 1944 significó que el último suministro externo de Hitler fuera el campo de Nagykanizsa en Hungría. Por lo tanto, reforzó fuertemente en Hungría incluso cuando la Wehrmacht y las Waffen-SS estaban librando batallas desesperadas en Prusia Oriental y Pomerania. La lucha condenada al fracaso para mantener Hungría duró desde octubre de 1944 hasta marzo de 1945.

El Medio Oriente apenas estaba desarrollando su capacidad petrolera antes de la Segunda Guerra Mundial. El primer pozo en el Medio Oriente se perforó en Irán en 1908, elevando de la noche a la mañana la importancia estratégica de esa región. El petróleo se extrajo por primera vez de Irak en 1927, Arabia Saudita en 1935 y Kuwait en 1938. Pero la producción era baja para los estándares mundiales y el transporte era difícil y fácil de interceptar. Aun así, la presencia de yacimientos petrolíferos y algo de producción en esas áreas influyeron en el pensamiento estratégico de Gran Bretaña. Contribuyó a que Londres estacionara al ejército indio y otras fuerzas de guarnición en el país, enviara equipos del Ejecutivo de Operaciones Especiales (SOE) y enviara una expedición armada para derrocar un régimen pro-alemán en Irak. Gran Bretaña también extrajo petróleo de Venezuela, que se enriqueció con sus exportaciones durante la guerra. No se descubrió petróleo en volumen en el oeste de Canadá hasta 1947. La producción menor alrededor de los Grandes Lagos ni siquiera satisfizo las pequeñas necesidades de Canadá en tiempos de guerra. Eso significaba que las fuerzas británicas y de la Commonwealth dependían del petróleo estadounidense. Al igual que la Unión Soviética, Estados Unidos tenía vastas reservas internas de petróleo. Los estadounidenses podían recurrir a más de 400.000 pozos de petróleo, que producían casi 700 veces más que los insignificantes 4.000 pozos de Japón. Tal abundancia permitió a Estados Unidos proporcionar a sus aliados con escasez de petróleo combustibles crudos y refinados. Sin embargo, Estados Unidos respondió tarde a la amenaza de los submarinos a su tráfico de petroleros en el Atlántico. La Marina de los EE. UU. tardó meses en aceptar, diseñar y desplegar un sistema de convoyes costeros y encontrar las escoltas para hacerlo funcionar. A más largo plazo, Estados Unidos resolvió el problema de los petroleros construyendo oleoductos desde sus yacimientos petrolíferos y refinerías de Oklahoma y Texas hasta las grandes ciudades y puertos del noreste. Otros oleoductos llevaban fuel oil y productos refinados a los grandes puertos de la costa oeste, para su transbordo al Pacífico.

Japón había comenzado la producción de petróleo sintético en 1937, pero un estudio militar secreto de agosto de 1941 concluyó que se necesitaba mucha más inversión y que, incluso entonces, la producción no se acercaría a las necesidades de Japón hasta 1943-1944. La Armada Imperial Japonesa ya había decidido que la falta de petróleo justificaba la guerra a fines de 1941, antes de que la Armada de los EE. UU. acumulara una fuerza abrumadora en el Pacífico bajo los nuevos proyectos de ley de asignaciones. La falta de petróleo y las sanciones a las exportaciones de petróleo a Japón impuestas por el presidente Franklin D. Roosevelt en 1941 fueron una de las razones principales por las que Tokio decidió seguir el camino nanshin: el camino hacia el sur conducía a las profundas reservas de petróleo de las Indias Orientales Holandesas. Sin embargo, el manejo inepto de Japón de su flota de petroleros durante la Guerra del Pacífico, en particular la falta de convoy, significaba que a fines de 1943 no podía llevar el petróleo de Indonesia a las islas de origen a pesar de que todavía controlaba los campos. El Ejército y la Armada complicaron los problemas al negarse a compartir las existencias de petróleo, sin siquiera informarse mutuamente sobre las reservas disponibles.

viernes, 12 de junio de 2020

Las malas relaciones diplómaticas entre Polonia y Rusia


Relaciones entre Rusia y Polonia: las peores desde la Segunda Guerra Mundial y su rápido deterioro

Institute for Global Threats and Democracies Studies

Por David DeBatto

Como todas las naciones del este de Europa, Polonia pasó muchos años bajo el dominio ruso / soviético. Excepto por breves períodos de independencia desde 1794-1795, y luego nuevamente desde 1918 hasta 1939, Polonia fue subyugada bajo el dominio imperial ruso desde 1772 hasta 1918. Después del final de la Segunda Guerra Mundial, Polonia quedó bajo el dominio soviético desde 1945 hasta que declaró su independencia en 1989 a raíz de la disolución caótica de la Unión Soviética. En virtud de su desafortunada ubicación geográfica que limita con Lituania, Bielorrusia, Ucrania y el enclave ruso de Kaliningrado, Moscú siempre ha considerado a Polonia como parte de su cercano exterior y dentro de sus esferas de influencia política y militar. Después del colapso de la Unión Soviética en 1991, los líderes rusos acuñaron la frase, cerca del extranjero, en referencia a las naciones de Europa del Este que anteriormente formaban parte de la Unión Soviética y que a menudo contenían una gran población de habla rusa. Polonia fue una de esas naciones, y Moscú nunca ha olvidado su antiguo estado vasallo y su antiguo gobernante. Con su larga memoria colectiva y su comportamiento agresivo reciente, ¿intentará Moscú volver a llevar a Polonia al Imperio ruso del zar Vladimir I, o el Kremlin simplemente se contentará con causar interrupciones y sembrar el caos en Varsovia?

Recientes acciones militares en Siria, Libia, Donbas y Crimea demuestran claramente la propensión de Moscú a asumir riesgos. Según el general de brigada estadounidense Gregory Hadfield, subdirector de inteligencia de AFRICOM, “Rusia está ejecutando el mismo libro de jugadas (en Libia) que se empleó con éxito en Crimea, Ucrania y, en menor medida, en Siria. Rusia ha demostrado su disposición a violar a las naciones soberanas, y parece dispuesto a hacer lo mismo en África ". Las acciones en Libia representan una expansión peligrosa de la agresión militar rusa en el Magreb (norte de África), una región que no había sido blanco de Moscú. Con este desarrollo, Rusia ha comprometido fuerzas, tanto militares como civiles mercenarios, en una región que se extiende desde el este del Mediterráneo en Libia hasta el oeste del Mediterráneo en Siria, un área que abarca casi la mitad de la costa de la región mediterránea. ¿Es de extrañar que a la OTAN le preocupe la agresión rusa en su cercano extranjero?

Las relaciones ruso-polacas alcanzaron un nuevo nivel cuando se descubrió que alrededor de 22,000 oficiales militares e intelectuales civiles polacos habían sido asesinados y luego enterrados a toda prisa en el bosque de Katyn cerca de Smolensk, en el oeste de Rusia, en algún momento de 1940, poco después de la invasión soviética del este de Polonia en Polonia. 1939 por el ejército soviético. Los soviéticos habían negado repetidamente cualquier participación en la masacre y culparon de las atrocidades a los nazis. Una investigación del Congreso estadounidense en 1951 demostró de manera concluyente que el NKVD soviético (precursor del KGB) fue responsable de los asesinatos en masa. Aunque este hallazgo no se hizo público durante muchos años debido a razones diplomáticas y de inteligencia, el informe finalmente fue publicado por una orden ejecutiva del presidente Obama en 2011. Como se puede imaginar, esta revelación no le cayó bien a Polonia, aunque la mayoría de los polacos Siempre había sospechado lo mismo de todos modos. Años de opresión soviética desde 1945 - 1989 se sumaron al empeoramiento de las relaciones. Justo cuando parecía que las relaciones no podían empeorar, en 2010 un avión que transportaba al presidente polaco Lech Kaczynski y docenas de los principales líderes militares y civiles polacos se estrelló cerca del lugar de la Masacre del Bosque Katyn cerca de Smolensk, Rusia, 70 años antes. Las 97 personas a bordo fueron asesinadas. El avión era un Tupolev Tu-154 construido por los soviéticos, por lo que inmediatamente surgieron acusaciones de sabotaje. Algunos polacos incluso acusaron al ejército ruso de derribar el avión.





KATYŃ, RUSIA, 8 DE ABRIL DE 2017. CEMENTERIO DE GUERRA POLACO EN EL CAMPO DEL COMPLEJO MEMORIAL DEL ESTADO "KATYN". © TOMASZ GZELL (PAP). Foto.

Como si derramar gasolina sobre el ya furioso fuego de la ira polaca sobre las relaciones ruso-polacas, en diciembre de 2019, Vladimir Putin decidió hacer una declaración escandalosa e inflamatoria que culpó directamente del comienzo de la Segunda Guerra Mundial en Europa a los pies de Polonia, el país cuya invasión de la Alemania nazi en septiembre de 1939 lanzó el inicio oficial de la guerra. Luego, Polonia sufrió algunas de las peores atrocidades nazis de la guerra, incluido el genocidio casi completo de su población judía. Nada de eso le importaba al presidente ruso. Según Putin, "fueron ellos", dijo, "quienes, mientras perseguían sus ambiciones mercenarias y exorbitantes, dejaron a su pueblo, el pueblo polaco, abierto al ataque de la maquinaria militar de Alemania y, además, en general contribuyeron al comienzo de la Segunda Guerra Mundial ". Por supuesto, tenía muchas racionalizaciones para el Pacto Molotov-Ribbentrop, el acuerdo entre la Unión Soviética y Alemania que permitió a Stalin invadir y ocupar el este de Polonia, mientras que Hitler invadió y ocupó el oeste de Polonia. Ese hecho no está incluido en ningún libro de texto ruso, y que yo sepa, nunca ha sido incluido en ningún libro de texto estadounidense. Sin embargo, estoy bastante seguro de que el pueblo polaco no necesita ningún libro de texto para recordarles esa traición. Nunca lo olvidarán.

Para llevar todo esto de nuevo al día actual, la OTAN y el resto del mundo todavía están en medio de lidiar con la pandemia de Covid-19 y todas las consecuencias médicas y económicas asociadas con esta crisis internacional. La Unión Europea (UE) ha sufrido un golpe económico masivo debido a las cuarentenas y los cierres de sus economías nacionales. Como ejemplo de lo devastadora que es esta crisis económica, Francia y Alemania anunciaron recientemente una propuesta sin precedentes para otorgar a la UE unos 580 mil millones de dólares como una subvención para ayudar a rescatar a los miembros más necesitados, no se requiere un reembolso. La OTAN, aunque inicialmente tardó en responder, ahora ha proporcionado a muchas naciones suministros médicos, personal médico y logístico muy necesarios, así como otros servicios cruciales. Su apoyo a las naciones miembros e incluso a las naciones no miembros está en curso. Sin embargo, no es ningún secreto que esta pandemia inesperada y sin precedentes ha agotado enormemente los recursos de la OTAN. Ese hecho no ha pasado desapercibido para el Kremlin.

Aunque Rusia también ha sufrido bajo la pandemia de Covid-19, eso no ha frenado las ambiciones militares y políticas de Putin. No muestra signos ni saca tropas de Siria, Crimea o el este de Ucrania, y acaba de lanzar una misión muy controvertida en Libia, que incluye mercenarios y aviones de combate. Esto no parece ser un hombre que está recuperando sus movimientos expansionistas en el corto plazo. Entonces, ¿qué significa todo esto para Polonia y la OTAN?
Polonia es un orgulloso miembro de la OTAN, alberga varias unidades militares de los países miembros de la OTAN (incluido Estados Unidos), y actualmente está en negociaciones con los estadounidenses para construir una base importante para el ejército de EE. UU. En Polonia, un movimiento controvertido que ha enojado a Moscú . Ya sea que Moscú esté ofendido o no, la OTAN y el ejército de los EE. UU. se comprometen a una presencia continua en Polonia en el futuro previsible. El Kremlin solo necesita mirar sus propias acciones en Crimea, Donbas, Siria y ahora, Libia, así como sus ataques cibernéticos contra Estonia y Lituania para comprender este compromiso renovado con Polonia.

Un buen ejemplo de esa presencia renovada de la OTAN son los ejercicios anuales de juegos de guerra, como el Espíritu Ágil de este año. En un esfuerzo por sembrar la confusión y la desconfianza entre los estadounidenses y sus homólogos polacos, la unidad de guerra cibernética de la rama de inteligencia militar rusa, el GRU, lanzó una importante campaña de desinformación durante el ejercicio Agile Spirit de este año. Se organizaron entrevistas falsas con comandantes estadounidenses y se hicieron comentarios supuestamente despectivos sobre el pueblo y los militares polacos. Se insertaron y publicaron en las redes sociales otras noticias falsas diseñadas para fomentar el caos durante el ejercicio militar. El portavoz del gobierno polaco, Stanislaw Zaryn, dijo sobre el ciberataque de GRU en una larga declaración: "La campaña de desinformación es un intento de romper la cohesión de la alianza," destruir la imagen de Estados Unidos ". y debilitar su compromiso en Europa, y plantear dudas sobre la fiabilidad de los países en el flanco oriental de la OTAN ". Afortunadamente, este ataque se identificó temprano y no se causó ningún daño grave. Pero no será la última vez que este tipo de ataque le sucede a un miembro de la OTAN. De hecho, "el Ministerio de Defensa de Lituania el mes pasado dijo que había habido 807 casos de información falsa o engañosa desde febrero sobre el virus, gran parte centrada en Lituania".

Así sigue y sigue. Es muy probable que Polonia experimente muchas más campañas de desinformación como esta, y lo más probable es que las futuras campañas sean de una naturaleza más sofisticada. Moscú, sin lugar a dudas, continuará empujando el sobre y verá cuánto pueden salirse con la suya. Polonia no es segura, de ninguna manera, y ellos lo saben. Estos ciberataques son en realidad actos de guerra lanzados por Rusia en un ámbito digital contra una nación soberana. En mi opinión, no son diferentes de si varias divisiones blindadas rusas respaldadas por infantería de apoyo y cobertura aérea, atravesaron la frontera polaca y abrieron fuego. Estos ataques son, de hecho, las primeras rondas de una guerra, una guerra cibernética si se quiere, pero una guerra, sin embargo. La forma en que la OTAN responda a estos ataques contra los países miembros, estos actos de guerra, determinará el futuro de Polonia, el futuro de la alianza y el futuro de Europa occidental.

Rezo para que elijan la respuesta correcta, y pronto.

Chile: La política interna en el sur chileno

Política interna regional del sur chileno Para hablar de la política sureña chilena conviene tomar un arco amplio: Ñuble y Biobío como zon...