viernes, 31 de julio de 2026

Chile: La política interna en el sur chileno

Política interna regional del sur chileno







Para hablar de la política sureña chilena conviene tomar un arco amplio: Ñuble y Biobío como zona de transición; La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos como sur propiamente dicho; Aysén y Magallanes como sur austral. No constituyen un bloque político uniforme. La cuestión mapuche y la seguridad dominan en Biobío y La Araucanía; la regulación de las actividades agropecuarias, forestales y acuícolas pesa especialmente entre Los Ríos y Los Lagos; mientras que en Aysén y Magallanes prevalecen el aislamiento, la conectividad, el costo de vida y la autonomía regional.

La fórmula más aproximada sería esta: el sur chileno puede ser conservador en materia de orden, propiedad y seguridad; estatista cuando reclama infraestructura, subsidios y servicios; productivista frente a la regulación ambiental; y profundamente regionalista cuando percibe que Santiago desconoce sus particularidades.

Un giro conservador nacional, pero no una hegemonía uniforme

Las elecciones presidenciales de 2025 confirmaron el fortalecimiento de la derecha en el centro-sur y el sur. José Antonio Kast, que asumió la Presidencia el 11 de marzo de 2026, ganó la segunda vuelta en todas las regiones; su mayor diferencia se produjo precisamente en Ñuble, donde alcanzó aproximadamente el 69% frente al 30% de Jeannette Jara. La seguridad, la propiedad rural, el rechazo al desorden y la reactivación económica encontraron allí una recepción particularmente favorable.

Pero ese predominio nacional no se traduce automáticamente en control de todos los gobiernos regionales. En las elecciones de gobernadores de 2024, Sergio Giacaman obtuvo una victoria contundente en Biobío con el 72,65%; en cambio, el independiente René Saffirio derrotó por escaso margen al gobernador derechista Luciano Rivas en La Araucanía; y Alejandro Santana, de Chile Vamos, ganó Los Lagos con el 51,87%. El dato importante es el voto diferenciado: una persona puede apoyar a la derecha en la elección presidencial por razones de seguridad y, simultáneamente, elegir a un independiente o a un dirigente de centroizquierda para administrar inversiones regionales.

Esto indica que el votante sureño no siempre se comporta como un militante ideológico. Suele distinguir entre el liderazgo nacional —orden público, economía, política indígena— y la gestión territorial —caminos, hospitales, conectividad, agua potable, reconstrucción y apoyo productivo—.

Biobío: industria, reconversión y seguridad rural

Biobío contiene varias sociedades políticas dentro de una misma región. El área metropolitana de Concepción posee tradición industrial, sindical, universitaria y portuaria. En cambio, Arauco, la provincia de Biobío y las comunas interiores presentan mayor ruralidad, actividad forestal y exposición al conflicto territorial. La industria manufacturera, la celulosa y la generación eléctrica siguen teniendo un peso relevante en su economía regional.

Por eso pueden identificarse dos grandes preocupaciones. En el espacio urbano-industrial aparecen el empleo, la desindustrialización, la contaminación, la reconstrucción y el transporte metropolitano. En las áreas rurales predominan la seguridad de las rutas, los ataques contra instalaciones productivas, el robo de madera, los incendios, la presencia policial y la defensa de la propiedad.

La victoria abrumadora de Giacaman en 2024 debe interpretarse dentro de ese contexto: no fue solamente una adhesión partidaria, sino también una demanda por gestión ejecutiva, reconstrucción y una respuesta más firme frente a la inseguridad. Sin embargo, Concepción y su entorno continúan proporcionando a la izquierda y a la centroizquierda una base urbana considerable. Biobío es, por consiguiente, una región competitiva, pero con una periferia rural que ha empujado el promedio regional hacia posiciones más conservadoras.

La Araucanía: el gran clivaje territorial de Chile

La Araucanía posee la dinámica política más compleja del sur. Allí se superponen reivindicación territorial mapuche; pobreza rural; agricultura y actividad forestal; propietarios pequeños, medianos y grandes; comunidades indígenas; empresas; turismo; violencia política y delincuencia común. Reducir todo eso a un conflicto entre “mapuches y chilenos” sería profundamente incorrecto.

La política regional gira alrededor de una pregunta básica: ¿el problema se resuelve prioritariamente mediante seguridad, restitución de tierras, desarrollo económico, reconocimiento político o alguna combinación de esos instrumentos?

El Estado de excepción continuaba siendo prorrogado en junio de 2026 para La Araucanía y las provincias de Arauco y Biobío. Su permanencia demuestra que la militarización parcial dejó de ser una medida extraordinaria de corta duración y pasó a integrarse en la administración habitual del conflicto.

Al mismo tiempo, la Comisión Presidencial para la Paz y el Entendimiento entregó en 2025 propuestas sobre tierras, reparación y relación entre el Estado y el pueblo mapuche. Posteriormente comenzó una consulta indígena para diseñar un nuevo sistema de tierras. Esto produjo dos reacciones contrapuestas: para algunos sectores era una posibilidad de ordenar y acelerar la resolución de reclamaciones históricas; para otros podía ampliar la incertidumbre sobre la propiedad y premiar indirectamente la presión territorial.

El gobierno de Kast desplazó el centro de gravedad hacia una política de control territorial y seguridad primero, acompañada por una revisión crítica de la política tradicional de compra y restitución de tierras. Ese giro coincide con una parte importante del electorado regional, pero enfrenta el riesgo de tratar como un único problema fenómenos distintos: terrorismo, delincuencia rural, reivindicación indígena pacífica, pobreza, disputas judiciales y falta de inversión.

La elección de René Saffirio como gobernador muestra precisamente la complejidad de la región. La Araucanía pudo apoyar electoralmente una agenda presidencial conservadora y, a la vez, elegir un gobernador independiente no alineado con la derecha. Eso sugiere que una parte del electorado desea firmeza en seguridad, pero desconfía tanto de los partidos tradicionales como de las respuestas exclusivamente coercitivas.

Los Ríos: equilibrio entre Valdivia y el interior rural

Los Ríos presenta una política menos militarizada. Valdivia concentra universidades, servicios públicos, actividad cultural, organizaciones ambientales y una sociedad civil relativamente densa. El interior regional, en cambio, depende en mayor medida de la agricultura, la ganadería, la actividad forestal y las pequeñas ciudades.

La actividad agropecuario-silvícola, la generación eléctrica, los servicios y el comercio explican una parte considerable de su desempeño económico. Esa estructura produce controversias sobre protección de humedales, proyectos energéticos, plantaciones forestales, turismo, empleo rural y uso del agua.

Políticamente, Los Ríos suele ser más equilibrada que La Araucanía o Ñuble. Valdivia puede favorecer candidaturas progresistas, regionalistas o ambientalistas, mientras que las comunas rurales tienden a posiciones más conservadoras. La competencia no se organiza tanto alrededor de la seguridad nacional como alrededor de qué tipo de desarrollo debe seguir la región y quién controla sus recursos naturales.

Los Lagos y Chiloé: producción, ambiente e identidad insular

Los Lagos posee una economía vinculada a la ganadería, la industria alimenticia, la pesca, la acuicultura, la actividad forestal y el turismo. La salmonicultura es particularmente relevante, tanto por el empleo y las exportaciones como por los conflictos ambientales, sanitarios y laborales que genera.

El clivaje principal no enfrenta simplemente a izquierda y derecha. En numerosas localidades la disputa es entre quienes priorizan la continuidad del empleo productivo y quienes exigen mayores controles ambientales; entre las grandes empresas y los proveedores locales; entre Puerto Montt como centro administrativo y las provincias periféricas; entre el continente y el archipiélago de Chiloé.

Chiloé posee una identidad territorial especialmente fuerte. La movilización de 2016 mostró que trabajadores, pescadores, comerciantes y organizaciones locales podían construir una protesta transversal contra el Estado central y contra la gestión de una crisis ambiental. Al igual que el movimiento de Aysén, se articuló alrededor de una sensación de abandono y no encajó completamente dentro de la división partidaria nacional.

Por eso la política de Los Lagos combina conservadurismo rural, empresariado productivo, sindicalismo pesquero, ambientalismo, demandas indígenas huilliches y regionalismo chilote. Alejandro Santana puede representar electoralmente a la derecha, pero como gobernador también debe enfrentarse a Santiago para obtener presupuesto, carreteras, conectividad marítima e inversiones hospitalarias.

Aysén: regionalismo antes que ideología

Aysén es probablemente el territorio donde la división entre izquierda y derecha resulta menos explicativa. Las distancias, el combustible, la conectividad terrestre y marítima, el acceso a especialistas médicos, el costo de los alimentos y la dependencia del transporte condicionan la política cotidiana.

El movimiento social de 2012 reunió organizaciones muy diferentes alrededor de demandas territoriales: combustibles, salud, educación superior, conectividad y mayor participación regional en los recursos naturales. La identidad regional operó como un factor de unificación por encima de las filiaciones partidarias.

Aysén puede votar por candidatos conservadores en una elección nacional y, al mismo tiempo, reclamar subsidios, empresas públicas, protección de actividades locales y una fuerte intervención estatal. No existe contradicción para el votante: considera que una zona extrema no puede someterse a las mismas reglas de costos que Santiago.

La acuicultura, la pesca, el turismo, la construcción y el sector público tienen una incidencia importante, pero presentan fuertes oscilaciones. En 2024 la economía regional cayó levemente por la menor actividad pesquera, salmonera y minera; durante el primer trimestre de 2025 volvió a crecer con fuerza por la acuicultura y la construcción. Esa volatilidad fortalece la demanda de políticas regionales anticíclicas.

Magallanes: una sociedad regional con conciencia de excepcionalidad

Magallanes posee una identidad regional muy marcada, basada en el aislamiento, el clima, la historia de poblamiento, la ganadería, los hidrocarburos, la navegación y su vinculación con la Antártida. Diversos estudios encuentran una fuerte identificación emocional con el territorio y con su singularidad respecto del resto de Chile.

La llamada crisis del gas de 2011 demostró la capacidad de la sociedad magallánica para movilizarse transversalmente. El intento de aumentar el precio del gas produjo una reacción regional que atravesó partidos, sindicatos, empresarios y organizaciones sociales, hasta forzar una modificación de la política nacional.

Eso explica una característica persistente: Magallanes puede tener representantes de izquierda, centro o derecha, pero todos enfrentan fuertes incentivos para adoptar posiciones regionalistas. El político que aparece excesivamente subordinado a Santiago corre el riesgo de perder legitimidad local.

La política contemporánea incorpora además nuevos ejes: desarrollo del hidrógeno verde, papel de ENAP, salmonicultura, protección ambiental, infraestructura antártica, turismo y conectividad con el resto de Chile. La discusión no es únicamente si debe haber inversión, sino qué parte de sus beneficios, empleos y decisiones permanecerá en la región.

Gobernadores, delegados y centralismo

La elección directa de gobernadores regionales produjo una nueva legitimidad territorial. Los gobernadores administran inversiones, elaboran estrategias regionales y presiden los consejos regionales, pero no controlan plenamente la seguridad, las policías ni los servicios nacionales. Esas atribuciones permanecen en buena medida bajo autoridades y ministerios designados desde Santiago.

En el sur esta división es especialmente visible. El gobernador puede financiar caminos, cámaras, programas productivos o recuperación urbana, pero la conducción del Estado de excepción depende del Ejecutivo nacional. Puede promover conectividad, pero las grandes obras dependen de ministerios centrales. Puede reclamar una política acuícola regional, pero la regulación principal continúa siendo nacional.

En 2026, el gobernador de Los Lagos, Alejandro Santana, asumió la presidencia de la Asociación de Gobernadores Regionales. Paralelamente, Los Lagos, Aysén y Magallanes vienen impulsando la coordinación denominada “Chile por Chile”, orientada a mejorar la conexión terrestre y marítima del sur austral sin depender necesariamente del tránsito por territorio argentino. Son ejemplos de un regionalismo institucional que busca negociar colectivamente con el poder central.

La síntesis política

La política sureña chilena puede resumirse como una combinación de conservadurismo territorial y demanda estatal.

En Biobío y La Araucanía, la seguridad, la propiedad y el conflicto territorial favorecen a la derecha, aunque subsisten importantes bases urbanas de centroizquierda y liderazgos independientes. En Los Ríos y Los Lagos, la disputa se concentra en la relación entre producción, regulación ambiental, empleo y autonomía territorial. En Aysén y Magallanes, el regionalismo puede imponerse sobre las fronteras ideológicas nacionales.

Por eso no conviene definir al sur simplemente como “derechista”. Es más preciso decir que una gran parte de su electorado desea orden sin abandono estatal; inversión privada sin subordinación absoluta a las grandes empresas; protección de la propiedad, pero también subsidios territoriales; explotación de recursos, pero con beneficios visibles para las comunidades locales.

El norte chileno dice: “producimos la riqueza minera que Santiago distribuye”. El sur formula una queja parecida, pero con otro contenido: “aportamos recursos forestales, agrícolas, pesqueros, energéticos y territoriales, mientras Santiago decide cómo debemos vivir y producir”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Chile: La política interna en el sur chileno

Política interna regional del sur chileno Para hablar de la política sureña chilena conviene tomar un arco amplio: Ñuble y Biobío como zon...