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lunes, 31 de julio de 2023

China viene realmente por los recursos de Latinoamérica

“China es el usurero de América Latina y viene por todos sus recursos naturales”: un inquietante estudio revela las intenciones de Xi Jinping

Agustín Barletti, en su libro “El Hambre del Dragón: el plan de China para comerse al mundo”, detalla el alarmante grado de penetración del régimen en la región. “Ya saquearon África”, advierte

Por Fernanda Kobelinsky || Infobae





Entrevista a Agustín Barletti - China Es El Usurero De América Latina

La investigación de Agustín Barletti recopila una a una todas las incursiones del régimen chino en América Latina. Describe el inquietante modus operandis del gigante asiático para saciar su sed expansionasita y detalla la operatoria sigilosa con la que logra, “a billetera abierta”, como dice él, manipular votaciones en organismos internacionales, y apropiarse de recursos naturales y soberanía en la región.

En diálogo con Infobae, analiza la situación en todos los países del bloque -afines ideológicamente al régimen de Xi Jinping y no tanto-, e implora mirar hacia África para conocer el futuro que nos espera si los líderes latinoamericanos no ponen un freno a Pekín.El Hambre del Dragón: El plan de China para comerse al mundo, el libro de Agustín Barletti

“En África ya no hay mucho más para saquear y están buscando los recursos naturales de nuestra región: el litio, el petróleo, el cobre, el oro, las oleaginosas… Todo eso es lo que China está buscando en Latinoamérica”, advierte. “Tenemos que estar muy preocupados”, repite una y otra vez.

Entrevista a Agustín Barletti - Índice Mundial De Penetración China

En su libro, “El Hambre del Dragón: el plan de China para comerse al mundo”, usted habla de América Latina como el patio trasero de China. ¿Cuáles son los principales intereses de China en América Latina y cómo podrían afectar a la región?

— La izquierda latinoamericana suele decir que Latinoamérica es el patio trasero de los Estados Unidos y bueno, hoy hay que decir que China se compró todas las baldosas del patio ese y ya lo está manejando. Esto es porque China, en los últimos años, se ha convertido en un prestamista de emergencia para los países que están teniendo más dificultades para acceder a préstamos convencionales, como los del Fondo Monetario Internacional o del Club de París. Entonces, a diferencia del FMI, que presta el dinero y quiere cobrar lo que presta, y que para ello propone algunas recetas de ajuste que a muchos gobiernos, sobre todo a los populistas, no les gusta, China presta a billetera abierta y no le interesa nada. Al contrario, no tiene ningún interés en que le paguen la deuda, tampoco se fija si al gobierno al que le prestan es un gobierno legítimo, si se respetan o no los derechos humanos o la libertad de prensa. A China le interesa que el país quede endeudado para poder influenciarlos, ya sea consiguiendo decisiones a favor en organismos multilaterales como en Naciones Unidas, quedándose con activos o tomando actitudes que violan la soberanía de los países.

¿Me puede dar un ejemplo?

— En los organismos multilaterales tenemos un caso relativamente reciente y muy duro: en China se está produciendo una flagrante violación de los derechos humanos con una minoría musulmana en Xinjiang a la que están recluyendo en campos de reeducación para que dejen de ser musulmanes y abracen al Partido Comunista. Y esto no lo digo yo, fue probado por la misión de Naciones Unidas que comandó Michelle Bachelet, que hizo un reporte lapidario contra China con una moción en Naciones Unidas para condenar esta situación y, lamentablemente, a China no se la condenó porque varios países de Sudamérica, y varios de África también, votaron a favor de China. Y ahí se ve la doble vara… Argentina, que es un país que saca pecho en todos los foros internacionales sobre su política de derechos humanos, resulta que no condenó.

En cuanto a quedarse con activos, en Argentina están las 200 hectáreas en la provincia de Neuquén cedidas por 50 años renovables a China para colocar una base espacial que está manejada por el Ejército Popular de Liberación. Allí están exentos de todos los impuestos y si Argentina, dueña de la soberanía, quiere saber qué pasa en esa base tiene que pedirle a los chinos por escrito para visitarla, con tres meses de anticipación, y solo lo dejan estar una hora... Eso solo alcanza para ver la recepción, dónde está la foto de Xi Jinping y la de Mao, nada más. Mientras, tienen una antena con la altura de un edificio de 16 pisos, que pesa 200 toneladas y desde ahí se puede saber todo lo que pasa en el hemisferio sur...

Otro ejemplo es Perú, donde se está construyendo un mega Puerto de Chancay, que está violando todas las normas habidas y por haber desde el punto de vista ambiental, incluso se está haciendo un túnel por debajo de un pueblo arruinando los humedales, y los peruanos no dicen nada. Hay una organización que lleva a cabo un Índice Mundial de Penetración China, y cuando vemos el ranking de Latinoamérica, yo pensé encontrarme con Venezuela o con Ecuador en la cima, pero el país más penetrado por China es Perú, que tiene hasta a funcionarios chinos participando en cómo se arman los planes de estudios en las universidades peruanas, con periodistas peruanos viajando a China para capacitarse en las cadenas de comunicaciones estatales, hay intercambio de militares…

El único país de Sudamérica que resistió a este embate chino, que prácticamente no tiene deuda y que además es el único país de Latinoamérica que reconoce todavía la independencia de Taiwán, es Paraguay.

En Paraguay, de hecho, el presidente electo Santiago Peña ya dijo que va a mantener su relación con Taiwán y visitó la isla semanas atrás, aun cuando tenía presiones para inaugurar una relación con China…

— Peña dijo que va a tener una relación pragmática, donde se va a comerciar lo que haya que comerciar, pero hasta ahí llega. Taiwán es una isla independiente y democrática, pero para China es una provincia rebelde, que debiera volver al seno materno, y como China es consciente de sus limitaciones y sabe que está muy lejos militarmente de una invasión, porque el presupuesto militar de China son USD 390 mil millones al año, y el de Estados Unidos es de USD 900 mil millones -más el presupuesto europeo- y porque además, y sobre todas las cosas, el Ejército Popular de Liberación hace 50 años que no tiene experiencia en combate. A esto se le suma la situación insular de Taiwán, que dificulta una invasión y la situación climática, porque la ventana posible de una invasión es muy cortita por los monzones. Entonces, como sabe que no puede hacer nada militarmente, lo que hace es presionar con esta billetera a los países para que dejen de reconocer la independencia de Taiwán y lo está logrando.

Honduras fue el último caso…

— Sí, y está el caso emblemático de Nicaragua. En la pandemia, el régimen regaló 200.000 dosis de vacuna contra el COVID al dictador Comandante Daniel Ortega y 48 horas después, Ortega declaró públicamente que Nicaragua dejaba de reconocer la independencia de Taiwán y que reconocía la única China.

Vayamos por países o bloques de países porque es súper interesante como distintos tipos de gobiernos, democráticos y no democráticos, terminan sucumbiendo a las tentaciones de China…

— Si nos fijamos en Chile, fue lo mismo con Bachelet que con Sebastián Piñera. En Argentina, fue lo mismo con los Kirchner que con Macri. En Uruguay fue lo mismo con “Pepe” Mujica, con Tabaré Vásquez, en Brasil fue lo mismo con Bolsonaro y con Lula… Lo que hay es una coyuntura de países que gastan más de lo que tienen. Si una familia tiene un ingreso de 1.000, gasta 2.000 y si quiere seguir con el mismo estilo de vida, va a tener que pedir un préstamo a un banco. El banco es un lugar establecido, lo va a recibir un gerente, va a firmar los papeles, se informará la tasa que va a pagar y si no paga el banco va a ir a juicio donde las partes van a tener sus derechos, pero va a llegar un momento en el que si la familia quiere seguir viviendo así, y el banco no le presta más, la única que le va a quedar es ir al usurero de la esquina. Y el usurero quizá nunca te dice el interés y el día que no le pagas va a tu casa, te pega una patada a la puerta, entra y se lleva los muebles, te pide la llave del auto y se lo lleva… China es el usurero, el Fondo Monetario Internacional es el banco. Y China, además, tiene esa picardía, una reacción rápida. Por ejemplo, en Argentina se produjo hace ya unos 15 años un accidente ferroviario muy grave que se conoció como la Tragedia de Once, donde hubo muchos muertos. Una tragedia que también demostró las falencias que tenía el sistema ferroviario argentino. Y al otro día de la tragedia, ya los chinos estaban tocando la puerta y ofreciendo dinero. Pero cuando uno analiza, China presta el dinero pero Argentina no puede comprar trenes en Bélgica, en Alemania o en Estados Unidos. Argentina con ese dinero tiene que comprar trenes chinos, con repuestos chinos y con personal chino. China no presta, China financia así su industria. Y esto se vio también con el Metro de Santiago de Chile, con el Metro de Bogotá, se está viendo con el Tren Maya, que es una obra que en México tiene cada vez más detractores. Fue una de las 100 promesas de campaña de López Obrador y ahora se están dando cuenta de que se está gastando más del doble y hay severos cuestionamientos ambientales.

Entrevista a Agustín Barletti - China busca los recursos naturales de Latinaomérica

¿Qué es lo que tiene América Latina que es tan seductor para China?

— Sobre todo, los recursos naturales. China tuvo una primera incursión hace ya 50 años en África. En el libro, yo pongo el ejemplo que usábamos de jóvenes cuando uno empezaba a salir con una chica y para saber cómo era el futuro tenía que conocer a la suegra. África es la suegra que tenemos que conocer para ver cómo vamos a terminar. En África ya hay manifestaciones públicas anti China, hay centenares de gobernantes condenados, funcionarios de las empresas chinas condenados. Y hay casos como el de Kenia donde se acordó un intercambio de recursos naturales por inversiones en infraestructura y se frenó todo porque Kenia ya había dado USD 8.000 millones en recursos naturales y no llegaban a USD 1.000 millones las inversiones. Ahora la situación en África se les está complicando porque ya no hay mucho más para saquear y están buscando los recursos naturales dela región: el litio, el petróleo, el cobre, el oro, las oleaginosas… Todo eso es lo que China está buscando en Latinoamérica. Y, además, justo es decirlo, los espacios que alguien deja vacíos se llenan. Ahora Estados Unidos se está dando cuenta de esta situación y están dando cada vez más líneas de crédito e incluso hay líneas de crédito especiales para que los países se desendeuden de China.

Hablábamos del caso peruano, como paradigmático, porque la penetración es sigilosa, ¿cuál es el grado de penetración china hoy en Latinoamérica?

Hay que preocuparse mucho. La penetración está en grado creciente. Las empresas chinas son empresas estatales, que son brazos ejecutores del Partido Comunista. No nos olvidemos de que en China todas las empresas de más de 500 personas tienen obligatoriamente un miembro del Partido Comunista en el directorio. China, en su ambición imperialista, ya sancionó leyes de aplicaciones extraterritorial. Entonces, por ejemplo, cualquier empresa china que esté fuera de China está obligada por ley a enviar toda la información que recoja al Partido Comunista Chino, y esto aplica para todas las empresas tecnológicas, para todo tipo de empresas. Hay países que han tomado más conciencia, pero otros siguen adormecidos. Colombia es un caso, todavía no termina de entender el peligro en el que están sumidos. Ecuador, durante los 10 años de la presidencia de Rafael Correa tuvo una penetración china tremenda, pero los gobiernos que siguieron se dieron cuenta. Brasil está en una situación muy especial porque se abre a un proceso muy grande de privatizaciones que inició Bolsonaro y que, al parecer, Lula no estaría frenando y ahí ya los chinos están con la servilleta atada al cuello, con el cuchillo y el tenedor en la mano. Argentina tomó un poco de conciencia y dijo: “Acá China”. Uno es el puerto en Tierra del Fuego que era peligrosísimo y el gobierno ya dijo que no. Otro es el 5G y otro es la hidrovía, que es la vía navegable del Paraná por la cual sale el 80% de las exportaciones argentinas. En este último caso estaba involucrada la empresa Shanghai Dredging, que está cuestionada en todo el mundo y que está haciendo islas artificiales en el Mar de China, desbalanceando la geopolítica de la zona, con funcionarios condenados por más de 50 casos de corrupción de 50 países diferentes.

Y si pensamos en algo común para toda Latinoamérica, es la pesca ilegal. Estamos hablando de buques construidos en astilleros estatales, por empresas estatales, con personal chino, con combustible pagado por el Estado chino y con los radares del Ejército Popular de Liberación utilizados para ubicar los caladeros. Esta flota cruza el Pacífico todos los años, depreda las costas mexicanas, baja y hace lo mismo con Ecuador (lo que han hecho en Galápagos no tiene nombre), baja y depreda las costas chilenas, cruza por el Estrecho de Magallanes y se queda cuatro meses frente a la milla 200 en Argentina depredando de una manera inconcebible. Además, es una pesca rastrera que se lleva no solamente el calamar, que es lo que más buscan, sino también otras especies que ya están en extinción.

Y muchas denuncias de vínculos con el crimen organizado…

— Hay tremendos vínculos con el narcotráfico: hay trata de personas y hay trabajo esclavo. En el puerto de Montevideo, que a mi juicio está teniendo un rol deshonroso porque le da logística a los buques estatales chinos, es más común encontrar tirados en los muelles cadáveres de ciudadanos chinos, con marcas de los grilletes en muñecas y tobillos. Para que te des una idea, un astronauta desde la estación espacial que orbita a 400 kilómetros por encima de la Tierra puede ver dos lugares en el mundo: Las Vegas en el medio del desierto con todas las luces y la milla 200 en Argentina, por la cantidad de estos buques que tienen luces y que se ven perfectamente con la oscuridad del océano.

miércoles, 4 de agosto de 2021

La iglesia y su rol en mantener la pobreza en Latinoamérica

La Iglesia Católica: fábrica de pobres de América Latina

La milenaria institución que hoy conduce el papa Francisco todavía ejerce una potente influencia en el campo de la moral y de la filosofía política en la región. Cuáles son las consecuencias lógicas de sus condenas al capitalismo, al derecho de propiedad y a la modernidad

“Il existe une chose plus puissante que toutes les armées du monde, c’est une idée dont l’heure est venue”

Victor Hugo

“Ideas rule the world”

Sam Adeyemi

Existe en Latinoamérica una institución que ha ejercido sobre sus habitantes una influencia extraordinaria especialmente en el campo de la moral y de la filosofía política. Esa institución ha sido y continúa siendo la Iglesia católica. Difunde sus ideas a través de escuelas, universidades, círculos empresariales y todos los domingos en misas a las que asiste la feligresía católica que constituye la mayoría en esta parte del planeta. Las ideas que se transmiten en dichos encuentros contienen juicios morales sobre la vida en sociedad y sugieren comportamientos a seguir que han marcado a fuego la suerte de nuestras sociedades latinoamericanas.

Analizaremos a continuación algunas de las principales ideas y principios que allí se enseñan:

1. ”Volviendo su vista hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”. (Lucas 6:20)

“Dichosos los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el reino de los cielos”. (San Mateo 5:3-11)

“Los pobres heredarán la Tierra”, “vendan todas sus propiedades y sus bienes y compártanlos con todos, según la necesidad de cada uno” o ”el corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que él mismo se hizo pobre”.

La pobreza está en el centro del Evangelio. Si se elogia al pobre, ¿es de extrañar que en estas tierras abunden favelas y villas miseria?

2. “No a un dinero que gobierna” (Evangelii Gaudium: Exhortación Apostólica)

“El dinero es el estiércol del diablo”, expresada por el Papa Francisco, quien también solicitó que “los hombres manden al capital y no el capital a los hombres”.

Dado que el dinero sirve para comerciar o para ahorrar, ¿es imposible deducir que juicios como los anteriores tenderán a desalentar tanto el comercio como el ahorro? E incluso, ¿opiniones de ese tipo no contribuirán a tratar el dinero desaprensivamente, envileciéndolo con emisión para que los políticos puedan atender a los más necesitados, generando inflación?

3. “La propiedad privada es un derecho de segundo orden”. Afirmaciones de este tipo, ¿no conducen irremediablemente a la pérdida de respeto por el derecho de propiedad? ¿Es casualidad la aparición de los Movimientos de los “sin tierra” ocupadores de campos y de okupas que invaden casas y departamento bajo la mirada indiferente e ineficaz de la Justicia que se vuelve no-operativa? ¿Cómo reaccionará un político que desea hacer “el bien” con plata ajena sin el límite claro que establecen las leyes en defensa de la propiedad privada?

El Papa Francisco en aundiencia general, en El Vaticano.

4. “Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos”.

¿Acaso no se relacionará esta tesis con el estribillo “Combatiendo al capital” que consagra una popular marcha política? ¿Será un hecho extraño que empresarios y empresas abandonen nuestros países, llevando sus capitales a otros destinos, luego de escuchar una marcha que estimula a los políticos a planificar nuevas formas de saquear a los contribuyentes?

5. “El hombre es el lobo del hombre” (o en latín “Homo homini lupus”), frase difundida por Thomas Hobbes y usada por la Iglesia en numerosas ocasiones para sustentar la tesis de que “la libertad absoluta debe ser regulada y puesta al servicio del bien común”.

¿Sería acaso impropio pensar que la aceptación de esta idea traerá consigo la aparición de miles de regulaciones, de burócratas y de inspectores encargados de vigilar el comportamiento desaprensivo de hombres de negocios y de comerciantes inescrupulosos? Serán ellos los encargados de “cuidar” y de “proteger a la población de los avatares de la insensibilidad capitalista.

6. “En donde hay una necesidad hay un derecho” o “nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social”.

Luego de que estos conceptos han sido debidamente asimilados, ¿es de extrañar que a continuación los “necesitados " se multiplicarán geométricamente junto a políticos que promoverán el “salario universal” y los “planes sociales”?

7. “Debemos influenciar la vida social y nacional; inmiscuirnos en política, buscar el bien común”. Si aceptamos estas tesis, ¿será extraño el deseo de imponer aun por la fuerza o la coerción nuestra religión, nuestros puntos de vista o el modelo de sociedad ideal que pregonamos? ¿Acaso disidentes y herejes tendrán cabida en dichos contextos? ¿O correrán la suerte de Copérnico y Galileo, ambos condenados o la de los perseguidos por la Inquisición? ¿Se relaciona esto con la evidente tolerancia y acercamiento de la Iglesia hacia lideres autoritarios y populistas? (Mussolini, Franco, Perón, los hermanos Castro, Chávez, Maduro)

8. “La avaricia empresarial y capitalista por parte de los empresarios lleva al abuso y explotación del trabajador”. ¿Es raro que después de aceptar estas tesis aparezcan a continuación e inmediatamente sindicatos y sindicalistas poderosos y de características mafiosas a quienes hay que pedir permiso para producir so pena de extorsión?

9. “El capitalismo conlleva el germen de una sociedad materialista, egoísta y avariciosa”. ¿Acaso el aceptar esta idea no llevará al empresario a sentirse culpable y querer disimular sus éxitos o intentar justificarse por el delito de ganar dinero?

10. “La globalización y las compañías multinacionales son las culpables de la destrucción de la cultura y de las industrias locales y también de la desaparición de las fuentes de trabajo”. El estímulo al proteccionismo económico que emana de estas tesis, ¿no contribuirá a la aparición de los “empresaurios” o empresarios prebendarios más interesados de llegar a acuerdos con los secretarios de comercio que en producir bienes baratos y de buena calidad?

11. “Los derechos sociales deben tener preminencia sobre los llamados derechos individuales pues los primeros respaldan el bien común en lugar de intereses individuales”.

¿Acaso no queda claro que esta tesis conduce derecho al artículo 14 bis de la Constitución Argentina, al abandono de los ideales de las Revoluciones del siglo XIX y de las Constituciones protectoras de derechos?

12. El ideal social debe ser el de justicia social, igualdad y fraternidad”. ¿Es difícil comprender la relación entre esta tesis y el desvirtuamiento del concepto de igualdad ante la ley, la desconfianza en la justicia y la corrupción de los jueces? ¿Es raro ver que el ideal de justicia social hace que la gente pierda confianza en la justicia y en su eficacia?

13. “Los Planes sociales son un derecho y no una dádiva” o “hagan lío” en justificación al reclamo de derechos. ¿Es acaso difícil ver la conexión entre estas ideas y las marchas, cortes y piquetes en reclamo del cumplimiento de supuestos derechos?

La influencia de estas ideas se traslada a la educación a la política, a las academias militares y a todas las instituciones de América Latina. Combatida en Europa y en retirada después de la Segunda Guerra Mundial, la Iglesia católica se refugió en España, Portugal y en América Latina para seguir luchando desde allí y hasta nuestros días contra las ideas del Renacimiento y del iluminismo.

Las Encíclicas ratifican este compromiso: la “Rerum Novarum”, la “Centesimus Annus” y la “Fratelli Tutti” ratifican la condena al capitalismo, a la vida burguesa, al consumismo y a la modernidad. También los discursos papales indefectiblemente siguen este rumbo en las figuras de Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Aun cuando manifiestan preocupación por la pobreza, sus soluciones pasan por la relativización del derecho de propiedad, que al decir de Armando Ribas se asemeja a la recomendación de “amamantar con alcohol”; la prosperidad es vista con desconfianza ya que contamina el alma volviéndola materialista y lleva al olvido a la “piedad cristiana” (la vuelve innecesaria), corrompiendo el alma del nuevo burgués que se incorpora a la nueva “mundaneidad”.

El gran éxito de la Iglesia católica en América Latina ha sido el haber logrado unificar el discurso de la moralidad. Solo es moral aquello que aprueba y santifica la Iglesia. Aquellos que se alejan del redil son anametizados y no consiguen aprobación social. Iglesia es sinónimo de pueblo, de protección de pobres y descamisados, de justicia social, de derechos sociales. Políticos, sindicalistas, empresarios, deportistas famosos, periodistas y dueños de medios de comunicación deben pasar por Roma y conseguir la correspondiente bendición si desean ejercer alguna influencia en sus respectivos países. El Papa se convierte así en juez y árbitro de los destinos latinoamericanos. El progresismo eclesiástico llega al extremo de ver con más simpatías a regímenes totalitarios de izquierda o derecha que violan los derechos humanos pero que defienden al Estado grande (Mussolini, Franco, Perón, los hermanos Castro, Chávez, Maduro) que a gobiernos democráticos que intentan realizar una apertura hacia la economía de mercado y el capitalismo.

La idea de culpa (pecado original), la condena a la riqueza y al comercio, la búsqueda de obediencia a un código moral basado en órdenes (“mandamientos”) y no en pensamiento crítico, y una epistemología apoyada en el misticismo, los milagros y la fe y no en la rigurosidad científica, ha llevado a muchos intelectuales a alertar sobre el tremendo corset que condena a Latinoamérica al ostracismo: Juan José Sebrelli (“Critica de las Ideas políticas argentinas”), José Ignacio García Hamilton (“El autoritarismo y la Improductividad”), Guillermo Yeatts (“Las perversas reglas de Juego en América Latina”), Armando Ribas (”La Falacia de la Civilización occidental”), el abogado Alejandro Cowes, nos han alertado sobre el camino de servidumbre y decadencia a que conducen estas ideas.

Más conciliatorios, brillantes liberales católicos han intentado justificar a la Iglesia argumentando ignorancia de principios económicos y lo que ellos consideran una mala interpretación de los evangelios. Gabriel Zanotti, Gustavo Hasperué, Enrique Del carril, Alberto Benegas Lynch, Jesús Huerta de Soto, Juan Ramon Rallo, Manuel Ayau, Armando de la Torre, Alejandro Chafuen, el Padre Sirico desde el Acton Institute han persistido en sus intentos de ser escuchados por la alta jerarquía católica recibiendo por toda respuesta silencio y nuevos ataques.

La última batalla se libra en el campo de la moral, entre la defensa religiosa del altruismo (sacrificio por el prójimo) y la defensa liberal del auto interés racional y en el campo de la epistemología (misticismo versus razón).

La batalla por la prosperidad latinoamericana y la erradicación de la pobreza requiere el poder emanciparse del abrazo fraternal propuesto por Bergoglio (Fratelli Tutti) e independizar leyes y justicia de los obstáculos que se han montado en nuestros países (gracias al apoyo de este código moral) sobre la productividad, el comercio, la creación de riqueza y el conocimiento científico.

Ya es hora que autoricemos a nuestros ciudadanos a que abandonen las teorías de los sacrificios humanos (con premio en el más allá) y la reemplacemos por la autorización moral a la búsqueda de la propia felicidad (en el más acá, en esta tierra)

 

viernes, 30 de octubre de 2020

Lecciones de intervención militar en protestas populares en Latinoamérica

Lecciones cívico-militares de América Latina

David Pion-Berlin y Andrew Ivey || War on the Rocks





El 1 de junio, el presidente Donald Trump le pidió a la Guardia Nacional que lo protegiera de los manifestantes pacíficos mientras caminaba desde la Casa Blanca hasta la Iglesia Episcopal de St. John. Acompañándolo, en plena faena de batalla, estaba el general Mark Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto. La vista del presidente y su principal general caminando por el parque Lafayette mientras la policía lanzaba gases lacrimógenos en las cercanías generó críticas considerables e incluso dio a algunos observadores la impresión de una nación en guerra. Sin embargo, 10 días después de las protestas frente a la Casa Blanca, Milley se disculpó por lo que admitió ser una apariencia inapropiada que sugería el uso politizado del ejército. De manera sucinta, el general admitió: "No debería haber estado allí".

El año pasado en Chile sucedió algo similar. En octubre de 2019, en medio de protestas nacionales sin precedentes contra la desigualdad y las medidas de austeridad, el presidente Sebastián Piñera describió a su nación como una en guerra, mientras su jefe del ejército, el general Raúl Iturriaga, lo respaldaba. Pero al día siguiente, Iturriaga dijo a los periodistas: "No estoy en guerra con nadie". La declaración de Iturriaga aclaró la posición de los militares de que los manifestantes no eran combatientes enemigos, socavando inmediatamente la retórica de Piñera y forzando el desarrollo de planes que minimizarían el contacto entre tropas y manifestantes.

Milley e Iturriaga muestran que los comandantes militares pueden ser audaces y públicos al disentir de órdenes que ponen en peligro el profesionalismo militar y los derechos humanos. En toda la América Latina contemporánea, una región con una historia de golpes militares, guerras sucias y disturbios cívico-militares, los militares pueden disentir públicamente mientras protegen los estándares profesionales y evitan la reincidencia democrática. De hecho, en casos recientes de esa región, los militares evitaron encuentros letales entre tropas y ciudadanos, salvando vidas en el proceso.

La historia de las relaciones cívico-militares en Estados Unidos y América Latina es muy diferente. Sin embargo, América Latina ofrece lecciones sobre cómo deben responder las fuerzas armadas cuando se ven involucradas en operaciones internas que podrían dañar el carácter no partidista de las fuerzas armadas y poner en peligro las libertades civiles. Incluso en los últimos años, los ejércitos de Chile, Ecuador, Colombia y Brasil han demostrado que los ejércitos pueden aclarar sus propias limitaciones legales para corregir la peligrosa retórica civil; modificar órdenes para minimizar la represión; soplar el silbato sobre mala conducta oculta; y reprender públicamente los esfuerzos por arrastrar a su institución a la política partidista. Las fuerzas armadas de los Estados Unidos deben tener cuidado de ejercer juiciosamente la disidencia pública, utilizándola solo en los casos en que el cumplimiento de órdenes peligrosas es una amenaza mayor para los derechos humanos y la democracia que disentir públicamente. Si es posible, sería prudente alertar al Congreso, preservando o incluso fortaleciendo la supremacía civil.

Si los oficiales de América Latina pueden disentir públicamente de los líderes civiles en casos extremos, y hacerlo sin dañar la supremacía civil, los oficiales de los Estados Unidos y otros lugares ciertamente pueden hacer lo mismo cuando se enfrentan a un desafío similar.

Chile: Aclaración de Órdenes

Cuando los presidentes describen a los ciudadanos como combatientes enemigos, los militares pueden aclarar rápidamente sus restricciones legales y posiciones para oponerse a caracterizaciones erróneas peligrosas y engañosas. Evidencia reciente de Chile muestra que cuando las palabras de un líder potencialmente preparan el escenario para la represión militar, los comandantes militares pueden disentir justificadamente. Pueden aclarar rápidamente que quienes están en las calles son ciudadanos que ejercen sus derechos humanos, tal como lo consagra la constitución que los militares han jurado defender. Si pueden hacerlo sin socavar la autoridad civil en un país donde el recuerdo de una dictadura militar aún está vivo, ciertamente pueden hacerlo en los Estados Unidos.

 En octubre de 2019, estallaron enormes manifestaciones a nivel nacional en todo Chile. Piñera en un principio declaró que su país estaba "en guerra con un enemigo poderoso" y ordenó a decenas de miles de policías y soldados a las calles contra los "delincuentes". Este tipo de retórica, que recuerda la postura pública del ex dictador chileno Augusto Pinochet, podría haber sido una luz verde para que las fuerzas armadas pusieran fin violentamente a las manifestaciones. Pero Iturriaga pronto aclaró que Chile no estaba en guerra con sus propios ciudadanos. Esta aclaración llevó al ministro civil de Defensa de Chile, Alberto Espina, a instruir a sus comandantes para que mantuvieran la calma y no dispararan contra los manifestantes. Con pocas excepciones, los soldados cumplieron con esas órdenes. Se produjeron numerosos abusos contra los derechos humanos, pero la mayoría fueron a manos de la policía, no de los soldados. En particular, la aclaración del general no acumuló ningún poder político para las fuerzas armadas. En todo caso, la participación militar solo dañó la reputación de la institución.

Cuando se les presenta una situación en la que la violencia contra los manifestantes era más probable, ¿deberían los líderes militares estadounidenses haber reaccionado de manera similar? Al igual que Piñera, Trump usó un lenguaje belicoso al describir a los manifestantes como "matones" y "terroristas", una retórica que podría haber envalentonado a los soldados para justificar y utilizar la violencia. El mandatario advirtió al gobernador de Minnesota que si no podía restablecer el orden lo harían los militares, y agregó: "Cualquier dificultad y asumiremos el control pero, cuando comience el saqueo, comienza el tiroteo".

Los oficiales en servicio activo deberían haber rechazado la retórica de Trump, pero no lo hicieron. En cambio, Milley permaneció en silencio. Le tomó 10 días disculparse por aparecer de uniforme junto al presidente en Lafayette Park. Además, Milley se negó a testificar frente al Congreso, la única otra institución civil que podría haber controlado el abuso ejecutivo. Su disculpa fue bienvenida, pero llegó demasiado tarde y, lo que es más importante, su silencio inicial sugirió complicidad.

Ecuador: Modificación de Órdenes

Los comandantes militares pueden modificar las órdenes presidenciales una vez desplegadas para evitar enfrentamientos peligrosos con manifestantes pacíficos y sin socavar el control civil. Ecuador ofrece un excelente ejemplo de esta táctica. En el pasado, ese país ha sido víctima de intervenciones militares. En ocasiones, se sabe que los soldados se unieron a los manifestantes indígenas para derrocar a los presidentes. Sin embargo, el ejército ecuatoriano de hoy ha emprendido una forma de disensión que no ha socavado el control civil ni la democracia, y que ha evitado víctimas civiles.

Frente a las protestas de los grupos indígenas en todo Ecuador en octubre de 2019, el presidente ecuatoriano Lenín Moreno ordenó a las fuerzas armadas restablecer el orden. El ministro de Defensa, general retirado Oswaldo Jarrín, interpretó al presidente en el sentido de que las tropas tenían licencia para utilizar todas las medidas necesarias para reprimir manifestaciones. Los militares se desplegaron en las calles de la ciudad, pero en lugar de seguir ciegamente las órdenes, revisaron las tácticas y tomaron posiciones de retaguardia para evitar colisiones frontales con los manifestantes. El comandante del Ejército, general Javier Pérez, quien encabezó el operativo, declaró que si el Ejército hubiera recurrido a la fuerza, los soldados “estarían recuperando bolsas para cadáveres, y esa no es su misión”. Estas acciones no le han valido a los militares ninguna influencia política ni han socavado la supremacía civil. De hecho, el presidente relevó a Pérez de sus funciones y transfirió su mando a otro general, aunque se produjo sin contratiempos y sin represalias militares, afirmando que el control civil se mantuvo intacto.

Aproximadamente 5.000 miembros de la Guardia Nacional se desplegaron en Washington, D.C., cuando el presidente caminó hasta la iglesia de St. John. Los guardias despejaron el paso del presidente mientras la policía del parque rechazaba a los manifestantes no violentos con porras y gases lacrimógenos. Los comandantes del ejército presionaron a los guardias para que actuaran agresivamente mientras Milley les hacía un llamamiento personal, ambos con la intención de disuadir al presidente de desplegar la 82 División Aerotransportada. El general y sus compañeros comandantes podrían haber seguido el ejemplo ecuatoriano, revisando las tácticas de la Guardia Nacional para ponerlos fuera del contacto directo con los manifestantes mientras ordenaban una mayor moderación. Esto habría cumplido con las propias reglas de enfrentamiento de la Guardia Nacional y el Ejército, que aconsejan a las tropas que respondan en proporción a la "amenaza" encontrada, utilizando cualquier tipo de fuerza solo como último recurso o en defensa propia.

Los líderes militares estadounidenses tradicionalmente evitan situaciones que incluso podrían dar la apariencia de partidismo político. Irónicamente, el cumplimiento de Milley socavó esa tradición al ayudar a los esfuerzos del presidente para impresionar a su base política como un ejecutivo duro de "ley y orden". Si bien luego lamentó sus acciones, el general habría sido mejor si hubiera prestado atención a sus propias palabras pronunciadas en mayo de 2017, cuando dijo que la "desobediencia disciplinada" podría justificarse en las condiciones adecuadas para lograr un objetivo, siempre y cuando uno sea " moral y éticamente correcto ”y utiliza un buen juicio.

La propia "desobediencia disciplinada" de los militares ecuatorianos proporciona una lección, mostrando que los comandantes militares estadounidenses pueden modificar creativamente las órdenes para proteger a los ciudadanos, incluso cuando se les ordena reprimirlos.

Colombia: Denuncia de irregularidades militares

Los militares también pueden denunciar una conducta peligrosa o potencialmente criminal y tienen la obligación de hacerlo. Considere el caso de Colombia, donde la denuncia de irregularidades puso fin a una práctica alarmante. Como Estados Unidos, Colombia es una democracia. A diferencia de Estados Unidos, las guerras de Colombia se han librado dentro de sus fronteras, principalmente contra los insurgentes de izquierda. Civiles inocentes quedan atrapados en el conflicto, lo que resulta en abusos contra los derechos humanos y destrucción de pruebas. En el escándalo de los "falsos positivos", que estalló en 2008, el Ministerio de Defensa otorgó bonificaciones en función del número de combatientes enemigos muertos. Bajo presión para producir más muertes en combate e incapaces de infligir suficientes bajas a los insurgentes reales, los soldados atrajeron a los no combatientes con la promesa de trabajo, los ejecutaron y los vistieron como combatientes enemigos. Como resultado, murieron al menos 8.000 no combatientes.

En 2019, un grupo de oficiales vio órdenes que reflejaban las del escándalo de falsos positivos anterior y alertaron a los medios sobre estas actividades secretas. Su testimonio produjo resultados rápidos. Obligó al presidente Iván Duque Márquez y su comandante del ejército a admitir que las órdenes estaban equivocadas y luego revertirlas por completo. Agentes valientes se presentaron y fueron amenazados y acosados ​​por hacerlo. Sin embargo, sin duda salvaron la vida de los ciudadanos y la dignidad de los soldados.

El caso colombiano tiene paralelos con el del teniente coronel Alexander Vindman. Como director de asuntos europeos en el Consejo de Seguridad Nacional, Vindman tenía autorización para escuchar una llamada telefónica entre Trump y su homólogo ucraniano, el presidente Volodomyr Zelenksy. Lo que escuchó lo molestó: Trump ejerció una presión inapropiada sobre un gobierno extranjero para que investigara a su rival político, Joe Biden. Al igual que en Colombia, Vindman tenía conocimiento directo de un evento preocupante oculto a la vista del público y sintió la obligación de informarlo. Al testificar ante la Cámara de Representantes, Vindman pasó justificadamente información a la única institución que podía controlar las irregularidades presidenciales.

Vindman enfrentó represalias de los partidarios de Trump que cuestionaron su lealtad porque era un inmigrante soviético. Bajo presión, finalmente se retiró del servicio. Pero al igual que sus homólogos colombianos, también produjo resultados al fortalecer el caso de juicio político. Como muestra el caso colombiano, los oficiales pueden denunciar una mala conducta peligrosa sin aumentar el poder político de los militares. Aunque las revelaciones de los denunciantes pueden conllevar riesgos, permanecer en silencio conlleva el mayor riesgo de erosionar el profesionalismo militar y la democracia misma.

Brasil: Reprimendas públicas

Si los líderes civiles utilizan a las fuerzas armadas para sus propias agendas partidistas, los oficiales retirados pueden reprender públicamente estos esfuerzos y defender la preservación del profesionalismo no partidista de su institución. Al discutir sobre civiles que politizan a las fuerzas armadas y abusan de su derecho a estar equivocados, considere el caso del ejecutivo latinoamericano más comparado con Trump: el presidente Jair Bolsonaro de Brasil. Además de llenar su gobierno con muchos oficiales activos y retirados, Bolsonaro ha elogiado la pasada dictadura militar de Brasil, incluso afirmando que no mató a suficientes personas. Asimismo, elogió el “autogolpe” del presidente peruano Alberto Fujimori, donde el ejército fue utilizado por Fujimori para disolver el Congreso, y lo citó como un ejemplo de cómo el ejército podría ser utilizado para reingresar al gobierno. 

En múltiples ocasiones, Bolsonaro se ha unido a los manifestantes que piden una intervención militar en la política, primero para anular las restricciones de COVID-19 impuestas por gobernadores y alcaldes, y luego para frustrar las investigaciones de corrupción de Bolsonaro y sus hijos. Los partidarios de Bolsonaro han identificado un posible autogolpe como beneficioso para su presidente. Al apoyarlos, Bolsonaro ha respaldado implícitamente la idea.

Los oficiales retirados retrocedieron. El general Carlos dos Santos Cruz, miembro del gabinete de Bolsonaro antes de un enfrentamiento con los hijos del presidente, argumentó: “La idea de poner a las Fuerzas Armadas en medio de una disputa entre poderes del Estado, autoridades e intereses políticos es completamente fuera de lugar. Es una falta de respeto a las fuerzas armadas ”. El congresista Roberto Pertenelli, exgeneral y miembro del partido de Bolsonaro, dijo que cualquier orden para intervenir en política sería ilegal e inconstitucional. El ministro de Defensa, general Fernando Azevedo e Silva, llegó a emitir una declaración pública en la que afirmaba la dedicación del ejército a la Constitución y los derechos humanos. Aunque las fuerzas armadas tienen una influencia política considerable en Brasil, no acumularon influencia adicional al emitir esas reprimendas públicas.

El general retirado James Mattis, al igual que el general brasileño Carlos dos Santos Cruz en el sentido de que fue un designado del gabinete de alto nivel antes de dejar la administración Trump, criticó duramente tanto a su sucesor, el secretario de Defensa Mark Esper, como al presidente después de presenciar el incidente. despliegue de la Guardia Nacional en Washington. El presidente del Estado Mayor Conjunto retirado, el general Martin Dempsey, y el exjefe de gabinete de la Casa Blanca, el general John Kelly, expresaron objeciones similares. Si bien existen riesgos para la disensión pública de este tipo, el propio Kelly dijo que usar soldados para reprimir a los manifestantes sería mucho más riesgoso y causaría un daño duradero a la moral, la confianza y la cohesión interna de las fuerzas armadas. Teniendo en cuenta estos riesgos, los oficiales retirados pueden usar su rango para ser poderosos defensores de un ejército no partidista, incluso cuando un presidente busca incorporar la institución a una agenda partidista. Si bien el público esperaría que el Congreso o el propio partido político de un presidente lo reprendieran, es posible que el personal de seguridad retirado deba violar normas cómodas para frustrar la politización inapropiada.

Lecciones para un futuro incierto

Sin duda, en circunstancias normales, los reproches militares a su comandante en jefe son desacertados porque podrían socavar la autoridad presidencial sobre defensa y política exterior. Las críticas del general Douglas MacArthur al liderazgo del presidente Harry Truman durante la Guerra de Corea plantearon tal amenaza, y MacArthur fue descartado con razón. Las críticas del general Stanley McChrystal a la política exterior del presidente Barack Obama fueron igualmente inapropiadas y también fue despedido. Sin embargo, en circunstancias excepcionales, cuando las órdenes pongan en peligro el profesionalismo militar y los derechos civiles, los oficiales tienen el derecho y la obligación de hablar.

Los esfuerzos de Trump por politizar al ejército de Estados Unidos han sentado un precedente peligroso. Su trabajo para corromper la naturaleza no partidista de los militares al pronunciar discursos estilo campaña a las tropas, amenazar con desplegar a los militares para reprimir a los opositores políticos percibidos utilizando la Ley de Insurrección y usar Twitter para criticar públicamente a los líderes militares ha abierto la puerta para que los futuros presidentes se comporten de manera similar. . No es de extrañar, entonces, que los académicos se pregunten cada vez más qué comportamiento futuro se puede esperar del ejército de los Estados Unidos cuando Trump, o los futuros presidentes, intenten erosionar su profesionalismo.

Sería irresponsable dar carta blanca a los militares para resistir a su comandante en jefe. Pero como muestran cuatro casos recientes en América Latina, los oficiales militares deben estar preparados para líderes civiles peligrosamente poco profesionales. Los oficiales pueden disentir en casos extremos, donde el profesionalismo militar y la vida de los conciudadanos están amenazados, sin socavar la supremacía civil ni acumular nuevo poder político. Cuando la democracia misma está en juego, no pueden quedarse callados. De hecho, su silencio corre el riesgo de complicidad. Sin duda, este es un camino difícil y poco envidiable que debe tomarse con extrema precaución y mesura.