viernes, 2 de mayo de 2025
viernes, 13 de diciembre de 2024
Estrategia soviética en el Medio Oriente
Estrategia soviética en el Medio Oriente (1965–1973)

Entre 1965 y 1973, la estrategia soviética en el Medio Oriente estuvo influida principalmente por preocupaciones geopolíticas más amplias, especialmente su involucramiento en Vietnam. La prioridad de la Unión Soviética era mantener las rutas de suministro hacia Vietnam del Norte, ya que las rutas terrestres a través de China estaban comprometidas debido a las tensiones sino-soviéticas y la Revolución Cultural. El cierre del Canal de Suez después de la Guerra de los Seis Días obligó a los soviéticos a utilizar la ruta marítima por el Cabo de Buena Esperanza, lo que dificultó considerablemente sus operaciones logísticas. Reabrir el canal se convirtió en una prioridad estratégica que condicionó muchas de sus políticas en la región.
La Guerra de los Seis Días y la moderación soviética
La Guerra de los Seis Días de 1967 no fue provocada ni alentada por la Unión Soviética, ya que el conflicto interrumpía sus objetivos estratégicos. Aunque la URSS había estado equipando a Egipto y Siria, no estaba preparada para una guerra a gran escala. A medida que aumentaban las tensiones, los soviéticos intentaron prevenir el conflicto, advirtiendo a Egipto sobre las intenciones israelíes y aconsejando cautela. Sin embargo, sus esfuerzos fueron insuficientes, y la guerra estalló. Durante el conflicto, la URSS evitó un enfrentamiento directo con Estados Unidos y se abstuvo de reabastecer a las fuerzas árabes. Solo amenazó con intervenir directamente el 10 de junio, cuando temió que Israel avanzara sobre Damasco.
Apoyo Posterior y la Guerra de Desgaste
Tras la Guerra de los Seis Días, la URSS reabasteció rápidamente a Egipto y Siria, extendiendo también ayuda a Sudán, Irak y Yemen. En 1970, el número de asesores militares soviéticos en Egipto había alcanzado los 20,000, integrándose en todos los niveles de las fuerzas armadas egipcias. La Guerra de Desgaste (1969–1970) marcó una mayor implicación soviética, ya que operaron sistemas de defensa aérea egipcios y proporcionaron cazas MiG-21 pilotados por soviéticos. Aunque esto fortaleció las defensas de Egipto, las contramedidas israelíes y la tecnología proporcionada por Estados Unidos limitaron la efectividad soviética.
La crisis en Jordania y la muerte de Nasser
En septiembre de 1970, durante la guerra civil en Jordania, los soviéticos apoyaron una incursión siria en el país con el objetivo de debilitar al rey Hussein y provocar la intervención de Israel o Estados Unidos. Sin embargo, el esfuerzo fracasó cuando las fuerzas jordanas repelieron a los tanques sirios. Ese mismo mes, murió el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, y su sucesor, Anwar Sadat, comenzó a reducir la influencia soviética en Egipto. A pesar de los intentos de la URSS por mantener el control, incluida la firma de un Tratado de Amistad en 1971, Sadat purgó a los funcionarios pro-soviéticos y comenzó a acercarse a Occidente.
Cooperación limitada y la guerra de Yom Kippur
Para 1973, la influencia soviética en Egipto había disminuido considerablemente, aunque continuaban suministrando armas a Egipto, Siria e Irak. Sadat informó a Moscú sobre sus planes de atacar a Israel, y aunque los soviéticos apoyaron a regañadientes a Egipto para preservar su influencia regional, retuvieron armamento ofensivo avanzado. Durante la Guerra de Yom Kippur de octubre de 1973, la URSS buscó mantener la polarización regional, esperando manipular la agresión israelí o una respuesta excesiva de Estados Unidos a su favor. Aunque los esfuerzos soviéticos de reabastecimiento a Egipto y Siria fueron significativos, no lograron cambiar el curso de la guerra. Cuando las fuerzas israelíes amenazaron con destruir a las tropas egipcias, los soviéticos incrementaron su preparación para una posible intervención, pero la diplomacia finalmente evitó un enfrentamiento directo entre superpotencias.
Consecuencias y declive de la influencia
Los resultados de la guerra fueron mayormente negativos para la URSS. Estados Unidos restableció relaciones con Egipto, excluyendo a la Unión Soviética del proceso de paz entre Egipto e Israel. Los soviéticos reforzaron sus lazos con Siria y Libia, y esta última compró 20,000 millones de dólares en armas soviéticas entre 1974 y 1985. Sin embargo, la pérdida de influencia en Egipto marcó un importante revés para la estrategia soviética en el Medio Oriente.
Este período refleja los desafíos de la URSS para equilibrar sus ambiciones regionales con prioridades globales más amplias, así como las limitaciones de su influencia en un escenario de alianzas en constante cambio en el mundo árabe.
sábado, 31 de agosto de 2024
viernes, 16 de agosto de 2024
Geopolítica: La geopolítica de los cohetes
Geopolítica de los misiles de crucero
La geopolítica de los misiles de crucero es un tema complejo y multifacético que toca aspectos estratégicos, tecnológicos y regionales en el ámbito de las relaciones internacionales. Para entender cómo cambia la relación entre naciones cuando un Estado adquiere la capacidad de desplegar misiles de crucero, es necesario examinar la historia, la evolución de la tecnología y su impacto en las dinámicas de poder a nivel global y regional. Este ensayo explorará estos temas en profundidad, dividiendo el análisis en varias secciones clave.
Introducción: La importancia de los misiles de crucero en la geopolítica
Los misiles de crucero son armas de alta precisión diseñadas para volar a bajas altitudes y evitar la detección de radares enemigos, con capacidad para ser lanzados desde diversas plataformas, como aviones, buques, submarinos y vehículos terrestres. Su versatilidad, precisión y capacidad de carga nuclear o convencional los han convertido en herramientas esenciales en la doctrina militar de muchas potencias mundiales.
Históricamente, la posesión de misiles de crucero ha alterado las relaciones de poder, ya que proporciona a los Estados una capacidad de proyección de fuerza y disuasión que puede cambiar el equilibrio de poder regional y global. La adquisición de esta tecnología por parte de un Estado puede desencadenar reacciones en cadena, provocando carreras armamentistas y cambios en las alianzas estratégicas.
Evolución histórica de los misiles de crucero
Primeras etapas: Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría
Los misiles de crucero tienen sus orígenes en la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo de la V-1 por parte de la Alemania nazi. La V-1 fue uno de los primeros misiles de crucero y representaba un avance significativo en la guerra de largo alcance. Sin embargo, su imprecisión y vulnerabilidad a la intercepción limitaban su efectividad. Después de la guerra, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética se centraron en mejorar esta tecnología, desarrollando misiles de crucero más precisos y con mayor alcance durante la Guerra Fría.
Durante este periodo, los misiles de crucero se convirtieron en un componente clave de las doctrinas de disuasión nuclear de las superpotencias. El desarrollo de misiles como el Tomahawk por Estados Unidos y el Kh-55 por la Unión Soviética simbolizaba la capacidad de ambos países para llevar a cabo ataques precisos y devastadores a larga distancia, incluso contra blancos profundamente resguardados.
Posguerra Fría: Expansión y diversificación
Con el fin de la Guerra Fría, la proliferación de misiles de crucero comenzó a acelerarse, con otras potencias regionales como China, India, Israel y Pakistán invirtiendo en esta tecnología. La Guerra del Golfo en 1991 marcó un punto de inflexión en la demostración del poder de los misiles de crucero, con el uso extensivo de los Tomahawk por parte de Estados Unidos para neutralizar las defensas aéreas iraquíes y otros objetivos estratégicos.
En las décadas siguientes, la tecnología de misiles de crucero continuó evolucionando, con mejoras en la precisión, el alcance y la capacidad para evadir sistemas de defensa antimisiles. Esta evolución ha llevado a una mayor sofisticación en las estrategias de despliegue y en las doctrinas de uso de estas armas, tanto a nivel táctico como estratégico.
Impacto en las relaciones internacionales y regionales
Disuasión y poder de proyección
La posesión de misiles de crucero cambia dramáticamente la capacidad de un Estado para proyectar poder más allá de sus fronteras. Estos misiles pueden ser utilizados para llevar a cabo ataques preventivos, disuadir agresiones o cambiar el cálculo estratégico de adversarios potenciales. Por ejemplo, la capacidad de Estados Unidos para desplegar misiles de crucero en conflictos como la Guerra de Kosovo en 1999 o en la intervención en Libia en 2011 subrayó su capacidad para influir en conflictos regionales sin la necesidad de desplegar grandes fuerzas terrestres.
Para potencias regionales como India y Pakistán, la adquisición de misiles de crucero ha sido un factor de equilibrio en su dinámica de disuasión mutua, especialmente en el contexto de sus disputas territoriales y rivalidades estratégicas. De manera similar, Israel ha utilizado su capacidad de misiles de crucero para mantener una postura de disuasión robusta contra posibles amenazas en su vecindario.
Carreras armamentistas y proliferación
La introducción de misiles de crucero en una región a menudo lleva a carreras armamentistas, ya que los Estados vecinos se ven obligados a desarrollar o adquirir capacidades similares para evitar quedar en desventaja. En Asia, la proliferación de misiles de crucero ha sido particularmente notoria, con China, India, y Pakistán invirtiendo en desarrollar versiones más avanzadas y con mayor alcance.
Este fenómeno también se ha observado en Oriente Medio, donde Estados como Irán han desarrollado misiles de crucero como parte de su estrategia de defensa asimétrica contra Estados Unidos e Israel. La proliferación de estos misiles en la región ha complicado las dinámicas de seguridad y ha aumentado el riesgo de conflictos que puedan involucrar ataques con misiles de precisión.
Noopolitik y el papel de la percepción
Además de su impacto en el poder duro (hard power), los misiles de crucero también tienen una dimensión significativa en la noopolitik, que se refiere al uso de la información y las ideas para influir en la percepción y la narrativa global. La capacidad de un Estado para lanzar ataques precisos con misiles de crucero puede ser utilizada para enviar mensajes políticos tanto a nivel doméstico como internacional.
Por ejemplo, el uso de misiles de crucero por parte de Estados Unidos en Siria en 2017 fue interpretado no solo como una respuesta militar a un ataque químico, sino también como una demostración de poder y determinación en el escenario global. La cobertura mediática y las reacciones internacionales a este tipo de ataques suelen moldear la percepción de la comunidad internacional sobre la capacidad y la voluntad de un Estado para usar la fuerza, lo que a su vez puede influir en las alianzas y las rivalidades.
Evolución geográfica de la tecnología de misiles de crucero
Estados Unidos y Europa Occidental
Estados Unidos ha sido históricamente el líder en el desarrollo de misiles de crucero, con Europa Occidental, particularmente el Reino Unido y Francia, siguiendo de cerca. Estos países han invertido en misiles de crucero tanto para propósitos de disuasión nuclear como para operaciones convencionales. El despliegue de misiles de crucero en Europa durante la Guerra Fría fue un punto álgido de tensión entre la OTAN y el Pacto de Varsovia.
Asia
En Asia, la evolución de los misiles de crucero ha sido marcada por la competencia entre China, India y Pakistán. China ha avanzado significativamente en esta área, desarrollando misiles de crucero con capacidades avanzadas que complementan su estrategia militar centrada en la negación de acceso/área (A2/AD). India, por su parte, ha desarrollado el misil BrahMos, en colaboración con Rusia, como un elemento clave de su doctrina militar.
Pakistán ha respondido a estos desarrollos con su propio programa de misiles de crucero, buscando mantener un equilibrio estratégico con India. Japón y Corea del Sur también han invertido en esta tecnología, aunque con un enfoque más defensivo, en respuesta a las amenazas percibidas de Corea del Norte y China.
Oriente Medio
Oriente Medio ha visto un aumento en la proliferación de misiles de crucero, particularmente por parte de Irán, que ha desarrollado esta capacidad como parte de su estrategia de defensa. Israel, con su avanzado programa de misiles de crucero, mantiene una postura de disuasión frente a sus adversarios regionales. La presencia de misiles de crucero en esta región aumenta la volatilidad, dada la alta densidad de conflictos y rivalidades geopolíticas.
Conclusiones
La geopolítica de los misiles de crucero es un reflejo de cómo la tecnología militar puede alterar significativamente las relaciones de poder entre las naciones. La evolución y proliferación de esta tecnología han llevado a una mayor complejidad en las dinámicas de seguridad regionales y globales. La posesión de misiles de crucero no solo proporciona a los Estados una herramienta poderosa de disuasión y proyección de fuerza, sino que también influye en la percepción y la narrativa global, afectando la noopolitik de las relaciones internacionales.
Históricamente, la introducción de misiles de crucero en una región ha sido un catalizador para carreras armamentistas y ha aumentado las tensiones entre Estados rivales. En el contexto contemporáneo, la evolución de esta tecnología continúa moldeando las estrategias militares y las alianzas, con implicaciones de largo alcance para la seguridad global.
El análisis de la geopolítica de los misiles de crucero revela que, si bien estas armas pueden ofrecer ventajas estratégicas significativas, también presentan desafíos en términos de estabilidad y control de armamentos. A medida que más Estados adquieren esta capacidad, la comunidad internacional enfrenta el reto de gestionar las consecuencias de esta proliferación, para evitar que el poder destructivo de los misiles de crucero desestabilice aún más las ya frágiles relaciones internacionales.
viernes, 5 de julio de 2024
US Army en el Oriente Medio

Fuerza y sabiduría en Medio Oriente
John Nagl y Kelly Ihme || Small Wars Journal
“Fuerza y Sabiduría” es el lema de la Escuela de Guerra del Ejército de los Estados Unidos, Escuela de Servicio Superior del Ejército de los Estados Unidos. Ubicada durante el primer medio siglo de su existencia en Washington DC y durante los últimos setenta y cinco años en la histórica Carlisle, Pensilvania, la Escuela de Guerra del Ejército educa anualmente a varios cientos de tenientes coroneles y coroneles del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Marina, junto con con representantes de otras agencias gubernamentales de EE. UU., en liderazgo, seguridad nacional y ciencia militar.
La "superpotencia" de la Escuela de Guerra del Ejército, como en la mayoría de las instituciones de educación militar profesional de los Estados Unidos, es la presencia de oficiales internacionales de países aliados y socios de todo el mundo. Cada año, unos 75 países envían a sus oficiales superiores más talentosos a pasar un año en Carlisle con sus familias estudiando, aprendiendo y viviendo entre sus pares estadounidenses. Esta inmersión a menudo conduce a la formación de vínculos personales y profesionales para toda la vida que cosecharán recompensas para todo el sistema internacional en los años venideros.
Recientemente, una docena de graduados internacionales de la Escuela de Guerra se reunieron en Ammán, Jordania, para una conferencia de reunión para discutir cuestiones de seguridad global y regional con varios graduados estadounidenses y miembros actuales del cuerpo docente de la Escuela de Guerra. El evento fue patrocinado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y la variedad y profundidad de las discusiones fueron invaluables; Reforzaron el papel fundamental de Estados Unidos en Medio Oriente y al mismo tiempo amplificaron algunos de los desafíos más apremiantes que enfrenta el mundo hoy.
Esos desafíos son importantes y van en aumento. El Departamento de Defensa define a China como el desafío de Estados Unidos, y Rusia representa una grave amenaza no sólo para Ucrania sino para toda la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Sin embargo, gran parte de la conversación en Ammán examinó las amenazas directas y indirectas de Irán en todo el Medio Oriente, la guerra en curso entre Israel y Hamás en Gaza y la menguante influencia de Estados Unidos en la región. Esta perspectiva, procedente de las mentes y bocas de nuestros aliados, debería hacernos reflexionar.
Uno de los marcos que gobernó la conversación en Jordania es una teoría de las relaciones internacionales llamada Teoría de la Estabilidad Hegemónica. Esta teoría sugiere que el sistema internacional funciona mejor cuando hay un país que establece y hace cumplir las reglas. Ha habido tres hegemones de este tipo en la historia del mundo occidental. El primero fue Roma, que (a menudo brutalmente) estableció y hizo cumplir las reglas del sistema durante varios cientos de años, hace unos dos milenios. Después de la Edad Media y del importante conflicto entre grandes potencias, Gran Bretaña fue la potencia hegemónica mundial desde la batalla de Waterloo hasta la batalla del Somme, cuando su poder fue destruido en el derramamiento de sangre de la Primera Guerra Mundial. Los desafíos económicos y de seguridad del período de entreguerras posterior refuerzan la necesidad de una hegemonía, un papel que Estados Unidos ha desempeñado desde 1945 hasta hoy, aunque ese papel ahora está amenazado como no lo había estado desde el colapso de la Unión Soviética.
Si bien Estados Unidos sigue siendo la principal superpotencia del mundo, China aspira a reemplazar a Estados Unidos, al menos en su región, como el país que establece y hace cumplir las reglas del orden internacional. El creciente poder militar y económico de China representa una amenaza no sólo para Taiwán sino también para Filipinas, Indonesia y otros países del Sudeste Asiático. Esa amenaza y la guerra en curso en Ucrania fueron temas importantes en Ammán, pero tal vez no sea sorprendente que las amenazas más cercanas a casa ocuparan la atención de los participantes de Medio Oriente.
Un participante lamentó con aprecio el lema de la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos: “Fuerza y Sabiduría”. Preguntó a los presentes en la sala si la fuerza de Estados Unidos nos dio sabiduría o si nuestra sabiduría nos dio fuerza. La implicación clara fue que con demasiada frecuencia en los últimos años, específicamente en todo el Medio Oriente, Estados Unidos ha aplicado su enorme fuerza sin suficiente sabiduría. La validez de la preocupación quedó subrayada por el momento en que se produjo el evento en Ammán. Esta reunión en Jordania estaba prevista originalmente para octubre de 2023; Los horribles ataques de Hamás del 7 de octubre y el contraataque de Israel en Gaza provocaron un aplazamiento de seis meses de la sesión.
Una expansión del conflicto entre Israel y los palestinos redunda en interés de Rusia y China, pero no de Estados Unidos ni de ningún país de la región, incluido Irán. (Se sugirió, tal vez no incorrectamente, que la continuación de la guerra de Gaza podría redundar en beneficio político personal del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.) Hubo un fuerte consenso entre los participantes estadounidenses y de Oriente Medio en que la posición oficial de Estados Unidos de apoyar una guerra de dos Una solución de Estado y una patria palestina es esencial para la paz y la seguridad regionales, incluso si lograr tal tarea es difícil de imaginar en la situación actual. Como nuestros amigos mencionaron varias veces durante el evento de Ammán, “vivimos aquí todos los días”; Encontrar una solución a la crisis en Gaza mejora la seguridad y las economías de todos los países de la región, por difícil que sea imaginar esa solución dada la crisis actual.
Hay otro desafío apremiante en Medio Oriente cuya solución es difícil de imaginar dadas las condiciones actuales. Irán ha sido un enemigo declarado de Estados Unidos desde la revolución iraní de 1979; El Plan de Acción Integral Conjunto, “JCPOA” o más familiarmente “acuerdo nuclear iraní” negociado en 2015 ofrecía una posible apertura hasta que fue revocado por el entonces presidente Donald J. Trump en 2018. Irán, paralizado por décadas de sanciones y temeroso de una contrarrevolución de una población joven y enojada, estaba dispuesto a renunciar a sus ambiciones de armas nucleares a cambio de progreso económico y una oportunidad de reincorporarse a la comunidad internacional de naciones. Irónicamente, Irán debe destacarse como el perro que no ladró mucho en los últimos seis meses. Sus respuestas relativamente moderadas a los ataques israelíes contra un consulado iraní en Siria y (después de un ataque con aviones no tripulados y misiles contra Israel en gran medida infructuoso) contra una base militar iraní, ofrecen un rayo de esperanza de que su largo patrocinio de fuerzas proxy en toda la región pueda terminar en a cambio de reconocimiento diplomático y levantamiento de sanciones.
No hay duda de que Estados Unidos tiene la fuerza para influir en las acciones de todos los actores en Medio Oriente, pero se puede cuestionar la sabiduría de nuestra política. Esto es particularmente cierto en comparación con nuestros aliados del Medio Oriente, cuyos orígenes se remontan a miles de años antes de los tiempos bíblicos. Como señaló el filósofo romano Cicerón: "La edad trae sabiduría". Un participante de Medio Oriente sugirió que Estados Unidos no tiene la edad suficiente para estar dotado de suficiente sabiduría para gobernar la fuerza que ha desarrollado.
Uno de los oficiales de Oriente Medio recordó una analogía ofrecida por su profesor favorito de la Escuela de Guerra: sugirió que el sistema internacional podría considerarse como un tablero de ajedrez interconectado y de múltiples capas. Lo que sucede en un nivel afecta a todas las demás capas. En Medio Oriente, las acciones tomadas por Israel e Irán afectan a todos los demás actores, pero es concebible que Estados Unidos pueda usar su enorme fuerza para ayudar a ambos países a tomar acciones en interés de toda la comunidad internacional: “Inshallah” (“ Si Dios quiere”), como argumentaron los participantes. La pregunta sigue siendo: ¿somos lo suficientemente sabios para hacerlo?
miércoles, 21 de febrero de 2024
Rosendo Fraga: Escalan los conflictos mundiales

Escalan los conflictos bélicos en Europa, Medio Oriente, Corea y Taiwán
Por Rosendo Fraga.|| Nueva Mayoría
En enero de 2024 ha escalado sorpresivamente en Europa Occidental el riesgo de una guerra contra Rusia. Comenzó el gobierno de Suecia, que advirtió a la población sobre la necesidad de prepararse para una eventual confrontación militar con Moscú. Cabe señalar que en los últimos días de enero, el parlamento turco aprobó la incorporación de este país como miembro pleno número treinta y dos de la OTAN. Erdogan tomó esta decisión en momentos en que endurece sus cuestionamientos a Netanyahu por las operaciones en la Franja de Gaza. Pocos días después de las declaraciones en Suecia, el diario alemán Bild publicó un documento occidental que anticipa las fases que podrían darse en un eventual conflicto militar entre Europa y Rusia entre 2024 y 2027. A su vez, el gobierno polaco advirtió que la amenaza militar rusa se cierne sobre Europa del Este, el Cáucaso y Asia Central. Los tres países bálticos anunciaron la construcción de una línea defensiva en sus tres fronteras comunes con Rusia. En el último encuentro del Grupo de Contacto de Rammstein -que llevaba meses sin reunirse, ante la demora en satisfacer los suministros pedidos por Ucrania-, el nuevo director del Estado Mayor Conjunto estadounidense, el general Charles Brown, advirtió que la democracia occidental se transforma cada vez más en un problema de largo plazo para el esfuerzo militar ruso. Por su parte, el ministro de Defensa británico, Grant Shapps, exhortó a los países de la OTAN a satisfacer los requerimientos ucranianos en materia de armamentos, porque de no hacerlo iba a aumentar el riesgo de confrontación directa con Rusia. Aunque ya estaba previsto, en enero se conocieron los detalles del ejercicio militar de la OTAN que se realizará en su frente norte, del que participarán noventa mil hombres y elementos de la Fuerza Aérea y de las Armadas de los países de esta alianza militar. Es el más grande desde la caída del Muro. Puede discutirse cuánto de esto tiene que ver con mantener el apoyo de la opinión pública al esfuerzo militar en Ucrania, o de preparar efectivamente a la población para un conflicto bélico con Rusia. Por su parte Ucrania intima reiteradamente a la OTAN y la Unión Europea para que se cumpla la provisión de armas y municiones ya comprometida, pero demorada. En un ejemplo de expansión de este conflicto, mercenarios rusos incrementan su influencia en países de África como Burkina Faso, mientras que en Asia el gobierno nepalés denunció el reclutamiento por parte de Rusia de mercenarios. En América Latina, este último país especula con una escalada del conflicto entre Venezuela y Guyana por la soberanía de la región de Esequibo.
La posibilidad de que avancen las gestiones de paz entre Israel y Hamas parecen alejarse cada vez más. En primer lugar, porque la guerra continúa con más intensidad. El 22 de enero murieron veintiún reservistas israelíes en Gaza, en la acción más costosa en vidas para Tel-Aviv en el frente militar desde que se inició la ofensiva en la Franja. La respuesta fue rápida: en un opersativo israelí fueron muertos un centenar de integrales de Hamas. Netanyahu viene rechazando reiteradamente la posible solución a través del reconocimiento de un estado palestino y eso hace imposible avanzar por ahora en negociaciones. Mientras los combates continúan en Gaza, con Hamas demostrando que mantiene capacidad militar, el frente de Cisjordania se intensifica en un nivel más bajo, registrándose presencia iraní en este territorio. Respecto al Líbano, el gobierno israelí ha dicho que no cesará sus operaciones bélicas mientras toda la población israelí que abandonó la zona fronteriza vuelva a vivir en ella. En Siria, donde Estados Unidos tiene estacionados novecientos hombres de sus Fuerzas Armadas, se intensifican las acciones de milicias pro iraníes contra ellas, y tiene lugar la consecuente respuesta estadounidense. Israelíes e iraníes realizan acciones en este país, conectadas al conflicto de Gaza. El enfrentamiento se extiende a Irak, donde Estados Unidos tiene estacionados veinticinco mil hombres de sus Fuerzas Armadas, que se enfrentan con milicias iraquíes e iraníes que forman parte del gobierno de Bagdad, quien duda cada vez más de mantener tropas estadounidenses en su país. El territorio iraní ha sido blanco de un atentado de la organización Estado Islámico, que provocó casi un centenar de muertos en el homenaje al general de la Guardia Revolucionaria Iraní, Qasem Soleimani, muerto por la inteligencia israelí hace cuatro años. El EI ha reaparecido, combatiendo a los gobiernos chiitas y apoyando el estallido del conflicto. Pakistán en enero ha pasado a formar parte del mismo, por un intercambio de acciones militares en la frontera de los dos países en la región de Baluchistán. Ambos se acusan mutuamente de dar apoyo a minorías secesionistas de esta etnia. A su vez, el conflicto con las milicias hutis de Yemen sobre el Mar Rojo se hace crónico. Siguen los disparos de drones y misiles por parte de las milicias yemeníes y la respuesta de la coalición para la Prosperidad liderada por Estados Unidos y el Reino Unido. Los servicios de inteligencia de Emiratos Árabes Unidos estarían realizando acciones encubiertas contra los jefes hutis. De esta manera, dos países con el arma nuclear están involucrados: Israel y Pakistán. La presencia iraní en la llamada “resistencia” contra Israel es generalizada, mientras el país corre contra el tiempo en pos del arma nuclear.
El riesgo de conflicto bélico en torno a Corea del Norte aumenta día a día. En enero, el líder norcoreano Kim Jong-un anunció que Corea del Sur ha pasado a ser el “enemigo principal” y anunció que ello será incluído en la constitución del país. Al mismo tiempo, suspendió la participación y el financiamiento en las agencias que en los últimos años han trabajado para la reunificación coreana. A su vez, ha intensificado los ejercicios militares con munición real, los lanzamientos con satélites para inteligencia, la fabricación de lanzadores de misiles y las pruebas de drones submarinos con capacidad de generar “tsunamis” e incluso podrían portar armamento nuclear. La inteligencia estadounidense ha comprobado que los lanzamientos misilísticos norcoreanos pueden alcanzar los novecientos kilómetros de distancia, que incluyen a Japón, Corea del Sur y las bases militares estadounidenses que están en la región. Corea del Norte, por su parte, sostiene que sus misiles tienen un alcance mucho mayor y que podrían llegar hasta a blancos en territorio estadounidense en regiones como Alaska y Hawaii. Pyongyang acelera a su vez los preparativos para una eventual guerra terrestre en la península de Corea. Difícilmente sea Kim quien precipite una guerra nuclear que lo lleve a una derrota segura y a una suerte de “inmolación”. Está previsto un encuentro entre él y Putin, que son aliados militares de hecho, como lo muestra el acuerdo de entrega de armas norcoreanas a Moscú y la devolución de tecnología militar avanzada por parte de ésta. Una tercera guerra terrestre resulta difícil de sostener para Estados Unidos. Es que tanto Ucrania como Gaza, como también sería la península coreana, desarrollan el conflicto bélico en el ámbito predominantemente terrestre. Hombres, proyectiles de artillería y armas livianas son el suministro más requerido. Los depósitos de armas y municiones que tiene Estados Unidos tanto en Israel como en Corea del Sur, instalados desde hace décadas para ser usados en eventuales despliegues militares estadounidenses en el Oriente Próximo o Cercano, se encontrarían ya casi vacíos, y los países de Europa, en 2023, no han satisfecho ni la mitad del suministro acordado con Ucrania en materia de proyectiles de artillería. Es el momento de mayor tensión entre las dos Coreas desde los años setenta del siglo XX.
La tensión en torno a Taiwán va en aumento, registrándose uno de los momentos más difíciles desde la caída del Muro. Tras la victoria del oficialismo en la elección presidencial taiwanesa del 13 de enero, se han incrementado los vuelos en la zona neutralizada de hecho entre China y Taiwán, los despliegues navales sobre su límite, y el vuelo de globos de observación chinos por el territorio taiwanés. El mismo presidente Xi ha dicho que nunca su país aceptará la independencia de Taiwán. Pareciera que el resultado electoral ha provocado un endurecimiento de la posición de Beijing. Posiblemente haya menos probabilidad de un conflicto militar en torno a Taiwán, que de una guerra en la península de Corea. Pero siempre hay que tener presente que las crisis generalmente se desatan por error de cálculo. Un conflicto en torno a Taiwán sería predominantemente aeronaval. El desembarco de fuerzas chinas en territorio taiwanés parece improbable. De los cuatro conflictos mencionados (Europa-Rusia, Hamas-Israel, las dos Coreas y Taiwán), el último es el que tiene menor probabilidad de escalar. Es que China juega más a ser un espectador beneficiado que un partícipe activo en la escalada de los conflictos militares que tienen lugar hoy a nivel global.
En conclusión: Europa parece asumir la posibilidad de un conflicto regional con Rusia, transmitiendo este temor a la población; la guerra entre Israel y Hamas se ha transformado ya en una conflicto regional, incluyendo hasta Pakistán, y con Irán cada vez más involucrado; las actitudes desafiantes del dictador norcoreano escalan la tensión militar en torno a las dos Coreas, generando la alerta militar por parte de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur; por último, la tensión militar en torno a Taiwán escaló desde la elección presidencial del 13 de enero, pero es improbable que se desborde por la estrategia china de beneficiarse en los conflictos sin involucrarse.
domingo, 31 de julio de 2022
martes, 9 de noviembre de 2021
viernes, 18 de diciembre de 2020
Hacia una nueva arquitectura de intervención americana en Oriente Medio
Pequeño, distribuido y seguro: una nueva arquitectura básica para Oriente Medio
Becca Wasser y Aaron Stein || War on the Rocks
El reciente asesinato del físico iraní Mohsen Fakhrizadeh puede no haber sido una operación dirigida por Estados Unidos, pero no obstante, elevó el riesgo de ataques de represalia, posiblemente contra bases estadounidenses. La vulnerabilidad de las bases militares estadounidenses en el Medio Oriente a los ataques con misiles no es nueva, pero las crecientes capacidades iraníes hacen que los activos estadounidenses desplegados en la región sean más vulnerables. En reconocimiento de esta amenaza, se necesita un replanteamiento de la arquitectura basada en Estados Unidos.
Las administraciones de Barack Obama y Donald Trump buscaron reducir los compromisos en el Medio Oriente para enfocarse en contrarrestar a Rusia y China. Pero estos planes se vieron frustrados repetidamente por desafíos en la región, así como por socios locales nerviosos y complicaciones creadas por la campaña de "máxima presión" de Washington contra Irán. El presidente electo Joe Biden también ha abogado por una presencia reducida de Estados Unidos en el Medio Oriente. Es este impulso de desconectarse de la región, combinado con los riesgos para las bases estadounidenses allí, lo que hace que un replanteamiento sea tan esencial.
En lugar de depender de unas pocas bases grandes y permanentes cerca de Irán que podrían terminar como una diana fácil para un ataque con misiles iraníes, Estados Unidos debería reconsiderar su postura regional y, en cambio, considerar una constelación de bases más pequeñas y distribuidas. A medida que Washington cambia para hacer más con una presencia estadounidense reducida en la región y prioriza la diplomacia como el medio preferido de participación, una arquitectura de base distribuida permitiría una mayor flexibilidad y mejoraría la seguridad de las fuerzas estadounidenses.
Bases construidas para una época pasada
Oriente Medio no siempre fue el foco principal de la política de defensa de Estados Unidos. Durante gran parte de la Guerra Fría, la última era en la que una amenaza a nivel de pares dominó la planificación de defensa de Estados Unidos, tuvo una pequeña presencia militar estadounidense. Pero la guerra Irán-Irak, particularmente la Operación Earnest Will, cambió la forma en que los planificadores de defensa estadounidenses trataron a la región. Solo después de este conflicto, así como de la victoria de Estados Unidos en la primera Guerra del Golfo y el colapso simultáneo de la Unión Soviética, la región adquirió su importancia actual para los políticos estadounidenses.
Los acuerdos de bases estadounidenses en el Medio Oriente son, con algunas excepciones, relativamente nuevos. Después de construirse a principios de la década de 1990, muchas bases se expandieron posteriormente en importancia y tamaño después de los ataques del 11 de septiembre. Una extensa infraestructura de base estadounidense ahora se extiende por la región, incluida la Base Aérea Al Udeid en Qatar, que alberga el Centro de Operaciones Aéreas regional, el Campamento Arifjan, el cuartel general avanzado del Ejército en Kuwait y el Comando Central de las Fuerzas Navales de los Estados Unidos en Bahrein. Estados Unidos también ha aumentado su presencia en bases preexistentes, como la base aérea Muwaffaq Salti en Jordania.
En la actualidad, las bases e instalaciones militares de EE. UU. En la región sirven como centros de comando, base y logística para las actividades militares de EE. UU. En toda el área de operaciones del Comando Central de EE. UU. Si bien muchas de estas bases comenzaron como instalaciones expedicionarias relativamente austeras, desde entonces se han transformado en instalaciones permanentes debido a las operaciones en curso y a menudo simultáneas en la región desde la primera Guerra del Golfo. Las "guerras para siempre" en Afganistán e Irak, así como la lucha más reciente contra el Estado Islámico, han inflado aún más estos centros operativos.
Después de décadas de operaciones en curso, estas importantes bases de operaciones ahora están siendo llamadas a atender una variedad de demandas en tiempos de paz. Estos incluyen misiones de disuasión contra Irán y esfuerzos de cooperación en materia de seguridad destinados a fortalecer los lazos de las fuerzas armadas con naciones amigas y apuntalar sus capacidades. La presencia de Estados Unidos en tales bases también sirve como garantía para estos socios y una demostración del compromiso de Washington con su defensa.
De hecho, incluso cuando ha disminuido la presencia de Estados Unidos en Afganistán e Irak, junto con las operaciones relacionadas, la arquitectura basada en Estados Unidos ha seguido expandiéndose. Las preocupaciones de las naciones anfitrionas sobre los costos internos de alinearse con los Estados Unidos han disminuido, lo que ha resultado en la expansión de las bases existentes y el acceso a otras nuevas. Tanto la Base Aérea Al Udeid como la Base Aérea Al Dhafra en los Emiratos Árabes Unidos se están expandiendo significativamente para dar cabida a más fuerzas estadounidenses de forma más permanente. Si bien alguna vez se pensó que eran bases expedicionarias, con el personal militar estadounidense viviendo en tiendas de campaña, estas instalaciones físicas ahora son una infraestructura fija y permanente. Sin embargo, la expansión constante de estas bases no siempre ha servido para promover los objetivos de Estados Unidos o la seguridad de sus socios regionales, particularmente a medida que las amenazas que enfrentan han crecido.
La amenaza de los misiles iraníes
Para agravar el razonamiento operativo erosionado de la actual huella de base de Estados Unidos en el Medio Oriente, está la amenaza constante a las fuerzas estadounidenses por parte de los misiles iraníes. Estados Unidos ha estado involucrado en numerosas guerras desde la caída de la Unión Soviética, pero estos conflictos no han presentado un adversario con misiles de precisión capaces de apuntar a las fuerzas estadounidenses que operan desde grandes bases regionales. Dado que la superioridad aérea estadounidense, en particular, se ha vuelto esencial para el modo de guerra estadounidense, se han construido capacidades adversas para evitar que Estados Unidos acumule fuerzas antes del conflicto, como fue el caso durante la preparación de la primera Guerra del Golfo y luego nuevamente antes. la invasión de marzo de 2003 a Irak. La proliferación de misiles balísticos y de crucero con armas convencionales, así como municiones merodeadores y vehículos aéreos no tripulados, podría impedir la capacidad del ejército estadounidense para operar desde bases avanzadas. Irán podría intentar destruir objetivos como aviones o defensas aéreas que Estados Unidos no podría reemplazar rápida o fácilmente.
Irán ya ha demostrado la capacidad de atacar objetivos con precisión. En un caso reciente, misiles de crucero y drones no tripulados atacaron las instalaciones de las refinerías de petróleo en Abqaiq y Khurais, en lo que parecía ser un esfuerzo iraní para castigar a los estados del Golfo Pérsico por apoyar las sanciones estadounidenses. En un ataque separado, luego de la decisión de la administración Trump de matar a Qassem Soleimani, el exjefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, Irán disparó una salva de misiles balísticos contra la base aérea de Ayn al Assad en Irak y otros objetivos. Irán demostró la precisión de sus objetivos al atacar el lado estadounidense de la base, golpear la infraestructura fija y causar múltiples casos de lesión cerebral traumática entre los miembros del servicio estadounidense.
Como muestran estos ejemplos, Irán no solo tiene el hardware, sino también la capacidad de ejecutar ataques de precisión en objetivos cercanos, incluidas las bases estadounidenses. La retórica iraní se ha centrado durante mucho tiempo en la vulnerabilidad de estas bases, pero solo en los últimos años el régimen iraní ha demostrado su capacidad para atacar objetivos en Siria e Irak desde el interior de Irán. La firme inversión de la República Islámica en sus fuerzas de misiles, en particular los misiles móviles de carretera, enfrenta a las fuerzas estadounidenses con el desafío de localizar y destruir pequeños objetivos móviles dispersos y ocultos. Irán tiene el inventario de misiles más grande y diverso en el Medio Oriente, con una combinación de misiles balísticos de corto alcance, corto y mediano alcance, así como misiles de crucero antibuque y de ataque terrestre. La gran cantidad de misiles balísticos de corto alcance iraníes le permite lanzar grandes salvas de armas a objetivos cercanos que pueden abrumar las defensas de misiles de Estados Unidos. Mientras tanto, las capacidades de misiles de Irán, incluida la precisión mejorada de los objetivos, le permiten atacar infraestructura crítica o aviones sin protección, que a menudo están estacionados en formaciones estrechas en rampas. Fundamentalmente, las bases estadounidenses más grandes e importantes de la región se encuentran dentro del alcance de estos misiles y drones.
La República Islámica también ha ampliado sus capacidades convencionales con herramientas no convencionales. Esto incluye su uso de grupos proxy, que ha armado con misiles y drones, para extender su alcance y crear una negación plausible. Por ejemplo, los grupos apoderados respaldados por Irán en Irak lanzan habitualmente morteros y cohetes contra el complejo de la embajada de Estados Unidos y las bases estadounidenses en Irak. El uso de poderes también dificulta la atribución de ataques directamente a Irán, lo que complica las posibles respuestas.
La amenaza que representan los misiles iraníes no desaparecerá pronto. En la actualidad, las capacidades de defensa antimisiles de EE. UU. Están limitadas por las necesidades globales en competencia. Estados Unidos, simplemente, no tiene suficientes sistemas de misiles Patriot para satisfacer la demanda y, por lo tanto, tiene que tomar decisiones sobre dónde enviarlos. La reubicación de muchos de estos sistemas en el Medio Oriente puede dejar a Estados Unidos sin cobertura en regiones posiblemente más importantes como el Indo-Pacífico y Europa. Pero incluso si Estados Unidos tuviera suficientes sistemas de defensa aérea para proporcionar una cobertura suficiente, Irán tiene el número y los tipos de misiles necesarios para abrumar o evitar estos sistemas.
Si bien es probable que la administración Biden abandone la política de "máxima presión" de Trump en favor de una diplomacia renovada, esto no significa que la amenaza iraní a las bases estadounidenses desaparecerá de inmediato. Como lo ha hecho en el pasado, Irán podría desear mantener una amenaza coercitiva como un medio para asegurar un acuerdo más favorable con Estados Unidos y para disuadir a Washington de acciones punitivas si las conversaciones fracasan. El arsenal de misiles de Irán y sus redes de poder son fundamentales para este cálculo, y las fuerzas y bases estadounidenses siguen siendo vulnerables a un ataque.
Una nueva arquitectura para un nuevo entorno estratégico
Las grandes y extensas bases aéreas y los centros logísticos de Estados Unidos en el Golfo Pérsico son ahora menos necesarios para proteger los intereses estadounidenses y más vulnerables a los ataques con misiles iraníes. Vestigios de guerras pasadas de moda, su tamaño y ubicación se han convertido en pasivos. En lugar de mantener su estructura de base actual, Estados Unidos debería considerar la posibilidad de reducir su tamaño a una constelación de bases más pequeñas distribuidas por toda la región que ocasionalmente albergan rotaciones de unidades estadounidenses.
Para implementar este enfoque, Washington debería reducir las principales bases de operaciones como Al Udeid y Camp Arifjan. La huella continua restante enfatizaría las unidades de logística y mantenimiento necesarias para el mantenimiento de las instalaciones y las rotaciones periódicas de los EE. UU. dejar estas bases por completo equivaldría a abandonar inversiones considerables en infraestructura y también podría dañar las relaciones de Estados Unidos con socios regionales. Por lo tanto, es aconsejable mantener una presencia reducida para las actividades en tiempo de paz, incluidas las operaciones limitadas de lucha contra el terrorismo y la cooperación en materia de seguridad.
Al mismo tiempo, Washington debería entregar a las naciones anfitrionas bases más pequeñas y redundantes que son innecesarias para imperativos operativos. Dado que el acceso a los puertos es más importante para las operaciones marítimas estadounidenses que las bases navales, Estados Unidos también debería limitar su presencia naval a su base en Bahréin mientras mantiene el acceso a puertos clave, como Duqm en Omán y Jebel Ali en los Emiratos Árabes Unidos. Las bases aéreas ubicadas más lejos de Irán, como la Base Aérea Muwaffaq Salti en Jordania y la Base Aérea Prince Sultan en Arabia Saudita, deberían permanecer como están, pero cobrarán una nueva importancia.
Para complementar estos cambios, Washington debería asegurar el acceso preestablecido y los acuerdos de sobrevuelo y colocar previamente el equipo en ubicaciones reforzadas para garantizar que las capacidades de EE. UU. En la región puedan incrementarse rápidamente si es necesario. Esto estaría respaldado por una red logística flexible, que permitiría la rápida acumulación de bases según sea necesario durante las contingencias sin crear más riesgo para los activos críticos, aumentar los costos de implementación o depender de las principales bases operativas como centros logísticos.
En caso de una crisis con Irán, Estados Unidos debería redistribuir las fuerzas ubicadas cerca del Golfo Pérsico a bases más alejadas como la Base Aérea Muwaffaq Salti y la Base Aérea Prince Sultan, donde también podrían enviarse refuerzos. Irán tiene menos misiles balísticos que pueden alcanzar estas bases, lo que les da a las fuerzas estadounidenses allí más tiempo para tomar contramedidas defensivas en caso de un ataque. Fundamentalmente, el posicionamiento de activos y la realización de operaciones desde estas bases resultaría igualmente eficaz. La reciente demostración de que el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas podría transferirse a la Base de la Fuerza Aérea Shaw en Carolina del Sur mostró que las operaciones aéreas no tienen que ejecutarse desde Al Udeid para que sean efectivas. Esto elimina la necesidad de mantener una huella tan grande en una base tan vulnerable a los ataques aéreos.
La renovada presencia estadounidense en la base aérea Prince Sultan en Arabia Saudita proporciona un ejemplo ilustrativo del papel que podrían desempeñar bases más pequeñas y distantes en este nuevo enfoque. Estados Unidos ha reconstruido parte de la infraestructura clave en la Base Aérea Prince Sultan, principalmente pistas y refugios aéreos. Desde entonces, ha mantenido una pequeña presencia en la base, compuesta principalmente por personal del Ejército y la Fuerza Aérea de los EE. UU. Los activos y capacidades, incluidos los F-16 y F-35, así como los sistemas Patriot y Terminal High Altitude Area Defense, han rotado hacia adentro y hacia afuera, demostrando agilidad bajo la rúbrica de "empleo de fuerza dinámica" del Pentágono. La Base Aérea Prince Sultan proporciona profundidad estratégica en caso de que los activos aéreos necesiten dispersarse desde ubicaciones más fácilmente amenazadas como Al Udeid y Al Dhafra.
Estados Unidos puede reducir su huella militar en el Medio Oriente mediante una combinación de cierres y consolidaciones de bases. Pero mejorar la seguridad de las fuerzas estadounidenses y la supervivencia de los activos estadounidenses en la región requiere un cambio de las principales bases operativas a una red de bases distribuidas. Una red de bases en capas y distribuidas permitiría a Estados Unidos dispersar aún más sus fuerzas, lo que mejoraría su resistencia y reduciría su atractivo como objetivos.
Conclusión
La postura militar de EE. UU. en Oriente Medio debe actualizarse para reflejar las nuevas prioridades y las crecientes amenazas. A medida que Washington cambia para hacer más con menos, una arquitectura de base distribuida se ajustaría mejor al marco de la Estrategia de Defensa Nacional 2018, que prioriza la competencia estratégica con China y Rusia. Bases grandes y en expansión como Al Udeid cumplieron su propósito durante las guerras en Irak y Afganistán. Ahora, a medida que esos conflictos disminuyen y Estados Unidos prioriza otras amenazas más apremiantes, estas bases son reliquias del pasado que deben ser dimensionadas. Y la postura general de Estados Unidos en la región debe volverse más resistente.
Estados Unidos ha dependido de un entorno relativamente permisivo para apoyar las guerras en Irak y Afganistán, sabiendo que los talibanes y al-Qaeda no tenían los medios para atacar las instalaciones estadounidenses. A medida que la planificación de la defensa de EE. UU. Se centra nuevamente en la planificación de la guerra con grandes potencias mientras se enfrenta a mayores limitaciones de recursos como resultado del COVID-19, las bases de EE. UU. Deben seguir su ejemplo. Si bien Irán no es una gran potencia, no se deben ignorar sus capacidades de misiles y su capacidad para atacar activos estadounidenses con municiones de precisión. Un arquitecto de base disperso
La situación proporcionaría a Washington más flexibilidad para responder a las provocaciones iraníes. También sería un paso hacia la reducción de la presencia estadounidense en la región y la planificación de un futuro centrado en la competencia de grandes potencias.
sábado, 5 de diciembre de 2020
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