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lunes, 13 de julio de 2026

Patagonia: Los "incendios" y la ley penal

Incendios, delitos ambientales e impunidad: el caso de Chubut

La Voz del Chubut




Los incendios forestales que se repiten año tras año en la Patagonia, y hoy golpean con fuerza a Chubut, no son solo una catástrofe ambiental y social: son también la expresión más visible de una estructura de impunidad frente a los crímenes ambientales en la Argentina. Cientos de evacuados, viviendas destruidas, bosques nativos arrasados y ecosistemas dañados de forma irreversible contrastan con la ausencia de responsables identificados y sancionados.

En materia penal, los incendios intencionales constituyen delitos graves. El Código Penal argentino tipifica el delito de incendio y otros estragos (artículos 186 a 189), agravado cuando pone en peligro la vida, los bienes de terceros o afecta bosques, áreas protegidas e infraestructura pública. A ello se suman posibles delitos ambientales, como el daño agravado a bienes de uso público, la afectación de la biodiversidad, la contaminación del aire y del suelo, y la violación de normativas de protección del bosque nativo (Ley 26.331). En determinados contextos, estos hechos pueden vincularse además con asociaciones ilícitas, especulación inmobiliaria o apropiación ilegal de tierras.

Sin embargo, la norma rara vez se traduce en justicia efectiva. La investigación judicial de los incendios suele quedar atrapada en una combinación de falta de recursos técnicos, escasa voluntad política, fragmentación de competencias y una mirada que reduce el problema a “desastres naturales”, aun cuando existen indicios reiterados de intencionalidad. La ausencia de querellantes, la lentitud de las causas y la dificultad para seguir la ruta del dinero refuerzan este escenario.

La impunidad también se vincula con el manejo opaco de los fondos públicos destinados a la prevención y combate del fuego. El Servicio Nacional de Manejo del Fuego y el Sistema Federal de Manejo del Fuego reciben partidas millonarias, pero los incendios avanzan sin aviones suficientes, brigadistas mal pagos y comunidades expuestas. La falta de control sobre el destino de esos recursos debilita la capacidad de respuesta del Estado y abre interrogantes que rara vez llegan a los tribunales.

En Chubut, como en otras provincias, el desafío es romper el círculo vicioso: incendios, emergencia, reconstrucción precaria y olvido judicial. Investigar quién prende fuego, quién se beneficia, quién omite controles y quién no investiga es una condición básica para proteger el ambiente, que la Constitución reconoce como un derecho colectivo. Sin justicia ambiental, los incendios dejan de ser una tragedia inevitable para convertirse en un negocio impune.

Dr. Gustavo Gomez – Ex Fiscal Federal

domingo, 15 de septiembre de 2024

Nuevas corrientes en los estudios de geopolítica

Últimas Tendencias en los estudios geopolíticos





 

Introducción

El mundo ha entrado en una nueva era geopolítica, caracterizada por un dinamismo sin precedentes que desafía los modelos tradicionales de poder. La globalización, lejos de haber creado un orden internacional estable, ha dado paso a un mundo cada vez más fragmentado, donde el poder se difumina entre actores estatales y no estatales, y las interacciones geopolíticas están impulsadas por factores diversos, desde la tecnología hasta el cambio climático. En este contexto, las principales tendencias geopolíticas actuales ofrecen una visión de cómo las naciones y organizaciones están navegando este complejo panorama. Este informe explora ocho de las tendencias más destacadas que están definiendo la geopolítica del siglo XXI, ofreciendo un enfoque narrativo para comprender los cambios en el poder global y sus implicaciones.

1. La Multipolaridad y la competencia entre grandes potencias

Durante décadas, el mundo fue testigo de un orden bipolar marcado por la Guerra Fría, en el que Estados Unidos y la Unión Soviética dominaban la escena internacional. Tras el colapso soviético en 1991, Estados Unidos quedó como la potencia hegemónica, consolidando un mundo unipolar. Sin embargo, el siglo XXI ha sido testigo del retorno a un sistema multipolar, donde múltiples naciones, particularmente China y Rusia, desafían la primacía estadounidense.

China ha emergido como una superpotencia económica, tecnológica y militar, desarrollando ambiciones que trascienden sus fronteras. La iniciativa de la Franja y la Ruta, que busca crear un vasto entramado de rutas comerciales y alianzas diplomáticas, es un claro ejemplo de su deseo de remodelar el orden global. A través de inversiones en infraestructura, préstamos y acuerdos comerciales, China ha consolidado su influencia en Asia, África y América Latina, generando tensiones con potencias establecidas como Estados Unidos y la Unión Europea.

Por otro lado, Rusia ha consolidado su poder en el ámbito militar y energético, utilizando su influencia sobre Europa Oriental y el Medio Oriente para reposicionarse en el escenario internacional. Su intervención en Siria y su anexión de Crimea son ejemplos de una política exterior más agresiva, desafiando abiertamente el orden internacional liberal y las alianzas occidentales.

Este retorno de la competencia entre grandes potencias se ve reflejado en una nueva carrera armamentista y en el crecimiento de bloques de poder regionales. Los conflictos en regiones clave, como el Indo-Pacífico, el Ártico y Europa del Este, evidencian que la multipolaridad está lejos de traer estabilidad, y más bien promueve un escenario geopolítico cargado de incertidumbre.

2. Tecnología y ciberseguridad: El nuevo campo de batalla

En el pasado, la geopolítica se definía por el control de territorios físicos y recursos materiales. Sin embargo, en la era digital, el control de la información, la infraestructura tecnológica y el ciberespacio se han convertido en elementos centrales de la competencia geopolítica.

El desarrollo de tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial (IA), el internet de las cosas (IoT) y las redes 5G, ha cambiado radicalmente el equilibrio de poder entre naciones. Países como Estados Unidos, China y Rusia invierten miles de millones de dólares en estas tecnologías, no solo para obtener ventajas económicas, sino también para fortalecer sus capacidades de defensa y espionaje.

La ciberseguridad, en particular, ha emergido como una preocupación clave. Las amenazas cibernéticas, que van desde ataques de hackers patrocinados por estados hasta campañas de desinformación en redes sociales, tienen el potencial de desestabilizar economías enteras, influir en procesos electorales y socavar la confianza en las instituciones democráticas.

En esta guerra cibernética silenciosa, China y Rusia han sido acusados de estar detrás de ataques masivos que buscan influir en la política interna de otras naciones. Un ejemplo notable fue el ataque a las elecciones estadounidenses de 2016, atribuido a hackers rusos que utilizaron campañas de desinformación para socavar la credibilidad del proceso electoral. A nivel más estratégico, el control de redes 5G se ha convertido en una batalla geopolítica crucial, con Huawei, la empresa china líder en tecnología 5G, en el centro de las tensiones entre China y Occidente.

La competencia tecnológica también tiene un componente económico. Quien domine en áreas como la IA o la computación cuántica tendrá una ventaja significativa en términos de desarrollo industrial y militar. Esto ha llevado a una carrera por asegurar la soberanía tecnológica, con países tratando de reducir su dependencia de otros para tecnologías críticas.

3. Cambio climático y la geopolítica de los recursos naturales

El cambio climático ha dejado de ser un problema ambiental para convertirse en un factor geopolítico clave. A medida que los patrones climáticos se alteran y los recursos naturales escasean, las naciones se ven obligadas a competir por el acceso a agua, energía y territorios habitables.

Uno de los ejemplos más evidentes de este fenómeno es el Ártico. Con el calentamiento global derritiendo el hielo polar, nuevas rutas de navegación y vastas reservas de petróleo y gas se han vuelto accesibles. Esto ha desatado una carrera por el control de esta región, con países como Rusia, Canadá, Estados Unidos y Dinamarca reclamando derechos territoriales. El Ártico, que alguna vez fue visto como un desierto congelado, ahora es considerado una de las fronteras más estratégicas de la Tierra.

La transición hacia energías renovables también está remodelando las relaciones internacionales. Países ricos en minerales necesarios para la producción de tecnologías limpias, como el litio, el cobalto y el níquel, están ganando una nueva relevancia geopolítica. Regiones como América Latina, especialmente Bolivia y Chile, tienen vastas reservas de litio, un componente clave en baterías de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento de energía, lo que las convierte en el centro de atención para los actores globales que buscan asegurar su suministro.

Al mismo tiempo, el cambio climático está exacerbando las crisis migratorias y los conflictos por los recursos. La desertificación, la escasez de agua y los fenómenos climáticos extremos están obligando a millones de personas a abandonar sus hogares, creando tensiones en países receptores y alterando el equilibrio de poder en regiones vulnerables como el África subsahariana y el Medio Oriente.

4. Nacionalismo y soberanías fragmentadas

El auge del nacionalismo en las últimas dos décadas ha alterado significativamente el panorama geopolítico. Los movimientos nacionalistas, que abogan por la primacía de los intereses nacionales sobre los compromisos internacionales, están en ascenso en varios países. Este fenómeno se observa tanto en democracias consolidadas como en regímenes autoritarios, y ha dado lugar a una fragmentación de alianzas tradicionales y una mayor desconfianza hacia las instituciones multilaterales.

El Brexit, por ejemplo, es uno de los casos más notorios de esta tendencia. La decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea fue impulsada, en gran parte, por un deseo de recuperar la soberanía nacional, sobre todo en cuestiones relacionadas con la inmigración y el comercio. Este evento no solo ha transformado la política interna británica, sino que también ha generado una crisis existencial dentro de la propia Unión Europea.

Del mismo modo, el nacionalismo en Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump redefinió la política exterior del país, adoptando un enfoque más unilateral con el lema "América Primero" (America First). Esto implicó el retiro de acuerdos internacionales clave, como el Acuerdo de París sobre el cambio climático y el acuerdo nuclear con Irán, generando incertidumbre y tensiones en el sistema internacional.

Este fenómeno también está presente en países como Rusia, donde el gobierno de Vladimir Putin ha promovido una narrativa nacionalista que defiende la "soberanía tradicional" frente a la influencia occidental, especialmente en relación con la OTAN y la Unión Europea.

5. Desplazamientos migratorios y tensiones globales

Los desplazamientos migratorios han sido una constante a lo largo de la historia, pero en las últimas décadas, este fenómeno ha cobrado una relevancia geopolítica crítica. Las migraciones masivas no solo reflejan problemas internos de los países de origen, como conflictos, pobreza o catástrofes naturales, sino que también generan tensiones significativas en los países de destino, lo que afecta profundamente la dinámica política y económica global.

Una de las principales causas de las migraciones en el siglo XXI es el cambio climático, que está afectando de manera desproporcionada a las regiones más vulnerables del mundo. La desertificación, las sequías prolongadas y el aumento del nivel del mar están obligando a millones de personas a abandonar sus hogares, lo que se conoce como migración climática. Regiones como el África subsahariana, el sur de Asia y América Central están entre las más afectadas, y esto ha generado una creciente preocupación en las naciones del norte global, que suelen ser los destinos más comunes para estos migrantes.

Además del cambio climático, los conflictos armados continúan siendo una fuente importante de desplazamientos. Las guerras en Siria, Afganistán, Yemen y otras partes del mundo han creado crisis humanitarias de gran magnitud. Los refugiados provenientes de estas zonas han huido a países vecinos, como Turquía, Jordania y Líbano, o han intentado llegar a Europa, lo que ha generado tensiones políticas y sociales significativas. En Europa, la llamada "crisis migratoria" de 2015, cuando más de un millón de personas, principalmente de Siria, cruzaron al continente en busca de asilo, reveló las divisiones internas dentro de la Unión Europea sobre cómo manejar este flujo masivo de personas.

Estos desplazamientos masivos también han sido utilizados como herramientas de presión geopolítica. En algunos casos, países han amenazado con abrir sus fronteras a los refugiados si no se cumplen ciertas demandas políticas o económicas. Un ejemplo reciente es el caso de Turquía, que en varias ocasiones ha utilizado su posición como país receptor de millones de refugiados sirios para negociar con la Unión Europea, exigiendo más apoyo financiero a cambio de controlar el flujo de migrantes hacia Europa.

Las migraciones masivas también han alimentado el nacionalismo y el populismo en muchos países de acogida. En Europa y América del Norte, el temor a la pérdida de empleos, el aumento de la delincuencia o la erosión de la identidad cultural ha sido explotado por partidos y líderes populistas, que abogan por políticas más estrictas de control fronterizo y restricciones a la inmigración. Esto, a su vez, ha provocado un endurecimiento de las políticas migratorias en muchos países, desde la construcción de muros y barreras físicas hasta la implementación de políticas de disuasión y deportación.

Los desplazamientos migratorios no solo afectan a las naciones receptoras; también tienen un impacto profundo en las naciones de origen. La fuga de cerebros, en la que los migrantes calificados abandonan sus países en busca de mejores oportunidades en el extranjero, priva a los países en desarrollo de los recursos humanos necesarios para su crecimiento económico y social. Al mismo tiempo, las remesas enviadas por los migrantes a sus países de origen se han convertido en una fuente crucial de ingresos para muchas economías en desarrollo, lo que genera una compleja interdependencia entre los países de origen y destino.

En el contexto geopolítico actual, los desplazamientos migratorios son tanto una consecuencia como una causa de tensiones globales. La incapacidad de abordar las causas profundas de estas migraciones, como los conflictos armados, el cambio climático y la desigualdad económica, sugiere que las tensiones migratorias seguirán siendo un desafío importante en las próximas décadas.

6. Geopolítica de las cadenas de suministro

La pandemia de COVID-19 reveló una vulnerabilidad crucial en la economía global: la fragilidad de las cadenas de suministro internacionales. En un mundo interconectado, donde los productos que consumimos a diario dependen de una compleja red de producción y distribución global, cualquier interrupción en esta cadena puede tener consecuencias económicas devastadoras. Desde la escasez de equipos médicos durante los primeros meses de la pandemia hasta la actual crisis de semiconductores, la geopolítica de las cadenas de suministro se ha convertido en un tema central en la agenda de los gobiernos y las corporaciones multinacionales.

El fenómeno de la globalización, que impulsó la integración económica de los países y promovió la eficiencia en la producción global, también ha creado una dependencia extrema de ciertos países o regiones para la producción de bienes clave. China, en particular, se ha consolidado como el "taller del mundo", fabricando desde productos electrónicos hasta medicamentos. Sin embargo, esta dependencia de un solo país para productos esenciales ha generado inquietudes en muchas naciones, especialmente tras las disrupciones causadas por la pandemia.

En respuesta a esta vulnerabilidad, muchos países han comenzado a reconsiderar sus políticas económicas y comerciales, promoviendo lo que se ha llamado la relocalización o "reshoring", que implica traer de vuelta la producción a nivel local o regional. Estados Unidos, por ejemplo, ha lanzado varias iniciativas para fortalecer la producción de semiconductores dentro de sus fronteras, mientras que la Unión Europea está buscando reducir su dependencia de China y otras naciones para productos esenciales, como productos farmacéuticos y tecnología avanzada.

Además, la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha intensificado esta tendencia. Las tensiones arancelarias, junto con las restricciones en la exportación de tecnología crítica, como los chips avanzados, han empujado a muchas empresas a diversificar sus cadenas de suministro, trasladando parte de su producción a países del sudeste asiático, India o incluso México.

Este realineamiento de las cadenas de suministro no solo tiene implicaciones económicas, sino también estratégicas y geopolíticas. Las naciones están cada vez más preocupadas por la seguridad económica y tecnológica, lo que está llevando a un nuevo tipo de proteccionismo, donde el acceso a ciertos productos o tecnologías puede ser restringido en función de intereses nacionales. El control de recursos clave, como los semiconductores, las tierras raras o las vacunas, se ha convertido en una herramienta de poder geopolítico.

Por ejemplo, China tiene una posición dominante en la producción de tierras raras, que son esenciales para la fabricación de dispositivos electrónicos avanzados, incluyendo smartphones, paneles solares y sistemas de defensa. Esta dependencia ha llevado a países como Estados Unidos y Japón a explorar formas de reducir su vulnerabilidad, ya sea a través del reciclaje de materiales o la apertura de nuevas minas fuera de China.

En resumen, la geopolítica de las cadenas de suministro refleja una creciente conciencia sobre la necesidad de asegurar la soberanía económica en un mundo interdependiente. A medida que las tensiones entre las grandes potencias continúan, es probable que veamos una mayor regionalización de la producción y un enfoque renovado en la resiliencia de las cadenas de suministro, lo que podría remodelar la economía global en los próximos años.

7. Geopolítica del Indo-Pacífico

El Indo-Pacífico ha emergido como el nuevo centro de gravedad geopolítica en el siglo XXI. La región, que abarca desde las costas del este de África hasta el oeste de Estados Unidos, es clave tanto por su importancia económica como por las tensiones estratégicas que se están desarrollando allí, particularmente entre China y las potencias occidentales.

China ha desempeñado un papel central en esta transformación, principalmente a través de su ambiciosa Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative, BRI). Este vasto proyecto de infraestructura busca conectar a China con el resto del mundo mediante una red de rutas terrestres y marítimas, promoviendo tanto el comercio como la influencia política. Sin embargo, muchos países ven la BRI con sospecha, preocupados por la posibilidad de que se utilice para aumentar la influencia política y militar de China, especialmente en regiones estratégicas como el sudeste asiático y el Océano Índico.

La expansión de la influencia china en el Indo-Pacífico ha sido vista como una amenaza directa por Estados Unidos y sus aliados, como Japón, Australia e India. Como respuesta, estos países han promovido la idea de un Indo-Pacífico libre y abierto, que busca contrarrestar las aspiraciones hegemónicas de China en la región. La creación de alianzas militares y estratégicas, como el Quad (que incluye a Estados Unidos, Japón, Australia e India), es un claro intento de equilibrar el creciente poder de China en el Indo-Pacífico.

El Mar de China Meridional es uno de los puntos más calientes de esta confrontación geopolítica. China ha reclamado gran parte de esta región marítima, construyendo islas artificiales y militarizándolas, lo que ha generado tensiones con otros países vecinos, como Filipinas, Vietnam y Malasia. Estas naciones, respaldadas por Estados Unidos, han desafiado las reclamaciones territoriales de China, lo que ha generado roces diplomáticos y militares en la región.

En cuanto a la economía, el Indo-Pacífico alberga algunas de las rutas marítimas más importantes del mundo, por donde transita gran parte del comercio global, incluidos los suministros de energía. Cualquier interrupción en estas rutas, ya sea por conflictos territoriales o por la militarización del Mar de China Meridional, podría tener un impacto significativo en la economía global.

El Indo-Pacífico también es importante en términos de diplomacia climática. Las naciones insulares del Pacífico, que son particularmente vulnerables al aumento del nivel del mar y a los fenómenos climáticos extremos, han cobrado mayor relevancia geopolítica a medida que buscan apoyo internacional para mitigar los efectos del cambio climático.

En este contexto, la región del Indo-Pacífico es un microcosmos de la nueva guerra fría que se está desarrollando entre China y Occidente, y es probable que siga siendo un foco de atención geopolítica en las próximas décadas.

8. Reconfiguración de Alianzas Internacionales

En un mundo donde la geopolítica está en constante cambio, las alianzas internacionales tradicionales ya no son tan sólidas como solían ser. La reconfiguración de alianzas refleja la creciente complejidad del panorama global, donde los países buscan alianzas flexibles y pragmáticas que sirvan a sus intereses a corto y largo plazo.

La OTAN, por ejemplo, ha sido tradicionalmente la piedra angular de la defensa occidental. Sin embargo, las tensiones internas dentro de la alianza, especialmente en torno a la carga financiera y las divergencias estratégicas, han llevado a cuestionamientos sobre su futuro. Los desacuerdos entre Estados Unidos y algunos de sus aliados europeos sobre temas como la relación con Rusia, el gasto en defensa y la política hacia Oriente Medio han complicado la cohesión de la alianza.

Por otro lado, estamos viendo el surgimiento de nuevas alianzas regionales. La ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), por ejemplo, ha ganado relevancia en la gestión de conflictos en el sudeste asiático y en la promoción de la estabilidad económica en la región. Al mismo tiempo, países como India y Japón están explorando nuevas asociaciones fuera de sus alianzas tradicionales, buscando diversificar sus relaciones económicas y de seguridad.

Las alianzas internacionales también están cambiando debido a la diplomacia energética. El auge del gas natural licuado (GNL) y la transición hacia energías renovables están remodelando las relaciones entre los países productores y consumidores de energía. Las nuevas tecnologías energéticas, como las baterías de litio, están impulsando la creación de alianzas en torno al control de los recursos críticos.

En definitiva, la reconfiguración de alianzas internacionales refleja un mundo en el que la cooperación multilateral está siendo reemplazada por asociaciones más fluidas y pragmáticas, basadas en intereses mutuos y en la necesidad de adaptarse a un entorno geopolítico cada vez más incierto.

viernes, 22 de marzo de 2024

Patagonia: La obsesión de las ONGs británicas en el territorio


La verdad sobre Patagonia Inc., Greenpeace y Rewilding y su obsesión por la Patagonia

Por Claudio Andrade || + Natales


Hay preguntas que de modo recurrente emergen una y otra vez en redes sociales, en mensajes privados o conversaciones telefónicas ¿Qué quiere Kris Topmkins y su gente en la Patagonia? ¿Qué buscan realmente ONGs como Greenpeace y Oceana en el sur del continente? ¿Cómo se benefician empresas del tamaño de Patagonia y North Face a propósitos de sus millonarias campañas en contra del desarrollo en Chile o la Argentina? ¿Qué papel juega en todo esto National Geographic?
Puede que no sea tan simple de responderlas como muchos quisieran, puesto que la estrategia de este grupo de poder es llevar las cosas a su mínima expresión para alcanzar a su mayor audiencia posible. Una estrategia de marketing social, sin duda, pero también de producto. Veremos.
En su definición más acabada “ellos” son los buenos y la salmonicultura, el hidrógeno verde, la pesca, y cualquier iniciativa de desarrollo en Patagonia la representación del mal.
Un relato muy propio de “Star Wars” pero que funciona también en este caso.
El pool de empresas y grupos de influencia (al final en eso se convirtieron las ONGs históricas) han logrado tender puentes con otras luchas culturales en una suerte de rebote energético que les permite hacer valer cada dólar que invierten en sus campañas.
De algún modo paradójico consumo de objetos y naturaleza salvaje, marketing global y reivindicación de culturas ancestrales, estrategia en puntos de venta y aires de “libertad” política terminaron siendo conjugados bajo el mismo verbo en las oficinas de quienes dirigen esta filarmónica.
Uno tiende a olvidar que Patagonia y North Face, por caso, son empresas norteamericanas y que, como otras de su tipo, buscan su propio beneficio. Ambas encontraron en su “lucha” contra la salmonicultura una forma de acrecentar su política de marketing. Un beneficio que ya no puede considerarse colateral.
Su publicidad resultó proyectada exponencialmente mediante ideas que se sobre entienden pero no necesariamente son explícitas.
Las compañías fueron capaces de quitar de en medio el producto que venden en una verdadera obra de ingeniería de la comunicación comercial.
Patagonia o North Face no venden chaquetas sino libertad, aventura. Si se es un amante de la libertad y la aventura por descontado queda que hay necesariamente una chaqueta en el camino. De 300 dólares o más, pero qué importa el “esfuerzo” vale la pena porque cuando compramos un producto Patagonia “liberamos” al mundo de su esclavitud.
Pero esa “libertad” envasada para ser efectiva tiene que superar la barrera de los gobiernos, poblaciones y órdenes institucionales. Incluso la justicia interna y la soberanía. Tiene que imponer una cultura sobre otra. Pararse sobre los hombros viejos de quienes viven en el lugar.
Su discurso de marketing impone un paisaje sin referencias geopolíticas. No es Chile, es Patagonia. No es Argentina, es Patagonia. No son los habitantes ancestrales, los colonos, los pescadores artesanales, es Patagonia. Y Patagonia tiene dueños globales Patagonia Inc., North Face, Greenpeace. Un puñado.
En otras palabras, la idea general es apropiarse no solo del mercado y del concepto sino de la tierra misma. Por esto, y sobre todo, es que Patagonia Inc. es capaz de amenazar con acciones legales a una marca de artesanos de Punta Arenas que usaron la palabra Patagonia para su emprendimiento “Hecho a Mano”.
El diputado Miguel Ángel Calisto de Aysén impulsó un proyecto de ley en el Congreso para conocer el origen de los fondos de las numerosas ONGs que integran el mapa nacional. Esto es porque existen sospechas fundadas de que un grupo de poderosas empresas, ONGs internacionales y fundaciones sostienen una red de influencia política y económica en Chile que afecta el verdadero funcionamiento independiente y democrático del país.
El senador Alejandro Kusanovic ha denunciado largamente que el Gobierno está asfixiando a la salmonicultura en Magallanes. En este punto, el sector es el eslabón más frágil de una cadena y está enfrentado a multinacionales con agenda propia.
Como tantos otros movimientos sociales las empresas de ropa y ONGs y fundaciones “sin fines” se han ubicado en la cima de una discutible moralidad desde la cual apuntan a sus enemigos. Y sus enemigos básicamente lo que en verdad hacen es incomodar sus intereses en la región y el mundo.
Juntas Patagonia y North Face facturan alrededor de USD 10.000 millones. Es decir, más que toda la exportación salmonera de Chile. Más que todo el litio.
Greenpeace la ONG que se mantiene en pie de guerra contra la salmonicultura tiene 3.2 millones miembros, una facturación superior a los USD 400 millones y alrededor de 6000 empleados.
La misma empresa “verde” cuestionada internacionalmente por sus políticas anticuadas respecto de la energía y la alimentación posee una firma paralela que vende gas natural en Europa.
La ONG desarrolla una campaña donde abundan las falsedades o los encuadres sesgados respecto del salmón.
Cualquiera que se exponga a sus reels en Instagram referidos a la carne de salmón creerá que está consumiendo veneno aunque sus fuentes científicas, muy necesarias para sostener estas afirmaciones, no aparecen o también poseen un sesgo innegable.
Meses atrás sus mensajes atacaron directamente el filete salmón por “nocivo”. El mismo filete que consumen en el Primer Mundo bajo los más altos estándares de calidad y en los Juegos Olímpicos no pocos deportistas de élite.
En enero de este año The New York Times publicó un artículo en el que numerosos expertos consultados concluyen que el salmón de granja tiene similares características al salvaje y en algunos aspectos incluso lo supera. La conclusión del principal diario del mundo es que el salmón es beneficioso.
Por supuesto, no será Greenpeace quien difunda la noticia que pasó desapercibida en Chile.
La guerra contra el desarrollo que tiene como escenario a la Patagonia no cesará. No habrá negociaciones posibles justamente porque la región se enfrenta a una nueva forma de colonialismo.
O al mismo de siempre pero con otras artes. ONGs como Rewilding han llegado a comprar enormes extensiones de territorio para luego “donarlo” a los propios países bajo estrictas condiciones de “uso”. Y como Kris Tompkins no quiere o no puede comprar casas particulares la estrategia contra la población consiste en desalentar el trabajo y el crecimiento.
El campo atraviesa una crisis histórica en Magallanes, Santa Cruz y Tierra del Fuego, lo propio ocurre con la pesca.
Las ONGs como Rewilding y Greenpeace y empresas como Patagonia apuntan a quitar de la región a la salmonicultura con las nefastas consecuencias sociales y económicas que esto traería y todas junta se oponen al hidrógeno verde y la explotación petrolera.
La ecuación es directa: sin desarrollo no hay trabajo y sin trabajo no hay gente. Solo pumas, guanacos (ya hay más de 3.5 millones) y turistas privilegiados.
Un dato que indefectiblemente hace pensar en los turistas que viajan al espacio. Si esto continúa venir a la Patagonia podrá ser vendida como una experiencia para pocos y hacia otro planeta.
Aunque antes habrá que comprarse una chaqueta para estar a tono.

España se regala a Marruecos