sábado, 1 de agosto de 2026

La campaña anti-argentina fue por Malvinas

Ex director de la Escuela Superior de Guerra sostuvo que la campaña anti argentina fue contra la reivindicación de Malvinas

El coronel Gabriel Camilli afirmó que los ataques surgidos durante el Mundial no respondieron solamente a una rivalidad deportiva, sino a una disputa vinculada con la cuestión Malvinas. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, aseguró.
Gabriel Camilli | Perfil




En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el coronel Gabriel Camilli aseguró que la aparición de símbolos vinculados con Malvinas durante el Mundial expuso una disputa que, según su análisis, continúa vigente desde 1982. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, afirmó el ex director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta, al explicar que los conflictos actuales también se libran en el terreno “cibernético y cognitivo”.

Gabriel Camilli es un coronel mayor retirado del Ejército Argentino, académico, escritor y reconocido analista geopolítico especializado en historia de la guerra y defensa estratégica. Se desempeñó como director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, ejerció el cargo de decano dentro de la Universidad de la Defensa Nacional, además fue jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, que en el Alpegrano preside la Fundación Estudios y Legados en Valores Nacionales, desde donde dicta conferencias sobre geopolítica y el pensamiento de próceres argentinos.

—El coronel Camilli escribió un excelente artículo que publicó el diario La Prensa, explicando, desde una perspectiva militar, que los recursos de defensa de un país no son solamente sus armas, que es lo que tiene doble valor viniendo casualmente de un militar. Así que le pido, si usted pudiera sintetizar oralmente su artículo a nuestra audiencia.
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—El artículo se llama La Argentina Bajo Ataque. Esto fue motivado porque tengo un centro, una fundación de estudios, que seguimos el problema estratégico de los valores nacionales. Y mirando el Mundial, como lo hacía cualquier ciudadano argentino que sigue este torneo, empecé a ver, habiendo escudriñado un poco en las redes sociales y habiendo estudiado esto, que se estaba dando delante de mis ojos una nueva forma de agresión que yo venía estudiando en guerras que se vienen dando en otros lugares del mundo.

Desde La Prensa seguimos en una columna la guerra de Ucrania y Rusia, los acontecimientos en el Medio Oriente. Y nosotros siempre hablamos de que hay distintos campos o dominios en los cuales se desarrollan las operaciones en la actualidad. Nosotros, y la mayoría de la gente, piensa que la guerra se desarrolla en la tierra, con los ejércitos; el mar, el aire. Pero en estos últimos tiempos se ha determinado que hay otros espacios importantes que tienen tanta o más trascendencia que estos clásicos que he mencionado.

Tenemos el campo aeroespacial, se pasó a una dimensión mayor, el campo cibernético y el campo cognitivo, que es el que llega al celular, a la pantalla de cada uno de los ciudadanos, para hacerse de la mente de él mismo. Entonces, después de los primeros partidos, llegando hacia la semifinal, empecé a ver que los ataques a la Argentina eran no solamente de tono futbolístico, que no hubiese tenido ningún tipo de preocupación porque es discutible, y más con la pasión que le ponen los aficionados al fútbol a esto en todo el mundo.

Pero, a partir sobre todo de la victoria sobre Egipto se empezó a desencadenar una serie de ataques que nada tenían que ver con el fútbol; tenían que ver con la Argentina, con otras cosas. Y lo de la victoria sobre Inglaterra y la exposición de esa maravillosa bandera que la afición le acercó a nuestra magnífica selección, eso fue un desencadenante explosivo.

Porque tenemos que entender hoy, aunque parezca exagerado lo que estoy diciendo, de que el mundo se mueve por las redes y por el marco cibernético, la psico-guerra. Entonces, esta bandera tiró por tierra, según mi entender, años de campaña de desmalvinización, en la cual el Reino Unido y otras potencias invierten ingentes cantidad de dinero. Entonces, no fue una reacción natural de la ficción contraria o de los partidarios que no quieren a la selección argentina, sino que fue una cosa perfectamente instrumentada y fabricada desde otras usinas de poder. Y esto quedó determinado.

—¿Puedo decir entonces, escuchándolo, que la guerra de Malvinas no terminó nunca y que la guerra continuó por parte de Inglaterra fomentando la desmalvinización, que es una forma de consolidar su triunfo?

—Absolutamente bien resumido. Porque la paz, ¿qué es? La paz es, según una definición clásica, la tranquilidad en el orden. Es una definición clásica de la paz. Hay tranquilidad hoy porque no nos estamos agrediendo físicamente como en el 82, pero no hay orden. El orden es volver las cosas a su justo sitio. El orden es que, de mínima, se cumpla la resolución de Naciones Unidas que obliga a las partes a sentarse a negociar, de mínima.

Y para nosotros el orden es restaurar esa usurpación que en 1833, de forma absolutamente arbitraria y por la fuerza, desalojó a la población argentina que venía ocupando ese lugar. Entonces, como usted bien dice, la guerra no terminó. La guerra en estos 44 años posteriores tuvo un desarrollo muy interesante, con períodos que nosotros estudiamos acabadamente: período de desmalvinización fuerte, período en que la guerra era el carro atmosférico para la Argentina, la guerra en que los chicos de la guerra eran los locos de la guerra, hasta que después el tiempo, o la verdad, fue decantando de que esta fue una justa guerra, y la Argentina fue reconociendo a sus veteranos.

La Argentina, a pesar de esas campañas de desmalvinización, como lo muestra esta bandera y este espíritu de gente sencilla, de nuestros jugadores que con todo el corazón, en todos los momentos, mostrado este amor por Malvinas. Acordémonos la canción en el mundial anterior, en la hinchada por los muchachos de Malvinas. Entonces, esto ha quedado fijo del lado nuestro y del lado del enemigo no ha cesado. No ha cesado porque hay pruebas fehacientes de que existen usinas de pensamiento producidas desde Gran Bretaña, en la cual se le paga a profesionales y expertos para generar un ambiente de desmalvinización, de que los argentinos abjuremos de Malvinas.

Hay un hecho muy fuerte que yo siempre destaco. Hay una campaña que promueve la Embajada Británica en Buenos Aires que se llama Visitemos a nuestros vecinos los Kelpers, en la cual invitan a jóvenes universitarios dedicados al área de la comunicación para que visiten Malvinas, a cambio de que los jóvenes produzcan piezas de orden publicitario que favorezcan esta amistad con los Kelpers.

Este es un problema muy grave porque desde el Gobierno argentino, del Estado Nacional, no se hace nada para impedir esto porque los Kelpers no son ni nuestros vecinos, son usurpadores de un territorio nacional. Y todo esto, aunque parezca mentira y parezca una fantasía, quedó demostrado en 30 segundos, con la aparición en el mundo, en el éter mundial, de esta bandera que desplegaron nuestros jugadores.

—Usted dice que, sabiendo que venía el partido con Inglaterra, el origen de toda esta campaña, en el fondo, es parte de la agresión de la guerra de Malvinas.


—Yo creo que sí, y de otros poderes que quieren que la Argentina no surja. La Argentina es un país por naturaleza rebelde. No se puede perdonar, ni no nos perdonaron en los 44 años posteriores de la guerra, el haber osado querer cambiar el statu quo que en 1965 las Naciones Unidas decían que debía cambiarse. La Argentina se ha esforzado por todos los medios en tratar de lograr recuperarla pacíficamente. Entonces, esto no se perdona.

—Y, visto en retrospectiva, ¿Cuál es su opinión de Galtieri?

—Al general Galtieri lo conocí. Tuve la oportunidad de conocerlo cuando yo era un joven teniente. El general Galtieri estaba cumpliendo prisión en la Escuela de su Oficial, el Sargento Cabral, el lugar que yo revistaba en ese momento. Y, como con un espíritu curioso, digo: bueno, tengo a esta persona acá, quiero entrevistarlo, quiero conocerlo. Así que varias veces pedí tomar un café con él.

Imagínense, yo era un teniente de 23, 24 años y el general era una persona bastante más grande. Y encontré una persona distinta a la que cuentan los medios, una persona que estaba consciente. Él me dijo a mí: “Mire, Camilli, la historia a mí me va a matar, me va a destruir”. Era perfectamente consciente y tomaba con una gran austeridad esta prisión que se le había impuesto. No tengo palabras negativas. Vi a una persona bastante simple, sencilla, y esa fue mi experiencia personal con el general Galtieri.

—Y desde el punto de vista militar, no personal, sino desde el punto de vista militar, ¿qué opina de la decisión de Galtieri de haber ido a la guerra? No sé si de Galtieri o de la Marina, en cualquiera de los casos? ¿Fue un error o finalmente fue un error útil en algún sentido?

—Lo entiendo perfectamente y, por supuesto, que como 40 años de estudio de este tema me llaman poderosamente la atención y soy el primer interesado en conocer la verdad. La llegada a Malvinas está envuelta en una serie de circunstancias que no son conocidas. Yo tengo una gran amistad con el licenciado José Enrique García Enciso, que fue senador nacional y vicegobernador de la provincia de Corrientes, que a la sazón, en ese momento, era un joven de veintitantos años que formaba parte del gabinete de crisis del general Galtieri por el tema de su conocimiento del idioma inglés.

García Enciso demuestra cabalmente y con pruebas que en 1981, ya en el gobierno del general Viola, se estaba preparando una reacción argentina en forma diplomática fuerte para evitar el cumplimiento de los 150 años ininterrumpidos en el 83 de la Guerra de Malvinas. Hubo una preparación y había un plan B que se empezó a gestar allá por el 81, que era el menos querido, que era hacer una especie de touch and go para cambiar y simplemente mover la sensibilidad de Gran Bretaña y obligarla a cumplir con la directiva de las Naciones Unidas. Estoy resumiendo brevemente porque él lo explica en un libro. Así que tengo una prueba presencial. Es una de las pocas personas vivas que formaban parte del ápice estratégico...

—O sea, usted lo dice que el objetivo era el touch and go. Y cuando ofrecieron las tres banderas fue el error de Galtieri. O sea, el error no fue iniciar la guerra sino seguirla.

—Exactamente. Fue el error, pero condicionado. Porque en este tema de las tres banderas, el presidente Belaunde Terry había logrado... y en la noche del primero al 2 de mayo...

—Hunde en el general Belgrano.

—Sí, señor, pero antes que lo que la gente no sabe, que esa noche se acordó entre las tres partes, Margaret Thatcher, Galtieri y Haig, que era el ministro de Relaciones Exteriores, un alto el fuego momentáneo para negociar. Margaret Thatcher incumple con esa orden y hunde al general Belgrano.Y ahí es cuando el general Galtieri no acepta seguir adelante. Ahora, podemos decir, tendría que haber sido con sangre fría y haber continuado con el acuerdo. De esto es testigo mucha gente del Perú y el mismo García Enciso, de lo que estoy diciendo. No es una cosa imposible de certificar. No justifico. Estoy diciendo: en el proceso de toma de decisiones de un Estado, de una nación, intervienen muchos factores.

—Coronel, me gustaría finalmente que usted le compartiera a nuestra audiencia la conclusión final que usted hace, diciendo de que el poderío de una nación se mide también por su capacidad cultural. Se mide también por cuestiones de soft power. Usted cita el INVAP, el CONAE, el CNEA. Grandes símbolos colectivos de la capacidad y la potencia de un país. Que la fortaleza no es exclusivamente las armas que un país tiene, sino que son la consecuencia de toda una capacidad científica, educativa, tecnológica, económica. Me gustaría un cierre con ese punto.

—Sí, la defensa nacional no es el aparato militar. En un sentido literal, podemos ver la figura de un hombre con un arco y una flecha que se proyecta hacia un blanco. La punta de la flecha, el metal, es solamente el poder militar. Pero todo lo demás que está detrás del arco, la flecha y todo el hombre y todo el esfuerzo, es todo el poderío nacional, toda la potencia nacional que hace posible la ejecución de ese esfuerzo último que tiene una nación cuando va a la guerra. Entonces, si nosotros debilitamos nuestro aparato tecnológico, nuestro aparato productivo, nuestro aparato industrial, nuestro conocimiento científico, y es un activo también la selección nacional, aunque te le parezca mentira, es un activo porque el fútbol Es pasión de las multitudes. Entonces, es un activo nacional.

Todo eso hace al ser y a la esencia de la defensa nacional. Pero tenemos que ponerlo en valor, tenemos que ponerlo a trabajar todos juntos detrás de ese esfuerzo, como ese hombre y ese arco y la flecha. No va la flecha por un lado, la soga por el otro y el músculo por otro. Va todo encaminado hacia cumplir un objetivo. Lo que yo veo es que la Argentina anda así, a la deriva, como una veleta, donde va el viento. Lo que creo que es el momento lo llama a buscar rumbos, a elegir conductores que busquen rumbos, que marquen direcciones y encolumnarnos todos detrás de ese esfuerzo.

RM

LT

viernes, 31 de julio de 2026

Chile: La política interna en el sur chileno

Política interna regional del sur chileno







Para hablar de la política sureña chilena conviene tomar un arco amplio: Ñuble y Biobío como zona de transición; La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos como sur propiamente dicho; Aysén y Magallanes como sur austral. No constituyen un bloque político uniforme. La cuestión mapuche y la seguridad dominan en Biobío y La Araucanía; la regulación de las actividades agropecuarias, forestales y acuícolas pesa especialmente entre Los Ríos y Los Lagos; mientras que en Aysén y Magallanes prevalecen el aislamiento, la conectividad, el costo de vida y la autonomía regional.

La fórmula más aproximada sería esta: el sur chileno puede ser conservador en materia de orden, propiedad y seguridad; estatista cuando reclama infraestructura, subsidios y servicios; productivista frente a la regulación ambiental; y profundamente regionalista cuando percibe que Santiago desconoce sus particularidades.

Un giro conservador nacional, pero no una hegemonía uniforme

Las elecciones presidenciales de 2025 confirmaron el fortalecimiento de la derecha en el centro-sur y el sur. José Antonio Kast, que asumió la Presidencia el 11 de marzo de 2026, ganó la segunda vuelta en todas las regiones; su mayor diferencia se produjo precisamente en Ñuble, donde alcanzó aproximadamente el 69% frente al 30% de Jeannette Jara. La seguridad, la propiedad rural, el rechazo al desorden y la reactivación económica encontraron allí una recepción particularmente favorable.

Pero ese predominio nacional no se traduce automáticamente en control de todos los gobiernos regionales. En las elecciones de gobernadores de 2024, Sergio Giacaman obtuvo una victoria contundente en Biobío con el 72,65%; en cambio, el independiente René Saffirio derrotó por escaso margen al gobernador derechista Luciano Rivas en La Araucanía; y Alejandro Santana, de Chile Vamos, ganó Los Lagos con el 51,87%. El dato importante es el voto diferenciado: una persona puede apoyar a la derecha en la elección presidencial por razones de seguridad y, simultáneamente, elegir a un independiente o a un dirigente de centroizquierda para administrar inversiones regionales.

Esto indica que el votante sureño no siempre se comporta como un militante ideológico. Suele distinguir entre el liderazgo nacional —orden público, economía, política indígena— y la gestión territorial —caminos, hospitales, conectividad, agua potable, reconstrucción y apoyo productivo—.

Biobío: industria, reconversión y seguridad rural

Biobío contiene varias sociedades políticas dentro de una misma región. El área metropolitana de Concepción posee tradición industrial, sindical, universitaria y portuaria. En cambio, Arauco, la provincia de Biobío y las comunas interiores presentan mayor ruralidad, actividad forestal y exposición al conflicto territorial. La industria manufacturera, la celulosa y la generación eléctrica siguen teniendo un peso relevante en su economía regional.

Por eso pueden identificarse dos grandes preocupaciones. En el espacio urbano-industrial aparecen el empleo, la desindustrialización, la contaminación, la reconstrucción y el transporte metropolitano. En las áreas rurales predominan la seguridad de las rutas, los ataques contra instalaciones productivas, el robo de madera, los incendios, la presencia policial y la defensa de la propiedad.

La victoria abrumadora de Giacaman en 2024 debe interpretarse dentro de ese contexto: no fue solamente una adhesión partidaria, sino también una demanda por gestión ejecutiva, reconstrucción y una respuesta más firme frente a la inseguridad. Sin embargo, Concepción y su entorno continúan proporcionando a la izquierda y a la centroizquierda una base urbana considerable. Biobío es, por consiguiente, una región competitiva, pero con una periferia rural que ha empujado el promedio regional hacia posiciones más conservadoras.

La Araucanía: el gran clivaje territorial de Chile

La Araucanía posee la dinámica política más compleja del sur. Allí se superponen reivindicación territorial mapuche; pobreza rural; agricultura y actividad forestal; propietarios pequeños, medianos y grandes; comunidades indígenas; empresas; turismo; violencia política y delincuencia común. Reducir todo eso a un conflicto entre “mapuches y chilenos” sería profundamente incorrecto.

La política regional gira alrededor de una pregunta básica: ¿el problema se resuelve prioritariamente mediante seguridad, restitución de tierras, desarrollo económico, reconocimiento político o alguna combinación de esos instrumentos?

El Estado de excepción continuaba siendo prorrogado en junio de 2026 para La Araucanía y las provincias de Arauco y Biobío. Su permanencia demuestra que la militarización parcial dejó de ser una medida extraordinaria de corta duración y pasó a integrarse en la administración habitual del conflicto.

Al mismo tiempo, la Comisión Presidencial para la Paz y el Entendimiento entregó en 2025 propuestas sobre tierras, reparación y relación entre el Estado y el pueblo mapuche. Posteriormente comenzó una consulta indígena para diseñar un nuevo sistema de tierras. Esto produjo dos reacciones contrapuestas: para algunos sectores era una posibilidad de ordenar y acelerar la resolución de reclamaciones históricas; para otros podía ampliar la incertidumbre sobre la propiedad y premiar indirectamente la presión territorial.

El gobierno de Kast desplazó el centro de gravedad hacia una política de control territorial y seguridad primero, acompañada por una revisión crítica de la política tradicional de compra y restitución de tierras. Ese giro coincide con una parte importante del electorado regional, pero enfrenta el riesgo de tratar como un único problema fenómenos distintos: terrorismo, delincuencia rural, reivindicación indígena pacífica, pobreza, disputas judiciales y falta de inversión.

La elección de René Saffirio como gobernador muestra precisamente la complejidad de la región. La Araucanía pudo apoyar electoralmente una agenda presidencial conservadora y, a la vez, elegir un gobernador independiente no alineado con la derecha. Eso sugiere que una parte del electorado desea firmeza en seguridad, pero desconfía tanto de los partidos tradicionales como de las respuestas exclusivamente coercitivas.

Los Ríos: equilibrio entre Valdivia y el interior rural

Los Ríos presenta una política menos militarizada. Valdivia concentra universidades, servicios públicos, actividad cultural, organizaciones ambientales y una sociedad civil relativamente densa. El interior regional, en cambio, depende en mayor medida de la agricultura, la ganadería, la actividad forestal y las pequeñas ciudades.

La actividad agropecuario-silvícola, la generación eléctrica, los servicios y el comercio explican una parte considerable de su desempeño económico. Esa estructura produce controversias sobre protección de humedales, proyectos energéticos, plantaciones forestales, turismo, empleo rural y uso del agua.

Políticamente, Los Ríos suele ser más equilibrada que La Araucanía o Ñuble. Valdivia puede favorecer candidaturas progresistas, regionalistas o ambientalistas, mientras que las comunas rurales tienden a posiciones más conservadoras. La competencia no se organiza tanto alrededor de la seguridad nacional como alrededor de qué tipo de desarrollo debe seguir la región y quién controla sus recursos naturales.

Los Lagos y Chiloé: producción, ambiente e identidad insular

Los Lagos posee una economía vinculada a la ganadería, la industria alimenticia, la pesca, la acuicultura, la actividad forestal y el turismo. La salmonicultura es particularmente relevante, tanto por el empleo y las exportaciones como por los conflictos ambientales, sanitarios y laborales que genera.

El clivaje principal no enfrenta simplemente a izquierda y derecha. En numerosas localidades la disputa es entre quienes priorizan la continuidad del empleo productivo y quienes exigen mayores controles ambientales; entre las grandes empresas y los proveedores locales; entre Puerto Montt como centro administrativo y las provincias periféricas; entre el continente y el archipiélago de Chiloé.

Chiloé posee una identidad territorial especialmente fuerte. La movilización de 2016 mostró que trabajadores, pescadores, comerciantes y organizaciones locales podían construir una protesta transversal contra el Estado central y contra la gestión de una crisis ambiental. Al igual que el movimiento de Aysén, se articuló alrededor de una sensación de abandono y no encajó completamente dentro de la división partidaria nacional.

Por eso la política de Los Lagos combina conservadurismo rural, empresariado productivo, sindicalismo pesquero, ambientalismo, demandas indígenas huilliches y regionalismo chilote. Alejandro Santana puede representar electoralmente a la derecha, pero como gobernador también debe enfrentarse a Santiago para obtener presupuesto, carreteras, conectividad marítima e inversiones hospitalarias.

Aysén: regionalismo antes que ideología

Aysén es probablemente el territorio donde la división entre izquierda y derecha resulta menos explicativa. Las distancias, el combustible, la conectividad terrestre y marítima, el acceso a especialistas médicos, el costo de los alimentos y la dependencia del transporte condicionan la política cotidiana.

El movimiento social de 2012 reunió organizaciones muy diferentes alrededor de demandas territoriales: combustibles, salud, educación superior, conectividad y mayor participación regional en los recursos naturales. La identidad regional operó como un factor de unificación por encima de las filiaciones partidarias.

Aysén puede votar por candidatos conservadores en una elección nacional y, al mismo tiempo, reclamar subsidios, empresas públicas, protección de actividades locales y una fuerte intervención estatal. No existe contradicción para el votante: considera que una zona extrema no puede someterse a las mismas reglas de costos que Santiago.

La acuicultura, la pesca, el turismo, la construcción y el sector público tienen una incidencia importante, pero presentan fuertes oscilaciones. En 2024 la economía regional cayó levemente por la menor actividad pesquera, salmonera y minera; durante el primer trimestre de 2025 volvió a crecer con fuerza por la acuicultura y la construcción. Esa volatilidad fortalece la demanda de políticas regionales anticíclicas.

Magallanes: una sociedad regional con conciencia de excepcionalidad

Magallanes posee una identidad regional muy marcada, basada en el aislamiento, el clima, la historia de poblamiento, la ganadería, los hidrocarburos, la navegación y su vinculación con la Antártida. Diversos estudios encuentran una fuerte identificación emocional con el territorio y con su singularidad respecto del resto de Chile.

La llamada crisis del gas de 2011 demostró la capacidad de la sociedad magallánica para movilizarse transversalmente. El intento de aumentar el precio del gas produjo una reacción regional que atravesó partidos, sindicatos, empresarios y organizaciones sociales, hasta forzar una modificación de la política nacional.

Eso explica una característica persistente: Magallanes puede tener representantes de izquierda, centro o derecha, pero todos enfrentan fuertes incentivos para adoptar posiciones regionalistas. El político que aparece excesivamente subordinado a Santiago corre el riesgo de perder legitimidad local.

La política contemporánea incorpora además nuevos ejes: desarrollo del hidrógeno verde, papel de ENAP, salmonicultura, protección ambiental, infraestructura antártica, turismo y conectividad con el resto de Chile. La discusión no es únicamente si debe haber inversión, sino qué parte de sus beneficios, empleos y decisiones permanecerá en la región.

Gobernadores, delegados y centralismo

La elección directa de gobernadores regionales produjo una nueva legitimidad territorial. Los gobernadores administran inversiones, elaboran estrategias regionales y presiden los consejos regionales, pero no controlan plenamente la seguridad, las policías ni los servicios nacionales. Esas atribuciones permanecen en buena medida bajo autoridades y ministerios designados desde Santiago.

En el sur esta división es especialmente visible. El gobernador puede financiar caminos, cámaras, programas productivos o recuperación urbana, pero la conducción del Estado de excepción depende del Ejecutivo nacional. Puede promover conectividad, pero las grandes obras dependen de ministerios centrales. Puede reclamar una política acuícola regional, pero la regulación principal continúa siendo nacional.

En 2026, el gobernador de Los Lagos, Alejandro Santana, asumió la presidencia de la Asociación de Gobernadores Regionales. Paralelamente, Los Lagos, Aysén y Magallanes vienen impulsando la coordinación denominada “Chile por Chile”, orientada a mejorar la conexión terrestre y marítima del sur austral sin depender necesariamente del tránsito por territorio argentino. Son ejemplos de un regionalismo institucional que busca negociar colectivamente con el poder central.

La síntesis política

La política sureña chilena puede resumirse como una combinación de conservadurismo territorial y demanda estatal.

En Biobío y La Araucanía, la seguridad, la propiedad y el conflicto territorial favorecen a la derecha, aunque subsisten importantes bases urbanas de centroizquierda y liderazgos independientes. En Los Ríos y Los Lagos, la disputa se concentra en la relación entre producción, regulación ambiental, empleo y autonomía territorial. En Aysén y Magallanes, el regionalismo puede imponerse sobre las fronteras ideológicas nacionales.

Por eso no conviene definir al sur simplemente como “derechista”. Es más preciso decir que una gran parte de su electorado desea orden sin abandono estatal; inversión privada sin subordinación absoluta a las grandes empresas; protección de la propiedad, pero también subsidios territoriales; explotación de recursos, pero con beneficios visibles para las comunidades locales.

El norte chileno dice: “producimos la riqueza minera que Santiago distribuye”. El sur formula una queja parecida, pero con otro contenido: “aportamos recursos forestales, agrícolas, pesqueros, energéticos y territoriales, mientras Santiago decide cómo debemos vivir y producir”.

miércoles, 29 de julio de 2026

Ecuador-Perú: La diplomacia post-Cenepa

Relaciones entre Perú y Ecuador: de la guerra fronteriza a una vecindad institucionalizada



Por EMcL

Situación actual

Las relaciones diplomáticas peruano-ecuatorianas atraviesan un estado muy favorable y considerablemente estable. La antigua cuestión territorial está jurídicamente resuelta, la frontera terrestre se encuentra demarcada y el límite marítimo también fue formalmente acordado. Los desacuerdos actuales se refieren a problemas propios de dos vecinos con una frontera extensa: delincuencia organizada, minería ilegal, contaminación fluvial, migraciones, infraestructura, controles aduaneros y apertura sanitaria de productos. No existe hoy una controversia oficial sobre soberanía territorial.

En junio de 2026, los vicecancilleres de ambos países calificaron expresamente la relación como «ejemplar», basada en la confianza, la cooperación y la integración. También confirmaron la preparación de un nuevo encuentro presidencial y del XVII Gabinete Binacional para el segundo semestre de 2026. Esa continuidad es importante porque muestra que la relación ya no depende demasiado de la afinidad ideológica entre presidentes: sobrevivió a gobiernos de izquierda, derecha, centro y a la recurrente inestabilidad política peruana. (Cancillería)

En términos argentinos, podría compararse con una relación que hubiera pasado de parecerse a la antigua rivalidad argentino-chilena —mapas incompatibles, hipótesis de guerra y zonas sin demarcar— a una cooperación fronteriza más semejante a la que hoy mantienen Argentina y Chile, aunque con un componente amazónico, criminal y ambiental mucho más intenso.

 

La geografía que hay que comprender

Perú y Ecuador comparten aproximadamente 1.529 kilómetros de frontera. La zona más poblada y transitada se encuentra cerca del Pacífico, entre la provincia ecuatoriana de El Oro y la región peruana de Tumbes. Allí están Huaquillas y Aguas Verdes, prácticamente una aglomeración urbana cortada por la línea internacional.

Más hacia el interior aparecen la sierra de Loja y Piura, y luego una frontera amazónica enormemente más aislada. El sector del Cenepa está al este de la Cordillera del Cóndor, en una zona de montañas abruptas, selva espesa, lluvias, ríos y comunicaciones extremadamente difíciles. No debe imaginarse como una llanura donde era sencillo marcar una línea con alambrados: durante décadas hubo lugares a los que sólo se podía acceder por helicóptero, río o largas marchas. (Proyectos INEI)

La frontera estaba delimitada jurídicamente, es decir, existían tratados y criterios para establecer por dónde debía pasar. Pero una sección no estaba demarcada materialmente, es decir, faltaban hitos colocados y verificados sobre el terreno. Esa diferencia entre delimitación y demarcación fue el espacio donde crecieron las interpretaciones nacionales rivales.

El origen remoto del problema

Perú y Ecuador heredaron de la disolución del Imperio español límites administrativos imprecisos. Durante los siglos XIX y XX cada Estado desarrolló mapas, documentos históricos y doctrinas jurídicas diferentes sobre sus territorios amazónicos.

El conflicto más importante anterior al Cenepa fue la guerra de 1941. Su desenlace condujo al Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro de 1942, garantizado por Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos. El tratado estableció el marco de la frontera y se colocó la mayor parte de los hitos. Sin embargo, los trabajos quedaron paralizados en un sector de aproximadamente 78 kilómetros en la Cordillera del Cóndor, debido a diferencias sobre la geografía real y la manera de ejecutar la línea establecida. (congreso.gob.pe)

Ecuador sostuvo durante décadas que el Protocolo resultaba inejecutable en ese sector y mantuvo una reivindicación amazónica. Perú consideraba que el tratado era plenamente válido y que sólo restaba completar físicamente la demarcación. Hubo choques anteriores, especialmente en Paquisha en 1981, pero el episodio decisivo fue la guerra del Cenepa de 1995.
 

 

La guerra del Cenepa

Los combates comenzaron en enero de 1995 alrededor de posiciones militares ubicadas en la cuenca alta del río Cenepa. Fue una guerra limitada geográficamente, librada por destacamentos relativamente pequeños, pero empleó artillería, helicópteros, aviación, fuerzas especiales, minas y sistemas antiaéreos.

No hubo una declaración formal de guerra ni ataques generalizados contra las principales ciudades. Sin embargo, el enfrentamiento fue militarmente serio y demostró que los dos países podían escalar hacia una guerra mucho mayor. La dificultad del terreno también produjo una situación confusa: ambos gobiernos difundían mapas, coordenadas y partes militares contradictorios, mientras lugares como Tiwinza adquirían un valor simbólico muy superior a su importancia económica.

El resultado estrictamente militar fue ambiguo. Ecuador pudo presentar el desempeño de sus fuerzas como una victoria defensiva y Perú sostuvo que había preservado su soberanía. Ninguno logró transformar el combate en una solución política unilateral. Precisamente por eso, la salida dependió de los cuatro garantes del Protocolo de Río: Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos.

Cómo terminó diplomáticamente la guerra

El final no fue un único tratado firmado inmediatamente después del último disparo, sino un proceso de tres años.

Primera etapa, febrero de 1995. La Declaración de Paz de Itamaraty, suscrita el 17 de febrero, consolidó el cese del fuego, dispuso la separación de las fuerzas y aceptó una misión internacional de observación. Aun después de esa declaración se produjeron incidentes, por lo que fue necesario reafirmar el cese del fuego y establecer una zona desmilitarizada. (peacemaker.un.org)

Segunda etapa, 1995-1998. La Misión de Observadores Militares Ecuador-Perú, conocida como MOMEP, supervisó la retirada y separación de los ejércitos. Participaron militares de Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos, mientras diplomáticos de esos mismos países acompañaban las negociaciones. La MOMEP fue decisiva porque redujo el riesgo de que una patrulla, una posición militar o una acusación mutua reanudara la guerra. (oas.org)

Tercera etapa, 1998. Como las negociaciones volvieron a trabarse, Perú y Ecuador aceptaron que los cuatro países garantes formularan una solución obligatoria dentro del marco del Protocolo de Río. Los garantes emitieron su parecer y, el 26 de octubre de 1998, Alberto Fujimori y Jamil Mahuad firmaron el Acta Presidencial de Brasilia. El acuerdo declaró resueltas de manera global y definitiva las diferencias y vinculó la solución fronteriza con comercio, navegación, desarrollo territorial, infraestructura y cooperación. (peacemaker.un.org)

Ésa fue una característica inteligente del arreglo: no se limitó a decir dónde pasaba la frontera. Transformó la paz en un paquete donde ambos gobiernos podían mostrar beneficios internos.

 

¿Quién obtuvo qué?

En el aspecto territorial central, prevaleció el marco jurídico defendido por Perú. La zona disputada de la Cordillera del Cóndor quedó reconocida bajo soberanía peruana y la demarcación se realizó de acuerdo con el Protocolo de 1942 y sus instrumentos complementarios.

Pero se creó una fórmula simbólica para Tiwinza. Perú otorgó al Estado ecuatoriano la propiedad privada —no la soberanía— de un terreno de un kilómetro cuadrado dentro del territorio peruano, destinado a actos conmemorativos y no militares. Ecuador obtuvo así un lugar donde recordar a sus combatientes; Perú conservó jurisdicción, soberanía y continuidad territorial.

Tiwinza, por lo tanto, no es un enclave ecuatoriano, no pertenece soberanamente a Ecuador y no interrumpe la frontera peruana. Se parece más a una propiedad estatal extranjera sometida a la legislación y soberanía del país donde se encuentra. La ambigüedad simbólica permitió que ambas dirigencias presentaran el acuerdo ante sociedades que todavía interpretaban el conflicto en términos de victoria y derrota. (congreso.gob.pe)

¿Los límites quedaron bien demarcados?

Sí. Desde el punto de vista jurídico y cartográfico, la cuestión territorial quedó resuelta.

Los trabajos de demarcación terrestre concluyeron el 13 de mayo de 1999, con la firma del acta de clausura en la confluencia de los ríos Yaupi y Santiago. La documentación de ese acto describe los hitos del sector oriental y deja constancia de que fueron colocados conforme al Protocolo de Río y a los acuerdos de Brasilia. (congreso.gob.pe)

Eso no significa que los 1.529 kilómetros estén señalizados como una frontera urbana. En áreas selváticas, los hitos necesitan verificación, mantenimiento y actualización de coordenadas; los ríos pueden modificar sus cauces; las minas antipersonales dejaron zonas peligrosas; y existen pasos informales utilizados por pobladores, contrabandistas, mineros y grupos criminales. Son problemas de administración de una frontera reconocida, no una controversia sobre dónde debe estar la frontera.

También quedó solucionado el límite marítimo. En 2011, ambos países intercambiaron notas diplomáticas que establecieron una línea de 200 millas náuticas, incorporaron un mapa común y registraron el acuerdo ante las Naciones Unidas. El tratado entró en vigor el 20 de mayo de 2011.

Por consiguiente, no queda pendiente una «segunda Cenepa» marítima o terrestre. Pueden existir disputas administrativas, ambientales o comerciales, pero no una frontera internacional jurídicamente abierta.

El comercio: de frontera militar a corredor económico

La guerra afectó inevitablemente el comercio local, la movilidad y la confianza empresarial en la zona fronteriza. Sin embargo, el efecto económico más visible no fue una caída permanente causada por la guerra, sino el crecimiento posterior facilitado por la paz.

En 1998, el intercambio comercial bilateral rondaba los 300 millones de dólares. En 2024 alcanzó aproximadamente 2.595 millones, un aumento nominal del 765%. Para enero-septiembre de 2025 ya acumulaba 1.770 millones de dólares. Ecuador se convirtió en el principal socio comercial de Perú dentro de la Comunidad Andina, mientras el mercado peruano adquirió gran importancia para las manufacturas y exportaciones ecuatorianas. (Gobierno del Perú)

No corresponde atribuir todo ese crecimiento al acuerdo de paz. También influyeron la expansión de ambas economías, la Comunidad Andina, la eliminación de aranceles, la mejora del transporte y el crecimiento demográfico. Pero la paz eliminó un obstáculo central: ninguna empresa construye cadenas logísticas estables si las rutas pueden cerrarse por una movilización militar.

El paquete de 1998 incluyó un convenio para acelerar y profundizar el libre comercio, normas de tránsito de personas y vehículos y una estructura de promoción de inversiones fronterizas. Se crearon además comités y centros binacionales para evitar que cada camión o viajero debiera atravesar dos sistemas administrativos completamente desconectados. (comunidadandina.org)

La relación comercial tampoco carece de fricciones. Aparecen restricciones sanitarias, controles fitosanitarios, demoras aduaneras, contrabando y discusiones sobre determinados productos agrícolas. En 2025, por ejemplo, ambos gobiernos negociaron la reapertura del mercado ecuatoriano a la cebolla peruana y continuaron discutiendo el acceso de arroz y otros productos. Son conflictos normales dentro de una relación comercial densa, no síntomas de una ruptura diplomática. (Gobierno del Perú)

El avance diplomático después de 1998

La mayor transformación consistió en pasar de una diplomacia obsesionada con mapas y soberanía a una diplomacia orientada hacia la gestión conjunta.

Se estableció la Comisión de Vecindad, el Plan Binacional de Desarrollo de la Región Fronteriza, comités territoriales, mecanismos militares y policiales y encuentros presidenciales con gabinetes binacionales. Estos gabinetes reúnen simultáneamente a los presidentes y ministros de ambos países y producen planes con compromisos concretos en salud, educación, rutas, energía, seguridad, ambiente y comercio.

Para diciembre de 2025 ya se había celebrado el XVI Gabinete Binacional. Allí se adoptaron la Declaración y el Plan de Acción de Quito para 2025-2026, con énfasis en delincuencia organizada, narcotráfico, armas, minería ilegal, infraestructura, turismo y recuperación ambiental de la cuenca Puyango-Tumbes. (Gobierno del Perú)

Esto muestra hasta dónde cambió la relación. En 1995, el problema eran soldados peruanos y ecuatorianos disputando posiciones en la selva. En 2026, los dos Estados intentan coordinar a sus fuerzas para impedir que mineros ilegales, narcotraficantes y traficantes de armas utilicen esa misma selva.

Los problemas que todavía generan tensión

El principal desafío contemporáneo es la debilidad estatal en algunos sectores fronterizos. Las amenazas ya no proceden del ejército vecino, sino de actores no estatales que cruzan la frontera y aprovechan las diferencias regulatorias.

La minería ilegal puede operar de un lado, transportar insumos desde el otro y contaminar ríos que atraviesan ambos países. El narcotráfico utiliza caminos selváticos, puertos y pasos clandestinos. El contrabando aprovecha diferencias de precios e impuestos. La trata de personas y la migración irregular obligan a coordinar controles. La circulación de explosivos y armas puede vincular la minería ilegal con organizaciones criminales.

La cuenca Puyango-Tumbes constituye otro punto sensible. Actividades mineras desarrolladas aguas arriba en Ecuador pueden afectar la calidad del agua utilizada aguas abajo en Perú. El tema genera reclamos locales, pero ambos gobiernos lo están tratando mediante una hoja de ruta, una secretaría técnica y la proyectada creación de un comité binacional de cuenca. (Gobierno del Perú)

Estas cuestiones pueden producir acusaciones, cierres temporales, protestas o incidentes policiales. Sin embargo, paradójicamente, también generan incentivos para una cooperación más estrecha: ningún país puede resolver unilateralmente un río contaminado o una red criminal que opera a ambos lados.

¿Qué posibilidades hay de un nuevo conflicto armado?

La probabilidad de una guerra interestatal entre Perú y Ecuador es muy baja.

La primera razón es jurídica: no existe una reclamación territorial oficial pendiente. La segunda es material: la frontera terrestre está demarcada y la marítima acordada. La tercera es institucional: hay comisiones, gabinetes, contactos militares y mecanismos para gestionar incidentes. La cuarta es económica: el comercio, el turismo y las inversiones aumentan el costo de una ruptura. La quinta es política: ninguna fuerza importante de gobierno en Perú o Ecuador sostiene actualmente un programa para revisar el acuerdo de 1998.

Esta valoración no significa que el riesgo sea literalmente cero. Podría producirse un choque localizado entre patrullas, una persecución transfronteriza mal coordinada, una incursión vinculada con minería ilegal o una crisis diplomática por contaminación, migrantes o delincuencia. Pero lo más probable es que un incidente de ese tipo se canalice mediante cancillerías, mandos militares y comisiones fronterizas antes de transformarse en una confrontación entre Estados.

El mayor peligro en la frontera ya no es una guerra Perú contra Ecuador, sino una violencia transnacional que obligue a Perú y Ecuador a actuar juntos. Los acuerdos de 2024, 2025 y 2026 colocan precisamente al crimen organizado, el tráfico de armas, la minería ilegal y el narcotráfico en el centro de la cooperación bilateral. (El Peruano)

Balance

El proceso peruano-ecuatoriano es uno de los casos más exitosos de resolución de conflictos territoriales en América Latina. No porque haya borrado las memorias nacionales —en Ecuador y Perú todavía existen narraciones divergentes sobre quién ganó militarmente el Cenepa—, sino porque consiguió separar esas memorias de la política exterior cotidiana.

Perú obtuvo el reconocimiento definitivo de la línea fronteriza que defendía. Ecuador obtuvo una salida honorable, el símbolo de Tiwinza, garantías de navegación, integración fronteriza e inversiones. Los garantes proporcionaron una fórmula jurídicamente obligatoria y una presencia militar que evitó la reanudación de las hostilidades. Finalmente, el comercio y la cooperación convirtieron una frontera concebida como línea defensiva en un espacio de circulación.

La síntesis sería ésta: el Cenepa terminó militarmente sin un vencedor indiscutible, pero diplomáticamente terminó con una frontera aceptada; desde entonces, la relación avanzó mucho más de lo que retrocedió, y una nueva guerra territorial resulta hoy altamente improbable.

lunes, 27 de julio de 2026

Familia nuclear: La base del Occidente cristiano

La Familia Nuclear es una Tecnología de la Civilización Occidental






La Familia Nuclear es una Tecnología de la Civilización Occidental – Por lo Tanto, Debe Ser Destruida Junto con Todas las Otras.

La familia nuclear no es una unidad natural. Es una tecnología – la tecnología más exitosa de crianza de hijos, transmisión de riqueza y construcción de civilización jamás desarrollada. Y como toda otra tecnología occidental que funciona, está siendo actualmente desmantelada de manera sistemática.

1. Toda sociedad en la historia ha organizado la reproducción y la crianza de hijos de alguna manera. El clan oriental, la tribu, la red de lealtades – estas son las alternativas. Funcionan, hasta cierto punto, para las sociedades que operan con ellas. Producen una fuerte solidaridad interna y una feroz competencia externa. También generan nepotismo por encima de la meritocracia, lealtad por encima de la competencia, la red por encima del individuo. Las sociedades de baja confianza permanecen pequeñas y basadas en la familia – incapaces de construir las grandes instituciones, las corporaciones, el estado de derecho que requieren confianza entre extraños. La familia nuclear es la solución occidental: lo suficientemente pequeña para invertir al máximo en los hijos, lo suficientemente abierta para producir ciudadanos que puedan cooperar más allá del clan.

2. Es una tecnología en el sentido preciso: una solución a un problema, desarrollada a través de prueba y error durante milenios, codificando una sabiduría acumulada que no es inmediatamente visible para quienes la heredan. Alineó los incentivos con una precisión extraordinaria – el hombre invertía en hijos de los que estaba seguro que eran suyos, la mujer tenía un compañero comprometido para los años más vulnerables, los hijos tenían dos adultos con la máxima piel en el juego. Y crucialmente: introdujo un mercado libre para el apareamiento en lugar de matrimonio arreglado. Los individuos elegían a sus parejas – lo que significaba atracción, compatibilidad y compromiso genuino en lugar de negociación del clan. El vínculo humano más íntimo se incorporó al marco competitivo y meritocrático que produce todo lo demás que el Occidente hace bien.

3. El ataque sigue el patrón estándar. Reformular la tecnología como opresión. Celebrar las alternativas como liberación. Reestructurar los incentivos – sistemas de bienestar que reemplazan al esposo, sistemas legales que convierten el matrimonio en una responsabilidad para los hombres, sistemas culturales que se burlan del padre comprometido. Luego, ver cómo la institución se disuelve.

4. Los datos no son ambiguos. Los hijos criados por padres biológicos casados superan a los hijos de cualquier otro arreglo en todos los resultados medibles. Este es uno de los hallazgos más grandes y replicados en la ciencia social. La familia nuclear no es una elección de estilo de vida entre muchas opciones equivalentes. Es el arreglo que produce a los mejores seres humanos a escala. Lo que es precisamente por lo que tenía que desaparecer.

5. El daño más profundo no es medible. La familia nuclear fue el mecanismo principal de transmisión de la civilización – valores, hábitos, lenguaje, cultura e identidad pasados de una generación a la siguiente en el entorno más intensivo posible. Destruye este mecanismo de transmisión y no solo produces peores resultados para los individuos. Rompes la cadena. La antorcha no puede cambiar de manos si las manos han desaparecido.

6. El reemplazo es el estado. Cuando la familia se disuelve, el estado se expande para llenar las funciones que la familia realizaba. Esto no es una coincidencia. Es el diseño. Tocqueville lo describió: el despotismo suave que reemplaza todo vínculo horizontal con una dependencia vertical en el pastor gubernamental. La familia nuclear fue el vínculo horizontal principal. Su disolución es el prerrequisito para la dependencia vertical completa que el estado administrativo requiere.

7. La familia nuclear no es una preferencia conservadora o un requisito religioso. Defiéndela no porque sea tradicional. Defiéndela porque funciona – y porque lo que se ofrece en su lugar no lo hace. El clan y la tribu producen lealtad. El estado administrativo produce dependencia. La familia nuclear, con su mercado libre para el apareamiento y su inversión máxima en la próxima generación, produce ciudadanos. Eso es lo único que el sistema que la reemplaza no puede permitirse producir.

Es la tecnología que la gente que odia al Occidente cristiano (los no-cristianos) intentan y están teniendo éxito en demoler: sentir vergüenza de ser blanco, de creer en Dios, de amar a tu raza, de amar a tu clase social, de amar a tus costumbres, de amar a tu pueblo, de formar una familia, de ir a la iglesia, de tener tu sacerdote de apoyo moral, de compartir creencias y valores. Estamos a tiempo de mantener firme la tecnología social que nos hizo grandes como civilización.



España se regala a Marruecos