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domingo, 13 de marzo de 2022

Twitter borra tweet de embajada rusa desmintiendo bombardeo a hospital ucraniano

Las plataformas de redes sociales eliminan el tuit de la embajada rusa que afirma que el bombardeo del hospital en Mariupol fue "falso"








War is Boring

Casa de la Moneda, Nueva Delhi




Guerra Rusia-Ucrania: A raíz de la represión de Rusia contra las plataformas tecnológicas en medio de la invasión en curso de Ucrania, Twitter Inc y el Facebook de Meta Platform eliminaron las publicaciones de la Embajada de Rusia en el Reino Unido sobre el bombardeo de un hospital infantil en Mariupol por romper su reglas contra la negación de eventos violentos, dijeron las compañías el jueves. Tres personas, incluido un niño, murieron en el ataque aéreo del miércoles contra el hospital maternoinfantil de la ciudad ucraniana, dijo el jueves el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskiy.

Twitter Inc. eliminó los tuits falsos de la cuenta de la embajada rusa en Londres, ya que afirmaba que las imágenes del bombardeo de un hospital infantil y de maternidad en Mariupol, Ucrania, eran falsas. Los tuits ahora eliminados afirmaban que el hospital fue "utilizado por las fuerzas armadas y los radicales" y que una mujer embarazada herida que había sido fotografiada en el ataque era una actriz, según capturas de pantalla publicadas por The Guardian.

“Tomamos medidas coercitivas contra los Tweets a los que hizo referencia porque violaban las Reglas de Twitter, específicamente nuestras políticas de Conducta odiosa y Comportamiento abusivo relacionadas con la negación de eventos violentos”, dijo un portavoz de Twitter.


Rusia ha cambiado su postura sobre el atentado con bomba en el hospital, con una combinación de declaraciones el jueves que oscilaron entre negaciones agresivas y un llamado del Kremlin para establecer hechos claros, según un informe de Reuters.

Moscú tomó medidas enérgicas contra las plataformas tecnológicas durante la invasión de Ucrania, a la que llama una “operación especial”, que incluye la restricción de Twitter y el bloqueo de Facebook, propiedad de Meta. Twitter también lanzó una versión protegida de la privacidad de su sitio, conocida como "servicio de cebolla", a la que se puede acceder a través de la web oscura y podría eludir tales restricciones.

Twitter dijo que ha tomado medidas para frenar la difusión de información falsa sobre la guerra en las últimas semanas, como pausar las recomendaciones de tuits y los anuncios en Ucrania y Rusia. Twitter ha sido restringido en Rusia como represalia por bloquear el contenido de los medios estatales rusos en el servicio en toda la Unión Europea.


(Con aportes de agencias)

sábado, 12 de marzo de 2022

Facebook no sancionará a los usuarios que alienten la violencia contra los invasores rusos

Facebook permitirá publicaciones de guerra de Ucrania instando a la violencia contra los rusos, Putin








War is Boring
Por Michael Swaney

Facebook e Instagram están dando una buena idea de la posición de las "plataformas del establishment" sobre el conflicto en Ucrania, permitiendo temporalmente que los usuarios de algunos países llamen a la violencia contra los rusos y los soldados rusos.

La acción, que se dice que está “en el contexto de la invasión de Ucrania”, fue revelada en memorandos internos filtrados a Reuters el jueves.

El cambio temporal a la política de incitación al odio también incluirá permitir comentarios que pidan la muerte del presidente ruso, Vladimir Putin, o del presidente bielorruso, Alexander Lukashenko.

“Estamos emitiendo una concesión del espíritu de la política para permitir el discurso violento T1 que de otro modo sería eliminado bajo la política de Discurso de Odio cuando: (a) se dirija a soldados rusos, EXCEPTO prisioneros de guerra, o (b) se dirija a rusos donde sea claro que el contexto es la invasión rusa de Ucrania (por ejemplo, el contenido menciona la invasión, la autodefensa, etc.)”, decía el correo electrónico.


Según Yahoo! News , “Se permitirán los llamados a la muerte de los líderes”, a menos que “contengan otros objetivos o tengan dos indicadores de credibilidad”.

El cambio de política se aplica a los residentes de Armenia, Azerbaiyán, Estonia, Georgia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, Rusia, Eslovaquia y Ucrania (o cualquier persona con una VPN).

lunes, 21 de febrero de 2022

Juegos de ciberguerra (Rosendo Fraga)

 Juegos de ciberguerra

Las empresas tecnológicas se están viendo arrastradas al tablero de la geopolítica. El conflicto Rusia y Ucrania, banco de pruebas de una nueva era.

El mundo de Internet tiene un lejano origen estatal: fue creado como una red de comunicaciones segura del Pentágono, que pasó después al uso público. Son muchos los adelantos científicos y tecnológicos que se generaron en el ámbito militar, como por ejemplo el desarrollo de la energía nuclear, hoy la esperanza para una energía más sustentable.

A lo largo de aproximadamente tres décadas, las empresas tecnológicas pasaron de simples emprendimientos individuales o de pocas personas, a ser las grandes empresas que hoy conocemos, como Amazon, Google, Facebook, Twitter y Apple, entre otras.

Su valor bursátil permitió ir midiendo su importancia y poder económico. Fueron empresas globalizadas que se desarrollaron rápidamente en el ámbito privado con carácter trasnacional, y fuera del control o la regulación de los Estados. Parecía haberse gestado un mundo por encima de éstos, más fuerte que gobiernos y sistemas políticos.

Ya una década atrás se fueron delineando tres modelos de regulación estatal de Internet: la estadounidense, versión extrema del libre mercado; la europea, con tendencia a la regulación; y la de China, bajo fuerte control estatal. A ello se suma la “deep web”, una suerte de Internet clandestina que permite diversas actividades ilícitas.


Las tecnológicas y los países

En la primera década del siglo XXI el ámbito global al margen de los Estados fue el modelo que permitió la expansión y consolidación de los “grandes gigantes” de Internet. Pero en la segunda década este mundo se nacionalizó.

Las empresas comenzaron a pertenecer a los países, no en cuanto a su propiedad, sino como sujetos de la pugna geopolítica. La pugna entre Estados Unidos y China por la hegemonía mundial, que se desarrollaba en el ámbito comercial, militar y espacial, se trasladó plenamente al de las empresas tecnológicas.

Las estadounidenses se asumieron como tales, buscando y obteniendo la protección de Washington para sus actividades. A su vez, las chinas también se nacionalizaron y el papel de Huawei en la tecnología 5G fue un ejemplo evidente. Es decir, el campo tecnológico pasó a ser un nuevo ámbito del enfrentamiento geopolítico. Esta pugna se expandió entre las dos potencias, buscando que los demás países del mundo se alinearan con su modelo tecnológico.

Esta pugna se expandió entre las dos potencias, buscando que los demás países del mundo se alinearan con su modelo tecnológico.

Pero al mismo tiempo surgió un cuestionamiento político: la capacidad y el poder de estas empresas para manipular resultados electorales, mediante el uso de los datos de los usuarios. Facebook, en particular, fue blanco de denuncias en Estados Unidos y el Reino Unido por esta causa. Las grandes empresas tecnológicas pasaron a ser un riesgo para la esencia del sistema democrático. Esto las afectó en su imagen y generó una prevención de las fuerzas políticas respecto a ellas.

A eso se sumó el cuestionamiento por el uso económico de los datos de los usuarios, introduciendo una discusión sobre el derecho de propiedad, lo que tampoco favoreció la imagen de estas empresas.

Desde el punto de vista militar, se sumaron nuevas amenazas. Surgieron los términos de ciberseguridad y ciberguerra. Las grandes potencias comienzan a ser acusadas de este tipo de actividades. Estados Unidos y Europa acusan a Rusia y a China de emprender y preparar acciones de agresión política. Agregaron el riesgo de que este tipo de acciones pudiesen afectar los sistemas tecnológicos de los enemigos, paralizando servicios y actividades.

Al mismo tiempo, el crimen organizado comenzó a hackear a grandes empresas y grandes usuarios exigiendo rescates económicos, que en muchos casos se pagaron. Entre el uso con fines militares y el que le da el crimen organizado, la frontera no parece nítida.

El ciberterrorismo es otra faceta que se plantea como amenaza concreta gracias a Internet. Ha permitido la supervivencia de los grupos del extremismo islámico, la comunicación entre sus miembros y el acceso a métodos de acción terrorista. Utilidad militar, crimen organizado y terrorismo encuentran en este ámbito posibilidades concretas de acción.


Una influencia inédita

¿Hay algún antecedente histórico de algo similar al mundo de la Internet desafiando a los gobiernos y sociedades? Si bien hay antecedentes de procesos de globalización, es difícil encontrar procesos con los cuales puedan realizarse comparaciones o encontrarse similitudes. Algunos estudiosos de la literatura han encontrado en la obra de Jorge Luis Borges antecedentes de la Internet como concepto, medio siglo antes de que esta se desarrollara, como en el caso del cuento “El Aleph”.

El uso de las fake news con fines políticos se fue difundiendo y su uso en campañas electorales es ahora común y frecuente. Ello contribuyó al clima de “polarización política” que predomina en Occidente en los últimos años.

No sólo Facebook, Google y Twitter fueron usados como medio de difusión política en la órbita estadounidense: también sucedió con empresas chinas como Tik Tok.

Surgió también un conflicto entre las grandes empresas tecnológicas y los medios de comunicación tradicionales (televisión, radio, prensa gráfica, etc.) por la propiedad de las noticias. La difusión gratuita de los contenidos acentuó el traslado de los usuarios de los medios tradicionales a la web. Eso hizo que el periodismo clásico se sumara a las voces críticas contra los dueños de las empresas tecnológicas.

Jeff Bezos tiene una de las dos fortunas más grandes del mundo y también es uno de los dos emprendedores privados más relevantes de la carrera espacial.

En el ámbito empresario, el poder de estas empresas se hizo creciente y evidente, y no sólo por su valor bursátil. El dueño de Amazon, Jeff Bezos, tiene una de las dos fortunas más grandes del mundo, y también es uno de los dos emprendedores privados más relevantes de la carrera espacial, en asociación con la NASA. Probablemente, la ocupación y explotación económica de los territorios espaciales será el próximo salto científico y geopolítico, en el cual comienzan a jugar un rol algunos dueños de tecnológicas.

El conflicto entre Rusia y la OTAN, el más relevante en el ámbito político y estratégico desde la disolución de la Unión Soviética, muestra la importancia del llamado “ciberespacio”. Siete ministerios de Ucrania fueron hackeados en la tercera semana de enero. Hay quienes piensan que si el conflicto deriva al plano militar, la fecha del inicio de las operaciones deberá ubicarse en ese hecho.


Guerra híbrida

Este conflicto también muestra lo que es el concepto de “guerra híbrida”, en la cual Rusia parece ser la potencia más capacitada. Este tipo de guerra combina las fuerzas armadas tradicionales con milicias, fuerzas especiales encubiertas y operaciones en el ciberespacio.

Las grandes empresas tecnológicas fueron una novedad que produjo grandes transformaciones inéditas. Pero ahora ellas se enfrentan a riesgos y amenazas que las obligan a salir de su ensimismamiento para entender la historia, la política, el poder, la guerra, la creciente desigualdad social, los nacionalismos, las religiones y la cultura.

Hasta ahora, en su actividad ha predominado la rentabilidad como expresión del espíritu emprendedor del capitalismo. Pero ahora su supervivencia dependerá más de la capacidad de entender y comprender un mundo que hasta ahora les ha sido ajeno.


lunes, 20 de diciembre de 2021

Internet vs los estados nacionales


Internet contra los Estados nacionales

Es una pelea desigual. Por eso la lógica de nuestro "Estado presente", siempre más una excusa que un modelo de desarrollo, va quedando cada vez más obsoleta.


Por Pablo Siciliano || Revista Seúl

5 de diciembre de 2021

 Los Estados Nacionales son un maravilloso dispositivo político creado para unir a los habitantes de un territorio alrededor de una serie de símbolos, más o menos arbitrarios, que aceptamos en nombre de la convivencia general. El término “Estado Nación” es relativamente novedoso: surge en 1648 tras la Paz de Westfalia, al final de la Guerra de los Treinta Años. El orden feudal comienza allí un largo crepúsculo por la irrupción de ideas que más tarde entonarán los marselleses con reconocido éxito. No quiero aburrirlos con un recorrido histórico: sólo diré que los Estados tales como los conocemos se terminaron de afianzar durante la segunda mitad del siglo XX y que, desde entonces, comenzó el período de paz más extenso de la historia humana.

El surgimiento del Estado nacional está vinculado al lento abandono de la economía agraria en nombre del libre comercio y la industria, actividades que trasladaron la vida humana del las aldeas rurales a los burgos, es decir, las ciudades. Sin voluntad de ponerme foucaultiano, los edificios de las nuevas y desproporcionadas urbanizaciones funcionaron como instituciones donde los ciudadanos, dispersos y sin rituales comunes, podían adquirir el paquete simbólico necesario para una convivencia pacífica. La fábrica, la plaza, el hospital, son espacios donde aún hoy el Estado multiplica banderas, escudos e himnos para garantizar la aceptación de una identidad llena de falsedades y exageraciones que sólo un pobre nacionalista puede tomar en serio. Las personas que se transformaron súbitamente en japonesas o colombianas aceptaron con cinismo la categoría y su consecuente carga impositiva en nombre de un largo conjunto de beneficios: libertad, igualdad y democracia, entre otros.


Es la tecnología, gil

Escribo sobre el concepto de Estado nacional sólo para decir que hoy parece obsoleto. La tecnología de las comunicaciones cumple de manera mucho más efectiva y simple el rol de conectarnos e, incluso, lo hace sin la pesada carga de los símbolos. La sociedad industrial nos obligó a relacionarnos en lugares físicos predeterminados; hoy habitamos la gran nube de información y allí podemos enamorarnos o trabajar en un espacio virtual customizado de acuerdo a nuestras preferencias. Muchas de las compañías más valiosas del mundo se dedican, simplemente, a conectar personas. No importa cuánto hayan protestado los sindicatos de taxistas, Uber es usado diariamente por millones de usuarios. No importan las notas de Le Monde Diplomatique, los riders de Rappi circulan al ritmo de miles de pedidos. Ni los controles de cambios del Banco Central, los pibes de 18 años de Villa Lugano ven tutoriales en YouTube para comprarle Ethereum a un desconocido. Los Estados ingresan a plataformas como AirBnb o Amazon solo como un ente burocrático que recauda impuestos; si su intervención es demasiado grande o molesta, de inmediato se crea un nuevo espacio, en una carrera en la que el aparato estatal siempre corre en desventaja. A pesar de todo esto seguimos en los umbrales de la era de Internet, por lo que la capacidad para conectarnos sólo será cada vez más asombrosa, quebrando para siempre dos ideas rectoras de la filosofía como el tiempo y el espacio.

Los Estados ingresan a plataformas como AirBnb o Amazon solo como un ente burocrático que recauda impuestos.

Este escenario representa un dilema sin precedente para los Estados nacionales. Mientras escribo me encuentro con una entrevista a Hillary Clinton en la que afirma que las criptomonedas tienen el potencial para desestabilizar a todos los gobiernos contemporáneos. La razón es menos ideológica que práctica: para un arquitecto que vive en Buenos Aires y exporta servicios a España, los bancos centrales de ambos países son un fastidio que puede evitar cobrando en bitcoins o usando una cuenta de PayPal alocada en la gran red. La cualidad combustible de las democracias y la inevitable impopularidad de sus líderes son la consecuencia lógica de una revolución tecnológica que, por su agilidad y eficiencia, transforma a la burocracia estatal en una molestia.

En este marco de debilidad creciente, los gobiernos son sometidos a un escrutinio fenomenal y cualquier declaración desafortunada de un funcionario de tercer orden puede generar una crisis política. La tecnología ha resuelto tantos de nuestros problemas cotidianos que a la dirigencia se la evalúa menos por su gestión (he comprobado que nadie sabe bien lo que hace) que por su representación simbólica. El problema es que esos símbolos ya no son nacionales sino que están constituidos por ideas morales de las nuevas tribus digitales, un fenómeno que hace cada vez más compleja la convivencia y genera polarizaciones irreconciliables. El fervor por derribar estatuas o retirar el busto de Thomas Jefferson del City Hall neoyorquino es también consecuencia de la erosión de la tecnología sobre el concepto del Estado. Lo paradójico es que todo esto se da en el marco de uno de los períodos de prosperidad más asombrosos de la historia humana.

Lo paradójico es que todo esto se da en el marco de uno de los períodos de prosperidad más asombrosos de la historia humana.

Podemos tipificar, de manera simplista, la manera en que las naciones tratan de resolver este dilema si analizamos a las dos grandes potencias económicas. El Partido Comunista Chino formó parte central del desarrollo de su tecnología nacional y la usa sin pudor para vigilar y evaluar a sus ciudadanos mediante un perverso sistema de scoring. Ejerce una suerte de totalitarismo digital con alto grado de censura que podría moldear la estrategia de los Estados nacionales para sobrevivir a los cambios. En este modelo, el gobierno se transforma en un agente sin fronteras o territorio definido, no sólo en relación a la geografía sino incluso pensando en nuestros cuerpos y las decisiones íntimas que la tecnología permite monitorear en unos pocos segundos.

Estados Unidos, por su parte, encuentra en Joe Biden una metáfora visual perfecta para la debilidad de origen que hoy tienen los presidentes occidentales y cuyo destino parece más bien la extinción. Las empresas tecnológicas son agentes ajenos al Estado, muchas veces críticos aunque también socios en licitaciones y compras sin la alianza de facto aplicada en China. Si yo fuera Jeff Bezos apostaría por darle fuerza a la Casa Blanca solo porque cualquier nueva combustión social podría encontrar a un grupo de ciudadanos apedreando un centro logístico de su propia empresa. En este sentido, los gobiernos son muy útiles para tercerizar la ira colectiva.

El futuro de los Estados nacionales es incierto, sobre todo si estiramos nuestro horizonte de análisis hacia las próximas dos décadas. El gran Antonio Escohotado lo expresó con su habitual capacidad sintética: “La democracia de Internet terminará con los partidos políticos”.


El “Estado presente” argentino

Llegar en este punto a nuestro querido país es hacer un modesto viaje en el tiempo con todo el pasado por delante. Si las naciones con economías abiertas tienen problemas, el dogma del “Estado presente” que domina la conversación pública nacional presenta un desafío duplicado, porque siempre fue menos una convicción que una estrategia para conservar el poder. El estatismo argentino es un negocio para políticos, empresarios y sindicalistas que actúan de manera reaccionara frente a cualquier amenaza que ponga en riesgo su interés. Pongo un ejemplo: con una política de cielos abiertos y empresas en competencia por brindar más y mejores conexiones, los subsidios a Aerolíneas Argentinas se volverían fútiles y con ellos los negocios montados alrededor de su imaginaria soberanía. En la lucha por la supervivencia, el único camino es destruir esa competencia o volverla parte del statu quo.

Con una política de cielos abiertos y empresas en competencia por brindar más y mejores conexiones, los subsidios a Aerolíneas Argentinas se volverían fútiles.

El déficit fiscal es una enfermedad crónica nacional, consecuencia inevitable del estatismo. Se paga con deuda, inflación y altos impuestos, combinación letal que multiplica la pobreza. Suena como una broma cruel: el “partido de los trabajadores” es una fábrica de informalidad laboral porque su dogmatismo le quita al sector productivo la posibilidad de modificarse al ritmo de las innovaciones tecnológicas. La dependencia creciente de subsidios proporcionados por el Estado para una parte del sector industrial, que importa insumos a dólares bonificados, para luego ensamblarlos y venderlos al tipo de cambio libre, se transformó en una “vaca sagrada” que mezcla impunemente la soberanía con el negocio. Por otro lado, el rechazo al intercambio comercial en nombre de un conveniente nacionalismo aumenta la falta de competitividad aun cuando el país tiene recursos humanos de altísima calidad para competir en un mundo que solo habita el futuro. Al final del camino, la apuesta por la sustitución de importaciones no funcionó y el sector agropecuario siguió siendo el único motor de la economía, tal como sucedía en la época colonial.

La razón central por la que aún habitamos el dogma estatista es que, durante muchos años, fue satisfactorio para una porción mayoritaria de la población. Hoy se encuentra frente a un límite infranqueable: su lógica productiva está totalmente desfasada de la coyuntura global y, por ende, su economía es cada vez más pequeña e insignificante. La encrucijada en la que se encuentra el país es muy compleja: adaptarse a los tiempos que corren implica que los intereses corporativos creados al calor del “Estado presente” desaparezcan, algo que parece improbable sin resistencia; por el contrario, si este mismo grupo de poder se aferra a su dogma, tiene como destino la profundización del autoritarismo.

Todo indica que la dependencia tecnológica será aún más profunda que la alimenticia o energética, por lo que cada país deberá aliarse a las potencias globales que les proporcionen la infraestructura para habitar ese lugar indefinido al que estamos yendo a toda velocidad. Esa es la voluntad de China en relación a países del tercer mundo como el nuestro y, de ser así, deberíamos olvidar a los Estados nacionales para pensar en organizaciones globales que luchan por controlar la perpetua y feliz anarquía de Internet.

 

 

martes, 23 de noviembre de 2021

La geopolítica de las grandes redes sociales



Por qué el Congreso debería dejar de apuntar a las grandes tecnologías


Los miembros de la Cámara y el Senado han presentado al menos cinco proyectos de ley dirigidos a limitar la forma en que operan las grandes empresas de tecnología. Deberíamos detenernos y considerar las ramificaciones.
por Dan Goure || The National Interest


Parece que una de las pocas cosas en las que los demócratas y las repúblicas en el Congreso pueden estar de acuerdo es que quieren imponer restricciones al sector tecnológico estadounidense. Los miembros de la Cámara y el Senado han presentado al menos cinco proyectos de ley dirigidos a limitar la forma en que operan las grandes empresas de tecnología. El más notable de estos esfuerzos es la Ley Estadounidense de Innovación y Elección en Línea (AICO).

En lugar de buscar crear un entorno más abierto y competitivo en los negocios en línea, este proyecto de ley apunta a un pequeño número de grandes empresas de tecnología, amenazándolas con sanciones draconianas por violaciones vagas y difíciles de probar de estándares arbitrarios de competitividad. Estas son precisamente las empresas que han liderado el camino en la creación de la economía de la tecnología de la información moderna. La mayoría de los estadounidenses y millones de pequeñas y grandes empresas utilizan sus productos y servicios. Este esfuerzo equivocado por encadenar a algunas de nuestras empresas con mejor desempeño amenazará la recuperación económica y la seguridad nacional de Estados Unidos.

Después de casi dos años de audiencias antimonopolio sobre las llamadas grandes empresas tecnológicas, tanto la Cámara como el Senado han presentado varios proyectos de ley que buscan evitar lo que los miembros consideran un comportamiento monopólico de estas empresas. Algunas de estas leyes propuestas son draconianas, otras francamente tontas. Por ejemplo, uno de esos proyectos de ley requeriría que las grandes empresas de tecnología demuestren que sus adquisiciones son legales, una inversión de la noción tradicional de inocencia hasta que se demuestre su culpabilidad.

El proyecto de ley de la Ley AICO , redactado por la senadora Amy Klobuchar con apoyo bipartidista, es uno de los peores. AICO penalizaría a ciertas empresas de TI si utilizan su control sobre las plataformas en línea para aprovechar injustamente sus productos y servicios o obligar a los usuarios a comportarse de manera contraria a sus intereses.

Pero en lugar de proponer medidas para garantizar la equidad en todas las plataformas en línea (es decir, sitios web, sistemas operativos, aplicaciones en línea y similares), el proyecto de ley se aplica solo a las empresas que brindan servicios populares en línea, que tienen al menos cincuenta millones de usuarios mensuales y son operados por empresas con una capitalización de mercado superior a $ 550 mil millones. En esencia, esto significa que solo los "cinco grandes" de la economía en línea, Microsoft, Apple, Alphabet (Google), Meta (Facebook) y Amazon, están sujetos a las disposiciones del proyecto de ley.

¿Por qué AICO es malo? Primero, el estándar de capitalización de mercado no tiene sentido. Berkshire Hathaway, una empresa de 650.000 millones de dólares, quedaría incluida en las disposiciones del proyecto de ley si comprara un importante proveedor de servicios en línea. Por otro lado, Walmart, con $ 413 mil millones, podría crear o adquirir una plataforma en línea y estar libre de las limitaciones del proyecto de ley.

Las empresas de TI más pequeñas que desempeñan un papel como plataformas tanto para individuos como para empresas, como Oracle con solo $ 256 mil millones y PayPal con una capitalización de mercado de $ 240 mil millones, están exentas. Aunque son más pequeños en términos de capitalización de mercado que los “cinco grandes” a los que apunta el Congreso, es difícil argumentar que no son influyentes poderosos del mercado de TI. Lo mismo ocurre con Snapchat y TikTok.

Las cinco empresas apuntadas se encuentran en la cima de la economía estadounidense, con una capitalización de mercado colectiva de aproximadamente 11 billones de dólares. Esto equivale al 20 por ciento del total para todas las empresas que cotizan en bolsa. Gran parte de este valor proviene del poder de sus tecnologías y plataformas para permitir que otras empresas e incluso individuos realicen negocios y ganen dinero. Miles de nuevas empresas se han beneficiado de los servicios ofrecidos por las cinco grandes empresas.

Estos cinco lo han hecho bien porque lo han hecho bien. Proporcionan productos y servicios que los estadounidenses y el mundo entero desean. Más importante aún, su éxito se basó en la creación de enfoques totalmente innovadores sobre la forma en que las empresas y las personas participan en el comercio, se comunican, utilizan los datos y crean relaciones.

La búsqueda de Amazon de formas de mejorar la entrega de sus productos y aumentar la satisfacción del cliente es lo que impulsó los esfuerzos de la compañía para desarrollar sistemas de TI que antes no estaban disponibles y, en particular, su traslado a la nube. El resultado ha sido una explosión de negocios online. No se puede subestimar el papel de Amazon durante la pandemia. Decenas de millones de personas dependían de Amazon para sus necesidades diarias, así como para los artículos relacionados con la pandemia.

Gracias al apoyo financiero de la empresa matriz Amazon, AWS pudo invertir en investigación para desarrollar nuevos sistemas y software de TI. Como resultado, AWS se convirtió en uno de los principales innovadores en plataformas en la nube y software y servicios relacionados. Pero empresas como Microsoft, Google y Oracle siguieron su ejemplo, creando un mercado robusto para ofertas de nube a gran escala. Todas estas empresas compiten ferozmente entre sí.

El impacto de la gran tecnología en la seguridad nacional ha sido casi incalculable. AWS fue pionera en nubes seguras que pueden contener información clasificada y fue la primera empresa en proporcionar esta capacidad a la comunidad de inteligencia. Recientemente, IC firmó un contrato con Microsoft para una segunda capacidad de nube clasificada.

AWS y Microsoft son los principales candidatos para proporcionar nubes empresariales globales y seguras para el Pentágono en el marco de la capacidad conjunta de guerra en la nube (JWCC) . Solo las empresas con la profundidad técnica, la amplia experiencia comercial y de defensa y los recursos financieros podrían proporcionar al ejército de EE. UU. Las sólidas capacidades en la nube que necesita para llevar a cabo operaciones intensivas en información del siglo XXI.

Es importante pensar en cómo la legislación propuesta afectará la capacidad de nuestro establecimiento de seguridad nacional para mantener el acceso a las capacidades de vanguardia proporcionadas por sus proveedores de nube. En teoría, una empresa con un producto que crea problemas para la nube JWCC podría demandar a AWS o Microsoft si prefieren una aplicación desarrollada internamente que funcione mejor en sus nubes.

No está claro por qué necesitamos nuevas leyes antimonopolio, especialmente la Ley AICO. Hay varias investigaciones en curso de estas mismas empresas por parte de la Comisión Federal de Comercio y el Departamento de Justicia. ¿Por qué no dejar que se desarrollen antes de imponer nuevas leyes?

Quizás el mayor defecto de AICO es la idea de que al imponer restricciones a los Cinco Grandes se puede crear más competencia. Esto no reconoce el impacto que los Cinco Grandes han tenido en muchas funciones de TI. La búsqueda y manipulación de datos, por ejemplo, se mejora por la cantidad de información a la que puede acceder la plataforma. La idea de que varias empresas pequeñas proporcionen resultados de búsqueda de la calidad disponible en Google es, en el mejor de los casos, inverosímil. Y Amazon es atractivo para sus usuarios precisamente porque ofrece tantas opciones y opciones tanto en productos como en entrega.

domingo, 28 de marzo de 2021

Internet: La intromisión rusa en USA

¿Es la intromisión rusa tan peligrosa como pensamos?

El espectro de la manipulación extranjera se cierne sobre las próximas elecciones. Pero al centrarnos en las tácticas de los agresores pasamos por alto nuestras debilidades como víctimas.

Por Joshua Yaffa || The New Yorker



Nuestras respuestas a la desinformación pueden amplificar los temores que significa avivar. Ilustración de Wenkai Mao

En el verano de 2017, Nina Jankowicz, una estadounidense de veintiocho años, trabajaba en Kiev como asesora de comunicaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores de Ucrania como parte de una beca Fulbright de un año. Jankowicz tenía un interés en la diplomacia digital y en contrarrestar la desinformación que se correspondía con una pasión por el teatro musical: en Washington, DC, donde vivió durante varios años antes de mudarse a Ucrania, interpretó a Sally en "Eres un buen hombre, Charlie Brown ”y Audrey en“ La pequeña tienda de los horrores ”.

Entonces, cuando se encontró con una página de Facebook para una protesta en la Casa Blanca que llamaba a "activistas de la resistencia, amantes de los programas musicales y fanáticos del karaoke", su curiosidad se despertó. Más tarde habló con Ryan Clayton, un organizador progresista involucrado en la protesta. El 4 de julio, un hombre vestido con chaleco y sombrero tricornio dio el puntapié inicial. “Oíd, oíd, ciudadanos”, dijo, tocando una campana. "¡Resista el gobierno del rey traidor Donald!" Los manifestantes que ondeaban banderas estadounidenses interpretaron números musicales pidiendo el juicio político de Trump, incluido "¿Oyes cantar a la gente?", El himno de "Los Miserables".

Clayton le dijo a Jankowicz que estaba impresionado con la participación. Sospechaba que tenía algo que ver con un mensaje de Facebook de último minuto de un usuario llamado Helen Christopherson, quien ofreció lanzar en efectivo para comprar anuncios a cambio de acceso de administrador a la página del evento. "Obtuve como $ 80 en mi cuenta publicitaria para que podamos llegar a unas 10000 personas en DC más o menos", decía el mensaje. "¡Eso sería enorme!" De hecho, la inversión publicitaria de Christopherson llegó a cincuenta y ocho mil personas en el área de D.C.

No fue hasta octubre del año siguiente que Jankowicz comenzó a considerar cómo el éxito de la protesta podría encajar en un patrón más amplio. Como parte de las investigaciones del Congreso sobre la interferencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016, los demócratas del Comité de Inteligencia de la Cámara hicieron públicas una serie de compras publicitarias de la Agencia de Investigación de Internet, la llamada "fábrica de trolls" en San Petersburgo. El I.R.A. estaba compuesto por cientos de jóvenes rusos que llevaron a cabo campañas en las redes sociales con identidades falsas. “Helen Christopherson” era un alias de Facebook utilizado por uno de ellos. En "Cómo perder la guerra de la información", un nuevo libro persuasivo sobre la desinformación como estrategia geopolítica, Jankowicz escribe: "En una colisión completamente inesperada de mis dos grandes amores, parecía que Rusia había armado melodías de espectáculos".

El I.R.A. fue financiado por Yevgeny Prigozhin, un hombre de negocios que ha prosperado llevando a cabo tareas desagradables que el Kremlin quiere que se hagan pero que prefiere no hacer él mismo, como contratar trolls de Internet o desplegar soldados mercenarios. (A principios de los 2000, su empresa de catering organizó cenas oficiales, lo que le valió el apodo de Putin Chef). Según el informe de Mueller, publicado en abril de 2019, los grupos y cuentas creados por IRA “llegaron a decenas de millones de estadounidenses. " Gritar melodías de espectáculos frente a la Casa Blanca fue quizás más cómico que subversivo, pero es un ejemplo revelador del modus operandi del IRA: la fábrica de trolls encontró "voces locales auténticas", como dice Jankowicz, para promover el ruso el "objetivo del estado de fomentar la desconfianza a gran escala en el gobierno y la democracia".

Desde las elecciones de 2016, el espectro de la intromisión rusa en Internet se ha visto amplificado por nuestra propia ansiedad. En "La locura y la gloria", Tim Weiner, autor de historias de la C.I.A. y el F.B.I., argumenta que Rusia "desplegó el poder de las redes sociales para transformar la política de Estados Unidos". A modo de ilustración, Weiner analiza una teoría de la conspiración, propagada por el I.R.A. en 2015, los ejercicios militares estadounidenses en Texas ese año fueron parte de un complot de la administración Obama para confiscar armas en el estado. Mientras circulaba el meme, el gobernador de Texas habló siniestramente de los ejercicios; también lo hizo el senador Ted Cruz. "El IRA se había metido en la cabeza de algunos políticos poderosos y de millones de votantes", escribe Weiner. Advierte que el éxito del sigilo y la subversión de Rusia "puede determinar si Estados Unidos perdurará".

El desafío para dar sentido a las operaciones de desinformación es desenredar la intención del impacto. Los trolls de Prigozhin pueden haber aspirado a distorsionar la política estadounidense y poner patas arriba a la sociedad estadounidense, pero ¿hasta qué punto lo lograron? El robo de correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata en 2016 por parte de piratas informáticos de inteligencia militar rusos, y su posterior difusión a través de WikiLeaks, parecen haber tenido un efecto en el electorado, incluso si ese efecto es difícil de medir. Lo que I.R.A. los trolls lograron, sin embargo, fue más difuso, y considerablemente menos significativo Nuevo Testamento. En 2016, inflamaron los puntos calientes del discurso estadounidense, luego huyeron cuando comenzó el incendio; su prioridad parecía ser tanto sumar puntos con los jefes y los pagadores en Rusia como influir en los votos reales en los Estados Unidos. La desinformación rusa —y la visión del mundo cínica y distorsionada que conlleva— es un problema, pero la naturaleza del problema puede no ser exactamente lo que imaginamos.

Jankowicz describe la búsqueda maníaca de actividad en línea no auténtica como un juego de whack-a-troll. Aunque eliminar cuentas falsas y verificar su contenido es una higiene básica en línea, el efecto puede ser limitado. Un estudio de Yale de 2017 encontró que etiquetar el contenido de Facebook como "disputado" aumentó la proporción de usuarios que lo consideraron falso en menos del cuatro por ciento. Y, al centrarnos en las tácticas de los agresores, es posible que estemos pasando por alto nuestras debilidades como víctimas. "A menos que mitiguemos nuestra propia polarización política, nuestros propios problemas internos, seguiremos siendo un blanco fácil para cualquier actor maligno", escribe Jankowicz. Cuando el público estadounidense está lleno de miedo, odio, desconfianza y agotamiento, no es difícil para algunos trolls, ya sea en San Petersburgo o en la Casa Blanca, despertar esas emociones en algo aún más venenoso.

¿Qué pasa si, para tomar prestado un viejo tropo de película de terror, la llamada proviene del interior de la casa? No hace mucho, hablé con Aric Toler, un investigador de Bellingcat, un medio de investigación que rastrea las operaciones de inteligencia rusas. Bellingcat identificó la unidad militar rusa que proporcionó el lanzador de misiles antiaéreos que derribó el vuelo 17 de Malaysia Airlines sobre Ucrania, en 2014, y descubrió las identidades de los agentes rusos que envenenaron a Sergei Skripal, un exespía ruso, en 2018. Toler está preocupado que la sensación de peligro de los estadounidenses se ha desviado. En abril, en una columna de Bellingcat titulada "Cómo (no) informar sobre la desinformación rusa", Toler se mostró en desacuerdo con un artículo del Times que había compilado una serie de ejemplos para mostrar cómo "Putin ha difundido información errónea sobre cuestiones de salud personal para más de una década ". El artículo dedicó varios párrafos a un oscuro sitio web llamado Russophile, que, señaló Toler, prácticamente no tiene audiencia.

"Es una cuestión de escala", me dijo. La desinformación producida por Rusia ciertamente existe; Esta primavera, al comienzo de la pandemia de COVID-19, las cuentas de redes sociales vinculadas a Rusia promovieron la teoría de que el virus era un arma biológica inventada por el ejército de los EE. UU. para dañar a China. Pero en comparación con, digamos, expertos de Fox News como Tucker Carlson y Sean Hannity, y mucho menos con el propio Trump, la amenaza percibida de los trolls rusos supera con creces su alcance real. ¿Cuán audibles, y mucho menos consecuentes, son los esfuerzos rusos para impulsar las afirmaciones de que la votación por correo conduce al fraude cuando el presidente regularmente proclama la tesis en volúmenes ensordecedores?

"El efecto de una conferencia de prensa o un tuit de Trump en la formación de opiniones, incluso comportamientos, puede ser monumental", dijo Toler. En abril, después de que Trump sugirió que se podría inyectar desinfectante en el cuerpo para tratar el COVID-19, los funcionarios de salud en varios estados informaron picos en las llamadas a las líneas directas de control de intoxicaciones. Un solo centro de este tipo en el norte de Texas informó haber recibido casi cincuenta llamadas sobre la ingestión de cloro solo en las primeras tres semanas de agosto. "Lo máximo que podrían lograr unos pocos miles de cuentas de bot dirigidas por Rusia", agregó Toler, "es obtener una tendencia de hashtag de Twitter durante unas horas".

No hay nada intrínsecamente extraño en el aumento y la propagación de la desinformación. El uso de la palabra rusa dezinformatsia no hace que la práctica sea diferente de las falsedades locales difundidas en línea por estadounidenses que apuntan a otros estadounidenses. ¿De qué otra manera llamar al engaño difundido por miembros de un grupo de Facebook en Klamath Falls, Oregon, pocos días después del asesinato policial de George Floyd? Advirtieron que los activistas de Antifa estaban a punto de descender al pueblo, y doscientas personas salieron con pistolas y chalecos antibalas para luchar contra lo que resultó ser una amenaza fantasma.

En julio, el Times, citando evaluaciones de inteligencia de EE. UU., Informó que varios sitios web vinculados a Rusia habían estado publicando historias engañosas o falsas sobre el coronavirus. Los tres sitios en cuestión tenían unos pocos miles de seguidores en línea entre ellos, no del todo intrascendentes, pero grillos en comparación con los catorce millones de visitas de un video que Trump retuiteó el día que el Times publicó su historia. En el video, varios médicos marginales parados en los escalones de la Corte Suprema hacen la falsa afirmación de que no se necesitan máscaras ni cierres para combatir la pandemia. Si los operativos rusos hubieran intentado insertar un meme de este tipo en el discurso estadounidense, habría una legítima indignación por la forma en que Putin estaba tratando de para matarlos.

En muchos casos, la respuesta de los medios a los relatos rusos tiene el efecto de ampliar su alcance mucho más allá de lo que podrían lograr por sí mismos. Un tweet citado por el Times en abril ha acumulado un gran total de un retweet y dos me gusta. Como dijo Toler, "El pequeño gemido de desinformación se transforma en algo mucho más fuerte y peligroso". E inculcar esa sensación de peligro es precisamente el objetivo de la desinformación.

Las organizaciones de medios no son los únicos culpables cuando se trata de enfocarse en la amenaza incorrecta o de aumentar el peligro que representan tales amenazas. A principios de junio, en medio del aumento de las protestas en todo el país tras la muerte de George Floyd, Susan Rice, ex embajadora de la ONU y asesora de seguridad nacional en la administración Obama, habló en CNN sobre sus sospechas de que "actores extranjeros" estaban tratando de secuestrar las protestas para aumentar las tensiones, agregando: "Esto está directamente sacado del libro de jugadas ruso". El atractivo de la narrativa fue ampliamente compartido: el fiscal general William Barr también culpó a “actores extranjeros” de saqueos y violencia. La interferencia extranjera es ahora un tropo en la política estadounidense, en riesgo de volverse tan barata y sin sentido como se convirtió en el término "noticias falsas" una vez que fue aceptado por Trump.

Tales operaciones guiadas externamente existen, pero exagerar su prevalencia y potencia termina erosionando la idea de una protesta genuina de abajo hacia arriba, de una manera que, irónicamente, es totalmente compatible con la cosmovisión conspirativa de Putin. También proporciona una explicación demasiado conveniente para mucho de lo que es feo y falso en nuestra política. Cuando el sistema inmunológico reacciona de forma exagerada a un patógeno extraño, el resultado puede ser más dañino para el huésped que el patógeno en sí.

En los años posteriores a la Revolución de 1917, la policía secreta bolchevique sembró rumores de un movimiento clandestino de resistencia pro-zarista falso. El propósito era manipular a los líderes emigrados para que abandonaran sus esfuerzos por derrocar al naciente régimen soviético convenciéndolos de que la falsa célula clandestina necesitaba más tiempo para recuperar fuerzas. Tales artimañas llegaron a conocerse como "medidas activas" y pronto formaron un elemento esencial de la agresión de la Guerra Fría. Durante medio siglo, la inteligencia soviética respaldó los movimientos de protesta occidentales cuyos líderes a menudo ignoraban que se estaban beneficiando de la K.G.B. apoyo, y pasó tanto falsificaciones como información secreta legítima a activistas y periodistas, quienes demostraron estar ansiosos por una primicia sensacional. Estas operaciones se han convertido en el tipo de campaña de desinformación que lleva a cabo Rusia en la actualidad.

En una historia enciclopédica y legible del tema, “Medidas activas”, Thomas Rid, politólogo y profesor de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de Johns Hopkins, explica que “lo que hizo que una medida activa fuera activa. . . si resonó con emociones, con puntos de vista colectivos en la comunidad objetivo, y si logró exacerbar las tensiones existentes ". Para "activar" cualquier cosa, tenía que atacar tendencias y patologías preexistentes en la sociedad: desafección, desigualdad, prejuicio, agresión.

Rid cuenta una historia de la posguerra en Moscú que muestra cómo funciona la activación. A finales de los años cincuenta, en un experimento para probar la eficacia de tales técnicas, Ivan Agayants, el director fundador del Departamento D de la K.G.B., que supervisaba las operaciones de desinformación, envió a varios oficiales a una aldea en las afueras de Moscú. Su objetivo era avivar el antisemitismo; patearon lápidas judías y pintaron esvásticas por la ciudad. La gran mayoría de los lugareños estaban conmocionados y asustados, pero un pequeño número de ellos se desencadenó en acciones antisemitas. Inspirado por este éxito, K.G.B. Los provocadores utilizaron acciones similares para estimular a los neonazis locales en Alemania Occidental, con el objetivo de desacreditar al liderazgo de la posguerra al sugerir que Occidente era inhóspito para los judíos.

Los fundamentos de la democracia pueden aumentar la susceptibilidad a tal desinformación: una prensa libre y una cultura de debate abierto permiten que florezcan las teorías de la conspiración y que las ideas nocivas se mezclen con las virtuosas. ¿Cómo, entonces, responder? Las instituciones democráticas dependen de la confianza de los ciudadanos que comparten un universo fáctico. "Las medidas activas erosionan ese orden", escribe Rid, "pero lo hacen lenta y sutilmente, como el hielo que se derrite". Sin embargo, intentar cerrar las puertas por las que entra la desinformación puede tener sus propios efectos deletéreos. En una audiencia del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes en 1980, John Ashbrook, un congresista de Ohio, exhortó a John McMahon, subdirector de operaciones de la CIA, a tomar medidas más agresivas contra los grupos de "fachada" respaldados por los soviéticos en los Estados Unidos. . McMahon respondió: "Debo señalar que el Partido Comunista es una institución muy legal en los Estados Unidos". Como observa Rid, "reaccionar de forma exagerada a las medidas activas corría el riesgo de convertir una sociedad abierta en una más cerrada". Con el factor de complicación de la tecnología, una respuesta equilibrada solo se ha vuelto más difícil.

Vale la pena recordar que los estadounidenses también llevan mucho tiempo siendo expertos en lo que Rid describe como "revelaciones veraces encubiertas, falsificaciones y subversión total del adversario". La práctica surgió a partir de un memorando, “Inauguración de la guerra política organizada”, escrito en 1948 por George Kennan, el diplomático e intelectual arquitecto de la política estadounidense hacia la Unión Soviética en los inicios de la Guerra Fría. A lo largo de los años cincuenta, la C.I.A. financió la publicación de revistas de chismes, tabloides y música para el público de Alemania del Este, que mezclaban contenido ideológico y fabricaciones reales con una tarifa más anodina. Un best-seller estadounidense de 1965, "The Penkovsky Papers", aparentemente las memorias de un oficial de inteligencia soviético convertido en espía estadounidense, fue un C.I.A. falsificación. Eso planteó la pregunta de quién, exactamente, había sido engañado: ¿el estado soviético o el público estadounidense? Como señaló en ese momento el periodista polaco-británico Víctor Zorza, las democracias "sufren la grave desventaja de que, al intentar dañar al adversario, también deben engañar a su propio público". La desinformación no se puede apuntar con precisión: lanzar una falsedad al mundo es perder el control sobre su trayectoria e impacto.

En los últimos años de la Guerra Fría, Estados Unidos se había retirado en gran medida de las formas más audaces de guerra política, al menos dirigida contra la Unión Soviética, pero Moscú seguía produciendo mentiras y medias verdades. Quizás el K.G.B. La medida activa de ese período, y la más resonante hoy en día con lo que la Organización Mundial de la Salud llama la “infodemia” que rodea al COVID-19, fue una campaña de desinformación conocida como Operación Denver. La K.G.B., junto con la Stasi de Alemania Oriental, propagaron investigaciones científicas falsas y sembraron informes de prensa que sugerían que H.I.V. no saltó de los primates a los humanos en África, sino que, más bien, se cocinó en un laboratorio del ejército de los EE. UU. en Fort Detrick, Maryland. En 1987, una historia de Associated Press de Moscú llamó la atención de un productor de televisión en Nueva York, y la teoría de Fort Detrick se convirtió en el tema de un informe crédulo de Dan Rather en el "CBS Evening News".

Es imposible cuantificar el efecto de la Operación Denver, pero numerosos estudios a lo largo de los años han demostrado que aquellos que no creen en la ciencia sobre los orígenes del VIH. tienen menos probabilidades de tener relaciones sexuales seguras o de tomar regularmente los medicamentos recomendados si están infectados. Y la teoría ha demostrado tener una vida extraordinariamente larga y persistente. En la canción de 2005 "Heard’ Em Say ", Kanye West rapea:" Sé que el gobierno administra el sida ". Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica de 1999 a 2008, arrojó repetidamente dudas sobre los fundamentos científicos del H.I.V. y la epidemia de SIDA, citando la conspiración de Fort Detrick, entre otras tesis desacreditadas. Como resultado, Sudáfrica retrasó la implementación a gran escala de terapias antirretrovirales, a costa de hasta trescientas treinta mil vidas.

Pero Rid señala que en los EE. UU. Los propagadores más vociferantes de la noción de que el H.I.V. Los orígenes estadounidenses eran los activistas por los derechos de los homosexuales y la prensa afroamericana, comunidades que no necesitaban la K.G.B. para convencerlos de que su propio gobierno podría tratar su salud y su vida con indiferencia. A principios de los años ochenta, la administración Reagan se mostraba insensiblemente despreocupada por el número de víctimas que el virus estaba cobrando entre los hombres homosexuales. Y el escalofriante precedente del experimento de la sífilis de Tuskegee de décadas, por poner un ejemplo, demostró la voluntad del estado de tratar a los afroamericanos como conejillos de indias inconscientes en experimentos médicos secretos.

De hecho, cuando juzgamos el efecto de la desinformación moderna, "la distinción entre lo nacional y lo extranjero está desactualizada", dijo Marietje Schaake, ex miembro del Parlamento Europeo de los Países Bajos y directora de política internacional de la Universidad de Stanford. Centro de políticas cibernéticas. Cuando un meme en particular ha comenzado a viajar de una plataforma en línea a la siguiente, identificar sus orígenes a menudo es imposible; más importante es cómo actúa una población objetivo en respuesta.

Weiner documenta cómo las "tropas de choque del IRA", como él las llama, "se conectaron con al menos 126 millones de estadounidenses en Facebook, 20 millones de personas en Instagram y 1,4 millones en Twitter". Pero esos números que suenan aterradores no nos dicen mucho. "Lo que es más importante no es cuántas personas estuvieron expuestas a un mensaje, o incluso fueron convencidas por un mensaje y cambiaron su comportamiento como resultado, sino, más bien, el impacto de ese cambio de comportamiento", me dijo Schaake. El hecho de que, a lo largo de 2016, varios activistas de Black Lives Matter se encontraran con I.R.A. el contenido, incluida una campaña en las redes sociales llamada Blacktivist, modificó poco el tenor, los objetivos o la influencia más amplia del movimiento. (Lo mismo parece ser el caso de los frentes IRA más recientes como Peace Data, un sitio oscuro que ha traficado con temas y argumentos que ya prevalecen en los círculos de izquierda estadounidenses). Por el contrario, Schaake mencionó la propaganda anti-vacunación. : "Ahora, si incluso el dos por ciento de los padres dejan de acusar a sus hijos puede tener un efecto muy importante en la salud de la comunidad en general ".

Cuando se trata de COVID-19, el aparente resultado de la campaña de desinformación combinada de Trump y Fox News ha sido devastador. Un documento de trabajo publicado por la Oficina Nacional de Investigación Económica en mayo analizó datos de ubicación anónimos de millones de teléfonos celulares para mostrar que los residentes de códigos postales con mayor audiencia de Fox News tenían menos probabilidades de seguir las órdenes de quedarse en casa. Otro estudio, realizado por economistas de la Universidad de Chicago y otros lugares, sugirió una disparidad en los resultados de salud entre las áreas donde los espectadores de Fox News sintonizaron principalmente con Tucker Carlson, quien, entre los presentadores de Fox, habló temprano y con relativa urgencia sobre el peligro de COVID. 19, y lugares donde los espectadores prefirieron a Sean Hannity, quien pasó semanas minimizando su severidad. Los economistas descubrieron que, en marzo, la audiencia de Hannity sobre Carlson, en los lugares que estudiaron, se asoció con un aumento del treinta y dos por ciento en las infecciones y un aumento del veintitrés por ciento en COVID-19-. muertes relacionadas.

Desde la Guerra Fría, la propaganda ha evolucionado en una dirección opuesta a la de la mayoría de las otras armas de guerra: se ha vuelto más difusa e indiscriminada, no menos. Como escribe Peter Pomerantsev en "Esto no es propaganda", un recorrido vivo y perspicaz de lo que las herramientas digitales están haciendo en nuestras mentes y nuestra sociedad, los arquitectos de la Operación Denver dedicaron una cantidad extraordinaria de esfuerzo: financiar programas de radio, cortejar a periodistas, distribuir posibles estudios científicos, con el fin de "hacer que la elaborada mentira parezca real". Hoy en día, las tácticas de desinformación requieren un trabajo considerablemente menos pesado: afirmaciones falsas de los medios estatales rusos, dice Pomerantsev, “simplemente se lanzan en línea o se escuchan en programas de televisión, más para confundir que para convencer, o para reforzar las fobias de las audiencias predispuestas a viendo complots estadounidenses a su alrededor ".

Un número considerable de medios de comunicación estadounidenses han adoptado prácticamente el mismo enfoque, no porque Rusia les haya enseñado cómo hacerlo, sino simplemente porque esas técnicas narrativas son efectivas, expresando la sensación de ansiedad y desorientación que se encuentra entre muchos consumidores de noticias. Pomerantsev disecciona un monólogo de Hannity de 2017 que atacaba la noción de objetividad periodística. ¿Investigaron los medios los vínculos de Barack Obama con un ex terrorista nacional? ¿Qué hay de su afinidad por la teología de liberación negra supuestamente antiestadounidense? ¿Y dónde estaba la prensa cuando Hillary Clinton mintió sobre la muerte de diplomáticos estadounidenses en Bengasi? ¿Qué hay de todas las leyes que violó al mantener un servidor de correo electrónico privado? “El efecto de una lista tan larga, donde algunos de los cargos son serios, otros espurios, muchos discutibles y ninguno explorado, es dejar la mente agotada y confundida”, escribe Pomerantsev.

Aunque muchos aspectos del oficio de la desinformación siguen siendo los mismos (documentos falsificados, filtraciones plantadas, expertos falsos), existen diferencias cruciales entre la desinformación de la era de la Guerra Fría y su equivalente actual. Una continuidad de táctica no necesariamente equivale a una continuidad de estrategia. El putinismo, en la medida en que existe como un sistema coherente, es en gran medida defensivo. Considera que Rusia es continuamente maltratada y conspirada por las potencias occidentales, y quiere mantener a raya a estos enemigos, no rehacerlos a su imagen. (Weiner pasa por alto esta diferencia clave cuando declara a Putin el "verdadero heredero" de Stalin). La desinformación tiene como objetivo enervar y desorientar a un oponente, creando distracción y ruido generalizados, liberando al estado ruso para actuar sin trabas. Algo similar se podría decir sobre el trumpismo, otro fenómeno político incoherente que, sobre todo, quiere escapar de las molestas limitaciones de los valores, las normas y las instituciones.

Quizás el cambio más importante ha sido en el rol y la disponibilidad de la información en sí. En un artículo de 2017 titulado "¿Es obsoleta la Primera Enmienda?", El profesor de derecho de Columbia, Tim Wu, escribió que "ya no es el discurso en sí lo que escasea, sino la atención de los oyentes". En el siglo XX, la principal amenaza a la libertad de expresión eran los estados represivos. Este modelo "presupone un mundo pobre en información", escribió Wu. Pero ahora una gran cantidad de medios de expresión en línea ha dado lugar a una gran cantidad de discursos. Y este "discurso barato", como dijo Wu, "puede usarse para atacar, acosar y silenciar tanto como para iluminar o debatir". La noción de más y mejor discurso que conquista el discurso mal informado o malévolo parece anticuada. De hecho, parece que es todo lo contrario: la distinción entre el discurso “bueno” y el “malo” se pierde en medio del diluvio de información.
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El Kremlin, entonces, no tiene que piratear nada; simplemente necesita remover suavemente la olla informativa. O dejar que otros piensen que sí. Pomerantsev escribe: "Los gobernantes del Kremlin son particularmente hábiles en los elementos de juego de este nueva era, o al menos son buenos para hacer que todos hablen sobre lo buenos que son, que podría ser el truco más importante de todos ". Rid lo expresa claramente: “Decir dónde terminó una operación, y si fracasó o tuvo éxito, requiere más que hechos; requiere un juicio, que en la práctica significa una decisión política, a menudo una decisión colectiva ". En este sentido, los esfuerzos del Kremlin por inmiscuirse en las elecciones estadounidenses de 2016 fueron un éxito, sin importar cuántos votos se vieron afectados por las medidas activas de origen ruso. Si el objetivo es la interrupción y la confusión, entonces que se vea que afecta los resultados es tan bueno como que realmente los afecte.

La preocupación por las "medidas activas" rusas ha dado lugar a iniciativas gubernamentales, grupos de expertos e investigadores en línea, todos a la caza de cuentas de trolls en los recovecos de Internet. Jankowicz, en su libro, visita varios de estos grupos de expertos en Europa Central y Oriental, lugares que han encontrado interferencia rusa de todo tipo antes y con más intensidad que en otros lugares, incluido Estados Unidos. Ella encuentra que estas iniciativas producen resultados mixtos, pero surge una constante: el éxito del Kremlin en inyectar información perniciosa, falsa o manipulada en el discurso público es de importancia secundaria para el estado de ánimo y las culturas políticas de los propios países.

En Polonia, el Partido Derecho y Justicia de derecha, conocido como PiS, tomó el poder en 2015, en un momento de desconfianza profundamente arraigada. En 2010, un accidente de avión mató a noventa y seis personas, incluido el presidente, Lech Kaczyński. Había fundado el Partido con su hermano gemelo, Jarosław, quien permaneció al mando y propagó la teoría de la conspiración de que el accidente no fue un accidente. Aunque Rusia pudo haber dado un empujón útil a la teoría, era una toxina de cosecha propia, propagada y mantenida con vida por PiS. Varias organizaciones han surgido en Polonia para luchar contra la desinformación, pero, como señala Jankowicz, se muestran cautelosas a la hora de meterse en cuestiones internas; en cambio, se centran en las amenazas externas, incluso si son de menor importancia. Como comenta un periodista de la oposición sobre el liderazgo del PiS, "¿Por qué se tomarían en serio la lucha contra la desinformación cuando lo hacen ellos mismos?"

Cuando las instituciones son capturadas por un partido gobernante egoísta, la desinformación comienza a parecerse tanto a un síntoma del declive democrático como a su causa. Habiendo solidificado su gobierno, PiS llenó el tribunal constitucional de Polonia con leales y se hizo cargo de la principal emisora ​​pública del país. En última instancia, una figura autoritaria nacional puede infligir un daño mucho mayor a un sistema democrático que un perpetrador remoto. Incluso Weiner, que generalmente es alarmista sobre el peligro que representa la intromisión encubierta del Kremlin, señala que Trump, al final de su primer mandato, "había logrado lo que tres cuartos de siglo de medidas activas rusas habían dejado sin hacer".

Pomerantsev describe nuestra situación actual de incertidumbre y desconfianza mutua como "el Gran Tsimtsum", un término que toma prestado del crítico de arte y filósofo Boris Groys, quien extrajo la idea de la Cabalá. En el relato original de la leyenda, Dios se retira del mundo que crea, dejando un vacío. Groys retomó la idea como una forma de explicar el vacío dejado por el colapso del comunismo a principios de los noventa: un "espacio infinito de signos vaciado de sentido". Sin embargo, resulta que no fue solo la parte perdedora de la Guerra Fría la que se enfrentó al ajuste de cuentas del Gran Tsimtsum. Sus vencedores en Occidente ahora están viviendo algo similar, una época en la que “lo que antes se asumía como normal se ha disuelto, y hay una carrera para formar nuevas identidades a partir del flujo”, como dice Pomerantsev. En esta nueva realidad desorientadora, “la verdad es incognoscible, el futuro se disuelve en una desagradable nostalgia, la conspiración reemplaza a la ideología, los hechos equivalen a mentiras, la conversación colapsa en acusaciones mutuas de que cada argumento es solo una guerra de información, y la sensación de que todo lo que está bajo los pies está constantemente en movimiento, inherentemente inestable, líquido ".

Es tentador pensar que la salida de este pantano es ganar las guerras de la información, que el problema es de relaciones públicas políticas, que una mejor mensajería protegería a las sociedades occidentales de las travesuras extranjeras. Pero Jankowicz es, con razón, escéptico de la idea de que "si Occidente pudiera contar una historia más convincente, más estratégica y más coordinada, podríamos lidiar con la desinformación patrocinada por el estado como el contenido que produce Rusia". La verdadera solución radica en crear una sociedad y una política que sean más receptivas, creíbles y justas. Lograr ese objetivo puede requerir escuchar a aquellos que son susceptibles a la desinformación, en lugar de burlarse de ellos y descartarlos. "Aunque las opiniones resultantes pueden ser repugnantes para el espectador", argumenta Jankowicz, "sus orígenes son legítimos y merecen ser considerados".

También elogia el modelo de Finlandia, que ha enseñado alfabetización mediática en las escuelas públicas durante décadas; hace cuatro años, se introdujo un plan de estudios revisado editado que enseña a todos los estudiantes de secundaria a identificar historias falsas y entender en qué fuentes de información confiar. Por el contrario, la educación cívica en las escuelas estadounidenses se ha reducido en las últimas décadas; en 2016, solo el veintitrés por ciento de los estudiantes de octavo grado se desempeñó en o por encima del nivel de competencia en un examen de educación cívica a nivel nacional. Si no sabe cómo funciona realmente el gobierno, es más probable que crea en versiones conspirativas de sus actos. Aunque Twitter y Facebook se han vuelto más activos para eliminar o señalar la información errónea, el contenido inflamatorio y divisivo es demasiado esencial para sus modelos comerciales para que puedan erradicarlo por completo. E incluso una acción decisiva sobre esta cuestión por parte del Congreso, que hasta ahora ha demostrado ser reacia, no repararía las fisuras aún más profundas causadas por el partidismo, las cámaras de eco de los medios, la desigualdad racial y económica y la desconfianza en la política, las aguas fétidas en las que se genera la desinformación. y encuentra nuevos hosts.

En 1946, Kennan, quien acuñó la noción de “guerra política”, pasó por la sala de códigos de la embajada de Moscú para transmitir sus pensamientos sobre cómo contrarrestar la amenaza geopolítica del comunismo. El Kremlin tenía claramente grandes ambiciones de infiltrarse y debilitar el orden occidental, y considerables recursos para dedicar a la tarea. ¿Cuál es la mejor manera de combatir esos esfuerzos? Su misiva, conocida como "Long Telegram", es un documento clave en el canon de la política exterior de Estados Unidos. "Mucho depende de la salud y el vigor de nuestra propia sociedad", escribió a sus jefes en Washington, comparando al Kremlin y sus ideólogos con un "parásito maligno que se alimenta sólo de tejido enfermo". Como tal, continuó, “cada medida valiente e incisiva para resolver los problemas internos de nuestra propia sociedad, para mejorar la confianza en sí mismos, la disciplina, la moral y el espíritu comunitario de nuestro propio pueblo, es una victoria diplomática sobre Moscú que vale mil notas diplomáticas y comunicados conjuntos. Si no podemos abandonar el fatalismo y la indiferencia ante las deficiencias de nuestra propia sociedad, Moscú se beneficiará ”. Quizás la mejor defensa contra las medidas activas es un poco de activismo propio.

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