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miércoles, 29 de julio de 2026

Ecuador-Perú: La diplomacia post-Cenepa

Relaciones entre Perú y Ecuador: de la guerra fronteriza a una vecindad institucionalizada



Por EMcL

Situación actual

Las relaciones diplomáticas peruano-ecuatorianas atraviesan un estado muy favorable y considerablemente estable. La antigua cuestión territorial está jurídicamente resuelta, la frontera terrestre se encuentra demarcada y el límite marítimo también fue formalmente acordado. Los desacuerdos actuales se refieren a problemas propios de dos vecinos con una frontera extensa: delincuencia organizada, minería ilegal, contaminación fluvial, migraciones, infraestructura, controles aduaneros y apertura sanitaria de productos. No existe hoy una controversia oficial sobre soberanía territorial.

En junio de 2026, los vicecancilleres de ambos países calificaron expresamente la relación como «ejemplar», basada en la confianza, la cooperación y la integración. También confirmaron la preparación de un nuevo encuentro presidencial y del XVII Gabinete Binacional para el segundo semestre de 2026. Esa continuidad es importante porque muestra que la relación ya no depende demasiado de la afinidad ideológica entre presidentes: sobrevivió a gobiernos de izquierda, derecha, centro y a la recurrente inestabilidad política peruana. (Cancillería)

En términos argentinos, podría compararse con una relación que hubiera pasado de parecerse a la antigua rivalidad argentino-chilena —mapas incompatibles, hipótesis de guerra y zonas sin demarcar— a una cooperación fronteriza más semejante a la que hoy mantienen Argentina y Chile, aunque con un componente amazónico, criminal y ambiental mucho más intenso.

 

La geografía que hay que comprender

Perú y Ecuador comparten aproximadamente 1.529 kilómetros de frontera. La zona más poblada y transitada se encuentra cerca del Pacífico, entre la provincia ecuatoriana de El Oro y la región peruana de Tumbes. Allí están Huaquillas y Aguas Verdes, prácticamente una aglomeración urbana cortada por la línea internacional.

Más hacia el interior aparecen la sierra de Loja y Piura, y luego una frontera amazónica enormemente más aislada. El sector del Cenepa está al este de la Cordillera del Cóndor, en una zona de montañas abruptas, selva espesa, lluvias, ríos y comunicaciones extremadamente difíciles. No debe imaginarse como una llanura donde era sencillo marcar una línea con alambrados: durante décadas hubo lugares a los que sólo se podía acceder por helicóptero, río o largas marchas. (Proyectos INEI)

La frontera estaba delimitada jurídicamente, es decir, existían tratados y criterios para establecer por dónde debía pasar. Pero una sección no estaba demarcada materialmente, es decir, faltaban hitos colocados y verificados sobre el terreno. Esa diferencia entre delimitación y demarcación fue el espacio donde crecieron las interpretaciones nacionales rivales.

El origen remoto del problema

Perú y Ecuador heredaron de la disolución del Imperio español límites administrativos imprecisos. Durante los siglos XIX y XX cada Estado desarrolló mapas, documentos históricos y doctrinas jurídicas diferentes sobre sus territorios amazónicos.

El conflicto más importante anterior al Cenepa fue la guerra de 1941. Su desenlace condujo al Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro de 1942, garantizado por Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos. El tratado estableció el marco de la frontera y se colocó la mayor parte de los hitos. Sin embargo, los trabajos quedaron paralizados en un sector de aproximadamente 78 kilómetros en la Cordillera del Cóndor, debido a diferencias sobre la geografía real y la manera de ejecutar la línea establecida. (congreso.gob.pe)

Ecuador sostuvo durante décadas que el Protocolo resultaba inejecutable en ese sector y mantuvo una reivindicación amazónica. Perú consideraba que el tratado era plenamente válido y que sólo restaba completar físicamente la demarcación. Hubo choques anteriores, especialmente en Paquisha en 1981, pero el episodio decisivo fue la guerra del Cenepa de 1995.
 

 

La guerra del Cenepa

Los combates comenzaron en enero de 1995 alrededor de posiciones militares ubicadas en la cuenca alta del río Cenepa. Fue una guerra limitada geográficamente, librada por destacamentos relativamente pequeños, pero empleó artillería, helicópteros, aviación, fuerzas especiales, minas y sistemas antiaéreos.

No hubo una declaración formal de guerra ni ataques generalizados contra las principales ciudades. Sin embargo, el enfrentamiento fue militarmente serio y demostró que los dos países podían escalar hacia una guerra mucho mayor. La dificultad del terreno también produjo una situación confusa: ambos gobiernos difundían mapas, coordenadas y partes militares contradictorios, mientras lugares como Tiwinza adquirían un valor simbólico muy superior a su importancia económica.

El resultado estrictamente militar fue ambiguo. Ecuador pudo presentar el desempeño de sus fuerzas como una victoria defensiva y Perú sostuvo que había preservado su soberanía. Ninguno logró transformar el combate en una solución política unilateral. Precisamente por eso, la salida dependió de los cuatro garantes del Protocolo de Río: Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos.

Cómo terminó diplomáticamente la guerra

El final no fue un único tratado firmado inmediatamente después del último disparo, sino un proceso de tres años.

Primera etapa, febrero de 1995. La Declaración de Paz de Itamaraty, suscrita el 17 de febrero, consolidó el cese del fuego, dispuso la separación de las fuerzas y aceptó una misión internacional de observación. Aun después de esa declaración se produjeron incidentes, por lo que fue necesario reafirmar el cese del fuego y establecer una zona desmilitarizada. (peacemaker.un.org)

Segunda etapa, 1995-1998. La Misión de Observadores Militares Ecuador-Perú, conocida como MOMEP, supervisó la retirada y separación de los ejércitos. Participaron militares de Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos, mientras diplomáticos de esos mismos países acompañaban las negociaciones. La MOMEP fue decisiva porque redujo el riesgo de que una patrulla, una posición militar o una acusación mutua reanudara la guerra. (oas.org)

Tercera etapa, 1998. Como las negociaciones volvieron a trabarse, Perú y Ecuador aceptaron que los cuatro países garantes formularan una solución obligatoria dentro del marco del Protocolo de Río. Los garantes emitieron su parecer y, el 26 de octubre de 1998, Alberto Fujimori y Jamil Mahuad firmaron el Acta Presidencial de Brasilia. El acuerdo declaró resueltas de manera global y definitiva las diferencias y vinculó la solución fronteriza con comercio, navegación, desarrollo territorial, infraestructura y cooperación. (peacemaker.un.org)

Ésa fue una característica inteligente del arreglo: no se limitó a decir dónde pasaba la frontera. Transformó la paz en un paquete donde ambos gobiernos podían mostrar beneficios internos.

 

¿Quién obtuvo qué?

En el aspecto territorial central, prevaleció el marco jurídico defendido por Perú. La zona disputada de la Cordillera del Cóndor quedó reconocida bajo soberanía peruana y la demarcación se realizó de acuerdo con el Protocolo de 1942 y sus instrumentos complementarios.

Pero se creó una fórmula simbólica para Tiwinza. Perú otorgó al Estado ecuatoriano la propiedad privada —no la soberanía— de un terreno de un kilómetro cuadrado dentro del territorio peruano, destinado a actos conmemorativos y no militares. Ecuador obtuvo así un lugar donde recordar a sus combatientes; Perú conservó jurisdicción, soberanía y continuidad territorial.

Tiwinza, por lo tanto, no es un enclave ecuatoriano, no pertenece soberanamente a Ecuador y no interrumpe la frontera peruana. Se parece más a una propiedad estatal extranjera sometida a la legislación y soberanía del país donde se encuentra. La ambigüedad simbólica permitió que ambas dirigencias presentaran el acuerdo ante sociedades que todavía interpretaban el conflicto en términos de victoria y derrota. (congreso.gob.pe)

¿Los límites quedaron bien demarcados?

Sí. Desde el punto de vista jurídico y cartográfico, la cuestión territorial quedó resuelta.

Los trabajos de demarcación terrestre concluyeron el 13 de mayo de 1999, con la firma del acta de clausura en la confluencia de los ríos Yaupi y Santiago. La documentación de ese acto describe los hitos del sector oriental y deja constancia de que fueron colocados conforme al Protocolo de Río y a los acuerdos de Brasilia. (congreso.gob.pe)

Eso no significa que los 1.529 kilómetros estén señalizados como una frontera urbana. En áreas selváticas, los hitos necesitan verificación, mantenimiento y actualización de coordenadas; los ríos pueden modificar sus cauces; las minas antipersonales dejaron zonas peligrosas; y existen pasos informales utilizados por pobladores, contrabandistas, mineros y grupos criminales. Son problemas de administración de una frontera reconocida, no una controversia sobre dónde debe estar la frontera.

También quedó solucionado el límite marítimo. En 2011, ambos países intercambiaron notas diplomáticas que establecieron una línea de 200 millas náuticas, incorporaron un mapa común y registraron el acuerdo ante las Naciones Unidas. El tratado entró en vigor el 20 de mayo de 2011.

Por consiguiente, no queda pendiente una «segunda Cenepa» marítima o terrestre. Pueden existir disputas administrativas, ambientales o comerciales, pero no una frontera internacional jurídicamente abierta.

El comercio: de frontera militar a corredor económico

La guerra afectó inevitablemente el comercio local, la movilidad y la confianza empresarial en la zona fronteriza. Sin embargo, el efecto económico más visible no fue una caída permanente causada por la guerra, sino el crecimiento posterior facilitado por la paz.

En 1998, el intercambio comercial bilateral rondaba los 300 millones de dólares. En 2024 alcanzó aproximadamente 2.595 millones, un aumento nominal del 765%. Para enero-septiembre de 2025 ya acumulaba 1.770 millones de dólares. Ecuador se convirtió en el principal socio comercial de Perú dentro de la Comunidad Andina, mientras el mercado peruano adquirió gran importancia para las manufacturas y exportaciones ecuatorianas. (Gobierno del Perú)

No corresponde atribuir todo ese crecimiento al acuerdo de paz. También influyeron la expansión de ambas economías, la Comunidad Andina, la eliminación de aranceles, la mejora del transporte y el crecimiento demográfico. Pero la paz eliminó un obstáculo central: ninguna empresa construye cadenas logísticas estables si las rutas pueden cerrarse por una movilización militar.

El paquete de 1998 incluyó un convenio para acelerar y profundizar el libre comercio, normas de tránsito de personas y vehículos y una estructura de promoción de inversiones fronterizas. Se crearon además comités y centros binacionales para evitar que cada camión o viajero debiera atravesar dos sistemas administrativos completamente desconectados. (comunidadandina.org)

La relación comercial tampoco carece de fricciones. Aparecen restricciones sanitarias, controles fitosanitarios, demoras aduaneras, contrabando y discusiones sobre determinados productos agrícolas. En 2025, por ejemplo, ambos gobiernos negociaron la reapertura del mercado ecuatoriano a la cebolla peruana y continuaron discutiendo el acceso de arroz y otros productos. Son conflictos normales dentro de una relación comercial densa, no síntomas de una ruptura diplomática. (Gobierno del Perú)

El avance diplomático después de 1998

La mayor transformación consistió en pasar de una diplomacia obsesionada con mapas y soberanía a una diplomacia orientada hacia la gestión conjunta.

Se estableció la Comisión de Vecindad, el Plan Binacional de Desarrollo de la Región Fronteriza, comités territoriales, mecanismos militares y policiales y encuentros presidenciales con gabinetes binacionales. Estos gabinetes reúnen simultáneamente a los presidentes y ministros de ambos países y producen planes con compromisos concretos en salud, educación, rutas, energía, seguridad, ambiente y comercio.

Para diciembre de 2025 ya se había celebrado el XVI Gabinete Binacional. Allí se adoptaron la Declaración y el Plan de Acción de Quito para 2025-2026, con énfasis en delincuencia organizada, narcotráfico, armas, minería ilegal, infraestructura, turismo y recuperación ambiental de la cuenca Puyango-Tumbes. (Gobierno del Perú)

Esto muestra hasta dónde cambió la relación. En 1995, el problema eran soldados peruanos y ecuatorianos disputando posiciones en la selva. En 2026, los dos Estados intentan coordinar a sus fuerzas para impedir que mineros ilegales, narcotraficantes y traficantes de armas utilicen esa misma selva.

Los problemas que todavía generan tensión

El principal desafío contemporáneo es la debilidad estatal en algunos sectores fronterizos. Las amenazas ya no proceden del ejército vecino, sino de actores no estatales que cruzan la frontera y aprovechan las diferencias regulatorias.

La minería ilegal puede operar de un lado, transportar insumos desde el otro y contaminar ríos que atraviesan ambos países. El narcotráfico utiliza caminos selváticos, puertos y pasos clandestinos. El contrabando aprovecha diferencias de precios e impuestos. La trata de personas y la migración irregular obligan a coordinar controles. La circulación de explosivos y armas puede vincular la minería ilegal con organizaciones criminales.

La cuenca Puyango-Tumbes constituye otro punto sensible. Actividades mineras desarrolladas aguas arriba en Ecuador pueden afectar la calidad del agua utilizada aguas abajo en Perú. El tema genera reclamos locales, pero ambos gobiernos lo están tratando mediante una hoja de ruta, una secretaría técnica y la proyectada creación de un comité binacional de cuenca. (Gobierno del Perú)

Estas cuestiones pueden producir acusaciones, cierres temporales, protestas o incidentes policiales. Sin embargo, paradójicamente, también generan incentivos para una cooperación más estrecha: ningún país puede resolver unilateralmente un río contaminado o una red criminal que opera a ambos lados.

¿Qué posibilidades hay de un nuevo conflicto armado?

La probabilidad de una guerra interestatal entre Perú y Ecuador es muy baja.

La primera razón es jurídica: no existe una reclamación territorial oficial pendiente. La segunda es material: la frontera terrestre está demarcada y la marítima acordada. La tercera es institucional: hay comisiones, gabinetes, contactos militares y mecanismos para gestionar incidentes. La cuarta es económica: el comercio, el turismo y las inversiones aumentan el costo de una ruptura. La quinta es política: ninguna fuerza importante de gobierno en Perú o Ecuador sostiene actualmente un programa para revisar el acuerdo de 1998.

Esta valoración no significa que el riesgo sea literalmente cero. Podría producirse un choque localizado entre patrullas, una persecución transfronteriza mal coordinada, una incursión vinculada con minería ilegal o una crisis diplomática por contaminación, migrantes o delincuencia. Pero lo más probable es que un incidente de ese tipo se canalice mediante cancillerías, mandos militares y comisiones fronterizas antes de transformarse en una confrontación entre Estados.

El mayor peligro en la frontera ya no es una guerra Perú contra Ecuador, sino una violencia transnacional que obligue a Perú y Ecuador a actuar juntos. Los acuerdos de 2024, 2025 y 2026 colocan precisamente al crimen organizado, el tráfico de armas, la minería ilegal y el narcotráfico en el centro de la cooperación bilateral. (El Peruano)

Balance

El proceso peruano-ecuatoriano es uno de los casos más exitosos de resolución de conflictos territoriales en América Latina. No porque haya borrado las memorias nacionales —en Ecuador y Perú todavía existen narraciones divergentes sobre quién ganó militarmente el Cenepa—, sino porque consiguió separar esas memorias de la política exterior cotidiana.

Perú obtuvo el reconocimiento definitivo de la línea fronteriza que defendía. Ecuador obtuvo una salida honorable, el símbolo de Tiwinza, garantías de navegación, integración fronteriza e inversiones. Los garantes proporcionaron una fórmula jurídicamente obligatoria y una presencia militar que evitó la reanudación de las hostilidades. Finalmente, el comercio y la cooperación convirtieron una frontera concebida como línea defensiva en un espacio de circulación.

La síntesis sería ésta: el Cenepa terminó militarmente sin un vencedor indiscutible, pero diplomáticamente terminó con una frontera aceptada; desde entonces, la relación avanzó mucho más de lo que retrocedió, y una nueva guerra territorial resulta hoy altamente improbable.

viernes, 25 de julio de 2025

Tailandia ataca blancos dentro de Camboya

Tailandia lanzó ataques aéreos contra objetivos militares de Camboya en plena escalada fronteriza

La Segunda Región del Ejército tailandés confirmó en un comunicado que destruyeron instalaciones de las Divisiones 8 y 9 del Ejército de Camboya, unidades identificadas como comandos de fuerzas especiales
Infobae




Tailandia lanzó ataques aéreos con aviones F-16 contra posiciones militares en territorio camboyano (Crédito: The Phnom Penh Post)

Tailandia bombardeó este jueves posiciones militares en territorio camboyano, en un nuevo episodio de escalada en el conflicto fronterizo entre ambos países. La Segunda Región del Ejército tailandés confirmó en un comunicado que cazas F-16 destruyeron instalaciones correspondientes a las Divisiones 8 y 9 del Ejército camboyano, identificadas como unidades de fuerzas especiales.

¡Los F-16 han lanzado ataques! Los puestos militares camboyanos de las Divisiones 8 y 9 han sido destruidos”, publicó la división militar tailandesa en su cuenta oficial de Facebook.

El portavoz adjunto del Ejército, coronel Ritcha Suksuwanon, detalló que seis aviones F-16 fueron desplegados desde la base aérea en la provincia de Ubon Ratchathani y ejecutaron bombardeos contra dos objetivos militares en suelo camboyano.

Según Bangkok, el ataque fue en respuesta a una agresión previa por parte de tropas camboyanas, que presuntamente abrieron fuego en la provincia tailandesa de Surin. El Ejército afirmó que seis soldados camboyanos se acercaron a una base tailandesa “completamente armados, incluyendo lanzacohetes”, lo que habría desencadenado la operación aérea.

El primer ministro interino de Tailandia, Phumtham Wechayachai (REUTERS/Chalinee Thirasupa)

El primer ministro interino de Tailandia, Phumtham Wechayachai, reconoció ante los medios que “se produjeron disparos en una zona reclamada por ambas partes” y afirmó que las circunstancias del enfrentamiento están bajo investigación.

Del lado camboyano, el Ministerio de Defensa condenó la ofensiva como una “brutal agresión militar” y aseguró que Camboya ejercerá su derecho a la defensa frente a la invasión del Ejército tailandés.

En una declaración oficial, compartida por el medio local camboyano The Phnom Penh Post, el primer ministro Hun Manet confirmó que los ataques tailandeses tuvieron como blanco posiciones en los templos de Ta Mone Thom y Ta Krabey, ubicados en la provincia de Oddar Meanchey, y que las ofensivas se extendieron a la zona de Mom Bei.

Camboya siempre se ha adherido a la resolución pacífica de los problemas, pero en este caso no tenemos más opción que responder con la fuerza contra esta invasión armada”, afirmó Hun Manet en un mensaje en redes sociales.

Añadió que las autoridades “trabajan activamente para proteger la soberanía nacional y asistir a los ciudadanos afectados por la ofensiva tailandesa”.

El presidente del Senado camboyano, Hun Sen (REUTERS/Cindy Liu)

Por su parte, el presidente del Senado camboyano, Hun Sen, también acusó a Tailandia de “iniciar la invasión tras ordenar el cierre del Templo Ta Mone Thom el 24 de julio”, y pidió a la población mantener la calma.

El ejército camboyano no tiene más remedio que resistir y contraatacar”, dijo. Además, instó a los ciudadanos a evitar el pánico y continuar con sus actividades normales fuera de las zonas en conflicto.

La Embajada de Tailandia en Camboya reforzó el mensaje al recomendar a los ciudadanos tailandeses que abandonen el país lo antes posible, debido a la posibilidad de que los ataques “se prolonguen y se expandan”.

El medio tailandés Thai PBS World informó que el ejército de Tailandia activó la estrategia militar “Chakraphong Phuvanaat”, una doctrina empleada entre 2008 y 2011 durante los enfrentamientos por el control del Templo Preah Vihear.

La Embajada de Tailandia en Camboya reforzó el mensaje al recomendar a los ciudadanos tailandeses que abandonen el país lo antes posible, debido a la posibilidad de que los ataques “se prolonguen y se expandan” (REUTERS)

La reactivación de esa táctica ocurre tras un nuevo incidente en el paso de Chong An Ma, donde un soldado tailandés perdió una pierna por la explosión de una mina terrestre.

El conflicto fronterizo entre ambos países tiene raíces históricas y se concentra en zonas sin demarcación precisa a lo largo de los 817 kilómetros que separan a Tailandia de Camboya.

Hasta el momento, no se han reportado cifras oficiales de bajas militares o civiles, y no hay señales de una mediación internacional en curso.

(Con información de EFE y AFP)


martes, 18 de junio de 2024

Chile: El complejo de inferioridad y retraso madurativo en un reclamo trasandino

La Armada argentina hizo una instalación en territorio chileno y el país vecino inició un reclamo

El embajador argentino, Jorge Faurie, reconoció el error y ambos países ya se encuentran coordinando las acciones para removerlos; la explicación por un alambrado y las condiciones climáticas.



Lucía Pereyra
LA NACION



Para darle contexto a este retraso mental y complejo de inferioridad. Están llorando por esos 6 paneles solares de la esquina izquierda de la foto.

Esta semana se abrió una insólita controversia entre la Argentina y Chile. Y es que una construcción militar en la provincia patagónica de Tierra del Fuego fue ubicada en parte sobre tres metros del territorio extranjero, lo que derivó en un reclamo al embajador en ese país, Jorge Faurie. Se trata de una instalación de paneles solares como parte del Puesto de Vigilancia y Control de Tránsito Marítimo Hito 1 de Magallanes, donado por la empresa Mirgor. Chile quiere que se retiren “lo antes posible”, mientras que la Argentina asegura que aún las condiciones climáticas no lo permiten.

El 26 de abril, la Armada Argentina inauguró una puesta en valor del lugar, que incluyó la donación de dos módulos habitacionales por parte de Total Energies y de dos paneles solares de Mirgor. Durante la ceremonia, el comodoro Martí Garro remarcó que “esta iniciativa mejorará las condiciones de habitabilidad, operatividad y sustentabilidad del puesto, constituyendo una muestra de trabajo mancomunado entre las instituciones del Estado Nacional y el aporte de las empresas privadas”. Con respecto a los paneles solares, sostuvo: “La obra establece un claro ejemplo de sinergia, que se materializa en el trabajo de empresas constructoras y mano de obra especializada afincadas en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur”.





El problema recae en que esos dos paneles solares se pasan por tres metros de la frontera con Chile, lo que hizo que el país vecino le haga un reclamo al embajador argentino, Jorge Faurie. En diálogo con LA NACION, el diplomático quiso calmar las aguas sobre una potencial tensión diplomática con Santiago y explicó las circunstancias de la instalación de los paneles.

Hay un alambrado que se entendía que no era exactamente el límite, hubo una equivocación”, admitió Faurie ante una consulta de este medio. En ese marco, dijo que fue alertado por una autoridad del sur sobre la situación. “La cancillería chilena me informó cuando tuve una reunión ayer por otro tema, y habiendo tomado conocimiento de este reclamo, dijimos que se iba a proceder al retiro. Es un error fáctico”, explicó.


El embajador argentino en Chile, Jorge Faurie.

Por otro lado, mencionó el accionar de la empresa que donó los paneles: “Los operarios quizás no consultaron indicaciones de coordenadas satelitales, que hubiera sido lo más útil, pero los instalaron tomando como referencia un alambrado”. Además, minimizó los hechos. “No es un tema de envergadura. Se van a remover ni bien las condiciones climáticas lo permitan”, sostuvo, que sería en verano. Finalmente, entrevistado por medios locales, Faurie aseguró que se está barajando la posibilidad de que esos paneles también abastezcan del lado chileno.

El funcionario argentino estuvo envuelto en una polémica en marzo, cuando durante una visita al paso fronterizo del Cristo Redentor habría pronunciado: “Mi país ya era potencia agrícola mientras ustedes recién aprendían a comer”. Aquella frase generó un tenso momento con el gobierno de Gabriel Boric ya que desde el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno manifestaron preocupación.

Por su parte, a pesar de la propuesta de abastecer de energía al territorio vecino, la cancillería chilena pidió que se solucione la situación “a la brevedad”. “Recibimos una nota de Argentina reconociendo el error y ofreciendo retirar los paneles solares en territorio chileno”, indicaron fuentes del gobierno del país andino a LA NACION. “Durante la tarde del viernes la subsecretaria de Relaciones Exteriores de Chile, Gloria de la Fuente se comunicó con su par argentino, el vicecanciller Leopoldo Sahores, para señalarle la importancia de solucionar esta situación a la brevedad”, agregaron.


El parque solar que excede tres metros la frontera con Chile.
Prensa Armada Argentina

Desde el país vecino aseguraron que la Argentina se comprometió a “coordinar a los equipos técnicos para concretar el retiro” de los paneles solares. Durante su visita a Suiza para la Cumbre de la Paz en Ucrania, el canciller chileno, Alberto van Klaveren, le dijo a los medios locales que no se trata de “un asunto grave” y espera que se solucione con rapidez. “Creemos que se trata de un error de buena fe”, marcó.

Ambos países confirmaron que los equipos técnicos evaluarán el territorio y las condiciones climáticas para solucionar la situación. LA NACION se comunicó con fuentes de Cancillería, a cargo de Diana Mondino, pero no respondieron para el momento de la publicación de esta nota.

 


Boric, el presidente más exagerado del Mundo



jueves, 30 de noviembre de 2023

Guyana: Las riquezas a las que aspira Venezuela

Qué riquezas hay en el Esequibo, el territorio que se disputan Guyana y Venezuela desde hace casi dos siglos

Montaje de río Esequibo




Con una superficie mayor a la de países como Inglaterra, Cuba o Grecia, el Esequibo es un territorio lleno de minerales y otros recursos naturales cuya diversidad es una de mayores del mundo.

Más allá de su riqueza y los grandes yacimientos de petróleo que se han hallado allí, el territorio es conocido por ser una zona que enfrenta a dos países sudamericanos.

Desde 1841 Venezuela y Guyana se disputan su soberanía.

Aunque el reclamo venezolano ha persistido durante todo este tiempo, el gobierno del presidente Nicolás Maduro ha elevado su voz progresivamente desde 2015, cuando se descubrieron vastos yacimientos de petróleo en la zona.

Venezuela considera al Esequibo, también conocido como Guayana Esequiba, como una “zona en reclamación” y suele incluirla en sus mapas con un tachado, mientras que Guyana, quien la controla y administra, tiene allí seis de sus diez regiones administrativas. 

BBC

martes, 18 de enero de 2022

Suecia despliega tropas en Gotland ante la creciente actividad rusa

Suecia despliega a militares en la isla de Gotland ante la actividad de Rusia

  • Tensión en el Báltico
  • Decenas de vehículos blindados y patrullas de uniformados se han desplegado por la principal ciudad de la isla
La Vanguardia



Soldados del regimiento de Gotland patrullan las calles de Visby TT NEWS AGENCY / Reuters


Suecia ha aumentado las patrullas en la isla báltica de Gotland por el aumento de la tensión en la zona y en medio del conflicto entre la OTAN y Rusia por Ucrania. "A partir de hoy seremos más visibles y estaremos en plazas estratégicas importantes de carácter civil", declaró el viernes pasado a la televisión pública un portavoz del regimiento de Gotland en alusión, entre otros, al puerto y el aeropuerto de la mayor isla de Suecia en el Báltico.

Decenas de vehículos blindados y patrullas de uniformados se han desplegado por la principal ciudad de la isla, Visby, debido a la "creciente actividad rusa" en las zonas próximas a Suecia, por lo que se considera importante "mostrar a los habitantes de Gotland y a otros países que tenemos una defensa activa que se adapta de acuerdo con la situación". La Defensa sueca considera no obstante que el riesgo de que este país escandinavo sufra un ataque es bajo.


Un vehículo blindado en una carretera del norte de Gotland KARL MELANDER / AFP

En otro ejemplo de la creciente preocupación de las autoridades suecas por la seguridad, la agencia de inteligencia interna Säpo anunció este lunes que estaba investigando varios vuelos de drones sobre plantas de energía nuclear.

Säpo "reanudó la investigación preliminar sobre los incidentes con drones que tuvieron como objetivo las plantas de energía nuclear de Forsmark, Ringhals y Oskarshamn" el viernes por la noche, dijo en un comunicado.

La policía anunció el sábado que había recibido informes de drones de origen desconocido que volaban sobre varias plantas de energía nuclear, pero no realizó arrestos.

La Säpo dictaminó el lunes que dichos vuelos de drones deben ser investigados más a fondo por sospecha de "manejo no autorizado de información secreta", sin dar más detalles sobre el origen de estos drones.


Militares patrullan las calles de Visby TT NEWS AGENCY / Reuters

Según el tabloide Aftonbladet, también se vio un "dron militar" sobrevolando el parlamento sueco y los edificios gubernamentales, así como el palacio real en el centro de Estocolmo el sábado. “No era un pequeño dron de hélice, sino un gran dron con una envergadura de al menos dos metros”, dijo una fuente al periódico.

La tensión entre Suecia y Rusia se ha incrementado en los últimos años, coincidiendo con el estallido del conflicto ruso-ucraniano, con denuncias mutuas de violaciones del espacio aéreo, sobre todo por el lado sueco.

El episodio más grave se produjo en 2014, cuando Estocolmo informó de una violación de su territorio por un supuesto submarino extranjero, apuntando de forma indirecta a Rusia, pero la principal prueba, unas fotos tomadas por particulares, fue descartada meses más tarde.

Suecia ha intensificado en los últimos años su colaboración con la OTAN, de la que es país asociado, y ha aprobado varias partidas adicionales para aumentar el presupuesto en esa área.

Además se ha enviado por primera vez en casi tres lustros un destacamento permanente a Gotland, se ha restablecido el servicio militar obligatorio, permitido el despliegue de tropas de la OTAN en territorio sueco y reeditado una guía con información sobre cómo actuar en caso de emergencia o invasión militar.

Las fuerzas armadas suecas convocaron en 2018 a los 22.000 miembros de la Guardia Nacional, un cuerpo permanente de reservistas voluntarios, para comprobar su capacidad de movilización, una medida que no se aplicaba desde 1975.

martes, 3 de agosto de 2021

Xi Jinping amenaza a la Royal Navy: Hundan por favor el HMS Queen Elizabeth

El régimen de Xi Jinping amenazó al portaaviones más grande del Reino Unido mientras circulaba por aguas internacionales del Mar del Sur de China

El HMS Queen Elizabeth ejerció su libertad de navegación junto a sus ocho escoltas. Los medios estatales de Beijing dijeron que podría recibir “una paliza” si realiza algún “movimiento sustancial”

El portaaviones Queen Elizabeth acarrea aviones caza F-35B Lightning II (REUTERS/Yiannis Kourtoglou)

China amenazó con propinar “una paliza” al Reino Unido si los buques de guerra británicos desafían el reclamo de Beijing sobre el Mar del Sur de China, también llamado mar de China Meridional.

El HMS Queen Elizabeth y sus escoltas llegaron a las aguas en disputa el jueves dispuestos a navegar junto con otros ocho buques en lo que representa una demostración de fuerza ante el presidente del régimen chino, Xi Jinping.

Los medios de comunicación estatales chinos advirtieron que cualquier movimiento que se considere un desafío a las islas que reclama Beijing podría resultar un problema para el Reino Unido, para quien piden castigo.

(Royal Navy)

El redactor jefe del diario estatal Global Times, Hu Xijin, dijo que China “daría un ejemplo” ante cualquier incursión británica en aguas reclamadas por Beijing.

Los barcos estadounidenses han entrado en repetidas ocasiones en el límite de 19 kilómetros náuticos de los islotes chinos en el Mar de China Meridional, y el régimen ha ejercido la máxima contención, afirmó el periodista.

“Pero esto no significa que vayamos a tolerar tales provocaciones durante mucho tiempo, y definitivamente no significa que los aliados de EE.UU. puedan imitar los peligrosos actos de Washington”, agregó.

FOTO DE ARCHIVO: El destructor de misiles guiados USS Curtis Wilbur de la Marina de los Estados Unidos patrulla en el Mar de Filipinas en esta fotografía de archivo del 15 de agosto de 2013. REUTERS / EE. UU. Navy / Mass Communication Specialist 3rd Class Declan Barnes / Handout via Reuters /

“Para decirlo con precisión, si el Reino Unido quiere jugar el papel de coaccionar a China en el Mar de China Meridional, entonces está siendo un fastidio. Si realiza algún movimiento sustancial, está pidiendo una paliza”, dice la publicación del diario.

Beijing luego bajó el tono de las declaraciones del periodista, y dijo que el Reino Unido “se está degradando” al intentar tener una presencia militar en el Mar de China Meridional.

Global Times más tarde advirtió que cualquier “acción real” contra China significará una “derrota” para los buques de guerra británicos, y aconsejó a todos los demás países de fuera de la región que se mantengan alejados de esta confrontación para evitar “lesiones accidentales”.

El presidente de China, Xi Jinping. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins/Foto de archivo

China también redobló sus amenazas de “expulsar” a los buques de guerra británicos de algunas zonas del Mar del Sur, advirtiendo que Beijing “probablemente intensificará” los intentos para exigir su retirada.

Po su parte, un académico chino declaró el jueves a los medios de comunicación estatales que “China recibe a los amigos con vino, pero trata a los lobos con una escopeta”, según Daily Mail.

La respuesta del Reino Unido

El gobierno británico aseguró que no tiene planes de organizar una confrontación naval con el régimen de Xi Jinping en el Mar de China Meridional y que pretende enviar su grupo de ataque de portaaviones por la ruta más directa a través de la disputada masa de agua desde Singapur hasta el Mar de Filipinas, de acuerdo al medio The Guardian.

Fuentes de defensa británicas dijeron que el HMS Queen Elizabeth navegaría a “decenas de kilómetros” de las disputadas islas Spratly y Paracel, reclamadas por China. El portaaviones y los buques aliados llegaron al Mar de China Meridional a principios de esta semana y se espera que se retiren el sábado.

Según The Guardian, el Queen Elizabeth y sus buques de apoyo participarán en ejercicios con Estados Unidos, Australia, Francia y Japón en el mar de Filipinas, en una demostración de fuerza multinacional dirigida contra Beijing.

 


jueves, 29 de julio de 2021

Disputa fronteriza sino-india: Cuánto es culpa del imperio británico

Cómo la historia imperial británica da (y no) da forma a la disputa fronteriza entre China y la India

Myra MacDonald || War on the Rocks




Kyle J. Gardner, The Frontier Complex: Geopolitics and the Making of the India-China Border, 1846-1962 (Cambridge University Press, 2021)



Cuando el primer inglés visitó Leh, la capital de Ladakh en el noroeste de la India, a principios del siglo XIX, rápidamente reconoció la importancia estratégica de la región. No solo era un conducto importante para el comercio con Asia Central, sino que su posición en la frontera de la India significaba que podía usarse como "un fuerte trabajo contra un enemigo del norte". William Moorcroft, un veterinario que trabajaba para la Compañía de las Indias Orientales, firmó un acuerdo con el gobernante de Ladakh en el que este último prometía lealtad a Gran Bretaña a cambio de protección. El acuerdo, sin embargo, fue repudiado por los amos británicos de Moorcroft que no estaban dispuestos a alienar al entonces poderoso imperio sij que controlaba la vecina Cachemira y reclamaba derechos sobre Ladakh. Así comenzó más de un siglo de ambivalencia británica sobre Ladakh. Fue un período en el que la Gran Bretaña imperial ejerció un poder enorme y al mismo tiempo sufrió de lo que Moorcroft se quejó de "aprensión fuera de lugar y timidez innecesaria" al tomar medidas decisivas para establecer el estatus de Ladakh.

El enredo británico con Ladakh, desde la visita de Moorcroft en 1820 hasta la salida británica de la India en 1947, es un telón de fondo esencial para dar sentido a la fricción actual a lo largo de la frontera chino-india. Los funcionarios británicos fueron los primeros en intentar definir fronteras lineales para Ladakh, trazándolas en un momento en que la China imperial estaba en retirada. No lo hicieron, dejando un legado confuso que informa gran parte de la disputa sobre la frontera chino-india hasta el día de hoy. El año pasado se produjeron los enfrentamientos más mortíferos en más de cinco décadas entre las tropas indias y chinas en la periferia de Ladakh. Las tensiones continúan aumentando en la Línea de Control Real, la frontera en disputa nacida de una guerra fronteriza de 1962 en la que China infligió una humillante derrota a India. Dado que Ladakh se encuentra entre la frontera chino-india y la Línea de Control que divide la disputada Cachemira, también aumentan las preocupaciones en India de que eventualmente pueda enfrentar una guerra en dos frentes tanto contra China como contra su aliado Pakistán.

A medida que Estados Unidos se acerca a la India y busca restringir a China, es probable que se vea cada vez más involucrado en la disputa fronteriza entre China e India. Al hacerlo, tendrá que lidiar con la historia imperial británica, ya que de otra manera es imposible navegar por los reclamos fronterizos en competencia de India y China. Sin embargo, como argumentaré más adelante, conocer el trasfondo imperial británico es una condición necesaria pero insuficiente para comprender la frontera en disputa. Es importante destacar que omite las decisiones tomadas por China e India después del fin del dominio británico en el sur de Asia. Incluso puede ser engañoso, ya que amplifica en lugar de cuestionar la historiografía tradicional de la disputa: las historias fronterizas se han inclinado durante mucho tiempo hacia la búsqueda de explicaciones en el imperialismo británico, en parte debido al poder hegemónico del Raj, pero también debido a la mayor facilidad de acceso al inglés. -fuentes lingüísticas.

Teniendo en cuenta lo que está en juego, existe un fuerte argumento para un reexamen riguroso tanto de la historia como de la historiografía de la disputa. Esto no tiene por qué producir una reevaluación radical, aunque ciertamente debería centrarse tanto en las motivaciones e intenciones de China, la potencia dominante actual en la región, como en el papel histórico del Raj británico. Pero debería brindar la oportunidad de volver a probar todas las suposiciones. Estados Unidos entró en Afganistán hace 20 años sin comprender completamente lo que estaba asumiendo, comenzando sobre una base débil de la que nunca se ha recuperado. Al abrir un nuevo capítulo en la política exterior basada en la competencia con China, uno en el que la rivalidad chino-india jugará un papel, no debería volver a cometer el mismo error.

"El complejo de la frontera"

La última incorporación a la literatura sobre el legado imperial británico es el nuevo libro de Kyle J. Gardner, The Frontier Complex: Geopolitics and the Making of the India-China Border, 1846-1962. Utilizando una amplia gama de material de archivo y centrándose en Ladakh, Gardner documenta los métodos mediante los cuales los gobernantes imperiales británicos intentaron definir fronteras lineales en las montañas y los desiertos altos y fríos que separan el sur y el centro de Asia. En última instancia, obstaculizados por la inmensidad y la complejidad geológica de la región, los funcionarios británicos, sostiene Gardner, transformaron sin embargo la forma en que se entendía el espacio político. En un compendio de las categorizaciones utilizadas por los gobernantes imperiales británicos, desde geografía y cartografía hasta narrativas de viajes y nomenclátores, argumenta que crearon lo que él llama "el complejo fronterizo": una remodelación "westfaliana" de las fronteras en una región inadecuada para ellos. Ladakh, situada entre Xinjiang, Tibet y Cachemira, fue una vez fue un cruce de caminos para el comercio a lo largo de los afluentes de la Ruta de la Seda. Al establecer la definición de Ladakh como un territorio cerrado con fronteras lineales, los funcionarios británicos comenzaron el proceso de convertirlo de una encrucijada a una frontera. Fue este legado del imperio, sostiene Gardner, lo que da forma a las actitudes hacia la frontera entre India y China hasta el día de hoy.

Es un libro meticulosamente investigado que merece ser leído con atención. El enfoque de Gardner en Ladakh, la parte más grande pero menos poblada del antiguo estado principesco de Jammu y Cachemira, es particularmente bienvenido. Complementa las historias existentes de la disputa fronteriza, entre ellas libros de Alastair Lamb y Neville Maxwell, que también se centraron en la creación de fronteras británica en el siglo XIX. Sin duda, es una historia académica y aquellos que buscan respuestas políticas inmediatas sobre dónde debería correr la frontera en disputa podrían sentirse decepcionados. El libro de Gardner respalda investigaciones anteriores que sugieren que no hay nada en los registros históricos que respalden las afirmaciones de India o China sobre Aksai Chin, el desierto alto y frío desolado y apenas habitado en la periferia de Ladakh que ha alimentado las tensiones fronterizas desde la década de 1950. El valor del libro, sin embargo, es sacar a la superficie algunas de las suposiciones menos obvias en la visión británica de la región, suposiciones que continúan ejerciendo una influencia en la actualidad.

Sin embargo, precisamente porque es un libro tan bien investigado, eso hace que sea más fácil de criticar. Si bien no hay razón para cuestionar su precisión histórica, proporciona una base sólida para volver a examinar la historiografía de la disputa fronteriza entre India y China. A veces, la necesidad del libro de mantener un hilo narrativo sobre la influencia de la geopolítica imperial británica sugiere una mayor coherencia histórica que la que tenía. Como se señaló anteriormente, ignora las decisiones tomadas por la India independiente. También oscurece el papel de la China comunista en preparar el escenario para la disputa fronteriza al afirmar el control chino sobre su periferia, basado en parte en los reclamos imperiales chinos.

El principio de la cuenca

Parte de la historia cubierta en el libro de Gardner está bien establecida. Tras la creación del estado principesco de Jammu y Cachemira bajo la soberanía británica en 1846, los funcionarios británicos intentaron por primera vez definir fronteras claras para Ladakh. Antes de eso, los tratados precoloniales permitían que los puestos aduaneros recaudaran aranceles sobre el comercio, pero también aceptaban una noción de soberanía más multicapa al enfatizar el comercio y otros vínculos, y no había fronteras lineales. Al principio, los funcionarios imperiales británicos creyeron que podían adoptar lo que parecía ser un sistema lógico para delimitar las fronteras. Estos seguirían la cuenca hidrográfica: las altas cadenas montañosas que separan las aguas que fluyen hacia diferentes sistemas fluviales. Pero este principio decisivo era demasiado simplista para la inmensa y, en ese momento, poco conocida maraña de montañas y desiertos entre el sur y el centro de Asia. Para empezar, tendía a asumir cadenas montañosas perfectamente alineadas, mientras ignoraba los espolones perpendiculares que salían de la cordillera del Himalaya central. Un problema aún mayor surgió al decidir una frontera para Aksai Chin, ya que no ofrecía una cadena montañosa clara sobre la cual imponer tal línea. Gran Bretaña consideró varias opciones, entre ellas la línea Ardagh-Johnson que se remonta a 1865 e incluía la mayor parte de Aksai Chin en Ladakh, y la más modesta línea Macartney-MacDonald de 1899. Estas nunca fueron acordadas internacionalmente y cuando terminó el gobierno británico , Los mapas británicos no mostraban fronteras allí, sino que se basaban en un lavado amarillo que se desvanecía hacia el norte y el este. Con el colapso de la hegemonía británica, tanto India como China reclamaron Aksai Chin, entonces tierra de nadie, y los dos países terminaron en guerra en 1962. La victoria de China le permitió ocupar Aksai Chin y crear el primer límite en la región, la Línea de Control Real.

El libro de Gardner amplía esta historia establecida al dibujar la creación de fronteras británicas en un todo coherente, uno en el que una forma híbrida de geografía y política imperial, la geopolítica, replanteó la forma en que se imaginaban Ladakh y la región circundante. Esta reasignación incluyó de todo, desde los intentos británicos de introducir "fronteras científicas" mediante la topografía y la cartografía, hasta las estadísticas y la clasificación de personas en categorías definidas de etnografía y lingüística. Ignoró el movimiento transfronterizo tradicional de personas, entre ellos comerciantes de caravanas, nómadas y peregrinos, al tiempo que priorizó la seguridad imperial. "Si bien el Imperio Británico finalmente no lograría definir sus fronteras territoriales en el noroeste del Himalaya", escribe Gardner, "legó a sus estados-nación sucesores una concepción del espacio político que convirtió las fronteras en objetos de importancia existencial".

En lo que diferiría de Gardner, y esto es en parte una cuestión de énfasis, sería en la medida en que la influencia británica en las fronteras marcó una clara ruptura con el pasado. Como con otras partes del imperio, los legisladores británicos intentaron adaptarse a las tradiciones indígenas al tiempo que introducían sus propias prácticas. El movimiento de personas entre regiones, por ejemplo, continuó hasta la Segunda Guerra Mundial y las líneas fronterizas provisionales nunca fueron demarcadas ni militarizadas, quedando no más que líneas en los mapas. Los funcionarios imperiales también decidieron no poner fin a la "misión Lopchak", una caravana que llevaba obsequios al Dalai Lama en un tributo bienal de Ladakh al Tíbet acordado en el siglo XVII. Aunque los funcionarios británicos temían que esta misión, que reflejaba el sistema imperial Qing de tributos de estados inferiores, pudiera socavar la supremacía británica, dejaron que continuara hasta 1950.

Las historias del imperialismo británico también pueden hacer que las políticas y los enfoques británicos parezcan más coherentes de lo que realmente eran. A pesar del indudable poder del país, la creación de fronteras británica en Ladakh estuvo marcada por la confusión y la incertidumbre, tanto sobre la naturaleza del terreno como sobre las intenciones de una Rusia zarista expansionista en el norte. Los cambios en el liderazgo y las diferentes personalidades también influyeron, lo que llevó a frecuentes revisiones de las políticas. Al leer viejas memorias de la época, queda claro que a veces los funcionarios británicos podían ser oficiosos hasta el punto de la ridiculez; en otras, eran muy conscientes de sus limitaciones. El resultado, sin embargo, fue que las fronteras permanecieron fluidas hasta el momento en que terminó el dominio británico en la India. A diferencia de sus estados sucesores, la Gran Bretaña imperial tenía la ventaja de poder permitirse la ambigüedad en las fronteras. Tenía el poder diplomático, económico y militar para hacer cumplir su mandato sin fronteras fijas. Pero también significó que la vida y el movimiento de personas entre regiones continuaron como antes. Incluso cuando comencé a visitar Ladakh hace dos décadas, todavía se podían encontrar ancianos hablando con nostalgia sobre los días en que no había fronteras.

Una ruptura mucho más grande

Podría decirse que una ruptura mucho mayor en los vínculos superpuestos entre Ladakh y sus vecinos no se produjo con el Imperio Británico, sino con el triunfo de los comunistas en 1949 en la guerra civil en China. Esto, a su vez, condujo a una reafirmación del poder central y la toma del Tíbet por parte de China, que culminó con un levantamiento contra el dominio chino en 1959 y la huida del Dalai Lama a la India. En la década de 1950, China también comenzó a construir una carretera a través de Aksai Chin para ayudarlo a trasladar tropas de Xinjiang al Tíbet, lo que provocó las campanas de alarma en India, que intentó y no pudo hacer valer su propio derecho a la región en el período previo a la guerra de 1962. .

El juicio histórico sobre esa guerra ha sido tradicionalmente que India tuvo la culpa de precipitarla al reclamar el Aksai Chin, basado en la nebulosa línea imperial británica Ardagh-Johnson. Solo hace relativamente poco tiempo que algunos han comenzado a cuestionar esa historia. El periodista sueco Bertil Lintner, por ejemplo, publicó un libro hace tres años culpando a China de la guerra, argumentando que Mao Zedong buscaba una distracción doméstica después de la desastrosa hambruna causada por el "Gran Salto Adelante" y buscaba una excusa para cortar India. a la medida. No es el lugar aquí para pronunciarse sobre esta disputada historia y, para ser justos, la guerra de 1962 en sí no es el tema del libro de Gardner. Pero ciertamente sería un lugar importante para comenzar a repensar la historiografía de la disputa fronteriza entre China y la India. A medida que avanzan los puntos de inflexión históricos, la guerra de 1962 fue una de las más importantes en la historia del siglo XX: antes de la guerra, India había aspirado a heredar el papel de Gran Bretaña como potencia líder en la región, pero después de su derrota quedó en segundo lugar. por China. También vale la pena señalar que cualquiera que sea la explicación de la guerra, el cierre de las fronteras de Ladakh no se produjo durante el período imperial británico, sino después de que el dominio británico terminó en 1947. En su determinación de afirmar el control sobre Xinjiang y el Tíbet, China ha cerrado ambas regiones no sólo al vecino Ladakh, pero a gran parte del mundo exterior.

La India independiente también ha tomado decisiones que no se derivan directamente del legado imperial británico. Era completamente razonable que la India recién independizada y dividida fuera mucho más insegura acerca de sus fronteras de lo que lo había sido el Raj británico. Sin embargo, también optó por combinar sus reclamos fronterizos con el honor nacional: al describir el reclamo de la India sobre los Aksai Chin, el entonces primer ministro Jawaharlal Nehru insistió en que el orgullo nacional y la autoestima del país estaban en juego. Esta combinación del orgullo nacional con las fronteras persiste hasta el día de hoy en una mentalidad de que "ni una pulgada de tierra" debe cederse al otro lado, lo que dificulta la búsqueda de compromisos pragmáticos para lograr fronteras militarmente defendibles.

India también abandonó una estrategia que había heredado del Imperio Británico de dejar los caminos de tierra que conducen a la frontera sin mejorar intencionalmente para evitar proporcionar un fácil acceso a cualquier ejército invasor. Alrededor de 2006, la India comenzó a construir carreteras militares y otras infraestructuras hasta la Línea de Control Real. Como he argumentado en mi propio libro, no está nada claro si esta construcción de infraestructura, que supuestamente alarmó a China, en realidad hizo que las fronteras indias fueran más seguras o, en cambio, dio más que defender al sobrecargado ejército indio. Luego, en 2019, el gobierno indio hizo lo que Moorcroft había sugerido dos siglos antes: tomó a Ladakh bajo control directo, separándola de la vecina Cachemira después de anular efectivamente la autonomía del estado de Jammu y Cachemira. Gardner escribe que la Gran Bretaña imperial consideró regularmente tomar Ladakh bajo control directo debido a su estado anómalo, dados sus vínculos tradicionales tanto con el Tíbet como con Cachemira. Al final, se fue bien. La medida india provocó fuertes críticas de Beijing y probablemente dio forma al enfoque de China el año pasado hacia la frontera en disputa.

Ambigüedad accidental

En ausencia de una historia contrafactual, es difícil evaluar con certeza el alcance exacto del papel británico en la configuración de las condiciones en la actualidad. Definitivamente vale la pena explorarlo para volver a probar los supuestos que ayudan a impulsar la volatilidad en la frontera y buscar lecciones para cualquier futuro asentamiento fronterizo. Ciertamente, la historia sugiere que aquellos funcionarios británicos que creían que la búsqueda de fronteras lineales y asentadas traería la paz estaban equivocados. En todo caso, trazar líneas en los mapas ha tendido a aumentar, en lugar de reducir, el riesgo de conflicto en la región. En cambio, la ambigüedad accidental de la Gran Bretaña imperial, una que permitió el movimiento transfronterizo de personas mientras evitaba una sólida red de carreteras fronterizas y fronteras militarizadas, puede resultar un modelo más útil para emular.

Al mismo tiempo, demasiado enfoque en el papel del Imperio Británico puede llevar a una visión demasiado determinista de la historia que corre el riesgo de presentar a la India y China modernas como víctimas de las maquinaciones imperiales británicas en lugar de actores por derecho propio. También ha sesgado la historiografía para poner en primer plano el lado indio de la frontera, mientras que las acciones y decisiones chinas pasan a un segundo plano. Por supuesto, es eminentemente sensato centrarse en el actor más poderoso de la región y antes de 1947 que era la Gran Bretaña imperial. Sin embargo, ese ya no es el caso. Ahora que China es la potencia preeminente en Asia, es hora de repensar las historiografías ancladas en el Imperio Británico y considerar en cambio cómo Beijing está remodelando el mapa político de la región con su propia geopolítica.

Tal revisión no producirá soluciones políticas de la noche a la mañana y tampoco debería tener la intención de hacerlo. Lo que puede hacer es examinar las lecciones de la historia y separar las correctas de las incorrectas. El legado británico de intentar, y fracasar, trazar fronteras lineales es ciertamente en parte responsable del conflicto fronterizo. Pero los funcionarios británicos también hicieron algunas cosas bien, por accidente o intencionalmente. Permitieron a los comerciantes, nómadas y otros moverse libremente entre Ladakh y sus vecinos. Tal libre circulación puede parecer utópica en las circunstancias actuales, pero sería un ideal al que aspirar a muy largo plazo. Su disposición a dejar que el duro terreno haga el trabajo de brindar defensa, por ejemplo, dejando los caminos fronterizos sin mejorar intencionalmente, merece consideración al determinar cómo lograr fronteras defendibles hoy. Finalmente, al examinar el legado imperial británico, uno debe tener cuidado de restar importancia a la vista desde el lado chino de la frontera, o ignorar el papel de Beijing en la preparación del escenario para el conflicto fronterizo con su ocupación del Tíbet y la construcción de una carretera militar a través de la frontera. Aksai Chin en la década de 1950.

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