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domingo, 17 de octubre de 2021

Nicaragua: La miseria humana del ejército frente a la dictadura del pedófilo de Ortega

La neutralidad del ejército nicaragüense como cuestión de género

Los comportamientos machistas dentro del Ejército y de las estructuras del Frente Sandinista de Liberación Nacional

Daniel Ortega acompañado de general Julio César Avilés, jefe del Ejército de Nicaragua, y Rosario Murillo, su esposa y vicepresidenta del país. (Foto de 19 Digital)

En el verano del 2015, visité el Centro Superior de Estudios Militares General de División, José Dolores Estrada (CSEM) donde el busto que se donara del Gral. José de San Martín se erguiría en la Plaza de los héroes militares latinoamericanos. Escoltado por la cadete del segundo año de la formación de oficial militar, luego de escuchar sobre materias y exámenes que se rinden al ingresar a la Academia militar, me sorprendió su comentario: “A las cadetas de 1er. y 2do. año les está vedado el derecho a mantener relaciones interpersonales y, constituye falta grave el embarazo, mientras que la primer prohibición no aplica a las relaciones interpersonales de cadetes varones, ellos pueden tener mujer y, en algunos casos hijos, por fuera de la Academia”. Por cierto, una doble discriminación contra las cadetas.

Silvia Tórrez se integró al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en 1973. Silvia comentó en la entrevista consignada en La Corriente que los comportamientos machistas también predominaban dentro de las estructuras del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el actual partido de gobierno del régimen del Presidente Daniel Ortega y la Vicepresidenta, Murillo, su conyuge, “por una lado exigían que fuéramos guerrilleras, pero por otro lado que fueras la mujer pura y la mujer buena. Para algunos guerrilleros no podías ser su novia, su novia era la que no era aventada. Se nos exigía que nos comportáramos igual que los hombres pero que fuéramos sumisas”. Asimismo, “después de la revolución desde la propia estructura del FSLN (…) pidieron a las lesbianas que se callarán para no dar una mala imagen de la revolución (sandinista), que debíamos esperar por todos nuestros derechos hasta que el socialismo estuviera completamente construido”.

También los homosexuales siguen hoy vedados al ingreso en la Academia militar, y si alguno osara, resultaría inmediatamente dado de baja deshonrosa. Así, le sucedió a un joven homosexual a quien le formaron la valla de la deshonra mientras era desalojado de la institución castrense de forma humillante y vergonzosa. Los homosexuales y las cadetas pierden por goleada y los heteros corren con ventajas en esta academia militar.

Durante dicha visita al CSEM, su Director destacó el origen guerrillero y popular del ejército nica y señaló el papel que este jugó para derrocar la dictadura somocista. Sin embargo, ese mismo ejército quedó impávido frente a las “camisetas azules” - grupos paramilitares - que provistos de armas y munición de guerra, fueron instrumento del terror político orteguista, cometiendo crímenes de lesa humanidad contra el pueblo nicaragüense en la crisis social y política que estalló el 18 de abril del 2018.

El régimen de Daniel Ortega organizó un ejército paramilitar para contener la rebelión de abril 2018

En medio de los momentos más crudos de la represión, el Ejército emitió sendos comunicados del 21 de abril, del 12 de mayo del 2018 para desmentir su participación en hechos de violencia y la nota de prensa del 30 del mismo mes donde expresa su respaldo al diálogo y su protección de las entidades y objetos estratégicos vitales para el funcionamiento del país. Una lectura de dichos comunicados es que no saldría a reprimir y así lo han recordado algunos exjefes del mismo ejército, a pesar de que en repetidas ocasiones el Jefe del Ejército, recibió cartas desde la sociedad civil en las que le solicitaron el desarme de los paramilitares. Sin embargo, no dio respuesta alguna. Desde entonces, el Ejercito del pueblo, se ha mantenido al margen de lo que consideran un problema de orden público, a pesar del reclamo de la sociedad civil de que desarmaran a los grupos paramilitares que reprimieron en complicidad con la Policía.

La Constitución política de Nicaragua, en su artículo 95, establece que “no puede existir más cuerpos armados en el territorio nacional que los establecidos en la Constitución, ni grados militares que los establecidos por la ley”. El ejército es la única institución armada que puede existir dentro del territorio de Nicaragua. Asimismo, el artículo 2 de la ley 855 establece que una de las 20 funciones del ejército es “disponer de sus fuerzas y medios para combatir las amenazas a la seguridad y defensa nacional, y cualquier actividad ilícita que pongan en peligro la existencia del Estado nicaragüense, sus instituciones y los principios fundamentales de la nación”.

Como corolario queda la certeza que ese mismo ejercito habría sido capaz de desarmar a las hordas paramilitares si hubiera estado en manos de una Generala, más proclive a proteger a los jóvenes, hijos de la patria, que en sostener una culposa neutralidad institucional que conlleva a una complicidad en contra del pueblo, elementos constitutivo del Estado de Nicaragua.

 




lunes, 28 de junio de 2021

Nicaragua y el peronismo centroamericano

El odio más implacable

La comedia humana


 John Carlin || La Vanguardia




Traición, revolución, dinastía, incesto, asesinato, locura, un pacto con el diablo, una protagonista cruel, delirante y desquiciada: el guion del drama que vive Nicaragua lo tiene todo. El desafío sería cómo integrar tantos géneros –surrealismo, sátira, farsa y tragedia– en una sola obra.

Acepto el desafío. Viví en Nicaragua y conozco bien a algunos de los personajes reales. El título que sugeriría sería Tabú . Aquí va un esbozo.

La historia recorrería más de medio siglo hasta el presente y comenzaría en la época del dictador Anastasio Somoza. Arrancaríamos en 1966 con la seducción de nuestra protagonista, una chica de 15 años, por un hombre más mayor. Ella pertenece a la clase media nicaragüense y se llama Rosario Murillo. Acto seguido, 1967: Murillo da a luz a una hija, a la que le pone el nombre de Zoilamérica. Tiene otro hijo con el mismo hombre.

1972: devastador terremoto en Managua, la capital nicaragüense. Muere bajo los escombros el más pequeño de los niños. Murillo, traumatizada.

1973: redacción de un periódico, Murillo ante una máquina de escribir. Trabaja como secretaria de Pedro Joaquín Chamorro, director del diario opositor La Prensa , y firma artículos críticos con el régimen somocista. En una celda somocista un dirigente sandinista llamado Daniel Ortega la lee con fruición. Oriol Malet

1977: maletas, autocar: Ortega liberado, se exilia en Costa Rica; Murillo también huye al vecino país. Se enamoran. Ortega formalmente adopta a Zoilamérica.

1978: el cadáver sangriento de un hombre dentro de un coche: el régimen asesina a Pedro Joaquín Cha­morro.

1979: insurrección (banderas, armas, multitudes) y sandinismo al poder. Ortega triunfante: tuvo mínima participación en la contienda militar pero es un astuto político y se convierte en el máximo líder de la revolución. Murillo no deja su lado; tienen siete hijos juntos.

1980: jóvenes europeos desembarcan en el aeropuerto de Managua y se dirigen a las montañas a participar en una campaña nacional de alfabetización. El sandinismo encandila a la izquierda internacional.

1981: imagen televisiva del presidente Ronald Reagan. El Gobierno estadounidense declara la guerra a Nicaragua. Financia la contrarrevolución.

1990: multitudes votando. Harto de la guerra, de un creciente autoritarismo sandinista y de un enfrentamiento permanente del Gobierno con la Iglesia católica, el electorado expulsa a Ortega del poder. Imagen de señora burguesa de pelo gris, sonriente: la nueva presidenta, amiga de Estados Unidos, Violeta Chamorro, viuda del periodista asesinado. Murillo y Ortega, desconsolados, se abrazan a solas. Ella vive su segunda pérdida traumática.
El guion del drama que vive Nicaragua reúne todos los géneros: farsa, surrealismo, sátira y tragedia

1998: imagen de mujer joven de tez morena hablando a la prensa. Zoilamérica, la hija de Murillo, acusa a su padrastro de abuso sexual cuando ella tenía once años, de violación repetida a partir de los quince. Los Ortega-Murillo viven su propio terremoto. Ella, sola en su habitación, fumando un cigarrillo tras otro. Tiene el destino de su marido en sus manos. ¿A quién defender? ¿A su Daniel o a su primogénita? Opta por un pacto con el diablo. Antepone la ambición del poder al amor materno. Vende su alma. Murillo denuncia a su hija. Dice que miente, que está loca. El proceso judicial contra Ortega se cae. Zoilamérica abandona Nicaragua. Ortega, llorando, se arrodilla ante su mujer y le besa los pies. Ella sonríe. Sabe que por el resto de sus días su marido será su rehén.

2000: Murillo detrás de Ortega sentado en su despacho. Se convierte en asesora, mentora, estratega, Svengali de su marido, cuya imagen pública transforma. Él es su muñeco.

2007: imagen del interior de una iglesia, Ortega y Murillo de rodillas, un obispo celebra misa; hay elecciones, Ortega se presenta como un ferviente defensor de la Iglesia católica, de la propiedad privada, de la prensa y de la paz, y recupera la presidencia. La única de las promesas que acaba cumpliendo es la religiosa.

2011: Murillo rezando en un mitin político. No deja de invocar a Dios y la Virgen, presentándose como una santa iluminada, una Bernardita de Lourdes, promesas de milagros incluidas. Elecciones y Ortega vuelve a ganar.

2017: entre gritos de fraude, Ortega y Murillo celebran su tercera victoria electoral consecutiva. Ortega la proclama vicepresidenta de la nación. Ella deja de ser el poder en la sombra. Imagen de él enfermo en la cama, decrépito y viejo; ella, despachando órdenes a gritos en la casa presidencial.

2018: pancartas en la universidad, estudiantes se lanzan a la calle a protestar. Murillo y su marido portavoz declaran que es un intento de golpe de Estado del “imperialismo yanqui”. Barricadas, disparos, jóvenes caídos. Las fuerzas de seguridad matan a 328 personas.

3 de junio del 2021: la policía allana la casa de una mujer furibunda. La detención de Cristiana Chamorro, hija de Violeta y Pedro Joaquín y la principal candidata opositora en las elecciones presidenciales que se celebran en noviembre de este año. Reunión en la casa de un opositor del régimen: corre el rumor de que Ortega ha muerto; tanta impulsividad no cuadra, asienten, con el pragmatismo negociador que antes lo había caracterizado. Todo tiene su origen, opinan, en la paranoia, la venganza y el odio que encarna la Rosario. Más allanamientos. La policía de­tiene a catorce figuras políticas más, antiguos héroes guerrilleros sandinistas incluidos.

22 de junio del 2021: un hombre guarda un disco duro en su maleta, se fuga de su casa en la noche y cruza la frontera. Es el periodista opositor Carlos Fernando Chamorro, el hermano de Cristiana, el hijo del periodista que Somoza asesinó. La familia Chamorro sabe los secretos de Murillo y su vendetta contra ellos no cesa.

23 de junio del 2021: Ortega, apenas visto hace meses, aparece en público. La titiritera pone las palabras en su boca. Ya ni se disimula el principio de la presunción de inocencia. “Aquí se está juzgando a criminales…”, declara. Murillo dirige una mueca cómplice a un alto oficial de la policía. Convertido en una caricatura de la figura romántica que una vez fue, Ortega interpreta el papel secundario en una sórdida opereta.

Última escena: extracto de una entrevista real que Zoilamérica concedió a la BBC en 2019 desde su casa en Costa Rica. ¿Teme a Ortega? “No. Pero a mi madre sí le tengo miedo. Una persona con semejante ob­sesión por el poder es capaz de cualquier ­cosa”.
La historia para una posible película se centraría en la ambición de poder de Rosario Murillo

Y así acabaría mi esqueleto de guion. Solo agregaría una idea que el director podría tener en mente. Este proyecto de película trata la ambición del poder, sí. Pero en el fondo hay algo más oscuro. Es una exploración del odio, del más implacable, el que respira Rosario Murillo: el odio contra uno mismo.




jueves, 23 de julio de 2020

Derrocando la dictadura nicaragüense

En Nicaragua se prueba que sacar al dictador no basta, hay que terminar con la dictadura

Por Carlos Sánchez Berzain
Infobae



En la imagen, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. EFE/Jorge Torres/Archivo

Este 19 de julio se cumplen 41 años del ingreso de los guerrilleros sandinistas a Managua derrotando la dictadura de Somoza pero iniciando lo que es hoy la dictadura del castrochavismo. Con la derrota electoral del sandinismo de 1990 se llegó a creer en el fin de la dictadura en Nicaragua, pero solo había salido el dictador y se quedó el sistema dictatorial. Cuando la dictadura de Cuba recuperó su capacidad de operación, retornó el dictador que detenta el poder desde 2007, demostrando que la salida del dictador no basta, es imprescindible terminar la dictadura.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) fue fundado como una “organización política-militar de izquierda” en 1961, parte de la expansión de la dictadura de Fidel Castro de Cuba. Su denominación inicial fue “Frente de Liberación Nacional” FLN, como copia del Frente de Liberación de Argelia, ambos impulsados por el régimen cubano. Detentaron el poder en Nicaragua de 1979 a 1990. En 1983 se “transformaron” en partido político. La dictadura sandinista llevó a la confrontación armada con los “contras”.

Derrotado Daniel Ortega en las elecciones del 25 de febrero de 1990 con el triunfo de Violeta de Chamorro por el 54,74% de votos, lo que determinaba la salida del dictador, se firmó el “Protocolo de Transición” del 27 de marzo de 1990, un acuerdo para la transferencia del mando presidencial, con “el reconocimiento de las elecciones como base para la construcción de la democracia y la paz”, pero que garantizaba la permanencia de la dictadura pues otorgaba “seguridad jurídica a los beneficiarios de donaciones estatales de propiedades urbanas y rurales” asignadas por el régimen sandinista antes del 25 de febrero de 1990, y el “respeto a los rangos, escalafones y mandos del Ejército, incluyendo la permanencia de Humberto Ortega con General en Jefe del Ejército”.

La dictadura sandinista de Ortega nunca dejó el poder en Nicaragua. En 1990 salió el dictador pero no la dictadura, pues mantuvo sus normas, protegió “la piñata” garantizando la usurpación criminal de bienes que había realizado a sus miembros, dio impunidad a la corrupción del dictador y su grupo delictivo, mantuvo el control de su Ejército que nunca fue de la Nación, y se quedó como parte del sistema político simulando democracia -como garantía de impunidad- hasta que tuvo la oportunidad de tomar nuevamente el mando y reinstalar al dictador.

Daniel Ortega retomó la presidencia en 2007 por elecciones del 5 de noviembre de 2006 con 38.07 % de votos y solo 61.23% de participación. Luego implementó la liquidación de la oposición con perseguidos y presos políticos, destruyó la institucionalidad democrática, sometió a su control todos los poderes del Estado, creó su “oposición funcional” a cambio de impunidad y corrupción, reinstituyó su sistema de violación de derechos humanos y libertades individuales e hizo de Nicaragua una “dictadura electoralista” y un narcoestado.

El pueblo de Nicaragua creyó hace 41 años que salía de la dictadura y la historia acredita que solo pasó de una dictadura a otra peor. Las masacres de 2019 realizadas por Daniel Ortega y Rosario Murillo con mas de 500 muertos, miles de presos políticos, torturados y mas de 100.000 exiliados, lo demuestran. En el 41 aniversario de la denominada revolución sandinista, se constata que son mas de 4 décadas de control de la dictadura de Cuba en Nicaragua, porque cuando se sacó al dictador se les permitió mantener la dictadura.

El drama del pueblo de Nicaragua de sacar al dictador pero no a la dictadura es un precedente para Venezuela y Cuba y se reproduce hoy en Bolivia que el próximo 6 de septiembre pretende repetir “elecciones en dictadura” luego de la salida del dictador Evo Morales. Bolivia va a elecciones con la constitución, las leyes, el control de todos los poderes, el padrón electoral y todo el aparato de la dictadura castrochavista, lo que garantiza el retorno del dictador mucho mas rápido que en Nicaragua.

Cuando sale el dictador es vital terminar con la dictadura como sistema. Esto es -por lo menos- retornar a la República y al orden institucional previo a las falsificaciones del castrochavismo, no aceptar la impunidad del dictador y su grupo delictivo como parte de la recuperación de la democracia, señalar e identificar a los “opositores funcionales” con las consecuencias pertinentes, inhabilitar el instrumento político de la dictadura que es el medio criminal del dictador, restaurar la división e independencia de poderes y el “estado de derecho”, rehacer el sistema y padrón electoral y restaurar el “sufragio universal” para garantizar elecciones libres y justas.

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

lunes, 2 de marzo de 2020

Uruguay se aleja de la anti-democracia latinoamericana

Nueva política exterior de Uruguay con el presidente Lacalle Pou: repudia las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua

Por Carlos Sánchez Berzain || Infobae


Luis Lacalle Pou (REUTERS/Mariana Greif)

El nuevo presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, inicia su mandato instalando una nueva política exterior fundada en los principios y valores de la de libertad y la democracia. El cambio de la política exterior uruguaya se puso de manifiesto cuando un mes antes de asumir la Presidencia, anunció que los dictadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua no serian invitados a su posesión porque el articulo primero de la Carta Democrática Interamericana dispone que “los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”.

La política exterior está vinculada a la política interior del Estado y se entiende como “el conjunto de decisiones públicas que toma el gobierno en función de los intereses nacionales y en relación con los demás actores del sistema internacional”. La política exterior es “parte de la política general y está formada por el conjunto de decisiones y actuaciones mediante las cuales se definen los objetivos y se utilizan los medios de un Estado para generar, modificar o suspender sus relaciones con otros sujetos de la comunidad internacional”.

La decisión de no invitar a la posesión del Presidente de Uruguay a los dictadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua, Castro/Diaz Canel, Maduro y Ortega, explicándola por la vigencia y la obligación de respetar y aplicar la Carta Democrática Interamericana es un precedente de respeto a los principios de los que emana la propia legitimidad de los mandatarios y gobiernos democráticos. Es solo el cumplimiento de una carta internacional suscrita y obligatoria para todos los estados de las Américas.

La nueva política exterior de Uruguay está fundada en los principios y valores del derecho de los pueblos a la libertad, la democracia y los derechos humanos. Es la correcta en función de los intereses nacionales y un precedente que los gobiernos democráticos de las Américas deben seguir. La Carta Democrática además de establecer la democracia como un derecho de los pueblos, declara que “la democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas” y señala como primer elemento esencial “el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

Lo que el nuevo presidente de Uruguay hace, no es solo el cambio de la política exterior de su país, es también la proclama de lo que podemos empezar a llamar la “Doctrina Lacalle Pou”, resumida como “la obligación de los estados de las Américas de aplicar los principios y obligaciones de la Carta Democrática Interamericana evitando relaciones con regímenes dictatoriales, autoritarios y no democráticos que no cumplen los elementos esenciales de la democracia, poniéndolos en evidencia por los medios diplomáticos y públicos”.

Lacalle Pou anunció que reconocerá a Juan Guaidó como Presidente de Venezuela. Ha decidido que “Uruguay se alejará del llamado mecanismo de Montevideo”, una mesa de negociación promovida por los gobiernos de su antecesor y por el Presidente de México Andrés Manuel López Obrador para “buscar soluciones a la crisis venezolana”, pero operada en franca ayuda al mantenimiento del régimen usurpador de Nicolás Maduro y en total violación a las obligaciones asumidas en la Carta Democrática Interamericana. Es importante el apoyo a la reelección del Secretario General de la Organización de Estados Americanos, negado por el gobierno saliente pese a la nacionalidad uruguaya de Luis Almagro.

Mientras las democracias del mundo reconocen con admiración la transparencia y valentía de la nueva política exterior uruguaya y la “doctrina Lacalle Pou” se instala, la Argentina con su gobierno castrochavista Fernández/Kirchner destroza la relación histórica con Uruguay, perjudicando los intereses argentinos para defender las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

La nueva política exterior de Uruguay contribuye vigorosamente a la lucha contra las dictaduras del “castrochavismo” que bajo la jefatura de Cuba operan desde Venezuela y Nicaragua conspirando y desestabilizando las democracias de las Américas, repitiendo la vieja pero eficiente estrategia de sobrevivencia de la dictadura cubana de sostener su régimen por medio de la agresión, creación de conflictos internos, intervencionismo y derrocamiento de los gobiernos defensores de la democracia a los que considera sus enemigos.

Todo indica que las dictaduras de crimen organizado de las Américas han puesto ya como objetivo de desestabilización al gobierno democrático del Presidente Lacalle Pou, contra el que intentaran repetir los crímenes cometidos el año pasado en Ecuador, Chile, Colombia y mas.

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

Chile ruega gas y lamentablemente Argentina accede proveer a los traidores

Vaca Muerta y Chile: el plan de US$3.650 millones para exportar gas Los llorones paranoicos se calmaron   Un informe internacional proyecta...