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viernes, 13 de septiembre de 2024

Argentina: Geopolítica entre 1880-1932

Geopolítica Argentina 1880-1932

Esteban McLaren




 

La geopolítica de Argentina entre 1880 y 1932 es un tema complejo que involucra el análisis de las relaciones internacionales del país, su posición dentro de América Latina y su interacción con potencias extranjeras como el Reino Unido, Estados Unidos y Alemania. Durante este período, Argentina experimentó un profundo desarrollo económico y social, en gran parte influenciado por su inserción en la economía global y la inmigración masiva. Este reporte examinará en profundidad estos aspectos, incluyendo cómo estas relaciones internacionales y flujos migratorios moldearon el desarrollo de Argentina y su posición geopolítica.

Introducción: Argentina en la era del liberalismo oligárquico

El período de 1880 a 1932 en Argentina es conocido como la era del liberalismo oligárquico, una etapa en la que el país experimentó una transformación significativa, tanto en términos económicos como sociales. Tras la consolidación del Estado argentino luego de décadas de conflictos internos, los sucesivos gobiernos promovieron políticas que favorecían la inversión extranjera, la inmigración y la integración de Argentina en la economía global.

Durante estos años, Argentina se posicionó como una de las economías más dinámicas de América Latina, atrayendo capital extranjero, principalmente del Reino Unido, y convirtiéndose en un gran exportador de productos agropecuarios. Este crecimiento económico fue acompañado por una transformación social, marcada por la llegada de millones de inmigrantes europeos, que influyeron profundamente en la sociedad y la cultura argentinas.

Relación de Argentina con el Mundo y América Latina

Inserción en la economía global

A finales del siglo XIX y principios del XX, Argentina se insertó en la economía global como un proveedor clave de productos agropecuarios, especialmente carne y cereales. El modelo económico de la Argentina durante este período se basó en la exportación de materias primas y la importación de productos manufacturados. Este modelo de crecimiento estuvo respaldado por una relación cercana con el Reino Unido, que se convirtió en el principal socio comercial e inversor en el país.

Argentina se benefició de la expansión del comercio global durante la Pax Britannica, un período de relativa paz en Europa que permitió el crecimiento del comercio internacional. La infraestructura del país, especialmente el ferrocarril, fue desarrollada principalmente por capital británico, lo que facilitó la expansión del sector agroexportador.

Relaciones con América Latina

En términos de su relación con el resto de América Latina, Argentina mantuvo una postura ambivalente. Por un lado, buscaba consolidarse como líder regional, promoviendo la doctrina del panamericanismo, que buscaba la cooperación entre los países de las Américas. Por otro lado, las relaciones con países vecinos, como Brasil y Chile, estuvieron marcadas por tensiones, en parte debido a disputas territoriales y en parte debido a la competencia por el liderazgo regional.

A pesar de estas tensiones, Argentina logró evitar conflictos armados significativos en la región durante este período, en parte gracias a la diplomacia y a la mediación de potencias extranjeras, como el Reino Unido, que tenía interés en mantener la estabilidad en sus principales mercados y áreas de influencia.

Relación con el Reino Unido, Estados Unidos y Alemania

El Reino Unido: El principal socio económico

La relación entre Argentina y el Reino Unido durante este período fue particularmente estrecha y se basó en la complementariedad económica. Gran Bretaña, que en ese momento era la potencia industrial y financiera dominante, tenía un interés estratégico en asegurar el suministro de materias primas para su industria y alimentos para su población. Argentina, con su vasta producción agropecuaria, se convirtió en un proveedor clave.




El capital británico fue fundamental para el desarrollo de la infraestructura argentina, especialmente en la construcción de ferrocarriles, puertos y la expansión del sistema financiero. A cambio, Argentina exportaba grandes cantidades de carne, lana, y granos al Reino Unido. Esta relación asimétrica significó que la economía argentina se volvió altamente dependiente de las exportaciones y de las fluctuaciones del mercado británico.

Sin embargo, esta dependencia también tuvo sus desafíos. Por un lado, dejó a Argentina vulnerable a las crisis económicas internacionales, como la crisis de 1890, que afectó gravemente a la economía argentina. Por otro lado, la dependencia del mercado británico limitó la diversificación económica y la industrialización del país.

Estados Unidos: Una relación en evolución

En el mismo período, la relación de Argentina con Estados Unidos fue más limitada en comparación con la relación con el Reino Unido. Durante las primeras décadas del siglo XX, Estados Unidos estaba más enfocado en su propia expansión interna y en consolidar su influencia en América Central y el Caribe, lo que limitó su interés en Sudamérica.

Sin embargo, con el tiempo, Estados Unidos comenzó a ver a Argentina como un importante socio comercial y político en la región. Esto fue particularmente evidente durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen (1916-1922, 1928-1930), cuando Argentina buscó equilibrar su dependencia del Reino Unido fortaleciendo sus relaciones con otras potencias, incluido Estados Unidos. La relación con Estados Unidos también se intensificó a medida que este último comenzó a disputar la influencia británica en el hemisferio occidental.

A pesar de estos acercamientos, durante este período, Argentina mantuvo una política exterior relativamente independiente, resistiendo las presiones tanto de Estados Unidos como del Reino Unido para alinearse completamente con sus intereses.

Alemania: Un socio comercial en crecimiento

La relación entre Argentina y Alemania también se fortaleció durante este período, aunque en menor medida que con el Reino Unido. Alemania, como una potencia industrial emergente, buscaba mercados para sus productos manufacturados y materias primas para su industria. Argentina, con su creciente capacidad agroexportadora, era un socio comercial natural.

Durante la Primera Guerra Mundial, la neutralidad de Argentina le permitió continuar comerciando tanto con los Aliados como con las Potencias Centrales, aunque la guerra afectó las exportaciones debido a la interrupción de las rutas comerciales. Después de la guerra, la relación comercial con Alemania se reanudó y se expandió, aunque el Reino Unido continuó siendo el principal socio económico de Argentina.

Influencia de las Relaciones Internacionales en el Desarrollo Económico de Argentina

Las relaciones internacionales de Argentina, especialmente con el Reino Unido, tuvieron un impacto significativo en su desarrollo económico. El capital británico no solo financió la infraestructura clave del país, sino que también impulsó la modernización de la agricultura y la expansión del sistema ferroviario, lo que permitió a Argentina consolidarse como uno de los principales exportadores mundiales de productos agropecuarios.

Sin embargo, esta relación también creó una dependencia estructural que limitó la diversificación de la economía argentina. La industria nacional se desarrolló lentamente, y el país se volvió vulnerable a las fluctuaciones de los mercados internacionales, como se vio durante la Gran Depresión de 1929. La dependencia de las exportaciones agropecuarias significó que cualquier caída en los precios internacionales afectaba gravemente a la economía argentina.

Además, la falta de diversificación industrial hizo que Argentina no pudiera aprovechar plenamente su potencial económico, a pesar de ser uno de los países más ricos de América Latina en términos de recursos naturales y capacidad productiva.

El rol de la inmigración

Inmigración masiva y transformación social

Uno de los factores más importantes que moldearon la geopolítica y la economía de Argentina durante este período fue la inmigración masiva. Entre 1880 y 1930, millones de inmigrantes, principalmente de Europa, llegaron a Argentina. Los inmigrantes provenían principalmente de Italia, España, y en menor medida de otros países como Alemania, Francia y Europa del Este.

Esta inmigración tuvo un impacto profundo en la demografía, la economía y la cultura de Argentina. En términos económicos, los inmigrantes fueron fundamentales para la expansión del sector agropecuario y para el desarrollo de la industria en las ciudades. La mano de obra barata y abundante proporcionada por los inmigrantes permitió la expansión de las fronteras agrícolas y el crecimiento de la producción industrial.

Socialmente, la inmigración transformó a Argentina en una sociedad multicultural, con una mezcla de tradiciones europeas y locales. Los inmigrantes trajeron consigo nuevas ideas, costumbres y formas de organización, que influyeron en la política, la cultura y la economía del país. La urbanización acelerada, impulsada por la llegada de inmigrantes, también llevó a la transformación de ciudades como Buenos Aires, que se convirtió en una metrópolis moderna y cosmopolita.

Impacto en la geopolítica interna y externa

La inmigración masiva también tuvo implicaciones geopolíticas, tanto internas como externas. Internamente, la llegada de millones de inmigrantes cambió el equilibrio demográfico y político del país. La inmigración fue vista por las élites argentinas como una forma de "europeizar" la población y modernizar el país, alineándolo más con los modelos europeos. Sin embargo, también creó tensiones sociales, ya que muchos inmigrantes llegaron con ideas políticas y sociales que chocaban con la estructura oligárquica dominante.

Externamente, la gran comunidad de inmigrantes europeos en Argentina fortaleció los lazos con sus países de origen, especialmente Italia y España. Esto creó un flujo constante de personas, bienes y capital entre Argentina y Europa, lo que reforzó la inserción de Argentina en la economía global y su dependencia de los mercados europeos.

Sin embargo, la presencia de grandes comunidades inmigrantes también generó desafíos para la identidad nacional y para la integración de los inmigrantes en la sociedad argentina. Las diferencias culturales y lingüísticas, así como las condiciones de vida a menudo precarias de los inmigrantes, llevaron a conflictos sociales y a la emergencia de movimientos obreros y anarquistas que demandaban mejores condiciones laborales y derechos políticos.

Geopolítica y la Crisis de 1930

El período culminante de esta era se produjo con la crisis de 1930, que marcó un punto de inflexión en la historia de Argentina. La Gran Depresión que comenzó en 1929 tuvo un impacto devastador en la economía argentina, que dependía en gran medida de las exportaciones agropecuarias. La caída de los precios internacionales de los productos básicos redujo drásticamente los ingresos del país y llevó a una crisis económica y social.

La crisis económica exacerbó las tensiones políticas internas, lo que culminó en el golpe de estado de 1930 que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen. Este golpe marcó el inicio de una década de inestabilidad política y económica, conocida como la "Década Infame". Durante esta época, la política exterior de Argentina se caracterizó por un creciente aislacionismo y una desconfianza hacia los poderes extranjeros, en contraste con la apertura y la integración que había caracterizado el período anterior.

Conclusiones

La geopolítica de Argentina entre 1880 y 1932 estuvo profundamente influenciada por su relación con potencias extranjeras, especialmente el Reino Unido, y por el impacto de la inmigración masiva. Durante este período, Argentina experimentó un notable crecimiento económico, impulsado por las exportaciones agropecuarias y la inversión extranjera. Sin embargo, este crecimiento también creó una dependencia estructural y limitó la diversificación económica del país.

La inmigración masiva transformó a Argentina en una sociedad multicultural y urbana, pero también creó desafíos sociales y políticos que influyeron en la evolución de la identidad nacional y en la estabilidad del país. La crisis de 1930 marcó el fin de esta era de crecimiento y el comienzo de una nueva etapa en la historia de Argentina, caracterizada por la inestabilidad política y un enfoque más introspectivo en su política exterior.

El análisis de este período muestra cómo la interacción entre factores internos y externos, incluidos la inmigración, las relaciones internacionales y las condiciones económicas globales, moldearon el desarrollo de Argentina y su posición en el mundo. Aunque Argentina logró consolidarse como una de las principales economías de América Latina, las vulnerabilidades inherentes a su modelo de desarrollo y las tensiones sociales internas sentaron las bases para los desafíos que enfrentarían en las décadas siguientes.

domingo, 13 de noviembre de 2022

PGM: Versalles en 1919

Versalles en 1919

W&W




Ejército alemán que regresa marchando por Berlín, diciembre de 1918

El propio presidente Wilson llegó a Europa (con gran entusiasmo) a mediados de diciembre y representó una especie de nuevo orden mundial, en el que Progreso y Libertad podrían reanudar la marcha hacia adelante que se había detenido en 1914. Los tratados de paz se resolvieron, más mediante el regateo. entre los aliados que con los estados derrotados, a los que simplemente se les dijo que firmaran en la línea de puntos, en varios palacios de la región de París. El tratado principal se concluyó en Versalles, con los alemanes el 28 de junio de 1919, seguido de otros. En la famosa pintura de Sir William Orpen, los pacificadores parecen extraordinariamente complacidos consigo mismos mientras posan, en el Salón de los Espejos de Luis XIV, para una inmortalización bastante rígida: sedosidad del bigote, agudeza de la mirada, dignidad de la postura. Un maharajá y un barón japonés observan, evidencia del internacionalismo y la benevolencia de los pacificadores.

Incluso en ese momento no había muchas razones para la confianza en sí mismos de estas personas. Una epidemia mundial de gripe se llevó diez millones de víctimas; La guerra civil se llevó más millones en Rusia, hasta que, en 1920, ganaron los bolcheviques. El intento de los Aliados de dividir el Medio Oriente pronto fracasó. Los países árabes musulmanes, y sus suministros de petróleo, fueron ocupados principalmente por los británicos, y su experto en el área, TE Lawrence, comentó con asombro que mientras los turcos habían gobernado Irak con un ejército formado localmente de 14.000 hombres, ejecutando a noventa personas al año. año, los británicos, con 100.000 soldados, tanques, aviones y gas, se enfrentaron a una guerra con todos. El sultán, prisionero de los británicos y franceses que ocupaban Estambul, se vio obligado en 1920 a firmar un tratado en Sèvres que no solo truncó enormemente su reino, sino que pero la sometió a un proceso de recivilización forzada. Griegos y armenios invadieron Anatolia, con la bendición de británicos y franceses. Los turcos, únicos entre las potencias derrotadas, se recuperaron, bajo un líder genial, y en 1922 volvieron a tomar su país: en Lausana en 1923 fue reconocido. Paradójicamente, es la única creación del período de posguerra que ha florecido desde entonces: el resto se vino abajo, en algunos casos bastante rápido, y esos estadistas bellamente vestidos en el retrato de Orpen fueron en la mayoría de los casos repudiados por sus propios votantes. Sus creaciones se echaron a perder. En 1919, los imperios europeos se extendieron mucho. En diez años, estos imperios se estaban desmoronando y en una generación habían terminado. única entre las potencias derrotadas, recuperada, bajo un líder genial, y en 1922 retomó su país: en Lausana en 1923 fue luego reconocida.

La lista de los fracasos de Versalles sigue y sigue. Se creó una 'Sociedad de Naciones' para juzgar los problemas internacionales. Empezó bastante bien organizando traslados de población en los Balcanes. Luego, enfrentado a asuntos importantes, decayó en la irrelevancia, saludando el estallido de la Segunda Guerra Mundial con un debate sobre la estandarización de los pasos a nivel. El intento de reconstruir la economía mundial también fracasó. Para 1920, el auge de la posguerra se había esfumado, y para 1929 había llegado la mayor crisis económica en la historia del mundo, trayendo consigo desastres políticos por todas partes. Los supuestos estados-nación parlamentarios establecidos en 1918-19 en general dejaron de ser parlamentarios, y la Rusia bolchevique, que en la década de 1920 tenía una especie de rostro humano, adquirió, bajo Stalin, uno monstruoso.

El peor problema, con diferencia, se refería a Alemania. En febrero de 1919, reunidos en Weimar, los nuevos políticos republicanos idearon una constitución democrática, quizás la constitución democrática más literal de la historia (sus creadores estaban tan decididos a mostrar las credenciales wilsonianas adecuadas que previeron elecciones implacables y votación proporcional). En Versalles, hubo pérdidas territoriales, en particular frente a Polonia, que fueron muy resentidas. Pero el verdadero problema era el dinero. Se culpó formalmente a "los alemanes" por la guerra y se esperaba que pagaran "reparaciones" por los daños que habían causado. Pero los franceses realmente tenían la intención de usar este dispositivo para evitar que la economía alemana se recuperara, y otros ex aliados esperaban pagar sus deudas de guerra. En 1921 se llegó a la suma de 132.000.000.000 marcos de oro, lo que significaba que, anualmente, Alemania entregaría durante generaciones una cuarta parte del dinero que ganaba con las exportaciones. Dichas sumas podrían extraerse de un país ocupado, como lo hicieron los nazis en Francia durante la Segunda Guerra Mundial y como lo hizo la Comunidad Económica Europea en Alemania a partir de entonces. Los Aliados habían evitado deliberadamente ocupar Alemania, por temor a los trastornos que podrían resultar; por lo tanto, esperaban que los políticos democráticos cooperaran con ellos. Era pedir demasiado. En la década de 1920, la inversión estadounidense se dirigió a Alemania y se utilizó para pagar el cargo anual de reparaciones. Entonces la economía mundial colapsó y el dinero estadounidense dejó de fluir. Más o menos todos los alemanes culparon de su difícil situación económica a las reparaciones, más generalmente a Versalles, y esta fue la carta más fuerte de Hitler. De hecho, la democracia de Weimar se derrumbó en 1930, en el sentido de que ya no había una mayoría parlamentaria dispuesta a asumir la responsabilidad; el partido político más grande, los socialdemócratas, se distinguió por la 'abstención constructiva' -lo que significa que no votaría ni a favor ni en contra- y el Reichstag siguió disolviéndose: en 1932 hubo más días de elecciones que sesiones parlamentarias, y el anciano presidente, Hindenburg, gobernado por decreto. En 1933, la mayoría de los votantes alemanes eran comunistas o nazis, y Hitler fue nombrado canciller. Hizo un llamamiento a los plenos poderes, es decir, a la dictadura, y para ello necesitaba una mayoría de dos tercios en el Reichstag. Lo entendió, y la luz guía de la República de Weimar, los demócratas, suministró la última nota surrealista al acuerdo de la posguerra. Para entonces, ellos (bajo un nombre diferente) se habían reducido a cinco asientos. Cuando se trató del voto de Hitler, se dividieron. Dos diputados votaron a favor de Hitler, dos en contra y el otro se abstuvo, protestando que los demás estaban dividiendo el partido. Para entonces, se habían abolido las reparaciones, pero el daño ya estaba hecho y Hitler se embarcó en un programa nacionalista extremo.

El verdadero desastre, en todo esto, fue que los alemanes no pensaron que habían sido derrotados. Como decía la leyenda, habían sido "apuñalados por la espalda": judíos, la izquierda, académicos de cerebro blando les habían impedido ganar la guerra y establecer una Europa que tenía más sentido, sobre el terreno, que cualquier cosa soñada por los ingenuos estadounidenses. Ludendorff fue el principal artífice de esta fantasía, pero incluso entonces por accidente: un periodista británico le preguntó en inglés si sentía que Alemania había sido 'apuñalada por la espalda' y, tras la traducción, Ludendorff dijo que sí.

El desastre que siguió había sido presentido por Lloyd George, en los últimos días de la Primera Guerra Mundial, cuando se discutían los términos del armisticio. Hizo un comentario profético: "si se hiciera la paz ahora, dentro de veinte años los alemanes dirían lo que Cartago había dicho sobre la Primera Guerra Púnica, a saber, que habían cometido este error y ese error, y con una mejor preparación y organización ellos sería capaz de lograr la victoria la próxima vez. Esto fue más o menos lo que dijo Hitler en Mein Kampf: Alemania merecía haber ganado, y lo habría hecho si no hubiera sido por la traición, las tonterías humanitarias fuera de lugar y todo el apaciguamiento de los traidores de la izquierda. El 10 de noviembre estaba convaleciente de un gas que lo había dejado ciego, y cuando escuchó que alguien decía que había estallado una revolución, reaccionó: 'desde el día que estuve junto a la tumba de mi madre no lloré... Todo había sido en vano... ¿Todo esto sucedió para que una banda de miserables criminales pudiera apoderarse de la patria? Cuanto más trataba de lograr claridad sobre el monstruoso evento en esta hora, más me quemaba la frente la vergüenza de la indignación y la desgracia. ¿Qué era todo el dolor en mis ojos comparado con esta miseria?' La conclusión que sacó fue que 'no se hacen pactos con judíos. Sólo puede haber lo difícil: o bien, o bien. El camino estaba abierto para una Segunda Guerra Mundial aún más terrible que la Primera. más me quemaba la frente la vergüenza de la indignación y la desgracia. ¿Qué era todo el dolor en mis ojos comparado con esta miseria?' La conclusión que sacó fue que 'no se hacen pactos con judíos. Sólo puede haber lo difícil: o bien, o bien. El camino estaba abierto para una Segunda Guerra Mundial aún más terrible que la Primera. más me quemaba la frente la vergüenza de la indignación y la desgracia. ¿Qué era todo el dolor en mis ojos comparado con esta miseria?' La conclusión que sacó fue que 'no se hacen pactos con judíos. Sólo puede haber lo difícil: o bien, o bien. El camino estaba abierto para una Segunda Guerra Mundial aún más terrible que la Primera.

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