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domingo, 22 de marzo de 2026

Argentina-Paraguay: Relaciones geopolíticas

Argentina y Paraguay: Análisis Multifacético





1. La paradoja del destino: Brasil para el capital, Argentina para los pobres


Esta asimetría no es accidental sino el resultado de capas superpuestas de historia, geografía económica y redes sociales sedimentadas.

Por qué Brasil para los negocios:

La explicación estructural parte de Itaipú. La represa binacional —construida bajo el Tratado de 1973, firmado en plena dictadura de Stroessner con Brasil— ancló la economía paraguaya al ciclo de inversión brasileño de un modo que no tiene equivalente en el lado argentino. Las regalías de Itaipú representan históricamente entre el 10 y el 20% de los ingresos del Estado paraguayo según el período. Pero más importante aún es el fenómeno brasiguayo: entre 300.000 y 500.000 ciudadanos brasileños —cifras que varían según la fuente y el período— colonizaron las tierras del oriente paraguayo (Alto Paraná, Canindeyú, Amambay) desde los años 60 en adelante, primero con apoyo tácito de Stroessner, que vio en esa colonización una válvula de presión para el MST brasileño y una fuente de divisas. Hoy controlan entre el 30 y el 40% de la tierra agrícola productiva del país. El capital agroindustrial brasileño —junto con capitales locales vinculados al Partido Colorado— es el núcleo duro del modelo exportador de soja que convirtió a Paraguay en el cuarto exportador mundial del grano. Campo Grande, Foz do Iguaçu y São Paulo son las plazas financieras naturales de ese circuito. Argentina quedó fuera estructuralmente.

A esto se suma la política tributaria paraguaya —flat tax del 10% sobre renta empresarial, régimen de maquila desde 1997— que hace a Paraguay competitivo para el capital brasileño que busca producir barato y exportar. Argentina nunca desarrolló un instrumento equivalente de seducción del capital paraguayo.

Por qué Argentina para la emigración pobre:

El mecanismo es el inverso del anterior. La misma expansión brasiguaya que trajo capital brasileño desplazó a los campesinos paraguayos de sus tierras en el oriente —un proceso documentado por académicos como Ramón Fogel y Marcial Riquelme. Ese campesinado desplazado, guaraní-hablante, con escasa educación formal, tiene tres destinos: Asunción, Argentina o, en menor medida, España. Argentina resulta preferible por razones de red social y barrera lingüística: el castellano, aunque no es la lengua materna, es la segunda lengua de casi todos los paraguayos; el portugués, en cambio, sería aprender desde cero. En Buenos Aires existe una diáspora paraguaya de aproximadamente 550.000-700.000 personas (según el censo 2022 y proyecciones), concentrada en el Gran Buenos Aires, particularmente en La Matanza, Merlo y el Conurbano Sur. Esta red actúa como sistema de amortiguación: hay pariente, hay trabajo informal en construcción o servicio doméstico, hay comunidad. La informalidad argentina absorbe mano de obra no calificada con mayor facilidad que el mercado formal brasileño. El acceso a salud y educación en Argentina —con todas sus deficiencias— es más poroso para el migrante que el sistema brasileño, que exige documentación y registro más riguroso.

Existe además una dimensión menos discutida: la explotación laboral de paraguayos en talleres textiles del barrio Once y en el trabajo doméstico no registrado en Buenos Aires es, paradójicamente, funcional al migrante porque le permite ingresar sin papeles. Brasil tiene controles más estrictos.

2. Conflictos de baja intensidad y problemas fronterizos pendientes

El Pilcomayo: Es el conflicto más técnicamente serio y menos visible. El río es límite internacional entre Argentina (Formosa) y Paraguay (Presidente Hayes y Boquerón), pero tiene la característica geomorfológica de ser un río con carga sedimentaria extraordinaria que migra su cauce de forma constante. Esto genera disputas permanentes sobre soberanía territorial. La Comisión Mixta Argentino-Paraguaya del Río Pilcomayo existe desde el Tratado de 1939 y fue reforzada en 2004, pero los conflictos locales —incluyendo fricciones entre comunidades indígenas de ambos lados— no están resueltos. Los problemas de pesca y acceso al agua afectan además a comunidades Qom y Nivaclé cuyas territorialidades preexisten a la frontera.

El narcotráfico y la permeabilidad fronteriza: El PCC (Primer Comando da Capital) brasileño utiliza Paraguay como plataforma logística y tiene presencia en la frontera argentino-paraguaya, particularmente en Misiones y Formosa. El tráfico de efedrina, cocaína y marihuana (Paraguay es el mayor productor de cannabis de Sudamérica) hacia Argentina es un conflicto de baja intensidad con episodios de violencia esporádica. La débil presencia estatal argentina en esa frontera es un problema estructural reconocido.

Yacyretá: la herida abierta: La represa binacional sobre el Paraná, acordada en 1973 y operativa desde 1994, es denominada en Paraguay "la obra de la vergüenza" —una frase que el expresidente Rodríguez utilizó públicamente. El reclamo paraguayo tiene varias capas: primero, la deuda histórica de Argentina por royalties no pagados o subestimados; segundo, la inundación de territorios paraguayos (incluyendo Encarnación, cuya zona baja quedó bajo el lago artificial) sin compensación adecuada; tercero, la asimetría en la negociación del precio de la energía. La revisión del Tratado de Yacyretá es un tema que reaparece periódicamente con potencial de escalada.

Contrabando y subfacturación: La frontera seca entre Misiones/Corrientes y Paraguay es un vector continuo de contrabando de cigarrillos (marca paraguaya Palermo, entre otras), electrónicos, combustible subsidiado y agroquímicos. La subfacturación en el comercio bilateral perjudica a Argentina en términos de recaudación. Esto genera tensiones de baja intensidad entre aduanas, fuerzas de seguridad y actores económicos locales con intereses en el statu quo.

Acuífero Guaraní: El acuífero transfronterizo más grande del mundo —compartido por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— tiene un régimen de gestión acordado en el Acuerdo del Acuífero Guaraní de 2010, ratificado tardíamente por algunos países. Las tensiones en torno a la sobreexplotación y la posible privatización del acceso son un conflicto latente de largo plazo.

3. Competencia económica: áreas y diferenciales de productividad

La competencia directa entre Argentina y Paraguay es más intensa de lo que la asimetría de tamaño sugeriría, precisamente porque Paraguay ha logrado converger en ciertos sectores agroexportadores.

Soja y granos: Es el frente de competencia más visible. Paraguay exporta aproximadamente 6-7 millones de toneladas de soja anuales, con costos de producción significativamente menores que en Argentina: menor presión impositiva (sin retenciones, sin SIRA, sin cepo cambiario), menor costo de la tierra en relación a la productividad y acceso a capital brasileño que opera con escala. Argentina tiene ventajas en la industria del crushing —el complejo aceitero del Gran Rosario es el mayor polo de procesamiento de soja del mundo— y en la calidad de los puertos. Paraguay, sin salida al mar, depende de la Hidrovía Paraguay-Paraná, donde Argentina tiene posición dominante. Esto crea tanto competencia como interdependencia: Paraguay necesita a Argentina para exportar, pero Argentina no puede bloquear el tránsito sin violar tratados internacionales.

Carne vacuna: Ambos países compiten en los mismos mercados (China, la Unión Europea, Israel). Paraguay tiene ventajas en costo de producción (tierra más barata, menor carga regulatoria) y en los últimos años ha ganado cuota de mercado en China. Argentina mantiene ventaja en reconocimiento de marca (especialmente en Europa y Medio Oriente), pero sus restricciones internas a la exportación —que han reaparecido cíclicamente— le dan a Paraguay una ventaja de confiabilidad como proveedor.

Azúcar: Paraguay tiene industria azucarera competitiva orientada al MERCOSUR. Compite con las provincias del NOA argentino (Tucumán, Jujuy, Salta), aunque la competencia es más directa con Brasil que con Argentina.

Maquila y manufactura liviana: El régimen de maquila paraguayo (Ley 1064/97) atrae inversión de Brasil, Argentina, Corea y Taiwán para producir en Paraguay y exportar. Esto representa competencia para zonas industriales argentinas en bienes con alta intensidad de mano de obra. Los costos laborales en Paraguay son sustancialmente menores.

Electricidad: Paraguay es el mayor exportador neto de electricidad per cápita del mundo. El diferencial de costo energético —producto de Itaipú y Yacyretá— es una ventaja competitiva estructural para la industria paraguaya que Argentina no puede replicar. De hecho, Argentina compra energía a Paraguay en sus déficits estacionales.

Diferenciales que favorecen a Argentina: mayor valor agregado industrial, infraestructura portuaria, capital humano calificado, industria farmacéutica, agroindustria de procesamiento, sector de servicios profesionales y tecnología.

4. La posición cultural de Paraguay hacia Argentina: ambivalencia estructural

La relación cultural paraguaya con Argentina es uno de los vínculos más cargados de tensión psicológica en el sistema regional sudamericano. Puede describirse como una ambivalencia estructural con raíces históricas profundas.

La Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) como trauma fundacional:

No es posible entender la cultura política paraguaya sin este acontecimiento. Paraguay perdió en esa guerra entre el 60 y el 70% de su población —las estimaciones varían, pero hay consenso académico en que fue el mayor desastre demográfico proporcional de una nación en la historia moderna— y fue ocupado militarmente por Argentina, Brasil y Uruguay durante cinco años. Argentina no solo participó en la guerra sino que el presidente Bartolomé Mitre fue el comandante supremo de las fuerzas aliadas. El historiador paraguayo Julio César Chaves y, más recientemente, trabajos revisionistas como los de Milda Rivarola han documentado cómo esta guerra se convirtió en el mito fundacional de la identidad paraguaya moderna: un pueblo pequeño y resistente frente a potencias agresoras.

En el imaginario paraguayo —cultivado sistemáticamente por el sistema educativo desde el siglo XIX y reforzado por el stronismo— Argentina no es un hermano neutro sino un participante en el mayor trauma nacional. Esto no implica odio cotidiano, pero sí una reserva estructural frente a las intenciones argentinas.

El Guaraní como frontera identitaria:

El 90% de los paraguayos habla Guaraní —co-idioma oficial desde la Constitución de 1992— y más del 60% lo usa como primera lengua en el hogar. Este hecho lingüístico-cultural es el marcador más poderoso de diferencia frente a Argentina y Brasil por igual. El Guaraní no es solo un idioma: es el vehículo de una identidad mestiza jopara que Paraguay reivindica como única en América. Frente al castellano porteño —percibido a menudo como arrogante y culturalmente imperialista— el Guaraní funciona como barrera simbólica de resistencia.

La ambivalencia cotidiana:

Al mismo tiempo, Paraguay consume masivamente cultura argentina: el fútbol (River y Boca tienen más hinchas en Paraguay que cualquier club local), la televisión, la música, la moda. Buenos Aires es la ciudad de referencia para la clase media paraguaya que quiere modernidad, medicina de calidad o educación universitaria. Esta dependencia cultural genera resentimiento: se admira lo que se siente que humilla. El término peyorativo bolita —usado en Argentina para paraguayos y bolivianos— es conocido por todos los paraguayos que emigraron y opera como recordatorio permanente de la jerarquía implícita en la relación bilateral.

El rol del Partido Colorado:

El stronismo (1954-1989) consolidó una narrativa nacional en la que Brasil era el garante de la estabilidad (Itaipú fue firmada en ese período) y Argentina era el vecino con aspiraciones hegemónicas. Durante décadas, el Partido Colorado mantuvo una posición de mayor cercanía con Brasil que con Argentina, en parte porque el régimen militar argentino tuvo relaciones complejas con Stroessner —a pesar de la ideología compartida— y en parte porque el exilio opositor paraguayo se refugiaba en Buenos Aires, lo que hacía a Argentina sospechosa.

Yacyretá como símbolo contemporáneo:

Si la Guerra de la Triple Alianza es el trauma histórico, Yacyretá es el agravio contemporáneo. La inundación de barrios enteros de Encarnación, la relocalización forzada de comunidades, la percepción de que Argentina negoció el precio de la energía en condiciones desfavorables para Paraguay, todo ello alimenta una narrativa de explotación que el Colorado Party utiliza cuando le conviene.

5. La élite paraguaya: estructura, actores y puntos de acceso

La élite decisional paraguaya tiene una arquitectura peculiar que combina un partido político hegemónico con actores económicos transnacionalizados y una clase técnica emergente.

El Partido Colorado (ANR) como estructura de poder total:

La Asociación Nacional Republicana ha gobernado Paraguay durante casi todo el período 1947-presente, con la única interrupción del gobierno de Fernando Lugo (2008-2012), que terminó en un impeachment controvertido. El Colorado no es solo un partido: es un sistema de distribución de recursos, empleos públicos, contratos y favores que penetra hasta el nivel municipal. Cualquier estrategia argentina que ignore al Colorado está ignorando la principal correa de transmisión del poder en Paraguay. Las facciones internas del Colorado —que compiten ferozmente entre sí— son la política real del país.

Los actores económicos clave:

Horacio Cartes (presidente 2013-2018): magnate del tabaco, bebidas (Grupo Cartes) y finanzas, con presencia en casi todos los sectores de la economía formal e informal. Sancionado por el Departamento de Estado de EEUU en 2023 bajo la Ley Global Magnitsky por presuntos vínculos con el narcotráfico y el Hezbollah, lo cual complica su papel público pero no ha eliminado su influencia en las redes del Colorado. Es el nodo más importante de la facción dominante del partido.

Santiago Peña (presidente desde 2023): economista formado en Columbia University, exfuncionario del FMI y exministro de Hacienda de Cartes. Representa la tecnocracia pragmática del Colorado: pro-mercado, favorable al capital extranjero, con agenda de modernización del Estado dentro de los límites del sistema.

La ARP (Asociación Rural del Paraguay): representa a los grandes ganaderos y terratenientes, muchos de ellos familias tradicionales con apellidos históricos (Argaña, Franco, Gill). Es el sector económico con más peso en la política agraria.

FEPRINCO (Federación de la Producción, la Industria y el Comercio): paraguas de las principales cámaras empresariales. Es el interlocutor natural para acuerdos de inversión y comercio.

Los brasiguayos y el agronegocio transnacional: aunque no son "élite paraguaya" stricto sensu, tienen tal peso en la economía real que ninguna decisión sobre política agraria o de tierras se toma sin considerar sus intereses. Son, en la práctica, un actor de veto.

La Iglesia Católica: conserva influencia en política social y educativa superior a la media regional. El Cardenal y los obispos del interior son mediadores sociales relevantes.

Las Fuerzas Armadas: menos autónomas que en el pasado, pero con presencia en la frontera y en empresas del Estado. El complejo militar-empresarial tiene menor peso que en Argentina o Brasil.

Cómo Argentina debería acercarse a esta élite:

El punto de entrada más eficaz no es el Estado-a-Estado en abstracto, sino la resolución de agravios concretos con efecto simbólico alto. Yacyretá es el caso paradigmático: una renegociación generosa y transparente del precio de la energía —o un fondo de compensación visible— tendría un efecto diplomático desproporcionado respecto de su costo económico. La élite colorada necesita narrativas nacionales de "victorias" frente a Argentina que pueda usar internamente; Argentina debería dárselas calculadamente.

6. Agenda de acciones para el gobierno argentino

Las siguientes acciones están ordenadas por urgencia y factibilidad, no por importancia estratégica.

Gestión de agravios históricos y simbólicos

Renegociar el Tratado de Yacyretá con criterios de equidad explícita y publicidad. No hace falta ceder en todo: hace falta que Paraguay pueda mostrar que ganó algo tangible. Un fondo de desarrollo fronterizo financiado con royalties adicionales, canalizado hacia Encarnación y la región del Itapúa, tendría alto rendimiento diplomático. Paralelamente, explorar gestos de memoria histórica vinculados a la Guerra de la Triple Alianza —sin renunciar a la versión argentina de los hechos, pero reconociendo el sufrimiento paraguayo— en el marco de la diplomacia cultural.

Infraestructura y conectividad como vector de influencia

La Hidrovía Paraguay-Paraná es el talón de Aquiles logístico paraguayo y la palanca argentina más subutilizada. Una política argentina de facilitación del tránsito —tarifas competitivas, modernización de puertos de transbordo en Corrientes y Resistencia, ventanilla única bilateral— reduciría la dependencia paraguaya de los puertos brasileños y crearía interdependencia conveniente. El Puente Ayolas-Ituzaingó (en estudio) y la mejora del corredor vial Posadas-Encarnación-Asunción son proyectos con retorno estratégico.

Diplomacia económica focalizada

Crear un instrumento bilateral de inversión específico para PyMEs argentinas interesadas en el régimen de maquila paraguayo, en lugar de dejar ese espacio solo al capital brasileño. Establecer una mesa binacional permanente con FEPRINCO y la Cámara de Comercio Argentina-Paraguaya. Proponer acuerdos de doble imposición y protección de inversiones con estándares modernos.

Política migratoria como herramienta de soft power

La diáspora paraguaya en Argentina —600.000 personas aproximadamente— es el puente más directo entre ambas sociedades y el más descuidado por la diplomacia argentina. Una política migratoria que facilite la regularización, el reconocimiento de títulos y el acceso a servicios (en lugar del patrón actual de tolerancia informal y discriminación cotidiana) tendría un efecto directo sobre la percepción de Argentina en Paraguay. Los migrantes que envían remesas y regresan son embajadores o detractores según el trato recibido.

Cooperación técnica y educación como inversión de largo plazo

Expandir las becas del MINCYT y del CONICET para investigadores y estudiantes paraguayos, con énfasis en áreas de interés mutuo (agroecología, agua, energía). Posicionar universidades argentinas —especialmente del NEA, UNaM, UNNE— como alternativa regional a las brasileñas para la clase media paraguaya. La cooperación técnica en estadística pública (el INDEC puede colaborar con la DGEEC paraguaya) y en política agropecuaria tiene bajo costo y genera presencia institucional duradera.

Inteligencia diplomática y mapeo de élites

Argentina carece históricamente de una diplomacia paraguaya sofisticada. La embajada en Asunción debería ser una plaza de primer nivel —no un destino secundario— con capacidad de mapear las facciones del Colorado, identificar empresarios con intereses en Argentina y desarrollar relaciones con la nueva tecnocracia del gobierno Peña. El acceso al presidente Peña es relativamente más fácil para Argentina que para Brasil, precisamente porque su formación internacional lo hace receptivo a interlocutores técnicos. Ese canal debería explotarse.

Posicionamiento frente a la expansión china

China está avanzando en Paraguay desde que Taiwán perdió el reconocimiento diplomático paraguayo, aunque Paraguay es uno de los últimos países que mantiene relaciones con Taipei (lo cual complica la relación directa). Más relevante es la presencia china en infraestructura y financiamiento regional. Argentina debería coordinar con Paraguay —sin postura ideológica rígida— para que la entrada de capital chino no desplace infraestructura que afecta intereses argentinos, particularmente en la Hidrovía.

Nota de síntesis:
La relación Argentina-Paraguay está crónicamente subgestionada desde Buenos Aires. La asimetría de tamaño genera en Argentina una inatención estructural que Paraguay percibe como arrogancia y que empuja a Asunción hacia Brasilia. La ventana de oportunidad actual —gobierno paraguayo técnico y pragmático, momento de reposicionamiento regional de Argentina— es real pero acotada. El vector de entrada más eficaz es la combinación de resolución de agravios concretos (Yacyretá, migración) con inversión en conectividad física, que crea dependencias recíprocas más durables que cualquier declaración de intención.

jueves, 9 de octubre de 2025

Argentina necesita: Mentalidad polar para la Antártida


Mentalidad polar: Un prerrequisito para el éxito estratégico en las regiones polares


Hila Levy | Institute for Modern War



Nada. Oscuridad. Blancura. Lejanía. Nieve. Hielo. Osos polares. Pingüinos. Estas son algunas concepciones comunes de las regiones polares. Desarrollar nuestras narrativas y conocimientos sobre políticas árticas y antárticas es un imperativo estratégico, especialmente en una era de competencia entre grandes potencias. Necesitamos refinar nuestras ideas sobre las regiones polares y trabajar para lograr una mentalidad polar. Así como el desarrollo del poderío aéreo militar estadounidense estuvo estrechamente vinculado al desarrollo de una sociedad con mentalidad aérea, la mentalidad polar es una apreciación única del papel de las regiones polares en nuestra vida cotidiana y, por lo tanto, de su relevancia para la política nacional e internacional.

Esta mentalidad se examina mejor en el contexto de la dinámica centro-periferia, y al hacerlo se revelan algunas buenas prácticas para promover la mentalidad polar en la sociedad moderna. Este cambio será crucial para abordar los futuros desafíos ambientales, sociales y de seguridad en los polos.

Dinámicas Centro-Periferia

Existen dos puntos de partida principales para abordar la configuración de la perspectiva polar: un Estado-nación puede poseer una conexión y un patrimonio polares orgánicos, o puede buscar desarrollar dichos vínculos. Entre los países con un patrimonio polar (relativamente) extenso se incluyen los ocho estados miembros del Consejo Ártico y los signatarios originales del Tratado Antártico. Por lo tanto, la geografía y la historia ofrecen ventajas inmutables a un grupo selecto de "naciones polares".

Las naciones que carecen de proximidad geográfica polar construyen deliberadamente narrativas estratégicas internacionales y nacionales para aumentar su propio prestigio polar. La descripción de Xi Jinping de China como un "Estado Cercano al Ártico" y su llamado a una "Ruta de la Seda Polar" (una extensión de la Iniciativa de la Franja y la Ruta), así como los esfuerzos de Malasia por reestructurar el Sistema del Tratado Antártico desde principios de la década de 1980, son dos ejemplos notables.

La dinámica centro-periferia del Consejo Ártico (miembros vs. observadores) y del Tratado Antártico (partes consultivas vs. no consultivas) es evidente. El Consejo Ártico está diseñado para seguir siendo un club exclusivo. El Sistema del Tratado Antártico es algo más flexible, pero requiere unanimidad para otorgarle estatus consultivo (toma de decisiones). Sin una alta inversión científica y logística, el sistema permanecerá cerrado a todos, salvo a las naciones con mayores recursos. Si, por otro lado, un país desea reducir esta brecha u operar al margen del sistema, estas estructuras intergubernamentales tienen poca importancia.

Aprovechando la mentalidad polar

Los países del centro cuentan con un amplio abanico de recursos al que recurrir para definirse como naciones polares, o incluso como "grandes potencias polares". Sin embargo, no todos los países invierten por igual en los vínculos científicos, históricos y culturales que fortalecerían el discurso nacional sobre su propia estrategia polar nacional. En la búsqueda de los intereses nacionales (ya sean definidos de forma estricta o amplia), las percepciones nacionales y extranjeras de las prioridades son importantes.

Algunas naciones incorporan activamente su legado polar para fomentar la mentalidad polar. Noruega, con su sólido legado de exploración en ambos polos, exhibe de forma destacada sus vínculos polares, nombrando innumerables lugares, barcos e incluso cráteres marcianos y lunares en honor a sus héroes Fridtjof Nansen y Roald Amundsen. El siglo de soberanía de Noruega sobre el archipiélago de Svalbard también le otorga una prominencia descomunal entre las naciones que buscan acceso a estaciones de investigación en el Ártico.

El Consejo de Investigación del Medio Ambiente Natural del Reino Unido organizó en 2016 un concurso para elegir el nombre de su futuro buque de investigación polar. El actual RRS Sir David Attenborough fue entonces infamemente elegido para ser nombrado "Boaty McBoatface" en una encuesta viral que llegó a cientos de miles de personas en todo el mundo, atrayendo la atención mundial al trabajo del British Antarctic Survey. El British Antarctic Survey aparece con frecuencia en los medios británicos, y los investigadores polares reciben regularmente honores nacionales, como títulos de caballero o nombres geográficos.

Ciudades polares como Tromsø (Noruega), Rovaniemi (Finlandia), Hobart (Australia), Ushuaia (Argentina) y Christchurch (Nueva Zelanda), entre otras, cuentan con museos polares nacionales, sedes de institutos de investigación y festivales que atraen tanto a turistas como a residentes. La ciudad de Christchurch incluso cuenta con su propio documento de estrategia antártica para toda la ciudad, de 2018, basado en una Estrategia Antártica de Acceso similar de 2017 para el estado australiano de Tasmania. Los archivos y colecciones de museos y centros locales, como el Instituto de Investigación Polar Scott de la Universidad de Cambridge o el Gateway Antarctica de la Universidad de Canterbury, promueven narrativas heroicas de expediciones nacionales al Ártico o la Antártida, a la vez que facilitan la investigación en ciencias ambientales, ciencias sociales, artes y humanidades.

Los países que buscan penetrar en el núcleo polar no suelen contar con un siglo o más de historia polar. A pesar de ello, naciones como China han destacado explícitamente la importancia de las regiones polares en sus agendas nacionales e internacionales. Las "nuevas fronteras estratégicas" de China en el espacio, las profundidades marinas y las regiones polares han definido sus prioridades de investigación, presupuestos, estructuras organizativas y campañas de información para llegar a todos los ciudadanos. La búsqueda de China de destreza polar (por ejemplo, su incorporación al Consejo Ártico como observador) e infraestructura (por ejemplo, estaciones de investigación polar, rompehielos, satélites de monitoreo y aviones de hielo) está bien documentada en el ámbito internacional.

Mentalidad polar en una América polarizada

A diferencia de algunos de los enfoques mencionados anteriormente para la participación polar, Estados Unidos tiene trabajo por hacer. Si bien la seguridad polar es solo una de las muchas prioridades nacionales en pugna, la narrativa ártica estadounidense está dominada en gran medida por las opiniones nacionales sobre el estado de Alaska. Alaska, por supuesto, lucha con su propia percepción pública. Con una población de aproximadamente 730.000 habitantes, el estado más grande de Estados Unidos por territorio sigue siendo poco comprendido por gran parte del país. Pocos estadounidenses han visitado el estado, y más de la mitad de ellos llegan en crucero, compartiendo impresionantes imágenes de bahías glaciares, bosques costeros y migraciones de salmón durante el verano, pero rara vez cruzan el Círculo Polar Ártico. Muchos otros conocen Alaska a través de la cultura popular: Camioneros de Hielo, La Pesca Más Mortal y una serie de otros programas de telerrealidad que muestran las duras condiciones de vida y trabajo en la frontera del estado. Estos programas generalmente se enorgullecen de la remota inaccesibilidad del Ártico estadounidense.

Las delegaciones del Congreso de Alaska desempeñan un papel fundamental en la formulación de la política y la estrategia estadounidenses para el Ártico. El territorio de Alaska ocupa un lugar destacado en los debates sobre petróleo y gas, energía, recursos minerales, pesca y bases militares. Sin embargo, existen muchas tensiones subyacentes: entre las Corporaciones Nativas de Alaska, 229 tribus y aldeas reconocidas a nivel federal, intereses corporativos externos, grupos ambientalistas y entidades federales. El discurso sobre el Ártico puede ser víctima de la politización. Los legisladores quieren que el votante y el contribuyente promedio consideren a Estados Unidos una nación ártica en lo que respecta a la defensa nacional y la dotación de recursos militares. Sin embargo, esta conexión con un ecosistema frágil resulta incómoda para la explotación ambiental y los proyectos de desarrollo económico asociados.

En la Antártida, Estados Unidos es un líder científico y de gobernanza en el Sistema del Tratado Antártico. Sin embargo, es una potencia que mantiene el statu quo. Si bien el Programa Antártico de los Estados Unidos se encuentra entre los más grandes en cuanto a número de científicos y personal del continente, la inversión china en instalaciones y fondos de investigación ha aumentado sustancialmente en los últimos quince años. La realidad es que, tras la Guerra Fría, Estados Unidos no ha buscado realmente competir en la Antártida. Mientras que Chile y Argentina han buscado durante mucho tiempo superarse mutuamente en cuanto a cantidad de estaciones de investigación, Estados Unidos, que no reclama la Antártida (y se reserva el derecho de reclamarla), se conforma con la calidad de su sofisticada Estación McMurdo, de aspecto urbano, la bien ubicada Estación del Polo Sur y la pequeña Estación Palmer, en la península. El número de turistas estadounidenses en la Antártida está creciendo rápidamente (el 31,9 % de los pasajeros de cruceros en 2018-2019, seguido por los visitantes chinos, que representaron el 14,6 % en el mismo período), pero el gobierno estadounidense desempeña un papel limitado en la supervisión de las actividades turísticas comerciales, siempre que cumplan con los tratados.

Mantener el papel de Estados Unidos como gran potencia polar es un desafío a corto y medio plazo. Actualmente, solo hay un rompehielos pesado con capacidad antártica —el USCGC Polar Star— y un rompehielos mediano en el inventario operativo de la Guardia Costera estadounidense (otro rompehielos pesado está fuera de servicio y se utiliza para repuestos). Una sola unidad de la Guardia Nacional Aérea es responsable actualmente de los únicos diez aviones de esquí LC-130H operativos, que operan equipos obsoletos en condiciones extremas en rotaciones norte-sur en años normales. Rusia cuenta con más de treinta rompehielos medianos y pesados, y la capacidad de transporte marítimo y aéreo polar de China está creciendo rápidamente.

Tenemos buenas noticias. Estados Unidos cuenta con una Estrategia Nacional para la Región Ártica, de acceso público, desde 2013. La publicación de la Perspectiva Estratégica para el Ártico de la Guardia Costera estadounidense en 2019, la Estrategia para el Ártico de la Fuerza Aérea estadounidense en 2020, el Plan Estratégico para el Ártico de la Armada estadounidense en 2021 y, ahora, la Estrategia para el Ártico del Ejército, destacan la priorización de la defensa y la seguridad en al menos una región polar. En materia de adquisiciones, los líderes de defensa y el Congreso han llegado a un consenso sobre la necesidad de invertir y priorizar la seguridad polar, con financiación para aviones de esquí, el programa Polar Security Cutter y estudios portuarios en el Ártico. Sin embargo, sin la aceptación de toda la población, estos documentos, estrategias y contratos corren el riesgo de quedar obsoletos.

La inversión en capital humano es más difícil de medir. La Dirección de Educación y Recursos Humanos de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) tiene un amplio mandato para apoyar la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas estadounidenses.

domingo, 15 de diciembre de 2024

Tratado Antártico: La geoestrategia de la BNI de Ushuaia

Análisis de la Base Naval Integrada en Ushuaia y su impacto en las reivindicaciones argentinas para la renegociación del Tratado Antártico en 2048

Esteban McLaren

 

1. La Importancia Estratégica de la Base Naval Integrada en Ushuaia

La Base Naval Integrada en Ushuaia se ha convertido en un pilar esencial de la estrategia geopolítica de Argentina en el Atlántico Sur y la región Antártica. Su ubicación, en el extremo más austral del continente sudamericano, le permite al país proyectar una presencia operativa directa hacia la Antártida. Este posicionamiento no solo facilita el control de las rutas marítimas estratégicas, como el Paso Drake, sino que también mejora la capacidad de Argentina para patrullar, vigilar y asegurar el cumplimiento de normativas internacionales en una de las zonas más disputadas del planeta.

La base está diseñada para servir tanto a propósitos militares como científicos, lo que le da a Argentina una ventaja estratégica significativa. Al combinar la investigación científica con las operaciones militares, Argentina refuerza su papel como un actor clave en la Antártida, demostrando una "presencia activa" que, según el derecho internacional, fortalece la legitimidad de sus reclamaciones territoriales en el continente blanco.

2. La Transformación del Poder de Negociación de Argentina en el Tratado Antártico

El Tratado Antártico, firmado en 1959, establece que la Antártida será un territorio destinado exclusivamente a la investigación científica pacífica y prohíbe la explotación de sus recursos naturales. Sin embargo, a partir de 2048, este tratado podría ser objeto de renegociación, especialmente en temas relacionados con la explotación de recursos minerales y energéticos. En este contexto, la Base Naval Integrada de Ushuaia se proyecta como una pieza central en la estrategia argentina para influir en este proceso.

Presencia Física Permanente
: La proximidad geográfica de la base a la Antártida permite a Argentina reforzar su presencia continua en la región. Este tipo de presencia no solo es clave para la operación logística de las bases de investigación en la Antártida, sino que también se convierte en un argumento de peso para futuras negociaciones territoriales. La "presencia efectiva" es un criterio importante en las disputas de soberanía, y Argentina podrá demostrar que, a diferencia de otros países, su participación no es simbólica ni estacional, sino permanente.

Liderazgo Científico
: La investigación científica es una de las piedras angulares del Tratado Antártico, y Argentina ha estado fortaleciendo su papel en este ámbito. La Base de Ushuaia, con su infraestructura de apoyo logístico, permitirá al país realizar expediciones más frecuentes y extender la duración de sus misiones científicas en la Antártida. Este liderazgo científico será crucial durante la renegociación del tratado, ya que los países con mayores contribuciones científicas suelen tener una voz más fuerte en la toma de decisiones.

Control de la Seguridad Marítima y de los Recursos
: Con la nueva base, Argentina podrá controlar de manera más efectiva la actividad marítima en el Atlántico Sur, incluyendo la vigilancia de la pesca ilegal y la exploración de recursos naturales. Esta capacidad de monitoreo y control le dará a Argentina la oportunidad de posicionarse como un "guardián" de la conservación y la sostenibilidad de la región antártica, lo que puede ser utilizado como un argumento político a su favor en la futura renegociación del tratado.

Proyección de Poder y Prestigio Nacional
: La construcción de una base de esta magnitud tiene un fuerte simbolismo tanto a nivel nacional como internacional. Para la población argentina, se trata de una reafirmación del compromiso con la soberanía nacional, mientras que para la comunidad internacional, es un mensaje claro de que Argentina tiene la intención de defender sus derechos en la región antártica. Esta demostración de poder blando y duro podría disuadir a otros actores internacionales de cuestionar las reclamaciones de Argentina.


3. Consecuencias Geopolíticas

Tres consecuencias geopolíticas principales podrían mencionarse de esta base:

Cambio en el Equilibrio de Poder Regional
: La capacidad operativa que otorga la Base de Ushuaia podría modificar la relación de fuerzas en el Atlántico Sur. En particular, puede generar una nueva dinámica con el Reino Unido, dado que la base aumenta la capacidad de Argentina para realizar patrullajes y controlar el tránsito marítimo cerca de las Islas Malvinas. La intersección entre las reclamaciones sobre la Antártida y las Malvinas podría convertirse en un frente de tensión diplomática.

Competencia con Chile y Brasil
: Las reclamaciones antárticas de Argentina, Chile y el Reino Unido se superponen en ciertas áreas. La modernización de la infraestructura de Argentina podría provocar una respuesta de Chile, que también mantiene bases logísticas clave para sus operaciones antárticas. Brasil, que no tiene reclamaciones territoriales pero sí interés estratégico en la región, podría seguir una lógica similar para fortalecer su presencia en la región.

Relación entre la Antártida y la Disputa de las Malvinas
: La Base de Ushuaia tiene el potencial de reforzar la conexión simbólica y operativa entre las reivindicaciones argentinas sobre la Antártida y las Islas Malvinas. La posibilidad de realizar patrullajes y misiones de vigilancia más activas desde Ushuaia puede ser vista por el Reino Unido como un intento de desafiar su control sobre el espacio marítimo alrededor de las Malvinas. Esta dinámica podría aumentar las tensiones diplomáticas entre ambos países, especialmente si Argentina vincula su presencia en la Antártida con su disputa sobre las islas.


4. Conclusión

La Base Naval Integrada de Ushuaia no es solo una instalación militar; es una herramienta estratégica que puede redefinir la posición de Argentina en el Atlántico Sur y la Antártida. Su construcción fortalece la presencia argentina en una región clave, le da una ventaja en la futura renegociación del Tratado Antártico en 2048 y aumenta su control sobre rutas marítimas estratégicas.

Gracias a esta infraestructura, Argentina podrá demostrar una presencia física y científica continua en la Antártida, lo que refuerza su posición frente a otros países reclamantes. Además, la base se convierte en un multiplicador de poder para la Armada Argentina, facilitando el control de la navegación y la explotación de recursos marítimos en la región. Todo esto coloca a Argentina en una posición privilegiada para negociar los términos de la explotación de los recursos antárticos y, de forma más amplia, para proyectar su poder en el Atlántico Sur.

En términos geopolíticos, la base puede convertirse en una plataforma para desafiar la hegemonía británica en las Islas Malvinas, ya que su proximidad permite operaciones de vigilancia más eficaces. Este movimiento no solo podría elevar las tensiones con el Reino Unido, sino también reactivar la disputa diplomática entre ambas naciones.

En definitiva, la Base de Ushuaia representa un paso calculado de Argentina para fortalecer su presencia en la Antártida, reforzar sus reclamaciones territoriales y asegurar un papel de liderazgo en la renegociación del Tratado Antártico. Es un símbolo de su determinación para preservar su influencia en la región, no solo como un actor científico, sino también como un poder marítimo en ascenso en el Atlántico Sur.


viernes, 13 de diciembre de 2024

Estrategia soviética en el Medio Oriente

Estrategia soviética en el Medio Oriente (1965–1973)





Entre 1965 y 1973, la estrategia soviética en el Medio Oriente estuvo influida principalmente por preocupaciones geopolíticas más amplias, especialmente su involucramiento en Vietnam. La prioridad de la Unión Soviética era mantener las rutas de suministro hacia Vietnam del Norte, ya que las rutas terrestres a través de China estaban comprometidas debido a las tensiones sino-soviéticas y la Revolución Cultural. El cierre del Canal de Suez después de la Guerra de los Seis Días obligó a los soviéticos a utilizar la ruta marítima por el Cabo de Buena Esperanza, lo que dificultó considerablemente sus operaciones logísticas. Reabrir el canal se convirtió en una prioridad estratégica que condicionó muchas de sus políticas en la región.

La Guerra de los Seis Días y la moderación soviética

La Guerra de los Seis Días de 1967 no fue provocada ni alentada por la Unión Soviética, ya que el conflicto interrumpía sus objetivos estratégicos. Aunque la URSS había estado equipando a Egipto y Siria, no estaba preparada para una guerra a gran escala. A medida que aumentaban las tensiones, los soviéticos intentaron prevenir el conflicto, advirtiendo a Egipto sobre las intenciones israelíes y aconsejando cautela. Sin embargo, sus esfuerzos fueron insuficientes, y la guerra estalló. Durante el conflicto, la URSS evitó un enfrentamiento directo con Estados Unidos y se abstuvo de reabastecer a las fuerzas árabes. Solo amenazó con intervenir directamente el 10 de junio, cuando temió que Israel avanzara sobre Damasco.

Apoyo Posterior y la Guerra de Desgaste

Tras la Guerra de los Seis Días, la URSS reabasteció rápidamente a Egipto y Siria, extendiendo también ayuda a Sudán, Irak y Yemen. En 1970, el número de asesores militares soviéticos en Egipto había alcanzado los 20,000, integrándose en todos los niveles de las fuerzas armadas egipcias. La Guerra de Desgaste (1969–1970) marcó una mayor implicación soviética, ya que operaron sistemas de defensa aérea egipcios y proporcionaron cazas MiG-21 pilotados por soviéticos. Aunque esto fortaleció las defensas de Egipto, las contramedidas israelíes y la tecnología proporcionada por Estados Unidos limitaron la efectividad soviética.

La crisis en Jordania y la muerte de Nasser

En septiembre de 1970, durante la guerra civil en Jordania, los soviéticos apoyaron una incursión siria en el país con el objetivo de debilitar al rey Hussein y provocar la intervención de Israel o Estados Unidos. Sin embargo, el esfuerzo fracasó cuando las fuerzas jordanas repelieron a los tanques sirios. Ese mismo mes, murió el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, y su sucesor, Anwar Sadat, comenzó a reducir la influencia soviética en Egipto. A pesar de los intentos de la URSS por mantener el control, incluida la firma de un Tratado de Amistad en 1971, Sadat purgó a los funcionarios pro-soviéticos y comenzó a acercarse a Occidente.

Cooperación limitada y la guerra de Yom Kippur

Para 1973, la influencia soviética en Egipto había disminuido considerablemente, aunque continuaban suministrando armas a Egipto, Siria e Irak. Sadat informó a Moscú sobre sus planes de atacar a Israel, y aunque los soviéticos apoyaron a regañadientes a Egipto para preservar su influencia regional, retuvieron armamento ofensivo avanzado. Durante la Guerra de Yom Kippur de octubre de 1973, la URSS buscó mantener la polarización regional, esperando manipular la agresión israelí o una respuesta excesiva de Estados Unidos a su favor. Aunque los esfuerzos soviéticos de reabastecimiento a Egipto y Siria fueron significativos, no lograron cambiar el curso de la guerra. Cuando las fuerzas israelíes amenazaron con destruir a las tropas egipcias, los soviéticos incrementaron su preparación para una posible intervención, pero la diplomacia finalmente evitó un enfrentamiento directo entre superpotencias.

Consecuencias y declive de la influencia

Los resultados de la guerra fueron mayormente negativos para la URSS. Estados Unidos restableció relaciones con Egipto, excluyendo a la Unión Soviética del proceso de paz entre Egipto e Israel. Los soviéticos reforzaron sus lazos con Siria y Libia, y esta última compró 20,000 millones de dólares en armas soviéticas entre 1974 y 1985. Sin embargo, la pérdida de influencia en Egipto marcó un importante revés para la estrategia soviética en el Medio Oriente.

Este período refleja los desafíos de la URSS para equilibrar sus ambiciones regionales con prioridades globales más amplias, así como las limitaciones de su influencia en un escenario de alianzas en constante cambio en el mundo árabe.

martes, 31 de octubre de 2023

Geoestrategia: La encrucijada mundial

El coronel Pedro Baños es militar especializado en geoestrategia, y se ha convertido en uno de los divulgadores más populares del momento. Una conversación con él sobre los grandes retos de nuestro mundo, como los países emergentes, las élites, o la manipulación informativa.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Invasión: Aprendiendo de las lecciones de Ucrania

Unir a Ucrania más cerca del aprendizaje militar estadounidense


Ryan Evans
War on the Rocks









¿Estados Unidos está haciendo todo lo que puede por sí mismo en Ucrania? Lamentablemente no. Si bien el apoyo estadounidense a Ucrania es admirable y valioso, Washington debería ser más audaz al usar la guerra en curso como banco de pruebas para tecnologías emergentes y conceptos operativos que podrían ser útiles para disuadir o, si es necesario, derrotar a sus adversarios en el campo de batalla. Hay muchas formas en las que la administración Biden podría avanzar más en este sentido, incluida la experimentación con sistemas no tripulados, la exploración de nuevas formas de producir municiones y el uso de observadores en el campo de batalla. Es posible que los lectores no estén de acuerdo con todas mis sugerencias, y eso está bien, pero espero al menos recalcar en los líderes el valor de tener un conjunto de políticas y programas que sean más serios y deliberados para aprender de lo que está sucediendo en Ucrania.

Una nota preliminar sobre el aprendizaje

En el texto clásico de 1990 Military Misfortunes: The Anatomy of Failure in War , Eliot Cohen y John Gooch entonan: “La incapacidad de absorber lecciones fácilmente accesibles de la historia reciente es, en muchos sentidos, la más desconcertante de todas las desgracias militares”. Como alguien que se ha quejado durante mucho tiempo del enorme abismo entre las "lecciones identificadas" y las "lecciones aprendidas", simpatizo con esta afirmación. Sin embargo, la realidad es mucho más complicada. Si bien los datos suelen ser fácilmente accesibles, las lecciones no lo son. La imagen es ruidosa y el proceso de convertir datos en análisis en lecciones está plagado de trampas, desviaciones y sesgos. Lo mejor que pueden esperar los militares y los analistas es lo que el difunto Michael Howard llamó una " solución dudosa ". Vale la pena citar el pasaje:

Un soldado… en tiempo de paz es como un marinero que navega a estima. Has dejado la tierra firme de la última guerra y estás extrapolando las experiencias de esa guerra. Cuanto mayor sea la distancia desde la última guerra, mayores serán las posibilidades de error en esta extrapolación. Ocasionalmente hay una brecha en las nubes: un conflicto a pequeña escala ocurre en algún lugar y te da una "solución" al mostrar si ciertas armas y técnicas son efectivas o no; pero siempre es una solución dudosa.

Para aprender con éxito , una organización militar requiere acceso, objetividad, interpretación y capacidad de generalización. En resumen, el acceso significa estar allí y tener buenos datos. La objetividad es exactamente lo que parece y aquí es a menudo donde tropiezan los intentos de aprender. La interpretación requiere que la organización comprenda qué está sucediendo y por qué. También requiere una comprensión de cómo y si los eventos y desarrollos son significativos. Finalmente, la generalización ocurre si la observación se puede transferir de su contexto a escenarios futuros proyectados. Un escenario futuro no necesita implicar una guerra propiamente dicha. Podría ser la navegación exitosa de una crisis o confrontación con la ayuda de la disuasión, por ejemplo. Una cosa es segura: los rivales de Estados Unidos seguramente están usando la guerrapara aprender lecciones propias . _ Y los líderes de defensa de EE. UU. deberían sentirse obligados a no quedarse atrás en la curva de aprendizaje. 

 

Observadores de acceso y campo de batalla

Hay mucho que los seres humanos pueden aprender desde lejos, incluso en la era de los satélites, la comunicación instantánea y la transmisión de video. (De hecho, algunas de estas tecnologías de comunicación más nuevas distorsionan en lugar de aclarar lo que realmente está sucediendo en un campo de batalla dado, como Michael Kofman y yo hemos discutido en War on the Rockspodcast.) He entendido esto visceralmente desde mi tiempo como funcionario en Afganistán y esta lección solo se reforzó durante una visita al sur de Ucrania a fines de octubre del año pasado. Como tal, es sorprendente que el Departamento de Defensa de los EE. UU. no haya lanzado un programa formal de observadores del campo de batalla que enviaría personal militar de todos los servicios y una variedad de especialidades ocupacionales para aprender todo lo que puedan a través de la observación directa y la comunicación con las fuerzas ucranianas donde la guerra está pasando. Valdría la pena enviarlos con analistas militares civiles, como los distintos equipos que ya han organizadosu propia investigación en el campo de batalla. Esto va mucho más allá de lo que la Oficina del Agregado de Defensa de los EE. UU. en Kiev tiene los recursos y la autorización para hacer actualmente.

Solo tiene sentido enviar observadores del campo de batalla a Ucrania si los líderes militares estadounidenses están listos para escuchar lo que tienen que transmitir en términos de interpretación y datos. Los líderes superiores a menudo dicen que quieren aprender, pero su entusiasmo a veces se desvanece cuando los informes cuestionan los esfuerzos actuales para desarrollar los medios de las fuerzas armadas estadounidenses para imponer la generalización a través de nuevas doctrinas, organizaciones, entrenamiento y tecnologías. A veces, la nueva información no puede superar el impulso de los esfuerzos existentes, como lo discutió mi difunto amigo Dave Johnson en estas páginas el año pasado. Las lecciones se pueden identificar, pero si se aprenden es un asunto diferente. El ejército estadounidense envióobservadores a los campos de batalla de Europa durante la Primera Guerra Mundial antes de que Estados Unidos entrara en conflicto. Pero sus ideas no informaron la doctrina militar. Los soldados e infantes de marina estadounidenses pagaron la cuenta del carnicero, muriendo por miles cuando emplearon tácticas obsoletas que los llevaron a cargar en masa contra las unidades de ametralladoras alemanas (y se podría argumentar que el impacto de las ametralladoras podría haberse aprendido mucho antes de la Guerra Mundial). I).

Puedo anticipar tres contraargumentos principales: primero, si los miembros del servicio estadounidense en Ucrania son asesinados, heridos o capturados, esto podría convertirse en una gran guerra contra un enemigo con armas nucleares. Este no es un asunto menor. Cualquier decisión que ponga a los militares estadounidenses en una zona de guerra conlleva una gran responsabilidad. Pero, ¿existe un riesgo plausible de escalada? Probablemente no. Los voluntarios estadounidenses ya han sido asesinados y capturados.por Rusia y, sin embargo, la Tercera Guerra Mundial aún no ha ocurrido. Y de todas las guerras a las que Estados Unidos ha enviado observadores en el campo de batalla, las bajas nunca han sido la causa, aproximada o no, de una mayor participación estadounidense en esa guerra. En relación con esto, otros temerán el riesgo de que la misión se arruine. Podrían decir que la observación del campo de batalla se convertirá en asesoramiento y asistencia, que luego se convertirá en una intervención militar estadounidense directa contra Rusia. Esta preocupación debe tomarse en serio. Aún así, se puede proteger contra esto con un fuerte control civil y una supervisión del Congreso enfocada en evitar aquellas cosas que crean avance en la misión , como “acrecentamiento de tareas”, “cambio de misión” y “transición de misión”.

Otra objeción será que las fuerzas ucranianas están demasiado ocupadas para cuidar a los observadores estadounidenses en el campo de batalla. Puedo asegurarles que, según mis conversaciones con los líderes militares ucranianos en Ucrania en octubre pasado, este no es el caso. Como discutí con Michael Kofman , están ansiosos por compartir lo que están aprendiendo en el campo de batalla más cerca y el apoyo ucraniano requerido para mover a los observadores alrededor del espacio de batalla sería mínimo (hablando de la experiencia personal). 

Drones en los cielos y en los mares

Ucrania es un campo de pruebas útil para conceptos y tecnologías que podrían aplicarse en contingencias futuras contra adversarios similares y cercanos. Si bien la guerra en tierra recibe la mayor atención, esto es, como nos ha recordado BJ Armstrong , también una guerra naval. Una empresa llamada Saildroneofrece drones de superficie con energía eólica y solar equipados con un software impresionante. Se ven como grandes tablas de surf con velas. Richard Jenkins, el fundador de Saildrone, me explicó que vienen en tamaños de 23 a 65 pies de largo y pueden equiparse con una variedad de paquetes de sensores que pueden detectar todo, desde lo que pasa en la superficie hasta lo que está al acecho. abajo, y lo que está volando por encima. Son capaces de realizar viajes de hasta 12.000 millas náuticas y hasta seis meses sin mantenimiento. Uno puede imaginar fácilmente una serie de casos de uso para Ucrania, incluida la inteligencia, la vigilancia y el reconocimiento; guerra de minas y contraminas; y guerra antisubmarina. Estados Unidos y sus aliados también podrían usarlos para vigilar los cables y tuberías submarinos y desempeñar un papel clave en el control y la aplicación de sanciones. Otra empresa llamadaAnduril ofrece un formidable dron sumergible llamado Dive-LD . ¿Por qué no está al acecho bajo la superficie del Mar Negro realizando algunas de las mismas misiones nombradas anteriormente para Saildrone? Estas son todas las misiones que puede hacer el submarino de Anduril.

Después de todo, estos son requisitos declarados de la Marina.
En el
Medio Oriente y ahora en América del Sur , el ejército de los EE. UU. se ha esforzado mucho por utilizar embarcaciones sin tripulación en entornos marítimos. Los líderes de la Marina han vinculado estas inversiones al aprendizaje de lecciones para contrarrestar las acciones agresivas de China en el Indo-Pacífico.

¿Qué pasa con la guerra en los cielos? Ingrese al MQ-9 Reaper: un avión no tripulado para múltiples misiones que la Fuerza Aérea planea desinvertir, con 48 modelos Block 1 programados para retirarse ya. Y el fabricante, General Atomics, quiere regalar dos Reapers a Ucrania. La administración Biden insiste en que el MQ-9 sería de uso limitado en Ucrania. Ni siquiera ha aprobado el intento de regalo del fabricante. Esta es la llamada equivocada. No solo podría ser útil para Ucrania, también podría ser útil para Estados Unidos aprender cómo Ucrania podría emplear el MQ-9.

La objeción más común que escucho a la provisión del Reaper es que simplemente no sobrevivirán en los cielos de Ucrania, y luego se hace referencia al ejemplo del TB-2 Bayraktar. Estos drones fabricados en Turquía fueron anunciados por muchos al principio de la guerra, pero fueron derribados en masa.. El MQ-9 sufriría el mismo destino si tuviera la tarea de buscar y atacar objetivos terrestres en entornos disputados. Si los MQ-9 se usan de manera diferente, desde el frente y enfocados en tácticas y problemas específicos, podrían ser más efectivos. También puede haber preocupaciones sobre los enlaces de datos y las tecnologías de encriptación que no se pueden compartir con Ucrania por una variedad de razones. Solucionar estas cosas siempre es complicado, pero estoy seguro de que hay una forma de mitigar estas preocupaciones y proteger suficientemente las tecnologías sensibles. Y sería ventajoso descubrir procedimientos para tales problemas hoy, mucho antes de futuros conflictos y crisis, como la que involucra a Taiwán. 

¿Qué tiene que aprender Estados Unidos aquí? Esta es una oportunidad para probar varios conceptos para restablecer la superioridad aérea localizada en el espacio aéreo en disputa y defender el espacio aéreo sin un número suficiente de aeronaves tripuladas. El Reaper podría estar armado con misiles AIM-9X, que son misiles infrarrojos de "imagen", para crear dilemas para el número relativamente limitado de cazas rusos enviados al espacio aéreo ucraniano y para protegerse contra los ataques con misiles de crucero.  La mayoría de los misiles de crucero son subsónicos y viajan a baja altura. Y las rutas de misiles de crucero generalmente se planifican para evitar misiles tierra-aire que podrían derribarlos (aunque los equipos de selección de objetivos de Rusia no han sido impresionantes en este sentido y otros) .). Esas rutas podrían estar cubiertas por Reapers armados con misiles, volando fuera del alcance de las defensas aéreas rusas, para proteger la infraestructura ucraniana y la población civil. Y con los sensores correctos, los Reapers podrían indicar otros ataques en estos misiles.

El Reaper también podría equiparse con el señuelo en miniatura lanzado desde el aire y su variante de interferencia para la protección contra los sistemas integrados de defensa aérea rusos. Como otro ejemplo, ¿por qué no equiparlos con módulos de orientación y navegación de IA como Agile Condor o sistemas de detección ofrecidos por Metrea para probar cómo los drones podrían volar misiones en entornos sin comunicaciones y bajo el radar enemigo? ¿ O la digitalización del apoyo aéreo cercano ? También hay lecciones que aprender acerca de las diferentes formas de evitar los incendios en tierra, como los de HIMARS, de las operaciones aéreas. 

La Fuerza Aérea también podría probar algunos conceptos de futuro. La Fuerza Aérea ha defendido la idea de un "compañero leal" y un "avión de combate colaborativo". Estos son conceptos relacionados pero distintos, pero pueden involucrar el mismo avión. Para el compañero de ala leal, la Fuerza Aérea quiere drones que puedan ser "atados" a aeronaves tripuladas. La idea de la aeronave colaborativa de combate está destinada a abordar el problema de la masa (obtener hierro en el cielo) en una era en la que las aeronaves tripuladas son exquisitas y costosas: las aeronaves colaborativas de combate serían drones "sin ataduras" que podrían ponerse en el cielo en grandes números y realizar misiones de forma independiente. El servicio está realizando modelos y simulaciones para respaldar estos objetivos y uno de los generales a cargo de este esfuerzo informó que hay “100 mini-hitos este año ” solo. (Esta familia de capacidades se incluye como parte de "Dominio aéreo de próxima generación" en la última presentación presupuestaria de la Fuerza Aérea ). Es poco probable que el MQ-9 sea la solución elegida para cualquiera de los conceptos, pero su empleo en Ucrania aún podría ser apoyo a las pruebas de la Fuerza Aérea. 

Municiones a Escala

Si los esfuerzos de Ucrania para retomar la iniciativa en esta guerra tropiezan, probablemente será porque sus patrocinadores occidentales no pueden mantener un suministro adecuado de municiones, especialmente municiones de artillería, para las fuerzas hambrientas de proyectiles en el Donbass. Esta experiencia ha puesto al descubierto desafíos en la reposición de las líneas tradicionales de fabricación de municiones. Cuesta mucho dinero y mucho tiempo reiniciarlos. Hay empresas más nuevas en la base industrial de defensa de EE. UU. que están utilizando con éxito la impresión 3D para producir municiones a escala, como Firestorm , que produce una munición merodeadora que puede fabricarse en menos de 24 horas y estar operativa un día después (esto recuerda la visión que un grupo de autores del Cuerpo de Marines de EE. UU. presentó en 2018 en estas páginas). Ian Muceus, cofundador y director de tecnología de Firestorm, me dijo que su compañía puede comenzar a imprimir moldes de carcasa de artillería de 155 milímetros y varios otros tan pronto como este verano en los Estados Unidos, seguido de fábricas de municiones portátiles que están desarrollando que podrían potencialmente desplegarse en Europa.

Estos métodos de producción de alta tecnología ofrecen importantes ventajas. Se pueden activar rápidamente y sin costo adicional simplemente enviando el diseño del software a una impresora de grado industrial para su fabricación. Hay cientos de tales impresoras en los Estados Unidos. Esto hace que la producción sea ágil y escalable, capaz de expandirse o contraerse en cuestión de días con aumentos mínimos de costo y cronograma. Compare eso con las instalaciones que producen el caballo de batalla de esta guerra: el proyectil de artillería de 155 milímetros , que se produce en cuatro instalaciones propiedad del gobierno operadas por compañías de defensa.

El Pentágono debería querer que la base industrial de defensa pueda girar rápidamente para respaldar un aumento en la producción y luego pasar a otra cosa una vez que se actualicen las existencias o si surge una necesidad más urgente. ¿Por qué no brindar a Firestorm, u otra empresa que ofrezca soluciones similares, apoyo financiero y burocrático para ver qué tan rápido pueden poner en marcha una línea de producción de proyectiles de 155 milímetros en Polonia, Estonia, Lituania o Letonia? Parte de esto debería implicar producir consocios, no sólo en su territorio. La defensa sigue siendo normalmente un negocio nacional y una industria protegida que se resiste a una coordinación transnacional rentable. Esto se debe a la burocracia, las políticas, las restricciones tecnológicas y las preocupaciones sobre el riesgo. Como tal, valdría la pena hacer que sea más fácil para los negocios escalar (léase: adquisición plurianual de municiones y "compras a granel") y coproducir y co-desarrollar de una manera que mantenga abiertas múltiples líneas de fábrica en múltiples países. ahora. (Como argumenta Paula Alvarez-Couceiro en estas páginas virtuales , Washington debería apoyar más activamente una industria de defensa europea más fuerte). Tales experimentos del mundo real podrían salvar vidas estadounidenses en el futuro y al mismo tiempo fortalecer la defensa de Ucrania. 

Conclusión

Las guerras son sin duda trágicas. Sin embargo, ofrecen oportunidades de aprendizaje que pueden ayudar a preservar una paz futura más estable. La administración Biden le debe al pueblo estadounidense un esfuerzo más vigoroso, deliberado y emprendedor para extraer lecciones de esta guerra que podrían ayudarnos a todos a evitar o ganar la próxima. He identificado algunas posibles líneas de esfuerzo aquí y hay otras. Sin duda, Ucrania y el Mar Negro presentan una geografía y un adversario diferentes a los vastos tramos del Indo-Pacífico. Pero quedan en Ucrania lecciones por aprender, arreglos por encontrar, suposiciones por cuestionar y tecnologías y conceptos por evaluar. 

Tal esfuerzo también serviría a una lógica política: a medida que los escépticos de la asistencia militar estadounidense se hacen cada vez más ruidosos y las existencias de municiones fabricadas tradicionalmente disminuyen, la administración Biden haría bien en demostrar que lo que está haciendo por Ucrania sirve a los intereses estadounidenses más amplios en otros lugares, para incluir el Indo-Pacífico, donde el ejército estadounidense probablemente tenga mucho que aprender para preservar la estabilidad, la paz y la prosperidad frente a una República Popular China cada vez más beligerante. 

Para que todo esto sea posible, Estados Unidos y Ucrania deberán mejorar la forma en que trabajan juntos desde una perspectiva industrial de defensa, especialmente cuando se trata de transferencias de tecnología, restricciones a la exportación, producción local y problemas de propiedad intelectual. Descubrir cómo hacer esto hoy con Ucrania podría hacer que sea más fácil hacerlo mañana si estalla otra guerra trágica en Asia o en otro lugar. Por último, está el tema de la velocidad. Uno podría pensar que las burocracias militares de Ucrania en tiempos de guerra están trabajando con gran presteza y velocidad. Desafortunadamente, a menudo este no es el caso.

Gasto militar / PIB en el Mundo