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sábado, 1 de agosto de 2026

La campaña anti-argentina fue por Malvinas

Ex director de la Escuela Superior de Guerra sostuvo que la campaña anti argentina fue contra la reivindicación de Malvinas

El coronel Gabriel Camilli afirmó que los ataques surgidos durante el Mundial no respondieron solamente a una rivalidad deportiva, sino a una disputa vinculada con la cuestión Malvinas. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, aseguró.
Gabriel Camilli | Perfil




En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el coronel Gabriel Camilli aseguró que la aparición de símbolos vinculados con Malvinas durante el Mundial expuso una disputa que, según su análisis, continúa vigente desde 1982. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, afirmó el ex director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta, al explicar que los conflictos actuales también se libran en el terreno “cibernético y cognitivo”.

Gabriel Camilli es un coronel mayor retirado del Ejército Argentino, académico, escritor y reconocido analista geopolítico especializado en historia de la guerra y defensa estratégica. Se desempeñó como director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, ejerció el cargo de decano dentro de la Universidad de la Defensa Nacional, además fue jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, que en el Alpegrano preside la Fundación Estudios y Legados en Valores Nacionales, desde donde dicta conferencias sobre geopolítica y el pensamiento de próceres argentinos.

—El coronel Camilli escribió un excelente artículo que publicó el diario La Prensa, explicando, desde una perspectiva militar, que los recursos de defensa de un país no son solamente sus armas, que es lo que tiene doble valor viniendo casualmente de un militar. Así que le pido, si usted pudiera sintetizar oralmente su artículo a nuestra audiencia.
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—El artículo se llama La Argentina Bajo Ataque. Esto fue motivado porque tengo un centro, una fundación de estudios, que seguimos el problema estratégico de los valores nacionales. Y mirando el Mundial, como lo hacía cualquier ciudadano argentino que sigue este torneo, empecé a ver, habiendo escudriñado un poco en las redes sociales y habiendo estudiado esto, que se estaba dando delante de mis ojos una nueva forma de agresión que yo venía estudiando en guerras que se vienen dando en otros lugares del mundo.

Desde La Prensa seguimos en una columna la guerra de Ucrania y Rusia, los acontecimientos en el Medio Oriente. Y nosotros siempre hablamos de que hay distintos campos o dominios en los cuales se desarrollan las operaciones en la actualidad. Nosotros, y la mayoría de la gente, piensa que la guerra se desarrolla en la tierra, con los ejércitos; el mar, el aire. Pero en estos últimos tiempos se ha determinado que hay otros espacios importantes que tienen tanta o más trascendencia que estos clásicos que he mencionado.

Tenemos el campo aeroespacial, se pasó a una dimensión mayor, el campo cibernético y el campo cognitivo, que es el que llega al celular, a la pantalla de cada uno de los ciudadanos, para hacerse de la mente de él mismo. Entonces, después de los primeros partidos, llegando hacia la semifinal, empecé a ver que los ataques a la Argentina eran no solamente de tono futbolístico, que no hubiese tenido ningún tipo de preocupación porque es discutible, y más con la pasión que le ponen los aficionados al fútbol a esto en todo el mundo.

Pero, a partir sobre todo de la victoria sobre Egipto se empezó a desencadenar una serie de ataques que nada tenían que ver con el fútbol; tenían que ver con la Argentina, con otras cosas. Y lo de la victoria sobre Inglaterra y la exposición de esa maravillosa bandera que la afición le acercó a nuestra magnífica selección, eso fue un desencadenante explosivo.

Porque tenemos que entender hoy, aunque parezca exagerado lo que estoy diciendo, de que el mundo se mueve por las redes y por el marco cibernético, la psico-guerra. Entonces, esta bandera tiró por tierra, según mi entender, años de campaña de desmalvinización, en la cual el Reino Unido y otras potencias invierten ingentes cantidad de dinero. Entonces, no fue una reacción natural de la ficción contraria o de los partidarios que no quieren a la selección argentina, sino que fue una cosa perfectamente instrumentada y fabricada desde otras usinas de poder. Y esto quedó determinado.

—¿Puedo decir entonces, escuchándolo, que la guerra de Malvinas no terminó nunca y que la guerra continuó por parte de Inglaterra fomentando la desmalvinización, que es una forma de consolidar su triunfo?

—Absolutamente bien resumido. Porque la paz, ¿qué es? La paz es, según una definición clásica, la tranquilidad en el orden. Es una definición clásica de la paz. Hay tranquilidad hoy porque no nos estamos agrediendo físicamente como en el 82, pero no hay orden. El orden es volver las cosas a su justo sitio. El orden es que, de mínima, se cumpla la resolución de Naciones Unidas que obliga a las partes a sentarse a negociar, de mínima.

Y para nosotros el orden es restaurar esa usurpación que en 1833, de forma absolutamente arbitraria y por la fuerza, desalojó a la población argentina que venía ocupando ese lugar. Entonces, como usted bien dice, la guerra no terminó. La guerra en estos 44 años posteriores tuvo un desarrollo muy interesante, con períodos que nosotros estudiamos acabadamente: período de desmalvinización fuerte, período en que la guerra era el carro atmosférico para la Argentina, la guerra en que los chicos de la guerra eran los locos de la guerra, hasta que después el tiempo, o la verdad, fue decantando de que esta fue una justa guerra, y la Argentina fue reconociendo a sus veteranos.

La Argentina, a pesar de esas campañas de desmalvinización, como lo muestra esta bandera y este espíritu de gente sencilla, de nuestros jugadores que con todo el corazón, en todos los momentos, mostrado este amor por Malvinas. Acordémonos la canción en el mundial anterior, en la hinchada por los muchachos de Malvinas. Entonces, esto ha quedado fijo del lado nuestro y del lado del enemigo no ha cesado. No ha cesado porque hay pruebas fehacientes de que existen usinas de pensamiento producidas desde Gran Bretaña, en la cual se le paga a profesionales y expertos para generar un ambiente de desmalvinización, de que los argentinos abjuremos de Malvinas.

Hay un hecho muy fuerte que yo siempre destaco. Hay una campaña que promueve la Embajada Británica en Buenos Aires que se llama Visitemos a nuestros vecinos los Kelpers, en la cual invitan a jóvenes universitarios dedicados al área de la comunicación para que visiten Malvinas, a cambio de que los jóvenes produzcan piezas de orden publicitario que favorezcan esta amistad con los Kelpers.

Este es un problema muy grave porque desde el Gobierno argentino, del Estado Nacional, no se hace nada para impedir esto porque los Kelpers no son ni nuestros vecinos, son usurpadores de un territorio nacional. Y todo esto, aunque parezca mentira y parezca una fantasía, quedó demostrado en 30 segundos, con la aparición en el mundo, en el éter mundial, de esta bandera que desplegaron nuestros jugadores.

—Usted dice que, sabiendo que venía el partido con Inglaterra, el origen de toda esta campaña, en el fondo, es parte de la agresión de la guerra de Malvinas.


—Yo creo que sí, y de otros poderes que quieren que la Argentina no surja. La Argentina es un país por naturaleza rebelde. No se puede perdonar, ni no nos perdonaron en los 44 años posteriores de la guerra, el haber osado querer cambiar el statu quo que en 1965 las Naciones Unidas decían que debía cambiarse. La Argentina se ha esforzado por todos los medios en tratar de lograr recuperarla pacíficamente. Entonces, esto no se perdona.

—Y, visto en retrospectiva, ¿Cuál es su opinión de Galtieri?

—Al general Galtieri lo conocí. Tuve la oportunidad de conocerlo cuando yo era un joven teniente. El general Galtieri estaba cumpliendo prisión en la Escuela de su Oficial, el Sargento Cabral, el lugar que yo revistaba en ese momento. Y, como con un espíritu curioso, digo: bueno, tengo a esta persona acá, quiero entrevistarlo, quiero conocerlo. Así que varias veces pedí tomar un café con él.

Imagínense, yo era un teniente de 23, 24 años y el general era una persona bastante más grande. Y encontré una persona distinta a la que cuentan los medios, una persona que estaba consciente. Él me dijo a mí: “Mire, Camilli, la historia a mí me va a matar, me va a destruir”. Era perfectamente consciente y tomaba con una gran austeridad esta prisión que se le había impuesto. No tengo palabras negativas. Vi a una persona bastante simple, sencilla, y esa fue mi experiencia personal con el general Galtieri.

—Y desde el punto de vista militar, no personal, sino desde el punto de vista militar, ¿qué opina de la decisión de Galtieri de haber ido a la guerra? No sé si de Galtieri o de la Marina, en cualquiera de los casos? ¿Fue un error o finalmente fue un error útil en algún sentido?

—Lo entiendo perfectamente y, por supuesto, que como 40 años de estudio de este tema me llaman poderosamente la atención y soy el primer interesado en conocer la verdad. La llegada a Malvinas está envuelta en una serie de circunstancias que no son conocidas. Yo tengo una gran amistad con el licenciado José Enrique García Enciso, que fue senador nacional y vicegobernador de la provincia de Corrientes, que a la sazón, en ese momento, era un joven de veintitantos años que formaba parte del gabinete de crisis del general Galtieri por el tema de su conocimiento del idioma inglés.

García Enciso demuestra cabalmente y con pruebas que en 1981, ya en el gobierno del general Viola, se estaba preparando una reacción argentina en forma diplomática fuerte para evitar el cumplimiento de los 150 años ininterrumpidos en el 83 de la Guerra de Malvinas. Hubo una preparación y había un plan B que se empezó a gestar allá por el 81, que era el menos querido, que era hacer una especie de touch and go para cambiar y simplemente mover la sensibilidad de Gran Bretaña y obligarla a cumplir con la directiva de las Naciones Unidas. Estoy resumiendo brevemente porque él lo explica en un libro. Así que tengo una prueba presencial. Es una de las pocas personas vivas que formaban parte del ápice estratégico...

—O sea, usted lo dice que el objetivo era el touch and go. Y cuando ofrecieron las tres banderas fue el error de Galtieri. O sea, el error no fue iniciar la guerra sino seguirla.

—Exactamente. Fue el error, pero condicionado. Porque en este tema de las tres banderas, el presidente Belaunde Terry había logrado... y en la noche del primero al 2 de mayo...

—Hunde en el general Belgrano.

—Sí, señor, pero antes que lo que la gente no sabe, que esa noche se acordó entre las tres partes, Margaret Thatcher, Galtieri y Haig, que era el ministro de Relaciones Exteriores, un alto el fuego momentáneo para negociar. Margaret Thatcher incumple con esa orden y hunde al general Belgrano.Y ahí es cuando el general Galtieri no acepta seguir adelante. Ahora, podemos decir, tendría que haber sido con sangre fría y haber continuado con el acuerdo. De esto es testigo mucha gente del Perú y el mismo García Enciso, de lo que estoy diciendo. No es una cosa imposible de certificar. No justifico. Estoy diciendo: en el proceso de toma de decisiones de un Estado, de una nación, intervienen muchos factores.

—Coronel, me gustaría finalmente que usted le compartiera a nuestra audiencia la conclusión final que usted hace, diciendo de que el poderío de una nación se mide también por su capacidad cultural. Se mide también por cuestiones de soft power. Usted cita el INVAP, el CONAE, el CNEA. Grandes símbolos colectivos de la capacidad y la potencia de un país. Que la fortaleza no es exclusivamente las armas que un país tiene, sino que son la consecuencia de toda una capacidad científica, educativa, tecnológica, económica. Me gustaría un cierre con ese punto.

—Sí, la defensa nacional no es el aparato militar. En un sentido literal, podemos ver la figura de un hombre con un arco y una flecha que se proyecta hacia un blanco. La punta de la flecha, el metal, es solamente el poder militar. Pero todo lo demás que está detrás del arco, la flecha y todo el hombre y todo el esfuerzo, es todo el poderío nacional, toda la potencia nacional que hace posible la ejecución de ese esfuerzo último que tiene una nación cuando va a la guerra. Entonces, si nosotros debilitamos nuestro aparato tecnológico, nuestro aparato productivo, nuestro aparato industrial, nuestro conocimiento científico, y es un activo también la selección nacional, aunque te le parezca mentira, es un activo porque el fútbol Es pasión de las multitudes. Entonces, es un activo nacional.

Todo eso hace al ser y a la esencia de la defensa nacional. Pero tenemos que ponerlo en valor, tenemos que ponerlo a trabajar todos juntos detrás de ese esfuerzo, como ese hombre y ese arco y la flecha. No va la flecha por un lado, la soga por el otro y el músculo por otro. Va todo encaminado hacia cumplir un objetivo. Lo que yo veo es que la Argentina anda así, a la deriva, como una veleta, donde va el viento. Lo que creo que es el momento lo llama a buscar rumbos, a elegir conductores que busquen rumbos, que marquen direcciones y encolumnarnos todos detrás de ese esfuerzo.

RM

LT

domingo, 26 de julio de 2026

Inmigración universitaria hacia Argentina: Cuando los marrones se aguantan el asco

La emigración educativa universitaria hacia la Argentina

Por EMcL



La Argentina funciona como uno de los principales polos universitarios de América Latina. No recibe únicamente estudiantes de intercambio durante uno o dos semestres: atrae jóvenes que trasladan su residencia durante cinco, seis o más años para cursar carreras completas, especialmente Medicina, Odontología, Psicología, Ingeniería y otras profesiones liberales.



El fenómeno debe analizarse con cierta precisión. Las estadísticas universitarias suelen clasificar como “extranjero” a quien posee otra nacionalidad o nació fuera del país, pero eso no permite saber automáticamente si llegó exclusivamente para estudiar. Dentro de la misma categoría pueden aparecer un brasileño recién llegado para cursar Medicina, una paraguaya criada desde niña en la Argentina y un boliviano cuya familia reside y tributa aquí desde hace veinte años. Un informe de la Universidad Nacional de Lanús observó incluso que, en 2023, los extranjeros representaban el 4,2% de la matrícula universitaria de grado y pregrado, exactamente la misma proporción que las personas nacidas en el exterior dentro de la población argentina. Esa coincidencia no demuestra que no exista migración educativa, pero sí advierte contra la identificación automática entre “estudiante extranjero” y “visitante que nunca contribuyó al país”.

La dimensión del fenómeno

En 2023 había 108.889 estudiantes extranjeros de grado y pregrado en universidades argentinas. De ellos, 82.797 estudiaban en instituciones estatales y 26.092 en privadas. Representaban el 4,2% de la matrícula total de ese nivel: 4,1% en el sector público y 4,7% en el privado. No son, por lo tanto, una mayoría capaz de desplazar masivamente al alumnado argentino, pero tampoco constituyen un fenómeno insignificante: entre 2015 y 2023 su número se duplicó.

La concentración por disciplina es mucho mayor que el promedio general. En 2023, el 51,3% de los estudiantes extranjeros cursaba carreras pertenecientes a Ciencias de la Salud; otro 19% estudiaba Ciencias Aplicadas. En las universidades estatales, 42.539 extranjeros estaban inscriptos en carreras sanitarias. El problema fiscal y de capacidad, por consiguiente, no se distribuye homogéneamente: se concentra en facultades que necesitan laboratorios, instrumental, cadáveres para anatomía, simuladores, hospitales universitarios, prácticas clínicas y docentes especializados.

La UBA ocupa una posición extraordinaria. En 2023 tenía 38.185 estudiantes extranjeros de grado y pregrado sobre 326.421 alumnos. Esto significa, por simple comparación con los 82.797 extranjeros de todo el sector estatal, que alrededor del 46% de la matrícula extranjera de las universidades públicas se concentraba en una sola institución. En 2024, los extranjeros representaban el 28% de los estudiantes de Medicina de la UBA, el 18,1% de Odontología y el 9,4% de Ingeniería. En la UNLP, el promedio extranjero era de aproximadamente 7%, pero ascendía al 23% en Ciencias Médicas. (Argentina)

El sistema, por lo tanto, no está igualmente expuesto. El fenómeno es mucho más visible en Buenos Aires y La Plata, y luego en polos universitarios como Córdoba, Rosario y Mendoza. En las provincias limítrofes existe además una migración de proximidad: paraguayos hacia Misiones, Corrientes, Formosa y el área metropolitana. Bolivianos hacia Jujuy, Salta, Tucumán, Córdoba y Buenos Aires. Chilenos hacia Mendoza, San Juan, Neuquén y las grandes universidades centrales. Brasileños, en cambio, suelen desplazarse grandes distancias y muestran una fuerte concentración en Medicina.


De dónde vienen

La movilidad es fundamentalmente sudamericana. En los datos detallados de 2021, el 95,9% de los estudiantes internacionales procedía de países americanos. Dentro de las universidades estatales, los principales orígenes eran Perú, con 19%; Brasil, 18%; Paraguay, 13%; Bolivia, 12%; Venezuela y Colombia, 10% cada uno; Chile, 7%; y Ecuador, 5%. En las universidades privadas, Brasil alcanzaba el 35%, debido en gran medida a los estudiantes de Medicina. (LA NACION)

Cada corriente tiene una lógica diferente. Los brasileños responden especialmente a la combinación entre el elevado costo de Medicina privada en Brasil, la fuerte selección para ingresar en las universidades públicas y la existencia de una industria de agencias que organiza residencia, documentación y preparación lingüística en la Argentina. Los peruanos y ecuatorianos enfrentan sistemas públicos con exámenes de admisión, cupos y una oferta privada que puede representar un esfuerzo financiero considerable. Los paraguayos y bolivianos agregan cercanía geográfica, redes familiares preexistentes y afinidad cultural. Los colombianos tienen especial peso en posgrados. Los chilenos son menos numerosos, pero históricamente fueron atraídos por la diferencia entre el arancelamiento chileno y la gratuidad argentina.

Por qué vienen a estudiar aquí

La atracción argentina no se explica únicamente porque “la universidad es gratis”. Es el resultado conjunto de precio, acceso, reputación, idioma, amplitud de la oferta y facilidad migratoria.

La diferencia de acceso

En muchas universidades nacionales argentinas no existe un examen nacional competitivo ni un número predeterminado de vacantes. Puede haber ciclos de ingreso, cursos nivelatorios, CBC, exámenes de conocimientos o requisitos internos, pero no opera un sistema nacional que ordene a todos los aspirantes y entregue una cantidad limitada de plazas.

Brasil ofrece una comparación útil. Sus universidades públicas también son gratuitas, de modo que sería falso afirmar que toda la región cobra y solamente la Argentina no. Sin embargo, el acceso brasileño se articula principalmente mediante el ENEM y el Sistema de Selección Unificada, que distribuye vacantes limitadas según los puntajes obtenidos. Quien no logra ingresar debe volver a competir o recurrir al amplio sector privado. (Serviços e Informações do Brasil)

En Paraguay existe desde 2020 un régimen de “arancel cero” en las universidades públicas, pero el beneficio está sujeto a condiciones, solicitudes y categorías de estudiantes; además, muchas facultades mantienen procesos de admisión competitivos. En Uruguay, la Universidad de la República ofrece más de 140 carreras abiertas y gratuitas. Por eso Uruguay genera menos presión migratoria hacia la Argentina por razones estrictamente arancelarias: un uruguayo puede acceder a un sistema público bastante semejante en su propio país. (UNA Ingeniería)

La verdadera excepcionalidad argentina no es solamente la gratuidad, sino la combinación de gratuidad amplia, gran cantidad de universidades, diversidad disciplinaria y acceso relativamente abierto.

La diferencia de costos familiares

Chile y Colombia representan modelos con fuerte participación de los hogares en el financiamiento universitario. Según el BID, las familias financiaban aproximadamente el 57% del gasto en educación superior chilena y el 68% del colombiano. Ambos países poseen becas, créditos y programas de gratuidad, pero éstos no eliminan el costo para todas las familias ni garantizan automáticamente el acceso de cualquier estudiante a cualquier institución.

Un estudio comparativo del BID sobre Chile, Perú, Colombia y Costa Rica concluyó que los aranceles, la vivienda, el transporte, los materiales y la manutención pueden absorber una proporción muy elevada del ingreso familiar. En Chile, incluso después de considerar becas y gratuidad, los mecanismos de apoyo cubrían aproximadamente entre 50% y 57% del gasto total de un estudiante universitario promedio, porque vivir, transportarse y mantenerse también cuesta.

La Argentina elimina o reduce drásticamente uno de esos componentes: el arancel de grado. Esto puede volver atractivo al país incluso cuando Buenos Aires ya no sea particularmente barata en dólares. El costo de vida argentino es cíclico: durante una devaluación resulta muy conveniente para quien recibe remesas; después de una apreciación cambiaria puede encarecerse. La ventaja estructural más estable no es el alquiler ni la comida, sino el acceso a una carrera prestigiosa sin pagar la matrícula completa que exigiría una universidad privada en el país de origen.

El prestigio y la amplitud académica

La Argentina posee universidades grandes, históricas y reconocidas regionalmente. En Medicina, Psicología, Derecho, Ciencias Sociales, Arquitectura, Artes y varias ramas científicas existe una oferta mucho más amplia que la disponible en países pequeños. Para una familia paraguaya, boliviana o ecuatoriana, estudiar en Buenos Aires, Córdoba o La Plata puede representar una credencial regionalmente prestigiosa sin tener que afrontar el costo y la distancia de Europa o Estados Unidos.

También pesan el idioma, la proximidad aérea y terrestre, calendarios académicos semejantes y una cultura relativamente receptiva a la inmigración latinoamericana. Para un peruano o paraguayo, la adaptación lingüística y social es mucho menor que en un destino anglosajón. Para un brasileño, el idioma constituye una barrera inicial, pero no tan grande como para neutralizar el ahorro potencial en una carrera como Medicina. (LA NACION)

Qué gana la sociedad argentina

La respuesta correcta es: puede ganar bastante, pero las ganancias no son automáticas y no siempre recaen sobre quien paga el costo.

Consumo y actividad económica

Un estudiante extranjero alquila una vivienda, compra alimentos, utiliza transporte, contrata telefonía, adquiere libros y equipamiento, sale a comer y recibe visitas familiares. Parte de esos recursos proviene de remesas del exterior y entra en la economía argentina. Además, paga IVA y otros impuestos incorporados en cada consumo, aunque no haya tributado previamente impuesto a las ganancias o aportes laborales.

El beneficio se concentra especialmente en ciudades universitarias. Propietarios, residencias, supermercados, bares, librerías, academias de español, gestores migratorios y empresas de transporte capturan una demanda adicional. En las universidades privadas, el efecto fiscal es generalmente más favorable porque el estudiante paga un arancel y, además, consume localmente.

Aprovechamiento de capacidad existente

Una universidad tiene elevados costos fijos: edificios, bibliotecas, profesores, rectorados, sistemas administrativos y servicios informáticos. Incorporar un alumno más a una clase teórica de 150 personas puede costar muy poco mientras haya lugar disponible. El error más habitual del debate consiste en tomar el presupuesto total de una universidad, dividirlo por el número de alumnos y afirmar que cada extranjero genera exactamente ese “costo promedio”. Eso confunde costo medio con costo marginal.

Pero el razonamiento contrario también sería equivocado. Cuando el aula está saturada, hacen falta nuevas comisiones. Cuando se trata de Medicina, Odontología, Bioquímica o Ingeniería, el estudiante adicional consume insumos, prácticas, espacio de laboratorio y horas docentes. El costo marginal puede ser bajo en una materia teórica y elevado en una rotación hospitalaria. Por eso no tiene sentido asignar el mismo valor fiscal a un estudiante de Historia y a uno de Odontología.

Incorporación de capital humano

La ganancia más importante aparece cuando el graduado permanece en el país. La Argentina recibe a una persona que completó su educación primaria y secundaria a costa de otra sociedad, financia solamente su etapa universitaria y obtiene después un médico, ingeniero, investigador o empresario que trabaja, paga impuestos y forma una familia aquí.

Desde una perspectiva de capital humano, ésta puede ser una operación muy favorable. El país de origen pagó los primeros doce años de formación; la Argentina aporta la etapa superior y se queda con la vida laboral del profesional. El problema es que no existe una política sistemática para retener a los mejores graduados internacionales ni información pública suficientemente detallada sobre cuántos permanecen, cuánto trabajan formalmente y cuánto terminan tributando.

Internacionalización y poder blando

Los graduados que regresan tampoco dejan necesariamente un beneficio igual a cero. Un médico brasileño formado en Córdoba, un diplomático paraguayo graduado en Buenos Aires o un empresario peruano egresado de La Plata conservan vínculos profesionales, afectivos y comerciales con la Argentina. Esas redes pueden favorecer negocios, cooperación científica, circulación cultural y afinidad política.

Este efecto es real, pero difícil de monetizar. Constituye una forma de poder blando: la Argentina proyecta su idioma, su tradición universitaria, sus ideas jurídicas, médicas y sociales y sus redes profesionales sobre las elites técnicas de países vecinos. El problema económico es determinar cuánto vale ese beneficio y si justifica subsidiar por completo cualquier carrera, para cualquier estudiante y sin condiciones.

La asimetría de costos y beneficios

Aquí está el núcleo del problema.

La primera asimetría es fiscal. El costo universitario es financiado por el presupuesto nacional y, por lo tanto, por contribuyentes distribuidos en todo el país. Sin embargo, buena parte del beneficio comercial inmediato queda en Buenos Aires, La Plata, Córdoba o Rosario, especialmente en propietarios e intermediarios privados.

La segunda es temporal. La sociedad argentina paga durante los años de estudio. El beneficio fiscal aparece más tarde y solamente si el graduado permanece, consigue empleo formal y tributa. Si vuelve inmediatamente a su país, Argentina soporta el costo presente y el país de origen recibe el capital humano terminado.

La tercera es sectorial. El Ministerio de Educación y las universidades afrontan la formación, mientras que comercios, inmobiliarias y servicios capturan gran parte del gasto estudiantil. Quien paga no coincide necesariamente con quien cobra.

La cuarta es disciplinaria. En una carrera masiva y teórica, el costo incremental puede ser reducido. En Medicina, Odontología o carreras experimentales, la formación adicional puede exigir infraestructura escasa y desplazar horas de prácticas que también necesitan los alumnos argentinos.

La quinta es migratoria. No es lo mismo un residente paraguayo que vive desde hace quince años en Formosa, trabaja, tiene hijos argentinos y decide estudiar Enfermería, que una persona llegada con residencia temporaria exclusivamente para cursar seis años y regresar. Tratar ambos casos como idénticos es económicamente incorrecto y políticamente injusto.

Cuándo el saldo es positivo y cuándo puede ser negativo

Para un estudiante de una universidad privada, el resultado suele ser fiscalmente neutro o positivo: paga su formación, consume en el país y genera actividad económica.

Para un extranjero radicado de manera permanente, la discusión no difiere demasiado de la correspondiente a un argentino. Vive aquí, paga impuestos directos e indirectos y probablemente desarrollará su carrera en el país.

Para un estudiante temporario de una universidad pública, el resultado depende de cuatro variables: el costo marginal de su carrera. El volumen de gasto que trae del exterior. La probabilidad de que permanezca después de graduarse. El valor que se asigne a las redes y a la influencia internacional generadas.

El caso más desfavorable para la Argentina es claro: un estudiante temporal cursa gratuitamente una carrera de alto costo, utiliza infraestructura clínica escasa, recibe el título y regresa inmediatamente a un país que no aportó al financiamiento. Allí se produce una transferencia neta desde el contribuyente argentino hacia la sociedad de origen.

El caso más favorable también es claro: el estudiante ocupa capacidad ociosa, trae recursos familiares del exterior, se gradúa, permanece en la Argentina, cubre una profesión escasa, crea una empresa y paga impuestos durante treinta años. En ese escenario, el subsidio universitario inicial puede generar un rendimiento social muy elevado.

El cambio legal de 2025

Desde mayo de 2025, el Decreto 366 modificó la Ley de Educación Superior. La gratuidad quedó garantizada para los ciudadanos argentinos y para los extranjeros con residencia permanente. Las universidades estatales quedaron habilitadas —no obligadas— a cobrar por los servicios educativos a quienes no estén comprendidos en esas categorías. También pueden conceder becas o establecer excepciones mediante sus estatutos y convenios internacionales. (Argentina)

Esto significa que no existe un arancel nacional uniforme para extranjeros. Cada universidad puede decidir si cobra, a quién, cuánto y bajo qué condiciones, en ejercicio de su autonomía. El Gobierno explicitó que la medida no impone el cobro, sino que deja la decisión en manos de las instituciones. (Argentina)

El nuevo régimen intenta corregir la asimetría fiscal, pero tiene problemas. Puede generar universidades gratuitas y aranceladas coexistiendo dentro del mismo sistema. Puede incentivar que los estudiantes elijan instituciones que no cobren. Puede empujar a algunos a tramitar una residencia permanente antes de comenzar. Y puede resultar difícil calcular un arancel técnicamente razonable si no se conoce el costo marginal por carrera.

Una política racional

La alternativa más eficiente no parece ser ni la gratuidad indiscriminada ni el cobro pleno y uniforme.

Un diseño razonable debería distinguir al inmigrante radicado del estudiante temporal. Debería calcular aranceles según el costo marginal de cada disciplina, no dividir mecánicamente todo el presupuesto universitario por la matrícula. Debería mantener becas para estudiantes sobresalientes y para áreas estratégicas. Podría establecer convenios de cofinanciamiento con los países de origen. Podría ofrecer reducción o condonación del arancel a quienes trabajen algunos años en la Argentina después de graduarse. Y, sobre todo, debería producir estadísticas sobre residencia, graduación, permanencia laboral y contribución tributaria.

Balance

La emigración educativa hacia la Argentina no es simplemente un saqueo de recursos públicos, porque los estudiantes consumen, pagan impuestos indirectos, enriquecen las universidades y algunos permanecen como profesionales. Pero tampoco es correcto afirmar que siempre constituye un negocio beneficioso: cuando la formación pública es costosa y el graduado regresa inmediatamente, la sociedad argentina subsidia la acumulación de capital humano de otro país.

La cuestión central no es la nacionalidad, sino el contrato implícito. ¿Argentina está formando futuros habitantes y contribuyentes, exportando influencia regional o regalando una credencial costosa sin recibir una contraprestación proporcional? La respuesta varía según el estudiante, la carrera y su trayectoria posterior. El gran déficit argentino es que, hasta ahora, el sistema ha discutido el tema ideológicamente sin medir de manera suficiente esas tres posibilidades.



jueves, 23 de julio de 2026

Argentina: Inversiones mineras en Chubut

Desembarca la minería: Jaguar Uranium Corp consiguió financiamiento para “Laguna Salada”  y “La Rosada” en Chubut

La Voz de Chubut

 

La minera canadiense Jaguar Uranium Corp. -que recientemente debutó con éxito en Wall Street con una oferta pública inicial diseñada para captar cerca de $25 millones de dólares para financiar su expansión- concentra parte de su estrategia de crecimiento en proyectos de uranio situados en Chubut.

Estos proyectos forman parte del conjunto de iniciativas uraníferas presentes en la región patagónica, que se encuentran en etapas de prospección y exploración.

Laguna Salada: evaluación económica preliminar

El proyecto Laguna Salada, ubicado en la Meseta Central chubutense, es uno de los activos de mayor relevancia para Jaguar Uranium en Argentina. Se encuentra en una fase de evaluación económica preliminar, etapa en la que la empresa ya ha realizado estudios técnicos con el objetivo de determinar si la mineralización identificada puede generar un retorno económico viable para desarrollar una futura explotación comercial.

Este proyecto fue originalmente parte de activos que la canadiense adquirió de otra compañía minera, consolidando así su presencia en la provincia. Los estudios preliminares contemplan análisis geológicos, pruebas metalúrgicas para medir la recuperación de uranio y estimaciones de recursos que servirán de base para avanzar hacia fases más profundas de evaluación si los resultados son favorables.

La Rosada: amplio potencial exploratorio

Además de Laguna Salada, Jaguar Uranium controla el proyecto La Rosada, otro yacimiento situado en Chubut que cubre una porción significativa de terreno con posible mineralización de uranio. En conjunto con Laguna Salada, estos dos activos comprenden una parte importante de las concesiones de la empresa en la provincia, que en total abarcan cerca de 300.000 hectáreas de terrenos con potencial uranífero.

La Rosada se distingue por su potencial exploratorio, con zonas geológicas objetivo que han sido identificadas como áreas prioritarias para estudios adicionales. En esta fase, Jaguar planea profundizar las pruebas metalúrgicas y continuar con campañas de muestreo y perforación para recabar datos más detallados sobre la calidad y extensión del recurso.

¿UNA ALTERNATIVA ANTE LA CAÍDA PETROLERA?

El movimiento de Jaguar Uranium se produce en un contexto provincial complejo. Chubut atraviesa una sostenida caída en la producción de petróleo convencional, especialmente en la cuenca del Golfo San Jorge, con impacto directo en empleo, regalías y actividad económica en ciudades como Comodoro Rivadavia.

En ese escenario, sectores políticos y empresariales comienzan a plantear la necesidad de diversificar la matriz productiva y explorar alternativas que compensen la merma del hidrocarburo, históricamente columna vertebral de la economía provincial.

El uranio, vinculado a la generación de energía nuclear y considerado un recurso estratégico en el nuevo mapa energético global, aparece en ese debate como una posible variante de reconversión productiva. La captación de capital internacional para explorar en Chubut refuerza esa hipótesis y coloca nuevamente a la actividad minera en el centro de la discusión pública.

Por ahora, el dato concreto es financiero: una empresa con activos en Chubut logró respaldo en Wall Street y dispone de US $25 millones para profundizar la exploración. El debate sobre si el uranio puede convertirse en parte de la reconversión económica provincial vuelve así a escena, en paralelo a la crisis del petróleo.

domingo, 19 de julio de 2026

Argentina: Una alternativa de desarrollo sustentable y familiar


lunes, 13 de julio de 2026

Patagonia: Los "incendios" y la ley penal

Incendios, delitos ambientales e impunidad: el caso de Chubut

La Voz del Chubut




Los incendios forestales que se repiten año tras año en la Patagonia, y hoy golpean con fuerza a Chubut, no son solo una catástrofe ambiental y social: son también la expresión más visible de una estructura de impunidad frente a los crímenes ambientales en la Argentina. Cientos de evacuados, viviendas destruidas, bosques nativos arrasados y ecosistemas dañados de forma irreversible contrastan con la ausencia de responsables identificados y sancionados.

En materia penal, los incendios intencionales constituyen delitos graves. El Código Penal argentino tipifica el delito de incendio y otros estragos (artículos 186 a 189), agravado cuando pone en peligro la vida, los bienes de terceros o afecta bosques, áreas protegidas e infraestructura pública. A ello se suman posibles delitos ambientales, como el daño agravado a bienes de uso público, la afectación de la biodiversidad, la contaminación del aire y del suelo, y la violación de normativas de protección del bosque nativo (Ley 26.331). En determinados contextos, estos hechos pueden vincularse además con asociaciones ilícitas, especulación inmobiliaria o apropiación ilegal de tierras.

Sin embargo, la norma rara vez se traduce en justicia efectiva. La investigación judicial de los incendios suele quedar atrapada en una combinación de falta de recursos técnicos, escasa voluntad política, fragmentación de competencias y una mirada que reduce el problema a “desastres naturales”, aun cuando existen indicios reiterados de intencionalidad. La ausencia de querellantes, la lentitud de las causas y la dificultad para seguir la ruta del dinero refuerzan este escenario.

La impunidad también se vincula con el manejo opaco de los fondos públicos destinados a la prevención y combate del fuego. El Servicio Nacional de Manejo del Fuego y el Sistema Federal de Manejo del Fuego reciben partidas millonarias, pero los incendios avanzan sin aviones suficientes, brigadistas mal pagos y comunidades expuestas. La falta de control sobre el destino de esos recursos debilita la capacidad de respuesta del Estado y abre interrogantes que rara vez llegan a los tribunales.

En Chubut, como en otras provincias, el desafío es romper el círculo vicioso: incendios, emergencia, reconstrucción precaria y olvido judicial. Investigar quién prende fuego, quién se beneficia, quién omite controles y quién no investiga es una condición básica para proteger el ambiente, que la Constitución reconoce como un derecho colectivo. Sin justicia ambiental, los incendios dejan de ser una tragedia inevitable para convertirse en un negocio impune.

Dr. Gustavo Gomez – Ex Fiscal Federal

lunes, 22 de junio de 2026

Argentina: Empresas podrán ser creadas y gestionadas por IA

Milei responde a Harari sobre dar personería jurídica a los agentes de IA: “No significa lanzar el día del juicio final de Terminator”


El presidente argentino defiende la creación de sociedades de responsabilidad limitada operadas de forma autónoma



Javier Milei en Buenos Aires (Argentina), el 25 de mayo.
Sebastian Hipperdinger (Europa Press vía Getty Images)
Mar Centenera || EL PAÍS


Javier Milei se muestra decidido a convertir Argentina en un paraíso para las empresas de inteligencia artificial (IA). En paralelo al proyecto legislativo que busca atraer inversiones multimillonarias en industrias experimentales, este jueves defendió la idea de crear un nuevo marco legal que permita otorgar personería jurídica con responsabilidad limitada a compañías administradas por sistemas de IA. El presidente argentino respondió a través de un comunicado oficial al historiador Yuval Noah Harari, crítico con la iniciativa que impulsa el Gobierno argentino. Para Milei, la modificación de la Ley General de Sociedades que quiere aprobar en el Congreso no supone “desencadenar el día del juicio final de Terminator” sino crear un marco legal que permita el desarrollo tecnológico y la innovación.

La idea de Milei entusiasma a magnates tecnológicos como Peter Thiel, quien desembarcó dos meses atrás en Buenos Aires, pero preocupa a pensadores de la talla de Harari, quien ha advertido que convertir Argentina en un espacio sin control para la IA es “extremadamente riesgoso”. Para el autor de Sapiens, reconocer legalmente a corporaciones no humanas significaría darles poder para intervenir de manera autónoma en el sistema financiero, económico y político sin rendir cuentas de sus acciones. “Cuando hablé en el Foro Económico Mundial en enero de este año, advertí que los gobiernos podrían algún día otorgar personería jurídica a los modelos de IA. Jamás imaginé que ese algún día llegaría tan solo cuatro meses después”, escribió Harari el lunes en una columna en el Financial Times en la que respondía a otra escrita por Milei bajo el título “Argentina invita a la inteligencia artificial a liberarse”.

En su respuesta, el mandatario argentino calificó de “inesperada” la preocupación que expresa el historiador israelí. “Probablemente ninguna persona en el mundo pueda prever el futuro tan bien como él; y otorgarles a las empresas gestionadas por IA un marco jurídico parece ser una característica necesaria de ese futuro”, escribió Milei. En su opinión, la personería jurídica es “una de las herramientas más probadas en la historia del derecho comercial” y puede ser clave también para regular las corporaciones no humanas: “Una empresa autónoma que opere dentro de un marco jurídico capaz de disolverla, embargar sus activos o exigirle responsabilidad legal no está escapando de la ley. Está sometiéndose a ella. Y, en gran medida, esa es precisamente la razón por la que importa otorgarle personalidad jurídica".

Milei expresó sus dudas sobre la advertencia de Harari de la capacidad de la IA para encontrar vacíos legales o hacer trampas. “¿Acaso los seres humanos no hacen lo mismo? Y aun así, eso no es motivo para abolir las estructuras corporativas, y no creo que nadie lo haya sugerido en el caso de empresas dirigidas por personas”, señaló. El economista argentino destacó que en caso de verse perjudicado por una IA “preferiría tener un patrimonio contra el cual hacer valer un reclamo” que no tenerlo y destacó que las penas y sanciones serán las mismas que rigen ahora para las demás compañías.

El pensador israelí señaló que el miedo a ir a la cárcel tiene un efecto disuasor para los humanos que piensan en infringir la ley, un castigo que no sería aplicable para la IA. Para Milei, en cambio, un agente autónomo “preferiría mantenerse estrictamente dentro de la ley y minimizar los riesgos” si ve que el riesgo de no hacerlo es la quiebra.

El presidente argentino cita el clásico de Isaac Asimov, Yo, Robot, publicado en 1950, que incluye un relato sobre un candidato político sospechoso de ser un robot. “El robot trabaja las veinticuatro horas, es escrupulosamente honesto y nunca pierde la compostura. ¿Por qué no probar con el político robot? Nadie lo sabe con certeza, pero considero probable que las empresas de IA sean más adversas al riesgo que los seres humanos", compara Milei.

El proyecto para otorgar personería jurídica a empresas administradas por IA se complementa con otro que busca crear un régimen con generosos beneficios fiscales, aduaneros, cambiarios y regulatorios para proyectos de inversión superiores a los 1.000 millones de dólares en industrias que el Gobierno considera “genuinamente nuevas” para la Argentina. Al mismo tiempo, el Gobierno impulsa también la flexibilización de la normativa que hoy limita la compra de tierras a extranjeros y un programa para usar inteligencia artificial en el desarrollo de políticas públicas que despertó dudas sobre la posible vulneración de datos personales. Las advertencias públicas a estos proyectos no alteran el rumbo decidido por Milei.

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