sábado, 18 de julio de 2026
miércoles, 8 de julio de 2026
jueves, 25 de junio de 2026
martes, 21 de abril de 2026
La indolente animosidad de los mexicanos contra Argentina
México oscuro y hostil
¿Qué se esconde detrás de la persistente hostilidad del pueblo mexicano hacia los argentinos?
El chisporroteo suscitado recientemente a propósito de la gripe sirvió para sacar a la luz el profundo sentimiento de animadversión hacia los argentinos existente en el pueblo mexicano, algo bien conocido por quienes residen, han residido, o tienen contacto frecuente con el país norteamericano, pero más bien ignorado o desestimado por la opinión pública en su conjunto.
Éste, por supuesto, no es un problema de la Argentina ni de los argentinos. Es un problema de México y de los mexicanos, especialmente de quienes desde la esfera pública o la privada tienen la responsabilidad de formar opinión, y que con demasiada frecuencia alientan esos sentimientos negativos hasta convertirlos en una especie de misión nacional.
Para la Argentina y los argentinos esa enemistad ha de ser tomada simplemente como un dato de la realidad e incorporado al análisis a la hora de definir estrategias geopolíticas, buscar socios comerciales o seleccionar destinos turísticos. Sin embargo, una pregunta queda en pie: ¿por qué esa actitud de parte de un pueblo al que casi no conocemos y apenas nos interesa?
Mi trabajo me llevó a residir, o pasar algún tiempo, en diversos países de América y Europa. Conocía desde la distante cordialidad de los anglosajones, que es la misma que se dispensan entre ellos, hasta la efusiva hospitalidad de los centroamericanos, también propia de su carácter y prodigada con amplia generosidad.
Pero cuando llegué a México, en 1987, por primera vez me sentí -me hicieron sentir- extranjero. Mi condición de argentino se convirtió en una cualidad de mi persona, como mi nombre o mi cuerpo, y de la cual tenía que hacerme cargo. Por primera vez, también, tomé conciencia de ser blanco, y de que eso me aseguraba ciertas prerrogativas.
De a poco fui advirtiendo la duplicidad esencial de los mexicanos, o al menos de los chilangos, los habitantes de la capital. El trato explícito era cordial: “ay, qué rico que hablan”, “mi casa es su casa”, etc. Pero tan pronto me detectaban el acento en una comunicación ligada, escuchaba el clásico “vuélvete a tu país”. Detrás de las sonrisas acechaba la inquina.
La animosidad contra los argentinos es en México casi una política de estado.
Y me dí cuenta de que esa animosidad era casi una política de estado. Todos los lunes la agencia noticiosa oficial Notimex emitía un despacho en el que comparaba las actuaciones dominicales en Europa de Maradona y … ¡Hugo Sánchez! En el canal de dibujos animados, unas ratitas de inconfundible acento argentino le hacían la vida imposible a un sufrido gato mexicano. A través de una emisora cultural, probablemente estatal, un esforzado erudito procuraba desmontar la superchería de que el tango era una creación argentina.
Uno podía pensar que la animosidad contra nosotros era un pasatiempo arrojado por un régimen autoritario para entretener al populacho, dándole un punto de referencia desde el cual comparar favorablemente a México, aún a costa de la verdad y las estadísticas. Y algo de eso había, si se tomaba como muestra la política informativa de la entonces monopólica Televisa, la misma que ahora sigue puntualmente CNN en Español.
Pero el prejucio antiargentino impregna incluso a los sectores más empinados de la sociedad mexicana. Uno de mis primeros objetivos periodísticos al llegar a México fue el de entrevistar a Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del ex presidente Lázaro Cárdenas, y que en ese entonces asomaba como campeón de la disidencia dentro del PRI. Su primera reacción al recibirme en su oficina de las Lomas fue preguntar por qué la organización noticiosa internacional para la que yo trabajaba no le había “mandado” a un mexicano.
El escritor Carlos Fuentes, que frecuentemente es acogido con beneplácito en la Argentina, como disertante o colaborador de los medios locales, ha hecho de la denigración (sutil, maliciosa) de nuestro país un tópico reiterado de sus artículos periodísticos, muchas veces -es cierto- con “letra” prestada por su amigo, el sinuoso progresista Tomás Eloy Martínez. Y Fuentes no es el único intelectual mexicano que contribuye a la “misión nacional” antiargentina.
Hace un par de años me tocó tratar con un consultor de empresas mexicano, un hombre con buenos contactos en el gobierno y que había viajado bastante por el mundo. Mientras caminábamos por el centro de Buenos Aires, notó que locales cuyo alquiler era presumiblemente elevado alojaban librerías, indicador de que el público local seguía siendo tan buen lector como para que esos comercios continuasen siendo rentables.
Seguimos andando y se quedó en silencio, como si algo en el fondo de la conciencia le recordase su “misión nacional” tras una inesperada distracción. “¿Sabías -me espetó, sin que el tema viniera al caso- que muchos vienen a Buenos Aires a hacer turismo sexual?” Y se explayó sobre sus (tristes) experiencias personales en ese campo. La agresividad implícita, la falta de cortesía de su comentario me hizo acordar a la que su compatriota Cárdenas exhibiera veinte años atrás. (Cuando nos reencontramos un mes más tarde en la ciudad de México el consultor de marras trató de ocultar las tarjetitas que los “servicios de acompañantes” habían dejado en el parabrisas de su camioneta).
“Lo que se siente es: violencia. Violencia a punto de estallar, violencia que estalla”.
Conduciendo años antes por la avenida Horacio, en el barrio de Polanco, mi esposa tuvo la osadía muy porteña de reclamar con la bocina a un conductor que había hecho una mala maniobra. El hombre le cruzó el auto, se bajó y se lanzó hacia ella. Al verla, contuvo como pudo su furia. “¿Por qué hizo eso?”, le gritó. “¿No se da cuenta de que se arriesga a que yo la lastime?”. Mi esposa -que no abrió la boca para no delatar el acento- cree que la salvó su piel blanca, y el pelo de nuestro hijo que la acompañaba, del color del trigo al sol.
Veinte años antes de mi llegada a México, H. A. Murena, que dedicó buena parte de sus ensayos a interpretar la realidad americana, había volcado en un artículo sus impresiones sobre ese país: “Lo que se siente es: violencia. Violencia a punto de estallar, violencia que estalla; también el anverso de la violencia, la extremada amabilidad de los que conocen el peligro del estallido en un medio violento. (Se) descubre que en esta ciudad no conviene sostenerle la mirada a la gente”.
Esa violencia sorda, contenida, está en el fondo del carácter mexicano, y rara vez se expresa abiertamente: espera agazapada el momento de reparar el agravio, probablemente imaginario y del que el presunto agraviador tal vez sea absolutamente ignorante. La frontalidad con que los argentinos suelen expresar sus opiniones o sus desacuerdos es lo que en México se percibe como arrogancia o soberbia.
Esa violencia mexicana refleja una serie de profundas contradicciones, que nacen de su condición de mestizos y se expresan en complejos de inferioridad y resentimientos contra lo extranjero que no acaban de resolverse, y que por el contrario parecen ser realimentados deliberadamente como si fueran parte de un imaginario carácter nacional.
Los mexicanos se declaran orgullosos de su pasado indígena, pero a la vez se avergüenzan de él.
“Si un extranjero pudo escribir un buen libro sobre México, este libro es Vecinos distantes y ese extranjero es Alan Riding”, escribió Jorge Castañeda, quien más tarde sería canciller de la república, cuando apareció ese libro en 1985. Repárese en la duplicación del adjetivo “extranjero” que Castañeda, un intelectual de relieve, se sintió obligado a estampar en su comentario. El libro de Riding, efectivamente, me ayudó a encontrar explicaciones para los interrogantes que me planteaba el país donde estaba trabajando.
“A más de 460 años de la Conquista, no se ha asimilado el triunfo de Cortés ni la derrota de Cuauhtémoc, y aún se sienten repercusiones de aquel sangriento atardecer en Tlatelolco. Hoy día, 90 por ciento de los mexicanos son mestizos, en términos estrictamente étnicos, aunque como individuos sigan atrapados en las contradicciones de su ascendencia. Son tanto hijos de Cortés como de Cuauhtémoc, no son españoles ni indígenas, son mestizos, aunque no admitan su mestizaje”, escribió Riding.
“También como país, México busca interminablemente una identidad y oscila, en forma ambivalente, entre lo antiguo y lo moderno, lo tradicional y lo de moda, lo indígena y lo español, lo oriental y lo occidental. La complejidad de México radica tanto en el enfrentamiento como en la fusión de estas raíces”.
Ambivalencia, enfrentamiento y fusión, son, me parece, las palabras clave en este texto. Los mexicanos se declaran orgullosos de su pasado indígena, pero a la vez se avergüenzan de él. La historia oficial disimula cuidadosamente la despótica crueldad que caracterizaba a las mayores culturas precolombinas del área. Los mestizos tratan con desdén a los indios puros, y las señoras de las Lomas de Chapultepec describen despectivamente como “inditas” a sus empleadas.
Aunque sólo lo declaren abiertamente respecto de los argentinos (y por esa razón ésto lo iba a descubrir más tarde), los mexicanos odian por igual a todos los extranjeros, pero al mismo tiempo quieren imitarlos, jugar en sus mismas ligas, ser reconocidos como iguales. Y experimentan una fascinación hipnótica frente a la piel blanca. “Así de güera (blanca), aquí tendrías todos los caminos abiertos”, le dijo a mi hija adolescente Irma Carranza, nieta del ex presidente Venustiano Carranza, jefe de una de las facciones surgidas tras la revolución.
Los argentinos (como yo y mi familia descubrimos en México) somos blancos, y por eso caemos en el rango de los odios de los mexicanos, que se encarnizan porque también somos latinoamericanos, y ellos entienden que con nosotros pueden medirse. Pero también, por las mismas razones, caemos en el rango de sus fascinaciones. Ciertamente, las clases medias mexicanas conocen mucho más acerca de la Argentina que a la inversa.
Más allá de los exilios políticos, los argentinos empezaron a viajar a México a mediados de la década de 1990. Pero su conocimiento de ese país se reduce a una recorrida apurada por la capital y estadías en los centros turísticos, que son lugares anónimos acondicionados principalmente para una audiencia estadounidense. Las visitas a los sitios arqueológicos no aportan nada porque los mexicanos ocultan el sentido y función de esos lugares (vacío informativo que vino a llenar la película Apocalypto).
Muchos argentinos han encontrado en México los caminos abiertos, sea por güeros, como decía Irma Carranza, o por sus capacidades profesionales o empresariales. Desde Arnaldo Orfila Reynal, el editor infatigable que puso al Fondo de Cultura Económica en el primer nivel de las editoriales en castellano y fundó otra casa encomiable como Siglo XXI, hasta Gustavo Santaolalla, artífice en las sombras de muchas de las bandas de rock mexicanas. México siempre supo beneficiarse de las sucesivas diásporas argentinas.
Pero esto no lo sabe la mayoría del pueblo mexicano, como no sabe que buena parte de sus programas de televisión preferidos nacen de guiones o formatos comprados en Argentina, ni sabe que nuevas publicaciones como El Gráfico y Gente son réplicas de las creadas en Buenos Aires por Editorial Atlántida y adquiridas por Televisa.
México está enfermo, pero no de gripe sino de xenofobia.
Una joven mexicana, de razonable nivel de educación, me preguntó un día si Mafalda era conocida en la Argentina. El diario Excelsior publicaba la tira, pero eliminando todos los “vos”, los “che” y cualquier cosa que la identificara como argentina. Como si nosotros hubiésemos llamado “Pibe” al Chavo, y lo hubiésemos doblado al argentino … La ignorancia es la materia prima del fanatismo, el prejuicio y la discriminación.
No se crea que estas reflexiones son el efecto de una mala experiencia durante mi estadía en México o en los múltiples contactos con ciudadanos mexicanos que mantuve posteriormente. Por el contrario, tanto mi familia como yo pudimos vivir allí una vida normal, aunque tolerando el reiterado “Ustedes no parecen argentinos” que supuestamente debíamos recibir como un elogio. En realidad, lo que nos querían decir es que no nos ajustábamos al estereotipo del argentino que ellos mismos habían creado.
Nuestra permanencia en México coincidió en parte con el período en que Jorge Abelardo Ramos fue el embajador argentino allí. Pocas personas han sostenido, como intelectuales y como políticos, el ideal latinoamericanista como lo hizo Ramos a lo largo de su vida, y por lo tanto pocos mejor dispuestos y más abiertos que él a un buen entendimiento con los mexicanos.
Pero en un encuentro casual mantenido años después, cuando ya todos estábamos de vuelta en Buenos Aires, Ramos le comentó a mi esposa que planeaba escribir un libro sobre su experiencia en México, “ese país oscuro y hostil”. Los acontecimientos de las últimas semanas revelan que esa oscuridad y esa hostilidad no se han disipado. Por el contrario, la canciller Patricia Espinosa y el presidente Felipe Calderón se encargaron de atizarlos.
A propósito de la cancelación de vuelos mexicanos que provocó todo este encono, recordemos que fue dispuesta por el gobierno argentino cuando el gobierno mexicano, responsablemente, avisó al mundo que padecía de una epidemia de gripe desconocida, con más de un centenar de muertos, y la Organización Mundial de la Salud alertó sobre el riesgo de una pandemia de grado cinco sobre seis. Irritarse después porque la gente reacciona sobre la base de la información que uno mismo provee parece poco serio.
La ministra de salud argentina Graciela Ocaña, por su parte, se equivocó dos veces al describir a México como el “hermano enfermo”. En primer lugar, México no es hermano de la Argentina: poco tenemos en común con ese país más allá de la lengua, y eso apenas en parte. Entre los países no hay lazos de parentesco sino una compleja red de intereses, comunes y divergentes.
En segundo lugar, México sí está enfermo, pero no de gripe como sugiere la ministra, sino de xenofobia, una enfermedad mucho más grave, que empieza con las descortesías verbales, sigue con los escupitajos a la cara en un estadio de fútbol, y continúa de forma seguramente peor. Las autoridades mexicanas, los responsables de sus medios de comunicación y de su sistema educativo debieran hacer algo al respecto.
–Santiago González
viernes, 25 de octubre de 2024
domingo, 25 de agosto de 2024
lunes, 8 de julio de 2024
martes, 18 de junio de 2024
Chile: El complejo de inferioridad y retraso madurativo en un reclamo trasandino
La Armada argentina hizo una instalación en territorio chileno y el país vecino inició un reclamo
El embajador argentino, Jorge Faurie, reconoció el error y ambos países ya se encuentran coordinando las acciones para removerlos; la explicación por un alambrado y las condiciones climáticas.
Lucía Pereyra
LA NACION
Para darle contexto a este retraso mental y complejo de inferioridad.
Están llorando por esos 6 paneles solares de la esquina izquierda de la
foto.
Esta semana se abrió una insólita controversia entre la Argentina y Chile. Y es que una
construcción militar en la provincia patagónica de Tierra del Fuego fue
ubicada en parte sobre tres metros del territorio extranjero, lo que derivó en un reclamo al embajador en ese país, Jorge Faurie. Se trata de una instalación de paneles solares como parte del Puesto de Vigilancia y Control de Tránsito Marítimo Hito 1 de Magallanes, donado por la empresa Mirgor.
Chile quiere que se retiren “lo antes posible”, mientras que la
Argentina asegura que aún las condiciones climáticas no lo permiten.
El 26 de abril, la Armada Argentina inauguró una puesta en valor del lugar, que incluyó la donación de dos módulos habitacionales por parte de Total Energies y de dos paneles solares de Mirgor. Durante la ceremonia, el comodoro Martí Garro remarcó que “esta iniciativa mejorará las condiciones de habitabilidad, operatividad y sustentabilidad del puesto, constituyendo una muestra de trabajo mancomunado entre las instituciones del Estado Nacional y el aporte de las empresas privadas”. Con respecto a los paneles solares, sostuvo: “La obra establece un claro ejemplo de sinergia, que se materializa en el trabajo de empresas constructoras y mano de obra especializada afincadas en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur”.
Se realizó la puesta en valor del Puesto de Vigilancia y Control de Tránsito Marítimo Hito 1. La Fundación Mirgor y la empresa Total Energies donaron dos módulos habitacionales y equipamiento energético.
— Armada Argentina (@Armada_Arg) April 30, 2024
Más info 👉🏻 https://t.co/iUigQbuyZU pic.twitter.com/mcvdzsjpv7
El problema recae en que esos dos paneles solares se pasan por tres metros de la frontera con Chile, lo que hizo que el país vecino le haga un reclamo al embajador argentino, Jorge Faurie. En diálogo con LA NACION, el diplomático quiso calmar las aguas sobre una potencial tensión diplomática con Santiago y explicó las circunstancias de la instalación de los paneles.
“Hay un alambrado que se entendía que no era exactamente el límite, hubo una equivocación”,
admitió Faurie ante una consulta de este medio. En ese marco, dijo que
fue alertado por una autoridad del sur sobre la situación. “La
cancillería chilena me informó cuando tuve una reunión ayer por otro
tema, y habiendo tomado conocimiento de este reclamo, dijimos que se iba a proceder al retiro. Es un error fáctico”, explicó.
El embajador argentino en Chile, Jorge Faurie.
Por otro lado, mencionó el accionar de la empresa que donó los paneles: “Los operarios quizás no consultaron indicaciones de coordenadas satelitales, que hubiera sido lo más útil, pero los instalaron tomando como referencia un alambrado”. Además, minimizó los hechos. “No es un tema de envergadura. Se van a remover ni bien las condiciones climáticas lo permitan”, sostuvo, que sería en verano. Finalmente, entrevistado por medios locales, Faurie aseguró que se está barajando la posibilidad de que esos paneles también abastezcan del lado chileno.
El funcionario argentino estuvo envuelto en una polémica en marzo, cuando durante una visita al paso fronterizo del Cristo Redentor habría pronunciado: “Mi país ya era potencia agrícola mientras ustedes recién aprendían a comer”. Aquella frase generó un tenso momento con el gobierno de Gabriel Boric ya que desde el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno manifestaron preocupación.
Por su parte, a pesar de la propuesta de abastecer de energía al territorio vecino, la cancillería chilena pidió que se solucione la situación “a la brevedad”. “Recibimos una nota de Argentina reconociendo el error y ofreciendo retirar los paneles solares en territorio chileno”, indicaron fuentes del gobierno del país andino a LA NACION. “Durante la tarde del viernes la subsecretaria de Relaciones Exteriores de Chile, Gloria de la Fuente se comunicó con su par argentino, el vicecanciller Leopoldo Sahores, para señalarle la importancia de solucionar esta situación a la brevedad”, agregaron.
El parque solar que excede tres metros la frontera con Chile. Prensa Armada Argentina
Desde el país vecino aseguraron que la Argentina se comprometió a “coordinar a los equipos técnicos para concretar el retiro” de los paneles solares. Durante su visita a Suiza para la Cumbre de la Paz en Ucrania, el canciller chileno, Alberto van Klaveren, le dijo a los medios locales que no se trata de “un asunto grave” y espera que se solucione con rapidez. “Creemos que se trata de un error de buena fe”, marcó.
Ambos países confirmaron que los equipos técnicos evaluarán el territorio y las condiciones climáticas para solucionar la situación. LA NACION se comunicó con fuentes de Cancillería, a cargo de Diana Mondino, pero no respondieron para el momento de la publicación de esta nota.

Boric, el presidente más exagerado del Mundo
viernes, 7 de octubre de 2022
sábado, 5 de marzo de 2022
Análisis: A Putin se lo enfrenta desde la fuerza, nunca desde la debilidad
No se puede esperar: a Putin no se lo detiene con debilidad
El autor plantea el rol de la OTAN y la necesidad de una intervención mayor y definitiva contra el jefe del régimen de MoscúPor Garry Kasparov || Infobae
Ex Campeón Mundial de Ajedrez - Director Human Rights Foundation
Serhii, padre del adolescente Iliya, llora sobre el cuerpo sin vida de su hijo que yace en una camilla en un hospital de maternidad convertido en sala médica en Mariupol, Ucrania (AP Photo/Evgeniy Maloletka)
Estamos presenciando, literalmente viendo en directo, cómo Vladimir Putin comete un genocidio a escala industrial en Ucrania mientras la alianza militar más poderosa de la historia se mantiene al margen. Es imposible no mostrar las emociones, pero seamos también racionales y centremos nuestra rabia en los hechos.
Putin ha vuelto a mandar al infierno a Emmanuel Macron, no es ninguna sorpresa. La OTAN/Unión Europea ya le han dicho a Putin que no tocarán sus fuerzas, ¿por qué debería escuchar? Rusia está aumentando los objetivos y el número de muertos aumenta cada hora y la falta de agua y electricidad es crítica.
Ningún tratado prohíbe a las naciones de la OTAN luchar para defenderse en Ucrania. Es una elección basada en el riesgo de que Putin se vuelva nuclear, dicen muchos. Que armar a los ucranianos es un riesgo aceptable de Tercera Guerra Mundial y que la ciudadanía del piloto o soldado cambia el cálculo nuclear de Putin, o de la OTAN.
Si se preocupan tanto por la letra pequeña y creen que Putin también lo hace, pídanle a Volodimir Zelensky que expida pasaportes ucranianos a cualquier voluntario para volar en combate. Vendan aviones a Ucrania por 1 euro cada uno y pinten banderas de Ucrania en ellos. ¿Crees que a Putin le importará? ¿Vale la pena perder vidas?
Esto ya es la Tercera Guerra Mundial. Putin la empezó hace mucho tiempo y Ucrania es sólo el frente actual. Se intensificará de todos modos, y es aún más probable si tiene éxito en la destrucción de Ucrania porque usted ha vuelto a convencerlo de que no lo detendrá a pesar de que podría hacerlo.
Biden y otros insisten en que la OTAN tomaría represalias si Putin ataca a los miembros del Báltico. Viendo Ucrania, no estoy nada seguro de eso, y Putin tampoco lo estará. Si el cálculo es sobre el riesgo nuclear, no es diferente sobre Estonia que sobre Ucrania. No digas que “Putin nunca lo haría”.
Si esto te suena, es el mismo argumento de 2014, cuando Putin invadió Ucrania y se anexionó Crimea. Era demasiado arriesgado detenerlo, me dijeron, mientras yo abogaba por la intervención y advertía que nunca se detendría allí. Aquí estamos, con las bombas lloviendo.
El riesgo y los costes son mayores ahora porque la gente “razonable” de Occidente siempre elige un riesgo menor hoy para garantizar un riesgo mayor mañana. Despejar los cielos de la República de Ucrania tras un periodo de advertencia es arriesgado. Dejar que Putin destruya Ucrania es más arriesgado, y un desastre humano y moral.
No se puede esperar. Esto no es ajedrez; no hay tablas ni estancamiento. O Putin destruye Ucrania y finalmente golpea a la OTAN con una catástrofe aún mayor, o Putin cae en Rusia. No se le puede detener con debilidad.
Los corredores para introducir armas, alimentos y medicinas y sacar a los refugiados se están estrechando y pueden cerrarse. Putin puede bombardear los trenes, cerrar las fronteras con las naciones de la OTAN. Las probabilidades de que las fuerzas rusas golpeen un activo de la OTAN están aumentando, ¿y luego qué? ¿Seguimos observando?
Si su respuesta es no, que si un ala de un jet ruso cruza el espacio aéreo polaco por supuesto la OTAN se compromete inmediatamente, pregunte por qué miles de civiles ucranianos que mueren primero importan menos que un tratado, y qué dice eso a Putin. ¿Eso es que se es honorable o un tonto? Ya lo sabemos.
Como dije en 2014 y hace una semana fatídica, el precio de detener a un dictador siempre sube. Lo que hubiera sido suficiente para detener a Putin hace 8 años o 6 meses o 2 semanas no es suficiente hoy, y el precio volverá a subir mañana. Luchar. Encontrar una manera.
Putin promete exterminar a los ucranianos mientras nosotros miramos. Ucrania no hizo nada malo, sino que trató de unirse al mundo democrático que ahora es testigo de los crímenes contra la humanidad en tiempo real. No es incapaz. Sin voluntad. Cierren los cielos.
jueves, 3 de marzo de 2022
Garry Kasparov anticipó la psicopatía de Vladimir Putin
Garry Kasparov predijo hace siete años la invasión de Putin a Ucrania: las claves para entender por qué lo hizo
Luego de la anexión de Crimea y el asalto ruso al oriente ucraniano, el ex campeón de ajedrez y activista opositor publicó en “Winter is Coming” un análisis de la política del Kremlin que hoy recupera una espantosa actualidadMás de 2.000 civiles murieron en los seis días que lleva la invasión de Rusia a Ucrania: casi 400 niños, mujeres, hombres, ancianos, discapacitados muertos cada día. “El bombardeo de [Vladimir] Putin a los civiles en Ucrania hoy era inevitable”, dijo Garry Kasparov, el ex campeón de ajedrez y activista político que se destaca entre los opositores más intransigentes y articulados del presidente ruso. “Tratar de explicarlo como un misterio es como tratar de explicar por qué el escorpión pica a la rana en la vieja fábula persa. Es su naturaleza”.
No es la primera vez que Kasparov recurre a la naturaleza del escorpión para analizar las acciones de Putin. En su libro Winter Is Coming (Se acerca el invierno, título prestado de Game of Thrones), el mejor ajedrecista del mundo durante 20 años, retirado en 2005 para liderar una coalición pro-democracia en su país, escribió, luego de describir el cruce fatal del río que la rana hace con el escorpión sobre su espalda:
La moral práctica consiste en que no hay que confiar en un escorpión porque la lógica y la razón no te ayudan mucho cuando estás muerto. Otra lección es que no todo el mundo actúa en aras de los intereses mutuos, o siquiera en su propio interés, y esa naturaleza verdadera puede imponerse sobre la lógica y la auto preservación. Pienso en esto cada vez que escucho a los diplomáticos europeos hablar de un escenario en el que todos ganan cuando se trata de Putin y Ucrania.
Si la amenaza permanente desde las tierras heladas del norte, a la que alude el título del libro, es Putin en Rusia, el subtítulo abandona toda discreción para ir a lo explícito: Por qué Vladimir Putin y los enemigos del mundo libre deben ser detenidos. Es una acusación a Occidente escrita en 2015, poco después de la anexión de Crimea y la invasión de 2014 en el oriente ucraniano, la región de Donbass.
Releer aquel libro en 2022 es una experiencia inquietante. Si ahora Kasparov advierte que “el mejor predictor del comportamiento futuro es el comportamiento pasado”, otra vez se está repitiendo a sí mismo. Escribió en 2015:
Sin una estrategia orientadora a la que atenerse, las democracias pierden ante las dictaduras oportunistas que pueden actuar con más rapidez y sin equilibrio de poderes o personas a las que rendir cuentas. No podemos esperar a actuar hasta que la catástrofe ya esté en marcha. Esta actitud estilo “despiértenme cuando invadan Polonia” fue tonta en 1938 y es aun más tonta en 2015 porque contamos, para educarnos, con la lección de septiembre de 1939 —cuando Polonia fue invadida— y los seis años espantosos que siguieron. Al menos [el primer ministro británico Neville] Chamberlain no disponía entonces de un libro de historia que le contara lo que se avecinaba.
Hoy Kasparov ha reclamado una serie de medidas para frenar a Putin a partir de su invasión a Ucrania, pero conviene repasar algunos de los conceptos que organizó en Winter is Coming:
Sobre la estabilidad global
“Aquellos que dicen que el conflicto de Ucrania se encuentra lejos y que es poco probable que conduzca a la inestabilidad global, pasan por alto una advertencia clara que Putin nos ha hecho. No hay ninguna razón para creer que su anunciada visión de una Gran Rusia acabe en el este de Ucrania y sí muchas para creer que no será así. Los dictadores sólo se detienen cuando se les detiene, y apaciguar a Putin con Ucrania sólo avivará su apetito de más conquistas.”
Sobre la obsesión rusa con Ucrania
Toda la catástrofe de 2014 se ve como una conmoción repentina. Sin embargo, tal como he advertido con frecuencia durante al menos 15 años, la última erupción represiva y violenta de Putin [se refiere a aquel año, 2014] se ha construido sostenidamente a lo largo del tiempo y sólo se intensificó luego de años de negociación occidental y de pretensión de que todo estaba bien. No hubo un gran cambio por parte de Obama que provocara a Putin, ni un cambio drástico en las actitudes de Putin o en la fortuna de Rusia que hiciera necesaria la invasión de Ucrania. Siempre se había movido en esa dirección, y la única pregunta era si los líderes occidentales cambiarían o no su actitud para prevenir que tal erupción sucediera”.
Sobre el presidente de Rusia
“El ascenso de Vladimir Putin y su clan de San Petersburgo ha sido descripto como maquiavélico, pero se lo representa mejor con los logros de Don Vito Corleone: la red de traiciones, el secreto, y las fronteras borrosas entre lo que es negocio, lo que es gobierno y lo que es delito. Todo está en los libros de Mario Puzo”.
“A diferencia de la Unión Soviética, Putin apuntó al totalitarismo de una sola persona: él”.
“Las raíces de Putin en el KGB lamentablemente conformaron un estilo de gobierno que no fue ni reformista ni democrático. El hilo que une su política interna con su política exterior fue su esfuerzo por explotar el miedo: los miedos de los rusos de que su país estaba bajo el ataque de fuerzas externas hostiles (los chechenos, la OTAN, los defensores del libre mercado; por lo general todos) y los miedos de los occidentales de que sin un líder fuerte y pragmático Rusia nuevamente se volvería ingobernable, inestable y potencialmente agresiva. Quince años más tarde, las tácticas de mercader del miedo de Putin se mantienen muy parecidas, e igualmente efectivas”.
Sobre las armas nucleares
“Incluso mientras la Unión Soviética se desintegraba, Rusia, que por lejos era su miembro mayor y más poderoso, mantuvo muchos de los privilegios y los puestos de la URSS, del mismo modo que conservó el arsenal nuclear más grande del mundo, mientras que a Ucrania, Belarus y Kasajistán se las presionó exitosamente para que entregaran los de ellas”.
“Obviamente Rusia violó el acuerdo [el Memorándum de Budapest, por el cual Ucrania entregó “el tercer arsenal del mundo” a cambio del “respeto a su independencia, su soberanía y sus fronteras”] cuando invadió y anexionó Crimea en marzo de 2014. En cuanto a los demás signatarios, no hay otra forma de aplicación del memo y la única respuesta prometida es solicitar la acción del Consejo de Seguridad de la ONU ‘si Ucrania se convierte en víctima de un acto de agresión o en objeto de amenaza de agresión con armas nucleares’”.
Sobre la actitud de Occidente
“Nos volvimos hacia los líderes del mundo libre que no hicieron nada para reforzar la frontera ucraniana aun después de que Rusia se anexionara Crimea y mostrara claramente sus ambiciones de desestabilizar el oriente ucraniano. (...) Fingieron que Ucrania no les afectaría. Esperaban poder ignorarla con seguridad, en lugar de defender la integridad territorial de una nación europea atacada. Los paralizaron el miedo y las disputas internas. Se resistieron a imponer fuertes sanciones a Rusia porque les preocupaba el impacto en sus propias economías. Protegieron puestos de trabajo pero perdieron vidas”.
“Cuando terminaba lo peor de la violencia entre Rusia y Georgia por Osetia del Sur [en 2008], recordé una conversación que había tenido en Moscú, en 2005, con un alto funcionario de la Unión Europea. Rusia era mucho más libre que hoy, pero la arremetida de Putin contra los derechos democráticos ya se estaba acelerando.
—¿Qué haría falta —le pregunté al funcionario— para que Europa deje de tratar a Putin como a un demócrata? ¿Acaso que prohíba todos los partidos de la oposición? ¿O qué tal si empieza a matar gente en las calles?
Se encogió de hombros y me respondió que aun en ese caso sería poco lo que la UE podría hacer, y agregó que ‘mantener el vínculo será siempre la mejor esperanza para la gente de Europa y de Rusia’. Espero que los ciudadanos de Georgia y Ucrania estén en desacuerdo. La invasión de Rusia a Georgia fue el resultado directo de casi una década de esta combinación de impotencia y autoengaño de Occidente. Haber salido impune de lo de Georgia funcionó como invitación para que Putin fuera a Ucrania seis años después”.
Comparación con los Balcanes
“En Kosovo, del mismo modo que en la actual invasión de Ucrania [se refiere a la de 2014], ningún país de la OTAN estaba siendo atacado. Pero Bill Clinton continuó [su discurso]:
‘Si nosotros y nuestros aliados permitiéramos que esta guerra continuara sin responder, el presidente [serbio Slobodan] Milosevic interpretaría nuestra vacilación como una licencia para matar. (...) Imaginen qué podría pasar si nosotros y nuestros aliados, en cambio, decidimos mirar hacia otro lado mientras esta gente es masacrada a las puertas de la OTAN. Eso desacreditaría a la OTAN, la piedra angular sobre la cual se ha apoyado nuestra seguridad en los últimos 50 años’.
Digamos ‘Ucrania’ en lugar de ‘Kosovo’ y ‘Putin’ en lugar de ‘Milosevic’ y el presidente Obama podría repetir palabra por palabra para mi gran satisfacción. (...) Desde luego que los escenarios y los oponentes son otros: Rusia no es Serbia y Putin no es Milosevic. Pero la lección es que la aplicación decisiva del poder, en el momento y con efecto disuasivo, puede ser algo muy bueno, y que vacilar tiene consecuencias reales y alienta las agresiones futuras”.
Luego de Euromaidán
[También conocida como la Revolución de la Dignidad, Euromaidán es una serie de manifestaciones europeístas y nacionalistas que sucedieron en Ucrania a finales de 2013 y que causaron la caída del presidente Víktor Yanukóvich, elegido por el Partido de las Regiones, pro ruso.]
“A lo largo de Euromaidán, los funcionarios rusos proclamaron acusaciones más y más histéricas sobre el papel de los ‘agentes extranjeros’ en las protestas. A pesar de no tener pruebas, el Kremlin denunció repetidamente a los ciudadanos ucranianos por haber sido entrenados y armados por los Estados Unidos y tramar un golpe de estado violento. Ese argumento recordaba el modo en que la Unión Soviética se refería a los disidentes”.
“El Kremlin no podía darse el lujo de admitir que los ucranianos, el pueblo más cercano a los rusos, peleaban por su libertad”.
“Una vez más, Putin refutó las predicciones de sus defensores occidentales y continuó su invasión del oriente ucraniano. Pocos meses más tarde miles de ucranianos, incluidos muchos civiles, habían muerto, y cientos de miles se habían visto forzados a escapar. Las fuerzas armadas ucranianas se vieron gravemente superadas por las ‘fuerzas rebeldes’, aunque no había existido un movimiento rebelde o separatista digno de mención en el este de Ucrania hasta que Putin descubrió un ejército enorme y bien pertrechado”.
Sobre el dinero de la guerra
“En tanto Putin coleccione triunfos sin resistencia, ganará más apoyo. Tomó Crimea casi sin disparar un tiro. Inundó Ucrania oriental con agentes y armas mientras Europa vacilaba. Los oligarcas que podrían haber presionado a Putin al comienzo de su aventura ucraniana [se refiere a 2014] son ahora financistas de la guerra sin una salida elegante. Tantos puentes se han quemado que los puntos de presión sobre el Kremlin son cada vez más difíciles de alcanzar”.
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