domingo, 3 de noviembre de 2024
martes, 26 de diciembre de 2023
Interacción entre conflictos geopolíticos y procesos electorales
Interacción entre conflictos geopolíticos y procesos electorales
Por Rosendo Fraga || Nueva Mayoría
La perspectiva del año 2024 va confirmando la fuerte relación que tendrá lugar entre los procesos electorales y los conflictos geopolíticos. Comenzando por Asia, tendrá lugar el 13 de enero la elección presidencial en Taiwán. La puja queda planteada entre el Partido Demócrata Progresista (PDP) de la actual presidenta pro norteamericana, que no puede presentarse a la reelección -limitada a sólo dos períodos consecutivos-, y el Kuomintang de carácter nacionalista, que no impulsa la declaración de independencia y está más alejado de Washington. Este partido había logrado constituir una coalición de las tres fuerzas opositoras más relevantes, transformándose en probable ganador. Pero esta coalición se desarticuló a finales de noviembre. Esto abriría la posibilidad de que el PDP quede primero con el 30% de los votos. El tema es relevante y en la reciente Cumbre entre Biden y Xi fue planteado. El presidente estadounidense reclamó la no intervención china en el proceso electoral, la que podría darse a través de las herramientas cibernéticas. Su homólogo chino le reclamó lo mismo. Un triunfo del Kuomintang reduciría el riesgo de un conflicto bélico en torno a Taiwán y disminuiría la influencia regional estadounidense. Una eventual victoria del actual oficialismo generaría lo contrario. China tiene más de mil cuatrocientos millones de habitantes, mientras que Taiwán tiene sólo veintitrés millones. Pero su elección adquiere una dimensión estratégica global.
La elección presidencial ucraniana, de acuerdo a la constitución, tendría lugar el 31 de marzo de 2024, pero su realización es incierta. El presidente Volodimir Zelensky ha planteado que el propio texto constitucional impide celebrar elecciones mientras esté vigente la ley marcial. El presidente es consciente de que su imagen se ha deteriorado en los últimos meses, al encontrarse la guerra en un “punto muerto”, registrarse señales de cansancio y fatiga en sus fuerzas, y tener por delante un crudo invierno que paralizará aún más las operaciones militares y que será aprovechado por Rusia para avanzar en la destrucción de la infraestructura ucraniana. Además, las dificultades de reclutamiento son cada días más grandes. Las declaraciones realizadas a comienzos de noviembre a The Economist por parte del máximo comandante militar ucraniano, el general Valeri Zaluzhny, han tenido repercusiones políticas. Es un hombre de mucho prestigio, con una imagen favorable cercana al 70% y que duplica la que hoy tiene Zelensky, que es de aproximadamente 35%. Hay quienes ven en el jefe militar una amenaza para él en caso de que se realice la elección presidencial. El general, al hacer público su punto de vista, se ha enfrentado al presidente, quien lo ha refutado y realizado algunas designaciones militares para reducir su poder. Pero en medio de la guerra no puede relevar al general, dada la gran popularidad que mantiene en la población y en las Fuerzas Armadas. Aunque la guerra cumple dos años en febrero de 2024, el debate político está vigente pese al anuncio de Zelensky de que postergará la elección. Paradójicamente, la popularidad de Zaluzhny juega a favor de un escenario de negociación con Rusia, dado que él ha sostenido públicamente que la guerra se encuentra en un “punto muerto”. Por el contrario, el liderazgo político del presidente está fuertemente vinculado a la continuación del conflicto bélico, y una eventual negociación reduciría su popularidad y poder como líder.
A su vez, en Rusia, la elección presidencial será el 17 de marzo y Putin la realizará, pese a la guerra. Al contrario de Zelensky, el presidente ruso ve que para su eventual reelección, la guerra es un factor que le juega a favor. Es que se ha revitalizado el nacionalismo ruso y él es quien hoy mejor lo representa en el país. La más que probable reelección de Putin le permite prolongar el conflicto y postergar una negociación, dado que el tiempo juega a su favor. Pero la elección dificulta una necesidad militar. La estrategia de Putin hace necesario un nuevo reclutamiento, que alcanzaría los doscientos mil hombres para tener posibilidad de imponerse en el campo militar. Pero sería una medida claramente impopular que si bien no le haría perder la elección, reduciría su apoyo en la población. El presidente ruso no corre riesgo de perder, dado su régimen autoritario y la concentración de poder que tiene en sus manos. Como en las elecciones anteriores, se presentarán partidos opositores que no ponen en riesgo su triunfo. La oposición liberal se encuentra debilitada, con sus líderes encarcelados o exiliados. Su participación electoral sería más bien simbólica. Es un escenario muy distinto al del pasado, en el cual la oposición en las calles reclamaba contra la falta de transparencia en el proceso electoral. Los sectores ultranacionalistas que critican a Putin por la falta de resultados en la guerra, podrían transformarse en la fuerza más relevante de la oposición. Pero su figura más relevante -el bloguero pro guerra más popular- fue detenida tras el fracasado golpe de Estado de Prigozhin.
En cuanto al conflicto de Gaza, aunque la elección es lejana no deja de ser una clave de interpretación, mientras que en Israel la popularidad de Netanyahu baja, pero puede postergar una eventual elección por la guerra. La última elección en Palestina (la Franja de Gaza y Cisjordania) tuvo lugar en 2006, hace diecisiete años. Se impuso Hamas con el 44,4% de los votos y obteniendo setenta y cuatro escaños. El segundo lugar lo tuvo Al Fatah (la fuerza que hoy gobierna Cisjordania) con el 41,4% y cuarenta y cinco escaños obtenidos. En total votaron un millón de personas y la participación fue del 76%. Desde entonces no se ha realizado ninguna elección más, en gran medida por la recurrencia de los conflictos bélicos con Israel. Sondeos conocidos antes del ataque terrorista de Hamas a Israel daban cuenta de que si se realizaba una elección en ese momento, Hamas en la Franja de Gaza habría obtenido el 25% de los votos y perdido la elección. Este es un elemento más que puede haber llevado a esta organización a realizar un acto terrorista para intensificar y propagar el conflicto. En Cisjordania -que tiene una población similar a la de la Franja- gobierna Al Fatah. Analizar elecciones en Palestina parece una entelequia, pero una visión de largo plazo puede formar parte de una eventual solución. En 2021 el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, convocó a elecciones, las que nunca se realizaron. Israel tiene sistema parlamentario y desde 2006 ha tenido siete elecciones, de las cuales depende la elección del primer ministro. Pero en los últimos cuatro años, se realizaron elecciones en 2019, 2020, 2021 y 2022. Netanyahu ha gobernado la mayor parte del tiempo desde 2006. Al producirse el ataque terrorista de Hamas, la sociedad israelí se encontraba partida en dos, el bloque de Netanyahu con fuerte influencia del extremismo religioso, y el opositor de tipo multipartidario. Los sondeos tras el inicio de la guerra muestran que si hubiera elecciones, el actual primer ministro las perdería. Pero en medio de las acciones bélicas preside un gobierno de unidad nacional y la oposición no exige la realización de elecciones en esta situación.
En conclusión: las elecciones en Taiwán muestran una puja entre un partido nacionalista tradicional, hoy más lejos de Washington, y el actual oficialismo, una fuerza relativamente nueva más próxima a los Estados Unidos; la elección presidencial ucraniana se encuentra postergada, con una sorda puja entre el Jefe de las Fuerzas Armadas, que es muy popular, y el presidente, cuya imagen va decreciendo; en Rusia la elección presidencial mostrará un claro triunfo de Putin, que nuevamente se impondrá a una oposición dividida y débil, pero en la cual los ultranacionalistas podrían ser la primera minoría; por último, en cuanto a Palestina, la última elección se realizó en 2006, mientras que en Israel, en los últimos cinco años se han realizado cuatro elecciones nacionales, siendo probable una próxima cuando el conflicto militar ceda.
lunes, 9 de agosto de 2021
lunes, 14 de junio de 2021
domingo, 6 de junio de 2021
martes, 6 de abril de 2021
viernes, 12 de marzo de 2021
sábado, 22 de febrero de 2020
Bolivia: Evo amenaza con un golpe por su inhabilitación
La amenaza de Evo Morales tras su inhabilitación: “Si no me puedo candidatear, sepan que en Bolivia tengo contacto con militares patriotas”
El ex presidente del país andino, quien aspiraba a competir por el escaño de senador por Cochabamba volvió a asegurar, en declaraciones al diario Folha de Sao Paulo, que ganó legítimamente las elecciones del 20 de octubre y acusó al gobierno interino de ser “una dictadura que responde al poder de Estados Unidos”Infobae
El ex presidente de Bolivia, Evo Morales. Foto: REUTERS/Mario De Fina Un día después de ser inhabilitado para competir en las elecciones, el ex presidente de Bolivia, Evo Morales, dio a entender que no creía que la decisión fuera final -pese a que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) afirmó que esta es inapelable- y realizó una amenaza pública: “Si no me puedo candidatear, sepan que en Bolivia tengo contacto con militares patriotas”, indicó en una entrevista con el diario brasileño Folha de Sao Paulo.
La frase de Evo Morales en la entrevista con Folha de Sao Paulo La declaración guarda un parecido con una realizada a principios de enero, cuando planteó la posibilidad de crear “milicias armadas” como en Venezuela, en caso de regresar al país. Ella encendió una importante polémica y llevó a que el gobierno argentino -país donde se encuentra desde diciembre de 2019 como refugiado político- le pida que baje el tono beligerante de sus expresiones.
Días después, militares retirados revelaron en una carta que Morales de hecho ya había considerado la idea. “Evo Morales sugiere a ciertos suboficiales y sargentos (...) desarrollar proyectos de ley tendientes a la descolonización de las Fuerzas Armadas. (...) Este proyecto debió estar dirigido a la creación de la Guardia Nacional del Estado Plurinacional de Bolivia”, reza la misiva, enviada el pasado 17 de diciembre, en plena crisis política. Días después, en medio de una ola de críticas, Morales retrotrajo sus declaraciones.
Esta vez, ocurrió algo similar. Hora después de publicada la entrevista por el diario brasileño, el ex presidente desmintió en su cuenta de Twitter haber proferido la polémica amenaza.
En una conferencia de prensa en Buenos Aires, el ex presidente volvió a asegurar que ganó las elecciones del 20 de octubre, que observadores calificaron de viciadas, y aseguró que no hay garantías de que los comicios del 3 de mayo sean transparentes. Además acusó al gobierno interino de ser “una dictadura que responde al poder de Estados Unidos”. Y cerró con una definición de cariz similar a la primera: “Estoy muy sereno. Es la patria o la muerte”.
Durante su conferencia, que tuvo lugar en Buenos Aires Morales dijo que todas sus acciones, tanto la decisión de llamar a nuevas elecciones como candidatearse a senador por Cochabamba, fueron “por el bien de Bolivia”. “No hice trampa en nada, me robaron esta elección (...) Aún así, acepte realizar otra (elección) debida a esta evaluación fraudulenta de la OEA de que había irregularidades en el conteo de votos”, expresó.
Evo Morales durante la conferencia de prensa en Argentina. Foto: REUTERS/Agustin Marcarian Con respecto al gobierno interino, agregó: "Ellos me tienen miedo y le temen a la democracia. Ni siquiera quieren que regrese al país. Poco después de que se conociera la decisión del TSE, Áñez realizó una publicación celebratoria, si bien no nombró a Morales directamente: “Tenemos una nueva Bolivia, con instituciones sólidas, que cumplen la ley y hacen justicia. Mientras más fuertes e independientes sean nuestras instituciones, el futuro será mejor para nuestro pueblo y nuestro país”, dijo.
El TSE, por su parte, explicó en una conferencia de prensa que la decisión se debe al hecho que Morales no cumple con el requisito de residencia, excluyente para poder competir. Y detalló cuales deben ser los tres requisitos necesarios para cumplirlo: “Considera el principio de residencia habitual registrado; debe ser donde desarrolla su proyecto de vida; y se requiere la residencia efectiva en ese distrito”.
Con esta decisión, el ente electoral dio por concluido el debate que se había gestado el pasado 29 de enero, cuando se anunció que Morales volvería a Bolivia pero como senador, lo que provocó especulaciones de todas las agrupaciones políticas. La decisión en este sentido había trascendido el miércoles, pero el anuncio oficial llegó un día después, consecuencia de fuertes presiones en ambos sentidos recibidas por el órgano electoral. No obstante, con su declaración al medio portugués, Morales dejó entrever que no considera que su inhabilitación sea definitiva.
Horas después de que la entrevista tomara estado público, Morales desminitó haber hecho la declaración. Lo hizo al reproducir una publicación de quien fuera embajador ante las Naciones Unidas de la administración de Morales entre 2012 y 2019.
“Evo Morales no dijo esa frase. Esta noticia es falsa e intenta crear zozobra en mi país”, dice el mensaje.
viernes, 24 de enero de 2020
¿Por qué el socialismo nunca funcionará?
Por qué el socialismo no funcionará
El capitalismo sigue siendo la mejor manera de manejar el riesgo e impulsar la innovación y la productividad.Por Allison Schrager || Foreign Policy
Con iPhones cada vez más ubicuos, internet, aire acondicionado centralizado, televisores de pantalla plana y tuberías internas, pocos en el mundo desarrollado querrían volver a la vida hace 100, 30 o incluso 10 años. De hecho, en todo el mundo, los últimos dos siglos han traído grandes mejoras en el nivel de vida material; miles de millones de personas han salido de la pobreza, y la esperanza de vida en todos los niveles de ingresos ha aumentado ampliamente. La mayor parte de ese progreso provino de las economías capitalistas.
Sin embargo, esas economías no están exentas de problemas. En los Estados Unidos y el Reino Unido, la brecha entre ricos y pobres se ha vuelto intolerablemente grande a medida que los dueños de negocios y los trabajadores altamente educados en las áreas urbanas se han enriquecido mientras que los salarios de los trabajadores en las áreas rurales se estancaron. En la mayoría de los países ricos, un mayor comercio ha traído una mayor y mejor variedad de bienes, pero también ha desplazado a muchos empleos.
Con la inestabilidad social en forma de protestas masivas, el Brexit, el auge del populismo y la profunda polarización que golpean las puertas de las economías capitalistas, gran parte del progreso de las últimas décadas está en peligro. Para algunos expertos y formuladores de políticas, la solución es clara: el socialismo, que tiende a ser citado como un método para abordar todo, desde la desigualdad y la injusticia hasta el cambio climático.
Sin embargo, los males que identifican los socialistas se abordan mejor a través de la innovación, el aumento de la productividad y un mejor racionamiento del riesgo. Y el capitalismo sigue siendo, de lejos, la mejor, si no la única, forma de generar esos resultados.
El socialismo de hoy es difícil de definir. Tradicionalmente, el término significaba la propiedad estatal total del capital, como en la Unión Soviética, Corea del Norte o China maoísta. Hoy en día, la mayoría de las personas no tienen una visión tan extrema. En Europa, la socialdemocracia significa la nacionalización de muchas industrias y estados de bienestar muy generosos. Y los socialistas en ascenso de hoy están cambiando la idea de la idea de un sistema económico que ofrece las mejores partes del capitalismo (crecimiento y aumento del nivel de vida) sin lo malo (desigualdad, ciclos económicos).
Pero no existe un sistema económico perfecto; siempre hay compensaciones, en la forma más extrema entre la propiedad estatal total del capital y los mercados sin restricciones sin ninguna regulación o estado de bienestar. Hoy, pocos optarían por cualquier polo; en lo que los socialistas y capitalistas modernos realmente no están de acuerdo es en el nivel correcto de intervención gubernamental.
Los socialistas modernos quieren más, pero no completa, propiedad estatal. Les gustaría nacionalizar ciertas industrias. En los Estados Unidos, eso es atención médica: un plan apoyado por las candidatas presidenciales demócratas Elizabeth Warren (que no se llama a sí misma socialista) y Bernie Sanders (que lleva la etiqueta con orgullo). En el Reino Unido, el líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, quien fue derrotado en las urnas a mediados de diciembre, ha puesto su mirada en una lista más larga de industrias, incluidos los proveedores de agua, energía e internet.
Hay buenas razones para creer que mantener el capital en manos del sector privado y capacitar a sus propietarios para tomar decisiones en la búsqueda de ganancias es lo mejor que tenemos.
Otros elementos en la lista de deseos socialistas pueden incluir permitir que el gobierno sea el principal inversor en la economía a través de proyectos masivos de infraestructura que apuntan a reemplazar los combustibles fósiles con energías renovables, como propusieron los socialistas de Green New Deal. También han presentado planes que convertirían al gobierno en el empleador de la mayoría de los estadounidenses al ofrecer trabajos garantizados bien remunerados de los que no se puede despedir a las personas. Y luego hay propuestas más limitadas, incluida la instalación de más trabajadores en los consejos de administración de empresas privadas e instituir controles nacionales de alquileres y salarios mínimos elevados.
Por su parte, los capitalistas modernos quieren alguna, pero menos, intervención estatal. Son escépticos de la nacionalización y los controles de precios; Argumentan que los problemas económicos de hoy se abordan mejor aprovechando la empresa privada. En los Estados Unidos, han abogado por una mayor regulación y una imposición progresiva para ayudar a aliviar la desigualdad, incentivos para alentar a las empresas privadas a usar menos carbono y un estado de bienestar más sólido a través de créditos fiscales. Mientras tanto, en los últimos 15 años, los europeos capitalistas han instituido reformas para mejorar la flexibilidad del mercado laboral al facilitar la contratación y el despido de personas, y ha habido intentos de reducir el tamaño de las pensiones.
Ningún sistema económico es perfecto, y nunca se puede encontrar el equilibrio exacto entre los mercados y el estado. Pero existen buenas razones para creer que mantener el capital en manos del sector privado y capacitar a sus propietarios para tomar decisiones en la búsqueda de ganancias es lo mejor que tenemos.
Una razón para confiar en los mercados es que son mejores para fijar precios que las personas. Si establece precios demasiado altos, según ha descubierto un gobierno socialista, los ciudadanos se verán privados de bienes innecesariamente. Póngalos demasiado bajos, y habrá una demanda excesiva y la escasez resultante. Esto es cierto para todos los bienes, incluidos la atención médica y el trabajo. Y hay pocas razones para creer que el próximo grupo de socialistas en Washington o Londres sería mejor para fijar precios que sus predecesores. De hecho, los sistemas de atención médica administrados por el gobierno en Canadá y países europeos están plagados de largos tiempos de espera. Un estudio del Instituto Fraser 2018 cita un tiempo de espera promedio de 19.8 semanas para ver a un médico especialista en Canadá. Los socialistas pueden argumentar que es un pequeño precio a pagar por el acceso universal, pero un enfoque basado en el mercado puede ofrecer cobertura y un servicio receptivo. Una toma de control total del gobierno no es la única opción, ni es la mejor.
Más allá de eso, los mercados también son buenos en el riesgo de racionamiento. Básicamente, a los socialistas les gustaría reducir el riesgo: proteger a los trabajadores de cualquier choque personal o económico. Ese es un objetivo noble, y es deseable alguna reducción a través de redes de seguridad que funcionen mejor. Pero deshacerse de toda incertidumbre, como implicaría la propiedad estatal de la mayoría de las industrias, es una mala idea. El riesgo es lo que alimenta el crecimiento. Las personas que corren más riesgos tienden a obtener mayores recompensas; Es por eso que los nueve nombres principales en la lista Forbes 400 de los estadounidenses más ricos no son herederos de las dinastías familiares, sino empresarios emprendedores que dieron un salto para crear nuevos productos y crear muchos empleos en el proceso.
El riesgo es lo que alimenta el crecimiento. Las personas que corren más riesgos tienden a obtener mayores recompensas.
Algunos economistas de izquierda como Mariana Mazzucato sostienen que los gobiernos podrían intervenir y convertirse en laboratorios de innovación. Pero eso sería una anomalía histórica; Los gobiernos socialistas suelen ser menos innovadores que otros. Después de todo, los burócratas y las juntas directivas de trabajadores tienen pocos incentivos para alterar el status quo o competir para construir un mejor widget. E incluso cuando los programas gubernamentales han estimulado la innovación, como en el caso de Internet, el sector privado tuvo que reconocer el valor y crear un mercado.
Y eso nos lleva a una tercera razón para creer en los mercados: la productividad. Algunos economistas, como Robert Gordon, han analizado los problemas económicos de hoy y han sugerido que el crecimiento de la productividad, el motor que impulsó gran parte del progreso de las últimas décadas, ha terminado. En este relato, los recursos, productos y sistemas que sustentan la economía mundial están optimizados, y es posible que se realicen pocos progresos.
Pero eso es difícil de cuadrar con la realidad. La innovación ayuda a las economías a hacer más con menos recursos, cada vez más críticos para abordar el cambio climático, por ejemplo, que es una forma de crecimiento de la productividad. Del mismo modo, muchos de los productos y tecnologías en los que las personas confían todos los días no existían hace unos años. Estos bienes hacen que los servicios inaccesibles estén más disponibles y están cambiando la naturaleza del trabajo, a menudo para mejor. Tales ganancias son posibles gracias a los sistemas capitalistas que fomentan la invención y el crecimiento del pastel, no por los sistemas socialistas que están más preocupados por cómo se corta el pastel existente. Es demasiado pronto, en otras palabras, para descartar la productividad.
La innovación ayuda a las economías a hacer más con menos recursos, cada vez más críticos para abordar el cambio climático, por ejemplo, que es una forma de crecimiento de la productividad.
Aquí, vale la pena considerar las lecciones de un auge de la productividad anterior: la Revolución Industrial. Como ha demostrado el economista Joel Mokyr, se necesitaron más innovaciones como la máquina de vapor durante más de 100 años para aparecer en las estimaciones de productividad. Lo mismo podría estar sucediendo hoy con los teléfonos inteligentes e internet. Mientras tanto, incluso cuando esa agitación transformó la experiencia humana, creando una existencia más cómoda para la mayoría de todos, también fue desordenada y perjudicial. La primera parte de ese ciclo innovador, como otros desde entonces, desplazó a los trabajadores existentes mientras que las ganancias fluyeron primero a los propietarios del capital, causando inestabilidad social.
Esta vez, los efectos pueden terminar siendo menos desgarradores: las divisiones entre los propietarios del capital y los trabajadores no son tan claras como solían ser. Más estadounidenses que nunca poseen acciones a través de sus cuentas de jubilación en el lugar de trabajo. La propiedad de acciones también está en aumento en muchas economías capitalistas no estadounidenses. Y varios otros países, como Australia y el Reino Unido, también ofrecen cuentas de jubilación, convirtiendo a sus ciudadanos en accionistas. A diferencia de hace 200 años, los intereses de los trabajadores ya están más alineados con los de la gerencia.
La propiedad de acciones en las cuentas de jubilación insinúa los tipos de políticas favorables al mercado que pueden compartir la riqueza al tiempo que preservan la innovación y la toma de riesgos. En los Estados Unidos, hay espacio para hacer que los impuestos sean más progresivos, especialmente cuando se trata de impuestos sobre el patrimonio, y para cerrar las lagunas fiscales que hacen que sea más fácil para las empresas explotar el sistema. La red de seguridad social podría ampliarse para incluir la readaptación laboral, un crédito tributario por ingreso del trabajo mejorado y subvenciones para innovar o trabajar de forma remota en ciudades más pequeñas o más áreas rurales. Y la industria del cuidado de la salud necesita una reforma.
En términos más generales, el capitalismo puede hacerse más inclusivo, y los programas gubernamentales pueden ayudar a suavizar sus asperezas. Pero ninguno de estos cambios requiere que los gobiernos se hagan cargo de industrias enteras. Dependiendo del mercado, la reforma podría ser una opción del gobierno menos intrusiva, un subsidio o, a veces, simplemente una mejor rendición de cuentas.
Lo más fundamental es que la desigualdad es tolerable si los pobres también tienen la oportunidad de hacerse ricos. Ese disparo nunca ha sido tan grande como el sueño americano en particular prometió, pero hay poca evidencia de que la movilidad económica haya empeorado en los últimos años. Aún así, para evitar una mayor inestabilidad, y para asegurar la mayor aceptación posible del sistema capitalista, los líderes empresariales y políticos de hoy pueden hacer más para asegurarse de que al menos todos tengan la oportunidad de tirar los dados. Aquí, la reforma educativa y el desarrollo de las zonas rurales son necesarios para cerrar la brecha.
Y eso no es socialismo: está construyendo sobre el capitalismo y haciendo un mejor uso de los trabajadores de hoy y de mañana.
martes, 14 de enero de 2020
China invade comunicacionalmente Taiwán y pierde, por ahora...
China intensifica su guerra de información en Taiwán
Las elecciones de Taiwán son una prueba para la estrategia de propaganda mundial de BeijingPor Rush Doshi || Foreign Affairs
La presidente de Taiwán, Tsai Ing-wen, en un mitin de campaña en Taoyuan, Taiwán, enero de 2020 Tyrone Siu / Reuters
El 11 de enero, los votantes taiwaneses elegirán un nuevo presidente y un parlamento. La elección enfrenta al actual presidente Tsai Ing-wen y su Partido Democrático Progresista (DPP) contra Han Kuo-yu, el alcalde de la ciudad sureña de Kaohsiung, y su oposición Kuomintang (KMT). Pero el voto es más que eso. Es una batalla por la relación de la isla con China, una competencia entre quienes abogan por una mayor distancia del continente y quienes piden menos.
Unirse a Tsai y Han en ese concurso es un tercer concursante no oficial: Beijing. El gobierno chino ha emprendido una vasta campaña de influencia de la información diseñada para apoyar a sus candidatos favoritos y sembrar la desconfianza en la democracia de Taiwán.
Los esfuerzos de China van mucho más allá de difundir la desinformación y la propaganda del estado rancio. La ambición de Beijing es dar forma a la producción, difusión y consumo de información en Taiwán. Y como mis colegas y yo discutimos en un próximo informe de Brookings, estos esfuerzos presagian una estrategia sofisticada para influir en cada etapa de la cadena de suministro de información global, desde las personas que producen contenido hasta las instituciones que lo publican y las plataformas que lo entregan directamente a consumidores Las democracias de todo el mundo deberían prestar mucha atención a lo que sucede en las elecciones de Taiwán, ya que sus propios periodistas, compañías de medios y plataformas se están convirtiendo rápidamente en el foco de esfuerzos similares de Beijing.
Las apuestas
Como en la mayoría de las elecciones taiwanesas, el futuro de la relación a través del Estrecho se vislumbra en la carrera actual. El DPP de Tsai ve a Taiwán y China como entidades separadas y ha trabajado para mantener a Pekín a distancia. El KMT de Han, por el contrario, generalmente considera que China y Taiwán son parte del mismo país. Si es elegido, se espera que Han busque vínculos mucho más estrechos a través del Estrecho que podrían terminar erosionando la autonomía de Taiwán y, algo de miedo, ayudar a allanar el camino para la unificación.En un momento de intensas tensiones entre China y Estados Unidos, el destino de Taiwán es más importante que nunca. La importancia de la isla es en parte simbólica, su prueba de democracia robusta y vibrante de que la cultura china es apenas incompatible con la democracia liberal. Pero Taiwán también tiene un valor económico y militar: la unificación con el continente le daría a China el control sobre una de las 20 principales economías mundiales y el acceso a semiconductores taiwaneses y otras tecnologías avanzadas. También le permitiría a China construir bases militares que efectivamente conviertan a la isla en un portaaviones insufrible y puesto de avanzada de la marina, haciendo que sea casi imposible para Estados Unidos disuadir el futuro aventurerismo chino, y mucho menos prevalecer en cualquier conflicto regional con Beijing.
Sin embargo, el interés principal de China en Taiwán se remonta a la Guerra Civil China, cuando los victoriosos comunistas tomaron el control de China continental de los nacionalistas, que huyeron a Taiwán. Durante 70 años desde entonces, Beijing ha visto a Taiwán como una provincia cuya autonomía demuestra que el proyecto nacionalista del Partido Comunista Chino sigue siendo incompleto. Por lo tanto, los sucesivos líderes chinos han convertido la unificación en un objetivo principal de política exterior.
A partir de la década de 1990, la democratización de Taiwán y su creciente distancia política y cultural del continente hicieron que el objetivo de China fuera cada vez más difícil de alcanzar. Los esfuerzos de Beijing para acercar a Taiwán a su órbita, incluso entrometiéndose en las elecciones de la isla, han tenido un éxito limitado. En 1995 y 1996, por ejemplo, Beijing lanzó misiles a las aguas de Taiwán para sabotear la campaña de reelección del entonces presidente Lee Teng-hui, a quien consideraba que empujaba a Taiwán hacia la independencia. Pero los ataques fracasaron, lo que finalmente ayudó a impulsar a Lee a la reelección. Un acuerdo de libre comercio de 2010 aumentó la dependencia de Taiwán de la economía continental, una estrategia a veces descrita en Beijing como "venta de política a través de los negocios", pero las protestas generalizadas en la isla interrumpieron los planes para un acuerdo de seguimiento en 2014 y ayudaron a asumir el cargo de Tsai , que se opusieron a lazos económicos más estrechos. Ahora, Beijing está ampliando drásticamente sus esfuerzos a lo largo de otro eje: manipular el contenido y el flujo de información del país a favor de China.
Discurso de poder
Los documentos de propaganda chinos no son ambiguos: la información es un "campo de batalla" para el poder, no un vehículo para la verdad, la neutralidad o la objetividad. Los escritos de figuras destacadas del Departamento de Propaganda del Partido Comunista revelan la creencia de que "la competencia por las noticias y la opinión pública es. . . un concurso sobre el "poder del discurso" o la capacidad de moldear la opinión pública de arriba hacia abajo con fines políticos. Eso es precisamente lo que China está buscando hacer en Taiwán.La campaña es más que difundir "noticias falsas". Se entiende mejor como una operación de influencia de información, un intento integral de controlar cada paso de la cadena de suministro de información. Los objetivos van desde aquellos que crean contenido (periodistas e investigadores) a las instituciones que lo publican y validan (estaciones de televisión y servicios de cable) y, finalmente, a las plataformas que a menudo proporcionan el enlace final a los consumidores (sitios de redes sociales e infraestructura de TV digital). ) Durante la última década, China se ha insertado en cada punto de la cadena de suministro de información. Y ahora, con una elección consecuente a la vuelta de la esquina, está intensificando estos esfuerzos.
Los esfuerzos de China van mucho más allá de difundir la desinformación.
Para influir en los creadores de contenido, Beijing utiliza una variedad de incentivos positivos y negativos. Cada año, organiza varias conferencias e intercambios de medios con todos los gastos pagados con periodistas taiwaneses, en el proceso, establece vínculos con los periodistas y sus instituciones. Dentro de Taiwán, quienes escriben críticamente sobre China, particularmente sobre su influencia en los medios y la política taiwanesas, se encuentran en el extremo receptor de una intensa campaña de intimidación. Destacados reporteros de investigación y académicos informan sobre un diluvio de ataques públicos, acoso e incluso amenazas personales. Explotando el bajo umbral legal de difamación de Taiwán, entidades con estrechos vínculos con el continente han presentado una serie de demandas contra periodistas críticos, incluidos reporteros en publicaciones occidentales como el Financial Times. Algunos analistas han advertido que estas tácticas duras están enfriando una cobertura más detallada de la intromisión de China en la campaña electoral actual.
China también busca doblegar las principales instituciones de medios de la isla a su voluntad. Ha incursionado en estos a través de una combinación de adquisiciones, publicidad, inversión y acuerdos de intercambio de contenido, entre otros métodos. Una investigación reciente de Reuters descubrió que las compañías de fachada controladas por el gobierno pagaron al menos a cinco grupos de medios taiwaneses para publicar historias, algunas de ellas directamente influenciadas, editadas o esencialmente escritas por el gobierno chino. Se han hecho afirmaciones similares sobre varias estaciones de radio taiwanesas.
Quizás el caso más poderoso de cooptación fue la compra de un importante conglomerado de medios taiwaneses. En 2008, el presidente pro-Beijing de Want Want China Holdings, una compañía taiwanesa de alimentos y bebidas que genera el 90 por ciento de sus ingresos en China continental, compró uno de los grupos de medios más grandes de Taiwán, China Times Media Group. El grupo era el cuarto conglomerado de medios más grande de Taiwán y consistía en tres periódicos diarios, tres revistas, tres canales de televisión y ocho sitios web de noticias. En un boletín de la compañía, el nuevo propietario dijo que "usaría el poder de la prensa para avanzar en las relaciones entre China y Taiwán". También ha respaldado públicamente la unificación de Taiwán con China. Los reporteros de los medios del grupo han admitido que coordinan su cobertura estrechamente con la Oficina de Asuntos de Taiwán de China, y la compañía ahora recibe decenas de millones de dólares en subsidios de Beijing, lo que sugiere que la adquisición de la compañía fue mucho más que una decisión de inversión privada.
Las comparaciones cuantitativas de la cobertura previa y posterior a la adquisición del periódico insignia del grupo de medios revelan cambios significativos en el contenido: las historias de derechos humanos en China, por ejemplo, cayeron en dos tercios. En las elecciones actuales, el grupo de medios ha promovido constantemente a Han, el candidato favorecido por Beijing. Según una organización de vigilancia, uno de sus principales canales de televisión ha dedicado el 70 por ciento de su cobertura a Han. Según se informa, algunas de estas estaciones de televisión han pagado a las empresas locales para que sus televisores recurran a su contenido electoral. Varias otras empresas taiwanesas, que dependen del mercado continental, han seguido el ejemplo y comprado participaciones en los medios locales, motivadas en algunos casos por la creencia de que la influencia en el espacio de información de Taiwán atraerá el apoyo de China a sus intereses comerciales en el continente.
Se están realizando esfuerzos paralelos en las plataformas de redes sociales. Pekín no es un novato en lo que respecta a la desinformación en línea: durante las protestas del año pasado en Hong Kong, las plataformas de redes sociales de EE. UU. Detectaron innumerables instancias de "actividad coordinada no auténtica", que puede incluir la publicación de publicaciones sospechosamente similares o una crítica constante a las noticias críticas, a menudo bajo alias deliberadamente engañosos. El esfuerzo involucró unas 200,000 cuentas de Twitter, 210 canales de YouTube y grupos de Facebook con más de 15,000 cuentas de miembros, un ejército de bots, que se cree que son operados por China continental, difundiendo falsedades sobre las protestas.
Los funcionarios de Taiwán y los vigilantes de los medios informan ahora un diluvio similar de desinformación en las aplicaciones y sitios web de las redes sociales. A menudo, como ha observado el analista J. Michael Cole, los mensajes parecen tener la intención no solo de impulsar a los candidatos sino de amplificar las divisiones sociales y sembrar confusión y dudas sobre el estado de la economía de Taiwán y el desempeño de su gobierno. En 2018, los medios estatales chinos y las cuentas de redes sociales difundieron una historia falsa de que Taiwán no había podido evacuar a los ciudadanos atrapados en Japón después de un tifón, mientras que China realizó un gran esfuerzo. La historia apareció inicialmente en Professional Technology Temple, una popular plataforma de medios sociales taiwaneses. A partir de ahí, se extendió a Facebook, luego a los medios de comunicación continentales y finalmente a los principales medios de comunicación taiwaneses, lo que finalmente condujo al suicidio del funcionario que había coordinado el esfuerzo de rescate de Taiwán, Su Chii-cherng.
Volviéndose global
El efecto de las operaciones de influencia de Beijing en la campaña es difícil de medir. Aunque Han fue inicialmente competitivo en las encuestas, muchos votantes retrocedieron ante las políticas represivas de China en Hong Kong, lo que llevó a un fuerte aumento en el apoyo a Tsai. Con el tiempo, muchos votantes se han convertido en consumidores inteligentes de noticias, y generalmente se sabe qué canales son favorables a Beijing y cuáles son más independientes. En junio, una manifestación contra los "medios rojos" atrajo a miles de manifestantes a las calles de Taipei para protestar contra la propaganda china.
Aún así, los esfuerzos de Beijing no deben tomarse a la ligera. Los esfuerzos de influencia chinos pueden haber desempeñado algún papel en la elección de Han como alcalde de Kaohsiung y, más tarde, en su campaña principal para la presidencia. En términos más generales, abunda la evidencia anecdótica de autocensura, al igual que la evidencia del grave impacto de la desinformación. En el caso de Su Chii-cherng, las consecuencias fueron mortales. Los esfuerzos de China para dar forma a la cadena de suministro de información de Taiwán pueden ayudar a ocultar la influencia política y económica de China continental sobre la isla, debilitando la democracia y la autonomía de Taiwán.
Las democracias de todo el mundo deberían observar de cerca.
Las democracias de todo el mundo deberían observar de cerca. Algunos ya se encuentran con versiones menos agresivas de estas mismas técnicas. Como lo hace en Taiwán, China ahora organiza conferencias anuales en los medios de comunicación en América Latina y África para cientos de periodistas, a menudo complementando los eventos con capacitaciones de todos los gastos pagados durante meses en China organizadas por la Asociación de Diplomacia Pública de China. Y de acuerdo con el enfoque de palo y zanahoria de Beijing, entidades o individuos vinculados al estado chino han demandado a periodistas y académicos que informan sobre China en Australia, Francia y otros lugares. El objetivo, como en Taiwán, es conquistar o intimidar a quienes se encuentran al comienzo de la cadena de suministro de información.
La estrategia de China de lavar contenido de propaganda a través de instituciones de medios locales cooptadas ("tomar prestados botes para llegar al mar", en palabras de los funcionarios de propaganda chinos) también se dirige más allá de Taiwán. Dondequiera que los medios locales tengan dificultades financieras, son vulnerables a los tipos de acuerdos de intercambio de contenido, adquisiciones, acuerdos de coproducción, acuerdos publicitarios e incentivos de acceso al mercado que han permitido a China dar forma a la narrativa de noticias en Taiwán. China ha emprendido estas actividades en una lista creciente de países de Europa, África y las Américas. Mientras tanto, también ha construido sus propios órganos de propaganda extranjera en la última década con inversiones masivas en la agencia de noticias Xinhua, así como en China Radio International y China Global Television Network.
Lo mismo es cierto para las plataformas de redes sociales. Las propias plataformas de redes sociales de China, como WeChat y TikTok, están tratando de globalizarse. Ambos se han involucrado en la censura, en particular WeChat, que habitualmente bloquea noticias y contenido de mensajes incluso fuera de las fronteras de China. Y cuando China no puede construir sus propias plataformas, ha tratado de "pedir prestado" a otros dando forma a su contenido a través de cuentas falsas automatizadas, a menudo con el objetivo de influir en la opinión pública mundial sobre Hong Kong y Xinjiang, y, cada vez más, Estados Unidos.
La propaganda china una vez consistió en gran parte en carteles impresos en bloque y jerga forzada. No más: esos métodos obsoletos han dado paso a una campaña elaborada para dar forma a los flujos de información de manera directa y encubierta, influyendo no solo en el mensaje sino en el medio en sí. Es posible que la estrategia de China en Taiwán no dé frutos este fin de semana, pero puede ser exitosa en el futuro. Y si Beijing puede aprovechar su creciente control sobre la cadena de suministro de información para sofocar los informes sobre su corrupción, captura de élite y campañas de información en otros países, dañará los intereses de Estados Unidos y representará un riesgo significativo para la responsabilidad democrática en todo el mundo.
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