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jueves, 24 de marzo de 2022

Rusia: La huella digital que dispara el arsenal nuclear desapareció hace 12 días

El fantasma de Kiev

El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, desapareció hace 12 días. En el Kremlin dicen que sufrió un problema cardíaco. En Occidente se cree que fue víctima de una purga lanzada por Putin
El presidente ruso, Vladimir Putin, y su ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, durante una exhibición de armas en Moscú. Sputnik/Mikhail Metzel/Pool via REUTERS.

La última vez que se vio al ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, fue el 11 de marzo cuando se reunió con su par turco en Moscú. Desde entonces, vuelan las especulaciones. Hasta ese momento era un personaje mediático en Rusia. Aparecía casi todos los días en los noticieros. Era el hombre que tenía el Segundo Código del arsenal nuclear después de Vladimir Putin. Incluso, se lo considera el sucesor del líder ruso. Mucho poder en sus manos que al parecer le estalló cuando la invasión a Ucrania no estaba resultando como la habían planeado en el Kremlin. En las redes sociales rusas y ucranianas ya hablan del “fantasma de Kiev”.

En Moscú dicen que está ausente por “problemas de corazón”. Nadie da precisiones. La última vez que se lo mencionó fue el 18 de marzo cuando supuestamente asistió a una reunión del Consejo de Seguridad, pero no se mostraron fotos o video del encuentro. Esa noche, en los noticieros aparecieron imágenes de él, pero de la reunión de 7 días atrás con el ministro turco. Y la última aparición pública que tuvo con Putin fue el 27 de febrero cuando recibió la orden de poner en alerta máxima el arsenal nuclear.

Las versiones avanzan mucho más rápido que las fuerzas rusas en Ucrania. Una dice que Shoigú estaba detrás de un supuesto golpe de Estado para derrocar a Putin y que por eso va a ser enjuiciado por traición y corrupción. Otra, que fue enviado a su dacha en “plan piyama”, que es como llaman los cubanos a los que son desplazados del poder y permanecen en un virtual arresto domiciliario, por su mal manejo de la ofensiva militar con al menos 10.000 soldados rusos muertos. Una tercera, dice que cayó en una purga lanzada por Putin después de que Estados Unidos y Gran Bretaña difundieran planes de la invasión con una enorme precisión, información que sólo estaba en conocimiento de su círculo más íntimo. Y la cuarta lo atribuye a que su hija menor, Ksenia, de 31 años, fue vista posando con los colores ucranianos, celeste y amarillo, en una foto que subieron sus amigas a Instagram.

Una mujer mostrando los retratos de Vladimir Putin, Serguei Shoigú y el canciller Sergei Lavrov durante la celebración del día del Defensor de la Patria en Sevastopol, Crimea. REUTERS/Alexey Pavlishak

El sitio oficial del Kremlin publicó el 18 de marzo, que Shoigu, de 66 años, y Putin habían analizado el “progreso de la operación especial en Ucrania” con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Pero no se mostraron imágenes. El mismo día, el oficialista Channel One emitió un reportaje sobre la entrega de unos premios militares por parte de Shoigú, pero con un video tomado el 11 de marzo. El sitio periodístico Agentstvo publicó que el ministro había sido internado de urgencia por un problema cardíaco, de acuerdo a una fuente de su despacho.

El Daily Mail de Londres citó a fuentes del servicio de inteligencia MI6 diciendo que Putin lanzó una caza de brujas buscando “culpables” detrás de su estancada invasión y que está “furioso” por la supuesta filtración de sus planes militares. El líder ruso está convencido de que esa es la razón por la que fracasó su plan inicial de tomar Kiev con fuerzas de elite en el primer día de la invasión. El experto en seguridad ruso Andrei Soldatov comentó que la contrainteligencia militar está investigando particularmente a un departamento del servicio de seguridad FSB. “Eso podría significar que, finalmente, la gente en Moscú comenzó a preguntarse por qué la inteligencia estadounidense era tan precisa”, dijo a The New Yorker.

Las mismas fuentes británicas afirman que Putin se mostró despectivo en privado con su viejo aliado Alexander Bortnikov, el jefe del servicio de seguridad FSB, y con Valery Gerasimov, el jefe del Estado Mayor ruso. Otro objetivo de la furia de Putin fue Igor Kostyukov, jefe adjunto del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, que estaría ante una inminente destitución como parte de una purga más amplia. Antes de la invasión, ya había humillado públicamente al jefe de inteligencia exterior del SVR, Sergey Naryshkin.

Putin junto al jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Rusas, Valery Gerasimov, bajo un mapa de Ucrania durante una reunión del Consejo de Defensa en Moscú. Sputnik/Mikhail Tereshchenko/Pool via REUTERS.

Putin no puede entender cómo la población pro-rusa de Ucrania no salió a la calle para vivar la entrada de las fuerzas rusas y ni las ayudó para eliminar la defensa. Tampoco entiende cómo es posible que el presidente estadounidense Joe Biden denunciara todos sus planes en estas cuatro semanas de guerra antes de que la orden se trasladara a las tropas en el terreno.

Biden advirtió de la preparación de un golpe palaciego en Kiev y la instalación de un gobierno títere a cargo del ex presidente Víctor Yanukovich, un ataque con armas químicas para culpar a los ucranianos y de ataques a civiles, también para decir que había sido obra del enemigo. Estados Unidos se adelantó a todas las jugadas y Putin está que arde porque cree que hay un “topo” en su entorno íntimo. Y es allí donde aparece la figura de Serguéi Shoigú, que hasta ahora era uno de sus pocas personas de confianza y que ahora queda en cuestionamiento por no haber detectado a tiempo la filtración.

Shoigú forma parte del círculo de San Petersburgo, los siloviki (ex agentes de la KGB en la época que Putin era un agente de inteligencia) que lo acompañaron en su ascenso al poder. No es militar de formación. Tiene un título de ingeniero civil. Ocupó varios puestos oficiales hasta que, en 2012, Putin lo nombró ministro de Defensa. Es un estudioso de la historia rusa y comparte con el presidente su afición a la caza y la pesca. Varias veces fueron juntos a la tundra con ese propósito. Según The Siberian Times, Shoigú habla nueve idiomas con fluidez, incluidos inglés, japonés, chino y turco, además del ruso.

Presentación de la denuncia de la ONG del disidente Navalny en la que muestra la mansión de estilo japonés, valuada en 18 millones de dólares, perteneciente al ministro Shogún.

El ministro Shoigú no es étnicamente ruso. Su padre es de la etnia Tuvan y su madre es ucraniana. Nació en un pueblo cerca de la región de Mongolia. Esto lo convierte en una rareza en el círculo íntimo de Putin que reivindica el nacionalismo ruso y la pureza racial. De acuerdo a la investigación que realizó la ONG del disidente Aleksei Navalny, Shoigú posee una inmensa fortuna acumulada desde que ocupó los puestos oficiales al lado de Putin. Tiene una mansión de estilo japonés en la zona de Barvikha, en las afueras de Moscú, no muy lejos de la residencia oficial de su jefe, valuada en 18 millones de dólares. El tiene un sueldo de 85.000 dólares al año. También tiene una residencia importante en la península de Florida, que fue puesta a nombre de una de sus hijas apenas cumplió 18 años, y un yate con amarre en un puerto del sur de Italia.

Ahora, el mundo se pregunta dónde puede estar el máximo responsable militar de la invasión a Ucrania y quien tendría que estar presente si a Putin se le ocurre lanzar algún tipo de arma nuclear. Sin su huella dactilar sería imposible activar el sistema.

domingo, 19 de abril de 2020

Coronavirus: La dictadura comunista china persigue y hace desaparecer a quienes revelen cómo se expandió el virus

Falsas cuarentenas, torturas y desapariciones: el brutal método de China para silenciar a quienes se animaron a denunciar las mentiras del régimen sobre el coronavirus

Las dramáticas historias de Fang Bin, Chen Qiushi, Ren Zhiqiang y Xu Zhangrun, ciudadanos comunes que expusieron al Gobierno de Xi Jinping
Infobae


Fang Bin, Chen Qiushi, Ren Zhiqiang y Xu Zhangrun, todas víctimas de China

“Hay una frase china que dice que se mata a la gallina para asustar al mono”, cuente Frances Eve, subdirectora de investigación de la organización de vigilancia china Chinese Human Rights Defenders (CHRD), para explicar por qué el régimen Chino arrestó y desapareció a las voces críticas en medio del brote del coronavirs.

Según reportó el Daily Mail más de 5.100 personas fueron arrestadas por compartir información en las primeras semanas del brote. Los disidentes están siendo etiquetados como enfermos para que el gobierno pueda ponerlos en cuarentena médica. Y las aplicaciones de salud utilizadas por decenas de millones de personas para demostrar que están libres de coronavirus se utilizan para vigilar los movimientos de las personas y reforzar el control.



“La temible llamada a la puerta llegó después del anochecer. Afuera había dos hombres con trajes de protección que le dijeron al empresario Fang Bin que habían venido a llevarlo a la cuarentena médica. Pero el comerciante textil, un hombre desgarbado de unos 40 años, no estaba enfermo y los hombres de fuera de su apartamento en Wuhan no eran médicos. Eran oficiales de policía que se enfrentaban a una amenaza con la que el Partido Comunista Chino había estado lidiando tan ferozmente como el propio coronavirus - gente común que valientemente expone la verdad sobre el brote y se niega a callar”, escribió George Knwoles en el medio británico este domingo.

El “crimen” que supuestamente había cometido Fang fue publicar un video que mostraba personas muriendo por el virus y las bolsas para cadáveres apiladas fuera de un hospital claramente abrumado por las bajas en un momento en que China insistía en que el virus estaba bajo control. Fue visto 200.000 veces antes de que los censores lo quitaran.

Fang apeló a la ley y exigió una orden de registro a los oficiales que venían a buscarlo... Entraron por la fuerza y se lo llevaron para interrogarlo. Le ordenaron que dejara de difundir “rumores” sobre el virus, le confiscaron su computadora y lo liberaron. Pero la pesadilla siguió, una semana después, el 9 de febrero, cuando Fang publicó otro video, esta vez con un rollo de papel con las palabras: “Los ciudadanos se resisten. Devuelvan el poder al pueblo”, la policía del régimen regresó. Hace dos meses que nadie sabe nada de él.

Fang Bin

Fang, movido por el inimaginable horror de lo que estaba sucediendo en su ciudad natal, es uno de los tres denunciantes desaparecidos por el gobierno chino por haber expuesto la aterradora magnitud del brote de Covid-19.

Los grupos de derechos humanos creen que el Fang, el abogado Chen Qiushi y el ex reportero de la televisión estatal Li Zehua están siendo torturados y obligados a escribir confesiones en centros de detención extrajudiciales donde, en tiempos más normales, la policía china aterroriza secretamente a los abogados y activistas que se consideran enemigos del Estado.

En su investigación de este domingo, el Daily Mail denuncia “una cínica y orquestada campaña del régimen chino para detener el debate sobre el virus en el país de 1.400 millones de ciudadanos. “Cientos de ciudadanos comunes están siendo detenidos y multados por mensajes inocuos en línea sobre colas en los hospitales, escasez de máscaras y la muerte de familiares”, asegura el medio británico.

Según detalla, la represión sin precedentes comenzó con las amenazas al doctor Li Wenliang y a otros siete médicos por enviar mensajes a sus colegas el 30 de diciembre advirtiéndoles sobre el brote de una enfermedad similar al SARS en el Hospital Central de Wuhan y aconsejándoles que usaran ropa protectora.

Li se vio obligado a firmar un documento policial en el que afirmaba que había "perturbado gravemente el orden social" e infringido la ley antes de volver a trabajar en el Hospital Central de Wuhan, donde murió de Covid-19 el 7 de febrero, lo que desencadenó el dolor y la indignación en toda China.

El doctor Li Wenliang se transformó en el símbolo del horror del régimen chino

La injusticia con la que había sido tratado Li se transformó en una protesta nacional en la que el hashtag #wewantfreedomofspeech (queremos libertad de expresión) fue compartido dos millones de veces en el espacio de horas.

Pero unos tuits no cambiarron el curso del régimen, embarcado hace tiempo en un despiadado endurecimiento del control de las redes sociales.

Un día antes de la muerte de Li, el abogado Chen Qiushi - cuyos videos de escenas caóticas en los hospitales de Wuhan con víctimas de coronavirus tendidas en pasillos fueron compartidos con una audiencia de más de 400.000 seguidores de YouTube y 250.000 de Twitter - desapareció. A su familia le dijeron al día siguiente que estaba en cuarentena médica en un lugar no revelado.

Chen Qiushi

Antes de su desaparición, Chen se dio cuenta de que la policía los buscaba y dejó un mensaje inquietante: "Mientras esté vivo, hablaré de lo que he visto y oído". No tengo miedo de morir. ¿Por qué debería temerle a usted, Partido Comunista?”. Desapareció días después.

Tres semanas después, Li Zehua, de 25 años, un reportero de la televisión estatal china que se rebeló para informar sobre el verdadero número de muertos en Wuhan, transmitió en directo su propio arresto cuando agentes de policía vestidos de civil llegaron a su hogar.

“Se cree que los tres se encuentran en centros de detención secretos, una forma siniestra de encarcelamiento extrajudicial que los funcionarios describen como"vigilancia residencial en un lugar designado", explica el Mail.



“Todos los desaparecidos corren un riesgo muy alto de ser torturados, y lo más probable es que traten de obligarlos a confesar que sus actividades fueron delictivas o perjudiciales para la sociedad”, explicó a este medio Frances Eve, subdirectora de investigación de la organización de vigilancia china Chinese Human Rights Defenders (CHRD)

Los centros de detención secretos suelen albergar a disidentes como activistas de derechos humanos y abogados. “En la mayoría de los casos que hemos rastreado, la gente que entra ha sido torturada. No tienes acceso a tu abogado o a tu familia o a nadie fuera de la policía", grafica Eve.

El régimen no habló nunca de ninguno de estos casos. De hecho, el embajador chino en los EEUU, Cui Tiankai, fue interpelado dos veces en TV sobre el destino de Chen Qiushi "No he oído hablar de esta persona... no lo conocía entonces, y no lo conozco ahora”, dijo ofuscado..

La única persona desaparecida sobre la que China ha hecho algún comentario oficial es el multimillonario magnate inmobiliario Ren Zhiqiang, de 69 años, que desapareció en marzo después de llamar al presidente Xi Jinping “payaso”, por haber manejado mal el brote del virus.

Ren Zhiqiang (Shutterstock)

Semanas después de su arresto, Beijing anunció queRen estaba siendo detenido por "graves violaciones" de la ley y de las normas del Partido Comunista.

La sofocación de cualquier crítica al manejo del brote por parte del gobierno chino se extiende a todos los niveles de la sociedad. La policía anunció públicamente el 21 de febrero que había intervenido y penalizado a la gente en 5.111 casos de "fabricación y difusión deliberada de información falsa y perjudicial" sólo en las primeras semanas de la crisis.

"Todo el dolor y el miedo que los chinos sentían en las primeras semanas del encierro han sido eliminados de Internet por el gobierno. Detuvieron a personas y las castigaron y enviaron advertencias a la gente para que guardaran silencio y no compartieran lo que experimentaron", afirmó Eve.

China insiste en que millones de personas en las ciudades afectadas por el Covid-19 utilicen aplicaciones para teléfonos inteligentes con un código de barras para mostrar si están libres de infecciones. Sin embargo, la aplicación accede a otros datos personales y puede utilizarse para aumentar el grado de control social a través de la tecnología.

Pioneros en la denuncia contra el régimen chino, Human Rights Watch China, insiste en que el COVID-19 se transformó en “un pretexto muy conveniente para que un régimen autoritario silencie a la gente y le niegue sus derechos”.