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miércoles, 23 de febrero de 2022

Crisis de Ucrania: Sigue los embates en el este

Crecen los bombardeos en el este separatista y Zelensky ordenó la movilización de reservistas del Ejército de Ucrania

Un soldado ucraniano murió y otros seis resultaron heridos por un ataque de los prorrusos de las regiones de Donetsk y Lugansk. El presidente busca elevar el número de miembros de las unidades reservistas hasta los 2 millones
Infobae

FOTO DE ARCHIVO: Un soldado ucraniano con una ametralladora en una trinchera en la línea de contacto entre las fuerzas ucranianas y los separatistas prorrusos cerca de la aldea de Travneve, en la región de Donetsk (REUTERS/Gleb Garanich)

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, anunció el martes la movilización de los reservistas “en un período especial” con el fin de completar el Ejército que combate a las milicias prorrusas en el Donbás y afronta la amenaza militar rusa en la frontera.

“Debemos mejorar la preparación de combate de las tropas ucranianas ante cualquier modificación de la situación operativa”, dijo Zelensky durante una alocución televisada.

Además, adelantó que “en breve” se celebrarán ejercicios de entrenamiento para los reservistas que integrarán las unidades de defensa territorial.

El martes, el ejército anunció que un soldado ucraniano murió y otros seis resultaron heridos en bombardeos separatistas prorrusos en el este de Ucrania, indicó el ejército, en medio de un aumento de las tensiones. “Un militar fue asesinado en la región de Lugansk, dijo el portavoz militar Pavlo Kovalchuk, sin precisar dónde resultaron heridos los demás soldados.

Soldados ucranianos

En su momento, el presidente ordenó elevar el número de miembros de las unidades reservistas hasta los 2 millones, entre los que entrarían también cazadores y guardabosques.

Sin embargo, aseguró que, por el momento, “no hay necesidad de una movilización general” entre la población, algo que sí hicieron el sábado pasado las milicias prorrusas con todos los hombres mayores de edad

Zelensky también descartó una guerra a gran escala con Rusia, por lo que rechazó la imposición de la ley marcial en el Donbás, pese al reconocimiento ruso de la independencia de las repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk.

El presidente ruso, Vladimir Putin, solicitó el martes autorización al Senado ruso para poder enviar tropas al extranjero, es decir, al Donbás, supuestamente para pacificar el territorio poblado mayoritariamente por población rusoparlante.

Rusia ya tiene presencia militar en el este de Ucrania

El presidente ucraniano, que consideró dicho reconocimiento una violación de la integridad territorial de su país, no anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con Moscú, algo que dijo esta mañana que sopesaría seriamente y que le piden insistentemente algunos políticos.

A su vez, anunció un programa de “patriotismo económico” que contempla diferentes medidas de estímulo para apoyar al empresariado local, al que llamó a quedarse en Ucrania y defender su economía y crear puestos de trabajo.

“Nuestro objetivo es lograr la independencia económica, especialmente en el ámbito de la energía”, subrayó.

Zelenski lamentó que Occidente no hubiera adoptado sanciones preventivas contra Rusia antes de que ésta reconociera a las repúblicas separatistas.

Fue recién este martes que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, consideró que Vladimir Putin comenzó su invasión de Ucrania y anunció un bloqueo total a las grandes instituciones financieras rusas. El mandatario demócrata, además, señaló que el reconocimiento de territorios ucranianos como repúblicas es una provocación por parte de Moscú.

Un tanque avanza por una calle después de que el presidente ruso, Vladimir Putin, ordenara el despliegue de tropas rusas (REUTERS/Alexander Ermochenko)

“¿Quién se cree que es Putin que le da el derecho de declarar nuevos ‘países’ en territorio que pertenecía a sus vecinos?” señaló Biden.

Biden advirtió que Putin está estableciendo las pautas para avanzar aún más sobre Ucrania, y aclaró que Estados Unidos defenderá cada centímetro de los países miembros de la OTAN.

Sobre las sanciones, el mandatario estadounidense dijo que serán más severas que las previas y detalló que cortará cualquier fuente de financiación de Rusia con occidente y atacará las elites rusas.

Con todo, Kiev saludó decisiones como la suspensión por Alemania de la certificación del controvertido gasoducto Nord Stream, que debe llevar gas ruso a Alemania eludiendo territorio ucraniano.

IMAGEN DE ARCHIVO. Ejercicios militares conjuntos de las Fuerzas Armadas de Rusia y Bielorrusia en la Región de Brest, Bielorrusia (REUTERS)

Vladimir Putin declaró el lunes la independencia de las regiones prorrusas de Donetsk y Lugansk, ante lo cual Washington pareció reaccionar con cautela diciendo que los soldados rusos llevaban ocho años en la zona. Pero este martes endureció el tono y amenazó a Rusia con pagar un precio “todavía más alto si continúa con su agresión”.

(Con información de EFE y AFP)


martes, 18 de enero de 2022

Suecia despliega tropas en Gotland ante la creciente actividad rusa

Suecia despliega a militares en la isla de Gotland ante la actividad de Rusia

  • Tensión en el Báltico
  • Decenas de vehículos blindados y patrullas de uniformados se han desplegado por la principal ciudad de la isla
La Vanguardia



Soldados del regimiento de Gotland patrullan las calles de Visby TT NEWS AGENCY / Reuters


Suecia ha aumentado las patrullas en la isla báltica de Gotland por el aumento de la tensión en la zona y en medio del conflicto entre la OTAN y Rusia por Ucrania. "A partir de hoy seremos más visibles y estaremos en plazas estratégicas importantes de carácter civil", declaró el viernes pasado a la televisión pública un portavoz del regimiento de Gotland en alusión, entre otros, al puerto y el aeropuerto de la mayor isla de Suecia en el Báltico.

Decenas de vehículos blindados y patrullas de uniformados se han desplegado por la principal ciudad de la isla, Visby, debido a la "creciente actividad rusa" en las zonas próximas a Suecia, por lo que se considera importante "mostrar a los habitantes de Gotland y a otros países que tenemos una defensa activa que se adapta de acuerdo con la situación". La Defensa sueca considera no obstante que el riesgo de que este país escandinavo sufra un ataque es bajo.


Un vehículo blindado en una carretera del norte de Gotland KARL MELANDER / AFP

En otro ejemplo de la creciente preocupación de las autoridades suecas por la seguridad, la agencia de inteligencia interna Säpo anunció este lunes que estaba investigando varios vuelos de drones sobre plantas de energía nuclear.

Säpo "reanudó la investigación preliminar sobre los incidentes con drones que tuvieron como objetivo las plantas de energía nuclear de Forsmark, Ringhals y Oskarshamn" el viernes por la noche, dijo en un comunicado.

La policía anunció el sábado que había recibido informes de drones de origen desconocido que volaban sobre varias plantas de energía nuclear, pero no realizó arrestos.

La Säpo dictaminó el lunes que dichos vuelos de drones deben ser investigados más a fondo por sospecha de "manejo no autorizado de información secreta", sin dar más detalles sobre el origen de estos drones.


Militares patrullan las calles de Visby TT NEWS AGENCY / Reuters

Según el tabloide Aftonbladet, también se vio un "dron militar" sobrevolando el parlamento sueco y los edificios gubernamentales, así como el palacio real en el centro de Estocolmo el sábado. “No era un pequeño dron de hélice, sino un gran dron con una envergadura de al menos dos metros”, dijo una fuente al periódico.

La tensión entre Suecia y Rusia se ha incrementado en los últimos años, coincidiendo con el estallido del conflicto ruso-ucraniano, con denuncias mutuas de violaciones del espacio aéreo, sobre todo por el lado sueco.

El episodio más grave se produjo en 2014, cuando Estocolmo informó de una violación de su territorio por un supuesto submarino extranjero, apuntando de forma indirecta a Rusia, pero la principal prueba, unas fotos tomadas por particulares, fue descartada meses más tarde.

Suecia ha intensificado en los últimos años su colaboración con la OTAN, de la que es país asociado, y ha aprobado varias partidas adicionales para aumentar el presupuesto en esa área.

Además se ha enviado por primera vez en casi tres lustros un destacamento permanente a Gotland, se ha restablecido el servicio militar obligatorio, permitido el despliegue de tropas de la OTAN en territorio sueco y reeditado una guía con información sobre cómo actuar en caso de emergencia o invasión militar.

Las fuerzas armadas suecas convocaron en 2018 a los 22.000 miembros de la Guardia Nacional, un cuerpo permanente de reservistas voluntarios, para comprobar su capacidad de movilización, una medida que no se aplicaba desde 1975.

viernes, 30 de octubre de 2020

Lecciones de intervención militar en protestas populares en Latinoamérica

Lecciones cívico-militares de América Latina

David Pion-Berlin y Andrew Ivey || War on the Rocks





El 1 de junio, el presidente Donald Trump le pidió a la Guardia Nacional que lo protegiera de los manifestantes pacíficos mientras caminaba desde la Casa Blanca hasta la Iglesia Episcopal de St. John. Acompañándolo, en plena faena de batalla, estaba el general Mark Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto. La vista del presidente y su principal general caminando por el parque Lafayette mientras la policía lanzaba gases lacrimógenos en las cercanías generó críticas considerables e incluso dio a algunos observadores la impresión de una nación en guerra. Sin embargo, 10 días después de las protestas frente a la Casa Blanca, Milley se disculpó por lo que admitió ser una apariencia inapropiada que sugería el uso politizado del ejército. De manera sucinta, el general admitió: "No debería haber estado allí".

El año pasado en Chile sucedió algo similar. En octubre de 2019, en medio de protestas nacionales sin precedentes contra la desigualdad y las medidas de austeridad, el presidente Sebastián Piñera describió a su nación como una en guerra, mientras su jefe del ejército, el general Raúl Iturriaga, lo respaldaba. Pero al día siguiente, Iturriaga dijo a los periodistas: "No estoy en guerra con nadie". La declaración de Iturriaga aclaró la posición de los militares de que los manifestantes no eran combatientes enemigos, socavando inmediatamente la retórica de Piñera y forzando el desarrollo de planes que minimizarían el contacto entre tropas y manifestantes.

Milley e Iturriaga muestran que los comandantes militares pueden ser audaces y públicos al disentir de órdenes que ponen en peligro el profesionalismo militar y los derechos humanos. En toda la América Latina contemporánea, una región con una historia de golpes militares, guerras sucias y disturbios cívico-militares, los militares pueden disentir públicamente mientras protegen los estándares profesionales y evitan la reincidencia democrática. De hecho, en casos recientes de esa región, los militares evitaron encuentros letales entre tropas y ciudadanos, salvando vidas en el proceso.

La historia de las relaciones cívico-militares en Estados Unidos y América Latina es muy diferente. Sin embargo, América Latina ofrece lecciones sobre cómo deben responder las fuerzas armadas cuando se ven involucradas en operaciones internas que podrían dañar el carácter no partidista de las fuerzas armadas y poner en peligro las libertades civiles. Incluso en los últimos años, los ejércitos de Chile, Ecuador, Colombia y Brasil han demostrado que los ejércitos pueden aclarar sus propias limitaciones legales para corregir la peligrosa retórica civil; modificar órdenes para minimizar la represión; soplar el silbato sobre mala conducta oculta; y reprender públicamente los esfuerzos por arrastrar a su institución a la política partidista. Las fuerzas armadas de los Estados Unidos deben tener cuidado de ejercer juiciosamente la disidencia pública, utilizándola solo en los casos en que el cumplimiento de órdenes peligrosas es una amenaza mayor para los derechos humanos y la democracia que disentir públicamente. Si es posible, sería prudente alertar al Congreso, preservando o incluso fortaleciendo la supremacía civil.

Si los oficiales de América Latina pueden disentir públicamente de los líderes civiles en casos extremos, y hacerlo sin dañar la supremacía civil, los oficiales de los Estados Unidos y otros lugares ciertamente pueden hacer lo mismo cuando se enfrentan a un desafío similar.

Chile: Aclaración de Órdenes

Cuando los presidentes describen a los ciudadanos como combatientes enemigos, los militares pueden aclarar rápidamente sus restricciones legales y posiciones para oponerse a caracterizaciones erróneas peligrosas y engañosas. Evidencia reciente de Chile muestra que cuando las palabras de un líder potencialmente preparan el escenario para la represión militar, los comandantes militares pueden disentir justificadamente. Pueden aclarar rápidamente que quienes están en las calles son ciudadanos que ejercen sus derechos humanos, tal como lo consagra la constitución que los militares han jurado defender. Si pueden hacerlo sin socavar la autoridad civil en un país donde el recuerdo de una dictadura militar aún está vivo, ciertamente pueden hacerlo en los Estados Unidos.

 En octubre de 2019, estallaron enormes manifestaciones a nivel nacional en todo Chile. Piñera en un principio declaró que su país estaba "en guerra con un enemigo poderoso" y ordenó a decenas de miles de policías y soldados a las calles contra los "delincuentes". Este tipo de retórica, que recuerda la postura pública del ex dictador chileno Augusto Pinochet, podría haber sido una luz verde para que las fuerzas armadas pusieran fin violentamente a las manifestaciones. Pero Iturriaga pronto aclaró que Chile no estaba en guerra con sus propios ciudadanos. Esta aclaración llevó al ministro civil de Defensa de Chile, Alberto Espina, a instruir a sus comandantes para que mantuvieran la calma y no dispararan contra los manifestantes. Con pocas excepciones, los soldados cumplieron con esas órdenes. Se produjeron numerosos abusos contra los derechos humanos, pero la mayoría fueron a manos de la policía, no de los soldados. En particular, la aclaración del general no acumuló ningún poder político para las fuerzas armadas. En todo caso, la participación militar solo dañó la reputación de la institución.

Cuando se les presenta una situación en la que la violencia contra los manifestantes era más probable, ¿deberían los líderes militares estadounidenses haber reaccionado de manera similar? Al igual que Piñera, Trump usó un lenguaje belicoso al describir a los manifestantes como "matones" y "terroristas", una retórica que podría haber envalentonado a los soldados para justificar y utilizar la violencia. El mandatario advirtió al gobernador de Minnesota que si no podía restablecer el orden lo harían los militares, y agregó: "Cualquier dificultad y asumiremos el control pero, cuando comience el saqueo, comienza el tiroteo".

Los oficiales en servicio activo deberían haber rechazado la retórica de Trump, pero no lo hicieron. En cambio, Milley permaneció en silencio. Le tomó 10 días disculparse por aparecer de uniforme junto al presidente en Lafayette Park. Además, Milley se negó a testificar frente al Congreso, la única otra institución civil que podría haber controlado el abuso ejecutivo. Su disculpa fue bienvenida, pero llegó demasiado tarde y, lo que es más importante, su silencio inicial sugirió complicidad.

Ecuador: Modificación de Órdenes

Los comandantes militares pueden modificar las órdenes presidenciales una vez desplegadas para evitar enfrentamientos peligrosos con manifestantes pacíficos y sin socavar el control civil. Ecuador ofrece un excelente ejemplo de esta táctica. En el pasado, ese país ha sido víctima de intervenciones militares. En ocasiones, se sabe que los soldados se unieron a los manifestantes indígenas para derrocar a los presidentes. Sin embargo, el ejército ecuatoriano de hoy ha emprendido una forma de disensión que no ha socavado el control civil ni la democracia, y que ha evitado víctimas civiles.

Frente a las protestas de los grupos indígenas en todo Ecuador en octubre de 2019, el presidente ecuatoriano Lenín Moreno ordenó a las fuerzas armadas restablecer el orden. El ministro de Defensa, general retirado Oswaldo Jarrín, interpretó al presidente en el sentido de que las tropas tenían licencia para utilizar todas las medidas necesarias para reprimir manifestaciones. Los militares se desplegaron en las calles de la ciudad, pero en lugar de seguir ciegamente las órdenes, revisaron las tácticas y tomaron posiciones de retaguardia para evitar colisiones frontales con los manifestantes. El comandante del Ejército, general Javier Pérez, quien encabezó el operativo, declaró que si el Ejército hubiera recurrido a la fuerza, los soldados “estarían recuperando bolsas para cadáveres, y esa no es su misión”. Estas acciones no le han valido a los militares ninguna influencia política ni han socavado la supremacía civil. De hecho, el presidente relevó a Pérez de sus funciones y transfirió su mando a otro general, aunque se produjo sin contratiempos y sin represalias militares, afirmando que el control civil se mantuvo intacto.

Aproximadamente 5.000 miembros de la Guardia Nacional se desplegaron en Washington, D.C., cuando el presidente caminó hasta la iglesia de St. John. Los guardias despejaron el paso del presidente mientras la policía del parque rechazaba a los manifestantes no violentos con porras y gases lacrimógenos. Los comandantes del ejército presionaron a los guardias para que actuaran agresivamente mientras Milley les hacía un llamamiento personal, ambos con la intención de disuadir al presidente de desplegar la 82 División Aerotransportada. El general y sus compañeros comandantes podrían haber seguido el ejemplo ecuatoriano, revisando las tácticas de la Guardia Nacional para ponerlos fuera del contacto directo con los manifestantes mientras ordenaban una mayor moderación. Esto habría cumplido con las propias reglas de enfrentamiento de la Guardia Nacional y el Ejército, que aconsejan a las tropas que respondan en proporción a la "amenaza" encontrada, utilizando cualquier tipo de fuerza solo como último recurso o en defensa propia.

Los líderes militares estadounidenses tradicionalmente evitan situaciones que incluso podrían dar la apariencia de partidismo político. Irónicamente, el cumplimiento de Milley socavó esa tradición al ayudar a los esfuerzos del presidente para impresionar a su base política como un ejecutivo duro de "ley y orden". Si bien luego lamentó sus acciones, el general habría sido mejor si hubiera prestado atención a sus propias palabras pronunciadas en mayo de 2017, cuando dijo que la "desobediencia disciplinada" podría justificarse en las condiciones adecuadas para lograr un objetivo, siempre y cuando uno sea " moral y éticamente correcto ”y utiliza un buen juicio.

La propia "desobediencia disciplinada" de los militares ecuatorianos proporciona una lección, mostrando que los comandantes militares estadounidenses pueden modificar creativamente las órdenes para proteger a los ciudadanos, incluso cuando se les ordena reprimirlos.

Colombia: Denuncia de irregularidades militares

Los militares también pueden denunciar una conducta peligrosa o potencialmente criminal y tienen la obligación de hacerlo. Considere el caso de Colombia, donde la denuncia de irregularidades puso fin a una práctica alarmante. Como Estados Unidos, Colombia es una democracia. A diferencia de Estados Unidos, las guerras de Colombia se han librado dentro de sus fronteras, principalmente contra los insurgentes de izquierda. Civiles inocentes quedan atrapados en el conflicto, lo que resulta en abusos contra los derechos humanos y destrucción de pruebas. En el escándalo de los "falsos positivos", que estalló en 2008, el Ministerio de Defensa otorgó bonificaciones en función del número de combatientes enemigos muertos. Bajo presión para producir más muertes en combate e incapaces de infligir suficientes bajas a los insurgentes reales, los soldados atrajeron a los no combatientes con la promesa de trabajo, los ejecutaron y los vistieron como combatientes enemigos. Como resultado, murieron al menos 8.000 no combatientes.

En 2019, un grupo de oficiales vio órdenes que reflejaban las del escándalo de falsos positivos anterior y alertaron a los medios sobre estas actividades secretas. Su testimonio produjo resultados rápidos. Obligó al presidente Iván Duque Márquez y su comandante del ejército a admitir que las órdenes estaban equivocadas y luego revertirlas por completo. Agentes valientes se presentaron y fueron amenazados y acosados ​​por hacerlo. Sin embargo, sin duda salvaron la vida de los ciudadanos y la dignidad de los soldados.

El caso colombiano tiene paralelos con el del teniente coronel Alexander Vindman. Como director de asuntos europeos en el Consejo de Seguridad Nacional, Vindman tenía autorización para escuchar una llamada telefónica entre Trump y su homólogo ucraniano, el presidente Volodomyr Zelenksy. Lo que escuchó lo molestó: Trump ejerció una presión inapropiada sobre un gobierno extranjero para que investigara a su rival político, Joe Biden. Al igual que en Colombia, Vindman tenía conocimiento directo de un evento preocupante oculto a la vista del público y sintió la obligación de informarlo. Al testificar ante la Cámara de Representantes, Vindman pasó justificadamente información a la única institución que podía controlar las irregularidades presidenciales.

Vindman enfrentó represalias de los partidarios de Trump que cuestionaron su lealtad porque era un inmigrante soviético. Bajo presión, finalmente se retiró del servicio. Pero al igual que sus homólogos colombianos, también produjo resultados al fortalecer el caso de juicio político. Como muestra el caso colombiano, los oficiales pueden denunciar una mala conducta peligrosa sin aumentar el poder político de los militares. Aunque las revelaciones de los denunciantes pueden conllevar riesgos, permanecer en silencio conlleva el mayor riesgo de erosionar el profesionalismo militar y la democracia misma.

Brasil: Reprimendas públicas

Si los líderes civiles utilizan a las fuerzas armadas para sus propias agendas partidistas, los oficiales retirados pueden reprender públicamente estos esfuerzos y defender la preservación del profesionalismo no partidista de su institución. Al discutir sobre civiles que politizan a las fuerzas armadas y abusan de su derecho a estar equivocados, considere el caso del ejecutivo latinoamericano más comparado con Trump: el presidente Jair Bolsonaro de Brasil. Además de llenar su gobierno con muchos oficiales activos y retirados, Bolsonaro ha elogiado la pasada dictadura militar de Brasil, incluso afirmando que no mató a suficientes personas. Asimismo, elogió el “autogolpe” del presidente peruano Alberto Fujimori, donde el ejército fue utilizado por Fujimori para disolver el Congreso, y lo citó como un ejemplo de cómo el ejército podría ser utilizado para reingresar al gobierno. 

En múltiples ocasiones, Bolsonaro se ha unido a los manifestantes que piden una intervención militar en la política, primero para anular las restricciones de COVID-19 impuestas por gobernadores y alcaldes, y luego para frustrar las investigaciones de corrupción de Bolsonaro y sus hijos. Los partidarios de Bolsonaro han identificado un posible autogolpe como beneficioso para su presidente. Al apoyarlos, Bolsonaro ha respaldado implícitamente la idea.

Los oficiales retirados retrocedieron. El general Carlos dos Santos Cruz, miembro del gabinete de Bolsonaro antes de un enfrentamiento con los hijos del presidente, argumentó: “La idea de poner a las Fuerzas Armadas en medio de una disputa entre poderes del Estado, autoridades e intereses políticos es completamente fuera de lugar. Es una falta de respeto a las fuerzas armadas ”. El congresista Roberto Pertenelli, exgeneral y miembro del partido de Bolsonaro, dijo que cualquier orden para intervenir en política sería ilegal e inconstitucional. El ministro de Defensa, general Fernando Azevedo e Silva, llegó a emitir una declaración pública en la que afirmaba la dedicación del ejército a la Constitución y los derechos humanos. Aunque las fuerzas armadas tienen una influencia política considerable en Brasil, no acumularon influencia adicional al emitir esas reprimendas públicas.

El general retirado James Mattis, al igual que el general brasileño Carlos dos Santos Cruz en el sentido de que fue un designado del gabinete de alto nivel antes de dejar la administración Trump, criticó duramente tanto a su sucesor, el secretario de Defensa Mark Esper, como al presidente después de presenciar el incidente. despliegue de la Guardia Nacional en Washington. El presidente del Estado Mayor Conjunto retirado, el general Martin Dempsey, y el exjefe de gabinete de la Casa Blanca, el general John Kelly, expresaron objeciones similares. Si bien existen riesgos para la disensión pública de este tipo, el propio Kelly dijo que usar soldados para reprimir a los manifestantes sería mucho más riesgoso y causaría un daño duradero a la moral, la confianza y la cohesión interna de las fuerzas armadas. Teniendo en cuenta estos riesgos, los oficiales retirados pueden usar su rango para ser poderosos defensores de un ejército no partidista, incluso cuando un presidente busca incorporar la institución a una agenda partidista. Si bien el público esperaría que el Congreso o el propio partido político de un presidente lo reprendieran, es posible que el personal de seguridad retirado deba violar normas cómodas para frustrar la politización inapropiada.

Lecciones para un futuro incierto

Sin duda, en circunstancias normales, los reproches militares a su comandante en jefe son desacertados porque podrían socavar la autoridad presidencial sobre defensa y política exterior. Las críticas del general Douglas MacArthur al liderazgo del presidente Harry Truman durante la Guerra de Corea plantearon tal amenaza, y MacArthur fue descartado con razón. Las críticas del general Stanley McChrystal a la política exterior del presidente Barack Obama fueron igualmente inapropiadas y también fue despedido. Sin embargo, en circunstancias excepcionales, cuando las órdenes pongan en peligro el profesionalismo militar y los derechos civiles, los oficiales tienen el derecho y la obligación de hablar.

Los esfuerzos de Trump por politizar al ejército de Estados Unidos han sentado un precedente peligroso. Su trabajo para corromper la naturaleza no partidista de los militares al pronunciar discursos estilo campaña a las tropas, amenazar con desplegar a los militares para reprimir a los opositores políticos percibidos utilizando la Ley de Insurrección y usar Twitter para criticar públicamente a los líderes militares ha abierto la puerta para que los futuros presidentes se comporten de manera similar. . No es de extrañar, entonces, que los académicos se pregunten cada vez más qué comportamiento futuro se puede esperar del ejército de los Estados Unidos cuando Trump, o los futuros presidentes, intenten erosionar su profesionalismo.

Sería irresponsable dar carta blanca a los militares para resistir a su comandante en jefe. Pero como muestran cuatro casos recientes en América Latina, los oficiales militares deben estar preparados para líderes civiles peligrosamente poco profesionales. Los oficiales pueden disentir en casos extremos, donde el profesionalismo militar y la vida de los conciudadanos están amenazados, sin socavar la supremacía civil ni acumular nuevo poder político. Cuando la democracia misma está en juego, no pueden quedarse callados. De hecho, su silencio corre el riesgo de complicidad. Sin duda, este es un camino difícil y poco envidiable que debe tomarse con extrema precaución y mesura. 

sábado, 19 de septiembre de 2020

La dictadura de Bielorrusia moviliza los militares y hace caer la Internet

El presidente de Bielorrusia pone a los militares en alerta en medio de las tensiones fronterizas de la UE

DW
Bielorrusia dice que ha cerrado su frontera con países de la UE. Pero los funcionarios polacos han descrito la acción como simplemente "otro elemento de la campaña de propaganda", diciendo que la situación en la frontera no ha cambiado.

Los militares montan guardia en la plaza de la independencia en Minsk, Bielorrusia

El asediado presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, dijo el jueves que las tropas serían retiradas de la calle para proteger sus fronteras con los países de la UE.

"Nos vemos obligados a retirar nuestras tropas de las calles, tener a la mitad de nuestro ejército en guardia y cerrar nuestra frontera estatal con Occidente, en primer lugar con Lituania y Polonia", dijo Lukashenko. "Para nuestro mayor pesar, nos vemos obligados a fortalecer nuestra frontera con la fraternal Ucrania".

Los funcionarios polacos dijeron que la situación aún no había cambiado en la frontera.

"Tomamos esto como otro elemento de la campaña de propaganda, un juego psicológico que tiene como objetivo crear una sensación de amenaza externa", dijo el viceministro de Relaciones Exteriores de Polonia, Pawel Jablonski, a la agencia de noticias Reuters.

Las autoridades fronterizas de Lituania también confirmaron que la situación en la frontera con Bielorrusia seguía siendo normal y dijeron que están esperando a ver cómo se implementan los cambios.


'Reducir'

Desde que Lukashenko declaró la victoria en una polémica elección presidencial el mes pasado, la ex república soviética ha visto a miles de manifestantes manifestarse contra su mandato de 26 años.

"Nuestra gente no se apartará, se despertaron y quieren una nueva Bielorrusia", dijo el mes pasado a DW la ex candidata presidencial y líder de la oposición Svetlana Tikhanovskaya. "La persona que tiene que dimitir es el señor Lukashenko".

Las autoridades bielorrusas han respondido reprimiendo a los manifestantes antigubernamentales y apuntando a figuras de la oposición, incluido el principal grupo de oposición, el Consejo de Coordinación, que ha acusado al régimen de Lukashenko de "utilizar abiertamente métodos de terror".

Los países occidentales han amenazado con tomar medidas disciplinarias contra Bielorrusia, incluida la promulgación de sanciones selectivas.

Apagones de internet

El viernes, casi 30 países emitieron una declaración conjunta en la que pedían a las autoridades bielorrusas que pusieran fin a los apagones de Internet, una táctica que a menudo utilizan los gobiernos represivos para evitar que la oposición se organice.

"Los cierres y el bloqueo o filtrado de servicios limitan injustificadamente los derechos de reunión pacífica y las libertades de asociación y expresión, especialmente cuando carecen de equidad procesal y transparencia", dice el comunicado.

Mientras tanto, 17 miembros de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) iniciaron una investigación sobre las violaciones de derechos a raíz de las controvertidas elecciones de agosto y dijeron: "La misión tiene como objetivo hacer que las autoridades bielorrusas rindan cuentas".

sábado, 22 de agosto de 2020

Disturbios electorales en Bielorrusia

Disturbios electorales en Bielorrusia

por Brian McConville || The Defensiomen





Las elecciones de Bielorrusia celebradas el 8 de agosto llevaron al presidente bielorruso Alexander Lukashenko a ganar "oficialmente" 80,10, mientras que su rival Sviatlana Tsikhanouskaya obtuvo "oficialmente" el 10,12% de los votos. La participación reportada es del 84,17%. Ha habido numerosas denuncias de fraude electoral, donde las urnas incluso desaparecieron. Cuando la oposición de Bielorrusia pidió un recuento, el gobierno respondió que no podían localizar las papeletas. Por lo tanto, declarar que las boletas "faltan". Podemos suponer razonablemente que las elecciones de Bielorrusia fueron manipuladas para Lukashenko.


Convoy militar en Minsk


Los resultados de las elecciones han dado lugar a la mayor protesta contra el gobierno desde que Bielorrusia obtuvo su independencia. El domingo, hubo informes de 200.000 manifestantes solo en Minsk. En una llamada telefónica con Putin el sábado, Lukashenko dijo que había obtenido un compromiso de Rusia. Rusia proporcionará asistencia integral si es necesario para garantizar la seguridad de Bielorrusia.

Hoy, hubo varios informes de transportes militares en Minsk y sus alrededores. El ejército de Bielorrusia también se ha desplegado en Minsk, con soldados armados custodiando el centro estatal de radio / televisión en Minsk.


soldados armados que custodiaban el centro estatal de radio y televisión en Minsk.

También ha habido informes de que el ejército ruso movió activos hacia Bielorrusia. La imagen de la portada muestra un convoy militar ruso que se dirigió a la frontera con Bielorrusia. Aunque, en este momento, no evaluamos que el presidente Putin haya tomado la decisión de intervenir en Bielorrusia, pero la evidencia apunta a que Rusia se está preparando para intervenir en Bielorrusia si es necesario. Si las protestas contra el gobierno continúan y parece cada vez más probable que amenace a Lukashenko con el poder, Putin podría calcular que el riesgo vale la pena para evitar que Lukashenko caiga.