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sábado, 1 de agosto de 2026

La campaña anti-argentina fue por Malvinas

Ex director de la Escuela Superior de Guerra sostuvo que la campaña anti argentina fue contra la reivindicación de Malvinas

El coronel Gabriel Camilli afirmó que los ataques surgidos durante el Mundial no respondieron solamente a una rivalidad deportiva, sino a una disputa vinculada con la cuestión Malvinas. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, aseguró.
Gabriel Camilli | Perfil




En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el coronel Gabriel Camilli aseguró que la aparición de símbolos vinculados con Malvinas durante el Mundial expuso una disputa que, según su análisis, continúa vigente desde 1982. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, afirmó el ex director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta, al explicar que los conflictos actuales también se libran en el terreno “cibernético y cognitivo”.

Gabriel Camilli es un coronel mayor retirado del Ejército Argentino, académico, escritor y reconocido analista geopolítico especializado en historia de la guerra y defensa estratégica. Se desempeñó como director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, ejerció el cargo de decano dentro de la Universidad de la Defensa Nacional, además fue jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, que en el Alpegrano preside la Fundación Estudios y Legados en Valores Nacionales, desde donde dicta conferencias sobre geopolítica y el pensamiento de próceres argentinos.

—El coronel Camilli escribió un excelente artículo que publicó el diario La Prensa, explicando, desde una perspectiva militar, que los recursos de defensa de un país no son solamente sus armas, que es lo que tiene doble valor viniendo casualmente de un militar. Así que le pido, si usted pudiera sintetizar oralmente su artículo a nuestra audiencia.
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—El artículo se llama La Argentina Bajo Ataque. Esto fue motivado porque tengo un centro, una fundación de estudios, que seguimos el problema estratégico de los valores nacionales. Y mirando el Mundial, como lo hacía cualquier ciudadano argentino que sigue este torneo, empecé a ver, habiendo escudriñado un poco en las redes sociales y habiendo estudiado esto, que se estaba dando delante de mis ojos una nueva forma de agresión que yo venía estudiando en guerras que se vienen dando en otros lugares del mundo.

Desde La Prensa seguimos en una columna la guerra de Ucrania y Rusia, los acontecimientos en el Medio Oriente. Y nosotros siempre hablamos de que hay distintos campos o dominios en los cuales se desarrollan las operaciones en la actualidad. Nosotros, y la mayoría de la gente, piensa que la guerra se desarrolla en la tierra, con los ejércitos; el mar, el aire. Pero en estos últimos tiempos se ha determinado que hay otros espacios importantes que tienen tanta o más trascendencia que estos clásicos que he mencionado.

Tenemos el campo aeroespacial, se pasó a una dimensión mayor, el campo cibernético y el campo cognitivo, que es el que llega al celular, a la pantalla de cada uno de los ciudadanos, para hacerse de la mente de él mismo. Entonces, después de los primeros partidos, llegando hacia la semifinal, empecé a ver que los ataques a la Argentina eran no solamente de tono futbolístico, que no hubiese tenido ningún tipo de preocupación porque es discutible, y más con la pasión que le ponen los aficionados al fútbol a esto en todo el mundo.

Pero, a partir sobre todo de la victoria sobre Egipto se empezó a desencadenar una serie de ataques que nada tenían que ver con el fútbol; tenían que ver con la Argentina, con otras cosas. Y lo de la victoria sobre Inglaterra y la exposición de esa maravillosa bandera que la afición le acercó a nuestra magnífica selección, eso fue un desencadenante explosivo.

Porque tenemos que entender hoy, aunque parezca exagerado lo que estoy diciendo, de que el mundo se mueve por las redes y por el marco cibernético, la psico-guerra. Entonces, esta bandera tiró por tierra, según mi entender, años de campaña de desmalvinización, en la cual el Reino Unido y otras potencias invierten ingentes cantidad de dinero. Entonces, no fue una reacción natural de la ficción contraria o de los partidarios que no quieren a la selección argentina, sino que fue una cosa perfectamente instrumentada y fabricada desde otras usinas de poder. Y esto quedó determinado.

—¿Puedo decir entonces, escuchándolo, que la guerra de Malvinas no terminó nunca y que la guerra continuó por parte de Inglaterra fomentando la desmalvinización, que es una forma de consolidar su triunfo?

—Absolutamente bien resumido. Porque la paz, ¿qué es? La paz es, según una definición clásica, la tranquilidad en el orden. Es una definición clásica de la paz. Hay tranquilidad hoy porque no nos estamos agrediendo físicamente como en el 82, pero no hay orden. El orden es volver las cosas a su justo sitio. El orden es que, de mínima, se cumpla la resolución de Naciones Unidas que obliga a las partes a sentarse a negociar, de mínima.

Y para nosotros el orden es restaurar esa usurpación que en 1833, de forma absolutamente arbitraria y por la fuerza, desalojó a la población argentina que venía ocupando ese lugar. Entonces, como usted bien dice, la guerra no terminó. La guerra en estos 44 años posteriores tuvo un desarrollo muy interesante, con períodos que nosotros estudiamos acabadamente: período de desmalvinización fuerte, período en que la guerra era el carro atmosférico para la Argentina, la guerra en que los chicos de la guerra eran los locos de la guerra, hasta que después el tiempo, o la verdad, fue decantando de que esta fue una justa guerra, y la Argentina fue reconociendo a sus veteranos.

La Argentina, a pesar de esas campañas de desmalvinización, como lo muestra esta bandera y este espíritu de gente sencilla, de nuestros jugadores que con todo el corazón, en todos los momentos, mostrado este amor por Malvinas. Acordémonos la canción en el mundial anterior, en la hinchada por los muchachos de Malvinas. Entonces, esto ha quedado fijo del lado nuestro y del lado del enemigo no ha cesado. No ha cesado porque hay pruebas fehacientes de que existen usinas de pensamiento producidas desde Gran Bretaña, en la cual se le paga a profesionales y expertos para generar un ambiente de desmalvinización, de que los argentinos abjuremos de Malvinas.

Hay un hecho muy fuerte que yo siempre destaco. Hay una campaña que promueve la Embajada Británica en Buenos Aires que se llama Visitemos a nuestros vecinos los Kelpers, en la cual invitan a jóvenes universitarios dedicados al área de la comunicación para que visiten Malvinas, a cambio de que los jóvenes produzcan piezas de orden publicitario que favorezcan esta amistad con los Kelpers.

Este es un problema muy grave porque desde el Gobierno argentino, del Estado Nacional, no se hace nada para impedir esto porque los Kelpers no son ni nuestros vecinos, son usurpadores de un territorio nacional. Y todo esto, aunque parezca mentira y parezca una fantasía, quedó demostrado en 30 segundos, con la aparición en el mundo, en el éter mundial, de esta bandera que desplegaron nuestros jugadores.

—Usted dice que, sabiendo que venía el partido con Inglaterra, el origen de toda esta campaña, en el fondo, es parte de la agresión de la guerra de Malvinas.


—Yo creo que sí, y de otros poderes que quieren que la Argentina no surja. La Argentina es un país por naturaleza rebelde. No se puede perdonar, ni no nos perdonaron en los 44 años posteriores de la guerra, el haber osado querer cambiar el statu quo que en 1965 las Naciones Unidas decían que debía cambiarse. La Argentina se ha esforzado por todos los medios en tratar de lograr recuperarla pacíficamente. Entonces, esto no se perdona.

—Y, visto en retrospectiva, ¿Cuál es su opinión de Galtieri?

—Al general Galtieri lo conocí. Tuve la oportunidad de conocerlo cuando yo era un joven teniente. El general Galtieri estaba cumpliendo prisión en la Escuela de su Oficial, el Sargento Cabral, el lugar que yo revistaba en ese momento. Y, como con un espíritu curioso, digo: bueno, tengo a esta persona acá, quiero entrevistarlo, quiero conocerlo. Así que varias veces pedí tomar un café con él.

Imagínense, yo era un teniente de 23, 24 años y el general era una persona bastante más grande. Y encontré una persona distinta a la que cuentan los medios, una persona que estaba consciente. Él me dijo a mí: “Mire, Camilli, la historia a mí me va a matar, me va a destruir”. Era perfectamente consciente y tomaba con una gran austeridad esta prisión que se le había impuesto. No tengo palabras negativas. Vi a una persona bastante simple, sencilla, y esa fue mi experiencia personal con el general Galtieri.

—Y desde el punto de vista militar, no personal, sino desde el punto de vista militar, ¿qué opina de la decisión de Galtieri de haber ido a la guerra? No sé si de Galtieri o de la Marina, en cualquiera de los casos? ¿Fue un error o finalmente fue un error útil en algún sentido?

—Lo entiendo perfectamente y, por supuesto, que como 40 años de estudio de este tema me llaman poderosamente la atención y soy el primer interesado en conocer la verdad. La llegada a Malvinas está envuelta en una serie de circunstancias que no son conocidas. Yo tengo una gran amistad con el licenciado José Enrique García Enciso, que fue senador nacional y vicegobernador de la provincia de Corrientes, que a la sazón, en ese momento, era un joven de veintitantos años que formaba parte del gabinete de crisis del general Galtieri por el tema de su conocimiento del idioma inglés.

García Enciso demuestra cabalmente y con pruebas que en 1981, ya en el gobierno del general Viola, se estaba preparando una reacción argentina en forma diplomática fuerte para evitar el cumplimiento de los 150 años ininterrumpidos en el 83 de la Guerra de Malvinas. Hubo una preparación y había un plan B que se empezó a gestar allá por el 81, que era el menos querido, que era hacer una especie de touch and go para cambiar y simplemente mover la sensibilidad de Gran Bretaña y obligarla a cumplir con la directiva de las Naciones Unidas. Estoy resumiendo brevemente porque él lo explica en un libro. Así que tengo una prueba presencial. Es una de las pocas personas vivas que formaban parte del ápice estratégico...

—O sea, usted lo dice que el objetivo era el touch and go. Y cuando ofrecieron las tres banderas fue el error de Galtieri. O sea, el error no fue iniciar la guerra sino seguirla.

—Exactamente. Fue el error, pero condicionado. Porque en este tema de las tres banderas, el presidente Belaunde Terry había logrado... y en la noche del primero al 2 de mayo...

—Hunde en el general Belgrano.

—Sí, señor, pero antes que lo que la gente no sabe, que esa noche se acordó entre las tres partes, Margaret Thatcher, Galtieri y Haig, que era el ministro de Relaciones Exteriores, un alto el fuego momentáneo para negociar. Margaret Thatcher incumple con esa orden y hunde al general Belgrano.Y ahí es cuando el general Galtieri no acepta seguir adelante. Ahora, podemos decir, tendría que haber sido con sangre fría y haber continuado con el acuerdo. De esto es testigo mucha gente del Perú y el mismo García Enciso, de lo que estoy diciendo. No es una cosa imposible de certificar. No justifico. Estoy diciendo: en el proceso de toma de decisiones de un Estado, de una nación, intervienen muchos factores.

—Coronel, me gustaría finalmente que usted le compartiera a nuestra audiencia la conclusión final que usted hace, diciendo de que el poderío de una nación se mide también por su capacidad cultural. Se mide también por cuestiones de soft power. Usted cita el INVAP, el CONAE, el CNEA. Grandes símbolos colectivos de la capacidad y la potencia de un país. Que la fortaleza no es exclusivamente las armas que un país tiene, sino que son la consecuencia de toda una capacidad científica, educativa, tecnológica, económica. Me gustaría un cierre con ese punto.

—Sí, la defensa nacional no es el aparato militar. En un sentido literal, podemos ver la figura de un hombre con un arco y una flecha que se proyecta hacia un blanco. La punta de la flecha, el metal, es solamente el poder militar. Pero todo lo demás que está detrás del arco, la flecha y todo el hombre y todo el esfuerzo, es todo el poderío nacional, toda la potencia nacional que hace posible la ejecución de ese esfuerzo último que tiene una nación cuando va a la guerra. Entonces, si nosotros debilitamos nuestro aparato tecnológico, nuestro aparato productivo, nuestro aparato industrial, nuestro conocimiento científico, y es un activo también la selección nacional, aunque te le parezca mentira, es un activo porque el fútbol Es pasión de las multitudes. Entonces, es un activo nacional.

Todo eso hace al ser y a la esencia de la defensa nacional. Pero tenemos que ponerlo en valor, tenemos que ponerlo a trabajar todos juntos detrás de ese esfuerzo, como ese hombre y ese arco y la flecha. No va la flecha por un lado, la soga por el otro y el músculo por otro. Va todo encaminado hacia cumplir un objetivo. Lo que yo veo es que la Argentina anda así, a la deriva, como una veleta, donde va el viento. Lo que creo que es el momento lo llama a buscar rumbos, a elegir conductores que busquen rumbos, que marquen direcciones y encolumnarnos todos detrás de ese esfuerzo.

RM

LT

martes, 30 de junio de 2026

Israel enseña a sus tropas a hacer propaganda

Inteligencia en influencia

@DavidWJ




Israel ha filtrado sin querer su manual de guerra cognitiva.Un documento interno del Ministerio de Defensa israelí describe un programa formal para entrenar a cientos de soldados y funcionarios en operaciones de influencia ofensiva. Es una licitación real
Una licitación interna del Ministerio de Defensa israelí publicada en julio de 2024 y ahora filtrada, describe un programa de formación estructurado para entrenar personal militar y civil en manipulación de opinión pública, tanto dentro de Israel como en el extranjero.
El programa: 8 cursos anuales, hasta 40 alumnos por curso.3 cursos en operaciones de influencia ofensiva,2 en "inteligencia de influencia",3 en formación de "activistas online"
Resultado: ~320 "expertos en influencia" formados cada año. Cadencia industrial.

¿Qué aprenden?

Perfil psicológico y cultural de audiencias objetivo. Diseño de mensajes para penetrar y persuadir. Medición de impacto en tiempo real. Ajuste de campaña según resultados.
Un bucle cerrado: inteligencia → mensaje → evaluación → corrección. En bucle continuo.
Uno de los módulos enseña técnicas "Black Hat": métodos que sortean explícitamente las reglas de Facebook y Google para distribuir contenido que de otro modo sería bloqueado.
Lo dicen con esas palabras. En una licitación pública.
¿Quién da las órdenes?
El documento lo deja claro: el programa opera según las "consideraciones y expectativas del estamento político".
No es una iniciativa militar autónoma. El objetivo cognitivo lo decide el gobierno. Relevante para cualquier análisis de responsabilidad.
Dato que merece atención propia:
Algunos cursos son en inglés, para "socios extranjeros" no identificados, con un módulo específico sobre "el enfoque americano" y cómo conducir campañas en el "campo internacional".
¿Quiénes son esos socios? El documento no lo dice. El acento ya..
Para mantener apariencia de neutralidad, los cursos se declaran "no clasificados".
Pero los profesores -académicos civiles universitarios - no pueden saber los nombres completos ni las unidades de los alumnos. Solo nombre de pila. Separación entre estructura civil y operativa.
Conclusión analítica:
Cualquier narrativa pública israelí sobre Gaza, Irán, el eje regional debe analizarse asumiendo una capa IO-Intel operativa- activa integrada en inteligencia, con feedback en tiempo real y cobertura política directa
No como hipótesis. Como variable de base.
       

lunes, 23 de agosto de 2021

Argentina: El eterno e inclaudicable retraso mental del fascismo perokirchnerista

Ah, pero Macri





Nota del administrador: Dedicado a las decenas de kirchneristas que intentan infructuosamente publicar comentarios en mi blog. Terminen la escuela primaria y después hablamos.
 
Por: Osvaldo Bazán @osvaldobazan
El Sol

A las 10.45 de la mañana del 16 de junio de 1955, Mauricio Macri se subió a su avión North American AT-6 en Punta Indio, desafiando a la niebla. A las 12.40 estaba lanzando sus bombas en Plaza de Mayo. La que lanzó él personalmente cayó sobre un trolebús repleto de niños. Murieron todos sus ocupantes.

El 28 de junio de 1966, recién llegado de la Escuela de las Américas de Panamá, donde aprendió todos los secretos de la “Doctrina de seguridad nacional”, Mauricio Macri entró en la Casa Rosada y le dijo al presidente Arturo Illia: “Lo invito a retirarse”. Como Don Arturo no se retiró, volvió armado, con otros compañeros, a las 19.20. Dio así por inaugurada la Revolución Argentina y puso a Onganía al mando. Pocos meses después, con garrotes, Macri sacó a los estudiantes de las universidades y comandó La Noche de los bastones Largos. Se sabe, Macri odia el estudio y la ciencia.

Mauricio Macri se pasó la negra noche de la dictadura cívico militar de Videla en las oficinas de Martínez de Hoz, transmitiéndole todos los secretos de la Escuela de Chicago que a su vez le había escrito Milton Friedman en un cuadernito Gloria.

En persona Mauricio Macri inventó la palabra “neoliberalismo” porque “nos quedamos con toda la tuya” era demasiado largo.

Después, para evitar intermediarios, se sentó en el sillón de Rivadavia en uno de esos deslices que tiene la historia. Desde ahí, hizo un túnel hasta el Banco Nación y empezó a sacar fajos de dinero que mandó directamente a sus cuentas del exterior mientras que le ordenaba a Patricia Bullrich que desapareciese artesanos en el sur.

Esto está probado incluso por un mapuche que lo vio a él en carne y hueso subiendo a un manifestante a una camioneta de Gendarmería.

Por si no alcanzara, Verbistky da fe.

Mauricio Macri le pegó a todas y cada una de las mujeres que tuvo.

Como no leyó un libro en su vida no puede articular dos palabras y cuando las articula no se le entiende porque como nació en cuna de oro, tiene una papa en la boca. Igual, no le hace falta hablar. Con sólo chasquear los dedos, alguien habla por él o simplemente, alguien hace lo que imagina que él quiere.

Los dictadores son así.

Insensibles.

Es un vago total y absoluto que en su vida no ha conseguido nada por sí mismo.

Es míster domador de reposeras.

Al mismo tiempo organiza golpes de estado en países vecinos, cruza la frontera en Villazón llevando cargamentos de armas y, de puro perezoso, se junta con lo peor de la ultraderecha más rancia (nunca nadie dice qué otra cosa más que rancia puede ser la ultraderecha) para desarmar la AméricaPatriaGrande y poner en su lugar la bandera shanki del imperio que tanto ama.

Es un chupacirios de primera, pañueloceleste clerical y al mismo tiempo, el que se llevó peor con el Papa criollo que jamás le perdonó que fuera tan chupacirios y pañueloceleste.

Mauricio Macri, ¿qué duda cabe? hizo de lejos el peor gobierno de la historia argentina, revirtió todas y cada una de las victorias conseguidas en años de gobierno nacional y popular.

Pero no porque le salió mal.

Le salió bien.

Su plan fue jodernos la vida.

Trajo a Obama y a Trump a la Argentina y les habló en su idioma ¿alguien precisa otra prueba más de lo entreguista que es?

Él en persona desarmó los edificios inteligentes de La Matanza y las convirtió en 115 villas de emergencia.

Él en persona recorrió los 8,4 kilómetros del segundo emisario del Arroyo Vega que permitía que no se inundaran 13 barrios de la ciudad de Buenos Aires y los desmontó para poder gritar: “¡Ahora sí se inunda más! ¡Ahora sí se inunda más!” frente a sus fanáticos seguidores, extasiados.

Mauricio Macri no es la encarnación de todos los males.

Es el mal.

Es la dictadura.

Todas las dictaduras.

El kirchnerismo hizo de Mauricio Macri el enemigo ideal.

No hace falta haber leído a Sun Tzu o a Maquiavelo para saber que nada aglutina tanto a las masas como tener un enemigo en común. Todos contra el diferente, la mejor manera de eliminar la diferencia: si eso es lo que no se puede ser, voy a hacer cualquier cosa para demostrar que no soy eso. Que a nadie se le vaya a ocurrir que yo soy como ése, que pienso como ése.

Fue la estrategia de las iglesias, las ciencias y los estados contra los homosexuales, por ejemplo. Si no estabas en contra de los desviados, por algo sería. Y nadie quería soportar siquiera la sospecha.

Le apuntaban a él; le disparaban a su visión de una Argentina capitalista, integrada al mundo, competitiva, democrática, occidental.

Para destrozar esas ideas, nada mejor que destrozar a su portavoz. Muerto el perro, se acabo la rabia.

Macri fue el blanco ideal.

Es rico, lo cual en un país invadido por el resentimiento, por la sensación de que “yo estoy para más”, “el mundo está contra mí”, “no recibo lo que merezco que es mucho más” es miel para las hormigas.

Quienes crearon esa figura monstruosa encontraron en el costado más envidioso, más rencoroso del argentino medio un terreno fértil para sembrar la pelusa de la rabia. Millones de argentinos que saludan con una media sonrisa la picardía de Zelig Massa, de pasar de un lado a otro del mostrador sin que se le mueva una ceja. Los que miran para otro lado si la de ellos está. Son muchos más de los que nos gustarían.

¿Cómo no agarrársela con Macri si no viene de la tradición política argentina?

No leyó esos libros que Cabecita de Sarlo considera imprescindibles para entender la realidad nacional. Algunos de esos libros, escrito por ella y sus amigos, son, justamente, los que nos trajeron hasta acá. Pero no importa, porque el mal es Macri.

Y si estamos todos de acuerdo en que Macri es el mal ¿cómo y para qué desafiar el consenso instalado, entonces?

¿Macri es el peor presidente de la historia argentina, lo suyo sólo fue enriquecimiento propio y absoluto desprecio por el país y su gente? De acuerdo, ¿para qué discutirlo? ¿para que te señalen también como parte del mal? Mejor, dejarlo pasar.

Es cómodo el lugar del consenso.

Es mentiroso pero es cómodo.

No hay espacio no sólo para decir que el consenso puede estar equivocado, sino ni siquiera para admitir matices.

Simplemente, no se puede.

Hay pruebas, testimonios, fotos, datos que desmienten ese monstruo que el kirchnerismo creó sobre la figura de Macri.

No importa.

Quien ose mostrarlos será para siempre un “fanático macrista”.

Nadie puede hablar de algo bueno del gobierno de Cambiemos sin sentirse obligado a decir “claro que hay que reconocer que fue un fracaso”.

No hay espacio siquiera para debatir lo bueno de lo malo, lo malo de lo bueno.

Nada.

Primero hay que decir que fue un fracaso. Nadie se anima a enumerar los logros del primer gobierno no peronista que temina su mandato, no vaya a ser cosa que lo consideren un “fanático macrista”.

Así funciona el chantaje ideológico.

No importa si quien intente romper el consenso esté íntimamente convencido de que está mostrando hechos que deberían ser sagrados y que le importa tres velines el devenir personal de Mauricio Macri.

Cuando ya terminaba el gobierno de Cambiemos, Macri realizó su única cadena nacional. En poco más de 40 minutos hizo lo que todo gobierno democrático debe hacer en cualquier país del mundo. Contó éxitos y fracasos. Lo que pudo y lo que no pudo. Datos oficiales, al alcance de todos, incuestionables. Su punto de vista, para bien o para mal.

Mientras eso ocurría, C5N sobreimprimía en pantalla insultos, chistes y ofensas en un clima de bullying de colegio secundario absolutamente prohibido por ley. Sin embargo, nadie levantó la voz, nadie denunció el evidente delito cometido por el canal hecho con la plata que Fabián de Souza tomó de quienes iban a cargar nafta a sus estaciones de servicio y en vez de devolverla al fisco como correspondía, la repartió entre un montón de profanadores periodísticos. Porque ¿cómo vas a defender a Macri?

A Macri se le puede pegar porque es el mal.

Haber inventado ese monstruo irreal les sirvió para una pelea también irreal. No luchan contra un referente político que representa valores contrarios a los que desean. Pelean contra sus propios fantasmas.

Cuando la presidenta (vamos, ¿todavía creen que es un error o que quien esto escribe se olvido de poner “ex” o “vice”?) dice “¿Qué valores pueden tener los macristas? A los de Cambiemos sólo los mueve el odio”, señala con un dedo largo y fantasmal a Macri, establece dónde está el mal y, claro, empuja a todos los que se sienten buenos, contra él. En ese mundito inventado, terminan insultando un relato creado por ellos mismos y obturan la posibilidad de confrontar con la realidad, que les sería mucho más difícil.

Por eso para los kirchneristas, todo el que sea de Cambiemos es o bien un rico insensible o bien un pobre desclasado. Nadie puede ser de Cambiemos siendo buena persona ¿por qué? Porque Macri es el peor y si no lo criticás, es porque vos también sos el peor.

Sí, es una psicopateada básica pero que le ha dado muy buen resultado a los psicopateadores.

Su gobierno se la fugó toda.

Listo.

Sin embargo, cuando se corre esa cortina, se ve otra cosa.

El último dato de la Secretaría de Finanzas de la Nación en la gestión de la Extraña Dama Dañina de Recoleta como presidenta, es de septiembre de 2015. Ahí consta que Argentina debía (a los organismos internacionales, al sector privado y a las agencias estatales) 240.000 millones de dólares. Entre 2016 y 2019, el gobierno del peor de todos, debía pagar 121.500 millones de dólares.

Al terminar el mandato del malvado Macri, la deuda había pasado a 323.000 millones de dólares. En esa montaña de plata estaba el famoso préstamo del FMI de mediados del '18: 44.000 millones de dólares.

¿En qué se usó esa plata? Obvio, según C5N y todos los fantoches, se la fugaron toda, si Mr. Reposera vino a robarnos.

Pero la realidad es otra.

Según el informe del Ministerio de Hacienda de fin del 2019, de esos 44.000 millones de dólares, se usaron: 35.344 millones (el 80%) para pagar vencimientos de deuda en moneda extranjera; 6.072 millones (el 13, 7%) para pagar deuda en pesos; 774 millones (el 1,7%) para cubrir gastos primarios; y 192 millones fueron “diferencias de cambios y otros conceptos. Los restantes 1.900 millones, quedaron en el Tesoro.

Se usó parte de la deuda nueva para cancelar deuda anterior, pagando intereses más bajos de los que se pagaban en el gobierno K. Y así se entiende que 2 de cada 3 dólares de deuda que se tomaron durante el gobierno de Macri se usaron para pagar deudas que venían de antes.

Sin embargo, alcanza con decir que Macri es el peor presidente de la historia argentina y listo, qué tanta explicación. ¿No ves que “se la fugó toda"?

En su libro “Primer tiempo”, Macri hace una extensa autocrítica sobre sus expectativas desmesuradas, su error de cálculo con respecto a los otros jugadores nacionales, su confianza en una lluvia de inversiones que jamás vendrán al país sin las reformas necesarias.

Sin embargo, pocos de esos periodistas que piden a los gritos “¡autocrítica!,¡autocrítica!” ha leído el libro.

No les interesa qué puede decir, si es el peor presidente de la historia argentina.

Es curioso que ninguno de esos periodistas cuando tienen enfrente a alguna figura del oficialismo pida por autocrítica. Para muchos alcanza con que Cafierito, el Nieto del Estado diga “vamos a dar vuelta la página” con cara de “no sabía que hoy había que traer la tarea hecha”.

En estas semanas vimos como el gobierno adaptó a sus necesidades de campaña, la política sanitaria, la política educativa, la política de seguridad, la política económica. No debe haber cuestión más abyecta. Sin embargo, ¿ustedes vieron a alguna estrella del periodismo nacional pedir “autocrítica”? ¿Quién le pregunta a Zelig Massa por esa picardía de andar sin barbijo en un lugar cerrado con 70 personas cuando no podíamos ni juntarnos con la abuela? ¿Y a Filomena Vizzotti, cuándo le vamos a cobrar por sus padres vacunados vip? ¿Y a Anatoly Nicolini, su cartita priorizando el proyecto ruso y las necesidades políticas del dueño del salón de fiestas de Olivos? ¿Cuándo se la vamos a cobrar?

¿Lo hará la ciudadanía el día de las elecciones? Es probable, en los últimos tiempos ha demostrado estar por delante de la clase política, del círculo rojo y de la corporación periodística.

Claro que para que eso ocurra no debería andar rondando el fantasma del fraude. Y las únicas dos maneras de evitarlo es que los ciudadanos vayan a votar y se anoten los fiscales que todavía están faltando porque ¿alguien duda de que el fraude es un riesgo real?

A los argentinos que queremos que el país se despegue de la Venezuela de Maduro, de la Nicaragua de Ortega, de la Cuba de 62 años de dictadura; a los que queremos modernización, inclusión en el mundo, respeto por las ideas de los adversarios, igualdad de oportunidades, meritocracia, competitividad, división de poderes, no nos cambia mucho si Macri está de acuerdo o no.

A aquellos a quienes estas ideas les molestan, les recomiendo que dejen de decir “Ah, pero Macri” y empiecen a decir “Ah, pero ustedes”.

Porque de acá no se mueve nadie.

 

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