sábado, 29 de noviembre de 2025
jueves, 8 de mayo de 2025
lunes, 5 de mayo de 2025
domingo, 27 de abril de 2025
viernes, 27 de diciembre de 2024
jueves, 15 de agosto de 2024
Geopolítica: Las relaciones entre India y Myanmar (1980-2023)
La geopolítica de India con Myanmar (1980-2023)
Introducción
La relación geopolítica entre India y Myanmar es un tema de gran relevancia en el contexto del sur y sureste asiático. Esta relación se ha moldeado a lo largo de los años por factores históricos, económicos, estratégicos y culturales. Desde la década de 1980 hasta la actualidad, India ha buscado equilibrar su enfoque hacia Myanmar, considerando tanto sus propios intereses estratégicos como los desafíos y oportunidades presentados por la evolución política y económica de Myanmar. Este informe se enfoca en la historia reciente de la relación entre India y Myanmar desde 1980 hasta el presente, seguido por un análisis más detallado de los últimos 15 años, examinando los aspectos más relevantes que han influido en esta dinámica geopolítica.
Historia Reciente de la Relación India-Myanmar (1980-2023)
Años 1980: Un Enfoque Distante
Durante la década de 1980, las relaciones entre India y Myanmar fueron relativamente distantes. Myanmar, gobernado por una junta militar desde 1962, estaba aislado internacionalmente debido a su régimen autoritario y su pobre historial de derechos humanos. India, por su parte, mantenía una postura crítica hacia el régimen militar birmano, apoyando abiertamente al movimiento democrático liderado por Aung San Suu Kyi. Este enfoque limitó significativamente la cooperación bilateral durante esos años.
Años 1990: Reconfiguración Estratégica
El colapso de la Unión Soviética y los cambios en la geopolítica global obligaron a India a revaluar sus relaciones exteriores, incluida su política hacia Myanmar. A principios de la década de 1990, India adoptó la política "Look East" (Mirar al Este), buscando fortalecer sus relaciones con los países del sudeste asiático. En este contexto, Myanmar se convirtió en un país clave debido a su ubicación estratégica entre India y el sudeste asiático.
A pesar de las diferencias ideológicas, India comenzó a comprometerse con el régimen militar birmano, reconociendo la importancia geopolítica de Myanmar para la seguridad fronteriza y la conectividad regional. Las primeras señales de cooperación se vieron en acuerdos bilaterales sobre seguridad fronteriza y comercio.
Años 2000: Consolidación de la Relación
Durante los años 2000, las relaciones entre India y Myanmar se fortalecieron significativamente. India comenzó a ver a Myanmar no solo como un vecino inmediato, sino también como una puerta de entrada clave al sudeste asiático. Los intereses estratégicos, económicos y de seguridad impulsaron a India a profundizar su compromiso con Myanmar, lo que resultó en una serie de acuerdos en infraestructura, energía y defensa.
India también buscó contrarrestar la creciente influencia de China en Myanmar, viendo la cooperación económica y militar como un medio para establecer un contrapeso en la región. Esto llevó a la realización de proyectos importantes como la carretera India-Myanmar-Tailandia y la modernización de la infraestructura portuaria en Myanmar, facilitando una mayor conectividad.
Años 2010: Cambio y Continuidad
En la última década, la relación India-Myanmar ha visto tanto continuidad como cambio. La transición parcial de Myanmar hacia la democracia en 2011, seguida por las reformas políticas y económicas, ofreció nuevas oportunidades para fortalecer los lazos bilaterales. India, bajo el gobierno de Narendra Modi, reafirmó su compromiso con la política "Act East" (Actuar hacia el Este), que enfatiza una mayor integración con los países del sudeste asiático, incluyendo a Myanmar.
La cooperación en defensa se amplió, con India proporcionando entrenamiento militar y asistencia en seguridad fronteriza a Myanmar. Además, los proyectos de infraestructura continuaron siendo una prioridad, con el desarrollo del puerto de Sittwe y el corredor Kaladan multimodal como componentes clave.
Los Últimos 15 Años: Aspectos Relevantes de la Relación Geopolítica
Seguridad Fronteriza y Lucha Contra la Insurgencia
Uno de los aspectos más importantes de la relación India-Myanmar en los últimos 15 años ha sido la cooperación en seguridad fronteriza y la lucha contra la insurgencia. Las regiones nororientales de India, que limitan con Myanmar, han sido históricamente inestables debido a la presencia de varios grupos insurgentes. India ha trabajado estrechamente con Myanmar para llevar a cabo operaciones conjuntas contra estos grupos, que a menudo utilizan el territorio birmano como refugio.
En 2015, India realizó una operación transfronteriza en Myanmar contra insurgentes que habían atacado a sus fuerzas de seguridad, lo que destacó el nivel de cooperación en seguridad entre ambos países. Esta operación subrayó la importancia de Myanmar en la estrategia de seguridad nacional de India y la disposición de ambas naciones para colaborar en la estabilización de la región fronteriza.
Influencia Económica y Proyectos de Infraestructura
La economía ha sido otro pilar crucial en las relaciones India-Myanmar. India ha invertido en varios proyectos de infraestructura en Myanmar, que no solo benefician a ambos países, sino que también mejoran la conectividad regional. El Corredor Multimodal Kaladan, que conecta el puerto de Sittwe en Myanmar con el noreste de India, es un proyecto emblemático que busca reducir la dependencia de la región nororiental de India de la ruta terrestre a través del Siliguri Corridor.
Además, el proyecto de la carretera Trilateral India-Myanmar-Tailandia, que conecta estos tres países, es un ejemplo de cómo la infraestructura se está utilizando para fortalecer los lazos económicos y estratégicos entre India y el sudeste asiático.
Competencia con China
Uno de los factores más influyentes en la política de India hacia Myanmar ha sido la creciente presencia de China en la región. Myanmar ha sido un socio cercano de China, recibiendo inversiones significativas en infraestructura, energía y defensa. India ha visto esta relación con cautela, preocupada por el "estrangulamiento" estratégico que podría resultar si China consolida su influencia en Myanmar.
En respuesta, India ha intensificado sus esfuerzos para aumentar su presencia en Myanmar, ofreciendo asistencia económica y militar, así como promoviendo la conectividad regional a través de proyectos conjuntos. La competencia con China ha llevado a India a involucrarse más profundamente en Myanmar, buscando contrarrestar la influencia china mediante una estrategia de compromiso positivo.
Noopolitik y Diplomacia
En los últimos años, India también ha empleado elementos de noopolitik en su enfoque hacia Myanmar, utilizando la diplomacia cultural y la asistencia al desarrollo como herramientas para ganar influencia. India ha promovido el budismo, que es la religión mayoritaria en Myanmar, como un puente cultural entre ambos países. Además, India ha proporcionado asistencia humanitaria y ayuda al desarrollo, especialmente durante la crisis de los refugiados rohingya, aunque su posición sobre este tema ha sido cautelosa para no antagonizar al gobierno birmano.
Desafíos y Oportunidades Recientes
La situación política en Myanmar tras el golpe de Estado militar en 2021 ha presentado nuevos desafíos para India. Mientras que India ha expresado su preocupación por la restauración de la democracia en Myanmar, también ha mantenido un enfoque pragmático, continuando su compromiso con el régimen militar debido a la importancia estratégica de Myanmar.
La situación actual en Myanmar sigue siendo volátil, y las relaciones con India podrían verse afectadas por los desarrollos internos en Myanmar. Sin embargo, India probablemente continuará con su política de compromiso pragmático, buscando equilibrar sus intereses estratégicos con su apoyo a la democracia.
Conclusión
La relación geopolítica entre India y Myanmar ha evolucionado considerablemente desde la década de 1980. Lo que comenzó como una relación distante ha florecido en un compromiso multifacético, impulsado por intereses estratégicos, económicos y de seguridad. En los últimos 15 años, India ha profundizado su cooperación con Myanmar, enfrentando desafíos y aprovechando oportunidades, especialmente en el contexto de la competencia con China.
Mirando hacia el futuro, la relación India-Myanmar seguirá siendo crucial para la estabilidad regional y la seguridad en el sur y sureste asiático. La capacidad de India para gestionar sus intereses en Myanmar, mientras equilibra su enfoque entre el pragmatismo y el apoyo a la democracia, será clave para su estrategia geopolítica en la región.
lunes, 29 de julio de 2024
miércoles, 15 de mayo de 2024
viernes, 28 de julio de 2023
viernes, 30 de diciembre de 2022
Pakistán e India luchan contra sus feudalismos
India-Pakistán: la guerra contra el dominio feudal
Strategy Page
20 de diciembre de 2022: Ha sido un año muy malo para Pakistán, que ha sufrido una gran crisis económica que empeoró por inundaciones épicas y una escalada de violencia política. Imran Khan, un popular primer ministro, fue expulsado del poder por no haber resuelto los problemas económicos y por no llevarse bien con los militares. Khan culpó a los militares por la mayoría de los problemas económicos y organizó grandes protestas contra los militares después de que fue destituido de su cargo. Eso condujo a un intento fallido de asesinato de Khan. Fue herido y pronto se recuperó organizando y liderando protestas. Hay elecciones nacionales a mediados de 2023 en las que Khan es candidato y actualmente parece tener buenas posibilidades de recuperar su puesto como primer ministro.
Durante décadas, el ejército y su ISI (Inter-services Intelligence) promovieron grupos terroristas islámicos y la promulgación de las leyes contra la blasfemia más duras que se encuentran en cualquier país musulmán. Se supone que ISI se trata principalmente de inteligencia militar, pero también actúa como la CIA, el FBI y la KGB. ISI tiene un departamento que se ocupa del terrorismo interno contra cualquier persona considerada problemática para el ejército. Estas personas son amenazadas o asesinadas. El hecho de que los militares utilicen al ISI de esta manera es una de las principales razones de la creciente oposición a los militares.
Desde que el gobierno del IEA (Emirato Islámico de Afganistán) respaldado por ISI asumió el poder a fines de 2021, Afganistán se ha convertido en un lugar más seguro para los grupos terroristas islámicos. Los más activos incluyen el TTP (talibanes paquistaníes) y el ISK (Estado Islámico Khorasan), que también es el afiliado local de ISIL (Estado Islámico en Irak y el Levante). El problema más inmediato es el TTP. Muchas facciones del TTP operan de forma independiente, a menudo en contra de las órdenes de los líderes del TTP. En contraste, los talibanes afganos siempre fueron más disciplinados porque dependían del ejército paquistaní para un santuario en la provincia de Baluchistán y otra ayuda esencial. Esto incluyó pagos en efectivo de los cárteles de heroína afganos que también dependen del ejército paquistaní para suministros y servicios esenciales. Los talibanes afganos han ayudado durante mucho tiempo a proteger las operaciones de los cárteles dentro de Afganistán. Ahora que los talibanes afganos están de vuelta en el poder, después de 20 años en el exilio, descubren que tienen mucho en común con el TTP. Ambos talibanes ven a las fuerzas armadas paquistaníes como el enemigo y eso está causando grandes problemas a las fuerzas armadas paquistaníes ya Pakistán en general. Hasta ahora, TTP todavía tiene refugio en Afganistán y es buscado y atacado regularmente por vehículos aéreos no tripulados paquistaníes en lugar de las fuerzas de seguridad de la AIE.
En contraste, India tuvo un buen año, especialmente en comparación con Pakistán. La economía india está en mejor forma al igual que la calificación crediticia nacional. Las muertes por terroristas y rebeldes islámicos también se redujeron casi a la mitad en comparación con 2021. En Pakistán, esas pérdidas aumentaron en un tercio. Como resultado, Pakistán sufrió unas 900 muertes de este tipo en 2022, tres veces más que India. Es peor de lo que parece porque India tiene seis veces más habitantes. La razón principal de esta disparidad es que India se aseguró de que el ejército estuviera y permaneciera subordinado al gobierno electo después de que la India británica se independizara. La mayoría de los políticos indios musulmanes insistieron en un estado musulmán separado llamado Pakistán (tierra de los puros). Muchos políticos indios hindúes aceptaron esto y la India que los británicos habían unido se dividió. Las regiones de mayoría musulmana en el noroeste y noreste de la India se convirtieron en Pakistán, con la mayor población en el oeste de Pakistán. Los musulmanes de Pakistán Oriental solo tenían una religión en común con Pakistán Occidental y estaban resentidos por el dominio político de Pakistán Occidental. Esto duró 25 años y luego Pakistán Oriental exigió la independencia. Ese fue un proceso sangriento porque los paquistaníes occidentales dominaron el ejército de Pakistán. Intentar reprimir la rebelión condujo a muchas atrocidades contra los civiles de Pakistán Oriental. Eso llevó a India a intervenir y Pakistán Oriental se convirtió en el moderno Bangladesh (Tierra de los bengalíes). El nombre hindi para indio es Bharat, que se refiere a una antigua tribu que desempeñó un papel en la creación de la cultura india hace casi 4000 años. También hay asociaciones religiosas pero se trata principalmente de nacionalismo. con la población más grande en el oeste de Pakistán. Los musulmanes de Pakistán Oriental solo tenían una religión en común con Pakistán Occidental y estaban resentidos por el dominio político de Pakistán Occidental. Esto duró 25 años y luego Pakistán Oriental exigió la independencia. Ese fue un proceso sangriento porque los paquistaníes occidentales dominaron el ejército de Pakistán. Intentar reprimir la rebelión condujo a muchas atrocidades contra los civiles de Pakistán Oriental. Eso llevó a India a intervenir y Pakistán Oriental se convirtió en el moderno Bangladesh (Tierra de los bengalíes). El nombre hindi para indio es Bharat, que se refiere a una antigua tribu que desempeñó un papel en la creación de la cultura india hace casi 4000 años. También hay asociaciones religiosas pero se trata principalmente de nacionalismo.
Antes de 1947, los líderes musulmanes temían ser absorbidos nuevamente por la cultura y la religión hindú. Eso no sucedió y la India todavía tiene más musulmanes que Pakistán. Un gran error que cometieron los fundadores de Pakistán fue no eliminar el feudalismo o asegurar el control político sobre las fuerzas armadas. Cuando Bangladesh se independizó, mantuvo al ejército bajo el control del gobierno electo. Después de la década de 1970, Bangladesh era pacífico y más próspero que Pakistán. Incluso antes de la guerra civil con Pakistán Oriental, el ejército paquistaní se consideraba libre del control del gobierno y, a menudo, tomaba el control del gobierno. El ejército indio nunca ha hecho esto y eso marcó la diferencia. En Pakistán, el ejército siempre resistió los persistentes intentos de los funcionarios electos de subordinar al ejército al electorado. La hostilidad popular hacia el ejército de Pakistán ha aumentado sustancialmente en la última década e incluso muchos de los generales están respaldando el "modelo indio". Todos los involucrados prefieren hacer el cambio sin mucha violencia, pero aún no se ha desarrollado la voluntad suficiente para hacerlo realidad.
19 de diciembre de 2022: en el noroeste de Pakistán (provincia de Khyber Pakhtunkhwa), el personal antiterrorista pakistaní fue capturado por sus prisioneros del TTP y ahora el centro antiterrorista donde estaban detenidos los hombres del TTP está sitiado por las tropas paquistaníes. Los hombres del TTP tomaron el control de las instalaciones en las que se encontraban, pero no pudieron regresar a su base en Afganistán. Los hombres del TTP pidieron a los ancianos de las tribus locales que trabajaran con el gobierno para organizar un paso seguro para los hombres del TTP de regreso a Afganistán y la liberación de la guardia y los interrogadores paquistaníes. Esto es vergonzoso para el ejército pakistaní y una gran victoria para el TTP, que publicó videos de la situación en el recinto sitiado.
15 de diciembre de 2022: en el suroeste de Pakistán (Baluchistán), el fuego de mortero afgano contra Pakistán mató a un civil e hirió a otros veinte. Esto tuvo lugar cerca del cruce fronterizo de Chaman y la ciudad afgana de Spin Boldak en la provincia de Kandahar. Al norte de Spin Boldak se encuentra la ciudad de Kandahar, la "ciudad natal" original de los talibanes y la capital de la provincia de Kandahar. El cruce fronterizo de Chaman, el segundo cruce de carretera más transitado de Afganistán. Chaman se encuentra en la carretera principal entre Quetta (capital de Baluchistán) y la capital de la provincia de Kandahar en Afganistán. Este camino transporta suministros vitales para las bandas de narcotraficantes afganas, incluidos los productos químicos necesarios para convertir el opio en heroína. Estos se introducen de contrabando en camiones, a menudo con la cooperación de sobornos para los guardias fronterizos.
Mucha de esta violencia fronteriza es causada por disputas fronterizas entre Afganistán y Pakistán. El observador de aves oficial se basó originalmente en la "Línea Durand". Esta fue una invención improvisada de la era de 1893 de las autoridades coloniales británicas y los lugareños siempre la consideraron temporal, o al menos negociable. La necesidad de renegociación se debió principalmente a que la línea a menudo atravesaba territorios tribales pashtunes. Sin embargo, los afganos son más proclives a exigir ajustes en la Línea Durand, y luchan por obtener lo que quieren. Los esfuerzos recientes de Pakistán para construir más cercas y otras estructuras en su lado de la frontera fueron un intento de hacer que la línea Durand fuera permanente y ya no negociable. Pakistán ha construido una valla a lo largo de la mayor parte de la línea Durand. Las fuerzas afganas disparan contra la operación de construcción de vallas en algunas zonas
13 de diciembre de 2022: el general Asim Munir, el nuevo comandante de las fuerzas armadas de Pakistán, ordenó una gran campaña militar a lo largo de la frontera afgana para detener el movimiento de hombres armados hostiles, especialmente miembros del TTP (Talibán paquistaní) entre Afganistán y Pakistán. Otro objetivo son los contrabandistas que transportan armas o drogas a Pakistán. Las tropas paquistaníes también perseguirán a los afganos armados que operan cerca de los cruces fronterizos clave.
11 de diciembre de 2022: en el suroeste de Pakistán (Baluchistán), fuego de mortero desde Afganistán (cerca del cruce fronterizo de Chaman desde Afganistán) mató a siete civiles paquistaníes y un pistolero afgano. Los proyectiles de mortero fueron disparados desde Afganistán (provincia de Kandahar) cerca de Spin Boldak. Pakistán cerró el cruce de Chaman durante dos días para asegurarse de que no se planearan más ataques de este tipo. Chamán es el segundo cruce más transitado por el tráfico de camiones entre los dos países. El cruce más transitado es Torkham, en el noreste de Pakistán, que utiliza la antigua ruta de caravanas Khyber Pass (que ahora es una carretera moderna). Los militares y el ISI han sido responsables de los problemas financieros del gobierno y del mal estado de la economía. En los últimos años, los militares buscaron tomar un control más completo del parlamento y el gobierno.
2 de diciembre de 2022: en la capital afgana, Kabul, alguien disparó contra la embajada de Pakistán. Un guardia de seguridad paquistaní resultó herido. Aparentemente, los atacantes eran un equipo de francotiradores de dos hombres que intentaban matar a un alto diplomático paquistaní. Más tarde, ISK (Estado Islámico Khorasan) se atribuyó el ataque fallido. ISK se formó en Afganistán durante 2015, con la ayuda del liderazgo de ISIL en Siria, para manejar la actividad de ISIL en toda la región (Asia Central, Irán, Pakistán e India). ISK descubrió que eran más efectivos si limitaban sus operaciones a Afganistán y Pakistán, lo que han estado haciendo desde 2019. El nuevo gobierno de la AIE (desde mediados de 2021) todavía está intentando, y sigue sin lograr, obtener el reconocimiento oficial de que es el gobierno legítimo de Afganistán. La mayoría de las naciones consideran que la AIE es un grupo terrorista islámico respaldado por Pakistán que tomó el control del gobierno con la ayuda adicional de los cárteles de la droga afganos. ISK se ha vuelto más activo en Afganistán y Pakistán desde que la IEA se hizo cargo.
29 de noviembre de 2022: India y China ven oportunidades en la nueva alianza Rusia-Irán. Por la alianza Kazajstán, Azerbaiyán y Turkmenistán están nerviosos porque están, después de Ucrania, según Vladimir Putin, en la lista de territorios exsoviéticos que necesitan ser reunificados con la Gran Rusia. Eso sería difícil porque estos tres estados tienen lazos económicos crecientes con China y lazos diplomáticos con India. China e India le dijeron a Rusia que la Guerra de Ucrania fue contraproducente y mala para la economía y las fuerzas armadas rusas. Putin se negó a prestar atención a ese consejo de China y críticas similares de India. Los estados de Asia Central se oponen a la guerra en Ucrania y están de acuerdo con China e India. Esto brinda más oportunidades económicas en Asia Central, donde China ya estaba desplazando a Rusia como principal socio comercial. Las naciones de Asia Central también han visto una afluencia de muchos (cientos de miles) rusos que huyen de la movilización de hombres para luchar en Ucrania y lo hacen con poco o ningún entrenamiento, equipo inadecuado y liderazgo de unidad inepto o ausente. Estos exiliados trajeron consigo miles de millones de dólares, que depositaron en bancos locales. Gran parte de ese dinero se utilizó para iniciar nuevos negocios en estas antiguas partes de la Unión Soviética. Las economías locales prosperaron gracias a estas inversiones y algunas de las naciones anfitrionas predicen un crecimiento significativo del PIB porque. Muchos de estos rusos jóvenes y bien educados parecen estar listos para establecerse en sus nuevos países, al menos hasta que Rusia termine la guerra y la creciente atmósfera de estado policial. Finalmente, Rusia necesita salir de todas esas sanciones. equipo inadecuado y liderazgo de unidad inepto o ausente. Estos exiliados trajeron consigo miles de millones de dólares, que depositaron en bancos locales. Gran parte de ese dinero se utilizó para iniciar nuevos negocios en estas antiguas partes de la Unión Soviética.
23 de noviembre de 2022: La AIE afgana está teniendo problemas en las fronteras iraní y paquistaní debido a disputas sobre dónde debería estar exactamente la frontera, o debido a los esfuerzos iraníes para bloquear a los traficantes de drogas afganos, o debido a los esfuerzos pakistaníes para perseguir las operaciones de TTP en el lado afgano de la frontera. La AIE está negociando con Irán y Pakistán en un esfuerzo por encontrar soluciones. Esto es difícil porque los problemas de presupuesto de la AIE significan que no hay suficiente personal de seguridad para vigilar las fronteras. Pakistán e Irán están dispuestos a utilizar su propio personal de seguridad para vigilar las fronteras. El único problema aquí es que es menos probable que los guardias fronterizos de Irán y Pakistán aprecien plenamente las quejas afganas.
22 de noviembre de 2022: China mantiene una relación con el nuevo gobierno talibán de la AIE en Afganistán. La mayoría de las naciones se mantienen alejadas. Con el reciente cierre permanente de la embajada checa, quedan quince en Kabul. Esto incluye las embajadas de China, India, Indonesia, Irán, Japón, Kazajstán, Kirguistán, Pakistán, Qatar, Rusia, Arabia Saudita, Tayikistán, Turquía, Turkmenistán y los EAU (Emiratos Árabes Unidos). La UE (Unión Europea) tiene una delegación en Kabul y Qatar alberga a algunos diplomáticos estadounidenses que velan por los intereses estadounidenses en Afganistán. Hay varias otras organizaciones internacionales que mantienen oficinas en Kabul para explorar oportunidades económicas. La IEA extiende la protección a nivel de embajada a estas delegaciones. En realidad, nadie ha reconocido a la AIE como el gobierno legítimo de Afganistán, pero la AIE controla Kabul y tiene una cantidad variable de control en todo Afganistán. A la AIE le gustaría que China invirtiera en los muchos depósitos minerales sin explotar en Afganistán.
20 de noviembre de 2022: en el noroeste de Pakistán (provincia de Khyber Pakhtunkhwa), las fuerzas de seguridad de la AIE al otro lado de la frontera en la provincia de Paktika intercambiaron disparos con las tropas paquistaníes cuando los afganos cruzaron la frontera para construir un puesto fronterizo en Pakistán. Los disparos tuvieron lugar en el distrito de Kurram de la provincia, que es donde ocurren muchas de estas disputas fronterizas.
13 de noviembre de 2022: en el suroeste de Pakistán (Baluchistán), Pakistán cerró el cruce fronterizo de Chaman entre la provincia afgana de Kandahar y la provincia paquistaní de Baluchistán. Hubo un tiroteo en el cruce cuando varios hombres de Afganistán abrieron fuego contra los guardias fronterizos paquistaníes. Un paquistaní murió y dos resultaron heridos, mientras que los tres atacantes murieron. Se creía que los muertos eran miembros del TTP.
viernes, 16 de diciembre de 2022
martes, 18 de octubre de 2022
¿Pueden India y Pakistán evitar una guerra nuclear?
Redux de la Primera Guerra Mundial: ¿Pueden India y Pakistán evitar la guerra nuclear?
Las tumbas de los caídos en la Primera Guerra Mundial sirven como un terrible recordatorio de cómo el fracaso del compromiso diplomático y la prevención de crisis podría ser catastrófico.
Han pasado casi 104 años desde la conclusión de la Primera Guerra Mundial, pero sus lecciones nunca han sido más pertinentes. Esto es especialmente relevante para el sur de Asia, donde India y Pakistán se encuentran enfrentados por Cachemira, un conflicto que se ha vuelto más mortífero por la introducción de armas nucleares. Las similitudes entre el sur de Asia moderno y la Europa de la Primera Guerra Mundial son notables. En 1914, Francia deseaba el regreso de Alsace Lorraine; hoy, tanto Pakistán como India buscan resolver desacuerdos históricos sobre a quién pertenece Cachemira. Hace un siglo, el separatismo serbio y los grupos nacionalistas como la Mano Negra plantearon un desafío estratégico para los líderes austrohúngaros; hoy, el separatismo de Cachemira sigue siendo una espina en el pie de Nueva Delhi. El patrocinio de Islamabad de grupos como Lashkar-e-Taiba, que llevaron a cabo los ataques en Mumbai.en 2008, solo agrega combustible al fuego, recordándonos inquietantemente que Serbia tolera las actividades de Black Hand. Al mismo tiempo, Pakistán culpa a la inteligencia india por fomentar la disidencia en la provincia de Baluchistán, acusación que los indios niegan repetidamente. Un enfrentamiento militar entre las Fuerzas Aéreas de India y Pakistán en 2019 luego de un ataque con bomba en Pulwama, Cachemira, que mató a cuarenta y seis policías indios sirve como un claro recordatorio de cómo las acciones de los insurgentes, incluso cuando actúan por su propia voluntad, y desencadenar un conflicto interestatal. Otro incidente futuro similar, seguido posteriormente por un enfrentamiento militar, podría salirse de control.
La rivalidad indo-pakistaní profundamente arraigada se remonta a su independencia de Gran Bretaña en 1947. Lo que ha cambiado es que las relaciones actuales están siendo influenciadas por una lucha renovada por la primacía mundial entre Estados Unidos y China. Estados Unidos ve a India como una parte integral de su estrategia en el Indo-Pacífico para contener a China . Pakistán, por otro lado, ha sido un aliado chino de larga data y se ha beneficiado de las ventas militares chinas y del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC). Así como Gran Bretaña miraba con recelo el desarrollo de la infraestructura alemana en el Imperio Otomano, Nueva Delhi (y tal vez Washington) ve al CPEC con una mirada aprensiva. Las interpretaciones indias de la amenaza estratégica que representa una alianza chino-paquistaní solo se ven magnificadas por los enfrentamientos entre las tropas indias y chinas a lo largo de su frontera entre 2020 y 2022. India y China ya pelearon una guerra en 1962 y los estrategas en Nueva Delhi ahora hablan rutinariamente sobre las amenazas de los “dos frentes” que enfrenta su país. Al igual que en Europa en 1914, el escenario está preparado para un choque catastrófico en el sur de Asia, uno que podría arrastrar a los chinos para evitar la caída de Pakistán.
El auge económico de India ha resultado en la modernización militar, pero los líderes en Nueva Delhi aún enfrentan la enorme tarea de sacar a 300 millones de ciudadanos de la pobreza, especialmente si desean emular a China. Por otro lado, Islamabad se enfrenta a una crisis económica perpetua y, idealmente, no debería tener ningún interés en ningún conflicto. Sin embargo, el patrocinio histórico de Pakistán de los grupos insurgentes que apuntan a la India ha provocado una respuesta airada del gobierno de Modi. Por temor a ser incluido en la lista negra del Grupo de Acción Financiera Internacional, Pakistán ha estado controlando a estos grupos y encarcelando a sus líderes . Sin embargo, sigue existiendo la posibilidad de que algunos de ellos puedan actuar de forma autónoma, especialmente después de que las autoridades indias derogaron los privilegios especiales de Cachemira ybifurcado el estado. Una repetición de los ataques de Mumbai de 2008 por parte de unos pocos insurgentes, incluso desafiando a las autoridades paquistaníes, desencadenaría un conflicto en el sur de Asia, aunque con el espectro adicional de las armas nucleares. La pregunta entonces es si los chinos se quedarán sentados y verán cómo una nación aliada es derrotada o si se movilizarán en la frontera norte de la India para evitar una victoria india absoluta. Estados Unidos entonces enfrentaría presiones para actuar, ya sea proporcionando inteligencia y armamento a India, o incluso movilizando sus fuerzas navales en la costa este de China para evitar un colapso indio. Alternativamente, Estados Unidos podría quedarse quieto y no hacer nada, y aceptar las consecuencias de la inacción. Tal escenario es muy poco probable, pero, de nuevo, la mayoría de nosotros tampoco pensamos que una pandemia global paralizaría el mundo.
En su libro seminal Líderes, el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, señaló que la esencia del arte de gobernar era predecir con precisión una crisis antes de que ocurra y actuar para evitar que se materialice. Los buenos líderes aprenden de sus errores; Los líderes visionarios aprenden de los errores de los demás. El fracaso de los serbios en controlar a Mano Negra y evitar el asesinato del archiduque Franz Ferdinand en las calles de Sarajevo en 1914 sirve como un terrible recordatorio para los políticos en Islamabad sobre las consecuencias del uso de grupos violentos para objetivos geoestratégicos. Hacer la vista gorda o no poder evitar otro ataque al estilo de Mumbai por parte de Lashkar-e-Taiba daría lugar a un enfrentamiento con India que sería muy perjudicial, especialmente si Pakistán desea recuperarse de las devastadoras inundaciones de este año y volver a encarrilar su economía. . Pakistán podría sacar una lección de los fracasos del Imperio Otomano para disipar las preocupaciones británicas sobre la influencia alemana en el Medio Oriente. Islamabad debería dedicar un tiempo y un esfuerzo considerables para convencer a los indios de que los proyectos de infraestructura de China son solo de naturaleza económica y no representan una amenaza militar o estratégica para India.
En cuanto a Nueva Delhi, despreciar airadamente a Islamabad es una emoción, no una política. El gobierno actual de Nueva Delhi podría encontrar útil castigar públicamente a Pakistán por los beneficios electorales, pero una estrategia visionaria a largo plazo implicaría un compromiso diplomático. Después de todo, ambos países son vecinos, y la fría lógica de la geografía no puede desaparecer. Emular el camino tomado por Austria-Hungría y embarcarse en un esfuerzo por enseñarle una lección al otro lado puede parecer tentador para los políticos indios. Sin embargo, tal como descubrieron los austrohúngaros, impartir lecciones mediante el uso de la fuerza militar puede resultar una tarea costosa. Los misiles nucleares que ambos lados desfilan alegremente en sus días nacionales matarían a 125 millones de personas.si se usa India también podría aprender algunas lecciones del mal manejo de los agravios étnicos por parte de Austria-Hungría. La clave para una paz duradera radica en ganarse los corazones y las mentes de los musulmanes de Cachemira, no en declarar la ley marcial o poner a Srinagar bajo toque de queda a perpetuidad. Simultáneamente, las preocupaciones de Pakistán sobre el patrocinio indio de grupos separatistas como el Ejército de Liberación de Baluchistán en su provincia de Baluchistán deben abordarse si India espera que Pakistán tome medidas enérgicas contra los grupos Lashkar-e-Taiba y Jaish-e-Mohammad.
Los alemanes y los franceses aprendieron que usar la violencia para volver a abordar reclamos históricos sobre territorios o revisar disputas fronterizas era una política suicida. Se necesitó la matanza en batallas como Verdun para inculcar esta dura realidad en los públicos alemán y francés (aunque aún lucharon en la Segunda Guerra Mundial). Islamabad y Nueva Delhi tienen una opción: repetir el mismo error o resolver las disputas territoriales a través del diálogo. Setenta y cinco años después de la partición de la India y la creación de Pakistán, el cambio demográfico prácticamente descarta la idea de que cualquiera de las partes pueda afirmar la soberanía sobre toda la región de Cachemira. No sería razonable que India imaginara que podría administrar el lado paquistaní de Cachemira, con su 99,5 por ciento de población musulmana que se ha acostumbrado a ver a India como una entidad extranjera. Igualmente, la región de Jammu ahora cuenta con una mayoría hindú y sikh, descartando cualquier posibilidad de que Islamabad gobierne el área. La mejor estrategia para ambas partes es el compromiso diplomático, no la inacción y los desaires airados. Las estrategias específicas que podrían mitigar las tensiones incluirían la reanudación del comercio, la reactivación del diálogo Track II entre funcionarios gubernamentales retirados, la reanudación de los eventos deportivos y la atenuación de la retórica antagónica. Además, si Nueva Delhi siente aprensión por la creciente influencia de China en el sur de Asia, entonces un contraataque adecuado implicaría intensificar y elaborar estrategias para el plan de desarrollo de infraestructura regional y la iniciativa de inversión de la propia India en la región, si no en Pakistán, al menos en Nepal, Bangladesh. y Sri Lanka.
En cuanto a Estados Unidos, el llamado a ponerse del lado de los indios puede parecer tentador, especialmente ahora que ha terminado la larga guerra en Afganistán. Algunos incluso podrían sentirse inclinados a castigar a Islamabad por la caída de Kabul . Sin embargo, sería precario emitir cualquier señal que Delhi pudiera interpretar erróneamente como una aprobación para recurrir a la acción militar, similar a la que los austriacos recibieron de Alemania. La Primera Guerra Mundial nos enseña que el arte de gobernar inteligente requiere la prevención de crisis, no pelear en el campo de batalla. Una alianza austro-húngaro-alemana por un lado y un pacto ruso-serbio por el otro condenaron a Europa Central y mataron a millones. Un escenario que establezca una entente indoamericana contra una alianza chino-paquistaní está destinado a repetir los mismos errores.
Por lo tanto, uno de los objetivos de la política exterior estadounidense en el sur de Asia debería ser la prevención de una guerra provocada por las acciones de unos pocos terroristas. Una política centrada en la prevención de crisis requeriría un compromiso diplomático con Islamabad y Nueva Delhi para evitar un conflicto regional, así como la cooperación con Beijing, ya que una guerra nuclear en el sur de Asia no es de sus intereses nacionales. Otros países con vínculos de larga data con ambos países, como Gran Bretaña y los Emiratos Árabes Unidos, también pueden mediar instando a Nueva Delhi e Islamabad a reanudar el diálogo. Las tumbas de los caídos en la Primera Guerra Mundial sirven como un terrible recordatorio de cómo el fracaso del compromiso diplomático y la prevención de crisis podría ser catastrófico.
viernes, 23 de septiembre de 2022
lunes, 18 de julio de 2022
SMO, voluntarios y reenganche: Historia de India y China
Moral: una historia de dos fuerzas armadas
Strategy Page
El ejército indio ha tenido durante mucho tiempo un problema con los costos de las pensiones. India no tiene servicio militar obligatorio y tiene el ejército de voluntarios más grande del mundo. India también tiene una economía menos vibrante porque desde el principio (1947) los políticos indios tenían una preferencia permanente por el socialismo y una economía fuertemente regulada. Esto fue popular después de la Segunda Guerra Mundial, pero la mayoría de las democracias pronto se dieron cuenta (dentro de una década o menos) de que el socialismo no funciona y eligieron políticos que podían generar crecimiento económico. Eso no le sucedió a India hasta la década de 1990, cuando se notó que incluso la China comunista había hecho el cambio a una economía de mercado una década antes y ahora disfrutaba de un crecimiento económico sin precedentes que, después de unas tres décadas, vio a China con el segundo puesto. mayor economía (PIB) del mundo. Los indios pudieron hacer los cálculos históricos y se dieron cuenta de que India y China tenían poblaciones y PIB similares después de la Segunda Guerra Mundial y la adopción china del comunismo en 1949 condujo a una catástrofe económica hasta que China se dio cuenta de que era necesario un cambio. En la década de 1990, China estaba comenzando a experimentar escasez de mano de obra, algo de lo que India no tenía que preocuparse porque la economía india regulada proporcionaba menos puestos de trabajo.
China todavía tiene servicio militar obligatorio, pero no había tenido que usarlo desde la década de 1980 porque ahora había muchos voluntarios. China ha estado reduciendo su ejército durante décadas porque se ha estado modernizando. India nunca tuvo tanta gente en el ejército como China y siempre enfatizó fuerzas bien entrenadas y bien equipadas. La capacitación no fue un problema, pero conseguir equipos modernos sí lo fue porque la economía india todavía está sobrerregulada y es incapaz de desarrollar y construir diseños competitivos (con los occidentales o incluso con los chinos). Los militares tienen otro problema; demasiados soldados de carrera que pueden permanecer en el ejército el tiempo suficiente (20 años) para calificar para una pensión. Los políticos se resistieron a los esfuerzos militares para limitar la cantidad de personal que podía volver a alistarse automáticamente cada cuatro años hasta que calificara para una pensión. Esto fue popular entre los votantes y el ejército indio, a diferencia de Pakistán y Birmania (también liberada del dominio británico en 1947) se aseguró de que los funcionarios electos mantuvieran un control estricto sobre el ejército. Más de una década de presión desde la frontera china sobre los reclamos chinos sobre el territorio indio dejó en claro que las tropas chinas mejor equipadas, más jóvenes e igualmente profesionales tenían ventaja sobre sus contrapartes indias.
Los políticos indios se han vuelto más complacientes con las solicitudes de los militares para arreglar esto y eso condujo al anuncio del 14 de junio del plan militar de "camino de fuego" para cambiar las políticas de reenganche. Todos los nuevos reclutas ya no tendrán la opción de volver a alistarse después de su primer contrato de cuatro años. Solía ser que si tenía un historial limpio y todavía estaba en buena forma física, podía volver a alistarse automáticamente y la mayoría de las tropas lo hacían y seguían haciéndolo hasta que podían dejar el ejército después de 20 años con una pensión y comenzar una nueva carrera. Las fuerzas armadas necesitan más reclutas y personal existente con habilidades técnicas o la capacidad de adquirirlas. Eso funcionó para los estadounidenses y los chinos, pero después de que terminó la Guerra Fría en 1991, la mayoría de los ejércitos europeos se redujeron y muchas tropas adoptaron una mentalidad de servicio civil y no necesitaban mantenerse en forma física para el combate. Durante las últimas dos décadas, las fuerzas europeas han estado tratando de salir de ese agujero, especialmente desde que la amenaza de guerra europea regresó sin ambigüedades a principios de 2022 cuando Rusia invadió Ucrania.
India tiene un problema similar con China, pero los chinos no son tan imprudentes y obvios como los rusos. La estrategia china enfatiza la presión y una creciente presencia militar en la frontera india. Esto ha funcionado y China está tomando gradualmente el control del territorio que reclaman en el lado indio de la frontera.
El resultado de todo esto fueron protestas generalizadas en India cuando se anunció la nueva política de reenganche. Los políticos indios no se han retractado sino que han tratado de aplacar a los jóvenes ya muchas tropas jóvenes, con una ley que reservaría el diez por ciento de los nuevos puestos de trabajo en la policía y las agencias gubernamentales paramilitares. A pesar de esas concesiones, las protestas continúan. China y Rusia tuvieron protestas similares de los muchos oficiales que se vieron obligados a dejar el ejército en la gran reducción de personal de los años 80 y 80, pero nada tan violento como los disturbios en India, donde muchos indios ven la carrera militar como un derecho con el que no se debe jugar. . Los chinos están de acuerdo con eso, pero debido a la creciente escasez de trabajadores, tienen problemas para conseguir suficientes personas calificadas para unirse al ejército.
viernes, 17 de junio de 2022
jueves, 28 de abril de 2022
jueves, 29 de julio de 2021
Disputa fronteriza sino-india: Cuánto es culpa del imperio británico
Cómo la historia imperial británica da (y no) da forma a la disputa fronteriza entre China y la India
Myra MacDonald || War on the Rocks
Kyle J. Gardner, The Frontier Complex: Geopolitics and the Making of the India-China Border, 1846-1962 (Cambridge University Press, 2021)
Cuando el primer inglés visitó Leh, la capital de Ladakh en el noroeste de la India, a principios del siglo XIX, rápidamente reconoció la importancia estratégica de la región. No solo era un conducto importante para el comercio con Asia Central, sino que su posición en la frontera de la India significaba que podía usarse como "un fuerte trabajo contra un enemigo del norte". William Moorcroft, un veterinario que trabajaba para la Compañía de las Indias Orientales, firmó un acuerdo con el gobernante de Ladakh en el que este último prometía lealtad a Gran Bretaña a cambio de protección. El acuerdo, sin embargo, fue repudiado por los amos británicos de Moorcroft que no estaban dispuestos a alienar al entonces poderoso imperio sij que controlaba la vecina Cachemira y reclamaba derechos sobre Ladakh. Así comenzó más de un siglo de ambivalencia británica sobre Ladakh. Fue un período en el que la Gran Bretaña imperial ejerció un poder enorme y al mismo tiempo sufrió de lo que Moorcroft se quejó de "aprensión fuera de lugar y timidez innecesaria" al tomar medidas decisivas para establecer el estatus de Ladakh.
El enredo británico con Ladakh, desde la visita de Moorcroft en 1820 hasta la salida británica de la India en 1947, es un telón de fondo esencial para dar sentido a la fricción actual a lo largo de la frontera chino-india. Los funcionarios británicos fueron los primeros en intentar definir fronteras lineales para Ladakh, trazándolas en un momento en que la China imperial estaba en retirada. No lo hicieron, dejando un legado confuso que informa gran parte de la disputa sobre la frontera chino-india hasta el día de hoy. El año pasado se produjeron los enfrentamientos más mortíferos en más de cinco décadas entre las tropas indias y chinas en la periferia de Ladakh. Las tensiones continúan aumentando en la Línea de Control Real, la frontera en disputa nacida de una guerra fronteriza de 1962 en la que China infligió una humillante derrota a India. Dado que Ladakh se encuentra entre la frontera chino-india y la Línea de Control que divide la disputada Cachemira, también aumentan las preocupaciones en India de que eventualmente pueda enfrentar una guerra en dos frentes tanto contra China como contra su aliado Pakistán.
A medida que Estados Unidos se acerca a la India y busca restringir a China, es probable que se vea cada vez más involucrado en la disputa fronteriza entre China e India. Al hacerlo, tendrá que lidiar con la historia imperial británica, ya que de otra manera es imposible navegar por los reclamos fronterizos en competencia de India y China. Sin embargo, como argumentaré más adelante, conocer el trasfondo imperial británico es una condición necesaria pero insuficiente para comprender la frontera en disputa. Es importante destacar que omite las decisiones tomadas por China e India después del fin del dominio británico en el sur de Asia. Incluso puede ser engañoso, ya que amplifica en lugar de cuestionar la historiografía tradicional de la disputa: las historias fronterizas se han inclinado durante mucho tiempo hacia la búsqueda de explicaciones en el imperialismo británico, en parte debido al poder hegemónico del Raj, pero también debido a la mayor facilidad de acceso al inglés. -fuentes lingüísticas.
Teniendo en cuenta lo que está en juego, existe un fuerte argumento para un reexamen riguroso tanto de la historia como de la historiografía de la disputa. Esto no tiene por qué producir una reevaluación radical, aunque ciertamente debería centrarse tanto en las motivaciones e intenciones de China, la potencia dominante actual en la región, como en el papel histórico del Raj británico. Pero debería brindar la oportunidad de volver a probar todas las suposiciones. Estados Unidos entró en Afganistán hace 20 años sin comprender completamente lo que estaba asumiendo, comenzando sobre una base débil de la que nunca se ha recuperado. Al abrir un nuevo capítulo en la política exterior basada en la competencia con China, uno en el que la rivalidad chino-india jugará un papel, no debería volver a cometer el mismo error.
"El complejo de la frontera"
La última incorporación a la literatura sobre el legado imperial británico es el nuevo libro de Kyle J. Gardner, The Frontier Complex: Geopolitics and the Making of the India-China Border, 1846-1962. Utilizando una amplia gama de material de archivo y centrándose en Ladakh, Gardner documenta los métodos mediante los cuales los gobernantes imperiales británicos intentaron definir fronteras lineales en las montañas y los desiertos altos y fríos que separan el sur y el centro de Asia. En última instancia, obstaculizados por la inmensidad y la complejidad geológica de la región, los funcionarios británicos, sostiene Gardner, transformaron sin embargo la forma en que se entendía el espacio político. En un compendio de las categorizaciones utilizadas por los gobernantes imperiales británicos, desde geografía y cartografía hasta narrativas de viajes y nomenclátores, argumenta que crearon lo que él llama "el complejo fronterizo": una remodelación "westfaliana" de las fronteras en una región inadecuada para ellos. Ladakh, situada entre Xinjiang, Tibet y Cachemira, fue una vez fue un cruce de caminos para el comercio a lo largo de los afluentes de la Ruta de la Seda. Al establecer la definición de Ladakh como un territorio cerrado con fronteras lineales, los funcionarios británicos comenzaron el proceso de convertirlo de una encrucijada a una frontera. Fue este legado del imperio, sostiene Gardner, lo que da forma a las actitudes hacia la frontera entre India y China hasta el día de hoy.Es un libro meticulosamente investigado que merece ser leído con atención. El enfoque de Gardner en Ladakh, la parte más grande pero menos poblada del antiguo estado principesco de Jammu y Cachemira, es particularmente bienvenido. Complementa las historias existentes de la disputa fronteriza, entre ellas libros de Alastair Lamb y Neville Maxwell, que también se centraron en la creación de fronteras británica en el siglo XIX. Sin duda, es una historia académica y aquellos que buscan respuestas políticas inmediatas sobre dónde debería correr la frontera en disputa podrían sentirse decepcionados. El libro de Gardner respalda investigaciones anteriores que sugieren que no hay nada en los registros históricos que respalden las afirmaciones de India o China sobre Aksai Chin, el desierto alto y frío desolado y apenas habitado en la periferia de Ladakh que ha alimentado las tensiones fronterizas desde la década de 1950. El valor del libro, sin embargo, es sacar a la superficie algunas de las suposiciones menos obvias en la visión británica de la región, suposiciones que continúan ejerciendo una influencia en la actualidad.
Sin embargo, precisamente porque es un libro tan bien investigado, eso hace que sea más fácil de criticar. Si bien no hay razón para cuestionar su precisión histórica, proporciona una base sólida para volver a examinar la historiografía de la disputa fronteriza entre India y China. A veces, la necesidad del libro de mantener un hilo narrativo sobre la influencia de la geopolítica imperial británica sugiere una mayor coherencia histórica que la que tenía. Como se señaló anteriormente, ignora las decisiones tomadas por la India independiente. También oscurece el papel de la China comunista en preparar el escenario para la disputa fronteriza al afirmar el control chino sobre su periferia, basado en parte en los reclamos imperiales chinos.
El principio de la cuenca
Parte de la historia cubierta en el libro de Gardner está bien establecida. Tras la creación del estado principesco de Jammu y Cachemira bajo la soberanía británica en 1846, los funcionarios británicos intentaron por primera vez definir fronteras claras para Ladakh. Antes de eso, los tratados precoloniales permitían que los puestos aduaneros recaudaran aranceles sobre el comercio, pero también aceptaban una noción de soberanía más multicapa al enfatizar el comercio y otros vínculos, y no había fronteras lineales. Al principio, los funcionarios imperiales británicos creyeron que podían adoptar lo que parecía ser un sistema lógico para delimitar las fronteras. Estos seguirían la cuenca hidrográfica: las altas cadenas montañosas que separan las aguas que fluyen hacia diferentes sistemas fluviales. Pero este principio decisivo era demasiado simplista para la inmensa y, en ese momento, poco conocida maraña de montañas y desiertos entre el sur y el centro de Asia. Para empezar, tendía a asumir cadenas montañosas perfectamente alineadas, mientras ignoraba los espolones perpendiculares que salían de la cordillera del Himalaya central. Un problema aún mayor surgió al decidir una frontera para Aksai Chin, ya que no ofrecía una cadena montañosa clara sobre la cual imponer tal línea. Gran Bretaña consideró varias opciones, entre ellas la línea Ardagh-Johnson que se remonta a 1865 e incluía la mayor parte de Aksai Chin en Ladakh, y la más modesta línea Macartney-MacDonald de 1899. Estas nunca fueron acordadas internacionalmente y cuando terminó el gobierno británico , Los mapas británicos no mostraban fronteras allí, sino que se basaban en un lavado amarillo que se desvanecía hacia el norte y el este. Con el colapso de la hegemonía británica, tanto India como China reclamaron Aksai Chin, entonces tierra de nadie, y los dos países terminaron en guerra en 1962. La victoria de China le permitió ocupar Aksai Chin y crear el primer límite en la región, la Línea de Control Real.El libro de Gardner amplía esta historia establecida al dibujar la creación de fronteras británicas en un todo coherente, uno en el que una forma híbrida de geografía y política imperial, la geopolítica, replanteó la forma en que se imaginaban Ladakh y la región circundante. Esta reasignación incluyó de todo, desde los intentos británicos de introducir "fronteras científicas" mediante la topografía y la cartografía, hasta las estadísticas y la clasificación de personas en categorías definidas de etnografía y lingüística. Ignoró el movimiento transfronterizo tradicional de personas, entre ellos comerciantes de caravanas, nómadas y peregrinos, al tiempo que priorizó la seguridad imperial. "Si bien el Imperio Británico finalmente no lograría definir sus fronteras territoriales en el noroeste del Himalaya", escribe Gardner, "legó a sus estados-nación sucesores una concepción del espacio político que convirtió las fronteras en objetos de importancia existencial".
En lo que diferiría de Gardner, y esto es en parte una cuestión de énfasis, sería en la medida en que la influencia británica en las fronteras marcó una clara ruptura con el pasado. Como con otras partes del imperio, los legisladores británicos intentaron adaptarse a las tradiciones indígenas al tiempo que introducían sus propias prácticas. El movimiento de personas entre regiones, por ejemplo, continuó hasta la Segunda Guerra Mundial y las líneas fronterizas provisionales nunca fueron demarcadas ni militarizadas, quedando no más que líneas en los mapas. Los funcionarios imperiales también decidieron no poner fin a la "misión Lopchak", una caravana que llevaba obsequios al Dalai Lama en un tributo bienal de Ladakh al Tíbet acordado en el siglo XVII. Aunque los funcionarios británicos temían que esta misión, que reflejaba el sistema imperial Qing de tributos de estados inferiores, pudiera socavar la supremacía británica, dejaron que continuara hasta 1950.
Las historias del imperialismo británico también pueden hacer que las políticas y los enfoques británicos parezcan más coherentes de lo que realmente eran. A pesar del indudable poder del país, la creación de fronteras británica en Ladakh estuvo marcada por la confusión y la incertidumbre, tanto sobre la naturaleza del terreno como sobre las intenciones de una Rusia zarista expansionista en el norte. Los cambios en el liderazgo y las diferentes personalidades también influyeron, lo que llevó a frecuentes revisiones de las políticas. Al leer viejas memorias de la época, queda claro que a veces los funcionarios británicos podían ser oficiosos hasta el punto de la ridiculez; en otras, eran muy conscientes de sus limitaciones. El resultado, sin embargo, fue que las fronteras permanecieron fluidas hasta el momento en que terminó el dominio británico en la India. A diferencia de sus estados sucesores, la Gran Bretaña imperial tenía la ventaja de poder permitirse la ambigüedad en las fronteras. Tenía el poder diplomático, económico y militar para hacer cumplir su mandato sin fronteras fijas. Pero también significó que la vida y el movimiento de personas entre regiones continuaron como antes. Incluso cuando comencé a visitar Ladakh hace dos décadas, todavía se podían encontrar ancianos hablando con nostalgia sobre los días en que no había fronteras.
Una ruptura mucho más grande
Podría decirse que una ruptura mucho mayor en los vínculos superpuestos entre Ladakh y sus vecinos no se produjo con el Imperio Británico, sino con el triunfo de los comunistas en 1949 en la guerra civil en China. Esto, a su vez, condujo a una reafirmación del poder central y la toma del Tíbet por parte de China, que culminó con un levantamiento contra el dominio chino en 1959 y la huida del Dalai Lama a la India. En la década de 1950, China también comenzó a construir una carretera a través de Aksai Chin para ayudarlo a trasladar tropas de Xinjiang al Tíbet, lo que provocó las campanas de alarma en India, que intentó y no pudo hacer valer su propio derecho a la región en el período previo a la guerra de 1962. .El juicio histórico sobre esa guerra ha sido tradicionalmente que India tuvo la culpa de precipitarla al reclamar el Aksai Chin, basado en la nebulosa línea imperial británica Ardagh-Johnson. Solo hace relativamente poco tiempo que algunos han comenzado a cuestionar esa historia. El periodista sueco Bertil Lintner, por ejemplo, publicó un libro hace tres años culpando a China de la guerra, argumentando que Mao Zedong buscaba una distracción doméstica después de la desastrosa hambruna causada por el "Gran Salto Adelante" y buscaba una excusa para cortar India. a la medida. No es el lugar aquí para pronunciarse sobre esta disputada historia y, para ser justos, la guerra de 1962 en sí no es el tema del libro de Gardner. Pero ciertamente sería un lugar importante para comenzar a repensar la historiografía de la disputa fronteriza entre China y la India. A medida que avanzan los puntos de inflexión históricos, la guerra de 1962 fue una de las más importantes en la historia del siglo XX: antes de la guerra, India había aspirado a heredar el papel de Gran Bretaña como potencia líder en la región, pero después de su derrota quedó en segundo lugar. por China. También vale la pena señalar que cualquiera que sea la explicación de la guerra, el cierre de las fronteras de Ladakh no se produjo durante el período imperial británico, sino después de que el dominio británico terminó en 1947. En su determinación de afirmar el control sobre Xinjiang y el Tíbet, China ha cerrado ambas regiones no sólo al vecino Ladakh, pero a gran parte del mundo exterior.
La India independiente también ha tomado decisiones que no se derivan directamente del legado imperial británico. Era completamente razonable que la India recién independizada y dividida fuera mucho más insegura acerca de sus fronteras de lo que lo había sido el Raj británico. Sin embargo, también optó por combinar sus reclamos fronterizos con el honor nacional: al describir el reclamo de la India sobre los Aksai Chin, el entonces primer ministro Jawaharlal Nehru insistió en que el orgullo nacional y la autoestima del país estaban en juego. Esta combinación del orgullo nacional con las fronteras persiste hasta el día de hoy en una mentalidad de que "ni una pulgada de tierra" debe cederse al otro lado, lo que dificulta la búsqueda de compromisos pragmáticos para lograr fronteras militarmente defendibles.
India también abandonó una estrategia que había heredado del Imperio Británico de dejar los caminos de tierra que conducen a la frontera sin mejorar intencionalmente para evitar proporcionar un fácil acceso a cualquier ejército invasor. Alrededor de 2006, la India comenzó a construir carreteras militares y otras infraestructuras hasta la Línea de Control Real. Como he argumentado en mi propio libro, no está nada claro si esta construcción de infraestructura, que supuestamente alarmó a China, en realidad hizo que las fronteras indias fueran más seguras o, en cambio, dio más que defender al sobrecargado ejército indio. Luego, en 2019, el gobierno indio hizo lo que Moorcroft había sugerido dos siglos antes: tomó a Ladakh bajo control directo, separándola de la vecina Cachemira después de anular efectivamente la autonomía del estado de Jammu y Cachemira. Gardner escribe que la Gran Bretaña imperial consideró regularmente tomar Ladakh bajo control directo debido a su estado anómalo, dados sus vínculos tradicionales tanto con el Tíbet como con Cachemira. Al final, se fue bien. La medida india provocó fuertes críticas de Beijing y probablemente dio forma al enfoque de China el año pasado hacia la frontera en disputa.
Ambigüedad accidental
En ausencia de una historia contrafactual, es difícil evaluar con certeza el alcance exacto del papel británico en la configuración de las condiciones en la actualidad. Definitivamente vale la pena explorarlo para volver a probar los supuestos que ayudan a impulsar la volatilidad en la frontera y buscar lecciones para cualquier futuro asentamiento fronterizo. Ciertamente, la historia sugiere que aquellos funcionarios británicos que creían que la búsqueda de fronteras lineales y asentadas traería la paz estaban equivocados. En todo caso, trazar líneas en los mapas ha tendido a aumentar, en lugar de reducir, el riesgo de conflicto en la región. En cambio, la ambigüedad accidental de la Gran Bretaña imperial, una que permitió el movimiento transfronterizo de personas mientras evitaba una sólida red de carreteras fronterizas y fronteras militarizadas, puede resultar un modelo más útil para emular.Al mismo tiempo, demasiado enfoque en el papel del Imperio Británico puede llevar a una visión demasiado determinista de la historia que corre el riesgo de presentar a la India y China modernas como víctimas de las maquinaciones imperiales británicas en lugar de actores por derecho propio. También ha sesgado la historiografía para poner en primer plano el lado indio de la frontera, mientras que las acciones y decisiones chinas pasan a un segundo plano. Por supuesto, es eminentemente sensato centrarse en el actor más poderoso de la región y antes de 1947 que era la Gran Bretaña imperial. Sin embargo, ese ya no es el caso. Ahora que China es la potencia preeminente en Asia, es hora de repensar las historiografías ancladas en el Imperio Británico y considerar en cambio cómo Beijing está remodelando el mapa político de la región con su propia geopolítica.
Tal revisión no producirá soluciones políticas de la noche a la mañana y tampoco debería tener la intención de hacerlo. Lo que puede hacer es examinar las lecciones de la historia y separar las correctas de las incorrectas. El legado británico de intentar, y fracasar, trazar fronteras lineales es ciertamente en parte responsable del conflicto fronterizo. Pero los funcionarios británicos también hicieron algunas cosas bien, por accidente o intencionalmente. Permitieron a los comerciantes, nómadas y otros moverse libremente entre Ladakh y sus vecinos. Tal libre circulación puede parecer utópica en las circunstancias actuales, pero sería un ideal al que aspirar a muy largo plazo. Su disposición a dejar que el duro terreno haga el trabajo de brindar defensa, por ejemplo, dejando los caminos fronterizos sin mejorar intencionalmente, merece consideración al determinar cómo lograr fronteras defendibles hoy. Finalmente, al examinar el legado imperial británico, uno debe tener cuidado de restar importancia a la vista desde el lado chino de la frontera, o ignorar el papel de Beijing en la preparación del escenario para el conflicto fronterizo con su ocupación del Tíbet y la construcción de una carretera militar a través de la frontera. Aksai Chin en la década de 1950.
lunes, 19 de abril de 2021
miércoles, 24 de marzo de 2021
lunes, 1 de marzo de 2021
La diplomacia americana en la crisis indopakistaní
Estados Unidos no puede ignorar la próxima crisis indopaquistaní
Sameer Lalwani || War on the Rocks
Hace dos años esta semana, aterricé en Nueva Delhi, aturdido por mi vuelo intercontinental desde Washington, D.C. Esperaba con ansias una escala tranquila de dos días de camino a un juego de guerra de crisis del sur de Asia que estaba organizando en Sri Lanka. A la mañana siguiente, me desperté con la noticia de que India acababa de realizar el primer ataque aéreo transfronterizo en el territorio continental de Pakistán en cinco décadas y me encontraba en medio de una grave crisis de la vida real.
Durante las próximas 48 horas, India y Pakistán intercambiarían ataques aéreos que resultaron en el derribo de dos aviones y la captura de un piloto en el contexto de amenazas de misiles informadas y fuerzas nucleares preparadas. En privado, muchos funcionarios estadounidenses expresaron su alarma de que los eventos se saldrían de control, y algunos luego reconocieron que los altos funcionarios estadounidenses básicamente ignoraron la crisis. La escalada fue controlada, principalmente por suerte.
Si bien el anuncio de ayer de un alto el fuego por parte de la India y el Pakistán ofrece un avance positivo después de casi dos años de violencia peligrosamente creciente y tensiones tensas, esto no justifica la complacencia. Quienes trabajan en temas de seguridad del sur de Asia esperan que otra crisis sea inevitable, una que pondrá a prueba a la administración Biden.
Si bien Washington ha hecho una apuesta estratégica por India para cosechar dividendos de la competencia de Estados Unidos con China, aún conserva un interés significativo en garantizar que las futuras crisis del sur de Asia no se salgan de control y arriesguen incluso un intercambio nuclear limitado. Tal curso de eventos pondría en peligro los intereses fundamentales de Estados Unidos, incluido el no uso de armas nucleares, la vida de los ciudadanos estadounidenses y esa apuesta tan estratégica en la propia India. Si algo nos ha enseñado la crisis de 2019 es que ser un espectador imparcial no es una opción.
Más ça Change…
Los documentos oficiales de estrategia de Estados Unidos identifican a India como un nodo vital y crítico en la estrategia de Washington en el Indo-Pacífico para equilibrar el ascenso de China. Pero la región en la que reside sigue siendo una de las más propensas a riesgos. La rivalidad indio-pakistaní con armas nucleares ha producido varias crisis que ponen a prueba a los últimos cinco presidentes, y desde el final de la Guerra Fría, esta rivalidad compone el par más común en la base de datos de comportamiento de crisis internacional. Hace treinta años, la comunidad de inteligencia consideró que esta región era la ubicación "más probable" para un intercambio nuclear, un juicio que se reforzó después del casi accidente de 2019.Varios estudios durante la última década han evaluado que el sur de Asia es muy propenso al falso optimismo, los errores de cálculo y la escalada de conflictos, incluso al nivel nuclear. La estrecha geografía de ambos países comprime el tiempo para la toma de decisiones en crisis e incentiva reacciones rápidas. Las capacidades convencionales de ataque de precisión a distancias de distancia están listas y atraen a los funcionarios a pensar que los ataques punitivos o de represalia pueden ser fáciles y limpios. Ambos países también parecen estar adoptando doctrinas nucleares más agresivas. Otra característica del subcontinente es el nacionalismo intensificado. Los líderes del sur de Asia pueden ser más sensibles a la presión pública para que se intensifique, incluso cuando los públicos de India y Pakistán pueden apoyar cada vez más el uso de armas nucleares.
Mucho ha cambiado desde la última crisis en 2019. Washington y Nueva Delhi se han acercado aún más estratégicamente a medida que las perspectivas de cooperación con Beijing han disminuido tanto desde la pandemia de COVID-19 como desde la crisis fronteriza chino-india. Estados Unidos también está en una trayectoria para salir de Afganistán, incluso si hay una extensión de seis meses del cronograma para la retirada de las tropas estadounidenses, lo que le permite reevaluar y restablecer su relación con Pakistán, porque ya no necesitaría depender de Islamabad para el aire. y líneas terrestres de comunicación para apoyar a las tropas estadounidenses desplegadas. Más importante aún, la administración Biden ha priorizado la competencia con China, que parece retomar los esfuerzos de la última administración pero con mayor competencia, coherencia y estrategia.
A pesar de estos cambios y de los llamados a Estados Unidos para que deje de jugar como árbitro entre India y Pakistán, los legisladores estadounidenses comprenden que la rivalidad en el sur de Asia es extraordinaria debido a la dinámica nuclear en juego. Aunque los líderes estadounidenses tienen que calibrar cuidadosamente cómo señalan estos intereses para evitar crear incentivos perversos, por ejemplo, "demasiado nuclear para fallar", Estados Unidos sigue teniendo un gran interés en cómo se desarrollan las crisis en el sur de Asia. El establecimiento de un precedente global del uso nuclear o las consecuencias humanitarias y ambientales no solo serían devastadores en general, sino que dicho uso amenazaría directamente los "intereses críticos" de los Estados Unidos, incluida la seguridad de sus ciudadanos y socios.
La crisis de Balakot
La crisis más reciente es instructiva. El 14 de febrero de 2019, un atacante suicida de Cachemira mató a 40 tropas paramilitares indias, un ataque para el cual el organi terrorista con sede en Pakistán Jaish-e-Mohammad reclamó el crédito. El ejército indio tomó represalias contra Pakistán 12 días después con un ataque aéreo contra lo que afirmó ser un campo de entrenamiento terrorista dentro del territorio indiscutible de Pakistán. Al día siguiente, aviones paquistaníes arrojaron municiones en campos vacíos cerca de un cuartel general de una brigada india cerca de la Línea de Control y se produjo una escaramuza aérea, que resultó en el derribo de un MiG-21 indio y la captura del piloto indio por parte de Pakistán. En la niebla y la fricción de la guerra, un helicóptero Mi-17 indio con seis soldados a bordo también fue derribado accidentalmente por una unidad de defensa aérea india. Las tensiones aumentaron cuando, según los informes, India amenazó con lanzar misiles y exigió el regreso inmediato del piloto, mientras que Pakistán amenazó con represalias "tres veces más". Es posible que también se hayan activado los activos nucleares navales indios.Desde el final de la Guerra Fría, Washington ha sido el gestor de crisis indispensable en el subcontinente. Pero durante la última crisis, fue la suerte, no la gestión de crisis de Estados Unidos, lo que salvó el día. La administración Trump estuvo mayormente ausente en acción hasta que los eventos casi se salieron de control. Afortunadamente, el piloto indio derribado sobrevivió y su captura pareció detener el ciclo de escalada. Su pronto regreso y la ambigüedad sobre el intercambio de daños que se había desarrollado permitieron una desescalada de ambas partes para salvar la cara.
Tanto India como Pakistán pudieron declarar la victoria durante la última crisis, pero eso puede atar las manos de los líderes en el futuro. La próxima crisis está preparada para involucrar duelos de poder aéreo y ataques profundos de la forma en que los rivales han empleado bombardeos de artillería, no solo dentro sino más allá del territorio en disputa de Cachemira. Ambas partes han interiorizado algunas lecciones peligrosamente optimistas sobre la última crisis. La “nueva normalidad” no es reacia al riesgo. La suposición de que la escalada es "fácil de controlar" se ha afianzado.
Mientras tanto, los incentivos para el conflicto y la escalada pueden estar aumentando. Poco después de la crisis de 2019, el primer ministro indio fue recompensado políticamente con una victoria aplastante, atribuida en gran parte a sus decisiones de seguridad nacional. Nueva Delhi también disfrutó de las recompensas geopolíticas del apoyo diplomático internacional en foros internacionales mientras aumentaba la presión política sobre su adversario. Pakistán también se siente profundamente agraviado por lo que percibe como la anexión unilateral de India en agosto de 2019 del territorio en disputa de Cachemira y la abrogación de su autonomía. Pakistán también puede sentir una ventana de oportunidad ya que Estados Unidos depende una vez más de Islamabad para ayudar a llevar a cabo el proceso de paz afgano, mientras que India parece asediada y estirada con un segundo frente mucho más caliente desde la crisis fronteriza del verano de 2020 con China.
Ciertamente, el reciente alto el fuego es una pausa bienvenida, pero su durabilidad sigue siendo incierta y las crisis aún pueden estallar. Los rivales han renovado sus compromisos con un acuerdo de alto el fuego muchas veces solo para volver a la lucha. La última declaración de alto el fuego en mayo de 2018 presagió un moderado de las hostilidades fronterizas, pero meses más tarde fue seguida por la crisis de Balakot.
Lo que está en juego en la gestión de crisis de EE. UU.
¿Adoptará la administración Biden, como el enfoque de Trump de "Estados Unidos primero", una estrategia de no intervención en la próxima crisis del sur de Asia? Eso sería un error, incluso si al hacerlo se corre el riesgo de alguna fricción con India, que está celosa de su soberanía y prefiere tratar con Pakistán de manera bilateral. Cuando inevitablemente ocurra el próximo brote en el sur de Asia, Joe Biden y su equipo deberán desempolvar el "libro de jugadas" de gestión de crisis. Alguien con experiencia, pericia y relaciones en la región deberá ser la persona de contacto designada para coordinar el flujo de visitas de alto nivel y llamadas telefónicas. Los intereses y expectativas de EE. UU. Deben comunicarse con mucha antelación. Las advertencias de viaje, los planes de evacuación, las opciones de intercambio de inteligencia y las sanciones deben prepararse para dar forma a los incentivos para la moderación y la reducción de la tensión. No hacerlo invita a una escalada incontrolada y pone en peligro los intereses de Estados Unidos en la prevención de una nube en forma de hongo.Los esfuerzos de gestión de crisis son fundamentales, no ortogonales, para los intereses estadounidenses en el Indo-Pacífico. Algunos han propuesto que Estados Unidos simplemente elija un bando y criticaron los esfuerzos de Estados Unidos para desempeñar un papel de "árbitro neutral" en una crisis futura. Washington ya no es un árbitro neutral entre India y Pakistán, ya que ha realizado una gran "apuesta estratégica" por Nueva Delhi. Sin embargo, Estados Unidos sigue siendo esencial como gestor de crisis cuando los enfrentamientos fronterizos y aéreos amenazan con descontrolarse. Beijing podría ayudar, pero Washington no puede contar con eso ni negociarlo. Se necesita un enfoque proactivo de gestión de crisis de Estados Unidos para prevenir el uso de armas nucleares en el subcontinente.
Incluso un pequeño intercambio nuclear corre el riesgo de una insondable pérdida de vidas en una región densamente poblada. Después de los efectos inmediatos de la explosión, las tormentas de fuego, las emisiones y la radiación persistirían, todo con devastadores impactos ambientales y humanitarios. La ruptura del "tabú nuclear" tendría profundas consecuencias para los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos y para otros rivales con armas nucleares.
Más de 750.000 ciudadanos estadounidenses viven en India y Pakistán. La mayoría se concentra en centros urbanos que serían los objetivos más probables de ataques nucleares. Estados Unidos tiene numerosas prioridades de política exterior en Asia, pero la principal de ellas es proteger a los ciudadanos estadounidenses en el extranjero. Incluso el memorando de 2018 recientemente desclasificado sobre el "Marco estratégico para el Indo-Pacífico" que establecía la lógica de la competencia entre grandes potencias en la región identificó que el mayor interés era defender "la patria y los ciudadanos estadounidenses en el exterior", seguido de los riesgos nucleares en la región.
Un enfoque diplomático avanzado también es consistente con una estrategia del Indo-Pacífico que contrarresta a China. Más allá de la asombrosa pérdida de vidas, un intercambio nuclear entre India y Pakistán devastaría la economía india y su capacidad militar. Cualquier detonación nuclear desencadenaría una catástrofe humanitaria, dañaría el agua potable y el suministro de alimentos, y tendría un efecto paralizador en la inversión y el comercio extranjeros que desarmaría a India de la competencia de grandes potencias durante al menos una década. Una India significativamente debilitada incluso por un intercambio nuclear limitado no estaría en posición de ayudar a equilibrar a China o desempeñar el papel de anclaje en el Indo-Pacífico que la estrategia de Estados Unidos ha previsto. Además, no estar a la altura de la gestión de crisis confirmaría las preocupaciones sobre la reducción del ámbito de la diplomacia estadounidense y disminuiría la confianza en que Estados Unidos podría promover la paz y la prosperidad.
Calificaciones
Sin duda, existe un problema de riesgo moral en el que India y Pakistán corren riesgos mientras cuentan con Estados Unidos o la comunidad internacional para rescatarlos como lo han hecho en el pasado. Esta es una preocupación real que los legisladores estadounidenses deben sopesar con cuidado, pero existen métodos creativos tanto para desactivar una crisis como para desincentivar a las partes de instigar o intensificar una nueva en el futuro.Hay varias vías por las que podría ocurrir otra crisis en el subcontinente. Sin embargo, si es provocado una vez más por terroristas con base en Pakistán, hay formas de hacer que las partes patrocinadoras rindan cuentas sin dar luz verde a la escalada del conflicto. Washington tiene muchas herramientas a su disposición para ayudar a reducir la escalada de la próxima crisis y disuadir a las futuras. Estos incluyen presiones diplomáticas y sanciones financieras. Estados Unidos podría tener la perspectiva de mejorar o retirar el intercambio de inteligencia, la cooperación antiterrorista o incluso la asistencia militar directa y personalizada.
Estados Unidos tiene mucho que perder si deja que una espiral nuclear en aumento siga su curso en el corazón de Asia y mucho que ganar si se detiene esa cadena de eventos. Mucho está en juego aquí, comenzando con la norma contra el uso de armas nucleares en la guerra, el bienestar de los ciudadanos estadounidenses y el futuro de la geopolítica asiática. Por esa razón, la administración de Biden haría bien en eliminar las dudas y preparar su manual de gestión de crisis.
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