La minera canadiense Jaguar Uranium Corp. -que recientemente debutó
con éxito en Wall Street con una oferta pública inicial diseñada para
captar cerca de $25 millones de dólares para financiar su expansión-
concentra parte de su estrategia de crecimiento en proyectos de uranio
situados en Chubut.
Estos proyectos forman parte del conjunto de iniciativas uraníferas
presentes en la región patagónica, que se encuentran en etapas de
prospección y exploración.
Laguna Salada: evaluación económica preliminar
El proyecto Laguna Salada, ubicado en la Meseta Central chubutense,
es uno de los activos de mayor relevancia para Jaguar Uranium en
Argentina. Se encuentra en una fase de evaluación económica preliminar,
etapa en la que la empresa ya ha realizado estudios técnicos con el
objetivo de determinar si la mineralización identificada puede generar
un retorno económico viable para desarrollar una futura explotación
comercial.
Este proyecto fue originalmente parte de activos que la canadiense
adquirió de otra compañía minera, consolidando así su presencia en la
provincia. Los estudios preliminares contemplan análisis geológicos,
pruebas metalúrgicas para medir la recuperación de uranio y estimaciones
de recursos que servirán de base para avanzar hacia fases más profundas
de evaluación si los resultados son favorables.
La Rosada: amplio potencial exploratorio
Además de Laguna Salada, Jaguar Uranium controla el proyecto La
Rosada, otro yacimiento situado en Chubut que cubre una porción
significativa de terreno con posible mineralización de uranio. En
conjunto con Laguna Salada, estos dos activos comprenden una parte
importante de las concesiones de la empresa en la provincia, que en
total abarcan cerca de 300.000 hectáreas de terrenos con potencial
uranífero.
La Rosada se distingue por su potencial exploratorio, con zonas
geológicas objetivo que han sido identificadas como áreas prioritarias
para estudios adicionales. En esta fase, Jaguar planea profundizar las
pruebas metalúrgicas y continuar con campañas de muestreo y perforación
para recabar datos más detallados sobre la calidad y extensión del
recurso.
¿UNA ALTERNATIVA ANTE LA CAÍDA PETROLERA?
El movimiento de Jaguar Uranium se produce en un contexto provincial
complejo. Chubut atraviesa una sostenida caída en la producción de
petróleo convencional, especialmente en la cuenca del Golfo San Jorge,
con impacto directo en empleo, regalías y actividad económica en
ciudades como Comodoro Rivadavia.
En ese escenario, sectores políticos y empresariales comienzan a
plantear la necesidad de diversificar la matriz productiva y explorar
alternativas que compensen la merma del hidrocarburo, históricamente
columna vertebral de la economía provincial.
El uranio, vinculado a la generación de energía nuclear y considerado
un recurso estratégico en el nuevo mapa energético global, aparece en
ese debate como una posible variante de reconversión productiva. La
captación de capital internacional para explorar en Chubut refuerza esa
hipótesis y coloca nuevamente a la actividad minera en el centro de la
discusión pública.
Por ahora, el dato concreto es financiero: una empresa con activos en
Chubut logró respaldo en Wall Street y dispone de US $25 millones para
profundizar la exploración. El debate sobre si el uranio puede
convertirse en parte de la reconversión económica provincial vuelve así a
escena, en paralelo a la crisis del petróleo.
¿Por qué Ucrania no se rindió en unos pocos días y sigue luchando hasta ahora?
@MAXIMUM_ODEN
🔥Al inicio de la invasión rusa, el mundo entero preveía que "Kiev caería en unos pocos días". Sin embargo, el trasfondo de que aún pueda continuar los combates radica en 4 factores decisivos.
1️⃣ 【Movilidad y flexibilidad en el terreno】 🇺🇦 El ejército ucraniano implementa a fondo el "comando de misión" donde el terreno toma decisiones sin esperar órdenes de los niveles superiores. En la guerra de drones y la guerra electrónica, que cambian rápidamente, posee una abrumadora capacidad de adaptación al aprender inmediatamente de los fracasos y actualizar las tácticas día a día.
2️⃣ 【La altura del "ánimo" que no se puede cuantificar】 💪 En términos de número de tropas o armamento, Rusia era abrumadora. Sin embargo, la "resiliencia (corazón inquebrantable)" de los ciudadanos y soldados ucranianos, que arriesgan la soberanía nacional y la vida de sus familias, supera con creces los cálculos, y esto es la mayor fuerza motriz que sostiene la guerra prolongada.
3️⃣ 【Apoyo continuo de los países occidentales】 🌍 Gracias al suministro continuo de armas avanzadas, municiones, fondos y reconocimiento e inteligencia en tiempo real por parte de países socios como Estados Unidos y Europa, se ha evitado el colapso del frente y se ha logrado resistir.
4️⃣ 【Errores iniciales y rigidez del lado ruso】 🇷🇺 Rusia sobreestimó y creyó que "podía establecer un régimen prorruso en unos pocos días", ignorando el abastecimiento y la logística al irrumpir. Además, el sistema de mando rígido de tipo top-down fue perjudicial, y no pudo responder a la defensa flexible de Ucrania.
La flexibilidad organizacional y la voluntad de defensa, que no se pueden medir solo con el "número" llamado fuerza militar, siguen desafiando las expectativas de la historia.
1️⃣ 【Movilidad y flexibilidad en el terreno】 【El trasfondo de por qué Ucrania puede continuar con la lucha】
1. La fortaleza de la «guerra digital» y la «red descentralizada»
Ucrania se caracteriza por su capacidad extremadamente alta para utilizar tecnologías de TI civiles con fines militares.
Aprovechamiento de Starlink: Neutraliza las interferencias de comunicaciones (jamming) del ejército ruso, conectando el frente y el cuartel general en tiempo real.
Desarrollo de la app propia «Delta»: Los soldados comparten información sobre la posición enemiga como si usaran un smartphone, permitiendo que las unidades dispersas se sincronicen y ataquen de inmediato.
La fortaleza de Ucrania radica en la «guerra digital». Gracias a las comunicaciones estables proporcionadas por Starlink y el uso de la app propia «Delta», todos los soldados del frente comparten información enemiga en tiempo real. El mecanismo que permite que las unidades dispersas se conecten a través de la red y actúen de inmediato sin esperar órdenes centrales está sosteniendo la guerra defensiva.
2. La realización de una guerra asimétrica mediante «drones (UAV)」
Frente a Rusia, que posee una fuerza aérea y un número de tanques abrumadores, Ucrania contrarresta con drones no tripulados de bajo costo.
Producción masiva de drones FPV: Drones kamikaze de cientos de dólares por unidad destruyen sucesivamente tanques y vehículos blindados rusos que valen millones de dólares.
Resultados en combate con drones marítimos: Ucrania, que casi no tiene marina, ha infligido graves daños a la flota del Mar Negro rusa en el Mar Negro, cortando las rutas de suministro marítimo.
Lo que ha revertido la diferencia de tropas es la guerra asimétrica mediante «drones». Drones kamikaze baratos (FPV) de cientos de dólares por unidad destruyen tanques rusos que cuestan cientos de millones de yenes. Además, el uso magistral de drones marítimos ha hecho huir a la flota rusa del Mar Negro sin necesidad de una marina propia, defendiendo las rutas comerciales marítimas y cambiando la historia de la guerra moderna.
3. «Logística (suministro)» y el apoyo de base de los ciudadanos
No solo el ejército nacional, sino que toda la sociedad respalda la guerra en un sistema de «guerra total» bien establecido.
Red de voluntarios civiles: Para compensar las deficiencias del gobierno, los ciudadanos recogen fondos y entregan rápidamente drones, chalecos antibalas y suministros médicos al frente.
Resiliencia de la red ferroviaria: Ferrocarriles de Ucrania, a pesar de recibir ataques, reparan las vías en cuestión de horas y funcionan como un «segundo ejército» que no detiene el transporte de armas o refugiados.
Lo que sostiene a Ucrania es la capacidad de suministro de base (logística) por parte de los ciudadanos. Los voluntarios civiles han establecido una red que recauda fondos a través de redes sociales y entrega directamente drones y suministros médicos al frente. Además, la robusta red ferroviaria, que se repara en cuestión de horas incluso después de ataques, no detuvo el transporte de armas y suministros.
4. El «game changer» por la «calidad» de las armas occidentales
No solo reciben armas, sino que las operan estratégicamente para cambiar drásticamente el curso de la batalla.
HIMARS: Destruye con precisión depósitos de municiones y cuarteles generales en la retaguardia rusa, alterando radicalmente el ritmo de avance ruso.
Integración de sistemas antiaéreos: Combina múltiples sistemas antiaéreos occidentales como Patriot para defender ciudades e infraestructuras de los ataques con misiles y drones rusos.
La «calidad» de las armas occidentales está manteniendo el frente. El obús cohete de alta precisión «HIMARS» destruye con exactitud los depósitos de municiones y cuarteles generales en la retaguardia rusa, reduciendo drásticamente su capacidad de avance. Además, sistemas antiaéreos como Patriot continúan previniendo ataques con misiles contra infraestructuras urbanas.
En primer lugar, ¿por qué surgió esta guerra? Repasémoslo. Continúa en el hilo de abajo.
【¿Por qué Rusia invadió Ucrania?】
La mayor razón por la que Rusia invadió Ucrania es para impedir que Ucrania se uniera a la alianza militar de Occidente, la «OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte)», y se separara de la esfera de influencia rusa.
1. Fuerte cautela ante la expansión de la OTAN (razones de defensa)
Rusia consideraba que la expansión hacia el este de la OTAN, liderada por Occidente, que se acercaba hasta Ucrania, que comparte frontera con su territorio, era una «grave amenaza para la seguridad». Si Ucrania se integrara completamente al bando occidental, se establecería una base militar de Occidente en la garganta de Rusia, por lo que intentaron detenerlo por la fuerza.
2. Reconstrucción del «Gran Rusia» (ambiciones históricas e imperialistas)
El presidente Putin tiene una fuerte convicción de que «los rusos y los ucranianos son un solo pueblo desde el punto de vista histórico y cultural». El objetivo era recuperar la antigua esfera de influencia perdida tras el colapso de la URSS y establecer un régimen prorruso en Ucrania para volver a colocarla bajo la influencia de Rusia.
3. La «justificación» proclamada por el lado ruso y sus contradicciones
Al inicio de la guerra, Rusia proclamó la «desmilitarización» y la «desnazificación» de Ucrania, y afirmó como justificación el «proteger a los residentes de etnia rusa que están siendo perseguidos en el este». Sin embargo, el presidente de Ucrania, Zelensky, es de origen judío y fue elegido mediante elecciones democráticas. Por eso, la comunidad internacional ha rechazado ampliamente estas afirmaciones como «falsos pretextos para justificar la agresión».
El lado ruso proclamó la «protección de los residentes de etnia rusa y la desnazificación» como justificación, pero la comunidad internacional lo considera una «invasión injusta» con el propósito de violar la soberanía y expandir el territorio.
China es similar, pero quizás sea más fácil de entender si lo comparamos con el mundo de los yakuza.
Un vasto territorio (sima) no puede ser manejado por un solo jefe. Por eso, se le da un territorio a los subordinados para que lo administren y recauden el tributo. Si se aprieta demasiado, se acumula el descontento y los subordinados podrían convertirse en enemigos. Por lo tanto, si los subordinados no obtienen «beneficios», la organización no funciona. Sin embargo, el territorio también tiene límites. Si el negocio no va bien, los «beneficios» disminuyen, la organización colapsa y podría convertirse en una guerra sin piedad. Por eso, se busca expandir el territorio. Se trata de tomar el territorio de otras pandillas para quedarse con sus negocios. Países como China y Rusia han seguido esta ruta de expansión territorial.
“Vivo mejor de lo que podía imaginar”: el sistema que revoluciona Zárate y combate la pobreza sin asistencialismo
Fundada originalmente por el padre Pedro Opeka en Madagascar, Akamasoa tiene una versión argentina, desarrollada por uno de sus seguidores; articula producción, educación, salud y vivienda, y es traccionada por sus propios vecinos Camila Súnico Ainchil || La Nación
Entre huertas, invernaderos y obras en marcha: cómo se organiza la vida diaria dentro de Akamasoa en Lima || Soledad Aznarez
La ruta atraviesa Lima con el movimiento constante de camiones, motos y autos que entran y salen de la localidad a toda hora. Ubicada en el noreste de la provincia de Buenos Aires y perteneciente al partido de Zárate, Lima tiene
El contraste visual es inmediato. Las casas están pintadas de verde, azul, amarillo y naranja. Algunas tienen nombres escritos en el frente. Hay chicos jugando, bicicletas apoyadas contra las paredes y vecinos entrando y saliendo de sus hogares.
En el predio tiene lugar la versión local —y reducida— de la obra que el sacerdote argentino Pedro Opeka, fundador de Akamasoa y reconocido internacionalmente por su trabajo de más de 30 años contra la pobreza extrema en Madagascar, por el cual fue nominado en varias ocasiones al Premio Nobel de la Paz.
La
entrada de Akamasoa, ubicada en C. 4 y 137 de Lima, provincia de Buenos
Aires, marca el acceso a una comunidad que creció alrededor de
viviendas, espacios de trabajo, una escuela y un hospital en
construcción || Soledad Aznarez
Actualmente viven allí alrededor de 110 personas entre las casas definitivas y los espacios de acogida destinados a mujeres y familias que atraviesan situaciones de emergencia. Hasta ahora ya se construyeron y están habitadas 18 viviendas, mientras otras cuatro siguen en obra. El proyecto total contempla alcanzar unas 40 casas distribuidas alrededor de espacios comunes pensados para reforzar la convivencia cotidiana entre vecinos.
Las casas se levantan con construcción seca || Soledad Aznarez
El crecimiento no se refleja únicamente en la cantidad de viviendas y de familias que viven ahí, sino también en la estructura que fue tomando forma alrededor: una escuela, varios espacios de trabajo y una de las obras más importantes que hoy avanzan en el predio: un hospital.
“Ahora voy”, dice Vigo Gasparotti cuando una mujer lo frena para hacerle una pregunta sobre unos materiales de construcción. La recorrida por la comunidad avanza a paso interrumpido. A pocos metros, otro vecino lo llama para mostrarle una obra que todavía falta terminar. Más adelante, alguien le consulta por una entrega y otra persona le habla de una puerta que todavía no colocaron. La secuencia se repite durante toda la visita de LA NACION al predio.
Vigo Gasparotti camina rápido entre las casas, saluda vecinos por su nombre, señala estructuras, explica planos y habla de aulas, techos y cañerías mientras alrededor siguen pasando chicos en bicicleta. Entre una parada y otra, el diálogo vuelve siempre sobre la misma idea: cómo Akamasoa dejó de ser solamente un proyecto social para transformarse en una comunidad con vida propia. En las respuestas a este interrogante aparece una referencia constante: el padre Opeka. Desde 1989, se calcula que el proyecto del sacerdote argentino en la isla africana ha ayudado a sacar de la pobreza extrema a más de 30.000 personas.
Gastón Vigo Gasparotti junto al sacerdote Pedro Opeka durante una recorrida por Akamasoa, en Madagascar, la comunidad que inspiró el proyecto que hoy crece en Lima
“Pedro hizo en Madagascar una ciudad, nosotros estamos armando una comunidad importante”, comenta Gastón, mientras avanza hacia uno de los sectores en obra. Cuenta que cuando Opeka visitó Lima pudo recorrer todo lo que habían construido y que recién ahí habló “desde el corazón”. “Hasta que pisó acá no había dicho más que palabras de apoyo, entusiasmo y de que no nos rindamos. Pero cuando estuvo acá vio todo y dijo: Ahora hablo desde el corazón porque lo veo con mis ojos”.
La versión argentina de esta iniciativa comenzó a tomar forma a fines de 2018, cuando Vigo Gasparotti, licenciado en Administración de empresas y también magíster y doctor en economía, volvió de Madagascar, donde pasó meses aprendiendo del mismo Opeka el funcionamiento de Akamasoa. Años antes de esa experiencia, con 25 años, el joven había decidido dejar la vida corporativa para dedicarse al trabajo social.
Las viviendas circulares de Akamasoa fueron pensadas para reforzar la convivencia entre vecinos y recuperar el espacio común como parte central de la vida cotidiana dentro de la comunidad || Soledad Aznarez
Hoy, mientras camina por la chacra de Lima que compró con ayuda de donaciones para llevar adelante el proyecto, la comparación con Madagascar aparece como una referencia permanente. Su fundador insiste en una idea: que la pobreza no puede resolverse solamente desde la asistencia momentánea. “No es un hombre pasivo, es un hombre de acción, no de palabra, de hecho concreto”, dice sobre Opeka. Y enseguida agrega que el objetivo que ambos comparten es dejar los lugares “mejor de como uno los encontró”.
El camino sigue hacia una de las obras más avanzadas de la comunidad: el futuro colegio. Hay estructuras metálicas, placas colocadas a medio terminar, sectores todavía abiertos y materiales distribuidos alrededor del edificio. Vigo Gasparotti se detiene frente a una de las aulas y empieza a explicar cómo surgió el proyecto. “En 2010 Lima tenía 10.000 personas. En 2022 hacen otro censo y da más de 35.000. Se calcula que ya tiene 40.000. No se hicieron escuelas, no se pensó la matrícula”, dice. Habla de aulas superpobladas y de las dificultades educativas que atraviesan muchos chicos en contextos de pobreza.
El futuro colegio de Akamasoa avanza en Lima con aulas, salas para primera infancia y espacios pensados para responder al crecimiento de la ciudad || Soledad Aznarez
Su construcción, al igual que la de las casas y el hospital, avanza con la mano de obra de los propios habitantes del lugar, quienes pagan el valor de sus viviendas con sus horas de trabajo en las obras y en los distintos emprendimientos productivos que hay en el predio. Mientras algunos trabajan en estructuras metálicas, otros colocan placas, pintan paredes, trasladan materiales o realizan terminaciones. Muchas mujeres, en tanto, hacen horas de trabajo en los invernaderos hidropónicos Tres mujeres trabajan en el invernadero hidropónico de Akamasoa, un espacio recuperado por vecinas de la comunidad donde producen alimentos y aprenden un oficio vinculado a nuevas formas de cultivo || Soledad Aznarez
El proyecto escolar contempla nivel inicial y primaria. En planta baja funcionarán salas desde los 45 días hasta la sala de tres. Arriba estarán los grados de primaria. También explica por qué decidieron incorporar salas desde los primeros meses de vida. Habla del crecimiento cerebral durante la primera infancia, de la importancia de la nutrición y de la estimulación temprana. “Muchos de estos chicos llegan a la educación de tres años apáticos, sin vocabulario”, dice mientras señala una de las futuras salas.
Gastón menciona la falta de agua potable, la precariedad habitacional, el estrés constante y las situaciones de violencia que atraviesan muchas familias de la zona. “Si ya la escuela es mala, si vivís en un rancho, si no tenés agua potable, si tu hijo no tiene laburo, si tenés el cortisol hasta acá arriba, si está lleno de trauma...es complejo”, explica. Y suma: “Dijimos: vamos a hacer un colegio en el que, si tuviera que mandar a mi hijo, estaría absolutamente contento de mandarlo”.
Pausa para almorzar de quienes trabajan en las nuevas casas || Soledad Aznarez
Actualmente, dice, avanzan con los trámites para lograr la habilitación oficial. La idea es que el aspecto económico no sea un impedimento para las familias. “Este colegio va a ser para gente que no tiene plata para pagar una cuota”, dice. Aunque reconoce que más adelante probablemente necesiten algún tipo de financiamiento estatal para sostener los salarios docentes —como ocurre con otros colegios de gestión privada—, aclara que hasta ahora la construcción y el funcionamiento de Akamasoa se sostuvieron con ayuda de particulares, empresas y donaciones. “Nosotros no tenemos un solo peso del Estado”, afirma.
La obra avanza contrarreloj. Deben completar los requisitos exigidos por el Ministerio de Educación bonaerense para poder abrir. El objetivo es empezar a funcionar en 2027 con las primeras salas y grados.
Gastón Vigo Gasparotti recorre los módulos del futuro hospital de Akamasoa, un proyecto pensado para ampliar el acceso a la salud en Lima, una ciudad que hasta hoy no cuenta con hospital propio || Soledad Aznarez
A pocos metros del colegio aparece el hospital. La estructura modular ocupa una parte importante del predio y se levanta entre plateas de hormigón, módulos ya instalados y sectores todavía abiertos donde siguen trabajando obreros y voluntarios. Hay consultorios montados, conexiones eléctricas instaladas y espacios prácticamente terminados que todavía esperan equipamiento médico.
Vigo Gasparotti explica que el proyecto nació a partir de una necesidad concreta que atraviesa no solo a Akamasoa, sino también a buena parte de Lima. Para muchas especialidades, estudios o atenciones médicas, los vecinos todavía tienen que trasladarse hacia otras ciudades cercanas. “No es solo para la comunidad. Esto está pensado para Lima”, aclara mientras señala distintos sectores de la construcción.
Cuenta que actualmente ya funcionan algunas especialidades gracias a médicos que colaboran de manera voluntaria y a convenios con distintas instituciones. “Hoy vienen pediatras, odontólogos, clínica médica”, enumera. También menciona acuerdos con universidades y fundaciones vinculadas a la salud.
“Vinieron seis pediatras del Garrahan un sábado entero. Tenemos convenios con la Fundación Barceló, con Fundación CITO y con algunos cardiólogos”, agrega. La intención, explica, es que cuando el hospital esté completamente terminado, funcione como un centro de atención primaria para toda la zona. “La idea es que el vecino de Lima diga: ‘bueno, los martes tengo pediatra acá’ o ‘tengo odontología acá’, y no tenga que viajar kilómetros”, sostiene.
La obra comenzó en agosto de 2024 y el objetivo es terminarla completamente para diciembre de 2027. Mientras camina entre los módulos, el fundador de Akamasoa Argentina explica que eligieron un sistema de construcción modular porque les permitía avanzar más rápido y dejar sectores listos para funcionar incluso antes de completar toda la obra. “Vos hoy acá ya tenés el piso, el zócalo, la electricidad, las aberturas. Estos módulos ya están preparados para arrancar”, dice.
Todavía les falta construir la maternidad y un techo de grandes dimensiones que cubrirá gran parte del predio. “El techo es inmenso y muy costoso”, admite. Habla de pintar todo el edificio con colores fuertes, de convocar muralistas y de intervenir las paredes con dibujos y obras artísticas. “Somos muy de los colores”, explica.
Acogida a mujeres y familias
La lógica comunitaria aparece también en los llamados “módulos de acogida”, pequeños espacios destinados principalmente a mujeres y familias que atraviesan situaciones de violencia o emergencia habitacional. Vigo Gasparotti explica que la idea surgió al observar una situación que se repetía constantemente. “Cuando una mujer pasa por una situación de violencia, el Estado le dice: andá a la comisaría, andá a la fiscalía de la mujer, te dan una perimetral y un botón de pánico. Pero si después seguís viviendo en un rancho con paredes de nylon, el violento sigue entrando”, dice.
En Argentina, el proyecto busca acompañar a personas en situación de vulnerabilidad mediante la construcción de un barrio levantado íntegramente por mujeres || Soledad Aznarez
Por eso, sostiene, el primer paso debía ser garantizar un espacio seguro. “Lo primero que necesita alguien que sufre violencia es tener un lugar donde sentirse a salvo, aunque sea pequeño”, explica. Cada unidad tiene electricidad, camas y mobiliario básico. “Capaz tenés que ir al baño comunitario o comer en el comedor, pero ya estás segura”, resume. Actualmente hay alrededor de 50 personas viviendo en esos espacios temporales, mientras esperan acceder a una vivienda definitiva. El proyecto prevé llegar a un total de 68 módulos de acogida.
A diferencia de un refugio transitorio, insiste en que el funcionamiento apunta a generar estabilidad. “Esto no es dormir una noche y mañana ver qué pasa”, aclara. Las familias que ingresan atraviesan distintos procesos: deben gestionar documentación, escolaridad de los hijos, controles de salud y hacer tareas comunitarias dentro de Akamasoa. “Hay que regularizarse, pedir pases de escuela, hacer controles médicos, trabajar de martes a sábado”, enumera.
El domo comunitario funciona como espacio de encuentro dentro de Akamasoa: allí se realizan talleres, reuniones y actividades cotidianas entre las familias que viven en la comunidad || Soledad Aznarez
Los casos llegan de distintas maneras. Algunas veces a través de derivaciones de servicios locales y organismos vinculados a la violencia familiar. Otras, por contactos personales o recomendaciones de vecinos. “A veces viene una mamá que ya conocía el lugar y te dice que no llega a la noche o que necesita irse de donde está”, cuenta. Además del alojamiento, las familias reciben acompañamiento psicológico, jurídico y talleres comunitarios. “Hay mucha gente que aporta lo que sabe”, explica.
Mientras camina entre los módulos, compara el modelo con el de la sede original de Akamasoa, en Madagascar. Pedro Opeka construyó grandes espacios colectivos con muchísimas camas para responder a situaciones extremas de emergencia. “Nosotros fuimos por algo más individual”, dice. Y enseguida marca una diferencia vinculada al contexto. “Pedro convivía con la muerte todo el tiempo. Necesitaba resolver rápido dónde meter a miles de personas. Nosotros no”.
Mercedes Ramírez, de 83 años, trabaja en la huerta de Akamasoa, donde cultiva verduras y árboles frutales desde que llegó a la comunidad junto a parte de su familia || Soledad Aznarez
Más adelante, en una zona más silenciosa del predio, aparece la huerta. Entre pallets, nylon y plantaciones trabaja Mercedes Ramírez, una mujer de 83 años que vive en la comunidad desde hace más de dos años junto a parte de su familia. Mientras muestra las plantas y los árboles frutales, cuenta que llegó desde Concordia después de enviudar. “Vi tierra y fui”, resume.
Mercedes habla de trabajo constantemente. Cuenta que armó la huerta prácticamente sola, que le gusta trabajar y mantenerse activa incluso ahora, después de una caída que le provocó un fuerte dolor físico. “No me gusta estar sin hacer nada”, dice. Mientras habla, señala distintos sectores del terreno donde plantó verduras y árboles. También muestra la pequeña capilla que ayudó a impulsar dentro de la comunidad. La capilla de Akamasoa, construida como un espacio abierto para distintas expresiones cristianas, comenzó a levantarse dentro de la comunidad y será inaugurada oficialmente el próximo 25 de mayo || Soledad Aznarez
La capilla todavía no fue inaugurada oficialmente. Según cuenta Vigo Gasparotti, la idea fue construir un espacio abierto donde convivan distintas expresiones cristianas. “Los lunes viene un pastor, los sábados viene un sacerdote”, explica.
La recorrida continúa hacia otro de los sectores que buscan generar trabajo dentro de Akamasoa: el invernadero hidropónico. Allí trabajan varias mujeres de la comunidad entre estructuras blancas donde crecen cientos de lechugas. Vigo Gasparotti explica que el proyecto apunta tanto a la producción de alimentos como a la enseñanza de un oficio poco habitual.
“El noventa por ciento del agua recircula”, explica mientras muestra el sistema. Las plantas crecen mediante un circuito de agua y nutrientes controlado diariamente. Las trabajadoras revisan niveles de pH, conductividad y distintos indicadores para mantener la producción.
El invernadero había quedado abandonado durante un tiempo y fue recuperado recientemente por un grupo de mujeres de la comunidad. “Esto estaba destruido”, dice Vigo Gasparotti, mientras muestra los distintos sectores. Ahora esperan ampliar la producción con tomates cherry y nuevas plantaciones.
La idea de comunidad aparece constantemente asociada a la construcción de infraestructura concreta. Viviendas, escuela, hospital, espacios de acogida, huertas y talleres forman parte de una misma lógica que atraviesa todo Akamasoa Argentina
El plan contempla 80 casas, además de una escuela, un hospital y distintos espacios comunitarios || Soledad Aznarez
Apenas se ingresa al predio, las primeras construcciones que aparecen son las casas construidas en sentido circular que se volvieron una de las imágenes más reconocibles del lugar. Las viviendas están organizadas alrededor de un espacio común y comparten una estructura pensada para reforzar la convivencia cotidiana entre las familias. En el centro hay un espacio abierto donde suelen verse chicos jugando y vecinos conversando mientras alrededor siguen avanzando nuevas obras.
Durante la charla, Gastón Vigo Gasparotti explica que detrás de esa forma de construir también existe una lógica vinculada a cómo piensan la comunidad. “La idea era romper un poco con el concepto tradicional de vivienda aislada. Que la gente se vea, se cruce, conviva. Que el espacio común vuelva a existir”, comenta.
Actualmente, dentro de Akamasoa viven alrededor de 110 personas entre las viviendas definitivas y los espacios de acogida destinados a familias en situación de emergencia. “Nosotros no queríamos hacer casas más o menos. Si hacíamos viviendas, tenían que ser lugares donde cualquiera estaría dispuesto a vivir”, explica Vigo Gasparotti. “Lo mismo que pensamos para las casas lo pensamos para el colegio, para el hospital y para todo lo demás”, agrega.
La comunidad articula producción, educación, salud y vivienda en un mismo espacio que crece mientras es habitado. Soledad Aznarez
La construcción de las viviendas también funciona como espacio de formación laboral. Vigo explica que eligieron trabajar con sistemas de construcción en seco por la velocidad de ejecución, el menor desperdicio de materiales y la posibilidad de enseñar oficios que, según sostiene, todavía son poco frecuentes en sectores vulnerables. “Albañiles tradicionales encontrás. Gente que sepa construir en seco en contextos de pobreza es raro”, señala.
Con el correr de las horas, Akamasoa empieza a mostrar una dinámica distinta a la de un proyecto social tradicional. Hay vecinos trabajando en las obras, personas entrando y saliendo de talleres, chicos jugando en las calles internas y estructuras que siguen creciendo alrededor de la comunidad. En medio de esa dinámica aparecen también las historias personales de quienes viven ahí.
Render del proyecto completo, de 40 casas; 18 ya están listas y habitadas
“Vivo mejor de lo que podía imaginar”, dice Katherina Morel. Su vecino, Santiago Pardiña, cuenta que llegó después de atravesar una situación de violencia: “Estaba en un momento donde tenía muy pocas puertas abiertas y necesitaba escapar de esa situación. Akamasoa me brindó soluciones para muchas de las complicaciones que tenía”.
Karina Galeano, en tanto, explica que retomó sus estudios secundarios de adulta, después de años dedicados a cuidar a su familia. “Yo estudié de grande porque mi mamá había fallecido y tuve que cuidar a mi hermano. Ahora terminé la escuela y estoy orgullosa. Pensé en mis hijos, porque el día de mañana me preguntan algo y yo no iba a saber contestar ni enseñarles. Ahora sí”, dice.