sábado, 1 de agosto de 2026

La campaña anti-argentina fue por Malvinas

Ex director de la Escuela Superior de Guerra sostuvo que la campaña anti argentina fue contra la reivindicación de Malvinas

El coronel Gabriel Camilli afirmó que los ataques surgidos durante el Mundial no respondieron solamente a una rivalidad deportiva, sino a una disputa vinculada con la cuestión Malvinas. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, aseguró.
Gabriel Camilli | Perfil




En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el coronel Gabriel Camilli aseguró que la aparición de símbolos vinculados con Malvinas durante el Mundial expuso una disputa que, según su análisis, continúa vigente desde 1982. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, afirmó el ex director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta, al explicar que los conflictos actuales también se libran en el terreno “cibernético y cognitivo”.

Gabriel Camilli es un coronel mayor retirado del Ejército Argentino, académico, escritor y reconocido analista geopolítico especializado en historia de la guerra y defensa estratégica. Se desempeñó como director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, ejerció el cargo de decano dentro de la Universidad de la Defensa Nacional, además fue jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, que en el Alpegrano preside la Fundación Estudios y Legados en Valores Nacionales, desde donde dicta conferencias sobre geopolítica y el pensamiento de próceres argentinos.

—El coronel Camilli escribió un excelente artículo que publicó el diario La Prensa, explicando, desde una perspectiva militar, que los recursos de defensa de un país no son solamente sus armas, que es lo que tiene doble valor viniendo casualmente de un militar. Así que le pido, si usted pudiera sintetizar oralmente su artículo a nuestra audiencia.
Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca
Suscribite

—El artículo se llama La Argentina Bajo Ataque. Esto fue motivado porque tengo un centro, una fundación de estudios, que seguimos el problema estratégico de los valores nacionales. Y mirando el Mundial, como lo hacía cualquier ciudadano argentino que sigue este torneo, empecé a ver, habiendo escudriñado un poco en las redes sociales y habiendo estudiado esto, que se estaba dando delante de mis ojos una nueva forma de agresión que yo venía estudiando en guerras que se vienen dando en otros lugares del mundo.

Desde La Prensa seguimos en una columna la guerra de Ucrania y Rusia, los acontecimientos en el Medio Oriente. Y nosotros siempre hablamos de que hay distintos campos o dominios en los cuales se desarrollan las operaciones en la actualidad. Nosotros, y la mayoría de la gente, piensa que la guerra se desarrolla en la tierra, con los ejércitos; el mar, el aire. Pero en estos últimos tiempos se ha determinado que hay otros espacios importantes que tienen tanta o más trascendencia que estos clásicos que he mencionado.

Tenemos el campo aeroespacial, se pasó a una dimensión mayor, el campo cibernético y el campo cognitivo, que es el que llega al celular, a la pantalla de cada uno de los ciudadanos, para hacerse de la mente de él mismo. Entonces, después de los primeros partidos, llegando hacia la semifinal, empecé a ver que los ataques a la Argentina eran no solamente de tono futbolístico, que no hubiese tenido ningún tipo de preocupación porque es discutible, y más con la pasión que le ponen los aficionados al fútbol a esto en todo el mundo.

Pero, a partir sobre todo de la victoria sobre Egipto se empezó a desencadenar una serie de ataques que nada tenían que ver con el fútbol; tenían que ver con la Argentina, con otras cosas. Y lo de la victoria sobre Inglaterra y la exposición de esa maravillosa bandera que la afición le acercó a nuestra magnífica selección, eso fue un desencadenante explosivo.

Porque tenemos que entender hoy, aunque parezca exagerado lo que estoy diciendo, de que el mundo se mueve por las redes y por el marco cibernético, la psico-guerra. Entonces, esta bandera tiró por tierra, según mi entender, años de campaña de desmalvinización, en la cual el Reino Unido y otras potencias invierten ingentes cantidad de dinero. Entonces, no fue una reacción natural de la ficción contraria o de los partidarios que no quieren a la selección argentina, sino que fue una cosa perfectamente instrumentada y fabricada desde otras usinas de poder. Y esto quedó determinado.

—¿Puedo decir entonces, escuchándolo, que la guerra de Malvinas no terminó nunca y que la guerra continuó por parte de Inglaterra fomentando la desmalvinización, que es una forma de consolidar su triunfo?

—Absolutamente bien resumido. Porque la paz, ¿qué es? La paz es, según una definición clásica, la tranquilidad en el orden. Es una definición clásica de la paz. Hay tranquilidad hoy porque no nos estamos agrediendo físicamente como en el 82, pero no hay orden. El orden es volver las cosas a su justo sitio. El orden es que, de mínima, se cumpla la resolución de Naciones Unidas que obliga a las partes a sentarse a negociar, de mínima.

Y para nosotros el orden es restaurar esa usurpación que en 1833, de forma absolutamente arbitraria y por la fuerza, desalojó a la población argentina que venía ocupando ese lugar. Entonces, como usted bien dice, la guerra no terminó. La guerra en estos 44 años posteriores tuvo un desarrollo muy interesante, con períodos que nosotros estudiamos acabadamente: período de desmalvinización fuerte, período en que la guerra era el carro atmosférico para la Argentina, la guerra en que los chicos de la guerra eran los locos de la guerra, hasta que después el tiempo, o la verdad, fue decantando de que esta fue una justa guerra, y la Argentina fue reconociendo a sus veteranos.

La Argentina, a pesar de esas campañas de desmalvinización, como lo muestra esta bandera y este espíritu de gente sencilla, de nuestros jugadores que con todo el corazón, en todos los momentos, mostrado este amor por Malvinas. Acordémonos la canción en el mundial anterior, en la hinchada por los muchachos de Malvinas. Entonces, esto ha quedado fijo del lado nuestro y del lado del enemigo no ha cesado. No ha cesado porque hay pruebas fehacientes de que existen usinas de pensamiento producidas desde Gran Bretaña, en la cual se le paga a profesionales y expertos para generar un ambiente de desmalvinización, de que los argentinos abjuremos de Malvinas.

Hay un hecho muy fuerte que yo siempre destaco. Hay una campaña que promueve la Embajada Británica en Buenos Aires que se llama Visitemos a nuestros vecinos los Kelpers, en la cual invitan a jóvenes universitarios dedicados al área de la comunicación para que visiten Malvinas, a cambio de que los jóvenes produzcan piezas de orden publicitario que favorezcan esta amistad con los Kelpers.

Este es un problema muy grave porque desde el Gobierno argentino, del Estado Nacional, no se hace nada para impedir esto porque los Kelpers no son ni nuestros vecinos, son usurpadores de un territorio nacional. Y todo esto, aunque parezca mentira y parezca una fantasía, quedó demostrado en 30 segundos, con la aparición en el mundo, en el éter mundial, de esta bandera que desplegaron nuestros jugadores.

—Usted dice que, sabiendo que venía el partido con Inglaterra, el origen de toda esta campaña, en el fondo, es parte de la agresión de la guerra de Malvinas.


—Yo creo que sí, y de otros poderes que quieren que la Argentina no surja. La Argentina es un país por naturaleza rebelde. No se puede perdonar, ni no nos perdonaron en los 44 años posteriores de la guerra, el haber osado querer cambiar el statu quo que en 1965 las Naciones Unidas decían que debía cambiarse. La Argentina se ha esforzado por todos los medios en tratar de lograr recuperarla pacíficamente. Entonces, esto no se perdona.

—Y, visto en retrospectiva, ¿Cuál es su opinión de Galtieri?

—Al general Galtieri lo conocí. Tuve la oportunidad de conocerlo cuando yo era un joven teniente. El general Galtieri estaba cumpliendo prisión en la Escuela de su Oficial, el Sargento Cabral, el lugar que yo revistaba en ese momento. Y, como con un espíritu curioso, digo: bueno, tengo a esta persona acá, quiero entrevistarlo, quiero conocerlo. Así que varias veces pedí tomar un café con él.

Imagínense, yo era un teniente de 23, 24 años y el general era una persona bastante más grande. Y encontré una persona distinta a la que cuentan los medios, una persona que estaba consciente. Él me dijo a mí: “Mire, Camilli, la historia a mí me va a matar, me va a destruir”. Era perfectamente consciente y tomaba con una gran austeridad esta prisión que se le había impuesto. No tengo palabras negativas. Vi a una persona bastante simple, sencilla, y esa fue mi experiencia personal con el general Galtieri.

—Y desde el punto de vista militar, no personal, sino desde el punto de vista militar, ¿qué opina de la decisión de Galtieri de haber ido a la guerra? No sé si de Galtieri o de la Marina, en cualquiera de los casos? ¿Fue un error o finalmente fue un error útil en algún sentido?

—Lo entiendo perfectamente y, por supuesto, que como 40 años de estudio de este tema me llaman poderosamente la atención y soy el primer interesado en conocer la verdad. La llegada a Malvinas está envuelta en una serie de circunstancias que no son conocidas. Yo tengo una gran amistad con el licenciado José Enrique García Enciso, que fue senador nacional y vicegobernador de la provincia de Corrientes, que a la sazón, en ese momento, era un joven de veintitantos años que formaba parte del gabinete de crisis del general Galtieri por el tema de su conocimiento del idioma inglés.

García Enciso demuestra cabalmente y con pruebas que en 1981, ya en el gobierno del general Viola, se estaba preparando una reacción argentina en forma diplomática fuerte para evitar el cumplimiento de los 150 años ininterrumpidos en el 83 de la Guerra de Malvinas. Hubo una preparación y había un plan B que se empezó a gestar allá por el 81, que era el menos querido, que era hacer una especie de touch and go para cambiar y simplemente mover la sensibilidad de Gran Bretaña y obligarla a cumplir con la directiva de las Naciones Unidas. Estoy resumiendo brevemente porque él lo explica en un libro. Así que tengo una prueba presencial. Es una de las pocas personas vivas que formaban parte del ápice estratégico...

—O sea, usted lo dice que el objetivo era el touch and go. Y cuando ofrecieron las tres banderas fue el error de Galtieri. O sea, el error no fue iniciar la guerra sino seguirla.

—Exactamente. Fue el error, pero condicionado. Porque en este tema de las tres banderas, el presidente Belaunde Terry había logrado... y en la noche del primero al 2 de mayo...

—Hunde en el general Belgrano.

—Sí, señor, pero antes que lo que la gente no sabe, que esa noche se acordó entre las tres partes, Margaret Thatcher, Galtieri y Haig, que era el ministro de Relaciones Exteriores, un alto el fuego momentáneo para negociar. Margaret Thatcher incumple con esa orden y hunde al general Belgrano.Y ahí es cuando el general Galtieri no acepta seguir adelante. Ahora, podemos decir, tendría que haber sido con sangre fría y haber continuado con el acuerdo. De esto es testigo mucha gente del Perú y el mismo García Enciso, de lo que estoy diciendo. No es una cosa imposible de certificar. No justifico. Estoy diciendo: en el proceso de toma de decisiones de un Estado, de una nación, intervienen muchos factores.

—Coronel, me gustaría finalmente que usted le compartiera a nuestra audiencia la conclusión final que usted hace, diciendo de que el poderío de una nación se mide también por su capacidad cultural. Se mide también por cuestiones de soft power. Usted cita el INVAP, el CONAE, el CNEA. Grandes símbolos colectivos de la capacidad y la potencia de un país. Que la fortaleza no es exclusivamente las armas que un país tiene, sino que son la consecuencia de toda una capacidad científica, educativa, tecnológica, económica. Me gustaría un cierre con ese punto.

—Sí, la defensa nacional no es el aparato militar. En un sentido literal, podemos ver la figura de un hombre con un arco y una flecha que se proyecta hacia un blanco. La punta de la flecha, el metal, es solamente el poder militar. Pero todo lo demás que está detrás del arco, la flecha y todo el hombre y todo el esfuerzo, es todo el poderío nacional, toda la potencia nacional que hace posible la ejecución de ese esfuerzo último que tiene una nación cuando va a la guerra. Entonces, si nosotros debilitamos nuestro aparato tecnológico, nuestro aparato productivo, nuestro aparato industrial, nuestro conocimiento científico, y es un activo también la selección nacional, aunque te le parezca mentira, es un activo porque el fútbol Es pasión de las multitudes. Entonces, es un activo nacional.

Todo eso hace al ser y a la esencia de la defensa nacional. Pero tenemos que ponerlo en valor, tenemos que ponerlo a trabajar todos juntos detrás de ese esfuerzo, como ese hombre y ese arco y la flecha. No va la flecha por un lado, la soga por el otro y el músculo por otro. Va todo encaminado hacia cumplir un objetivo. Lo que yo veo es que la Argentina anda así, a la deriva, como una veleta, donde va el viento. Lo que creo que es el momento lo llama a buscar rumbos, a elegir conductores que busquen rumbos, que marquen direcciones y encolumnarnos todos detrás de ese esfuerzo.

RM

LT

viernes, 31 de julio de 2026

Chile: La política interna en el sur chileno

Política interna regional del sur chileno







Para hablar de la política sureña chilena conviene tomar un arco amplio: Ñuble y Biobío como zona de transición; La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos como sur propiamente dicho; Aysén y Magallanes como sur austral. No constituyen un bloque político uniforme. La cuestión mapuche y la seguridad dominan en Biobío y La Araucanía; la regulación de las actividades agropecuarias, forestales y acuícolas pesa especialmente entre Los Ríos y Los Lagos; mientras que en Aysén y Magallanes prevalecen el aislamiento, la conectividad, el costo de vida y la autonomía regional.

La fórmula más aproximada sería esta: el sur chileno puede ser conservador en materia de orden, propiedad y seguridad; estatista cuando reclama infraestructura, subsidios y servicios; productivista frente a la regulación ambiental; y profundamente regionalista cuando percibe que Santiago desconoce sus particularidades.

Un giro conservador nacional, pero no una hegemonía uniforme

Las elecciones presidenciales de 2025 confirmaron el fortalecimiento de la derecha en el centro-sur y el sur. José Antonio Kast, que asumió la Presidencia el 11 de marzo de 2026, ganó la segunda vuelta en todas las regiones; su mayor diferencia se produjo precisamente en Ñuble, donde alcanzó aproximadamente el 69% frente al 30% de Jeannette Jara. La seguridad, la propiedad rural, el rechazo al desorden y la reactivación económica encontraron allí una recepción particularmente favorable.

Pero ese predominio nacional no se traduce automáticamente en control de todos los gobiernos regionales. En las elecciones de gobernadores de 2024, Sergio Giacaman obtuvo una victoria contundente en Biobío con el 72,65%; en cambio, el independiente René Saffirio derrotó por escaso margen al gobernador derechista Luciano Rivas en La Araucanía; y Alejandro Santana, de Chile Vamos, ganó Los Lagos con el 51,87%. El dato importante es el voto diferenciado: una persona puede apoyar a la derecha en la elección presidencial por razones de seguridad y, simultáneamente, elegir a un independiente o a un dirigente de centroizquierda para administrar inversiones regionales.

Esto indica que el votante sureño no siempre se comporta como un militante ideológico. Suele distinguir entre el liderazgo nacional —orden público, economía, política indígena— y la gestión territorial —caminos, hospitales, conectividad, agua potable, reconstrucción y apoyo productivo—.

Biobío: industria, reconversión y seguridad rural

Biobío contiene varias sociedades políticas dentro de una misma región. El área metropolitana de Concepción posee tradición industrial, sindical, universitaria y portuaria. En cambio, Arauco, la provincia de Biobío y las comunas interiores presentan mayor ruralidad, actividad forestal y exposición al conflicto territorial. La industria manufacturera, la celulosa y la generación eléctrica siguen teniendo un peso relevante en su economía regional.

Por eso pueden identificarse dos grandes preocupaciones. En el espacio urbano-industrial aparecen el empleo, la desindustrialización, la contaminación, la reconstrucción y el transporte metropolitano. En las áreas rurales predominan la seguridad de las rutas, los ataques contra instalaciones productivas, el robo de madera, los incendios, la presencia policial y la defensa de la propiedad.

La victoria abrumadora de Giacaman en 2024 debe interpretarse dentro de ese contexto: no fue solamente una adhesión partidaria, sino también una demanda por gestión ejecutiva, reconstrucción y una respuesta más firme frente a la inseguridad. Sin embargo, Concepción y su entorno continúan proporcionando a la izquierda y a la centroizquierda una base urbana considerable. Biobío es, por consiguiente, una región competitiva, pero con una periferia rural que ha empujado el promedio regional hacia posiciones más conservadoras.

La Araucanía: el gran clivaje territorial de Chile

La Araucanía posee la dinámica política más compleja del sur. Allí se superponen reivindicación territorial mapuche; pobreza rural; agricultura y actividad forestal; propietarios pequeños, medianos y grandes; comunidades indígenas; empresas; turismo; violencia política y delincuencia común. Reducir todo eso a un conflicto entre “mapuches y chilenos” sería profundamente incorrecto.

La política regional gira alrededor de una pregunta básica: ¿el problema se resuelve prioritariamente mediante seguridad, restitución de tierras, desarrollo económico, reconocimiento político o alguna combinación de esos instrumentos?

El Estado de excepción continuaba siendo prorrogado en junio de 2026 para La Araucanía y las provincias de Arauco y Biobío. Su permanencia demuestra que la militarización parcial dejó de ser una medida extraordinaria de corta duración y pasó a integrarse en la administración habitual del conflicto.

Al mismo tiempo, la Comisión Presidencial para la Paz y el Entendimiento entregó en 2025 propuestas sobre tierras, reparación y relación entre el Estado y el pueblo mapuche. Posteriormente comenzó una consulta indígena para diseñar un nuevo sistema de tierras. Esto produjo dos reacciones contrapuestas: para algunos sectores era una posibilidad de ordenar y acelerar la resolución de reclamaciones históricas; para otros podía ampliar la incertidumbre sobre la propiedad y premiar indirectamente la presión territorial.

El gobierno de Kast desplazó el centro de gravedad hacia una política de control territorial y seguridad primero, acompañada por una revisión crítica de la política tradicional de compra y restitución de tierras. Ese giro coincide con una parte importante del electorado regional, pero enfrenta el riesgo de tratar como un único problema fenómenos distintos: terrorismo, delincuencia rural, reivindicación indígena pacífica, pobreza, disputas judiciales y falta de inversión.

La elección de René Saffirio como gobernador muestra precisamente la complejidad de la región. La Araucanía pudo apoyar electoralmente una agenda presidencial conservadora y, a la vez, elegir un gobernador independiente no alineado con la derecha. Eso sugiere que una parte del electorado desea firmeza en seguridad, pero desconfía tanto de los partidos tradicionales como de las respuestas exclusivamente coercitivas.

Los Ríos: equilibrio entre Valdivia y el interior rural

Los Ríos presenta una política menos militarizada. Valdivia concentra universidades, servicios públicos, actividad cultural, organizaciones ambientales y una sociedad civil relativamente densa. El interior regional, en cambio, depende en mayor medida de la agricultura, la ganadería, la actividad forestal y las pequeñas ciudades.

La actividad agropecuario-silvícola, la generación eléctrica, los servicios y el comercio explican una parte considerable de su desempeño económico. Esa estructura produce controversias sobre protección de humedales, proyectos energéticos, plantaciones forestales, turismo, empleo rural y uso del agua.

Políticamente, Los Ríos suele ser más equilibrada que La Araucanía o Ñuble. Valdivia puede favorecer candidaturas progresistas, regionalistas o ambientalistas, mientras que las comunas rurales tienden a posiciones más conservadoras. La competencia no se organiza tanto alrededor de la seguridad nacional como alrededor de qué tipo de desarrollo debe seguir la región y quién controla sus recursos naturales.

Los Lagos y Chiloé: producción, ambiente e identidad insular

Los Lagos posee una economía vinculada a la ganadería, la industria alimenticia, la pesca, la acuicultura, la actividad forestal y el turismo. La salmonicultura es particularmente relevante, tanto por el empleo y las exportaciones como por los conflictos ambientales, sanitarios y laborales que genera.

El clivaje principal no enfrenta simplemente a izquierda y derecha. En numerosas localidades la disputa es entre quienes priorizan la continuidad del empleo productivo y quienes exigen mayores controles ambientales; entre las grandes empresas y los proveedores locales; entre Puerto Montt como centro administrativo y las provincias periféricas; entre el continente y el archipiélago de Chiloé.

Chiloé posee una identidad territorial especialmente fuerte. La movilización de 2016 mostró que trabajadores, pescadores, comerciantes y organizaciones locales podían construir una protesta transversal contra el Estado central y contra la gestión de una crisis ambiental. Al igual que el movimiento de Aysén, se articuló alrededor de una sensación de abandono y no encajó completamente dentro de la división partidaria nacional.

Por eso la política de Los Lagos combina conservadurismo rural, empresariado productivo, sindicalismo pesquero, ambientalismo, demandas indígenas huilliches y regionalismo chilote. Alejandro Santana puede representar electoralmente a la derecha, pero como gobernador también debe enfrentarse a Santiago para obtener presupuesto, carreteras, conectividad marítima e inversiones hospitalarias.

Aysén: regionalismo antes que ideología

Aysén es probablemente el territorio donde la división entre izquierda y derecha resulta menos explicativa. Las distancias, el combustible, la conectividad terrestre y marítima, el acceso a especialistas médicos, el costo de los alimentos y la dependencia del transporte condicionan la política cotidiana.

El movimiento social de 2012 reunió organizaciones muy diferentes alrededor de demandas territoriales: combustibles, salud, educación superior, conectividad y mayor participación regional en los recursos naturales. La identidad regional operó como un factor de unificación por encima de las filiaciones partidarias.

Aysén puede votar por candidatos conservadores en una elección nacional y, al mismo tiempo, reclamar subsidios, empresas públicas, protección de actividades locales y una fuerte intervención estatal. No existe contradicción para el votante: considera que una zona extrema no puede someterse a las mismas reglas de costos que Santiago.

La acuicultura, la pesca, el turismo, la construcción y el sector público tienen una incidencia importante, pero presentan fuertes oscilaciones. En 2024 la economía regional cayó levemente por la menor actividad pesquera, salmonera y minera; durante el primer trimestre de 2025 volvió a crecer con fuerza por la acuicultura y la construcción. Esa volatilidad fortalece la demanda de políticas regionales anticíclicas.

Magallanes: una sociedad regional con conciencia de excepcionalidad

Magallanes posee una identidad regional muy marcada, basada en el aislamiento, el clima, la historia de poblamiento, la ganadería, los hidrocarburos, la navegación y su vinculación con la Antártida. Diversos estudios encuentran una fuerte identificación emocional con el territorio y con su singularidad respecto del resto de Chile.

La llamada crisis del gas de 2011 demostró la capacidad de la sociedad magallánica para movilizarse transversalmente. El intento de aumentar el precio del gas produjo una reacción regional que atravesó partidos, sindicatos, empresarios y organizaciones sociales, hasta forzar una modificación de la política nacional.

Eso explica una característica persistente: Magallanes puede tener representantes de izquierda, centro o derecha, pero todos enfrentan fuertes incentivos para adoptar posiciones regionalistas. El político que aparece excesivamente subordinado a Santiago corre el riesgo de perder legitimidad local.

La política contemporánea incorpora además nuevos ejes: desarrollo del hidrógeno verde, papel de ENAP, salmonicultura, protección ambiental, infraestructura antártica, turismo y conectividad con el resto de Chile. La discusión no es únicamente si debe haber inversión, sino qué parte de sus beneficios, empleos y decisiones permanecerá en la región.

Gobernadores, delegados y centralismo

La elección directa de gobernadores regionales produjo una nueva legitimidad territorial. Los gobernadores administran inversiones, elaboran estrategias regionales y presiden los consejos regionales, pero no controlan plenamente la seguridad, las policías ni los servicios nacionales. Esas atribuciones permanecen en buena medida bajo autoridades y ministerios designados desde Santiago.

En el sur esta división es especialmente visible. El gobernador puede financiar caminos, cámaras, programas productivos o recuperación urbana, pero la conducción del Estado de excepción depende del Ejecutivo nacional. Puede promover conectividad, pero las grandes obras dependen de ministerios centrales. Puede reclamar una política acuícola regional, pero la regulación principal continúa siendo nacional.

En 2026, el gobernador de Los Lagos, Alejandro Santana, asumió la presidencia de la Asociación de Gobernadores Regionales. Paralelamente, Los Lagos, Aysén y Magallanes vienen impulsando la coordinación denominada “Chile por Chile”, orientada a mejorar la conexión terrestre y marítima del sur austral sin depender necesariamente del tránsito por territorio argentino. Son ejemplos de un regionalismo institucional que busca negociar colectivamente con el poder central.

La síntesis política

La política sureña chilena puede resumirse como una combinación de conservadurismo territorial y demanda estatal.

En Biobío y La Araucanía, la seguridad, la propiedad y el conflicto territorial favorecen a la derecha, aunque subsisten importantes bases urbanas de centroizquierda y liderazgos independientes. En Los Ríos y Los Lagos, la disputa se concentra en la relación entre producción, regulación ambiental, empleo y autonomía territorial. En Aysén y Magallanes, el regionalismo puede imponerse sobre las fronteras ideológicas nacionales.

Por eso no conviene definir al sur simplemente como “derechista”. Es más preciso decir que una gran parte de su electorado desea orden sin abandono estatal; inversión privada sin subordinación absoluta a las grandes empresas; protección de la propiedad, pero también subsidios territoriales; explotación de recursos, pero con beneficios visibles para las comunidades locales.

El norte chileno dice: “producimos la riqueza minera que Santiago distribuye”. El sur formula una queja parecida, pero con otro contenido: “aportamos recursos forestales, agrícolas, pesqueros, energéticos y territoriales, mientras Santiago decide cómo debemos vivir y producir”.

miércoles, 29 de julio de 2026

Ecuador-Perú: La diplomacia post-Cenepa

Relaciones entre Perú y Ecuador: de la guerra fronteriza a una vecindad institucionalizada



Por EMcL

Situación actual

Las relaciones diplomáticas peruano-ecuatorianas atraviesan un estado muy favorable y considerablemente estable. La antigua cuestión territorial está jurídicamente resuelta, la frontera terrestre se encuentra demarcada y el límite marítimo también fue formalmente acordado. Los desacuerdos actuales se refieren a problemas propios de dos vecinos con una frontera extensa: delincuencia organizada, minería ilegal, contaminación fluvial, migraciones, infraestructura, controles aduaneros y apertura sanitaria de productos. No existe hoy una controversia oficial sobre soberanía territorial.

En junio de 2026, los vicecancilleres de ambos países calificaron expresamente la relación como «ejemplar», basada en la confianza, la cooperación y la integración. También confirmaron la preparación de un nuevo encuentro presidencial y del XVII Gabinete Binacional para el segundo semestre de 2026. Esa continuidad es importante porque muestra que la relación ya no depende demasiado de la afinidad ideológica entre presidentes: sobrevivió a gobiernos de izquierda, derecha, centro y a la recurrente inestabilidad política peruana. (Cancillería)

En términos argentinos, podría compararse con una relación que hubiera pasado de parecerse a la antigua rivalidad argentino-chilena —mapas incompatibles, hipótesis de guerra y zonas sin demarcar— a una cooperación fronteriza más semejante a la que hoy mantienen Argentina y Chile, aunque con un componente amazónico, criminal y ambiental mucho más intenso.

 

La geografía que hay que comprender

Perú y Ecuador comparten aproximadamente 1.529 kilómetros de frontera. La zona más poblada y transitada se encuentra cerca del Pacífico, entre la provincia ecuatoriana de El Oro y la región peruana de Tumbes. Allí están Huaquillas y Aguas Verdes, prácticamente una aglomeración urbana cortada por la línea internacional.

Más hacia el interior aparecen la sierra de Loja y Piura, y luego una frontera amazónica enormemente más aislada. El sector del Cenepa está al este de la Cordillera del Cóndor, en una zona de montañas abruptas, selva espesa, lluvias, ríos y comunicaciones extremadamente difíciles. No debe imaginarse como una llanura donde era sencillo marcar una línea con alambrados: durante décadas hubo lugares a los que sólo se podía acceder por helicóptero, río o largas marchas. (Proyectos INEI)

La frontera estaba delimitada jurídicamente, es decir, existían tratados y criterios para establecer por dónde debía pasar. Pero una sección no estaba demarcada materialmente, es decir, faltaban hitos colocados y verificados sobre el terreno. Esa diferencia entre delimitación y demarcación fue el espacio donde crecieron las interpretaciones nacionales rivales.

El origen remoto del problema

Perú y Ecuador heredaron de la disolución del Imperio español límites administrativos imprecisos. Durante los siglos XIX y XX cada Estado desarrolló mapas, documentos históricos y doctrinas jurídicas diferentes sobre sus territorios amazónicos.

El conflicto más importante anterior al Cenepa fue la guerra de 1941. Su desenlace condujo al Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro de 1942, garantizado por Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos. El tratado estableció el marco de la frontera y se colocó la mayor parte de los hitos. Sin embargo, los trabajos quedaron paralizados en un sector de aproximadamente 78 kilómetros en la Cordillera del Cóndor, debido a diferencias sobre la geografía real y la manera de ejecutar la línea establecida. (congreso.gob.pe)

Ecuador sostuvo durante décadas que el Protocolo resultaba inejecutable en ese sector y mantuvo una reivindicación amazónica. Perú consideraba que el tratado era plenamente válido y que sólo restaba completar físicamente la demarcación. Hubo choques anteriores, especialmente en Paquisha en 1981, pero el episodio decisivo fue la guerra del Cenepa de 1995.
 

 

La guerra del Cenepa

Los combates comenzaron en enero de 1995 alrededor de posiciones militares ubicadas en la cuenca alta del río Cenepa. Fue una guerra limitada geográficamente, librada por destacamentos relativamente pequeños, pero empleó artillería, helicópteros, aviación, fuerzas especiales, minas y sistemas antiaéreos.

No hubo una declaración formal de guerra ni ataques generalizados contra las principales ciudades. Sin embargo, el enfrentamiento fue militarmente serio y demostró que los dos países podían escalar hacia una guerra mucho mayor. La dificultad del terreno también produjo una situación confusa: ambos gobiernos difundían mapas, coordenadas y partes militares contradictorios, mientras lugares como Tiwinza adquirían un valor simbólico muy superior a su importancia económica.

El resultado estrictamente militar fue ambiguo. Ecuador pudo presentar el desempeño de sus fuerzas como una victoria defensiva y Perú sostuvo que había preservado su soberanía. Ninguno logró transformar el combate en una solución política unilateral. Precisamente por eso, la salida dependió de los cuatro garantes del Protocolo de Río: Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos.

Cómo terminó diplomáticamente la guerra

El final no fue un único tratado firmado inmediatamente después del último disparo, sino un proceso de tres años.

Primera etapa, febrero de 1995. La Declaración de Paz de Itamaraty, suscrita el 17 de febrero, consolidó el cese del fuego, dispuso la separación de las fuerzas y aceptó una misión internacional de observación. Aun después de esa declaración se produjeron incidentes, por lo que fue necesario reafirmar el cese del fuego y establecer una zona desmilitarizada. (peacemaker.un.org)

Segunda etapa, 1995-1998. La Misión de Observadores Militares Ecuador-Perú, conocida como MOMEP, supervisó la retirada y separación de los ejércitos. Participaron militares de Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos, mientras diplomáticos de esos mismos países acompañaban las negociaciones. La MOMEP fue decisiva porque redujo el riesgo de que una patrulla, una posición militar o una acusación mutua reanudara la guerra. (oas.org)

Tercera etapa, 1998. Como las negociaciones volvieron a trabarse, Perú y Ecuador aceptaron que los cuatro países garantes formularan una solución obligatoria dentro del marco del Protocolo de Río. Los garantes emitieron su parecer y, el 26 de octubre de 1998, Alberto Fujimori y Jamil Mahuad firmaron el Acta Presidencial de Brasilia. El acuerdo declaró resueltas de manera global y definitiva las diferencias y vinculó la solución fronteriza con comercio, navegación, desarrollo territorial, infraestructura y cooperación. (peacemaker.un.org)

Ésa fue una característica inteligente del arreglo: no se limitó a decir dónde pasaba la frontera. Transformó la paz en un paquete donde ambos gobiernos podían mostrar beneficios internos.

 

¿Quién obtuvo qué?

En el aspecto territorial central, prevaleció el marco jurídico defendido por Perú. La zona disputada de la Cordillera del Cóndor quedó reconocida bajo soberanía peruana y la demarcación se realizó de acuerdo con el Protocolo de 1942 y sus instrumentos complementarios.

Pero se creó una fórmula simbólica para Tiwinza. Perú otorgó al Estado ecuatoriano la propiedad privada —no la soberanía— de un terreno de un kilómetro cuadrado dentro del territorio peruano, destinado a actos conmemorativos y no militares. Ecuador obtuvo así un lugar donde recordar a sus combatientes; Perú conservó jurisdicción, soberanía y continuidad territorial.

Tiwinza, por lo tanto, no es un enclave ecuatoriano, no pertenece soberanamente a Ecuador y no interrumpe la frontera peruana. Se parece más a una propiedad estatal extranjera sometida a la legislación y soberanía del país donde se encuentra. La ambigüedad simbólica permitió que ambas dirigencias presentaran el acuerdo ante sociedades que todavía interpretaban el conflicto en términos de victoria y derrota. (congreso.gob.pe)

¿Los límites quedaron bien demarcados?

Sí. Desde el punto de vista jurídico y cartográfico, la cuestión territorial quedó resuelta.

Los trabajos de demarcación terrestre concluyeron el 13 de mayo de 1999, con la firma del acta de clausura en la confluencia de los ríos Yaupi y Santiago. La documentación de ese acto describe los hitos del sector oriental y deja constancia de que fueron colocados conforme al Protocolo de Río y a los acuerdos de Brasilia. (congreso.gob.pe)

Eso no significa que los 1.529 kilómetros estén señalizados como una frontera urbana. En áreas selváticas, los hitos necesitan verificación, mantenimiento y actualización de coordenadas; los ríos pueden modificar sus cauces; las minas antipersonales dejaron zonas peligrosas; y existen pasos informales utilizados por pobladores, contrabandistas, mineros y grupos criminales. Son problemas de administración de una frontera reconocida, no una controversia sobre dónde debe estar la frontera.

También quedó solucionado el límite marítimo. En 2011, ambos países intercambiaron notas diplomáticas que establecieron una línea de 200 millas náuticas, incorporaron un mapa común y registraron el acuerdo ante las Naciones Unidas. El tratado entró en vigor el 20 de mayo de 2011.

Por consiguiente, no queda pendiente una «segunda Cenepa» marítima o terrestre. Pueden existir disputas administrativas, ambientales o comerciales, pero no una frontera internacional jurídicamente abierta.

El comercio: de frontera militar a corredor económico

La guerra afectó inevitablemente el comercio local, la movilidad y la confianza empresarial en la zona fronteriza. Sin embargo, el efecto económico más visible no fue una caída permanente causada por la guerra, sino el crecimiento posterior facilitado por la paz.

En 1998, el intercambio comercial bilateral rondaba los 300 millones de dólares. En 2024 alcanzó aproximadamente 2.595 millones, un aumento nominal del 765%. Para enero-septiembre de 2025 ya acumulaba 1.770 millones de dólares. Ecuador se convirtió en el principal socio comercial de Perú dentro de la Comunidad Andina, mientras el mercado peruano adquirió gran importancia para las manufacturas y exportaciones ecuatorianas. (Gobierno del Perú)

No corresponde atribuir todo ese crecimiento al acuerdo de paz. También influyeron la expansión de ambas economías, la Comunidad Andina, la eliminación de aranceles, la mejora del transporte y el crecimiento demográfico. Pero la paz eliminó un obstáculo central: ninguna empresa construye cadenas logísticas estables si las rutas pueden cerrarse por una movilización militar.

El paquete de 1998 incluyó un convenio para acelerar y profundizar el libre comercio, normas de tránsito de personas y vehículos y una estructura de promoción de inversiones fronterizas. Se crearon además comités y centros binacionales para evitar que cada camión o viajero debiera atravesar dos sistemas administrativos completamente desconectados. (comunidadandina.org)

La relación comercial tampoco carece de fricciones. Aparecen restricciones sanitarias, controles fitosanitarios, demoras aduaneras, contrabando y discusiones sobre determinados productos agrícolas. En 2025, por ejemplo, ambos gobiernos negociaron la reapertura del mercado ecuatoriano a la cebolla peruana y continuaron discutiendo el acceso de arroz y otros productos. Son conflictos normales dentro de una relación comercial densa, no síntomas de una ruptura diplomática. (Gobierno del Perú)

El avance diplomático después de 1998

La mayor transformación consistió en pasar de una diplomacia obsesionada con mapas y soberanía a una diplomacia orientada hacia la gestión conjunta.

Se estableció la Comisión de Vecindad, el Plan Binacional de Desarrollo de la Región Fronteriza, comités territoriales, mecanismos militares y policiales y encuentros presidenciales con gabinetes binacionales. Estos gabinetes reúnen simultáneamente a los presidentes y ministros de ambos países y producen planes con compromisos concretos en salud, educación, rutas, energía, seguridad, ambiente y comercio.

Para diciembre de 2025 ya se había celebrado el XVI Gabinete Binacional. Allí se adoptaron la Declaración y el Plan de Acción de Quito para 2025-2026, con énfasis en delincuencia organizada, narcotráfico, armas, minería ilegal, infraestructura, turismo y recuperación ambiental de la cuenca Puyango-Tumbes. (Gobierno del Perú)

Esto muestra hasta dónde cambió la relación. En 1995, el problema eran soldados peruanos y ecuatorianos disputando posiciones en la selva. En 2026, los dos Estados intentan coordinar a sus fuerzas para impedir que mineros ilegales, narcotraficantes y traficantes de armas utilicen esa misma selva.

Los problemas que todavía generan tensión

El principal desafío contemporáneo es la debilidad estatal en algunos sectores fronterizos. Las amenazas ya no proceden del ejército vecino, sino de actores no estatales que cruzan la frontera y aprovechan las diferencias regulatorias.

La minería ilegal puede operar de un lado, transportar insumos desde el otro y contaminar ríos que atraviesan ambos países. El narcotráfico utiliza caminos selváticos, puertos y pasos clandestinos. El contrabando aprovecha diferencias de precios e impuestos. La trata de personas y la migración irregular obligan a coordinar controles. La circulación de explosivos y armas puede vincular la minería ilegal con organizaciones criminales.

La cuenca Puyango-Tumbes constituye otro punto sensible. Actividades mineras desarrolladas aguas arriba en Ecuador pueden afectar la calidad del agua utilizada aguas abajo en Perú. El tema genera reclamos locales, pero ambos gobiernos lo están tratando mediante una hoja de ruta, una secretaría técnica y la proyectada creación de un comité binacional de cuenca. (Gobierno del Perú)

Estas cuestiones pueden producir acusaciones, cierres temporales, protestas o incidentes policiales. Sin embargo, paradójicamente, también generan incentivos para una cooperación más estrecha: ningún país puede resolver unilateralmente un río contaminado o una red criminal que opera a ambos lados.

¿Qué posibilidades hay de un nuevo conflicto armado?

La probabilidad de una guerra interestatal entre Perú y Ecuador es muy baja.

La primera razón es jurídica: no existe una reclamación territorial oficial pendiente. La segunda es material: la frontera terrestre está demarcada y la marítima acordada. La tercera es institucional: hay comisiones, gabinetes, contactos militares y mecanismos para gestionar incidentes. La cuarta es económica: el comercio, el turismo y las inversiones aumentan el costo de una ruptura. La quinta es política: ninguna fuerza importante de gobierno en Perú o Ecuador sostiene actualmente un programa para revisar el acuerdo de 1998.

Esta valoración no significa que el riesgo sea literalmente cero. Podría producirse un choque localizado entre patrullas, una persecución transfronteriza mal coordinada, una incursión vinculada con minería ilegal o una crisis diplomática por contaminación, migrantes o delincuencia. Pero lo más probable es que un incidente de ese tipo se canalice mediante cancillerías, mandos militares y comisiones fronterizas antes de transformarse en una confrontación entre Estados.

El mayor peligro en la frontera ya no es una guerra Perú contra Ecuador, sino una violencia transnacional que obligue a Perú y Ecuador a actuar juntos. Los acuerdos de 2024, 2025 y 2026 colocan precisamente al crimen organizado, el tráfico de armas, la minería ilegal y el narcotráfico en el centro de la cooperación bilateral. (El Peruano)

Balance

El proceso peruano-ecuatoriano es uno de los casos más exitosos de resolución de conflictos territoriales en América Latina. No porque haya borrado las memorias nacionales —en Ecuador y Perú todavía existen narraciones divergentes sobre quién ganó militarmente el Cenepa—, sino porque consiguió separar esas memorias de la política exterior cotidiana.

Perú obtuvo el reconocimiento definitivo de la línea fronteriza que defendía. Ecuador obtuvo una salida honorable, el símbolo de Tiwinza, garantías de navegación, integración fronteriza e inversiones. Los garantes proporcionaron una fórmula jurídicamente obligatoria y una presencia militar que evitó la reanudación de las hostilidades. Finalmente, el comercio y la cooperación convirtieron una frontera concebida como línea defensiva en un espacio de circulación.

La síntesis sería ésta: el Cenepa terminó militarmente sin un vencedor indiscutible, pero diplomáticamente terminó con una frontera aceptada; desde entonces, la relación avanzó mucho más de lo que retrocedió, y una nueva guerra territorial resulta hoy altamente improbable.

lunes, 27 de julio de 2026

Familia nuclear: La base del Occidente cristiano

La Familia Nuclear es una Tecnología de la Civilización Occidental






La Familia Nuclear es una Tecnología de la Civilización Occidental – Por lo Tanto, Debe Ser Destruida Junto con Todas las Otras.

La familia nuclear no es una unidad natural. Es una tecnología – la tecnología más exitosa de crianza de hijos, transmisión de riqueza y construcción de civilización jamás desarrollada. Y como toda otra tecnología occidental que funciona, está siendo actualmente desmantelada de manera sistemática.

1. Toda sociedad en la historia ha organizado la reproducción y la crianza de hijos de alguna manera. El clan oriental, la tribu, la red de lealtades – estas son las alternativas. Funcionan, hasta cierto punto, para las sociedades que operan con ellas. Producen una fuerte solidaridad interna y una feroz competencia externa. También generan nepotismo por encima de la meritocracia, lealtad por encima de la competencia, la red por encima del individuo. Las sociedades de baja confianza permanecen pequeñas y basadas en la familia – incapaces de construir las grandes instituciones, las corporaciones, el estado de derecho que requieren confianza entre extraños. La familia nuclear es la solución occidental: lo suficientemente pequeña para invertir al máximo en los hijos, lo suficientemente abierta para producir ciudadanos que puedan cooperar más allá del clan.

2. Es una tecnología en el sentido preciso: una solución a un problema, desarrollada a través de prueba y error durante milenios, codificando una sabiduría acumulada que no es inmediatamente visible para quienes la heredan. Alineó los incentivos con una precisión extraordinaria – el hombre invertía en hijos de los que estaba seguro que eran suyos, la mujer tenía un compañero comprometido para los años más vulnerables, los hijos tenían dos adultos con la máxima piel en el juego. Y crucialmente: introdujo un mercado libre para el apareamiento en lugar de matrimonio arreglado. Los individuos elegían a sus parejas – lo que significaba atracción, compatibilidad y compromiso genuino en lugar de negociación del clan. El vínculo humano más íntimo se incorporó al marco competitivo y meritocrático que produce todo lo demás que el Occidente hace bien.

3. El ataque sigue el patrón estándar. Reformular la tecnología como opresión. Celebrar las alternativas como liberación. Reestructurar los incentivos – sistemas de bienestar que reemplazan al esposo, sistemas legales que convierten el matrimonio en una responsabilidad para los hombres, sistemas culturales que se burlan del padre comprometido. Luego, ver cómo la institución se disuelve.

4. Los datos no son ambiguos. Los hijos criados por padres biológicos casados superan a los hijos de cualquier otro arreglo en todos los resultados medibles. Este es uno de los hallazgos más grandes y replicados en la ciencia social. La familia nuclear no es una elección de estilo de vida entre muchas opciones equivalentes. Es el arreglo que produce a los mejores seres humanos a escala. Lo que es precisamente por lo que tenía que desaparecer.

5. El daño más profundo no es medible. La familia nuclear fue el mecanismo principal de transmisión de la civilización – valores, hábitos, lenguaje, cultura e identidad pasados de una generación a la siguiente en el entorno más intensivo posible. Destruye este mecanismo de transmisión y no solo produces peores resultados para los individuos. Rompes la cadena. La antorcha no puede cambiar de manos si las manos han desaparecido.

6. El reemplazo es el estado. Cuando la familia se disuelve, el estado se expande para llenar las funciones que la familia realizaba. Esto no es una coincidencia. Es el diseño. Tocqueville lo describió: el despotismo suave que reemplaza todo vínculo horizontal con una dependencia vertical en el pastor gubernamental. La familia nuclear fue el vínculo horizontal principal. Su disolución es el prerrequisito para la dependencia vertical completa que el estado administrativo requiere.

7. La familia nuclear no es una preferencia conservadora o un requisito religioso. Defiéndela no porque sea tradicional. Defiéndela porque funciona – y porque lo que se ofrece en su lugar no lo hace. El clan y la tribu producen lealtad. El estado administrativo produce dependencia. La familia nuclear, con su mercado libre para el apareamiento y su inversión máxima en la próxima generación, produce ciudadanos. Eso es lo único que el sistema que la reemplaza no puede permitirse producir.

Es la tecnología que la gente que odia al Occidente cristiano (los no-cristianos) intentan y están teniendo éxito en demoler: sentir vergüenza de ser blanco, de creer en Dios, de amar a tu raza, de amar a tu clase social, de amar a tus costumbres, de amar a tu pueblo, de formar una familia, de ir a la iglesia, de tener tu sacerdote de apoyo moral, de compartir creencias y valores. Estamos a tiempo de mantener firme la tecnología social que nos hizo grandes como civilización.



domingo, 26 de julio de 2026

Inmigración universitaria hacia Argentina: Cuando los marrones se aguantan el asco

La emigración educativa universitaria hacia la Argentina

Por EMcL



La Argentina funciona como uno de los principales polos universitarios de América Latina. No recibe únicamente estudiantes de intercambio durante uno o dos semestres: atrae jóvenes que trasladan su residencia durante cinco, seis o más años para cursar carreras completas, especialmente Medicina, Odontología, Psicología, Ingeniería y otras profesiones liberales.



El fenómeno debe analizarse con cierta precisión. Las estadísticas universitarias suelen clasificar como “extranjero” a quien posee otra nacionalidad o nació fuera del país, pero eso no permite saber automáticamente si llegó exclusivamente para estudiar. Dentro de la misma categoría pueden aparecer un brasileño recién llegado para cursar Medicina, una paraguaya criada desde niña en la Argentina y un boliviano cuya familia reside y tributa aquí desde hace veinte años. Un informe de la Universidad Nacional de Lanús observó incluso que, en 2023, los extranjeros representaban el 4,2% de la matrícula universitaria de grado y pregrado, exactamente la misma proporción que las personas nacidas en el exterior dentro de la población argentina. Esa coincidencia no demuestra que no exista migración educativa, pero sí advierte contra la identificación automática entre “estudiante extranjero” y “visitante que nunca contribuyó al país”.

La dimensión del fenómeno

En 2023 había 108.889 estudiantes extranjeros de grado y pregrado en universidades argentinas. De ellos, 82.797 estudiaban en instituciones estatales y 26.092 en privadas. Representaban el 4,2% de la matrícula total de ese nivel: 4,1% en el sector público y 4,7% en el privado. No son, por lo tanto, una mayoría capaz de desplazar masivamente al alumnado argentino, pero tampoco constituyen un fenómeno insignificante: entre 2015 y 2023 su número se duplicó.

La concentración por disciplina es mucho mayor que el promedio general. En 2023, el 51,3% de los estudiantes extranjeros cursaba carreras pertenecientes a Ciencias de la Salud; otro 19% estudiaba Ciencias Aplicadas. En las universidades estatales, 42.539 extranjeros estaban inscriptos en carreras sanitarias. El problema fiscal y de capacidad, por consiguiente, no se distribuye homogéneamente: se concentra en facultades que necesitan laboratorios, instrumental, cadáveres para anatomía, simuladores, hospitales universitarios, prácticas clínicas y docentes especializados.

La UBA ocupa una posición extraordinaria. En 2023 tenía 38.185 estudiantes extranjeros de grado y pregrado sobre 326.421 alumnos. Esto significa, por simple comparación con los 82.797 extranjeros de todo el sector estatal, que alrededor del 46% de la matrícula extranjera de las universidades públicas se concentraba en una sola institución. En 2024, los extranjeros representaban el 28% de los estudiantes de Medicina de la UBA, el 18,1% de Odontología y el 9,4% de Ingeniería. En la UNLP, el promedio extranjero era de aproximadamente 7%, pero ascendía al 23% en Ciencias Médicas. (Argentina)

El sistema, por lo tanto, no está igualmente expuesto. El fenómeno es mucho más visible en Buenos Aires y La Plata, y luego en polos universitarios como Córdoba, Rosario y Mendoza. En las provincias limítrofes existe además una migración de proximidad: paraguayos hacia Misiones, Corrientes, Formosa y el área metropolitana. Bolivianos hacia Jujuy, Salta, Tucumán, Córdoba y Buenos Aires. Chilenos hacia Mendoza, San Juan, Neuquén y las grandes universidades centrales. Brasileños, en cambio, suelen desplazarse grandes distancias y muestran una fuerte concentración en Medicina.


De dónde vienen

La movilidad es fundamentalmente sudamericana. En los datos detallados de 2021, el 95,9% de los estudiantes internacionales procedía de países americanos. Dentro de las universidades estatales, los principales orígenes eran Perú, con 19%; Brasil, 18%; Paraguay, 13%; Bolivia, 12%; Venezuela y Colombia, 10% cada uno; Chile, 7%; y Ecuador, 5%. En las universidades privadas, Brasil alcanzaba el 35%, debido en gran medida a los estudiantes de Medicina. (LA NACION)

Cada corriente tiene una lógica diferente. Los brasileños responden especialmente a la combinación entre el elevado costo de Medicina privada en Brasil, la fuerte selección para ingresar en las universidades públicas y la existencia de una industria de agencias que organiza residencia, documentación y preparación lingüística en la Argentina. Los peruanos y ecuatorianos enfrentan sistemas públicos con exámenes de admisión, cupos y una oferta privada que puede representar un esfuerzo financiero considerable. Los paraguayos y bolivianos agregan cercanía geográfica, redes familiares preexistentes y afinidad cultural. Los colombianos tienen especial peso en posgrados. Los chilenos son menos numerosos, pero históricamente fueron atraídos por la diferencia entre el arancelamiento chileno y la gratuidad argentina.

Por qué vienen a estudiar aquí

La atracción argentina no se explica únicamente porque “la universidad es gratis”. Es el resultado conjunto de precio, acceso, reputación, idioma, amplitud de la oferta y facilidad migratoria.

La diferencia de acceso

En muchas universidades nacionales argentinas no existe un examen nacional competitivo ni un número predeterminado de vacantes. Puede haber ciclos de ingreso, cursos nivelatorios, CBC, exámenes de conocimientos o requisitos internos, pero no opera un sistema nacional que ordene a todos los aspirantes y entregue una cantidad limitada de plazas.

Brasil ofrece una comparación útil. Sus universidades públicas también son gratuitas, de modo que sería falso afirmar que toda la región cobra y solamente la Argentina no. Sin embargo, el acceso brasileño se articula principalmente mediante el ENEM y el Sistema de Selección Unificada, que distribuye vacantes limitadas según los puntajes obtenidos. Quien no logra ingresar debe volver a competir o recurrir al amplio sector privado. (Serviços e Informações do Brasil)

En Paraguay existe desde 2020 un régimen de “arancel cero” en las universidades públicas, pero el beneficio está sujeto a condiciones, solicitudes y categorías de estudiantes; además, muchas facultades mantienen procesos de admisión competitivos. En Uruguay, la Universidad de la República ofrece más de 140 carreras abiertas y gratuitas. Por eso Uruguay genera menos presión migratoria hacia la Argentina por razones estrictamente arancelarias: un uruguayo puede acceder a un sistema público bastante semejante en su propio país. (UNA Ingeniería)

La verdadera excepcionalidad argentina no es solamente la gratuidad, sino la combinación de gratuidad amplia, gran cantidad de universidades, diversidad disciplinaria y acceso relativamente abierto.

La diferencia de costos familiares

Chile y Colombia representan modelos con fuerte participación de los hogares en el financiamiento universitario. Según el BID, las familias financiaban aproximadamente el 57% del gasto en educación superior chilena y el 68% del colombiano. Ambos países poseen becas, créditos y programas de gratuidad, pero éstos no eliminan el costo para todas las familias ni garantizan automáticamente el acceso de cualquier estudiante a cualquier institución.

Un estudio comparativo del BID sobre Chile, Perú, Colombia y Costa Rica concluyó que los aranceles, la vivienda, el transporte, los materiales y la manutención pueden absorber una proporción muy elevada del ingreso familiar. En Chile, incluso después de considerar becas y gratuidad, los mecanismos de apoyo cubrían aproximadamente entre 50% y 57% del gasto total de un estudiante universitario promedio, porque vivir, transportarse y mantenerse también cuesta.

La Argentina elimina o reduce drásticamente uno de esos componentes: el arancel de grado. Esto puede volver atractivo al país incluso cuando Buenos Aires ya no sea particularmente barata en dólares. El costo de vida argentino es cíclico: durante una devaluación resulta muy conveniente para quien recibe remesas; después de una apreciación cambiaria puede encarecerse. La ventaja estructural más estable no es el alquiler ni la comida, sino el acceso a una carrera prestigiosa sin pagar la matrícula completa que exigiría una universidad privada en el país de origen.

El prestigio y la amplitud académica

La Argentina posee universidades grandes, históricas y reconocidas regionalmente. En Medicina, Psicología, Derecho, Ciencias Sociales, Arquitectura, Artes y varias ramas científicas existe una oferta mucho más amplia que la disponible en países pequeños. Para una familia paraguaya, boliviana o ecuatoriana, estudiar en Buenos Aires, Córdoba o La Plata puede representar una credencial regionalmente prestigiosa sin tener que afrontar el costo y la distancia de Europa o Estados Unidos.

También pesan el idioma, la proximidad aérea y terrestre, calendarios académicos semejantes y una cultura relativamente receptiva a la inmigración latinoamericana. Para un peruano o paraguayo, la adaptación lingüística y social es mucho menor que en un destino anglosajón. Para un brasileño, el idioma constituye una barrera inicial, pero no tan grande como para neutralizar el ahorro potencial en una carrera como Medicina. (LA NACION)

Qué gana la sociedad argentina

La respuesta correcta es: puede ganar bastante, pero las ganancias no son automáticas y no siempre recaen sobre quien paga el costo.

Consumo y actividad económica

Un estudiante extranjero alquila una vivienda, compra alimentos, utiliza transporte, contrata telefonía, adquiere libros y equipamiento, sale a comer y recibe visitas familiares. Parte de esos recursos proviene de remesas del exterior y entra en la economía argentina. Además, paga IVA y otros impuestos incorporados en cada consumo, aunque no haya tributado previamente impuesto a las ganancias o aportes laborales.

El beneficio se concentra especialmente en ciudades universitarias. Propietarios, residencias, supermercados, bares, librerías, academias de español, gestores migratorios y empresas de transporte capturan una demanda adicional. En las universidades privadas, el efecto fiscal es generalmente más favorable porque el estudiante paga un arancel y, además, consume localmente.

Aprovechamiento de capacidad existente

Una universidad tiene elevados costos fijos: edificios, bibliotecas, profesores, rectorados, sistemas administrativos y servicios informáticos. Incorporar un alumno más a una clase teórica de 150 personas puede costar muy poco mientras haya lugar disponible. El error más habitual del debate consiste en tomar el presupuesto total de una universidad, dividirlo por el número de alumnos y afirmar que cada extranjero genera exactamente ese “costo promedio”. Eso confunde costo medio con costo marginal.

Pero el razonamiento contrario también sería equivocado. Cuando el aula está saturada, hacen falta nuevas comisiones. Cuando se trata de Medicina, Odontología, Bioquímica o Ingeniería, el estudiante adicional consume insumos, prácticas, espacio de laboratorio y horas docentes. El costo marginal puede ser bajo en una materia teórica y elevado en una rotación hospitalaria. Por eso no tiene sentido asignar el mismo valor fiscal a un estudiante de Historia y a uno de Odontología.

Incorporación de capital humano

La ganancia más importante aparece cuando el graduado permanece en el país. La Argentina recibe a una persona que completó su educación primaria y secundaria a costa de otra sociedad, financia solamente su etapa universitaria y obtiene después un médico, ingeniero, investigador o empresario que trabaja, paga impuestos y forma una familia aquí.

Desde una perspectiva de capital humano, ésta puede ser una operación muy favorable. El país de origen pagó los primeros doce años de formación; la Argentina aporta la etapa superior y se queda con la vida laboral del profesional. El problema es que no existe una política sistemática para retener a los mejores graduados internacionales ni información pública suficientemente detallada sobre cuántos permanecen, cuánto trabajan formalmente y cuánto terminan tributando.

Internacionalización y poder blando

Los graduados que regresan tampoco dejan necesariamente un beneficio igual a cero. Un médico brasileño formado en Córdoba, un diplomático paraguayo graduado en Buenos Aires o un empresario peruano egresado de La Plata conservan vínculos profesionales, afectivos y comerciales con la Argentina. Esas redes pueden favorecer negocios, cooperación científica, circulación cultural y afinidad política.

Este efecto es real, pero difícil de monetizar. Constituye una forma de poder blando: la Argentina proyecta su idioma, su tradición universitaria, sus ideas jurídicas, médicas y sociales y sus redes profesionales sobre las elites técnicas de países vecinos. El problema económico es determinar cuánto vale ese beneficio y si justifica subsidiar por completo cualquier carrera, para cualquier estudiante y sin condiciones.

La asimetría de costos y beneficios

Aquí está el núcleo del problema.

La primera asimetría es fiscal. El costo universitario es financiado por el presupuesto nacional y, por lo tanto, por contribuyentes distribuidos en todo el país. Sin embargo, buena parte del beneficio comercial inmediato queda en Buenos Aires, La Plata, Córdoba o Rosario, especialmente en propietarios e intermediarios privados.

La segunda es temporal. La sociedad argentina paga durante los años de estudio. El beneficio fiscal aparece más tarde y solamente si el graduado permanece, consigue empleo formal y tributa. Si vuelve inmediatamente a su país, Argentina soporta el costo presente y el país de origen recibe el capital humano terminado.

La tercera es sectorial. El Ministerio de Educación y las universidades afrontan la formación, mientras que comercios, inmobiliarias y servicios capturan gran parte del gasto estudiantil. Quien paga no coincide necesariamente con quien cobra.

La cuarta es disciplinaria. En una carrera masiva y teórica, el costo incremental puede ser reducido. En Medicina, Odontología o carreras experimentales, la formación adicional puede exigir infraestructura escasa y desplazar horas de prácticas que también necesitan los alumnos argentinos.

La quinta es migratoria. No es lo mismo un residente paraguayo que vive desde hace quince años en Formosa, trabaja, tiene hijos argentinos y decide estudiar Enfermería, que una persona llegada con residencia temporaria exclusivamente para cursar seis años y regresar. Tratar ambos casos como idénticos es económicamente incorrecto y políticamente injusto.

Cuándo el saldo es positivo y cuándo puede ser negativo

Para un estudiante de una universidad privada, el resultado suele ser fiscalmente neutro o positivo: paga su formación, consume en el país y genera actividad económica.

Para un extranjero radicado de manera permanente, la discusión no difiere demasiado de la correspondiente a un argentino. Vive aquí, paga impuestos directos e indirectos y probablemente desarrollará su carrera en el país.

Para un estudiante temporario de una universidad pública, el resultado depende de cuatro variables: el costo marginal de su carrera. El volumen de gasto que trae del exterior. La probabilidad de que permanezca después de graduarse. El valor que se asigne a las redes y a la influencia internacional generadas.

El caso más desfavorable para la Argentina es claro: un estudiante temporal cursa gratuitamente una carrera de alto costo, utiliza infraestructura clínica escasa, recibe el título y regresa inmediatamente a un país que no aportó al financiamiento. Allí se produce una transferencia neta desde el contribuyente argentino hacia la sociedad de origen.

El caso más favorable también es claro: el estudiante ocupa capacidad ociosa, trae recursos familiares del exterior, se gradúa, permanece en la Argentina, cubre una profesión escasa, crea una empresa y paga impuestos durante treinta años. En ese escenario, el subsidio universitario inicial puede generar un rendimiento social muy elevado.

El cambio legal de 2025

Desde mayo de 2025, el Decreto 366 modificó la Ley de Educación Superior. La gratuidad quedó garantizada para los ciudadanos argentinos y para los extranjeros con residencia permanente. Las universidades estatales quedaron habilitadas —no obligadas— a cobrar por los servicios educativos a quienes no estén comprendidos en esas categorías. También pueden conceder becas o establecer excepciones mediante sus estatutos y convenios internacionales. (Argentina)

Esto significa que no existe un arancel nacional uniforme para extranjeros. Cada universidad puede decidir si cobra, a quién, cuánto y bajo qué condiciones, en ejercicio de su autonomía. El Gobierno explicitó que la medida no impone el cobro, sino que deja la decisión en manos de las instituciones. (Argentina)

El nuevo régimen intenta corregir la asimetría fiscal, pero tiene problemas. Puede generar universidades gratuitas y aranceladas coexistiendo dentro del mismo sistema. Puede incentivar que los estudiantes elijan instituciones que no cobren. Puede empujar a algunos a tramitar una residencia permanente antes de comenzar. Y puede resultar difícil calcular un arancel técnicamente razonable si no se conoce el costo marginal por carrera.

Una política racional

La alternativa más eficiente no parece ser ni la gratuidad indiscriminada ni el cobro pleno y uniforme.

Un diseño razonable debería distinguir al inmigrante radicado del estudiante temporal. Debería calcular aranceles según el costo marginal de cada disciplina, no dividir mecánicamente todo el presupuesto universitario por la matrícula. Debería mantener becas para estudiantes sobresalientes y para áreas estratégicas. Podría establecer convenios de cofinanciamiento con los países de origen. Podría ofrecer reducción o condonación del arancel a quienes trabajen algunos años en la Argentina después de graduarse. Y, sobre todo, debería producir estadísticas sobre residencia, graduación, permanencia laboral y contribución tributaria.

Balance

La emigración educativa hacia la Argentina no es simplemente un saqueo de recursos públicos, porque los estudiantes consumen, pagan impuestos indirectos, enriquecen las universidades y algunos permanecen como profesionales. Pero tampoco es correcto afirmar que siempre constituye un negocio beneficioso: cuando la formación pública es costosa y el graduado regresa inmediatamente, la sociedad argentina subsidia la acumulación de capital humano de otro país.

La cuestión central no es la nacionalidad, sino el contrato implícito. ¿Argentina está formando futuros habitantes y contribuyentes, exportando influencia regional o regalando una credencial costosa sin recibir una contraprestación proporcional? La respuesta varía según el estudiante, la carrera y su trayectoria posterior. El gran déficit argentino es que, hasta ahora, el sistema ha discutido el tema ideológicamente sin medir de manera suficiente esas tres posibilidades.



sábado, 25 de julio de 2026

Chile: Política y desigualdades en el Norte

Política interna del norte chileno

 EMcL (c)

La política del norte chileno no se entiende bien si se la reduce a una simple disputa entre izquierda y derecha. Su dinámica está determinada por una combinación particular de economía extractiva, centralismo santiaguino, frontera, migración, identidad regional y desconfianza hacia los partidos tradicionales.

Además, conviene distinguir el Norte Grande —Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta— del Norte Chico, principalmente Atacama y Coquimbo. Comparten ciertos problemas, pero no forman un bloque político homogéneo. Todos territorios apropiados a Perú y Bolivia.

El eje central: riqueza minera y sensación de abandono

La contradicción política fundamental es bastante evidente: el norte produce una parte decisiva de la riqueza chilena, pero buena parte de sus habitantes considera que esa riqueza no se traduce proporcionalmente en infraestructura, vivienda, hospitales, seguridad, transporte urbano o calidad ambiental.

La minería representaba en 2023 aproximadamente el 52,6% del PIB regional de Antofagasta, el 32,8% del de Atacama y el 28,9% del de Tarapacá. En 2024, Antofagasta fue además una de las regiones de mayor crecimiento del país, con una expansión del 7,3%, impulsada principalmente por el cobre, el litio y otras actividades mineras. (Biblioteca del Congreso Chile)

De allí surge un regionalismo que podría resumirse así:

“El norte produce, pero Santiago recauda, decide y distribuye”.

No necesariamente es separatismo ni federalismo doctrinario. Es más bien una demanda por retención territorial de rentas, compensaciones ambientales, inversión pública visible y mayor capacidad de decisión regional.

El royalty minero comenzó a modificar parcialmente ese cuadro mediante fondos para gobiernos regionales, comunas mineras y municipios con menores ingresos. También se contemplaron recursos específicos para infraestructura productiva entre Arica y Coquimbo. Sin embargo, incluso la política oficial de descentralización reconoce que las regiones extractivas siguen soportando externalidades ambientales, sanitarias y urbanas que no siempre son compensadas adecuadamente. (Subdere)

Una institucionalidad regional todavía ambigua

Chile creó gobernadores regionales elegidos directamente, pero no eliminó el control político del gobierno central. Actualmente conviven dos autoridades:

El gobernador regional, elegido por la población, conduce el gobierno regional y administra políticas de desarrollo e inversión.

El delegado presidencial regional, designado por el presidente, conserva el gobierno interior, el orden público, la coordinación estatal, la seguridad y buena parte de las cuestiones migratorias. (Biblioteca del Congreso Chile)

En el norte esta división es especialmente problemática. Cuando aparecen dificultades fronterizas, ocupaciones, campamentos, delincuencia organizada o crisis migratorias, el gobernador puede reclamar medidas, pero las herramientas policiales y de control territorial dependen principalmente del delegado presidencial y de los ministerios nacionales.

Esto produce una dinámica de doble legitimidad:

  • El gobernador afirma representar a la región frente a Santiago.

  • El delegado representa a Santiago dentro de la región.

  • Los alcaldes reclaman que ninguno de los dos resuelve con suficiente rapidez.

Por eso los gobernadores norteños tienden a construir un discurso regional, incluso cuando pertenecen a partidos nacionales.

Frontera, migración y seguridad

En Arica, Tarapacá y, en menor medida, Antofagasta, la política está fuertemente condicionada por la condición fronteriza. Allí convergen migración regular e irregular, pasos no habilitados, comercio transfronterizo, contrabando, transporte, narcotráfico y una economía informal que no puede separarse completamente de la vida cotidiana.

Antofagasta concentraba en 2023 unas 128.744 personas extranjeras residentes, el 6,7% del total nacional; de ellas, alrededor de 13.664 se encontraban en situación migratoria irregular. El Censo 2024 volvió a mostrar a Antofagasta como la segunda región del país con mayor concentración de población nacida fuera de Chile. (INE)

Esto ha desplazado el debate regional. La discusión ya no es solamente cuánto debe invertir el Estado, sino también:

  • quién controla la frontera;

  • cómo se distribuyen los costos de la migración;

  • qué municipios deben financiar salud, educación y vivienda;

  • cómo se combate al crimen organizado sin convertir al migrante en enemigo colectivo.

En términos electorales, seguridad y migración han ganado centralidad. Pero sería incorrecto interpretar esto simplemente como una “derechización”. Muchos votantes norteños combinan posiciones que, desde Santiago, parecen contradictorias: reclaman fronteras más controladas, pero también mayor gasto público, royalty regional, vivienda social y protección laboral.

Del norte obrero al norte antiestablishment

El norte chileno posee una fuerte tradición obrera y sindical: salitre, cobre, puertos, ferrocarriles y grandes campamentos mineros. Esa historia favoreció durante décadas a socialistas, comunistas, radicales y dirigentes sindicales.

Sin embargo, la actual estructura laboral es diferente. Junto al trabajador sindicalizado de una gran minera existen contratistas y subcontratistas; pequeños empresarios proveedores; trabajadores por turnos; empleados que viven en otra región; comerciantes informales; transportistas; profesionales mineros de ingresos relativamente altos; población urbana instalada en campamentos o periferias precarias.

Ese mundo fragmentado debilitó la antigua identificación automática entre trabajador minero e izquierda. El resultado es un electorado económicamente heterogéneo, digitalizado, desconfiado y muy volátil.

La expresión más clara ha sido Franco Parisi y el Partido de la Gente. Ya en 2021 Parisi había construido una base particularmente fuerte en el norte. En la primera vuelta presidencial de 2025 volvió a dominar buena parte de ese territorio y alcanzó, por ejemplo, aproximadamente el 35% en Antofagasta. Su electorado ha sido caracterizado por su distancia de la política tradicional, su fuerte presencia masculina y laboral, y su combinación de discurso promercado, regionalista, antipolítico y favorable a políticas más severas de seguridad. (El País)

Más que una adhesión ideológica coherente, el fenómeno expresa una especie de populismo regional-productivista:

“Trabajamos, producimos, pagamos impuestos y la clase política no nos devuelve servicios ni seguridad”.

El peso de los liderazgos locales

Las elecciones regionales de 2024 mostraron que las marcas partidarias nacionales no controlan completamente el territorio. En Arica y Parinacota, Diego Paco derrotó al gobernador Jorge Díaz; en Antofagasta, Ricardo Díaz logró reelegirse en una competencia estrecha; en Atacama, Miguel Vargas también retuvo la gobernación; y en Coquimbo, Cristóbal Juliá obtuvo una victoria amplia. (Servicio Electoral de Chile)

El patrón importante no es sólo quién ganó, sino que los votantes norteños parecen valorar:

  • la presencia territorial;

  • la capacidad de negociar recursos con Santiago;

  • la gestión municipal o regional previa;

  • la autonomía respecto de las directivas partidarias;

  • la imagen personal del candidato.

Por eso abundan independientes, exmilitantes, alianzas transversales y dirigentes que cambian de coalición sin perder necesariamente su base electoral.

Las diferencias dentro del norte

Arica y Parinacota tiene una política de frontera. Pesan la relación con Perú y Bolivia, la seguridad, la migración, el comercio, la agricultura de los valles y la presencia aymara. Existe una sensibilidad muy fuerte respecto de la presencia efectiva del Estado.

Tarapacá combina Iquique, Alto Hospicio, la ZOFRI, minería, logística y frontera. Alto Hospicio concentra problemas de vivienda, expansión urbana, seguridad y servicios públicos. Es probablemente uno de los territorios donde el voto de protesta y la antipolítica encuentran mejores condiciones.

Antofagasta representa la gran paradoja minera: salarios elevados y enorme generación de riqueza junto con vivienda cara, segregación urbana, campamentos, déficit de servicios y fuertes impactos ambientales. Allí la política regionalista y el voto de clase media minera tienen especial peso.

Atacama posee una identidad minera más ligada a Copiapó, Vallenar y las comunas productoras. El agua, la pequeña y mediana minería, los proyectos de inversión y la relación entre empresas y comunidades resultan centrales.

Coquimbo es más diversificada. Combina minería, agricultura, pesca, turismo, servicios y una mayor vinculación funcional con la zona central. Su política se parece menos a la frontera norteña y más a una competencia entre ciudades, municipios, sectores productivos y liderazgos regionales.

Pueblos originarios y conflictos ambientales

La presencia aymara, quechua, atacameña o lickanantay, diaguita y de otras comunidades introduce una dimensión adicional. Sus reivindicaciones no se organizan únicamente alrededor de autonomía cultural, sino también de:

  • propiedad y uso del agua;

  • salares y explotación de litio;

  • protección de territorios;

  • consulta indígena;

  • caminos, conectividad y servicios;

  • distribución de beneficios mineros.

Sin embargo, el voto indígena tampoco constituye un bloque uniforme. Algunas comunidades se vinculan con la izquierda ambientalista; otras negocian pragmáticamente con empresas y autoridades; otras adoptan posiciones conservadoras en cuestiones sociales y comunitarias.

La síntesis

La política norteña chilena es hoy regionalista, volátil y pragmática. Conserva una memoria obrera y estatalista, pero simultáneamente muestra una fuerte penetración del discurso promercado, antipartidos y de mano dura.

El votante norteño puede apoyar:

  • mayor control migratorio;

  • más presencia policial;

  • reducción de burocracia para inversiones;

  • mayores impuestos o royalties mineros;

  • más recursos para municipios y gobiernos regionales;

  • protección ambiental y del agua.

No es necesariamente una contradicción. Es la consecuencia de una percepción territorial bastante coherente: la actividad económica debe continuar, pero una proporción mucho mayor de sus beneficios y decisiones debe permanecer en el norte.

Por eso, más que una región simplemente “de derecha” o “de izquierda”, el norte chileno se está convirtiendo en un laboratorio de regionalismo productivo, populismo digital y política postpartidaria.

España se regala a Marruecos