Política interna regional del Paraguay
El mapa básico: un país partido por un río
Para un lector argentino, el primer dato importante es que Paraguay no es federal. Sus diecisiete departamentos no equivalen a provincias argentinas: no tienen constitución, justicia ni policía propias. Son niveles intermedios de una república unitaria y bastante centralizada. Los gobernadores son electos, pero también actúan como representantes del Poder Ejecutivo nacional y deben coordinar sus políticas con Asunción. En la práctica, un intendente poderoso, un diputado nacional o un jefe partidario local puede resultar tan importante como el gobernador.
El río Paraguay divide el territorio en dos grandes regiones. Al este se encuentra la Región Oriental, donde están Asunción, la mayor parte de las ciudades, la agricultura y casi toda la población. Al oeste se extiende la Región Occidental o Chaco, que ocupa aproximadamente el 60% del territorio, pero reúne apenas alrededor del 3,5% de los habitantes. El país tenía 6,1 millones de habitantes según el censo de 2022; Central concentraba 1,88 millones, Alto Paraná 764.000 y Asunción 462.000, mientras los tres departamentos chaqueños sumaban poco más de 210.000 personas.
Una comparación geográfica aproximada sería ésta. Asunción y Central funcionan como una versión reducida de CABA y el conurbano. Ciudad del Este y Alto Paraná conforman un gran espacio fronterizo orientado hacia Brasil y la Triple Frontera. Itapúa y Encarnación miran hacia Misiones y el río Paraná. Concepción, San Pedro y Amambay forman el norte ganadero, campesino y securitizado. El Chaco paraguayo se parece territorialmente al conjunto del oeste formoseño, el Chaco salteño y parte del Chaco boliviano, pero con una densidad de población todavía menor.
La clave histórica: el Partido Colorado es más que un partido
No puede comprenderse la política regional paraguaya sin entender al Partido Colorado o Asociación Nacional Republicana, ANR. Gobernó con Alfredo Stroessner durante la dictadura de 1954 a 1989 y continuó controlando gran parte del Estado después de la democratización. Perdió la Presidencia únicamente entre 2008 y 2013, tras la victoria de Fernando Lugo y su posterior destitución mediante juicio político en 2012. Regresó al poder con Horacio Cartes en 2013 y desde entonces ganó nuevamente todas las elecciones presidenciales.
La comparación menos mala para un argentino sería con el peronismo, pero sólo en algunos aspectos: capilaridad territorial. Facciones internas que pueden ser más importantes que la competencia externa. Redes de intendentes, operadores y dirigentes barriales. Capacidad de incorporar empresarios, funcionarios, campesinos, militares retirados y sectores populares. La diferencia es que el coloradismo nació como un partido conservador y nacionalista, estuvo asociado orgánicamente con una prolongada dictadura y conserva una relación histórica mucho más estrecha con el aparato estatal.
La política partidaria paraguaya se organiza mediante redes de intercambio entre dirigentes, operadores y electores. Un jefe local gestiona empleos públicos, contratos, atención médica, caminos, becas, cupos o asistencia social; a cambio, espera movilización, afiliación y votos. No todo elector colorado participa de una relación clientelar, pero el partido posee una estructura territorial capaz de convertir la presencia estatal en organización política. La literatura especializada sigue describiendo al clientelismo como una institución central del sistema paraguayo, compartida en menor medida por otras organizaciones políticas.
Por eso, en muchos departamentos, la elección decisiva no es la general sino la interna colorada. Allí se determina qué facción controlará la candidatura, la gobernación, las intendencias y los recursos de la administración. La elección general suele producir una reunificación posterior de las facciones enfrentadas.
Actualmente, el presidente es Santiago Peña, elegido para el período 2023-2028. Pertenece al movimiento Honor Colorado, liderado por el expresidente Horacio Cartes. En 2023, la ANR ganó la Presidencia y quince de las diecisiete gobernaciones; sólo Central e Itapúa quedaron en manos opositoras. Esa amplitud territorial muestra que el coloradismo no es simplemente un partido nacional fuerte: es una federación de maquinarias locales bajo una marca común.
Asunción y Central: la gran política metropolitana
Asunción es un distrito separado del departamento Central, aunque urbanísticamente ambos forman una misma área metropolitana. Central incluye ciudades como San Lorenzo, Luque, Capiatá, Fernando de la Mora y Lambaré. Sumados, Asunción y Central concentran alrededor del 38% de la población paraguaya. Es el territorio con mayor número de empleados públicos, profesionales, estudiantes, trabajadores de servicios, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil.
La política metropolitana es más volátil que la del interior. El Partido Colorado conserva una base considerable, pero enfrenta un electorado menos dependiente de un único caudillo y más sensible a la corrupción municipal, el transporte, la basura, las inundaciones, la inseguridad y la calidad de los servicios. Central eligió en 2023 al liberal Ricardo Estigarribia como gobernador después de una gestión colorada atravesada por graves denuncias; el resultado fue estrecho, con 39,96% para Estigarribia y 37,44% para el candidato colorado.
Esto convierte al área metropolitana en el principal laboratorio para una oposición moderada y administrativa. Allí puede crecer un candidato que no se presente como revolucionario ni como representante clásico del Partido Liberal, sino como gestor, anticorrupción o modernizador.
Asunción, sin embargo, no es una capital automáticamente progresista o anticolorada. En la elección presidencial de 2023, Santiago Peña obtuvo allí aproximadamente el doble de votos que Efraín Alegre. El electorado urbano puede castigar a un intendente colorado por corrupción y, pocos meses después, votar al candidato presidencial colorado por estabilidad, empleo o identificación partidaria.
El viejo interior oriental: el corazón de la maquinaria tradicional
Cordillera, Paraguarí, Guairá, Caazapá y parte de Caaguazú forman un arco de ciudades pequeñas, distritos rurales y antiguos asentamientos de la Región Oriental. No son los departamentos más dinámicos económicamente, pero poseen una elevada densidad de redes familiares, municipales y partidarias.
Aquí la política suele ser menos ideológica y más personalista. Importan el apellido del candidato. La trayectoria del intendente. La capacidad de conseguir obras. La relación con ministros y legisladores. La distribución de recursos entre compañías rurales y distritos. El Partido Colorado domina porque su organización puede llegar a comunidades pequeñas donde las nuevas fuerzas opositoras tienen poca estructura permanente.
Los resultados de 2023 fueron muy claros: el coloradismo obtuvo las gobernaciones de Guairá con aproximadamente 63%, Caazapá con 62%, Paraguarí con 59% y Caaguazú con 52%. Cordillera fue más competitiva, pero también quedó en manos coloradas.
En términos argentinos, se parece a la política de algunas provincias o municipios pequeños donde la pertenencia partidaria importa, pero importa todavía más quién controla la intendencia, la obra pública, el hospital, el transporte y las conexiones con la capital.
Itapúa y el sur: agricultura, frontera argentina y mayor competencia
Itapúa se extiende frente a la provincia argentina de Misiones y tiene como centro urbano a Encarnación, conectada con Posadas. Es una de las principales regiones agrícolas del país y forma parte, junto con Alto Paraná y Canindeyú, del núcleo histórico de la producción sojera paraguaya. Su sociedad combina agricultura empresarial, pequeños y medianos productores, cooperativas, comercio fronterizo, turismo y una estructura urbana relativamente desarrollada.
Esta mayor diversidad económica debilita parcialmente el monopolio de una sola maquinaria partidaria. En 2023, Itapúa fue uno de los dos departamentos que eligieron un gobernador opositor: Javier Pereira obtuvo 44,84%, frente al 39,47% del candidato colorado. No significa que Itapúa sea establemente liberal o progresista; indica que la oposición puede competir cuando presenta un candidato territorial fuerte y evita fragmentarse.
Más al oeste, Misiones y Ñeembucú tienen menor población, mayor peso de la ganadería, el empleo público y las ciudades pequeñas. Allí el coloradismo retuvo las gobernaciones con márgenes amplios en 2023. Ñeembucú y Paraguarí son, además, los departamentos con población más envejecida, lo que contribuye a una política más estable, con menor renovación demográfica y fuerte peso de las lealtades tradicionales.
Las represas también importan. Los royalties y compensaciones de Itaipú y Yacyretá se distribuyen parcialmente entre gobernaciones y municipios y deben financiar principalmente inversión en infraestructura, educación, salud y desarrollo. Estos fondos convierten la administración municipal en un centro de poder económico y explican por qué las intendencias son tan disputadas.
Alto Paraná y Ciudad del Este: frontera, comercio y rebelión contra los clanes
Alto Paraná es una de las regiones más dinámicas del Paraguay. Su capital, Ciudad del Este, está en la Triple Frontera con Brasil y Argentina y articula turismo de compras, comercio mayorista, maquila, agricultura, servicios, contrabando y flujos financieros. Es un territorio donde el Estado, el mercado formal y la economía informal se superponen constantemente.
Durante décadas, la política departamental estuvo controlada por poderosos clanes colorados, especialmente el grupo Zacarías. Pero la escala urbana, el crecimiento comercial y la aparición de una clase media local crearon condiciones para movimientos municipales independientes.
Desde 2019, Miguel Prieto y el movimiento Yo Creo construyeron en Ciudad del Este una alternativa al coloradismo basada en el anticlanismo, la obra municipal y el discurso anticorrupción. Después de que Prieto fuera destituido en 2025 por acusaciones de irregularidades, su aliado Daniel Pereira Mujica ganó la elección extraordinaria con cerca del 70%. Lejos de destruir al movimiento, la intervención terminó reforzando su identificación como fuerza regional perseguida por el poder central.
Ciudad del Este es hoy el caso más claro de una oposición paraguaya que crece desde la periferia hacia el centro. No surge del aparato nacional del Partido Liberal, sino de un movimiento municipal que pretende transformar una experiencia local en candidatura presidencial.
Alto Paraná también fue el principal bastión de Paraguayo “Payo” Cubas en 2023. Cubas obtuvo 22,9% a nivel nacional, convirtió a Cruzada Nacional en tercera fuerza y recibió más de 123.000 votos en ese departamento. Su crecimiento mostró la existencia de un electorado fronterizo, joven o desencantado que no se siente representado ni por los colorados ni por la oposición liberal tradicional.
Canindeyú y Amambay: la frontera agraria y criminal
Aunque también limitan con Brasil, Canindeyú y Amambay son políticamente distintos de Alto Paraná. Canindeyú representa la expansión del agronegocio, la soja y la propiedad rural en una zona donde conviven grandes productores, colonos de origen brasileño, campesinos paraguayos y comunidades indígenas. El conflicto político suele girar alrededor de la tierra, los desalojos, la mecanización, los caminos y el poder de los productores.
Amambay, cuya capital es Pedro Juan Caballero, posee una dinámica más directamente vinculada con la frontera seca, el comercio transfronterizo y el crimen organizado. Las relaciones económicas y familiares atraviesan la línea con Brasil, mientras el narcotráfico y el contrabando tienen capacidad para penetrar empresas, policías, municipios y organizaciones políticas.
En ambos departamentos el Partido Colorado continúa siendo fuerte, pero la competencia política no puede separarse de las economías fronterizas. Las campañas necesitan recursos elevados, control territorial y vínculos con actores económicos locales. Eso vuelve más difusa la frontera entre caudillismo partidario, empresariado regional y poderes ilegales.
Concepción y San Pedro: pobreza rural, tierra y seguridad
Concepción y San Pedro forman el norte centro-oriental. Son departamentos jóvenes demográficamente, con mucha población rural, ganadería, agricultura familiar, grandes establecimientos y conflictos por la tierra. El Estado suele aparecer de manera desigual: es débil en servicios permanentes, pero muy visible mediante fuerzas de seguridad, programas asistenciales y operadores políticos.
En esa zona actuó históricamente el Ejército del Pueblo Paraguayo, EPP. Actualmente es un grupo pequeño —estimado en menos de veinte miembros activos— y de actividad esporádica, pero su presencia justificó durante años operativos militares y policiales en Concepción y San Pedro. El efecto político es mayor que su tamaño: refuerza los discursos de orden, militariza el territorio y permite presentar conflictos campesinos, crimen rural e insurgencia como partes de un mismo problema.
Concepción fue extremadamente competitivo en 2023: la candidata colorada Liz Meza derrotó a la Concertación por apenas nueve centésimas, 45,49% contra 45,40%. San Pedro, en cambio, quedó con comodidad en manos de la ANR. Esto muestra que el norte no es homogéneo: existen antiguos núcleos liberales y campesinos, pero la fragmentación opositora y la capacidad de movilización colorada suelen inclinar el resultado.
El Chaco: poca población, enormes intereses
El Chaco está integrado por Presidente Hayes, Boquerón y Alto Paraguay. Ocupa la mayor parte del territorio nacional, pero tiene muy pocos electores. Su política está marcada por la distancia, el agua, los caminos, la ganadería, las comunidades indígenas, las colonias menonitas y la presencia militar asociada históricamente con la Guerra del Chaco contra Bolivia.
Boquerón posee una economía productiva organizada alrededor de la ganadería, los lácteos y grandes cooperativas como Chortitzer, Fernheim y Neuland. Esta estructura genera dirigentes locales empresariales, conservadores y fuertemente orientados a la infraestructura. Las demandas centrales no son industrialización urbana o reforma social, sino rutas, abastecimiento de agua, energía, conectividad y acceso a mercados.
Los tres departamentos eligieron gobernadores colorados en 2023. En Alto Paraguay, la ANR superó el 73%; en Presidente Hayes alcanzó cerca del 58%; en Boquerón ganó con una pluralidad menor, pero suficiente. La baja población hace posible que grupos locales bien organizados tengan una influencia electoral muy superior a su tamaño demográfico.
El gran cambio contemporáneo es el Corredor Bioceánico, que atravesará el Chaco y conectará Brasil con Paraguay, el norte argentino y los puertos chilenos. El proyecto puede transformar antiguos territorios periféricos en centros logísticos, elevando el precio de la tierra y el poder de ganaderos, transportistas, cooperativas y empresas de infraestructura. Al mismo tiempo, profundiza conflictos con comunidades indígenas y organizaciones ambientales por tierras, deforestación y distribución de beneficios.
Cómo leer el mapa político paraguayo
La política paraguaya no está dividida regionalmente de una manera tan nítida como la Argentina entre grandes provincias peronistas, distritos radicales y metrópolis opositoras. El Partido Colorado atraviesa prácticamente todo el territorio. Las diferencias regionales aparecen más bien en la forma que adopta el coloradismo y en el tipo de oposición que puede enfrentarlo.
En el viejo interior, predomina el caudillismo partidario y municipal. En Asunción y Central, crece una competencia basada en gestión, servicios y corrupción. En Itapúa, pesa la diversidad productiva y la conexión con Argentina. En Alto Paraná, la política puede convertirse en rebelión urbana contra clanes tradicionales. En Canindeyú y Amambay, la frontera agraria y criminal penetra la competencia electoral. En Concepción y San Pedro, se mezclan tierra, pobreza, seguridad y militarización. En el Chaco, la política gira alrededor de infraestructura, ganadería, colonización y control de un territorio enorme.
La oposición tiene, por lo tanto, un problema nacional: posee varios liderazgos regionales, pero no una organización territorial unificada. El PLRA controla espacios importantes. Yo Creo crece desde Ciudad del Este. Payo Cubas conserva un voto antisistema. Existen dirigentes independientes y sectores de izquierda. Pero mientras esos grupos compiten entre sí, el Partido Colorado puede perder ciudades o gobernaciones y aun así conservar el poder nacional.
El próximo gran examen serán las elecciones municipales del 4 de octubre de 2026. Asunción mostrará si la oposición puede conquistar la capital; Ciudad del Este revelará si Yo Creo consolida su bastión; y el resto de los municipios permitirá medir si el coloradismo conserva su red territorial antes de la presidencial de 2028.
En una frase: Paraguay tiene un sistema político nacionalmente colorado, localmente caudillista y regionalmente mucho más diverso de lo que su mapa electoral permite advertir.

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